Antología poética
Gloria Mendoza Borda
Primer acto
Yo la tímida pastora de tus ovejas
bendito amo
lavé tus ovejas en todos los crepúsculos
de la virtud de los campos
hasta que se muestren desnudos a los ojos
de aquellas inolvidables tardes teñidas de ceniza y té
tengo la cabellera rizada semejante a una cabra salvaje
amo
yo rumiante de los tiempos de violencia
corriente agitada
pastoreo mis palabras
terminada mi tarea
estrangulo en el bosque el estúpido polvo de las arañas
que van carcomiendo la red de la choza / tus ojos de leche
amo
bastante he pastado
me he cansado con tu ganado
dame otro trabajo
juguetes de la corteza de árboles
quiero ser una pájara bravía / picuda
en los arrabales de mi corazón
quiero ser una chita
meeeé en las nubes de los cielos
de los sapos
después del aguacero
la de oídos finos
para escuchar la música
del viento
masticando el pasto de los poemas
pretendo brotar de los ríos que me acechan
dame tu sombra quiero jugar a la guerrilla
amo estoy deslucida
me duele ser una callada pastorcilla
para caminar tanto con los pies desnudos.
Segundo acto
Amo mal amo
estoy harta de pastar tus ovejas
coger el látigo
escuchar solamente aullidos
de la yerba de los prados
¿por qué habré nacido para ser tu pastora
la pastora de tus sueños la pastora de tus rebaños
pastora de tu rostro en el conjuro de la danza?
Tercer acto
Amo mal amo
quédate con tus ovejas
con tus carneros de fiesta
cintos de colores en tus venas
que no ven
tengo el olfato de los abuelos
sé correr en manada
es tu hora me voy
debes pastar al compás del látigo
es tu turno
escucha esta carcajada de la cosecha
de mi olfato a poesía
te toca pastar mis ovejas maleducadas y tristes
te toca pastar mis lamentos de agua
se acerca la primera muerte
pastor pastor de montañas inexistentes
pastor ¿escuchas?
no te pierdas
no desmayes
pastor
es el fin.
Juventud incomprendida
no es un comienzo cercano certero el nuestro
comenzamos a comprender las costumbres
del humo
humo
humo nuestros nombres / humo esas vidas
humo herido
humo escapante / astuto/ humo antifuego
los fumados días.
Huelgo huero
Podréis tener los ojos envejecidos las pestañas tísicas
pero no la voz envejecida pero no las manos tísicas
rebelémonos
desde esta tierra que dista nuestras manos de las otras
desde esta tierra que dista de los ojos de los otros
de las manos que no llegarán
de los ojos que no llegarán
de la lumbrera que nunca llegará
la que perdimos
no sabemos de mañanas ni marionetas
y damos vueltas silbando sobre todas las
mañanas
y
marionetas
a veces nos sentimos niños
a veces nos sentimos niñas
¡cómo no volver a la infancia!
sentir inocentemente es volver a la infancia
amar es volver a sentirnos más niños de lo que nos sentimos
mirar en silencio aquel costal de basura en la puerta del adiós
pero ello es solo viento
a veces nuestras manos y corazón son viento
pasan como aves por cielos tenebrosos
el viento se lleva nuestra cabellera - vida
qué será después?
(soy iguana viento iguana viento
pósome en todos techos de la nada)
el mundo es un animal gigante y ciego
de remate el mundo es un animal sin ojos
mil cosas pueden pasar
mil sombras - rosas
y callamos callamos callamos
en este mundo tuerto viajamos viajamos viajamos
vivimos con nuestra pena de iguana y nadie reprocha
inclinados sobre el ojo ciego: esperamos en la antesala
(esta es una larga espera en la que nunca amanecí)
leñadores incendiemos labradores incendiemos
demos vida demos savia y sentido a la tierra
debe haber un muro que separe nuestra rutilante vida
¿dónde estará hoy el Perú, su libro y su habitante?
¿dónde estará hoy el Perú, su himno y su fuerza de látigo?
quedamos en espera de otro albergue terribles ciudades
donde nunca habitamos
donde allí renazca tu nombre yerba rural hombre rural
esperamos -con las manos en la cintura y las trenzas desgreñadas-
que sigan pasando los días
que sigan formando su último rosario de lo que fue
… ah de los ayeres sin retorno
de los hombres sin fronteras
de las patrias sin fronteras.
Tu color
verde melancólico
viene de un recuerdo empecinado
de una ausencia perenne
desde que
una lengua de fuego instaurara
el frío
en las tierras
surcadas de inocencia.
Con su larga pollera prolongada
por el abatimiento
inmenso atado parece
conducirla
con sus ojos de albura profunda
sus hijos
pájaros silvestres
llega a la alameda
la lavandera
de todos los aires
contundente el sol
en medio riachuelo
las mismas manos
dando fragancia a las piedras
desarmando
nuestro aciago
bostezo
sobre taqsana reluciente
una hilera de trapos viejos
sobre pisonay alfombrante
una hilera de emblemas y cantos.
Ave pasada
en qué floridos follajes
te escondes
qué nosocomios
hoy esconden
esos rastros tuyos
sólo tus verdes lobos
de los que huimos.
