Autor
:: Biografía
El ingenioso hidalgo
Como queda dicho, se ignora casi todo de la vida de Cervantes durante aquellos
años decisivos en que se desarrolla el proceso de redacción de
la Primera parte del Quijote. En agosto de 1600 está atestiguada
su presencia en Toledo. En enero de 1602 asiste en Esquivias al bautismo de
una hija de un matrimonio amigo, pocos meses antes de publicarse el último
retoño de los libros de caballerías que tanta acogida tuvieron
en la centuria anterior: el Policisne de Boecia, cuya huella se observa
en una de las historias interpoladas.
En
el verano de 1604, con toda probabilidad, se traslada con su mujer a Valladolid,
elegida por Felipe III como nueva sede del reino, donde se reúne con
sus hermanas y su hija Isabel, residentes hasta entonces en Madrid. Allí
es donde encuentra a un editor en la persona de Francisco de Robles, el propio
hijo de Blas de Robles, que, en otro tiempo, había publicado La Galatea.
Mientras consigue, el 26 de septiembre, el privilegio real que necesitaba, se
difunde la noticia de la próxima publicación de su nuevo libro,
recogida por Lope de Vega en una carta de su puño y letra, y por López
de Úbeda, el autor de La pícara Justina. En los últimos
días de diciembre de 1604, sale el Quijote de las prensas madrileñas
de Juan de la Cuesta, y muy pronto se observan los primeros indicios de su éxito:
en marzo del año siguiente, en el momento en que Cervantes obtiene un
nuevo privilegio, que extiende a Portugal y Aragón el que se le había
concedido para Castilla, se publican en Lisboa dos ediciones piratas y entra
en el telar la segunda edición madrileña, que sale a luz antes
del verano. Mientras tanto, los primeros cargamentos de la princeps
son registrados en Sevilla y enviados a las Indias. Por las mismas fechas, don
Quijote y Sancho aparecen por todas partes en los cortejos, bailes y mascaradas
cuyo pretexto proporciona la actualidad, desfilando en junio en Valladolid,
durante las fiestas dadas en honor del embajador inglés, lord
Howard, con motivo de la ratificación de las paces firmadas el
año anterior con el rey Jacobo I.
Pocos
días después, a finales de junio, ocurre un extraño suceso
en el que aparece mezclado nuestro autor: la muerte violenta de un caballero
de Santiago, Gaspar de Ezpeleta. Herido a consecuencia de un duelo nocturno,
ocurrido en el arrabal donde vivía el escritor con su familia, es recogido
por éste en su casa y fallece dos días después sin haber
confesado el nombre de su agresor. La investigación emprendida por el
alcalde de Corte Villarroel, las deposiciones recogidas en el proceso, conservado
en el archivo de la Real Academia Española, el encarcelamiento, durante
un par de días, del autor del Quijote, a raíz de las
insinuaciones de una vecina en contra de la conducta de sus hermanas y de su
hija, arrojan una curiosa luz sobre la condición y vida del escritor
y de sus familiares.
De la deposición de Andrea de Cervantes se infiere
que, en esos años, su hermano era «un hombre que escribe e trata
negocios, e que por su buena habilidad tiene amigos». Entre estos amigos
figuraban un asentista genovés, Agustín Raggio, vinculado a toda
una red de negociantes italianos establecidos en Génova, Amberes y Madrid,
y un financiero portugués, Simón Méndez, tesorero general
y recaudador mayor de los diezmos de la mar de Castilla y Galicia; también
un gentilhombre de cámara de los reyes Felipe II y Felipe III, Fernando
de Toledo, señor de Higares, implicado en proyectos arbitristas que le
llevarían a gastar de manera dispendiosa sus caudales. No deja de llamar
nuestra atención la «otra cara», si se la puede llamar así,
del autor del Quijote y, más concretamente, el hecho de que
un ex recaudador de impuestos mantuviera relaciones con estos representantes
del mundo de los negocios, algunos de los cuales, debido a sus deudas, tenían
dificultades con la justicia, en una coyuntura marcada por el naufragio de los
mercaderes castellanos y el enriquecimiento espectacular de varios genoveses.
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