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El mundo bizantino busca durante mucho tiempo su propia identidad. En un primer momento lo hace tratando de recuperar las claves latinas que justifiquen su continuidad con respecto al antiguo Imperio Romano. Normalmente identificamos este período con el reinado de Justiniano. El fracaso que supone el programa de recuperación de los territorios occidentales diseñado por este emperador, conduce a Bizancio a una etapa de helenización profunda de sus estructuras y a las subsiguientes luchas religiosas en las que se ponen de manifiesto las diferentes concepciones que del propio Imperio tiene la sociedad romano oriental.
| Era justinianea |
El estado de las personas en el derecho justinianeo
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[3] La principal división en el derecho de las personas es esta: que todos los hombres sean libres o esclavos. [4] Es libertad la natural facultad de hacer lo que se quiere, con excepción de lo que se prohíbe por la fuerza o por la ley. La esclavitud es una institución del derecho de gentes, por la cual uno está sometido, contra su naturaleza, al dominio ajeno. Los esclavos se llaman «servi», porque los generales suelen vender a los cautivos y, por esto, los con «servan» sin matarlos; y se llaman «mancipia» porque los enemigos los capturan con la «mano». [5] La condición de los esclavos es ciertamente única, en tanto que los hombres libres unos son «ingenuos» -o libres de nacimiento- y otros son -manumitidos o- libertos. Los esclavos entran en nuestro dominio bien por el derecho civil, bien por el de gentes. Por el derecho civil, cuando alguna persona mayor de viente y cinco años permitió ser vendido para participar en el precio. Por el derecho de gentes son esclavos nuestros los enemigos cautivos o los que nacen de nuestras esclavas. Son libres de nacimiento los que nacieron de madre libre, porque basta que la madre haya sido libre en el momento del parto, aunque hubiese concebido siendo esclava. Al contrario, si hubiese concebido siendo libre y pariera después siendo esclava, se estimó conveniente que el que nazca sea libre [no hace al caso si concibió en justas nupcias o fuera de ellas], ya que la desventura de la madre no debe dañar al concebido. Por esto se preguntó cuando se manumitió a una esclava encinta y parió después si hecha de nuevo esclava o expulsada de la ciudad, pare un hijo libre o esclavo. Sin embargo, se aprobó más correctamente que nace libre y que basta al concebido el haber tenido una madre libre en el tiempo intermedio. JUSTINIANO, Digesto, T. I, tit. V, p. 59. Trad. Aranzadi, Pamplona, 1968. Recoge: A. Lozano y E. Mitre, Análisis y comentario de textos históricos. Edad Antigua y Media, Madrid, 1978, p. 143-144. |
Las conquistas africanas de Justiniano
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África que se extiende sobre espacios tan amplios, fue tan completamente devastada que el viajero se asombra de no encontrar un solo hombre en recorridos muy largos. Sin embargo, los vándalos capaces de combatir eran cerca de 80.000, sin contar sus mujeres, niños y criados. Los africanos que habitaban en las ciudades, que cultivaban la tierra, que comerciaban por mar, formaban, lo he visto con mis propios ojos, una multitud casi incontable. Más numerosos aún eran los moros, y todos perecieron con sus mujeres e hijos. El país ha consumido también a muchos de los soldados romanos y a buen número de los que habían seguido al ejército desde Bizancio, de modo que si se estimase en cinco millones el número de hombres que ha muerto en África todavía no se alcanzaría, creo yo, la realidad. Y es que Justiniano, después de la derrota de los vándalos, no se preocupó en absoluto de garantizar la sólida protección del país. No comprendió que la mejor garantía de la autoridad reside en la buena voluntad de sus súbditos sino que se apresuró a llamar a Belisario, del que sospechaba injustamente