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![]() Quiero expresar mi angustia en versos que abolida dirán mi juventud de rosa y de ensueños, y la desfloración amarga de mi vida por un vasto dolor y cuidados pequeños. |
Director de la página: José Carlos Rovira |
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Texto de Pedro Mendiola
Reside durante un tiempo en El Salvador y en 1885 viaja a Chile, donde colabora con varios periódicos locales. De su estancia chilena son fruto varios libros entre los que destaca Azul en 1888. En Buenos Aires empieza a forjarse un nombre dentro del periodismo y la poesía a partir de 1890. Entra en contacto con la juventud literaria, Roberto J. Payró, Alberto Ghiraldo o Ricardo Jaimes Freyre con quien funda en 1894 la Revista de América, y con ellos se entrega a la «vida nocturna, en cafés y cervecerías». Colabora asiduamente en periódicos como La Nación de Buenos Aires y publica en 1896 Los raros y Prosas profanas y otros poemas.
«En verdad, vivo de poesía. Mi ilusión tiene una magnificencia salomónica. Amo la hermosura, el poder, la gracia, el dinero, el lujo, los besos y la música. No soy más que un hombre de arte. No sirvo para otra cosa. Creo en Dios, me atrae el misterio; me abisman el ensueño y la muerte; he leído muchos filósofos y no sé una palabra de filosofía. Tengo, sí, un epicureísmo a mi manera: gocen todo lo posible el alma y el cuerpo sobre la tierra, y hágase lo posible para seguir gozando en la otra vida». «En un viejo armario encontré los primeros versos que leyera. Eran un Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia, los Oficios de Cicerón, la Corina de Madame Stäel, un tomo de comedias clásicas españolas, y una novela terrorífica, de ya no recuerdo qué autor, La Caverna de Strozzi. Extraña y ardua mezcla de cosas para la cabeza de un niño». Esta temprana pasión literaria que conserva viva la memoria del poeta, sea tal vez el lejano indicio de su precoz impulso creador: «¿A qué edad escribí los primeros versos? No lo recuerdo precisamente, pero ello fue harto temprano». Veleidades de poeta «triste y meditabundo», aquellos primerizos epitafios rimados que sus convecinos le encargaban para loar a sus difuntos o el lírico y ligero amor juvenil «de una muchacha que se llamaba Refugio», fueran acaso presagios de una biografía literaria en la que eros y thanatos mantendrían un continuado e íntimo diálogo.
Azul... (1888), libro de poemas y cuentos escrito y publicado en Chile, es la primera revelación del amplio espíritu moderno de Darío, que un año antes había ya publicado Rimas y Abrojos. Este libro representa la primera tentativa por asimilar «al idioma español las cualidades plásticas, pictóricas y musicales del francés», experimentando con nuevas formas como el poema en prosa. Como en el relato «Un retrato de Watteau», el Darío de esta época es fragante y colorista y se entrevé a decir de Juan Valera, quien prologa la 2ª edición del libro, la mano delicada de los «Hugo, Lamartine, Musset, Baudelaire, Leconte de Lisle, Gautier, Bourget, Sully Proudhomme, Daudet, Zola, Barbey d'Aurevilly, Catulo Mendés, Rollinat, Goncourt, Flaubert y todos los demás poetas y novelistas». Prosas profanas y otros poemas (1896) supone la consagración de la poética dariana. A
pesar de la «sencillez y poca complicación» que declara Darío, poemas como «Ama tu ritmo...»
o «Yo persigo una forma...» dan cuenta de la nueva estética, proclamando todas las novedades
«Si Azul... simboliza el principio de mi primavera, y Prosas profanas mi primavera plena, Cantos de vida y esperanza encierra las esencias y savias de mi otoño». Tras el exteriorismo de sus libros anteriores, en éste de 1905, sus versos se vuelcan decididamente hacia «El reino interior». Se acentúa el tono personal y filosófico en composiciones como «Yo soy aquel que ayer no más decía» o «Lo fatal». Se vislumbra también la conciencia de ser americano, de vivir en una América española «que tiembla de huracanes y que vive de Amor». En El canto errante (1907), cuyo prólogo está dedicado «a los nuevos poetas de las Españas», reclama Darío la importancia de la labor del poeta en el mundo moderno. Este libro resume los que habían sido motores poéticos de sus libros anteriores, matizando algunos y reafirmándose en todos. Tras Poema del otoño y otros poemas (1910) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914) y algunas recopilaciones de crónicas políticas y apuntes de viaje, culmina providencialmente su producción literaria con un título que, publicado el mismo año de su desaparición, encierra el sentido de toda su obra: Y una sed de ilusiones infinita. Breve semblanza del modernismo hispanoamericano.
Tildado de extravagante, obsceno, degenerado y enfermizo, este movimiento literario y artístico huye de los dogmas institucionales del dieciocho, y promulga una profunda renovación estética en la cual la belleza del arte («la musique avant toute chose», había proclamado Verlaine) fuera única y verdadera soberana. Su objetivo es promover el progreso intelectual de América, «volando al porvenir, dando novedad a la producción, con un decir flamante, rápido, eléctrico, nunca usado, por cuanto nunca se han tenido a la mano como ahora todos los elementos de la naturaleza y todas las grandezas del espíritu».
Pedro Mendiola Oñate www.cervantesvirtual.com > Portal de la Biblioteca Nacional de Chile > Rubén Darío |
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| Otoño Francois Boucher, pintor francés por el que Darío tuvo una gran admiración. |
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