![]()
|
–––––––– 79
–––––––– |
The University of British Columbia
«El curioso impertinente» y «El capitán cautivo» han dado desde siempre origen a juicios que enfocan estas novelitas y los problemas textuales inherentes a ellas desde atalayas críticas predeterminadas, sean éstas su pertinencia como componentes del Quijote, sus fuentes literarias y autobiográficas, o los substratos psicológicos que activan a sus personajes65.
Al nivel puramente
formal, la relación que «El curioso
impertinente» y «El capitán cautivo»
tienen con las aventuras de don Alonso Quijano el Bueno es obvia e
innegable. Las novelitas aparecen en los capítulos 33-35 y
39-41 de la Primera Parte del Quijote y de los tres capítulos
que las separan sólo el capítulo 38 (el discurso de
don Quijote sobre las armas y las letras) está dedicado a la
fábula principal. Los capítulos 36 y 37 son, en su
mayor parte, secciones que continúan o principian otras
interpolaciones: la llegada de Luscinda y don Fernando a la venta,
la reconciliación de éste con Dorotea y la llegada
del cautivo y Zoraida. Es más, las novelitas son los pasajes
más extensos del Quijote en los que Cide Hamete
Benengeli no
|
–––––––– 80
–––––––– |
Cierto es, también, que las dos novelitas encajan dentro de géneros literarios totalmente diferentes: «El curioso impertinente» es una tragedia italianizante, «El capitán cautivo» cae dentro de la narrativa de moros y cristianos. Esta diferencia de géneros, la extensión de las interpolaciones y la obvia ruptura temático-estructural de la narración son las tres razones principales por las que se ha considerado que las novelitas son elementos ajenos al Quijote. No parecen ser éstas, sin embargo, razones suficientes para justificar por sí solas el que se paree a «El curioso impertinente» con «El capitán cautivo» considerándolos interpolaciones igualmente independientes y del todo desligadas de la trama principal. Otra interpolación, el episodio de Dorotea, Cardenio, Luscinda y don Fernando, es mucho más extensa que «El curioso impertinente» y «El capitán cautivo,» y la historia de Grisóstomo y Marcela y el episodio de Leandra caen dentro del género pastoril y, sin embargo, poco se ha escrito en cuanto a si estas interpolaciones pertenecen o no en el Quijote, novela ésta que a pesar de no ser ni italianizante, ni de moros y cristianos, ni pastoril, lo abarca todo ello (Flores, «Don Quixote»).
Ahora bien, los
primeros juicios valorativos de los que tenemos noticia en cuanto a
la verosimilitud de la fábula de «El curioso
impertinente,» al carácter de sus personajes
principales y a la propiedad de la historia aparecen en el
capítulo 35 de la Primera Parte del Quijote (Madrid, 1605), inmediatamente
después de que el cura ha terminado de leer la novelita, y
en el capítulo 3 de la Segunda Parte (Madrid, 1615), durante
una conversación entre don Quijote, Sancho y el bachiller
Sansón Carrasco. El cura duda que lo narrado en «El
curioso impertinente» haya en realidad ocurrido, agregando
que, si es ficción, el autor «fingió mal» (14024-25; I,
3567).
El bachiller invalida indirectamente lo expresado por el cura,
diciéndole a don Quijote que los lectores de la Primera
Parte consideran la novelita «no mala
|
–––––––– 81
–––––––– |
La crítica a la interpolación del relato del capitán Ruy Pérez de Viedma aparece en el capítulo 44 de la Segunda Parte, donde Cervantes le achaca este faux pas temático a su ficticio historiador Cide Hamete Benengeli. Cide Hamete, nos relata el narrador, dice haber interpolado en la Primera Parte la novela de «El curioso impertinente» y la de «El capitán cautivo» por huir del trabajo insoportable de escribir sólo sobre don Quijote y Sancho; y para evitar toda crítica futura a ese respecto Cervantes se cura en salud, escribiendo que Cide Hamete decidió no incluir en la Segunda Parte «novelas sueltas ni pegadizas» (31999; II, 44). Del silencio de Cervantes en la Primera Parte, y de lo que Cervantes pone en boca del bachiller Carrasco y en la pluma de Cide Hamete en la Segunda Parte, se puede concluir que el narrador no estaba de acuerdo con la crítica del cura ni aceptaba del todo el que las novelitas no perteneciesen con los otros episodios de la Primera Parte del Quijote.