que aspiraba al Imperio, y administró él mismo África desde lejos, la agotó, la saqueó a placer. Envió gentes para estimar el rendimiento de las tierras, estableció impuestos muy pesados que no existían antes, se adjudicó la parte mejor de la tierra, prohibió a los arrianos la celebración de su culto, difirió el envío de refuerzos y se mostró siempre duro con los soldados, de lo que nacieron perturbaciones que desembocaron en grandes desastres. El emperador, en suma, nunca supo conservar las cosas como estaban sino que se complacía por naturaleza en remover y alterar todo. PROCOPIO DE CESAREA, Anécdota o Historia Secreta, XVIII. Ed. HAURY, Leipzig, 1905-07, III, 1, p. 112. Recoge: M. A. LADERO, Historia Universal de la Edad Media, Barcelona, 1987, p. 160. |
Escenas de la vida de Teodora, esposa de Justiniano, según Procopio
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[Justiniano] tuvo una esposa de cuyos orígenes y educación hablaré ahora, así como del modo en que, unida en matrimonio a dicho varón, socavó hasta los cimientos del Imperio Romano. Cierto Acacio era el encargado en Constantinopla de cuidar a los animales de los juegos del anfiteatro, por la facción de los Verdes, cargo que recibe el nombre de «ursario». Y este Acacio, en tiempo del emperador Anastasio, murió de muerte natural dejando a tres hijas hembras: Comitona, Teodora y Anastasia (...) La madre, falta de varón, juntose con otro que viviera consigo y tomase a su cargo el cuidado de la familia y el oficio del difunto. Pero Asterio, jefe de la directiva de los Verdes, habiendo dado el empleo a otro por dinero, quiso que estos abandonaran la plaza y que lo ejerciera el otro, más espléndido, sin impedimento alguno (...) La madre, sabiendo que acudía numeroso público a presenciar los juegos, impuso unos capuchones a las niñas, les puso unas guirnaldas en las manos, y las expuso a pedir limosna ante la gente. Los Verdes deciden prohibirles en absoluto la mendicidad. Más, al poco tiempo, los Azules, habiendo destituido al cuidador de sus animales, optan por encomendarles a ellas el menester. Y su madre, que era todavía casadera, a todas, de alguna u otra forma, les hacía salir a escena, a lucir su elegancia; no todas al mismo tiempo, sino de modo que cada una de ellas destacara oportunamente(...) Comitona, la mayor, ya sobresalía entre las hetairas de su edad. Teodora, que la seguía en edad, se colocaba una tuniquilla con mangas, como las que suelen llevar las jóvenes sirvientas, le servía de ama de llaves, y llevaba sobre sus hombros una arquilla, en la cual ella solía sentarse en las reuniones. En cuanto llegó a la pubertad y sus formas estuvieron suficientemente desarrolladas, fue destinada por su madre a la escena y, desde entonces, permaneció entre las cortesanas que los antiguos llamaron «planípedas» o «mímicas». Pues Teodora no era danzarina ni cantante, ni participaba en los juegos del anfiteatro, sino que, como todo el mundo sabe, hizo en él exhibición de su belleza, mostrando su cuerpo desnudo. Luego se erigió en directora de las escenas mímicas del teatro, interviniendo en su preparación y actuando como actriz de ciertas chanzas cómicas. Y además, como hubiese llegado a aquella provincia el prefecto de la Pentápolis, Hecebolo Tirio, muy pronto se entregó con él al placer; y lo hizo con tal reiteración que quedó encinta de él e, impedida por las molestias de la gestación, no dudó en provocarse el aborto para poder entregarse de nuevo a la acostumbrada prostitución. Marchó primero a Alejandría, recorrió después todo el Oriente y por último regresó a Constantinopla, ejerciendo en todas partes aquel arte que ni tan solo debe mencionar quien quiera tener a Dios propicio para sí. En cuanto regresó a Bizancio, Justiniano quedó perdidamente enamorado de ella. Y al principio tuvo que limitarse hacerla su concubina, porque estaba excluida [por su oficio] de la dignidad Patricia. Pero muy pronto, esta Teodora (...) alcanzó gran predicamento sobre él y a la vez ingentes riquezas (...) Y con esta socia, Justiniano echó a perder no solo al pueblo de Bizancio, sino al de todos los confines del Imperio Romano, hasta el punto de que se confabularon los sediciosos de ambas facciones, la Azul y la Verde, para hacerse con el poder imperial. De no haber existido dicho mal, nunca se hubiera producido tal evento (...) Mientras vivió la emperatriz Eufemia, Justiniano no pudo conseguir con ninguna treta que ella aceptara a Teodora (...) [Eufemia], no mucho después partió de esta vida. Justino, llegado a la extrema vejez, y apenas en sus cabales, inepto para llevar las riendas del poder, era objeto de burlas y del despecho de algunos súbditos. Los restantes, que no se sentían cohibidos por ninguna discriminación debido a la disoluta licencia de Justiniano, se mostraban complacientes con él, acallados sus cuidados. Entonces Justiniano actuó resuelto a contraer nupcias con Teodora; puesto que no estaba permitido a los varones de la clase senatorial [porque lo prohibía una ley antigua] casarse con una mujer pública, este Príncipe hizo aprobar una ley nueva que abolía aquella institución. Y después se unió en matrimonio con Teodora (...) PROCOPIO DE CESAREA, Historia Secreta, caps. 9 y 10. Recoge: M. Riu y otros, Textos comentados de época medieval [siglos V al XII], Barcelona, 1975, pp. 221-224. |
| Luchas religiosas |
Las creencias religiosas en Bizancio durante el mandato de Heraclio
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Exposición de la fe ortodoxa, hecha por el piísimo señor nuestro que Dios nos lo conserve, el gran príncipe Heraclio, en ocasión del altercado promovido por algunos, al requerimiento de proceder de acuerdo en todo con los cinco concilios santos y universales, la cual con mucha satisfacción y con la gracia [divina] formularon los prelados de las sedes patriarcales, y de buen grado consintieron en ella, con objeto de llevar la paz a las santas Iglesias de Dios. Creemos en el Padre y en el Hijo y el Espíritu Santo, trinidad consustancial, una deidad o naturaleza y esencia, y fuerza y potestad en tres subsistencias, la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad; unidad ciertamente, en razón de la esencia de su divinidad; trinidad, asimismo, según subsistencias o personas. Y ni por confesar que son uno según la esencia, suprimimos la diferencia de personas, ni por confesar la trinidad de personas, negamos la única deidad. Un Dios Padre, un Dios Hijo y un Dios Espíritu Santo, un solo Dios en estos tres, por razón de su misma e inmutable deidad. (...) La deidad es uno en tres, pues, como dice el gran Gregorio en su teología, y tres en uno en los cuales está la deidad, o sea que verdaderamente cabe decir que es la divinidad. Confesamos pues, en la Santa Trinidad un hijo de Dios unigénito, verbo de Dios, engendrado por el Padre antes de todos los siglos, luz de luz, esplendor de gloria, hecho de la misma sustancia que el Padre (...) Al Cristo compuesto, pues, glorificamos, siguiendo la doctrina de los santos padres. Por el misterio que en Cristo hay, la unión por la composición elimina la confusión y la división. Y conserva la propiedad de ambas naturalezas, con una sola sustancia, y muestra una persona del Verbo Divino con su carne animada intelectualmente; y no hemos introducido nosotros una cuaternidad en vez de santa trinidad; carezca, pues, la santa trinidad del aditamento de una cuarta persona, y reciba el nombre de Verbo de Dios el de ella [la Virgen María] encarnado (...) De ahí que reconocemos un solo hijo señor nuestro Jesu Cristo [que procede] del Padre sin tener principio, y de madre intacta, constituido antes de los siglos y en los últimos tiempos, impasible y pasible, visible e invisible, de quien predicamos milagros y padecimientos (...) Estos dogmas de piedad nos trasmitieron quienes desde los inicios [de la Iglesia] los vieron presencialmente y fueron hechos