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Sonetos en manuscritos


Mss. 5.913, Biblioteca Nacional, f. 122v



ArribaAbajo    Religiosa piedad ofrezca llanto
funesto; que a su libre pensamiento
vinculó lengua y pluma; cuyo aliento
se admiraba de verle vivir tanto.

   Cisne fue, que causando nuevo espanto,  5
aun pensando vivir, clausuló el viento,
sin pensar que la muerte en cada acento
le amenazaba, justa, el primer canto.

   Con la sangre del pecho, que provoca
a que el sacro silencio se eternice,  10
escribe tu escarmiento, pasajero:

   Que quien el corazón tuvo en la boca,
tal boca siente en él, que sólo dice:
«En pena de que hablé, callando muero».




Mss. 9.636, f. 140v y 7.360, f. 220v, B. N.




A las cenizas de un amante puestas en un reloj


ArribaAbajo   Ostentas, ¡oh felice!, en tus cenizas,
el afecto inmortal del alma interno;
que como es del amor el curso eterno,
los días a tus ansias eternizas.

   Muerto del tiempo, el orden tiranizas,  5
pues mides, derogando su gobierno,
las horas al dolor del pecho tierno,
los minutos al bien que inmortalizas.

   ¡Oh milagro! ¡Oh portento peregrino!,
que de lo natural los estatutos  10
rompes con eternar su movimiento.

   Tú mismo constituyes tu destino:
pues por días, por horas, por minutos,
eternizas tu propio sentimiento.




Mss. 3.797, f. 100v



ArribaAbajo   Ojos, guardad al corazón secreto,
pues le guarda la lengua a sus pasiones;
ved que son vuestras lágrimas razones:
que el ciego amor, si es mucho, es más perfeto.

   Si miedo no tenéis, tened respeto,  5
y triunfe de atrevidas ocasiones
el sufrimiento, que arma corazones
en la milicia de este fuego inquieto.

   Contentaos con amar cosa tan bella,
pues os honra la propia cobardía  10
que la vista parlera os enmudece.

   Amad el imposible, el merecella;
débaos mi corazón tal cortesía:
que en penar por los dos bien la merece.




Mss. 4.117, f. 348v, B. N.



ArribaAbajo   Muda y tierna elocuencia derramada,
de la razón y pena recogida,
con tener más de vista que de oída,
ni aun de ajeno mirar sois escuchada.

   Alma en líquido fuego transformada,  5
que por más firme unión se da vertida,
y su prisión nos deja persuadida,
saliendo por los ojos desatada;

   lenguas de un pensamiento recatado,
ansias que van corriendo, y las poseo,  10
sangre de los suspiros más amigos:

   palabras sois postreras del cuidado,
congojosos extremos del deseo,
del alma parte, de mi amor testigos.




Mss. 108, B. Menéndez Pelayo, f. 106v




Protestas del cornudo profeso


ArribaAbajo   «¿Es más cornudo el Rastro que mi abuelo,
o conoce Segovia más señores?
¿No es toda mi cabeza calzadores,
tinteros y linternas, barba y pelo?

   »¿Háseme conocido algún recelo  5
(aun burlando) jamás en mis amores?
Pues en lo que es mullir los pretensores,
mis hermanas dirán si duermo o velo.

   »Llamen a dos que entiendan de cornudo;
y si yo para serlo no valiere,  10
tasándolo más que él, llámenme honrado.»

   Dijo Fermín, hallándose desnudo,
y viendo que sin causa le prefiere
un cornudo novicio a un procesado.




Mss. 108, B. M. P., f. 157a




Otro


ArribaAbajo   Cuernos hay para todos, sor Corbera;
no piense que ha de ser solo el cornudo.
Valdés lo pretendió, mas nunca pudo
restañarle los cuernos a Cabrera.

   No es sola su mujer la cotorrera:  5
putas le sobran a cualquier desnudo,
y la pieza del ciego y la del mudo
no iguala a la de ser catarribera.

   ¿Quiere alzarse a mayores con el cuerno?
Pues, mientras yo viviere, está engañado;  10
que por un privilegio del infierno

   soy proveedor de testas de ganado,
cornudo óptimo, máximo y eterno,
y soy la quintacuerna destilado.




Mss. 108, B. M. P., f. 157b




Otro


ArribaAbajo   Casose la Linterna y el Tintero,
Jarama y Medellín fueron padrinos;
casolos en el Rastro Buenosvinos,
y al fin la boda fue entre carne y cuero.

   De sí propio mordió todo carnero;  5
quedaron espantados los vecinos
de ver tantos cabrones de los finos,
y al Pardo y a Buitrago en un sombrero.

   Las putas cotorreras y zurrapas,
alquitaras de pijas y carajos,  10
habiendo culeado los dos mapas,

   engarzadas en cuernos y en andrajos,
cansadas de quitar salud y capas,
llenaron esta bolsa de zancajos.




Mss. 108, B. M. P., f. 158v




Otro


ArribaAbajo   Mientras que, tinto en mugre, sorbí brodio,
y devanando en pringue y telaraña,
en ansias navegué por toda España,
ni fui capaz de envidia ni de odio.

   Mas luego que tan puto monipodio  5
hizo de mí fortuna tan picaña
Pasquín tiene conmigo grande saña
y todo soy preguntas de Marfodio.

    ¡Oh santo bodegón! ¡Oh picardía!
¡Oh tragos; oh tajadas; oh gandaya;  10
oh barata y alegre putería!

   Tras los reyes y príncipes se vaya
quien da toda la vida por un día,
que yo me quiero andar de saya en saya.




Mss. 108, B. M. P., f. 161




Otro


ArribaAbajo   Volver quiero a vivir a trochimoche,
y ninguno me apruebe ni me tache
el volver de privado a moharrache,
si no lo ha sido todo en una noche.

   Mesa y caricia, y secretillo y coche  5
trueco yo a quien me sufra y me emborrache,
y ruéganme con este cambalache
los que saben decir «aroga» y «zoche».

   Con la fortuna el ambicioso luche,
y a los malsines y a la envidia peche,  10
y para otro mayor ladrón ahúche;

   que yo, porque la vida me aproveche,
por si hay algún bellaco que me escuche,
tanto estaré contento cuanto arreche.




Mss. 108, B. M. P., f. 161b




Otro


ArribaAbajo   Un tenedor con medias y zapatos;
descalzos y desnudos dos pebetes;
por patas, dos esquifes con juanetes;
por manos, diez cazones y dos gatos;

   en el mirar, trescientos garabatos;  5
la color, solimán fondo en hametes;
por cejas, dos bigotes con ribetes;
por ojos, dos furísimos Pilatos;

   por vientre, un barbadísimo letrado,
pues a hacer penitencia las ladillas  10
se vinieron a él como a desierto;

   culo, aun de florentines desechado,
toda tabas y tetas y ternillas:
ésta es la Isaura que a Lisardo a muerto.