Éstas son las premisas generales de las que parte este estudio. Mis propósitos son mostrar: (1) que los comentarios del cura y del bachiller Carrasco no se contradicen en esencia, y (2) que lo dicho por estos personajes refleja una visión muy diferente a la manera de percibir del moro y manchego historiador Cide Hamete Benengeli.
La trama de
«El curioso impertinente» es bien sabida, pero es
indispensable hacer un breve resumen de los eventos como base para
el juicio que el cura pasa de la novelita. Anselmo y Lotario son
«los amigos» por antonomasia,
según corre fama de ellos en Florencia. Anselmo se enamora
de Camila, una joven de la misma ciudad, y se casa con ella, pero
empujado de alguna malsana preocupación quiere estar
absolutamente seguro de que su esposa le es fiel y le pide a su
amigo Lotario que la enamore, diciéndole que le dará
todas las facilidades necesarias para que pueda llevar a cabo su
cometido. Al principio, Lotario se niega a hacerlo, pero, dada la
insistencia de Anselmo, finalmente le dice que así lo
hará, teniendo, sin embargo, toda intención de no
hacer lo que su amigo le pide. Con el paso de las semanas y el
incesante acuciar de Anselmo, la belleza, bondad y honestidad de
Camila conquistan a Lotario y las súplicas y ternuras de
éste resultan en la inevitable conclusión que el
título de la novelita predetermina. Camila y Lotario se
hacen amantes, creen haber sido descubiertos y huyen del esposo y
amigo engañado. Anselmo muere en casa de un amigo la noche
misma del día en que descubre esta traición, Lotario
perece unos meses después en
|
–––––––– 82
–––––––– |
| (14022; I, 35) | ||
Cuando el cura aprueba de la novelita y dice que no le descontenta el modo de contarla se está refiriendo, se imagina uno, a los aspectos puramente estilísticos de la historia, a la combinación interna de tempos, a la continuidad total del ritmo de la narración, al efecto de aceleración y desaceleración que el narrador inyecta en la fábula, y a la sutil manera en que éste repite y continúa lo que los personajes piensan cuando éstos ya no pueden expresar sus opiniones y sentires al abierto. En el resto de su comentario el cura les niega, o realidad histórica a los eventos («no me puedo persuadir que esto sea verdad») o verosimilitud creativa a la fábula («si esto es fingido, fingió mal el autor»). Y cuando el cura dice que el caso pudiérase llevar si «se pusiera entre un galán y una dama,» en vez de entre marido y mujer, parece estar aún bajo el efecto tanto de la farsica batalla entre don Quijote y los cueros de vino tinto -escenificada en la venta unos minutos antes de que terminara de leer la novelita- como del teatro de improvisación que Camila y su doncella Leonela arman para engañar a Anselmo. El cura está, en realidad, sugiriendo hacer de la tragedia una tragicomedia.
Esa misma noche,
el cura, sus oyentes y don Quijote y Sancho escuchan el relato del
capitán Viedma. La trama de «El capitán
cautivo» se puede resumir de la siguiente manera: Ruy
Pérez de Viedma, hijo mayor de una familia leonesa, se ve
obligado a seguir el ejercicio de las armas para servir a Dios y al
rey, para lo cual deja padre, hermanos y amigos, toma camino hacia
Alicante y se embarca con rumbo a Italia, donde se une al
ejército del duque de Alba. Con él va a Flandes, pero
regresa a Italia para tomar parte, ya como capitán, en la
batalla de Mecina contra los turcos. Cae prisionero, le ponen al
remo en una nave turca y sirve en varias batallas navales. A la
muerte de su amo pasa a poder del rey de Argel y es encerrado en
una prisión, o baño, de la ciudad. Ahí, la
hija única del riquísimo Agi
|
–––––––– 83
–––––––– |
Ahora bien, ni el narrador ni ninguno de los personajes de la Primera Parte hace ningún comentario en cuanto a la pertinencia de las interpolaciones de «El curioso impertinente» y «El capitán cautivo» en la historia de don Quijote. No encontramos tampoco explicación o excusa alguna del narrador porque lo que éste está haciendo no es nada nuevo ni revolucionario. La interpolación en el texto de discursos ajenos a la trama principal era del todo aceptable dentro de la vertiente teórica de la preceptiva tradicional.
