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Juan del Valle y Caviedes

Presentación

Juan del Valle y Caviedes (Porcuna, Jaén, 1645-Lima, 1698) es una de las figuras más destacadas de la literatura colonial, puente tendido entre ambas orillas, como fue lo habitual en muchos escritores de los primeros siglos de esta literatura. Compartió protagonismo con la Décima Musa mexicana aunque sólo fuera por el juego dialéctico que marca el poema en respuesta a Sor Juana Inés de la Cruz, un largo romance autobiográfico, «Carta que escribió el autor a la monja de México, habiéndole ésta enviado a pedir algunos de sus versos; siendo ella en esto y en todo el mayor ingenio de estos siglos» donde, presumiblemente, el jienense aporta algunos sucintos datos de su vida. Fue y sigue siendo una de las figuras más controvertidas de la literatura virreinal, el mayor satírico antigalénico del territorio trasatlántico, el «Quevedo» limeño sobre el que han pesado grandes interrogantes. Justo es añadir que el conjunto de la producción caviedesca no se limita a la poesía satírica, también practicó la poesía amorosa, la religiosa, la moral además de ser autor de «bayles» y entremeses poéticos, pero entrar en el deslinde de lo auténtico, en el conjunto de su obra, resulta muy problemático y a día de hoy insoluble pues la intromisión de manos ajenas y el añadido de composiciones sobre la que sobrevuelan dudas de adjudicación, convierte el total de lo que se ha conocido mayoritariamente como Diente del Parnaso en un corpus de difícil autoría única.

Si a comienzos de este siglo seguimos con los problemas que plantea la autoría de muchas de sus composiciones dadas como fiables, no ocurre así con su vida, ya que en este campo se han dado importantes pasos para el conocimiento de datos claves de su trayectoria. Pronto se tuvo conciencia de que había que desmitificar su figura, proceso que se inicia a partir de los estudios de Lohmann Villena[1], años 30 y 40, y se consolida en su pormenorizado estudio de 1990[2]. En este punto es donde más se ha avanzado, descartándose muchas de las pintorescas pinceladas biográficas que habían tenido gran aceptación, a partir sobre todo de los estudios de Juan María Gutiérrez (1852) y Ricardo Palma (1873), y que quizás motivara su incursión como personaje secundario en la novela de Frank Yerby, El halcón de oro (1950), con toda la carga de malditismo que sus biógrafos le habían adjudicado.

Hoy día está ampliamente descartada la visión de su vida marcada por la condición de marginalidad física y psíquica (alcohol, lujuria, locura), amén de la condición de enfermo, como base exclusiva de su crítica y animadversión galénica. Al menos digamos que no se puede centrar y explicar su obra en función exclusiva de estos parámetros poco demostrables. El malditismo puede resultar muy atractivo e incluso difícil de sortear pero no es pareja necesaria de su formación autodidacta[3], que parece ser fiable, ni de su criollismo.

Trinidad Barrera
(Universidad de Sevilla)

[1] G. Lohmann Villena, 1937, 1944 y 1948. Cfr. Bibliografía.

[2] Me refiero al estudio introductorio que acompaña la edición de la Obra completa de Juan del Valle y Caviedes a cargo de M. Leticia Cáceres, L. J. Cisneros y G. Lohmann Villena, Lima, Banco de Crédito del Perú, 1990, pp. 15-80.

[3] Su autodidactismo no está reñido con su condición de hombre culto y conocedor del campo poético.