Mss. 108, B. M. P., f. 161v




Túmulo


ArribaAbajo   Por no comer la carne sodomita
de estos malditos miembros luteranos,
se morirán de hambre los gusanos,
que aborrecen vianda tan maldita.

   No hay que tratar de cruz y agua bendita:  5
eso se gaste en almas de cristianos.
Pasen sobre ella, brujos, los gitanos;
vengan coroza y trochos, risa y grita.

   Estos los güesos son de aquella vieja
que dio a los hombres en la bolsa guerra,  10
y paz a los cabrones en el rabo.

   Llámase, con perdón de toda oreja,
la madre Muñatones de la Sierra,
pintada a penca, combatida a nabo.




Mss. 108, B. M. P., f. 162




Túmulo


ArribaAbajo   La mayor puta de las dos Castillas
yace en este sepulcro, y, bien mirado,
es justo que en capilla esté enterrado
cuerpo que fue sepulcro de capillas.

   Sus penitencias no sabré decilllas,  5
pues de correas sin número cantado
tan bien con el cordel se ha meneado,
que vino a los gusanos hecha astillas.

   Diéronla crecimientos de priores,
después de un pujamiento de donados  10
que en siglo vivieron de pern(a)iles.

   Aborreció seglares pecadores,
buscó instrumentos vivos y pintados,
porque tiene capillas como frailes.




Mss. 108, B. M. P., f. 182v




Desengaño de las mujeres


ArribaAbajo   Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

   Puto es el gusto, y puta la alegría  5
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

   Mas llámenme a mi puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;  10
y como puto muera yo quemado,

   si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.




Mss. 108, B. M. P., f. 182v




A uno que mudaba cada día por guardar su mujer


ArribaAbajo   Cuando tu madre te parió cornudo,
fue tu planeta un cuerno de la luna;
de maderas de cuernos fue tu cuna,
y el castillejo un cuerpo muy agudo.

   Gastaste en dijes cuernos a menudo;  5
la leche que mamaste era cabruna;
diote un cuerpo por armas la Fortuna
y un toro en el remate de tu escudo.

   Hecho un corral de cuernos te contemplo;
cuernos pisas con pies de cornería;  10
a la mañana un cuerno te saluda.

   Los cornudos en ti tienen un templo.
Pues, cornudo de ti, ¿adónde iría
siguiéndote una estrella tan cornuda?




Mss. 108, B. M. P., f. 187




A la ballena y a Jonás, muy mal pintados, que se compraron caros y se vendieron baratos


ArribaAbajo   Si la ballena vomitó a Jonás,
a los dos juntos vomitó Cajés:
borrasca es de colores la que ves;
el dinero se pierde aquí no más.

   Si a Nínive por orden de Dios vas,  5
¿por qué viniste a dar en mí al través?
Tan mal pescado el que te almuerza es,
que de comido de el vomitarás.

   A Jonás la ballena le tragó;
y pues los cuatrocientos, por él di,  10
Jonás y la ballena trague yo.

   Y por sesenta y siete que perdí,
a los tres nos tragó quien la pagó,
y otra ballena se dolió de mí.




Mss. 108, B. M. P., f. 187v




Contra un juez


ArribaAbajo   Este letrado de resina y pez,
que en tiempo de Moisés fue Faraón,
no sólo siendo juez tuvo pasión,
mas siendo la Pasión, él fue su Juez.

   Oyó cuerno en el Prado y Aranjuez;  5
graduose después de carnerón;
como del fuego huye del lechón,
si a San Antón encuentra alguna vez.

   Es caballero de Avirón y Atán,
hijo de un vizcaíno de Belén  10
que, por lo perro, descendió de Can.

   De la carda me dicen que es también,
y el apellido de Cardón le dan
los que en la Cruz cardaron nuestro bien.




Mss. 108, B. M. P., f. 188




Otro


ArribaAbajo   Estos son los obreros de rapiña,
que, viniendo a la viña los postreros,
trabajan menos, ganan más dineros
y aprisionan al dueño de la viña.

   Al padre de la viña se le aliña  5
gentil vendimia en estos jornaleros,
pues el vino le encierran en sus cueros,
podan el pago y roban la campiña.

   Ya que a la viña del Señor no vienen,
al Señor de la viña han agarrado,  10
menos puras las almas que las cubas.

   Y por el miedo que al Profeta tienen,
al revés de la viña del pecado,
siendo labrusca, se hacen unas uvas.




Mss. 108, B. M. P., f. 188v




Otro


ArribaAbajo   Tentación, no limosna, ha parecido
ésta que en Satanás os ha enredado,
que, si no es tentarle de pecado,
nunca Jesús al monte le ha subido.

   Si porque todo el mundo os ha ofrecido,  5
queréis subir al monte levantado,
porque antes le adoréis os lo ha mandado,
y porque os despeñéis os ha traído.

   La primer tentación fácil os fuera,
pues piedras vuelven en pan vuestro molino,  10
haciendo harina a Stérope y a Bronte.

   De Jesús es subir por la escalera
al calvario, no al monte peregrino:
memento que (...) andáis a monte.




Mss. 108, B. M. P., f. 189v




A la barba de los letrados


ArribaAbajo   ¡Qué amigo son de barba los Digestos,
hircoso licenciado! Mas sin duda
de barba de cabrón, intosa y ruda,
más se presumen brujas que no textos.

   La caspa es benemérita de puestos;  5
la suficiencia medra por lanuda;
alegue Peñaranda la barbuda
en ciencia que consiste en pelo y gestos.

   Son por fuerza ignorantes los rapados:
cortará la navaja decisiones  10
y deshará el barbero los letrados.

   Mas, pues nunca se hallan en capones
ni se admiten lampiños abogados,
las leyes son de casta de cojones.




Mss. 108, B. M. P., f. 191




Al haber quitado los cuellos y las calzas atacadas, y ver esgrimir por entretenimiento


ArribaAbajo   Rey que desencarcelas los gaznates,
rey que sacas los muslos de tudescos,
rey que resucitaste los greguescos,
lisonja al Cid, merced a los combates;

   rey sin chinelas, rey sin acicates,  5
rey sin ahogo, rey de miembros frescos,
rey en campaña fuera de grutescos,
que postas corres, que favonios bates;

   miente quien se quejare por la gola,
pues son cabezas las que fueron coles,  10
y hombre mortal el bulto tabaola.

   No quieres ver en calzas de españoles
cuchilladas, por verlas con la sola:
humos quieres que tengan, no arreboles.




Mss. 108, B. M. P., f. 191v




Otro


ArribaAbajo   Que tiene ojo de culo es evidente,
y manojo de llaves, tu sol rojo,
y que tiene por niña en aquel ojo
atezado mojón duro y caliente.

   Tendrá legañas necesariamente  5
la pestaña erizada como abrojo,
y guiñará, con lo amarillo y flojo,
todas las veces que a pujar se siente.

