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:: Biografía

Infancia

Si bien sabemos, desde mediados del siglo XVIII, cuál fue la patria de Cervantes -Alcalá de Henares-, así como el día en que fue bautizado -el 9 de octubre de 1547-, la fecha exacta de su nacimiento no se ha podido averiguar. Tan sólo se supone que Tiziano, El emperador Carlos V, 1548. Madrid, Museo del Prado. Juan Ramón Triadó, Carlos V y su época: arte y cultura, Barcelona, Carroggio, S. A., 2000, p. 37. podría haber sido el 29 de septiembre, día de San Miguel. Más llamativo resulta, a la hora de situar este acontecimiento en su debida circunstancia, el hecho de que ocurriese en una fecha clave: ese año, en efecto, desaparecen Francisco I en Francia y Enrique VIII en Inglaterra, mientras que el emperador Carlos V, vencedor en Mühlberg de los príncipes protestantes alemanes, se encuentra en la cumbre de su poder, y en tanto que se inicia una profunda reforma de la Iglesia Católica, al inaugurarse los trabajos del Concilio de Trento. En el ámbito propiamente peninsular cabe señalar, en ese mismo año, dos decisiones premonitorias de las actitudes características de la España filipina: la promulgación del primer Índice inquisitorial prohibiendo los libros sediciosos, y, votada por el cabildo de la catedral de Toledo, la adopción de los primeros Estatutos de limpieza de sangre.

En este contexto de repliegue, la ascendencia del escritor ha sido y sigue siendo tema muy controvertido. Aunque se le tenga por cristiano viejo en el informe preparado a instancias suyas a su regreso de Argel, nunca presentó la prueba tangible de su limpieza de sangre. Es cierto que su abuelo paterno, el licenciado Juan de Cervantes, fue abogado y familiar de la Inquisición, pero la mujer de éste, Leonor de Torreblanca, pertenecía a una familia de médicos cordobeses y, como tal, bien pudo tener alguna «raza» de confeso. En cuanto a Rodrigo, el padre de Miguel, se casa hacia 1542 con Leonor de Cortinas, perteneciente a una familia de campesinos oriundos de Castilla la Vieja; pero su modesto oficio de cirujano itinerante, así como sus constantes vagabundeos por la península, durante los años de infancia de sus hijos, no han dejado de suscitar sospechas, llevando a Américo Castro a considerarlo como converso, mientras otros cervantistas se negaban a admitir semejante hipótesis.

Así y todo, no debe exagerarse la trascendencia de esta controversia: caso de probarse algún día que Cervantes descendiera de cristianos nuevos, este descubrimiento dejaría intacto todo lo que media -y hay un abismo- entre su visión del mundo y la de un Mateo Alemán, contemporáneo suyo, y del que se sabe a ciencia cierta que lo era. El que el símbolo mismo del genio universal de España fuese un hombre obligado a callar sus orígenes, quizás ilumine tal o cual aspecto de su universo mental, pero nunca nos entregará la clave de su creación.

Nacido después de dos hermanas mayores, Andrea y Luisa, Miguel es el tercero de los cinco hijos que tuvo el cirujano -si se hace caso omiso de dos más, que murieron en la infancia-. Un hermano menor, Rodrigo, que compartiría su cautiverio en Argel, así como una hermana, Magdalena, vendrán luego a completar el cuadro. De los veinte primeros años de su vida y, más especialmente, de su formación académica, no se sabe nada seguro. Tampoco se puede asegurar que compartiera las estancias sucesivas de su padre, primero en Córdoba y luego en Sevilla: el testimonio de Berganza, en El coloquio de los perros, no basta para afirmar que Miguel fuera alumno del colegio fundado allí por los padres jesuitas:

Este mercader, pues, tenía dos hijos, el uno de doce y el otro de hasta catorce años, los cuales estudiaban gramática en el estudio de la Compañía de Jesús; iban con autoridad, con ayo y con pajes, que les llevaban los libros y aquel que llaman vademécum. El verlos ir con tanto aparato, en sillas si hacía sol, en coche si llovía, me hizo considerar y reparar en la mucha llaneza con que su padre iba a la Lonja a negociar sus negocios, porque no llevaba otro criado que un negro, y algunas veces se desmandaba a ir en un machuelo aun no bien aderezado.

Sofonisba Anguissola, Isabel de Valois, 1565. Madrid, Museo Nacional del Prado. Historia universal de la literatura. El Siglo de Oro español, Barcelona, Ediciones Orbis, S. A., 1988, tomo 7, p. 13.En cambio, se encuentra instalado con su familia en Madrid en 1566, en un momento en que Felipe II acaba de establecer allí su Corte.

Tres años después, Cervantes inicia su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas incluidas por su maestro, el humanista Juan de López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa, en la Relación oficial que se publica con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois. En ella el editor le llama «caro y amado discípulo», sin que esta breve mención nos permita apreciar el grado de estudios alcanzado por un muchacho que no llegó a matricularse en ninguna Universidad, recibiendo, en el siglo XVIII, el calificativo, a todas luces inexacto, de «ingenio lego».

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