ministros de la palabra, y sus discípulos y sucesores; y, a continuación, los doctores de la Iglesia inspirados por Dios, y también los cinco santos sínodos universales: el de Nicea, el de esta regia ciudad [de Constantinopla], el primero de Efeso, el de Calcedonia, y de nuevo el de Constantinopla que fue el quinto de los concilios [ecuménicos] celebrados. Y siguiendo en todo a estos concilios, y aceptando sus divinos dogmas, todo cuanto promulgaron lo promulgamos; y a quienes rechazaron los rechazamos, y anatematizamos, principalmente, a los Novacianos, Sabelliones, Arrianos, Eunominos, Macedonianos, Apollinaristas, Originistas, ASvagrienos, a Didimo, a Teodoro de Mopsuestia, a Nestorio, a Eutiques, a Dióscoro, a Severo, y a los impíos conscriptos de Teodoreto, que iban contra la fe recta del primer sínodo Efesino, y de los doce capítulos de San Cirilo, y cuanto se escribió en favor de Teodoro y de Nestorio, y la epístola llamada de Ibla (...) Suscripción del príncipe: Heraclio, fiel en Jesu Cristo, emperador para Dios, lo suscribió. DELARC, Histoire des Conciles, París, 1870, vol. IV, pp. 564-658. Recoge: M. Riu y otros, Textos comentados de época medieval [siglos V al XII], Barcelona, 1975, pp. 244-248. |
Diferencias entre las iglesias latina y griega
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El papa Nicolás acogió favorablemente las noticias trasmitidas por Hincmar y le expresó su satisfacción. Después le envío otra carta, así como a los otros arzobispos del reino de Carlos, para notificarle que los emperadores griegos y obispos orientales criticaban a la Santa Iglesia Romana, o peor todavía, a toda la Iglesia de rito latino, so pretexto de que ayunamos el sábado, afirmamos que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, prohibimos el matrimonio de los sacerdotes y prohibimos a los sacerdotes la unción de los catecúmenos en la frente con crisma, pues los griegos añaden que hacemos el crisma con agua de un río latino. Nos reprochan también no observar como ellos la abstinencia de carne en las ocho semanas que preceden a la Pascua y la abstinencia de queso y huevos en las siete semanas. Dicen también que en Pascua, como los judíos, consagramos y bendecimos un cordero sobre el altar del mismo modo que el cuerpo de Nuestro Señor, y nos reprochan por dejar que nuestros sacerdotes se afeiten la barba. Annales de Saint-Bertin, M. G. H. in usum scholarum, 1883, p. 89. Recoge: M. A. Ladero, Historia Universal de la Edad Media, Barcelona, 1987, p. 262. |
El conflicto iconoclasta en Bizancio
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Este santo, padres y hermanos carísimos, digno del nombre de Teófanes, nació de padres nobles y principales que, en tiempos de Constantino Coprónimo, ajustaron secretamente su vida a los mandamientos del Señor (...) Instruyeron sus padres a Teófanes en las ciencias profanas y eclesiásticas, más el joven desechó la ciencia engañosa y guardó en su corazón los tesoros de la verdad. Adolescente todavía perdió a sus padres y obtuvo una pingüe herencia, y le preparó el Señor tan dolorosa orfandad para que el amor paterno no fuera obstáculo de su virtud. A la torpe muerte del sacrílego Constantino le sucedió en el Imperio León Cázaro; este emperador tuvo por privado a un hombre fiero y bárbaro, y fanático hereje, cuya impiedad le concilió de tal modo la privanza del soberano que lo sentaba todos los días a su mesa y se acompañaba de él a todas partes. Este cortesano, enterado de la opulencia de Teófanes y prevalido de su privanza, obligó al joven, por mandato del Emperador, a que tomase a su hija por esposa. A poco murieron su suegro y el Emperador, y los esposos repartieron sus bienes a los pobres (...) Teófanes se embarcó para la región de Sigris y habitó la secreta cueva que se le había revelado. Domó muchos años su carne en la soledad y se celebró su virtud como la de Cristóforo; porque no puede ocultarse la ciudad edificada sobre el