Tampoco los
personajes pueden criticar las interpolaciones desde el punto de
vista teórico ni estructural porque, claro está,
tanto el cura como todos los huéspedes que están
hospedados en la venta están ellos mismos
«viviendo» la ficción. Las interpolaciones
sirven, además, un propósito práctico dentro
de la fábula y para los personajes los episodios no
están ni fuera de lugar ni son ajenos a las aventuras de don
Alonso Quijano el Bueno. Dentro de la fábula del Quijote
todo tipo de evento inesperado es siempre bien venido como
rompimiento y escape a la monotonía, característica
en la mayoría de los casos, del diario devenir de la
época («los ratos que estaba ocioso,
que eran los más del año, se daba a leer,» 654;
I, 1). De ahí la curiosidad del cura de ver los manuscritos
que tiene el ventero en una maleta olvidada, la insistencia con que
los huéspedes le piden al cura que lea «El curioso
impertinente,» la buena voluntad con que
|
–––––––– 84
–––––––– |
Para unir las
vertientes teórica y poética, Cervantes crea un
entretejido narrativo con tres discursos en diferentes estados de
concepción: una historia completa («El curioso
impertinente»), una historia en busca de principio y
conclusión («El capitán cautivo») y una
historia en desarrollo (las aventuras de don Quijote y Sancho),
uniéndolos todos con pasajes y episodios escritos ex profeso
para este fin. Las diferencias temáticas entre lo ocurrido y
lo que está ocurriendo y el inmediato interés humano
que caracteriza tanto los pasajes que irrumpen de súbito en
la fábula de las novelitas intercaladas (la batalla entre
don Quijote y los cueros de vino tinto que aparece a mitad de
«El curioso impertinente» y el corte que aparece a
mitad de «El capitán cautivo» cuando uno de los
que acompañan a don Fernando interrumpe la historia del
capitán Viedma) como los lazos de unión ideados para
atarlo todo entre sí (la resolución, por lo menos en
apariencia, de los amoríos de don Fernando y Dorotea que
aparece entre las dos novelitas -Flores,
«Cómo»-, la llegada del oidor y doña
Clara, hermano y sobrina del cautivo, y el episodio de doña
Clara y don Luis que ocurren poco después de haber terminado
su narración el capitán Viedma), resultan en
contrastes difíciles de ignorar. Estas interrupciones y
uniones hacen de lo que está sucediendo en una venta
manchega algo mucho más inmediato e interesante que lo que
pudo haber sucedido en Florencia y lo que sucedió en Argel.
Es difícil imaginar que el cura y sus oyentes continuaran
con la narración de «El curioso impertinente,»
como si nada estuviera sucediendo, cuando Sancho sale «todo alborotado diciendo a voces: -Acudan,
señores, presto y socorran a mi señor» (13685;
I, 35), o que hubieran ignorado la llegada de nuevos
huéspedes para seguir escuchando el relato del cautivo sin
interrupción. Este contraste entre lo leído
(«El curioso impertinente»), lo narrado («El
capitán cautivo») y lo vivido (las aventuras de don
Quijote y todos los sucesos de la venta) tenía
necesariamente que colorear la percepción
|
–––––––– 85
–––––––– |
Los episodios y pasajes de la Primera Parte hasta aquí considerados se nos presentan desde los diferentes puntos de vista de la siguiente serie de focalizadores activos: (1) focalizadores ficticios internos al Quijote pero externos a «El curioso impertinente» y a «El capitán cautivo» (el cura, Cide Hamete, los que escuchan la historia del cautivo -«el gusto que hemos recibido en escucharle,» 16798; I, 42), (2) un focalizador ficticio interno al Quijote y a «El capitán cautivo» (el capitán Viedma), y (3) un focalizador histórico omniscio bajo tres disfraces (el narrador de una fábula cuyos eventos ocurrieron en Florencia, el narrador de episodios que están ocurriendo en la Mancha y el narrador de una fábula cuyos eventos le ocurrieron a uno de sus personajes en Argel).