Si volviera
Carlos Marx
inmenso sería
su asombro
encontrar quebrada la rosa
grande e íntegro
se iría.
Entre la lluvia y la vigilia
difícil fue tu existencia
porque en tus manos blancas y gastadas
surcaban los ferrocarriles
desde Cusco
centro de tu mundo
tus grandes ojos fatigados
por las distancias
nos sonríen
nos cobijan
nos ofrecen
la frescura
de tus viejas palmeras
porque somos
los pasajeros constantes
del sur
hermosa tu estirpe
viejo ferroviario
crecida
entre partidas
y retornos
ha pasado el tiempo
te descubrimos ausente
te has ido
viajero apacible
pero tu recuerdo
sigue creciendo entre los nuestros.
I
Solía
estar siempre solo
inclinado
en la puerta de la morgue
al verlo
los transeúntes
abrían un puente
con los ojos
y cruzaban la calle.
II
Llegada la noche
desgranadas las estrellas
el humo
inundaba jirón Cangallo
robusta su figura
ojos generosos
desgarrando la orfandad
de la gran ciudad
el pelo ensortijado
manos gastadas
por el designio
de los muertos
se confundían
en la oscuridad
viejo árbol negro
cigarro encendiendo el silencio.
III
Parece que nunca estuvo
cerca al agua
secos
los linderos
no tenía familia
'conde lobo negro'
nosotros
llenábamos
su espacio
reservado
para la biografía
de los marginales.
IV
Su otro nombre
perdido entre hojas
Pedro Pablo Ramos Burgos
pero para todos
será siempre
el legendario lobo
el árbol negro
lobo de mar.
V
Envejecido
en los jardines
de la Facultad
tu silencio
pájaro enjaulado
en el abismo
hoy se abre
en nuevos girasoles.
VI
Piel negra
inundando
todas las esquinas
blancas palomas
escoltan
tu nombre lobo
vuelan con tu nombre
señor de las sombras
por cielos despejados
y altas montañas.
VII
Sin buscarlo
se hizo
parte de la historia
de San Fernando
cuidaba el local
legendario lobo
testimonio
de días agitados
lluvia de piedras
y balas
cuando irrumpían
la Facultad
de hierro tu cuerpo
como tu nombre mismo lobo
fuerza hercúlea
al pie
de la muerte.
VIII
Médicos
estudiantes de medicina
trabajadores
te saludaba Lobo
porque sabían
que eras nuestro
frondoso árbol tierno
déjanos hablarte
en tu lenguaje
más allá del mar
más allá de las abejas
más allá de la basura
más allá del tiempo.
IX
Cuando te supimos muerto
se paralizó el tiempo
luciérnaga andante
nuestro
en el nuevo día
su corazón
se ha tendido de bruces
colas de perros vagabundos
danzan en la tarde limeña.
X
Los recuerdos
son deslizados
por viento marino
tu nombre
aún acecha
en el viejo portón
en tu nombre
se cuentan anécdotas
brujo
humanitario
feroz
negro
profanador
fiera
solitario
aventurero
fumador
guerrero
pescador
incendiario
vives en nosotros
legendario Lobo.
El viento
el viento me recuerda
los cánticos del cerro de la pajcha
(por ti oh gran padre
los árboles silban)
hay balsas agigantadas con la luz
de la luna en mi pecho
el viento
el viento solía conducirme al muelle
hace mucho que sueño con el lago
hace mucho que las zampoñas me consternan
hace mucho que mis ojos están llenos de ceniza.
Mi padre
acaricia rojas orquídeas
para evocar a José Santos Mamani
medía como dos metros e iba
seguido por el bullicio de los niños
espantaba cóndores incrédulos
en Bolivia
su tamaño encrespaba crepúsculos
a su paso cuchicheaba el silencio
los yanquis
como preciado venado
se lo llevaron
sin importarles su lejanía
ni su corazón aimara
exhibido en circos
y
vitrinas
reproducido en telares
los gringos sin apiadarse
sonreían
no les importaba
su coca madre
su llipta dulce
su poncho abuelo
cuentan que José Santos Mamani murió
de tristeza
en los Estados Unidos.
Juro en nombre de la rosa
la fe
la verdad
mi viejo sombrero
por el pequeño Laiko
mi negra trenza
mi nombre es Isadora Tipula Quispe
me hicieron profesora de literatura
entre danza de máscaras
porque me perdía entre los ríos
James Ensor guiñaba
el ojo izquierdo
observando sus máscaras macabras
tristes - malolientes - amenazantes
buscaba
mi historia
en el aguacero
besaba piedras
preguntaba por mi nombre
a los tejados
en nombre de la rosa
oh cantuta
imposible dejar de nombrarte
rosa silvestre
rosa de las acequias
en vano preguntas
por la señora de la cabellera larga
ella está envuelta
en una aguda trenza
en cada nudo
los ojos de los abuelos
encienden la noche
desde la magia - mito - ensueño
de Huancané
allí
donde todo es juego de infancia
padre
maíz - cimiento
erguido eucalipto
ruta que va y viene
blancas palomas se instalan
en mi silencio
en busca de trigo
fin de la época
aroma de rosa
quedo en la quebrada
campesinos aguardan
en su morada
hasta que las estrellas se multipliquen
desde Juliaca
conducen tu vida
por tierra de nadie y de todos
en la piel de la rosa
rosa silvestre
tengo el presagio
de la guerra de hormigas
brasero
los muertos no están tan muertos
andinas buganvillas
cielos abiertos
trazaron mis andanzas
pastora de ovejas
hasta que el sol se pierda
entre montañas
me hicieron poeta en las abras
este nombre no es mi nombre
juro que soy
Isadora Tipula Quispe
y no Gloria Mendoza.