   ¿Tendrá mejor metal de voz su pedo
que el de la mal vestida mallorquina?  10
Ni lo quiero probar ni lo concedo.

   Su mierda es mierda, y su orina, orina;
sólo que ésta es verdad, y esa otra, enredo,
y estanme encareciendo la letrina.




Mss. 108, B. M. P., f. 191b




Otro


ArribaAbajo   Quiero gozar, Gutiérrez; que no quiero
tener gusto mental tarde y mañana;
primor quiero atisbar, y no ventana,
y asistir al placer, y no al cochero.

   Hacérselo es mejor que no terrero;  5
más me agrada d[e] balde que de galana:
por una sierpe dejaré a Diana,
si el dármelo es a gotas sin dinero.

   No pido calidades ni linajes;
que no es mi pija libro del becerro,  10
ni muda el coño, por el don, visajes.

   Puta sin daca es gusto sin cencerro,
que al no pagar, los necios, los salvajes,
siendo paloma, le llamaron perro.




Mss. 108, B. M. P., f. 216b




Otro


ArribaAbajo   La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos) detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio Preste Juan le tiene miedo.

   Mas pronunciada con el labio acedo  5
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risas da la vida,
y con puf y con asco, siendo quedo.

   Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,  10
de dar la vida y dispensar las Parcas.

   Pues en el tribunal de sus greguescos,
con aflojar y comprimir las arcas,
cualquier culo lo hace con dos cuescos.




Mss. 108, B. M. P., f. 216v




Otro


ArribaAbajo   Hijos que me heredáis: la calavera
pudre, y no bebe el muerto en el olvido;
del sepulcro no come y es comido:
tumba, no aparador, es quien lo espera.

   La que apenas ternísima ternera  5
la leche en roja sangre ha convertido,
no por ofrenda, por almuerzo os pido,
y el responso, después, de hambre, muera.

   Dadme aquí los olores cuando huelo;
y mientras algo soy, goce de todo:  10
venga el pellejo cuando sorbo y cuelo.

   A engullirme mis honras me acomodo,
que dar el vino al polvo no es consuelo,
y piensan que hacen bien, y hacen lodo.




Mss. 108, B. M. P., f. 194v




A un hombre casado y pobre


ArribaAbajo   Esta es la información, éste el proceso
del hombre que ha de ser canonizado,
en quien, si advierte al mundo algún pecado,
admiró penitencia con exceso.

   Diez años en su suegra estuvo preso,  5
a doncella, y sin sueldo, condenado;
padeció so el poder de su cuñado;
tuvo un hijo no más, tonto y travieso.

   Nunca rico se vio con oro o cobre;
siempre vivió contento, aunque desnudo;  10
no hay descomodidad que no le sobre.

   Vivió entre un herrador y un tartamudo;
fue mártir, porque fue casado y pobre;
hizo un milagro, y fue no ser cornudo.




Mss. B. N. 4.067, f. 51 y en más mss.




Pintando la vida de un señor mal ocupado


ArribaAbajo   «¡Bizarra estaba ayer doña María!»
«Mayordomo, ¿cobrose aquel dinero?»
«¡Bien alzaba las manos el overo!»
«¡Gran regalo es beber el agua fría!»

   «Bésoos las manos, duque. ¿Es ya de día?»  5
«Ordóñez, llamad luego al camarero.»
«¡Gentil bufón, a fe de caballero!»
«Del rey, ¿qué nuevas corren, don García?»

   «Para cochero. El coche está en palacio.»
«Al momento me busquen postillones.»  10
«Treinta escudos daréis por el topacio.»

   «Denle por lo que dijo seis doblones.»
«Bien anda el Castañuelo, aunque despacio.»
«No es bueno que no guste de bufones.»

Caballeros chanflones,
que pasan en su casa solamente
perdiendo a Dios el miedo y a la gente,
hablan así, por plazas y rincones.




Mss. 3.700, B. N.



ArribaAbajo   Si pretender gozarte sin bolsón
los que versos y músicas te dan,
¿de qué ofendiendo a tu deidad están,
pues de esto todo no te gusta el son?

   Dalila puede ser con el Sansón,  5
y Angélica divina con Roldán,
y diles que, no dándote, estarán
sin tomar de tu gusto posesión.

   Quien no fuere de Marte matachín
te incline sólo a que le quieras bien,  10
rindiéndote del manto hasta el chapín.

   Serás con los valientes Tremecén,
con poetas y músicos, Pasquín:
que es niño Amor, y quiere que le den.




Mss. 3.795, B. N., f. 258




A un hombre llamado Diego, que casaron con una mala mujer llamada Juana


ArribaAbajo   A las bodas que hicieron Diego y Juana
dio de su cuerno flores Amaltea,
tocaron la corneta del aldea
y una cuerna almorzaron valenciana.

   En cuerno meó el novio, aunque sin gana,  5
cuando la novia en otro cuerno mea,
y en la cornija de la chimenea
les cantó la corneja de mañana.

   El cura, que es Cornejo, escribió el nombre
con tintero de cuerno, y él le ha dado  10
un cornado, que es todo lo que pudo.

   Y es el bueno de Diego tan buen hombre,
que, con tantos agüeros, no ha notado
cómo le casan para ser cornudo.




Mss. 3.915, f. 41, B. N.




Soneto dedicatorio


ArribaAbajo   A quien hace el Amor tantas mercedes,
que le calienta lo que tiempo hiela,
y no admitiendo canas en su escuela
quiere que en ella eternamente quedes;

   y como presa antigua de sus redes,  5
de verte galán verde se consuela,
y viendo que la edad tu casa asuela,
tus cuentas va poniendo en sus paredes,

   quiérote dedicar mis conclusiones.
Recíbelas, abuelo de Cupido,  10
debajo del amparo de tus martas;

   ansí te amen damas a millones,
y seas de las tuyas tan querido,
que con los mozos de las sobras partas.




Mss. 3.794, f. 38, B. N.




De Quevedo a un clérigo


ArribaAbajo   Adoro, aunque te pese, Galileo,
el pan que muerden tus rabiosos dientes;
adoro al que, en mortaja de accidentes,
vivo en la muerte que le diste veo.

   Adoro a Cristo y sus preceptos creo,  5
aunque de enojo y cólera revientes;
espérenle, si quieren, tus parientes,
que yo en el sacramento le poseo.

   Mas ya que en muerte ignominiosa y fiera,
tus padres le abrieron el camino,  10
no le persigas en el pan siquiera;

   pues en tu boca, a lo que yo imagino,
no le tomaras nunca si él hubiera,
no quedándose en pan, sino en tocino.




Mss. 20.355, f. 255, B. N.




A una vieja, del mismo


ArribaAbajo   En cuévanos, sin cejas y pestañas,
ojos de vendimiar tenéis, agüela;
cuero de Fregenal, muslos de suela;
piernas y coño son toros y cañas.

