La poesía de Ángeles Mora se afana en tomar conciencia de un yo vacilante y extraño sobre el fondo, y a veces contra el fondo, de una determinada coyuntura histórica. Los avatares de su intimidad, transcritos literariamente como un sugerente y poco explícito calidoscopio existencial, dibujan el perfil de una condición femenina cuyos límites son, en un extremo, la soledad, y, en el otro, el amor y sus laceraciones.