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Alonso del Castillo

CASTILLO, Alonso del, Granada, circa XVI-1610. Médico y traductor morisco.

Alonso del Castillo perteneció a la estirpe de los «nuevos conversos de moro» o moriscos y, en apariencia, sería el ejemplo perfecto de asimilación de culturas en el siglo XVI. Fue su padre «Castillo el Viejo» quien debió hacerse cristiano en la obligada conversión de 1500 y Alonso se educó en el cristianismo y estudió medicina en la Universidad de Granada, aprendiendo el español y adquiriendo conocimientos de latín y griego. La lengua materna y familiar del licenciado Alonso del Castillo fue el dialecto arábigo-granadino -se conserva una colección de refranes en este dialecto recopilados por él (F. CORRIENTE CÓRDOBA y H. BOUZINEB, Recopilación de refranes andalusíes de Alonso del Castillo, Zaragoza, 1994)- pero estudió y llegó a dominar el árabe clásico. Esta formación, además de ejercer privadamente la medicina, le permitió ser traductor oficial del árabe de las más importantes instituciones en la España de Felipe II. Pero lo mismo que en sus traducciones al español se perciben ciertas expresiones y modismos típicos de alguien cuya primera lengua es el árabe, algunos elementos de sus traducciones y actividades podrían indicar que, en realidad, fue un criptomusulmán.

Su primera actividad importante como traductor tuvo lugar en el año 1564 cuando, por encargo del Concejo o Cabildo granadino, copia una gran parte de las inscripciones árabes de los palacios de la Alhambra y las traduce, obra fundamental para el conocimiento de estas inscripciones a pesar de sus posibles errores, pues algunas de las que copió y tradujo han desaparecido. Un ejemplar de este trabajo se conserva en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid y, aunque sólo muy recientemente ha sido editado (J. Ag. BECERRIL, El manuscrito de Alonso del Castillo: colección de inscripciones históricas y poéticas de la ciudad de Granada: manuscrito n.º 7453 de la B.N., Granada, 2000), ha sido estudiado por todos los investigadores de las inscripciones de los palacios nazaríes. Es interesante señalar que a pesar de la fidelidad de sus textos y traducciones, evita mencionar cualquier expresión islámica, llegando incluso a suprimir en la traducción un verso al creer que el nombre que aparece es el de Mahoma cuando era el de un emir del mismo nombre que el del Profeta del Islam. Posiblemente con estas supresiones quiso evitar que las inscripciones fuesen destruidas si se percibía sus elementos religiosos. Por la misma época se dedica a hacer traducciones privadas de diversos documentos, como contratos, contraventas, etc., y colabora con la Inquisición igualmente como traductor.

Su segundo trabajo importante fue traducir al español y redactar en árabe cartas y otros documentos relativos a la sublevación y reducción de la rebelión de los moriscos del Reino de Granada (1568-1572) y que el propio Alonso del Castillo recopiló y entregó al rey Felipe II y a D. Pedro de Deza, texto de gran importancia histórica que editó Pascual de Gayangos. Estos documentos fueron publicados por P. DE GAYANGOS «Sumario y recopilación de todo lo romançado por el licenciado Alonso del Castillo», Memorial Histórico Español, III (1852), págs. 1-164.

En 1573 fue llamado por el rey Felipe II a Madrid quien le encargó hacer un catálogo de los manuscritos árabes que se encontraban en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, tarea en la que estuvo hasta 1587, con viajes a Granada y a otras partes de Andalucía en búsqueda de nuevos manuscritos árabes. También hubo que traducir algunas cartas diplomáticas enviadas a Felipe II por el sultán de Marruecos.

A su regreso a Granada se produciría en esta ciudad el primer capítulo de la historia de los Libros Plúmbeos del Sacromonte en la que Alonso del Castillo estuvo profundamente implicado. El 18 de marzo de 1588 al derribarse la Torre Turpiana, antiguo alminar de la mezquita mayor de Granada, apareció una caja de plomo embetunada, con varias reliquias y un pergamino, escrito en árabe, con una profecía de San Juan sobre el fin del mundo, que San Cecilio, arzobispo de Granada, había hecho esconder para que no lo profanasen los musulmanes. El texto se dio para su traducción a Miguel de Luna, amigo y compañero de Alonso de Castillo, otra copia se envió a Arias Montano y otra al propio Castillo. La traducción de Castillo debió estar llena de ambigüedades, que no aclaró, a pesar de la insistencia de Luis de Mármol Carvajal, el cronista de la sublevación y reducción de los moriscos, a Pedro de Castro (1539-1623), arzobispo de Granada, de que Castillo podía dar muchas claves sobre dicho documento. En 1595 aparecieron en la colina de Valparaíso, hoy Sacromonte, una serie de láminas de plomo que contenían diecinueve tratados de tipo religioso, en árabe con una caligrafía insólita. Son los conocidos como Libros Plúmbeos. Fueron muchos los encargados de traducirlos, entre ellos Alonso del Castillo, que atestiguó su antigüedad lingüística y caligráfica, lo cual no era cierto, porque era una falsificación de los moriscos que, viéndolo todo perdido, intentan salvar parte de su herencia espiritual, incorporando la lengua árabe y las creencias musulmanas al acervo cultural hispánico. (Traducciones del manuscrito de la Torre Turpiana: Archivo del Sacro-Monte: Traslado del pergamino de la Torre por el licenciado Castillo, intérprete de Su Majestad y de la Inquisición, manuscritos n.os 32 y 35, legajo IV, parte Iª, f. 295; Biblioteca Nacional de Madrid ms. 5785, ff. 156-162v; Libros Plúmbeos: Archivo de Sacro-Monte: Legajo III, f. 487 y siguientes; manuscritos 13, 58 y 102; Biblioteca Nacional de Madrid ms. 6637).

Se ha hablado de sincretismo cristiano-islámico, aunque más bien habría que hablar de «cristianismo islamizado». Los Libros Plúmbeos fueron condenados por la Iglesia el 28 de septiembre de 1682. Hoy parece muy probable que Alonso del Castillo y su amigo Miguel de Luna, traductores de los Libros Plúmbeos fueron también artífices de los mismos.

Muertos ya Alonso del Castillo y Miguel de Luna, otro de los traductores de los Libros Plúmbeos, Gurmendi puso en duda el cristianismo de los dos traductores moriscos, llegando a decir que Luna había querido ser enterrado en tierra virgen según la costumbre musulmana. El arzobispo de Granada, Pedro de Castro defendió a los dos moriscos, afirmando que Castillo murió recibiendo los sacramentos y que fue enterrado en la parroquia de San Miguel de Granada.

BIBLIOGRAFÍA

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M.ª JESÚS RUBIERA MATA




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