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Bibliografía ··· Catálogo |
Meléndez Valdés representa la cima del gusto rococó en algunas de sus personalísimas anacreónticas, que se sitúan en una fase cronológica sucesiva a la grácil aminoración de ciertos poemas posbarrocos. Lo rococó supone una estructura sencilla, una decoración compleja, un ambiguo contenido, unas formas despreocupadas y galantes, mórbidas. Sus temas son la gracia picaresca (Cadalso); fue éste quien le enseño a modernizar los viejos recursos; versa sobre las circunstancias del amor, la alegría de vivir, los amores gozosos, los placenteros banquetes, los bailes y las danzas en el ambiente pastoril. La exagerada artificiosidad de sus escenas idílicas son excelentes ejemplos de estilo rococó. Traza un leve fondo de paisaje que rememora el locus amoenus clásico, aunque esta idealización espacial contrasta, no pocas veces, con rasgos de carácter naturalista. De la Antigüedad clásica proceden también muchos de los símbolos empleados en la expresión de la experiencia amorosa: las mariposas cómplices, los vistosos ruiseñores, las blancas palomas, las abejas que liban... En ellas caben el detalle gracioso (el rizo, el lunar...), la escena caprichosa (el pequeño perro, el espejo que refleja los ojos enamorados de la amada...), que conviven con cultas referencias mitológicas.
Las relaciones entre zagales y zagales están sazonadas con cierta dosis de picardía, que denota la libertad de costumbres de la época. Adopta la forma de romancillos heptasílabos, una de las estrofas preferidas por Meléndez. Como características de este estilo debemos destacar: el uso frecuente del diminutivo, recurso que sirve para subrayar el gusto por la miniatura y el rasgo preciosista, abundancia de epítetos, empleo moderado de las metáforas, simplicidad de las estructuras gramaticales y estilísticas. Dentro del mismo estilo y conservando idéntica estructura métrica escribió Meléndez tres grupos de poemas que tienen entidad propia: "La inconstancia. Odas a Lisi", variaciones sobre un romance de Góngora en el que subyacen motivos tradicionales; "La paloma de Filis", compuesta por treinta y cinco odas en las que reflexiona en torno a la paloma de su amada, intermediaria ingenua entre los amantes, el poeta transforma la escena en una serie de elemento convencionales; y "Galatea o la ilusión del canto", en la que canta la historia de un enamoramiento fugaz que acaba en fracaso.
El mismo aire gracioso del estilo rococó encontramos en otros género poéticos que cultivó a lo largo de su vida literaria: letrillas ("El ricito", "El lunarcito"), idilios, endechas, sonetos, romances... Con Los besos de amor Meléndez Valdés rinde tributo a la poesía erótica, moda que cautivó a parte importante de los escritores del XVIII. La suave galantería de las anacreónticas adopta en esta colección un tono de mayor atrevimiento. No cae, sin embargo, en el lenguaje grosero que encontramos en otros autores, ya que utiliza un lenguaje alusivo con valores poéticos. A partir de 1776 inicia una poesía de estilo neoclásico, enriquecida con reflexiones morales. La primera composición escrita bajo esta nueva inspiración fue la oda "La noche y la soledad" que remitió a Jovino en 1779, haciendo gala de una sensibilidad de raíz horaciana. Encuentran un lugar prominente las églogas, en las que recupera los tópicos pastoriles de la bucólica clásica y de los modelos renacentistas (Garcilaso, Fray Luis de León).
Escribe también elegías, como la dedicada a la muerte de Filis (tal vez un desconocido amor del poeta) o las que poetizan el fallecimiento de su hermano Esteban.
La poesía ilustrada se convierte en vehículo de las ideas reformistas, al mismo tiempo que persigue la formación de los lectores. Cambian los valores estéticos: el discurso poético olvida la función embellecedora y busca un lenguaje desnudo preciso, casi prosaico. Con ascendencia clásica escribe Meléndez epístolas, en las que podemos encontrar las ideas de la ideología ilustrada: alabanza de la vida campesina ("El filósofo en el campo", 1794), crítica del hombre urbano víctima del lujo y del vicio, rechazo de los privilegios de la nobleza y el clero, alabanza de la justicia social... Utiliza los endecasílabos, que favorecen el ritmo reposado del pensamiento, agrupados en tercetos o con rima libre. De fórmula muy similar son los discursos, largos y plenos de reflexiones filosóficas en los que el poeta razona sobre el hombre y el universo. Uno de los grupos de mayor entidad, por su número y densidad, es el de las odas filosóficas y sagradas dominadas por un tono meditativo e inspiradas en los clásicos y en Fray Luis de León. Son poemas desgarrados, en los que intenta hacer frente a su desgracia buscando razones morales y religiosas que encuentra en la amistad, el amor, la virtud, la evasión, la alabanza del campo... La métrica de las odas combina los versos heptasílabos y endecasílabos. Idéntica situación reflejan las elegías morales.
La poesía que escribe Meléndez en los últimos tiempos adopta un tono sentimental que preludia la mentalidad romántica. No llega, sin embargo, el empleo abusivo de recursos literarios como ocurrirá décadas más tarde en pleno auge del Romanticismo.
Meléndez fue también autor teatral. En un concurso celebrado con motivo del nacimiento de los infantes gemelos, hijos de Carlos IV, obtuvo el premio con Las bodas de Camacho el rico, que editó el ayuntamiento y se estrenó en el teatro de la Cruz en 1784. Escrita en cinco actos, es un modelo excelente de drama pastoral, que con tanto éxito cultivaba el teatro italiano y francés. La fuente del argumento es un episodio de la novela de Cervantes (El Quijote, II, cap. 19-22), y además enlaza de manera directa con la tradición bucólica.
Su prosa se recoge en los Discursos forenses, que no se publicarían hasta 1821, durante el trienio liberal. Versan sobre varios sucesos criminales en los que intervino como fiscal. Tienen un estructura muy similar que repite, en términos generales, el modelo que los letrados estudiaban en la retórica civil, sin que esto impida ciertos recursos originales propios de habilidad creativa del escritor. Estos documentos son auténticas piezas maestras del género judicial, y le sirven para proyectar su espíritu progresista de hombre ilustrado. Completa la producción literaria de Meléndez su epistolario, formado por más de medio contener de cartas, dirigidas a sus amigos.
Por todo esto presentamos por una parte la Bibliografía
más completa de y sobre el autor y un Catálogo
de sus obras completas.
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