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Texto de José Carlos Rovira y Remedios Mataix |
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Entramos al Cuzco descendiendo desde Macchu Picchu, la antigua y misteriosa ciudadela de los Incas que ha mirado durante siglos una geografía, la de Tahuantisuyu, en la que los primeros años del siglo XVI se desarrolló el encuentro violento de dos culturas, la de los Incas y la de los españoles, precedida de una guerra entre los incas principales, Huascar y Atahualpa. En 1532, Francisco Pizarro se interna en Tahuantisuyu, hace prisionero a Atahualpa y ordena su ejecución al año siguiente. El establecimiento de la Conquista tiene como sede principal el Cuzco. Se abre un período de guerras entre los españoles. Francisco Pizarro es asesinado en Lima en 1541.
Tras la derrota de Almagro por Gonzalo Pizarro en 1538, el capitán Garcilaso de la Vega se
asentó en el Cuzco obteniendo rentas y cargos administrativos. Fue nombrado corregidor y justicia mayor de El
Cuzco en 1554. La infancia del niño Suárez de Figueroa transcurre en un palacio en el que se sientan a la mesa
de su padre numerosos comensales españoles que proceden de varios lugares de América y relatan sus
experiencias de Conquista. Tiene relaciones también con los familiares de su madre, la ñusta (es decir, princesa)
Chimpu Ocllo, abandonada por su padre en 1554 cuando contrajo matrimonio con la española doña Luisa Martel
de los Ríos. Entre los recuerdos del Inca de aquellos años, nos dice que la casa de su padre "tenía un
corredorcillo
Tras la llegada a España realiza varios recorridos para conocer familiares (Sevilla, Badajoz, etc...) hasta llegar a Montilla, donde su tío Alonso de Vargas se convierte en su protector. Ese mismo año viaja a Madrid para obtener de la Corte el reconocimiento de los méritos y derechos de su padre, sin conseguirlos. En 1568 se alista en el ejército para combatir el levantamiento de los moriscos en Las Alpujarras y obtiene el grado de Capitán. Tras este episodio de armas, en 1570, se refugia en Montilla. Su tío ha muerto, ha dejado varios privilegios y una situación económica desahogada que le permiten disfrutar de su retiro en Montilla y de una vida en la que va aprevalecer desde entonces el discurso de las letras. Traduce del italiano en esos años una de las obras principales del neoplatonismo, Los diálogos de amor de León Hebreo, que aparecerá en 1590 en Casa de Pedro Madrigal, el impresor madrileño. La portada del libro reza:
El equilibrio neoplatónico de clara raíz renacentista es el modelo perfecto para sus intentos por explicar (y equilibrar) un proceso histórico problemático que el Inca sintió como parte integrante de su identidad. Con esa traducción, Garcilaso estaba reconstruyendo un sentido intelectual para la Historia y para su propia historia. La teoría del amor como fuerza cósmica unitiva le permite configurar una reinterpretación neoplatónica de la conquista del Perú en términos que rebasan ampliamente lo histórico y se acercan a lo mítico: el descubrimiento y la conquista de América son para él la realización, en el amplio panorama de la Historia, de una unión amorosa entre el Nuevo y el Viejo Mundo; una muestra más del poder reconciliador del amor como fuerza universal. La conquista y el mestizaje resultante (él mismo, por lo tanto) serían el ejemplo evidente de esa unión amorosa universal.
Nada impedía al Inca reconocer que la conquista fue en realidad una tragedia, y así lo declaró
al final de su obra, pero quizá por ser parte directamente implicada prefirió quedarse con una visión idealizada
de la historia, en la que la nota predominante es la unión de dos culturas diversas por un lazo de amor: algo así
como un mestizaje universal previsto desde siempre.
Durante esos años también, en la aldea de Las Posadas se reúne con Gonzalo Silvestre, que había estado con Hernando de Soto en la conquista de la Florida y comienza la escritura de La Florida del Inca , obra que es una crónica de aquel episodio de la conquista en cuya escritura vierte Garcilaso toda la fundamentación filosófica de la historiografía medieval, aún vigente en su época, pero se inclina hacia el ideal "artístico" (fusión de historia y ficción, por ejemplo) que postulaba la historiografía renacentista.
En 1588 se traslada a vivir a Córdoba y entra con órdenes menores al servicio de la Iglesia. Son los
años de contacto con los círculos del humanismo cordobés y los de escritura de la que sería su obra fundamental,
los
En 1612 Garcilaso compra la Capilla de las ánimas en la Catedral de Córdoba, donde quiere ser
enterrado, y fallece cuatro años después, entre el 22 y el 24 de abril
de 1616 como fechas probables. En aquella Capilla de las ánimas sus albaceas grabaron esta lápida: |
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El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras.
Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth
Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo
y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla.
Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los
señores deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 22 de abril de MDCXVI. |
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| Agradecemos la colaboración de Martha Fernández de López, Directora de la Biblioteca Nacional del Perú | |||
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