El producto de esta compleja malla de focalizadores fue la Primera Parte del Quijote, la cual resultó en una Segunda Parte y en una nueva serie de focalizadores: (1) algunos focalizadores externos a la Primera Parte pero internos a la Segunda Parte (el ficticio bachiller Carrasco y los lectores históricos y ficticios que habían leído la Primera Parte), (2) un sinnúmero de focalizadores históricos activos y pasivos externos a ambas Partes (críticos y editores del Quijote; lectores cuya opinión nunca sabremos), y (3) un focalizador histórico omniscio (Cervantes) que algo «ha dejado de escribir» (32006; II, 44), absteniéndose así de explicar lo que los otros focalizadores dicen o de defender su discurso directamente, y esto a pesar de bien saber lo que sus alter egos y sus personajes son, piensan, callan, sienten y quieren decir.
Los nuevos
focalizadores se materializaron diez años históricos
(1605, Primera Parte/ 1615, Segunda Parte), algunos años
ficticios (la elipsis externa a la fábula que cubre el
tiempo transcurrido entre la
|
–––––––– 86
–––––––– |
| (21810; II, 3) | ||
Es precisamente así que las bases teóricas y los procesos de creación, producción y consumo se ponen a prueba por primera vez en el Quijote. Los lectores que leyeron «El curioso impertinente» en la Primera Parte no se quejan, a diferencia del cura, de que hubiera fingido mal el autor (la novelita no es mala ni está mal razonada), sino, según dice el bachiller, de que se hubiera interpolado la novelita en la historia de don Quijote y Sancho. A esto, Cide Hamete agrega otro reparo de los lectores en el capítulo 44 de la Segunda Parte:
| (31979; II, 44) | ||
Cide Hamete pone
como puntal y excusa de las interpolaciones su valor
estético, tono y función práctica, los cuales,
según él, están muy por encima de la
valía artística de la fábula principal (las
novelitas contienen gala y artificio y son más graves y
entretenidas que la seca y limitada historia de don Quijote y
Sancho). Nótese, en primer lugar, que Cide Hamete se
contradice cuando por un lado escribe que las aventuras de don
Quijote resultan en una «seca y tan
limitada» historia y, por el otro, no tiene ningún
empacho en hacer notar que las hazañas del caballero son tan
interesantes que, de ser leídas con «la atención que piden,» es probable
que se pasen por alto las interpolaciones. Es más, las
razones práctico-poéticas que el moro historiador da
para salir del atolladero son por demás débiles ya
que, desde el punto de vista puramente literal, agregar cinco bocas
(Anselmo, Camila, Leonela, Lotario y el cautivo) a las dos o tres
docenas que ya tenía en su discurso no justifica de ninguna
manera estas interpolaciones. Ni tampoco es del todo exacto que
Cervantes se haya mantenido escribiendo «de
un solo sujeto» hasta el capítulo 32 de la Primera
Parte. Es obvio, pues, que Cide Hamete estaba inicialmente pensando
en todas sus interpolaciones (Grisóstomo y Marcela,
Dorotea-Cardenio-don Fernando-Luscinda, Anselmo-Camila-Lotario, el
cautivo y Zoraida, don Luis y doña Clara, Eugenio y
Leandra), cuando aún el número de bocas era
relativamente limitado y cuando todavía estaba escribiendo
sobre un solo sujeto (las aventuras de don Quijote). Pero al hacer
hincapié inmediatamente después en el hecho de que
«las demás [historias] que
allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote que
no podían dejar de escribirse69,»
y al llamar a «El curioso impertinente» y a
«El
|
–––––––– 88
–––––––– |
¿Cómo explicar el silencio de Cervantes? ¿Cómo reconciliar la opinión del focalizador interno (el cura) con la, al parecer, contradictoria opinión de los focalizadores externos/internos (los lectores históricos y/o ficticios -¿el bachiller mismo?-, que habían leído la Primera Parte)? ¿Por qué parea Cide Hamete en la Segunda Parte estas dos novelitas y no otras?
