—37→

Sobre el alfabeto de la ilustración12
|
Aquellos que encuentran bellos significados en las cosas bellas son cultos |
| (Óscar Wilde) | ||
Las advertencias preventivas acerca de un mundo saturado de imágenes, desmesuradamente visual, son tan reiterativas que ya resultan apocalípticas. Desde hace décadas psicólogos y pedagogos aleccionan sobre la imperiosa necesidad de aprender a leer la imagen. Entorno al 90 % de la información que recibimos nos llega a través de la vista, la cual, como demuestran los estudios de psicología de la percepción, es el sentido más fácil de engañar.
Los adultos hemos sido educados en el racionalismo intelectual. Se consideraba que las cuestiones perceptivas estaban más relacionadas con las sensaciones y que éstas no pertenecían a lo inteligente. Campos como la memoria bruta o la lógica formal matemática se han sucedido a la hora de aplastar la enseñanza de actitudes.
Las tendencias actuales parecen querer limar las asperezas que han gobernado la historia de las relaciones entre inteligencia racional y emocional. Pero la cuestión a la que queremos hacer referencia es ésta: si los adultos no hemos aprendido a leer, intelectual y emocionalmente, las imágenes, con todo lo que el proceso conlleva: diferenciación, selección, identificación, motivación, simbolismo, arbitrariedad, tipicidad/originalidad, objetividad/subjetividad, síntesis, complementariedad o divergencias, ¿cómo podremos poner en —38→ práctica un plan que ayude al niño a descubrir aquello que quedó tan lejos de nosotros?
La respuesta parece sencilla: el adulto deberá convertirse en creador de atmósferas; la curiosidad del niño hará el resto.
Tuvimos la oportunidad de asistir a varias sesiones del programa La ilustración en los libros infantiles que se llevó a cabo en el Centro Internacional del Libro Infantil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Salamanca y nos surgieron estas cuestiones: ¿cuál es la filosofía de su método?, ¿qué ofrecen de particular y aconsejable desde sus talleres?, ¿qué tienen de ventajoso las ilustraciones en los libros que no exista en otros campos?
Podríamos reducir el hecho artístico -la ilustración lo es- a dos facetas: la formulación creativa y la percepción sensible. El trabajo en los talleres de la Fundación se basaba en estos dos pilares. Por un lado, se consideró la creación como una experiencia íntegra que nos ayuda a desarrollar nuestra inteligencia -a través de un sistema semiótico no lingüístico- y nuestra sensibilidad gracias a su capacidad expresiva. Por otro lado, se valoró al ojo como parte de la mente y que ésta necesita contenidos sobre los que reflexionar, contenidos que, como parte de un todo cognitivo, son aportados por los sentidos.
Desde ámbitos como la experiencia plástica en los colegios, o el uso de los medios audiovisuales como material de apoyo educativo, podrían alcanzarse estos objetivos (si las clases de plástica no se limitaran a repasar con lanas de colores el contorno de una gallinita, ni el vídeo a mostrar un documental -elaborado por aburridos adultos para adultos aburridos- sobre ruinas romanas).
Pero la índole del libro ilustrado, su temperamento, concede un carácter muy especial al espíritu del programa. Este tipo de libros no son, únicamente, un conjunto de textos e imágenes, con sus cruces y conflictos, sus riquezas y mensajes, su aportación estética y cultural. Un libro ilustrado es también un objeto, con su tamaño, forma y textura, un objeto tridimensional manejable y rompible y que, a diferencia de los dibujos animados o los collages de legumbres, comparte el temperamento y las particularidades de los juguetes.
Los juguetes forman parte del pequeño universo del niño: los ve, los palpa e, incluso, los escucha, huele y saborea si ése es su deseo. Moldea sus caracteres y nunca le traicionan, comparte con ellos sus penas e ilusiones. No —39→ olvidemos que el programa La ilustración en los libros infantiles estaba orientado hacia niños de siete a diez años.
¿Qué otro medio puede ser más adecuado para que la imagen resuene en el sistema nervioso? Ofrecer al niño la posibilidad de disfrutar plenamente del libro, de acercarse a él sin miedos ni respetos, de percibirlo como una experiencia abierta, con la satisfacción de un juego. La dinámica de la imagen se reproducirá con fluidez y generosidad en su interior: las tensiones del balanceo, de la ascensión y la inclinación se unen a él. Acabemos con el mito de la gimnasia mental: cuando se percibe una imagen los tentáculos de la visión la exploran con la curiosidad que nuestro estado de ánimo les permite; ver es una forma de estar vivo.