La tomo
la pinto
la esculpo
la persigo entre la fruta
escabulle
en el canasto de naranjas
escurridiza
la diviso en el congelador
en el espacio de las verduras
la sorprendo en las cebollas
y no la lloro
la degusto
alucinada
hasta la sinrazón
me pierdo
en caminos poblados de hormigas
la greda asume la miel de la palabra
la busco
en el cuchicheo de la lluvia
sin lagartija en la memoria
la sueño
atrapada en una roca
la imagino
armando imágenes
en el agua
junto a las algas
la palabra
reaparece
en una metáfora
enredada
en la negra cabellera de mis hijas
a veces
la recojo de la basura
la limpio de las moscas
la pongo en un madero
lejos de los hongos
la traslado
a mi máquina de escribir.
Soñé
enroscada
en mi cabellera
siento pena
por mis cabellos
que caen
y se van
a veces
relucientes
suelen danzar
con la lluvia
tibiamente
ondulante
mi gesta
en la espuma
mi torpeza
en la peineta
ellos
se esparcen
en los pueblos
que recorro
vuelan
con los vientos
kandisnkyanamente
oh música de colores
suelen
lamer
los desperdicios
pobrecillos
mis cabellos
brillan
en las escobas
se prenden
de las esquinas
guiñan
los ojos negros
desde los tachos
de residuos
tengo nostalgia
por su ocaso
huyen de mi nombre
desbordan
mis tempestades
encuentran
nuevos cauces
se prenden del pico
de un avestruz
mi cabeza
bosque de totora
es un trazo
de un cuadro
mis cabellos
huyen de su origen
se entierran
en los surcos
se trenzan
en el fondo
de nuevas islas
para nueva historia.
Arañita
moderna
trepadora
cazadora
siniestra
perfeccionada
en el arte
de tejer
el punto más difícil
subir la cima
desmantelar
todo
cuanto amigo a su costado
suele escalar
hasta quedar sola arañita
arriba
entre tela-arañas
se aleja
agita
sus ágiles patitas
la miramos
escabulle
quiere la luna
vivaces sus ojos
lanzan fuego
sonríe tenaz
en su búsqueda
sin dejarnos
una gota de sangre
o rocío en el rostro.
Madre y señora
centenaria
lloro
mi verde agonía
ebria mi flor
entumece
la mañana
grito
imploro
no me escuchan
yo canto
en la lengua del verde
seca
y débil
mi piel
en otro tiempo
mi fruto era miel
cuando niño
el escultor Jorge Mendoza
tomaba
una de mis ramas
presto
corría con mi aroma
en busca de su madre
nací
antes que vosotros
'la casa del arte'
llegó después
en mis raíces
está la historia
de los hombres
que pasaron
y se fueron
todavía existo
un cable
cubre mis dedos
cruza mis pies
que los cuervos
no se coman mis hojas
en cada contorneo
de mi sendero
está el cable
en cada nudo
me quiebro y retuerzo
miro el cielo azul
el canto de pajarillos
acompañan
mi verde sinfonía
danza salvaje
mi corazón
la herida
no me deja caminar
una sombra pavorosa
tapa mis ojos
del sol
una paloma blanca
bebe agua
en la pileta
el pozo
espejo
de mi imagen
el agua
no llega
a mis entrañas
estoy colgada
de la garganta
aprisionada
olvidada
mutilada
anochecida
ahorcada
escuálida
estirada
marchita
desorientada
espantada
amenazada
mordida
sin tregua
oh primor
lloro mi verde
de tanto girar
la muerte acecha
pero no me encuentra
aquí estoy amigos
enraizada
antigua
solitaria
muda testigo
idilio de jóvenes
huelgas estudiantiles
de pugnas y éxitos
de creación permanente
de alegría
sola
lloro
mi verde agonía
hambrienta
aprisionada
centenaria.
(14 de agosto de 198569 campesinos muertos entre ellos 23 niños)
I
Desde el río
un rumor de sombras y batracios
sigilosamente
desembocan
entre secretos caminos
puentecillos de piedra
papales a flor de vida
estalla
el silencio desgarrador
perplejas las montañas
contemplan
con sus ojos de ave solemne
que todo lo ve que todo lo sabe
pero debe callar
ni los acertijos de la coca
avizoran
la hecatombe
puntapiés en las puertas
acompasados por carajos
«¡asamblea!»
asombrados campesinos
son reunidos
en una choza
dos granadas
adentro
la choza es una antorcha
los batracios
se pierden
en la estela
de la tarde
nadie vino
vomitan su veneno
nadie los vio
jamás estuvieron en Accomarca
llora
el vientre
de la madre tierra.