Lo primero que salta a la vista es el hecho de que los lectores a los que se refiere Cide Hamete no son necesariamente los mismos lectores cuya opinión menciona el bachiller, ya que ninguno de los personajes de la Segunda Parte ni ninguno de los lectores a los que se refiere Carrasco menciona o se queja de la interpolación del relato del capitán Viedma. Las novelitas que sirven de entretenimiento y escape para el cura y sus oyentes de ficción se convierten, para los lectores históricos y ficticios de la Segunda Parte, en interrupciones innecesarias, justificando así el temor de Cide Hamete de que algunos lectores históricos se salten las novelitas o que pasen por ellas «con prisa o con enfado.»
Estos
últimos no podían haber dejado de notar las cruciales
diferencias que existen entre las dos narraciones. Los dos
discursos interpolados están unidos a la historia principal
de manera muy diferente: «El curioso impertinente» es
un elemento totalmente independiente de la historia principal,
«El capitán cautivo» está bien y
firmemente entretejido con la trama del Quijote. Lo narrado en una
interpolación ocurre en Florencia, el otro episodio en
Argel. La presentación es radicalmente distinta: «El
curioso impertinente» es un discurso que lleva cosa de
«ocho pliegos escritos de mano»
(12033; I, 32); el capitán Viedma relata, de viva voz, su
propia historia. «El curioso impertinente» es una
figurita rusa dentro de otra; «El capitán
cautivo» es ficción histórica dentro de
ficción realista70.
|
–––––––– 89
–––––––– |
|
–––––––– 90
–––––––– |
Barbagallo (págs. 217) compara el triángulo amoroso Gianciotto-Francesca-Paolo al de Anselmo-Camila-Lotario, apuntando muy acertadamente que:
|
[El] enamoramiento de Lotario cae plenamente en la línea filosófica neoplatónica del Humanismo y Renacimiento italianos. Son la belleza, las virtudes, y sobre todo la contemplación de Camila lo que abre el corazón de Lotario... El caso de Lotario y Camila es semejante al de Paolo y Francesca... no sólo por la ingenuidad y espontaneidad del enamoramiento, sino porque en ambas circunstancias el caso merece, si no perdón y disculpa, al menos simpatía y comprensión. |
Quizá haya tenido esos eventos en mente el narrador de «El curioso impertinente» cuando escribió: «comenzó Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo por parecerle a él ... [que] es tan delicada la honra del casado que parece que se puede ofender aun de los mismos hermanos» (12104-13; I, 3371). Pero al hacer a Anselmo sano de cuerpo y de la misma edad que Lotario, y al hacer a éstos amigos en vez de hermanos, Cervantes está convirtiendo el determinismo externo del modelo italiano (Gianciotto es deforme, feo y mayor que Paolo) en algo interiormente generado. En «El curioso impertinente» la catálisis surge de la trágica combinación de la obsesiva impertinencia de Anselmo, la vanidad de Lotario y la independiente voluntad de Camila. Vista desde su protofábula (Flores, «Protofábula»), y dado el local donde se desarrollan los eventos, la impertinencia de Anselmo no parece tan impertinente cuando se recuerda que en la Italia de los siglos XVI y XVII era común entre las clases principales, no sólo que el marido aceptara, sino que aprobara y él mismo seleccionara un cicisbeo apropiado para su mujer; y de cavalier servente di dama d'alto lignaggio a amante había sólo un paso.