Il. de Gary Blythe para El canto de las ballenas, de Dyan Sheldon (Madrid: Kókinos, 1993).
—40→En la declaración de intenciones de quienes elaboraron el programa que comentamos aparecen las tres grandes obsesiones del ilustrador, a saber: la semántica de la imagen («la fuerza narrativa de la ilustración»), la relación texto/imagen («interpretar el código escrito relacionado con las imágenes»), la estética y retórica («la belleza de la ilustración»).
Las artes satisfacen ciertas necesidades psicológicas, como el descubrimiento de tipos de cosas, de sus propiedades y funciones. Ello ayuda al hombre a poner en orden el mundo que le rodea. Es ésta una parte fundamental del aprendizaje, o el aprendizaje mismo. Y la visión es un aspecto ineluctable de la exploración del universo por su facilidad para afrontar las características relevantes de la realidad. La narración visual y, en consecuencia, la exploración de imágenes, fue una parte básica en los talleres y la ilustración es la forma más próxima a la infancia que ha sido capaz de adoptar el arte.
En un libro ilustrado se combina un sistema semiótico lingüístico junto a otro no lingüístico. La posibilidad de leer y hojear libros en el Centro, así como de llevarse un lote en préstamo, asegura una dosis de lectura paralela texto/imagen imprescindible.
El aprendizaje de ambos niveles de decodificación es básico: el lenguaje está totalmente codificado y será el instrumento esencial de comunicación. Los sistemas no verbales, por su parte, están parcialmente codificados, son polisémicos, ofrecen mayor libertad de lectura y unos símbolos que apenas se distinguen del mundo. Y en nuestro entorno social es básico comprender, por ejemplo, que el lenguaje denota los mensajes visuales de dos maneras: por fijación -reduciendo la polisemia- o por doble resonancia -actuando como contrapunto, componiendo un mensaje más complejo.
Acaso sea la estética el objetivo más puramente unido al niño. La percepción infantil del mundo está sujeta a los estímulos limpios, a las fuerzas transmisoras de la vida: la atracción de las llamas, los tonos de voz, la suavidad de las nubes... Para un niño, una fuerza tan depurada como el viento existe, es tangible y susceptible de ser dibujada. Es ésta una forma de conocimiento claramente estético. Tomar conciencia del mundo merced a las fuerzas de los elementos que lo caracterizan: el fuego, la cascada, el relámpago, el trote de los animales... Es la dinámica de la naturaleza que opera en la mente, que configura la propia dinámica de la psicología del hombre a través de la percepción.
—41→Si algo llamó nuestra atención dentro del programa La ilustración en los libros infantiles fue el esquema de actividades. Quienes estamos acostumbrados a movernos en el campo de la didáctica nos regimos por un índice convencional que se acopla a los trimestres y evaluaciones: sintaxis de la imagen, composición, punto-línea-plano, color, luz, textura, espacio, expresión, etc.
El enfoque planteado en la Fundación estaba estudiado con una perspectiva mucho más adecuada al pensamiento infantil. Las denominaciones de la siete sesiones de trabajo hablaban de una dimensión poco formalista y rigurosa en la que se entiende la ilustración como una experiencia global, como un lenguaje con sus propiedades semiológicas, con una semántica elaborada desde y para los niños, y con gran libertad retórica. Acompañamos cada uno de los epígrafes con una breve reflexión.
LA ILUSTRACIÓN NARRA. La frase delata la aparición directa del primero de los objetivos señalados. Nos centraremos, pues, en el álbum seleccionado como motivación para llevar a cabo este capítulo del programa. Se trata de Miro, de Michael Grejuice, una joyita en la que el lector debe ir resolviendo las elipsis temporales para completar las historias de varios personajes, a su vez entrelazadas por el hecho de ser vecinos y de las que tan sólo se nos dan pistas limitadas debido al punto de vista que se nos ofrece, el de un niño enfermo que mira a través de su ventana. En el taller que giraba alrededor de este álbum se propusieron varias actividades manteniendo un ritmo ágil, atractivo para los niños.
LA ILUSTRACIÓN ROMPE LOS ESTEREOTIPOS. El estereotipo nace a través de la reiteración de una imagen, fenómeno que es fruto mercantil del éxito comercial de la fórmula en cuestión. Al no precisar de reciclaje, los estereotipos se convierten en moldes carentes de imaginación. Imaginación e imagen poseen la misma raíz. En consecuencia, la pregunta es: si no hay imaginación en la forma presentada, ¿cuál debe ser nuestra valoración de tal forma como imagen?
