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Baltasar Gracián

Presentación

La obra literaria del jesuita aragonés Baltasar Gracián ofrece un ejemplo de coherencia temática difícilmente igualable en la literatura de su tiempo. A ello contribuye no solamente el corto número de sus obras, sino sobre todo la unidad de propósito, consistente en la elaboración de un modelo de comportamiento en sociedad. Este modelo, caracterizado a grandes rasgos por la discreción y la agudeza, pero lleno de facetas, toma en las páginas de Gracián distintas formas, como la de un héroe, la de un político, la de un poeta o la de un peregrino de la vida que ha de enfrentarse a todos los peligros que la sociedad contemporánea presenta en El Criticón, obra culminante de la narrativa barroca europea.

La clave de lectura de Gracián es el programa pedagógico del humanismo. El hombre descrito por Ficino, Erasmo o Vives llega a Gracián trufado de filosofía senequista y se transfigura en un ideal humano que recibe el apelativo de El Discreto en la obra del mismo nombre y que tiene en el Oráculo manual y arte de prudencia su breviario. Este programa tiene también una dimensión histórico-política en tratados como El Héroe o El Político don Fernando el Católico. El plano estrictamente religioso queda restringido a El Comulgatorio, brillante ejercicio de retórica sacra y manifestación de la más rigurosa ortodoxia contrarreformista, lo que demuestra que en esto el autor es también un hijo de su tiempo.

Pero la obra de Gracián es igualmente un rico panorama de géneros literarios, desde la forma mínima del aforismo en el Oráculo manual, a la complejidad de la epopeya alegórica en El Criticón, pasando por el auténtico compendio de géneros breves que son los capítulos de El Discreto, además de un impresionante ejercicio de estilo en el que las palabras se cargan de significación para ofrecer el máximo de sentido en una prosa concisa, al servicio de los juegos del ingenio, cuya mecánica explica e ilustra en Arte de ingenio. Tratado de la agudeza y, más ampliamente, en Agudeza y arte de ingenio, tratado poético de relevancia europea.

Pocos términos definen mejor la labor creadora de Gracián que la exigencia. Es exigente su empeño en hacer una literatura de altos vuelos intelectuales, sin concesiones al público de limitada erudición. Exigente es su voluntad de convertir su peculiar estilo en la marca distintiva de su producción. Exigente es también el plan de formación moral del hombre contemporáneo que despliega en el conjunto de sus obras. Y, sobre todo, es exigente la lectura de sus textos para los lectores de nuestros días, que han de enfrentarse en ellos a densos problemas morales y a una lengua tan alejada de nuestros patrones estéticos. Con todo, la obra de Baltasar Gracián es un estímulo a la inteligencia y el buen gusto que ha vencido las fronteras físicas y temporales, y sus páginas encierran innumerables joyas de la lengua literaria en español.

Luis Sánchez Laílla y José Enrique Laplana Gil
Universidad de Zaragoza