II
En las inmensas fosas de Accomarca
ellos
anónimos acribillados
eternos
expectantes
hambrientos
todavía se confunden
con el fogón
con la luna
con la brisa de las alturas
y la lluvia
y aún sus nombres
se encienden
en cada retama
de solitarios caseríos
Santusa / Añuco / Marcelino
«naranjitay pinta pintita»
en Accomarca
muchos años después
un enjambre de huesos perforados
bocas abiertas en forma de grito
lamento de niños
desde abajo de la tierra
secas hojas
arrastradas por el viento
nos recuerdan
que Ayacucho
es una herida abierta.
«Soy Matilde Patiño para servirlealcohólicay chavetera».
Se siente
los azotes
del licor
aunque
todavía su rostro
tiene color paja
entre mariposas alborotadas
incansable el ladrido de Laiko
en su afán de mordisquear geranios
dispersos los recuerdos
se fusionan en la tarde
fue en un parque
donde Matilde Patiño
solía contar sus hazañas
moradora
de sueños imposibles
de fantasiosos linajes
hablando
en aimara españolizado
de sus cuitas
y amores perdidos
sus trenzas brillaban
sus dedos hacían ademán
de tocar charango
y cantaba valses
con la voz de montaña
verdes los labios
«pijchadora» insaciable
se registra
hija de terrateniente
flor de cactus
eterna primavera
impulsiva
polvorienta
desolada
alejada
hinchada
tantea la llanura
se marcha haciendo zetas
una navaja
señala la muralla
en la que vive.
(Los años 80 en Huancané)
Los de filudos dientes
los que babean al sol
los que inquietan nuestros patios
los que husmean todo
ellos
los guardianes del hombre
se hicieron humo
las casas fueron silenciadas
de ladridos
los hermosos guardianes
en fila
al compás de las botas
son reclutados en la noche
amanece y los dueños
de los bellos
de los gentiles
de los que conquistan
la sonrisa de los niños
se dirigen a las calles
no los encuentran
sus cabezas ensangrentadas
penden
de las manos
de un grupo de hombres
vociferan
«-no se escucha
o se escucha
pero se calla-»
alguien cuenta que fueron muertos
en extrañas prácticas
en tiempo de terrorismo
ellos
suelen lanzar ladridos de dolor
suelen teñir nuestros afanes de tristeza
suelen sumergirnos
en el abismo
de sus filudos dientes
fue un día cualquiera
donde el pueblo se quedó sin ellos.
«No digas que no sé atrapar el viento».
Cristina Larco Briceño (Chile)
Cuando los girasoles
se ponen en su espacio aromado girando al compás del sol
réplicas de discretos celos desordenan pétalos de margaritas
nuevamente nos sentimos embudos de la noche
sopla el viento que sopla sopla sopla y la pena entrampa
esta vida no debió fluir así con una catarata en la despedida
las venas están hinchadas en las ramas de discretos árboles
allí permanecen estampados nuestros nombres para siempre
en una vorágine de temor
no quieren voltear la cara en desgracias imprevistas
ay ave límpida no podías irte de mis bosque
que tus yerbas están enraizadas
en esta naturaleza de nostalgia eterna
un colibrí silba ya es tarde para cualquier retorno.
Cierro la puerta y veo todo negro no descubro ni mi sombra
si quiero claridad en este cuarto prendo luz artificial
en la mañana acampa el frío miro las cuatro paredes / libros / cuadros
quiero meterme en las chozas de las espigadoras de Millet
aquí no circula el aire
sin embargo
mi cuarto tiene su fuerza y también su fragilidad
desde este punto de oro indago por tu parcela de silencio
este es el lugar adecuado para terminar mis días?
de reojo miras mis manos y las desconoces
mientras tanto descubro que soy significativa para ti
grito mi fervor a Frida Kahlo a Gabriela Mistral
a Roberto Juarroz a mi padre a mi abuela Gumercinda.
Los sábados llegan los pequeños con sus caritas de sabidos
me llevan al parque gustan recoger flores y adornan la cabellera
el cuarto se llena de calor y color
mi barca está de fiesta los sábados
a veces llegan sobrinos
junto a las olas de un lago tempestuoso
no en la retina de los ojos de mis libros
no he perdido la manera de no recordarte en tu escritorio
mientras tanto escucho Paja brava y el cántico andino.
Alguien gime en mi memoria expectante inclemencias de otros tiempos
llamándome con nombres que no eran míos
nombres de obreras o mujeres sin brújula
no pude entrar en esa morada trivial porque no era mía
peregriné años con esta historia porque no era mía
ahora el mantel blanco está tendido y vacío
solamente nos habita tu silencio
los años ya no son los mismos
silenciosamente ansío el brillo de la almendra en mejores estaciones
antes que la noche oculte nuestros nombres
en la vigilia de lastimosos pájaros evocando idos cantos
Compuerta de Pecosani tú nomás sabes cómo lloré...