La intención del programa era romper tópicos: partiendo de adjetivos que acostumbramos a aplicar a uno de los más clásicos protagonistas de los cuentos, el monstruo feo, grande, malvado, repulsivo, desalmado, carnívoro (...) se plantearon nuevas formas de calificarlo, más creativas, tanto en el plano del concepto como en el del diseño.
—42→ILUSTRACIÓN DOCUMENTAL/ILUSTRACIÓN DE FICCIÓN. Las ilustraciones destinadas a los proyectos de señalización -por ejemplo, las de tráfico- son, generalmente, síntesis simbólicas y ocupan un lugar intermedio en el eje figuración/abstracción. De la misma manera que estos iconos se adecuan a la función que les ha sido designada, en el campo de los libros de no-ficción, debido a su carácter documental, la ilustración se formula en el extremo figurativo. El caso más común y negativo es el de los libros de texto, graves poseedores de connotaciones peyorativas. Sin embargo, existen grandes trabajos de ilustración en este terreno y es posible disfrutar de ellos antes de pintarle bigotes a Carlos V.
LA ILUSTRACIÓN COMO SÍMBOLO. Las características fundamentales de un símbolo son que sea sensorialmente perceptible y que posea unos rasgos que se asocien a la realidad que representa. El programa pretendía que a partir de estos rasgos, aunque se trate de algo tan reducido como una mancha de color o una forma geométrica, el niño sea capaz de adjudicar un valor a cada símbolo con el que construir una historia. En este caso la ilustración funciona como la piedra arrojada al estanque, cuyas ondas van abarcando más y más espacio.
UN TIPO DE ILUSTRACIÓN PARA CADA CUENTO. La reflexión ideal, en lo tocante a esta sesión, acaso sería una elaboración antológica de autores y títulos como demostración del abanico de estilos en que se han creado obras maestras del libro ilustrado. Pero es mucho más fácil referirse, directamente, a la Historia del Arte, donde se encuentran las fuentes en las que han bebido los ilustradores y diseñadores que actualmente imaginan formas en el campo infantil.
LA ILUSTRACIÓN COMO DOCUMENTO DE LA REALIDAD. Cuando al niño se le ofrece la oportunidad de conocer y comprender diferentes culturas y sociedades, no sólo se le brinda una puerta abierta a un viaje con la fantasía; también se le ayuda a tomar conciencia de la herencia recibida en el ámbito sociocultural que le es propio. En los libros encontrará diversas formas de vida contemporánea o pretérita y las ilustraciones aportarán la atmósfera, el semblante, al libro.
LA ILUSTRACIÓN: UN PROCESO DE CREACIÓN. Llegamos, finalmente, al apartado formalista, al punto-línea-plano, composición, color, luz, etc. Pero, en realidad, sólo existe un modo de aprender todo esto y es dibujando y, a ser —43→ posible, dentro de un proyecto en el que todas las facetas de la sintaxis de la imagen, incluyendo técnicas y temas, entren en interacción y creen sus conflictos, sus desafíos. Si añadimos el factor motivacional, siempre presente en cada una de las sesiones, está claro que hablamos de la metodología del proyecto.
Il. de Francisco Nava Bouchaín para El pájaro del alma, de Mijal Snunit (Méjico: Fondo de Cultura, 1993).
—44→Durante las sesiones a las que pudimos asistir observamos que no se intentaba imponer criterios, que las experiencias se basaban en sugerir, que carecía de importancia el resultado aparente de las creaciones elaboradas por los niños (objetivo de una enseñanza rigurosa y dirigida que provoca inseguridad, miedo a afrontar situaciones nuevas). Éste debe ser el principio de la educación artística y la ilustración es una forma de arte, un lenguaje del arte.
El ilustrador materializa las fuerzas dinámicas perceptibles a los ojos, las dota de mensaje y personalidad. La ilustración nace para ser explorada y esto se hace a través de la intuición perceptiva, que es una de las maneras que tiene el hombre de comprender el mundo.
En el programa La ilustración en los libros infantiles se valoró el principio de la intuición perceptiva, cuya consecuencia es la creación de conceptos abiertos, susceptibles de ser modificados, enriquecidos, rebatidos, divididos o unificados. La voluntad de quienes guiaban el programa fue orientar a los niños un medio de expresión dinámica, hacia una mirada sensible. Pero esta intención no debería ser exclusiva de la enseñanza del arte o de la enseñanza en general. Debería ser la bandera de cualquier experiencia de aprendizaje, no sólo escolar ni infantil. Así podremos evitar que el verbo aprender se convierta en el hermano pequeño del verbo atormentar.