   Las nalgas son dos porras de espadañas;  5
afeitáis la caraza de chinela
con diaquilón y humo de la vela,
y luego dais la teta a las arañas.

   No es tiempo de guardar a niños, tía;
guardar lo mandamientos, noramala;  10
no os dé San Jorge una lanzada un día.

   Tumba os esté mejor que estrado y sala;
cecina sois en hábito de arpía,
y toda gala en vos es martingala.




Mss. 3.795, f. 77v, B. N.




Soneto


ArribaAbajo   Yo te untaré mis obras con tocino,
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en puyas, cual mozo de camino.

   Apenas hombre, sacerdote indino,  5
que aprendiste sin christus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y, en la Corte, bufón a lo divino.

   ¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,  10
cosa que tu nariz aun no lo niega?

   No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.




Mss. 3.795, f. 337v, B. N.




Contra el mismo Góngora


ArribaAbajo   Dime, Esguevilla, ¿cómo fuiste osado
a subirte a las barbas del que ha sido
más escrito en España y más leído
y con más justo nombre celebrado?

   Si por que te cantó le has murmurado,  5
tan solamente que te acuerdes pido
de que toman tus aguas apellido
de las que hacen a un pueblo tan honrado.

   Guárdales, pues, respeto a versos tales,
que es muy necio en juzgar cosas tan varias  10
el que nunca salió de entre pañales.

   ¿Decir que son las coplas ordinarias,
si no tan llenas de agudeza, y tales,
que aun son a ojos de todos necesarias?




Mss. 4.117, f. 285, B. N.




Quevedo contra Góngora


ArribaAbajo   Vuestros coplones, cordobés sonado,
sátira de mis prendas y despojos,
en diversos legajos y manojos,
mis servidores me lo han mostrado.

   Buenos deben de ser pues han pasado  5
por tantas manos y por tantos ojos,
aunque mucho me admira en mis enojos
de que cosa tan sucia hayan limpiado.

   No los tomé porque temí cortarme
por lo sucio, muy más que por lo agudo;  10
ni los quise leer por no ensuciarme.

   Y así, ya no me espanta el ver que pudo
entrar en mis mojones a inquietarme
un papel de limpieza tan desnudo.




Mss. 108, B. M. P., f. 166




Contra Don Luis de Góngora y su poesía


ArribaAbajo   Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisfero
zona divide en término italiano;

   este círculo vivo en todo plano;  5
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

   el minúsculo sí, más ciego bulto;
el resquicio barbado de melenas;  10
esta cima del vicio y del insulto;

   éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.




Mss. 108, B. M. P., f. 166v




Otro contra el dicho


ArribaAbajo   Tantos años y tantos todo el día;
menos hombre, más Dios, Góngora hermano.
No altar, garito sí; poco cristiano,
mucho tahúr; no clérigo, sí arpía.

   Alzar, no a Dios, ¡extraña clerecía!,  5
misal apenas, naipe cotidiano;
sacar lengua y barato, viejo y vano,
son sus misas, no templo y sacristía.

   Los que huelen tu musa y sus emplastos
cuando en canas y arrugas te amortajas,  10
tal epitafio dan a tu locura:

   «Yace aquí el capellán del rey de bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas
y en las Pintas le dieron sepultura.»




Mss. 108, B. M. P., f. 170v



ArribaAbajo   ¿Socio otra vez? ¡Oh tú, que desbudelas
del toraz veternoso inanidades,
y en paragón de tus sideridades,
equilibras tus pullas paralelas!,

   por Atropos te abjuro que te duelas  5
de tus vertiginosas navidades,
que se gratulan neotericidades
(y) craticulan sentas bisabuelas.

   Merlincocaizando nos fatiscas
vorágines, triclinios, promptuarios,  10
trámites, vacilantes icareas.

   De lo ambágico y póntico troquiscas
fuliginosos vórtices y varios,
y, atento a que unificas, labrusqueas.




Mss. 108, B. M. P., f. 171




Otro soneto contra Góngora


ArribaAbajo   Verendo padre, a lástima movido
de verte sin consejo zumbeando,
por Helicona, te requiero y mando
que te vuelvas a E(s)gueva arrepentido;

   que te aseguro que, a no haber salido  5
de lo que él va con su licuor lavando,
más dulce paresciera y más blando:
si bien tan viejo, no tan distraído.

   Vuélvete al dios Apolo, y sin con ira
despreciaré tus ruegos, por tus vicios  10
enfadado de tantas necedades,

   alza tu propia cara, calla y mira,
y en vez de hacerle nuevos sacrificios,
hazle otra Garza y otras Soledades.




Mss. 108, B. M. P., f. 171v




Al mismo Góngora


ArribaAbajo   Sulquivagante, pretensor de Estolo,
pues que lo expuesto al Noto solificas
y obtusas speluncas comunicas,
despecho de las musas a ti solo,

   huye, no carpa, de tu Dafne Apolo  5
surculos slabros de teretes picas,
porque con tus perversos damnificas
los institutos de tu sacro Tolo.

   Has acabado aliundo su Parnaso;
adulteras la casta poesía,  10
ventilas blandos, niños inquïetas,

   parco, cerúleo, veterano vaso:
piáculos perpetra su porfía,
estuprando neotéricos poetas.




Mss. 108, B. M. P., f. 172




Otro soneto al mismo Góngora


ArribaAbajo   Ten vergüenza purpúrate don Luis,
pues eres poco verme y mucho pus;
cede por el costado, que eres tus,
cito, no incienso; no lo hagamos lis.

   Construye jerigonza paraís,  5
que circuncirca es del Polo mus;
vete a dudar camino de Emaús,
pues te desprecia el palo y el mentís.

   Tu nariz se ha juntado con el os
y ya tu lengua pañizuelo es;  10
sonaba a lira, suena a moco y tos.

   Peor es tu cabeza que mi(s) p(i)es.
Yo, polo, no lo niego, por los dos;
tú, puto, no lo niegues, por los tres.




Mss. 108, B. M. P., f. 172v




Contra el mismo


ArribaAbajo   ¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,
Góngora bobo, con crepusculallas,
si cuando anhelas más garcibolallas
las reptilizas más y subterpones?

   Microcosmote Dios de inquiridiones,  5
y quieres te investiguen por medallas
como priscos, estigmas o antiguallas,
por desitinerar vates tirones.

   Tu forasteridad es tan eximia,
que te ha de detractar el que te rumia,  10
pues ructas viscerable cacoquimia,

   farmacofolorando como numia,
si estomacabundancia das tan nimia,
metamorfoseando el arcadumia.




Mss. 108, B. M. P., f. 43




A Don Francisco Morovelli de Puebla


ArribaAbajo   Convirtiose este moro, gran Sevilla,
perseguidor de todos tus linajes,
pues por sólo empatar hábitos, gajes
pagaste a su estupenda tarabilla.

   Hoy te prefiere el resto de Castilla  5
quien hizo de tu honor tantos potajes,
aloque de Moisés y Bencerrajes,
esto por raza, eso otro por astilla.