Me ungí en mosca
para revolotear en tus zapatos gastados
qué caminos dirigieron tus afanes sin que yo pueda estar al lago
me ungí en grillo
para no salirme jamás del hálito de su voz
tu voz en mis tímpanos entumecidos y aflorados con retorno incierto
¿eres tú? me dices
sí la misma grulla que atravesó mares hasta encontrarte y perderte grullo.
En el observatorio de Mamalluca llovían astros
las estrellas se volvían palabras / las palabras se volvían pájaros
todos los expectantes se volvían rapsodas
la fuerza mágica de Mamalluca se parece a Gabriela
danza de manos sostienen suaves piedrecillas
bucea con luciérnagas en la lengua poeta del mar
desanda y vuelve a la montaña éxtasis en remolino eterno
entonces Huancané a lo lejos agitaba banderolas
tejía el viento aullando detrás del remolino del sur
incorporando esperanzas / sirenas seductoras
sobrevives madre Herminia aún a lo lejos
esta es la otra tierra que crece en mis bosques
pintada por mapuches / abre los brazos madre Herminia
nada más hermoso que la lluvia en las alturas
tenías que esperarme lejos con la piel convertida en rosa
me esperaste y la muerte te tomó en sus brazos para siempre
una caravana de wifalas del sur muchos relámpagos
patria nuestra Latinoamérica nuestra yerba buena nunca muere
paja brava trigo multiplicado wifa wifa wifalá incrústate en el trigo
ensueña en los altos muros de Mamalluca enséñanos la ruta poeta
en el espectáculo paradisíaco de los viñedos
cuando los árboles frutales de Vicuña son las guitarras de la tarde.
Bullicio de salvajes pájaros entre solemnes eucaliptos
y riachuelos
la poeta recorrió todos los caminos de la patria
aimaras / quechuas / campas
y mil estrellas encendidas en las chozas
graznan salvajes patos cuando la ausencia es evidente
graznan salvajes patos porque la tarde se ha hechizado
con el informe de nuevas muertes
de jóvenes que no creen en la derrota
sino en música de grillos
cuando las hormigas abren los ojos más de la cuenta y se apoderan
de todos los caminos de todos mis caminos
brutal impunidad brutal presagio de búhos
con la lluvia el poeta escapó hacia las cuevas
para escupir miel a los lagartos
dioses tutelares muerden frutales / la esperanza nunca muere
oh montaña de Mamalluca oh cielo andino abrumada entre las aguas
no la tomen prisionera no detengan sus pies es la viajera de monte arriba.
Oh reverente montaña venero los bosques
el ensueño de los dueños del cielo azul
invoco tu vida oculta aunque no fluyas
en la catarata que cae a mi música interior
en el huerto agitados árboles de naranjas
se niegan aceptar la muerte en las fosas sin nombre
en la cocina la tarde es aromada por el cacao
que aún revienta por la rendija
de la ventana de la poesía
jóvenes reconstruyen la guerra
los cuerpos derramados son los cirios de la noche
desempolvando la miel de los balcones
asumo la dimensión de fuego
heredad de historia en lengua de las montañas
en lengua de río en lengua de poeta.
Los ríos se convirtieron en la entraña de mamá Herminia
brazos de olas traslúcidas alzaron poemas extraviados
en la corriente
en espuma afín memoria mamá Herminia se hizo catarata
entre mensajes sigilosos y aves negras oh muerte
río Sollata nos golpea nos recuerda nos envuelve
del agua salimos / el agua nos sigue golpeando entre las rocas.
Están las imillas conduciendo las balsas
en la travesía el silencio es una golondrina extraviada
están los campesinos emparentándose
con los cielos y la muerte entre los vivos
nevado horizonte furia desesperanza
agonía de los desheredados
a pesar de todo
sois los dueños absolutos de las montañas
dueños del espacio sideral dueños de los árboles y los pájaros
dueños de la leche recién ordeñada / dueños del trigo
y la pureza de las flores.
Guarecida en Hotel Milano
el Caribe inunda
mi vieja geografía
la fuente en la azotea
hielo en los vasos
la noche enciende la voz
de las señoras de la literatura
la exguerrillera sandinista
Gioconda Belli declara
«mujeres honorarias»
a los hombres
lluvia de humor
peregrinas en la isla
me incorporé hasta
la orilla de mis sueños
abrí los brazos
alguien nos llama desde el Yunque.
Miré arriba y apareció
la luna llena
la del espanto
estaba poblada de montañas
allí danzaban
entre denotadas olas
las diosas de la isla
un gato brillante
aullaba en la invocación
del fuego
de la muerte
abajo
la vida está cubierta
por un espejo de agua.
El mar
es la frontera
de todos los espacios
del hombre
en el Caribe
el mar
es una flor encendida.
Crecen pájaros en agujeros insospechados
como crecen pájaros en cuerpos agrietados
por el peso de los años
giran los girasoles
como gira el lenguaje del agua
en una playa desolada
donde la tristeza
debe ser un barco
que se va para siempre.
Esta es la isla
la de la primavera eterna
donde las hojas muestran
su interioridad florecida
esta es la isla
donde desconocidos
son amigos
donde la piragua
es el sueño de los niños
el chillo es el pescado solemne
un estilo y una especialidad
plátanos crocantes desabrochan la tarde
muelle nuestro
con los pescadores
las nuevas embarcaciones detenidas
en el tiempo que no volverá.