Lo que hace
Zoraida en «El capitán cautivo» no son, tampoco,
acciones que uno esperaría de una honesta doncella
española. La despreocupación que muestra Zoraida
cuando le escribe al cautivo que le ayudará si se la lleva
consigo, ¡cásese o no con ella72!,
el que traicione sus creencias y renuncie a su raza, y el que
engañe, robe y
|
–––––––– 91
–––––––– |
Debe notarse, sin
embargo, que lo que el cautivo dice de Zoraida y su énfasis
a todo lo largo de su relato no está basado en la belleza
interior de la mora, sino únicamente en su apariencia
física, en su hermosura: «la hermosa
mora,» 14746 (I, 37); 16952 (I, 42), 17020 (I, 42); «la más hermosa mujer de la
Berbería,» 15780(I, 40); «bella Zoraida,» 16010 (I, 41); «hermosa y bella Zoraida,» 1617071 (I, 41);
«la hermosura de Zoraida,» 16731 (I,
41); «la mora hermosísima,» 17037 (I, 42);
«hermosísima Zoraida,» 16180,
16600 (I, 41); «bellísima
Zoraida,» 16228 (I, 41), y en el hecho de que con su oro los
haya ayudado a escapar: «Zoraida hermosa y liberal,»
16998 (I, 42). Y, dado que dos características
estilísticas fundamentales del discurso de Cervantes son la
presencia o ausencia de ciertos adjetivos claves en sus
descripciones del carácter de sus personajes (el cura, no el
narrador de las aventuras de don Quijote y Sancho, es el que
considera que Anselmo es un marido «necio»; éste, dice el pastor Eugenio,
maldice a Leandra «y la llama antojadiza,
varia y deshonesta, aquél la condena por fácil y
ligera, tal la absuelve y perdona, y tal la justicia y
vitupera,» 19975-77; I, 51), la injusticia implícita
en lo que le acontece a Leandra es aun más difícil de
ignorar si se compara lo que le ocurre a ésta, como mujer,
con lo que, como hombre, le acontece al hijo pródigo en
Lucas, 15.11. Cuando el hijo pródigo regresa a casa agotado
y sin un céntimo después de haber despilfarrado una
fortuna en mujeres y vicios, no solamente es aceptado de nuevo
en
|
–––––––– 92
–––––––– |
Cide Hamete parece dolerse de haber hecho las interpolaciones («un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo,» 31978-79; II, 44), pero las razones que da para justificar lo que hizo son, en realidad, una explicación velada de Cervantes del por qué sus lectores consideraban la «seca y limitada» historia de las aventuras de don Quijote y Sancho superior a los «más graves y más entretenidos» episodios y digresiones que él había interpolado en la Primera Parte. Cide Hamete simplemente escribe, si bien se fija uno, que las novelitas «están como separadas de la historia» (31989-90; II, 44; cursiva mía). Lo que Cervantes pone en la pluma de Cide Hamete para explicar las razones por las que interpoló estos episodios en la Primera Parte no es, cuando bien se mira, ni humilde en carácter, ni mucho menos una disculpa. La verdad, escribe Alan Trueblood, es que se «percibe cierto orgullo de artista en las palabras de Cide Hamete, que ha sabido atenerse [en la Segunda Parte] a la ley estética inherente a su obra, como el asceta que, al renunciar a lo mundano, siente robustecerse su fibra moral[, lo] cual no impide que la idea de aquello a que ha renunciado lo siga tentando» (p. 46). Cervantes, pues, acepta y apunta la crítica que se le hace, pero no está de acuerdo con sus lectores, ya que termina asegurándoles que Cide Hamete es capaz de tratar del «universo todo.» El «como» y el «universo todo» con que Cide Hamete encara a sus lectores claramente sugieren que el narrador se daba cuenta de que el origen de los reparos que se le hacían probablemente tenían sus raíces en profundidades otras que las estipuladas en el texto.