   En Belli cabe moro y cabe hebreo;
en Puebla, sinagoga con mezquita;  10
presume de lección por galileo:

   testigo es Polión, lengua precita,
de cuando fue su abuelo, el idumeo,,
pastilla ardiendo por la ley escrita.






ArribaAbajo

Sonetos de «Cancionero Antequerano»

Edic. Dámaso Alonso y Rafael Ferreres, Madrid, 1950

Pág. 38




El mismo


ArribaAbajo   Tú, rey de ríos, Tajo generoso,
que el movimiento y cálida hurtaste
al cuerpo de alabastro que bañaste,
gentil en proporción, gallardo, hermoso;

   ora natural músico ingenioso  5
seas entre las conchas que criaste,
ora el valle le ofrezcas do engendraste,
para su frente, el ramo victorioso;

   ora, sueltas del hielo tus corrientes,
le des espejo, sólo te suplico  10
que, cuando quiera en ti ver sus despojos,

   junto con su hermosura representes
mi llanto con que creces y estás rico:
vean siquiera mis lágrimas sus ojos.

Pág. 39




Don Francisco de Quevedo


ArribaAbajo   Piedra soy en sufrir pena y cuidado,
y cera en el querer enternecido,
sabio en amar dolor tan bien nacido,
necio en ser en mi daño porfiado.

   Medroso en no vencerme acobardado  5
y valiente en no ser de mí vencido,
hombre en sentir mi mal, aun sin sentido,
bestia en no despertar desengañado.

   En sustentarme entre los fuegos rojos,
en tus desdenes ásperos y fríos,  10
soy salamandra, y cumplo tus antojos;

   y las niñas de aquestos ojos míos
se han vuelto, con la ausencia de tus ojos
ninfas que habitan dentro de dos ríos.

Pág. 100



ArribaAbajo   En tierra sí, no en fama, consumida,
yaces, oh vida, cuanto más temblada,
de la púrpura al mármol derribada,
por, más que a sangre, a llanto abierta herida.

   llorada ya de cuantos fue temida,  5
del hado no, del mundo respetada;
en quien, con vil usar sangrienta espada,
tantos quitó a la muerte en una vida.

   Cuando poner presume en mil victorias
tintos los campos y los mares rojos,  10
desnudos centros de envidiosas glorias,

   viste el suelo un traidor de sus despojos;
de horror, su lis; de ejemplo, las memorias;
de ocio, las manos; de piedad, los ojos.




ArribaAbajo

Sonetos encontrados en diversos lugares

Al principio de Conceptos de divina poesía de Lucas Rodríguez, Alcalá, 1599




A Lucas Rodríguez


ArribaAbajo   Bien debe coronar tu ilustre frente,
Lucas, el rubio Febo, y, murmurando,
el generoso Henares ir cantando
tu nombre al ronco son de su corriente.

   Y de las perlas que en su seno siente,  5
y va con frío humor alimentando,
hacer lenguas que vayan dilatando
tu nombre por el ancho mar de Oriente.

   Bien te debe la Fama el ocuparse
en sólo celebrar tu nombre y gloria,  10
si su clarín tan gran aliento alcanza.

   Bien te debe (mas no puede pagarse
tal deuda) sus anales la memoria,
y, al fin, todos te deben alabanza.

Al principio de El peregrino en su patria de Lope de Vega, Sevilla, 1604




A Lope de Vega


ArribaAbajo   Las fuerzas, Peregrino celebrado,
afrentará del tiempo y del olvido
el libro que, por tuyo, ha merecido
ser del uno y del otro respetado.

   Con lazos de oro y yedra acompañado,  5
el laurel con tu frente está corrido
de ver que tus escritos han podido
hacer corto los premios que te ha dado.

   La envidia su verdugo y su tormento
hace del nombre que cantando cobras,  10
y con tu gloria su martirio crece.

   Mas yo disculpo tal atrevimiento,
si con lo que ella muerde de tus obras
la boca, lengua y dientes enriquece.

Al principio de La restauración de España, Madrid, 1607



ArribaAbajo   Hoy de los hondos senos del olvido
y negras manos de la edad pasada,
con voz al son de hierro concertada,
el gran varón sacáis nunca vencido.

   Sin duda os juzgará por atrevido  5
quien os viere, entre tanta ardiente espada,
cantar los filos donde fue cortada
la pluma que os sacó de vuestro nido.

   De Tolosa la noble y alta hazaña
cantaste, cano cisne, en verde mayo,  10
obra que nunca el tiempo la destruya.

   Mas hoy, gran Mesa, tanto como España
por su restauración debe a Pelayo,
os debe a vos Pelayo por la suya.

En elogio del Siglo de Oro en las selvas de Erifile, Madrid, 1607



ArribaAbajo   Es una dulce voz tan poderosa,
que fue artífice en Tebas de alto muro,
y en un delfín sacó del mar seguro
al que venció su fuerza rigurosa.

   Compró con versos mal lograda esposa  5
el amante de Tracia, al reino oscuro;
a Sísifo quitó el peñasco duro,
y a Tántalo la eterna sed rabiosa.

   De vos no menos que de Orfeo esperara,
si el pueblo de las sombras mereciera  10
que, cual su voz, la vuestra en él sonara.

   Por oíros, de Tántalo no huyera
el agua, y él de suerte os escuchara,
que, por no divertirse, no bebiera.

En los elogios a la Parte primera de varias aplicaciones y transformaciones de Diego de Rosel y Fuenllana, Nápoles, 1613



ArribaAbajo   Coronado de lauro, yedra y box,
Rosel le quita a Febo su carcax,
pues hace los esdrújulos sin ax,
y a todos los poetas dice ox.

   Es de los hieroglíficos la trox  5
siendo en la ciencia del saber arrax
y es tan claro cual lúcido valax,
y muy más concertado que un relox.

   Al carro del gran Febo sirve de ex,
y es de aquesta Academia el armandix;  10
obedécenle todos como a un dux.

   Es tan veloz cuanto en el agua el pex;
danle las musas nombre de su dix,
pues hizo en todas artes un gran flux.

En alabanza de Lope de Vega. B. N., sig. 12.717, f. 63



ArribaAbajo   Pues te nombra Marcial, Félix y Lope,
Lope Feliz, ¿porqué tanta tristeza
si llenó la Fortuna de riqueza
tu genio y tus escritos hasta el tope?

   Néctar escribes; los demás arrope.  5
No se mida con otro tu grandeza.
Mal tus alas, tu vuelo y ligereza
sigue en flaco rocín corto galope.

   Pues ha de ser de Lope lo que es bueno,
en cualquiera persona, en cualquier trato,  10
a la envidia tu risa dé veneno;

   que la Fortuna, atenta en tu recato,
viéndote de tesoros suyos lleno,
de ti se quejará como de ingrato.