(a Yemy Alemán)
Sabor a ternura
en la fluidez
de pinceles
los azules / verdes
gritan
esa migración
de algas
colores de maga
percibo
eco suave de la niña
dragón alado
trazo magistral
azul
música
estos espejos
devuelven arroyos
donde nos miramos
el rostro
desde la memoria
de otros pueblos
siempre la luna
ese sideral espacio
parece que me nombra
vuelo de golondrinas bajo la luna.
(a Diana Bedoya)
Imágenes de ensueño
transpiran
por los limbos
de cada uno de tus seres
deambulo
entre niñas traviesas
sin saber con qué sobrenombre
se llamarán
en nombre tuyo
este mundo está poblado
de voces mitológicas
que vienen del fondo
de un nuevo siglo
florecido en lejanos mares
tu magia
atrapa
mis pies mis manos mis ojos
me siento seducida
camino
me colo
entre sincretismos
en una de esas esculturales formas
para lograr el furor de ángeles
derramando guirnaldas
desde el ruego desterrado de los nuestros.
(a Rogelia Pinto Cuadros)
Suave claridad alada
me reclino
en la oscuridad
mujer de sombra
con su ángel de la guarda
ley de la contradicción
blanco / negro
lámpara encendida
ventana al mundo
libertad de expresión
tus seres tienen voz
no callan
levantan el brazo
en nombre
de los nombres
que solo enmudecen
la pena se antepone
a la muerte
se levanta como si nada pasara
llegó el grito desde las sombras
nunca más los girasoles se abren nunca más.
(a Erika Sotomayor)
Como agua de la fuente
me cautivas
suave
entre madrigales
huella alada
en la ilusión
de tomar el color de una flor
cantar a la vida
tu fortuna
de vivir en selvas inexploradas
alguien nos demanda
seguiremos buscando
los caminos de coloración
azucenas
guiño los ojos
canto en medio
de gladiolos.
(a Elsa Mejía)
Surgen los rojos / lilas
rastreando
el silencio pensativo
con picaflores
que siguen fragancia
de las manos
suaves mariposas
de mujer a madre
siempre inaugurando
el silencio
aspiro la fuerza del árbol
paisaje rojo en la retina de los ojos
sobre ese árbol soy un pájaro rojo
que canturrea sus sueños a los bosques.
I Nan utajanxa janiu wali sutikpachati Ma k'ita qantu Ma lak'ata puquna Ma suti jani uñt'ata Ma suti jani marani Ma suti jani chintiri Ma chiqata laranja Ma isi jani kunani Sapjani jani hurqitan urupakiti Awichajaxa suyanaja trin tuquntaniri Patu k'auna alasiñataki Gumircinda awichitaja Jani amtupktati, jani Jumanakaja uñt'awapktati | IEn mi familia debe ser un nombre irreverente una kantu silvestre una pukuna de tierra un nombre anónimo un nombre a destiempo un nombre que ya no suena una media naranja una chomba vacía dirán que no es tiempo de horquetas mi abuela esperaba el retumbo del tren para comprar huevos de pato en la estación la abuela Gumercinda si no la recuerdan es porque no la conocieron. |
II Jach'a taicajaniwa jupaxa Nan lart'iri, nan tuqt'iri, nan sankt'iri, wititjama Janipiniwa armt'askati Muñikanaka luriri nayataki, Ch'iara nayrani, lakapas lart'iri, Ajanupas chupika Pullirapas alluja, Qamaqinpi anatiñataki qullunakana, Muspt'añanawa kunjamasa Abujapampi, didalupampi, Qant'ayanaja aka wasaranakja, Tupu phayaña Nina q'uchuna utt'atanawa tallirapaja. | IIElla fue mi madre grande. Mi primera artista en vivo jamás la olvidaré creando muñecas de trapo para mí esbozando los ojos negros, la boca socarrona las chapas rojas haciéndole vestidos para que juegue con imaginarios zorros de los cerros gustaba esbozar paisajes andinos con aguja y dedal su taller junto al fogón. |
III Awichitajana ñik'utapaja K'iju k'iju arumjamanawa Thutumpjama cinktuyunawa Gumircinda awichitajana Ñik'utapaja sumanawa Lunqullijich'iara q'iwinkinkuni, Ma muñitlurt'asiri Sumapiniwa uñkat'asinja Ñiñi, wali mama, markatayka. | IIIMi abuela Gumercinda tenía la cabellera larga cimbreante se hacía un moño lucía hermosas horquetas tenía un estilo un señorío de señora de pueblo. |
IV Awichitajaru thutuyapjanaja Amparajata kat'auvirutuja, ukatja, Sarapjiritxa, jallus piskpansa, chaqtañakama Phaphilanku thaqaskirjama. Qhatunja, thuqt'an thuqt'an, Jani jamp'aturuja takjatanlaiku. Quillayawa p'iqipanja llijtirija, Ch'iarakinawa ñik'utapaja. Iglisias sumanajawa, qalat lurt'ata Markanja firucarrilanaka suit'asipkiritja Walipini alantawirija muñikitanakataqija Ukuruja janiu phayañakiti Wali sayt'ata thuqt'apjiritja Allchhipa munata wawapiritua. | IVCuando mi abuela se molestaba me cogía de la mano me llevaba a pasear en plena lluvia nos perdíamos como buscando mariposas saltando para no pisar sapos por el mercado cortezas de quillay la iluminaban nunca vi canas en su cabellera la hermosa iglesia enchapada en piedra nos aguardaba en la ciudad de los ferrocarriles compraba más atuendos para mis muñecas ese día no cocinaba era su rebelión esa era nuestra fiesta estoy segura que fui su nieta preferida. |
