Saltar al contenido principal

Ildefonso-Manuel Gil

Semblanza crítica

Ildefonso-Manuel Gil (Paniza, 1912 - Zaragoza, 2003) es uno de los máximos representantes de la Generación del 36 o de la República. Su poesía se mueve entre la conciencia social y la preocupación por el acto poético como salvación a través de la memoria. Estudió Derecho en Zaragoza y en la Universidad Central de Madrid, donde Benjamín Jarnés y Ricardo Gullón le introdujeron en la vida literaria. Colaboró en periódicos como La Voz de Aragón y Luz, y fue cofundador de revistas literarias como Brújula (1932), con Ricardo Gullón y Julio Angulo, y Boletín Último, también con Gullón y con Martínez Juárez. En Zaragoza editó, junto a Antonio Cano y Tomás Seral, Noroeste (1932-1936), uno de los núcleos más sobresalientes de la vanguardia aragonesa, en el que colaboraron los maestros del 27, y dirigió la revista Literatura (1934), en la que empezaría a definirse el núcleo aglutinador del 36, formado por el propio Gil, Gullón y Azcoaga, y donde participarían también José Antonio Maravall, los hermanos Panero, Serrano Plaja y María Zambrano. Tras la Guerra Civil trabajó como profesor y participó en la administración del Heraldo de Aragón. Se doctoró en Filosofía y Letras y ejerció la docencia en la Universidad de Jaca, la Escuela Superior de Comercio y el Colegio Mayor Cerbuna de la Universidad de Zaragoza, hasta que en 1962 fue contratado como profesor en Rutgers University (Estados Unidos), donde permaneció hasta su jubilación, tras la que fue nombrado profesor emeritus y miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Sus obras iniciales, Borradores (1931) y La voz cálida (1934), marcadas por el magisterio de García Lorca y Pedro Salinas, se caracterizan por los rasgos vanguardistas, desde los que evolucionaría, tras la Guerra Civil, hacia una lírica existencial con fuerte componente social en Poemas de dolor antiguo (1945), Homenaje a Goya (1946) y El corazón en los labios (1947). Su poesía deriva hacia una preocupación por el devenir temporal, que recogería los presupuestos estéticos de Antonio Machado en El tiempo recobrado (1950), y la atenuada angustia que representa el diario de un enfermo en El incurable (1957). Con Los días del hombre (1968) y De persona a persona (1971) vuelve a una lírica socialrealista en torno a la injusticia y la solidaridad humana. Esta etapa tiene su eje básico en Luz sonreída, Goya, amarga luz (1972), donde la pintura del artista aragonés tiene analogías con la crítica a la realidad española de posguerra. La inquietud en torno al tiempo, el recuerdo y la función de la palabra poética como salvación, con amagos de juegos metaliterarios, está presente en Poemas del tiempo y del poema (1973), eje de su evolución literaria hacia una poesía más esencial, donde la memoria y la metapoesía configuran obras como Poemaciones (1982) o el libro de vertiente metafísica Las colinas (1989). Su poesía aborda una línea cotidiana en Por no decir adiós (1999), adquiere asomos de tintes surreales y de denuncia histórica en Elegía total (1976), y revive un estilo neopopular y tradicional en sus Cancionerillos. Póstumamente apareció su Obra poética completa (2005) a cargo del profesor Juan González Soto.

Ildefonso‑Manuel Gil es autor asimismo de libros memorialísticos como Un caballito de cartón (1996) y Vivos, muertos y otras apariciones (2000), además de destacado novelista, que obtuvo con La moneda en el suelo (1951) el Premio Internacional de Primera Novela. En 1953 apareció Juan Pedro el dallador, a la que seguirían Pueblonuevo (1960), Amor y muerte y otras historias (1971), La muerte hizo su agosto (1980) y Concierto al atardecer (1992). En 1969 recibió la Medalla de Santa Isabel que otorga la Diputación de Zaragoza, en 1976 el Ayuntamiento de Zaragoza le concedió el Premio Luzán por Elegía total (1976), y en 1982 recibió la Medalla de Oro de la ciudad. Entre sus numerosos ensayos y obra crítica sobresalen diversos estudios sobre poesía portuguesa, Francisco de Goya, García Lorca, Valle‑Inclán o Francisco Ayala, además de ser traductor de las Os Lusiadas de Camões.

Francisco Ruiz Soriano