En ocasión de no darle el Duque de Lerma las ferias de una esfera y de un estuche de instrumentos matemáticos, escribió este



ArribaAbajo   La esfera, en que divide bien compuestas
repúblicas de luz rayo elegante,
entre vuestra excelencia y entre Atlante,
uno la tiene a cargo y otro a cuestas.

   Satisfacción, señor, y no respuestas,  5
pide el vil concetillo mendicante.
Haya tres ferias este mes, y espante
el veros añadir al año fiestas.

   Esté la esfera limpia, está lustrosa,
que da lástima el verla tan tomada,  10
en una galería tan curiosa.

   Un Cáncer basta a toda esfera honrada:
que me dicen está muy peligrosa,
más comida del signo que ilustrada.




Receta para hacer soledades en un día


Aguja de navegar cultos...


ArribaAbajo   Quien quisiere ser culto en sólo un día
la jeri -aprenderá- gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía,

   poco, mucho, sí, no, purpuracía,  5
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, arpía,

   cede, impide, cesuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,  10
si bien, disuelve, émulo, canoro.

   Use mucho de líquido y errante
un poco de nocturno y de caverna,
anden listos licor, adunco y poro.

Que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.




Batalla campal


ArribaAbajo   Estaba Lisis en campal batalla
resistiendo de Félix el asalto,
que, encendido de amor, de juicio falto,
solicitaba, descortés, gozalla.

   Derribola y no pudo sujetalla  5
porque, al ir con el ansia a dar el salto,
de un respingo le echó Lisis al alto
y a pie juntillas defendió su valla.

   Ya verán que es forzoso que se emperre
Félix amante con tan ruin suceso;  10
no hay que espantar que con amor se yerre,

   si con amor adarme no hay de seso.
En fin, ella se estuvo erre que erre
y el pobre se quedó tieso que tieso.




Soneto inédito


ArribaAbajo   Suelta mi Manso, pastorcillo extraño,
pues otro tienes tú de igual decoro;
vuelve la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

   Ponle su esquila y su grosero paño,  5
no me le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro,
que a las primeras hierbas hará un año.

   Si pides señas, tiene el vellocino
negro encrespado, y los ojuelos tiene  10
como durmiendo en regalado sueño.

   Sin duda que yo soy su dueño indino,
suelta y vérsale que a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su dueño.

Del libro de Baltasar Gracián Agudeza y arte de ingenio



ArribaAbajo   Estábasele Efesia cazadora
dando en aljófar el sudor al baño,
en la estación ardiente, cuando el año
con los rayos del Sol el perro dora.

   De sí, como Narciso, se enamora,  5
vuelta pincel de su retrato extraño,
cuando sus ninfas, viendo cerca el daño
hurtaron a Anteón a su señora.

   Agua le echaron todos por cegalle,
sin advertir primero, que era en vano,  10
pues no pudo cegar con ver su talle.

   Trocó en áspera frente el rostro humano,
sus perros intentaron de matalle,
mas sus deseos ganaron por la mano.

Del libro de Baltasar Gracián Agudeza y arte de ingenio



ArribaAbajo   Estábasele Efesia cazadora
dando en aljófar el sudor al baño,
en la estación ardiente, cuando el año
con los rayos del Sol el perro dora.

   De sí, como Narciso, se enamora,  5
vuelta pincel de su retrato extraño,
cuando sus ninfas, viendo cerca el daño
hurtaron a Anteón a su señora.

   Agua le echaron todos por cegalle,
sin advertir primero, que era en vano,  10
pues no pudo cegar con ver su talle.

   Trocó en áspera frente el rostro humano,
sus perros intentaron de matalle,
mas sus deseos ganaron por la mano.




Extensión y fama del oficio de puta


ArribaAbajo   No te quejes, ¡oh, Nise!, de tu estado
aunque te llamen puta a boca llena,
que puta ha sido mucha gente buena
y millones de putas han reinado.

   Dido fue puta de audaz soldado  5
y Cleopatra a ser puta se condena
y el nombre de Lucrecia, que resuena,
no es tan honesto como se ha pensado;

   esa de Rusia emperatriz famosa
que fue de los virotes centinela,  10
entre más de dos mil murió orgullosa;

   y, pues todas lo dan tan sin cautela,
haz tú lo mismo, Nise vergonzosa;
que aquesto de honra y virgo es bagatela.




El inquisidor y la supuesta hechicera


ArribaAbajo   A un viejo inquisidor es presentada
una hermosa mujer que de hechicera,
sin más motivo que la envidia fiera,
ante su tribunal fue declarada.

   Al tenor de los cargos preguntada,  5
los niega todos: mas, con voz severa,
la comprimía el juez de tal manera
que la infeliz mujer, ya sofocada,

   «Ilustrísimo (clama), esto es lo fijo:
yo de hechizos, señor, no entiendo nada;  10
éste es sólo el hechizo que colijo»:

   dice, y alza las faldas irritada;
monta él las gafas, y al mirarlo dijo:
«¡Hola, hola! ¡Pues no me desagrada!»




El paréntesis


ArribaAbajo   Lo menos bello y más apetecido,
lo más oculto y menos ignorado,
aquello a que el deseo aspira osado
e invisible es gozándolo el sentido:

   aquel coral, aquel rubí partido,  5
aquel no sé qué hermoso imaginado,
aquello que, a la fuerza contrastado,
a sangre rompe el gusto más rendido:

   por lo que muere el hombre y nace el hombre;
lo que trueca las ansias en placeres  10
por quien pierde la fama su renombre;

   que imitando a la Luna, si lo infieres
tienes meses y días sin que asombre,
el paréntesis es de las mujeres.




Diligencia amatoria


ArribaAbajo   Esta mañana, en Dios y enhorabuena,
salí de casa y víneme el mercado;
vi un ojo negro al parecer rasgado,
blanca la frente y rubia la melena.

   Llegué y le dije: «Gloria de mi pena,  5
muerto me tiene vivo tu cuidado;
vuélveme el alma, pues me la has robado
con ese encanto de áspid o sirena.»

   Pasó, pasé, miró, miré, vio, vila;
dio muestras de querer, hice otro tanto;  10
guiñó, guiñé, tosió, tosí, seguila;

   fuese a su casa y, sin quitarse el manto,
alzó, llegué, toqué, besé, cubrila,
deje el dinero y fuime como un santo.




Los criados del arzobispo


ArribaAbajo   Casó de un arzobispo el despensero,
y la noche que el novio se acicala
para hacer de la novia cata y cala
y repicar el virginal pandero,

   le dijo el mayordomo: «Por mí quiero  5
que un cañonazo más tire con bala»;
esto dijo el veedor, el maestresala,
un paje, el galopín y el cocinero.

   Fue a su casa, y el caso sucedido
contó a la novia, y trece priscos diole,  10
siete por el, y siete encomendados.

   Íbase ya a dormir tan de rendido...
mas la novia le llama y preguntole:
«¿No tiene el arzobispo más criados?»