V Sapa imilla, taykaja Ukatja awichitaja, jiwasan taykaja Gumircinda t'ijnakanaja qulljama Chupikq'illun jaipt'irini Phaytiri taikanja yuqapanataki Nayaja phisqiritua, sullka kullakita Kunawarasati alluj jilatanakaja puriniujija Ukaurasakiwa tumpt'apjituja, Chhacatatja. | VMi madre, hija única entonces la abuela Gumercinda era nuestra madre la que corría como una perdiz bajo el crepúsculo cocinaba para los hijos mayores de mi madre yo, la quinta cuando llegaron más hermanos nos había dejado una ausencia infinita. |
(Luego del fatídico sismo, 2016)
Ellos solían correr con el furor de la juventud
ellos los que abrieron el horizonte al compás del wititi
los abuelos se niegan a salir de sus caídas casas
ellos soñaron con el fatídico movimiento
son sabios saben leer el cielo y la tierra
el abismo habita es su interior y sólo callan
se les apagó la voz
estos abuelitos solían enamorarse
sus amadas acostumbraban recoger flores
danzaban el wititi empujados por el viento
en las fiestas tradicionales
gorriones los acompañaban en su silbido
cuyes chillaban detrás de las abuelitas
-bellos sombreros bordados las distinguen
en medio de las chacras y el cielo azul
ellos como vizcachas cruzaban el monte
ellos los padres de los padres
cubiertos con ropas color tierra
bostezo de tierra
la vida de tierra
la comida color tierra
los mapas de sus rostros de tierra
dibujos de tierra sobre sus manos río lugareño
árboles caídos, cataratas azules desbordaron en su memoria
ellos me duelen, algún día no podré hablar como ellos
origen de nuestra historia el barro avanza taciturno
y no podemos enfrentarnos a la furia de la naturaleza
tiempo pavoroso donde el grito de los hombres no basta.
Néstor Cañihua en el suspenso de los días
entre el desconcierto del inhóspito paisaje
Néstor Cañihua en el clamor de Cayma
los perros aúllan entristecidos en el monte azul
Néstor Cañihua tejedor en los mares de cielos lejanos
vuelve a danzar entre las garzas
tus ojos grandes están prendidos
de los ojos de los cuervos
sal de la noche intensa
escucha que las campanas anuncian tu llegada
vuelve con la luz del nuevo día
aquí yace la palabra vida
aquí están las huellas de tus sueños de artista
en esta vigilia tu nombre nos golpea el silencio
en cada cirio te vemos fosforescente como un trueno
con la cabellera suelta y el rictus de mariposa fucsia
vuelve a nosotros
no nos dejes esperando en medio de la campiña
observando las montañas inexploradas
unas vacas mugen nuestro asombro
blancas ovejas se pierden entre copos de nubes
abre los ojos de búho
bello nuestro bella nuestra.
Los grillos
saben mi tamaño
mis colores
mi magnitud de tierra
los grillos
me persiguen
me miran de reojo
me acusan
cortan mi margarita
y no contentos
no creen que soy
el campesino
mil veces asesinado
la joven violada
la tierra despojada
el temor de los q'alas
los grillos
están en mi entorno
en mi equilibrio
bellos
señoriales
altos
bajos
solemnes
me empapelan
los grillos me acosan
no se llevará
usted
mi voz
porque está esparcida
en el aire mismo
que usted respira señor grillo.
Rita Puma no aparece en muchos
documentos como la máxima figura
femenina de la Sublevación de 1923,
todo por falta de investigación.
Los cargos contra ella son muy
claros, fue acusada de ser agitadora,
propagandista, organizadora de los
campesinos de Moho, sobre todo por
ser una revolucionaria y haberse
enfrentado valientemente...
(Julio Mendoza Díaz)
I
Mi kullaka Rita Puma soñaba con el albedrío
de ovejas, vacas, perros, y muchos lobos
Rita Puma pastora de zorros y cuervos
en la retina de ojitos de agua
olfateando los sembríos
bajo la cabellera azul del Titicaca
arengaba a las estrellas ribereñas
para que los zorros no se coman
a los muertos
para que los muertos no mueran
de tanta muerte
mi kullaka Rita Puma danza la historia oculta
de los sin tierra subsistiendo su tierra
Rita Puma traduce
la rebelión de los aimaras
agitadas batientes de kantutas
oh marismas de la memoria
en el lenguaje de nuestras kullakas
chozas y fogones
Rita Puma no puede hablar
con la boca cerrada
se zambulle entre azules aves
aparecidas en su vuelo
danza de murciélagos desde las sombras.