monte. De día en día acudían a Teófanes nuevos discípulos ansiosos de aprender la perfección de sus enseñanzas; y aquella soledad se tornó vasto monasterio, donde florecía todo linaje de virtudes. En esta espiritual palestra, Teófanes alcanzó la más alta y profunda contemplación de la Santísima Trinidad. Una estera era su lecho; la cubierta, el cilicio; una piedra, la almohada; el vestido tosco; no usó jamas caballos ni mulas en sus viajes, ni sazonó su comida, ni gustó los perfumados vinos; un poco de agua y unos mendrugos de pan eran todo su sustento. Gobernaba el Imperio Irene y su hijo Constantino; y a la muerte de Paulo, la emperatriz y el senado y todo el pueblo sano eligió para el patriarcado de Constantinopla al preclaro Tarasio, en cuyo tiempo se celebró el Concilio que confirmó a los seis concilios anteriores, excomulgó a los fraudulentos patriarcas heterodoxos Nicetas y Constantino, honró en los dípticos al patriarca San Germán y anatematizó y pulverizó la insensata herejía de los Iconómacos. Concluyeron de todas partes los padres y maestros, legados y abades, entre otros Platón, esplendorosa lumbrera de Sacúdeo; Nicetas y Nicéforo, padres honorables del monasterio de Medicio; Cristóforo de Campo-Parvo, a quien ya hemos mencionado, y forzado y a su pesar por el grande amor que sentía a la oscuridad y temor al estrépito del mundo, concurrió también el bienaventurado Teófanes, astro refulgente de primera magnitud. Venían los obispos con gran número de mulas, caballos, pajes y acompañamiento. Teófanes, tan solo con su capa y su báculo. Pero los padres no le despreciaron por su humilde aparición, sino que, muy al contrario, le honraron por su eminente piedad; y porque conocían cuán digno operario era de la viña del Señor, le invitaron a manifestar su opinión, públicamente, en el concilio. El santo expuso su parecer con solidez y brevedad, y con pruebas de la razón de la Escritura, demostró la verdad católica y rebatió a los impíos iconómacos. Nada mejor pudo decirse. El Espíritu Santo inspira donde le place (...) Se difundió por todas partes el sol de la verdad, más he aquí que por permisión de Dios surgió al poco tiempo León, bestia sangrienta que, apenas declarado emperador, destruyó las sagradas imágenes, persiguió a los fieles y empañó la hermosura de la Iglesia. Los defensores de la fe, los propagadores de la verdad fueron azotados y perseguidos; entre otros murió por las vejaciones sufridas en el destierro, Teodoro, santísimo archimandrita de Studion, que condenó el edicto del Emperador. Este envió también cartas fraudulentas a Teófanes, para inclinarle a que se adhiriese a la herejía. Y en estas cartas el santo respondió así:
Envió el santo esta carta al Emperador. El tirano no pudo resistir ya tanta constancia. Remitió al monasterio un dignatario para que lo destruyese, maltratase a los monjes y secularizase a la comunidad: al santo, cargado de cadenas, lo encerró largo tiempo en una oscura cárcel de Bizancio. ¿Qué pretendía con esto el Emperador? Rendir la fortaleza del santo y atraerlo a su impiedad. La víspera de llamarle a su presencia, había dictado sentencia de destierro contra el abad Teodoro, cuya constancia e integridad tentó en vano con tormentos. Al siguiente día mandó a Teófanes comparecer ante su tribunal, más los sacerdotes sugirieron al Emperador que no convenía a su majestad que aguantase alguna insolencia de boca de aquel hombre, señalado entre todos por su protervia y tenacidad. Retractó el tirano la orden y dispuso que despedazasen al santo el pecho y las espaldas con trescientos azotes y lo devolviesen a la cárcel. Repitiose al día siguiente el tormento y el santo permaneció constante en la confesión de la fe, por lo que, rendido el Emperador, lo desterró a la isla de Samotracia, región pobre e insaludable donde, consumido de hambre y de sed, descansó a los pocos años en la paz del Señor (...) SIMEÓN METAFRASCO [fallecido en el 965]. Vida de San Teófanes. |