Que el goce pide prevención y espacio


ArribaAbajo   Primero es el besalla y abrazalla
y con besos un poco entretenella;
primero es provocalla y encendella
para que entre con brío en la batalla;

   primero es el por fuerza arrezagalla,  5
metiendo piernas entre piernas della;
primero es acabar esto con ella;
después viene el deleite de gozalla.

   No hacer, como acostumbran los casados,
más que llegar y hallarla aparejada,  10
de puro dulce creo da dentera.

   Han de ser los contentos deseados;
si no, no dan placer ni valen nada;
que no hay quien lo barato comprar quiera.




Defensa y caída de plaza sitiada


ArribaAbajo   ¡Señor don Juan, quedito, que me enfado!
¿Besar la mano? ¡Qué entretenimiento!
¡La boca no, don Juan! ¡Qué atrevimiento!
¿Cosquillas? No las hay por ese lado.

   ¿Me remangas, Juanito? ¿Y el pecado?  5
¡Qué malos sois los hombres!... Pasos siento...
No; no es nadie. Pues vaya en un momento,
Juanito mío, no entre algún criado.

   ¡Jesús, qué loca soy! ¡Quién lo diría,
siendo tan recogida y tan cristiana,  10
que a lance semejante me expondría!

   ¡Traidor! ¡Déjame! ¡Vete!... ¿Aún tienes gana?
¡Pues cuando tú lo logres otro día!...
Y qué, ¿no has de volver por la mañana?




Exceso y seso de la señora Venus


ArribaAbajo   Alzó Venus las faldas por un lado,
de que el herrero sucio, enternecido
por el botín que descubierto vido,
quiso al momento dárselo cerrado.

   Arrojó las tenazas, denodado,  5
lleno de tizne y del hollín vestido;
tentó la hornaza do salió Cupido,
y echó las bragas y el mandil a un lado.

   Sintiose Venus porque tal hacía
y al defenderse tuvo manos mancas  10
por estallo la puta deseando;

   por más que dijo que era porquería,
se estuvo queda y alargó las ancas
al ajo y queso de que fue gustando,

   has que, en acabando,  15
dijo la puta: «Bien está lo hecho;
que no cabe en un saco honra y provecho.»




Amor experto quiere dama práctica


ArribaAbajo   El vulgo comúnmente se aficiona
a la que sabe que es doncella y moza,
porque así le parece al que la goza
que la coge la flor de su persona.

   Yo, para mí, más quiero una matrona  5
que con mil artificios se remoza
y por gozar de aquel que la retoza
una hora de la noche no perdona.

   La doncella nunca hace de su parte,
cuando la gozan, cosa que aproveche,  10
ni se mueve ni da los dulces besos;

   mas la otra lo hace de tal arte,
y amores os dirá, que en miel y leche
convierte la medula de los huesos.




Galán goloso y valeroso


ArribaAbajo   Bajábale su mes cada semana
a doña Pelinuda, la ramera,
y esto era en tal exceso y tal manera
la sangre que le sale y de ella mana,

   que no hay a quien le ponga mala gana  5
considerar su sucia delantera;
(y, bien considerada por de fuera,
tiene la cara hermosa y muy lozana).

   Mas uno, aficionado de su cara,
la quiso descubrir su pesadumbre  10
cual suele hacer cualquier enamorado,

   y ella que tal no puede le declara.
Replicó él: «Si es, señora, la costumbre,
corriendo en sangre quiero yo el pescado.»




Cuenta y razón de pagas amorosas


ArribaAbajo   Dar un real a una dama es menosprecio;
dos la daréis, si es prenda conocida:
y tres cuado, conforme a estado y vida,
darla cuatro os parezca caso recio;

   cuatro es el moderado y justo precio;  5
mas si la prenda fuese tan subida,
seis la daréis, con tal que no os los pida
si la diéredes más, quedáis por necio.

   Esta doctrina es llana y resoluta:
ha lugar si la dama que os agrada  10
os pareciese libre y disoluta;

   mas si fuese tan grave y entonada
que menosprecie el título de puta,
si la queréis pagar, no la deis nada.




Sueño deleitable


ArribaAbajo   Esta noche, Dorisa, yo soñaba
(¡si, sueño fue no más!) que, a mi despecho,
a acostarte venías en mi lecho
y el Amor por la mano te guiaba.

   Sanado el dios un dardo de su aljaba,  5
rasga de tu pañuelo el lazo estrecho,
quedando al aire el blanco y duro pecho
que yo con dulces besos adoraba.

   Yo el último deleite te pedía,
tú me lo rehusabas con empeño,  10
el Amor nos miraba y se reía.

   Y hecho por fin de tu hermosura dueño,
a un mismo tiempo entrambos nos venía
el pesar de que todo fuera un sueño.




Que a veces la esperanza engaña y a veces no


ArribaAbajo   A consentir al fin en su porfía
vino una dama con su enamorado,
porque por su nariz hubo juzgado
que tanto a buena cuenta metería.

   Mas al revés salió su profecía,  5
porque él tenía poco, ella sobrado;
de suerte que él quedaba tan holgado
que no sintió si entraba o si salía.

   La dama, mal contenta, dijo: «¡Ay, triste!
¡Cuán mentirosa la nariz ha sido!»  10
Mas él la replicó, como hombre diestro:

   «Ese defecto, amiga, no os contriste;
que si mi gran nariz os ha mentido,
a fe que a dicho la verdad lo vuestro.»




Definición de amor


ArribaAbajo   Rogarla, desdeñarme; amarla, hundirme;
seguirla, defenderse; asirla, airarse;
querer y no querer dejar tocarse
y a persuasiones mil mostrarse firme;

   tenerla bien, probar a desasirme;  5
luchar entre mis brazos y enojarse;
besarla a su pesar y ella agraviarse;
probar, y no poder, a despedirse;

   decirse agravios, reprenderse el gusto
y, en fin, a baterías de mi prisa,  10
dejar el ceño, no mostrar disgusto,

   consentir que le aparte la camisa,
hallarlo limpio y encajarlo justo:
esto es amor y lo demás es risa.




A hembra remilgada, despierto varón


ArribaAbajo   De cierta dama que a un balcón estaba
pudo la media y zapatillo estrecho
poner el lacio espárrago derecho
de un tosco labrador que la acechaba.

   Ella, cuando advirtió que la miraba,  5
la causa preguntó de tal acecho;
el labrador la descubrió su pecho,
diciendo que la vía y contemplaba.

   Mas ella, con alzar el sobrecejo,
le dijo, melindrosa: «Aquesto, hermano,  10
no es más de ver y desear la fruta.»

   El labrador, sacando el aparejo,
la respondió, tomándolo en la mano:
«Pues ver y desear, señora puta.»




Este soneto va por el mismo camino que el pasado


ArribaAbajo   Estábase Teresa de Locía
atando el cenojil, la pierna alzada,
toda patitendida y destapada,
pensándose que nadie la veía.