Es curioso notar
que el único elemento «temático» común a ambas
novelitas parece ser el simple hecho de que los eventos narrados en
ellas ocurren fuera de España, en otras partes del «universo todo.» El narrador de «El
curioso impertinente» principia la fábula como sigue:
«En Florencia, ciudad rica y famosa de
Italia, en la provincia que llaman Toscana, vivían Anselmo y
Lotario» (12070-72; I, 33). Los principales eventos del
relato del cautivo ocurren en Italia,
|
–––––––– 93
–––––––– |
Parece que a los
lectores de la época de Cervantes les era más
fácil aceptar la mezcla de eventos verosímiles e
inverosímiles emplazados en lugares ignotos -el Persiles- que tolerar el contraste que
resulta de mezclar eventos imaginados en su entorno con sucesos
figurados en otras culturas aunque toda la ficción fuera
verosímil -el Quijote. No es nada sorprendente, pues,
que los únicos dos relatos intercalados que aísla
Cide Hamete hayan sido, precisamente, los dos únicos
episodios cuyos personajes no son españoles (Anselmo,
Camila, Lotario, Zoraida) o, si lo son, actúan fuera de
España y son portavoces de otros modos de vivir (el
narrador, Cide Hamete, el cautivo). «El curioso
impertinente» le parecía «mal
fingido» al cura, y esta
|
–––––––– 94
–––––––– |
Estos contrastes socio-culturales, creo yo, más que ningún otro aspecto del discurso, son la causa tanto del juicio crítico del cura como de los peros que los lectores que habían leído la Primera Parte del Quijote le ponen a la interpolación de estas dos novelitas. Es a esto a lo que se refiere indirectamente Cide Hamete al principio del capítulo 44 de la Segunda Parte. Cuando se leen o se escuchan estos dos relatos interpolados se tiene que aceptar, ante todo, que los eventos ocurrieron en «Florencia, ciudad rica y famosa de Italia» y en Argel, que Camila, Anselmo y Lotario eran florentinos, que Ruy Pérez ha vivido lo que narra, que Zoraida es una mora conversa que ni siquiera sabe hablar castellano, que los discursos intercalados son parte de una historia escrita por un cronista mitad moro y mitad manchego cuya amplia visión narrativa no estaba circunscrita ni limitada por la España de los siglos XVI y XVII, y que el carácter de los personajes, la tejedumbre social y los entornos de las novelitas están vistos y son juzgados por focalizadores que tenían valores y preocupaciones muy diferentes a los de las sociedades focalizadas.
Es por esto que
Cide Hamete decidió no incluir en la Segunda Parte «novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos
episodios que lo pareciesen, nacidos de los mismos sucesos que la
verdad ofrece y, aun éstos, limitadamente y con solas las
palabras que bastan a declararlos» (31999-32002; II, 44). Al
comenzar la Segunda Parte «se adelanta
Cervantes a satisfacer parcialmente las objeciones... de los
lectores del único modo como puede hacerlo un autor:
omitiendo los detalles o situaciones que no logran convencer, o,
como dice el Canónigo, que no "casan con el entendimiento"
del lector» (Trueblood
5073).
En otras palabras, cuando Cervantes anuncia la intención de
Cide Hamete de contenerse y cerrarse en los estrechos
límites de la trama principal, ostensiblemente para
complacer a sus lectores, esto no quiere decir de ninguna manera
que Cervantes se esté identificando con la menos amplia mira
de su público inmediato. «El curioso
impertinente» y «El capitán cautivo,»
insiste Cervantes, «no están en
realidad separados de la fábula principal, porque tan anejo
a mi historia es para mí lo que emplazo en Argel y Florencia
como lo
|
–––––––– 95
–––––––– |
Esta declaración, implícita en lo que escribe Cide Hamete, sugiere que Cervantes ha de haber estado consciente de que la preceptiva dominante en la estructura de la Segunda Parte era radicalmente diferente a la usada en la Primera Parte, pero no se puede hablar del principio de la Segunda Parte del Quijote como del momento en que Cervantes empezó a escribir en un nuevo estilo (los episodios del Caballero del Verde Gabán y las bodas de Camacho; II, 18 y 20) porque la realidad es otra. Si bien es cierto que tenemos fechas y hechos históricos desperdigados por todas las obras de Cervantes, el valor de estos datos es muy relativo ya que no sabemos exactamente la secuencia cronológica en la que Cervantes las escribió. El hecho es, en efecto, que Cervantes ya estaba escribiendo en este nuevo estilo cuando empezó a escribir la Primera Parte del Quijote (el episodio de Andrés y Juan Haldudo; el episodio de los mercaderes toledanos), antes de que dividiera el texto original en capítulos y que empezara a encajar narraciones que tenía olvidadas en maletas (Flores, «Cervantes at Work»), pero sólo hasta el capítulo 44 de la Segunda Parte le anuncia abiertamente al lector su nueva manera de escribir ficción. La ausencia de rupturas estructurales causadas por interpolaciones tardías o, mejor dicho, la fluidez de la narración en la Segunda Parte, no señala el principio de un nuevo estilo, sino un retorno y una continuación al estilo de las primeras páginas del Quijote, simplemente poniendo más cuidado en cómo, cuándo y, principalmente, qué episodios tangenciales interpolar en la fábula principal. En un trabajo aun sin publicar («"Rinconete y Cortadillo" in Don Quixote: A Cervantine Reconstruction»), Jürgen Hahn sugiere que Cervantes podía haber muy bien interpolado «Rinconete y Cortadillo» en vez de «El curioso impertinente» donde éste aparece ahora. Si éste hubiera sido el caso es muy probable que la opinión del cura en cuanto a si fingió bien el autor o no hubiera sido otra, y que los lectores de la Primera Parte no hubieran considerado el episodio (la novelita) de «Rinconete y Cortadillo» ni fuera de lugar ni ajeno a la historia de don Quijote y Sancho.