   Lucas Gil la miraba y pretendía  5
y, viendo la ocasión aparejada,
arremetiola sin decirla nada,
por no guardar lo de hoy para otro día.

   El mozo era pujante de natura
y, mostrándole el basto, dijo: «Envido»,  10
y ella responde: «El diablo te trasquile.»

   Ganó el juego con sola esta figura;
Teresa grita, y Gil la ha respondido:
«Si le parece gordo, no lo hile.»




Y este al revés, que aquí el donaire estuvo en la hembra


ArribaAbajo   Estaba una fregona por enero
metida hasta los muslos en el río,
lavando paños, con tal arte y brío,
que mil necios traía al retortero.

   Un cierto conde, alegre y placentero,  5
le preguntó con gracia: «¿Tenéis frío?»
Respondió la fregona: «Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.»

   El conde, que era astuto y supo dónde,
la dijo, haciendo rueda como pavo,  10
que le encendiese un cirio que traía;

   y dijo entonces la fregona al conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
«Pues sople este tizón vueseñoría.»




Dama de muchos que se vendía por virgo


ArribaAbajo   Paréceme, señora Catalina,
que buscar este virgo es excusado;
que mi pobre rocín, de muy cansado,
menos le halla cuanto más camina.

   Todo el lago y ribera convecina  5
lo tiene ya medido y rodeado
y al fin procura de escaparse a nado
por no ahogarse en la espaciosa mina.

   ¿De qué sirve el venderse por doncella,
si se ha de descubrir tan fácilmente  10
de la trama cubierta el desengaño?

   Allá, dama, esta flor podréis vendella
entre cobarde y temerosa gente;
que un buen carajo no recibe engaño.




Antes muerta que hartura y así acaece a muchas


ArribaAbajo   Entre unos centenales yo vi un día
dos hombres y una moza hermosa entre ellos;
jamás faltaba encima el uno dellos:
cuando acababa el uno, otro subía.

   Cada cual su deber muy bien hacía,  5
mas pudo tanto más ella que ellos,
que, después de cansallos y vencellos,
aun le quedaba brío y lozanía.

   «Cansada (dijo) estoy: cosa es posible,
que no hay tal ejercicio que no canse,  10
por más que sea gustoso y deleitable;

   pero quedar contenta, es imposible:
que el apetito mío es insaciable,
y no consiente el cuerpo que descanse.»




Soneto


ArribaAbajo   ¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,
Góngora bobo, con crepusculallas,
si cuando anhelas más garcibolallas
las reptilizas más y subterpones?

   Microcosmote Dios de inquiridiones,  5
y quieres te investiguen por medallas
como priscos, estigmas o antiguallas,
por desitinerar vates tirones.

   Tu forasteridad es tan eximia,
que te ha de detractar el que te rumia,  10
pues ructas viscerable cacoquimia,

   farmacofolorando como numia,
si estomacabundancia das tan nimia,
metamorfoseando el arcadumia.




Al mal gobierno de Felipe IV


ArribaAbajo   «Los ingleses, Señor, y los persianos
han conquistado a Ormuz; las Filipinas,
del holandés padecen grandes ruinas;

   Lima está con las armas en las manos.
El Brasil, en poder de luteranos;  5
temerosas las islas sus vecinas;
la Valtelina y treinta Valtelinas
serán del turco, en vez de los romanos.

   La liga de furor y astucia armada,
vuestro imperio procura que se trueque;  10
el daño es pronto y el remedio es tardo.»

   Responde el Rey: «Destierren luego a Estrada,
llamen al Conde de Olivares Duque,
case su hija y vámonos al Pardo.»




Bujarrona Penélope


ArribaAbajo   Bujarrona Penélope, ¿qué puto
te dio nombre de casta, pues tenías
muy gentiles capones que comías
estando ausente tu marido astuto?

   A fe que no lo hallara tan enjuto  5
si el comer te faltara cuatro días.
¡Dura necesidad, si tú porfías,
los cuernos pondrá Poncia al mismo Bruto!

   Son todas las mujeres principales;
pero, si alguna su virtud desprecia,  10
necesidad le obliga a casos tales.

   No le dieron dineros a Lucrecia,
que, ¡vive Dios!, a dalla cien reales
ella fuera más puta y menos necia.




Capón que quiere agradar damas


ArribaAbajo   ¿De qué sirve, capón, enamoraros
y en las justas de amor entremeteros
con rocín que en afrenta ha de poneros
y al primer apretón ha de faltaros?

   ¿Quién la necia será que quiera amaros  5
pues no ha de sacar fruto de quereros,
y quién querrá comer los huevos hueros,
pues los frescos y llenos no van caros?

   ¿Y quién tendrá tan ruin entendimiento
que por un seco olivo consumido  10
trueque mirtos floridos que hay sin cuentos?

   ¿Y cómo puede ser que haya prendido
en bragueta que está llena de viento
el encendido fuego de Cupido?




Epitafio a una dueña


ArribaAbajo   Aquí descansa en eternal modorra,
cumplido de su vida el postrer plazo,
la astuta cazadora cuyo lazo
jamás pudo evitar humana zorra.

   Murió de un fuerte golpe que en la morra  5
le dio furioso un atrevido brazo;
que era justo muriese de un porrazo
quien vivió de dar gustos a la porra.

   Caminante: si acaso algún interno
ardor lascivo el corazón te aprieta,  10
echa al punto limosna en ese cuerno;

   que aún te podrá traer esta alcahueta
un demonio con faldas del infierno
a trueque de ganar una peseta.




Mentira y desvergüenza de la deidad venérea


ArribaAbajo   Meona Venus, madre del mocoso
y rapacejo Amor, que ser solías
la que en las africanas puterías
tomaste banco y trato ganancioso;

   y tú, desnudo niño y revoltoso,  5
que de fraguel oculto le servías
procurando también sus granjerías,
a sus mañas ya hecho, codicioso:

   ¿de dónde, enhoramala, habéis tomado
de dioses apellido y nombradía,  10
haciendo a todo el mundo que os respete?

   ¿o quién de entendimiento había privado
al vulgo, que por dioses admitía
a una puta probada y su alcahuete?

Soneto hallado en la antología de Roque Esteban Scarpa A la edad de las mujeres



ArribaAbajo   De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco, y por la cuenta
gentil mujer de veinticinco a treinta.
¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!

   De treinta a treinta y cinco no alboroza;  5
mas puédese comer con sal pimienta;
pero de treinta y cinco hasta cuarenta
anda en vísperas ya de una coroza.

   A los cuarenta y cinco es bachillera,
ganguea, pide y juega del vocablo;  10

   y cumplido los cincuenta, da en santera,
y a los cincuenta y cinco echa el retablo.
Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,
bruja y santera, se la lleva el diablo.




 
 
FIN DE LOS «SONETOS DE QUEVEDO»
 
 





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