En
conclusión, «El curioso impertinente» y
«El capitán cautivo» son novelas sueltas y
pegadizas si se ven sólo desde el punto de vista
|
–––––––– 96
–––––––– |
|
–––––––– 97
–––––––– |
Barbagallo, Antonio. «Los dos amigos, "El curioso impertinente" y la literatura italiana.» Anales Cervantinos 32 (1994): 207-19.
Castro, Américo. Cervantes y los casticismos españoles. Madrid: Alfaguara, 1966.
Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ed. Luis A. Murillo. 2 vols. Madrid: Cátedra, 1978.
——. Don Quixote de la Mancha: An Old-Spelling Control Edition Based on the First Editions of Parts I and II. Ed. R. M. Flores. 2 vols. Vancouver: U. of British Columbia Press, 1988.
Flores, R. M. «Cervantes at Work: The Writing of Don Quixote, Part I.» Journal of Hispanic Philology 3 (1979): 135-60.
——. «¿Cómo iban a terminar los amoríos de Dorotea y don Fernando? Primera Parte del Quijote.» Nueva Revista de Filología Hispánica 43 (1995): 455-75.
——. «Don Quixote as a Genre on Genres.» Romance Quarterly 40 (1993): 211-25.
—— . «Formación del personaje femenino en "El curioso impertinente."» Revista de Estudios Hispánicos [EE.UU.], 34 (2000), en prensa.
——. «Una posible protofábula a "El curioso impertinente" de Cervantes.» Cervantes 18.1 (1998): 134-43.
Hahn, Jürgen. «"El curioso impertinente" and Don Quijote's Symbolic Struggle against "Curiositas." » Bulletin of Hispanic Studies 49 (1972): 128-40.
——. «"Rinconete y Cortadillo" in Don Quijote: A Cervantine Reconstruction.» Inédito.
|
–––––––– 98
–––––––– |
Immerwahr, Raymond. «Structural Symmetry in the Episodic Narratives of Don Quijote, Part One.» Comparative Literature 10 (1958): 121-35.
Johnson, Carroll B. Don Quijote: The Quest for Modern Fiction. Boston: Twayne, 1990.
Márquez Villanueva, Francisco. «Leandra, Zoraida y sus fuentes franco-italianas.» En Personajes y temas del Quijote (Madrid: Taurus, 1975), págs. 77-146.
Percas de Ponseti, Helena. Cervantes y su concepto del arte: Estudio crítico de algunos aspectos y episodios del Quijote. 2 vols. Madrid: Gredos, 1975.
Trueblood, Alan S. «Sobre la selección artística en el Quijote: "...lo que ha dejado de escribir" (II, 44).» Nueva Revista de Filología Hispánica 10 (1956): 44-50.
Wardropper, Bruce W. «The Pertinence of "El curioso impertinente."» PMLA 72 (1957): 587-600.
Wilson, Diana de Armas. «"Passing the Love of Women": The Intertextuality of "El curioso impertinente."» Cervantes 7.2 (1987): 9-28.
Zimic, Stanislav. «La vorágine de la desconfianza en la "Novela del curioso impertinente"» (D. Quijote, I, Caps. 32). Acta Neophilologica 27 (1994): 23-47.