II
Guerrera
infatigable
no escapa
convoca a los ayllus
de pie en la compuerta de Mukuraya
se aferra a las balsas de totora
húmeda su arenga
dulce su prédica
chilliwa brava sus cabellos
agita su manto látigo
despliega fuego
arremete contra terratenientes
si todos tuviéramos
este atrevimiento
somos torcazas
danzando tu fama
te esperamos en Moho
Rita Puma detona
en el vientre de Jachajá
en Moho donde los bosques
llegan al Olimpo
para encender
tu derruida choza.
III
Sueña
con la boca abierta
inmóvil en la pradera
cae aguacero
retumban los sicuris
imploran las bandas
desde cordilleras
se ponen bravas las pampas
sabor a muña
brutalmente estrangulada
colgada de la copa de un árbol
se hundió el sol en el lago
Rita Puma flor silvestre
de la historia
tu boca abierta
es el grito de las colinas
es el grito de Merkemarca
nos dejaste
pintándote azul Rita Puma azul
bajo el aterrizaje de las mariposas a la vida
ha vuelto Rita Puma
para decirnos que nos ama
para advertirnos
su fe por los aimaras de estos tiempos.
Esta casa no es su casa
su otra casa
está en la ribera de un río lejano
allí aguarda
su taika
y la luna
Ruperto Chupas
ha llegado a sembrar la lumbre
en el sueño de los hombres
preconizante
yatiri aimara
confundido en el movimiento de la ciudad
dónde queda el puerto?
dónde quedó el navegante?
verás historia en naipes?
detrás de la marea
desde la orilla
auscultamos tu vida
poeta
solecismando
desde los acantilados
del gran lago
esta casa no es su casa
este saco
no es su poncho
buscaremos la lumbre
que golpea con el viento
el fondo de la tierra florecida
Ruperto Chupas
anticipándose a las estrellas
y las olas
convocando a la lluvia
predice la historia de los pueblos
Ruperto Chupas
yatiri aimara
seguirá el curso de las aguas
el silencio alborotado
desde las voces desorbitadas
de las balsas
casas de barro de los achachilas
Ruperto Chupas avizora nuestra vida en coca
este no es tu espacio
ni tu otra casa
ni tu otra lengua
Ruperto Chupas
en vano busca
la imagen dormida de sus ovejas
en copos de nubes
una invasión poderosa
cubre nuestros ojos de las fieras.
A Inti, hijo de una buena amiga, Olinda Escalante
Todo gira
y de pronto
un golpe de agua viva
cubrió los ojos de Inti
brisa marina
devora nuestra esperanza
en edad flor
la corriente sorprendió
cambió el rumbo de su camino
viento marino
lo tomó en sus brazos
lo levantó
se hizo un nudo en la garganta
de la playa limeña
aguas grises
peces sorprendidos
cielo y tempestad
juntaron la inmensidad
en la pena
de mamá María Olinda
bucea Inti bucea
ola a ola
te buscaron
perdido entre las aguas vivas
papá Arturo palpa la arena
imaginando
salir tu imagen
junto a las algas
todas las pistas
eran inciertas
todos los caminos
sembrados de musgo
y a lo lejos
sólo la inmensidad del mar
nunca estuviste
tan cerca
de los dioses del mar
como ahora
danza de olas
no lo dejaron bucear
salid habitantes
de las aguas
Inti se perdió en el mar
Inti alumbró el mar
Inti se hizo inti en el mar.
Me convertí en reverenda
no sé hacer enmienda
en un cielo embelesado
perdonadme pájaros
por no abrir mi ventana
gaviotas / albatros
cuervos / alcatraz
mariposas / grullos
picaflores / búhos
no entiendo
el discurso del mar
sus abruptas ondas
parecen tener boca
gritan / corren
están de fiesta
no entiendo
el discurso
de la tierra
penetro a sus ritos
busco ser yatiri
tomo sus yerbas
su milenaria muña
sé que nos siente
sé que nos exige
sé que tiene razón
no entiendo
el lenguaje del viento
silba / siento su retumbo
de violín que celebra
concierto / un coro
de mariposas
desde el Faro / escoltado
por el susurro de palmeras
no entiendo
el lenguaje del fuego
sus llamas rojas
expresión utópica
enlazada
a los dedos de los sueños
queman mis palabras
nace una nueva estrella de luz?
me convertí en reverenda
detrás de la llovizna limeña
con las manos ajadas
sagradas sean las verduras
las frutas / el pan de cada día / Padre.
Escúcheme usted que se cubre
con un periódico
si ella muere nosotros morimos
ella es muchas / nosotros morimos
dentro de un depósito aparente
no debía ser asesino / drácula
facebook / chat / cuchillo
inventando nombres
desde distintas aristas
usted es el nuevo malhechor
se pone máscara
le conviene la pandemia
no da la cara
usted es una gallina
sabemos qué plumas
lo resguardan
lo detectaron
maniatando
cabalgando en el vacío
buscando niñas inocentes
con la magia de malandrines
lanzando mugre a los vientos
saliva de anaconda
animal salvaje
brujo de la cibernética
insolente jefe
gusano subterráneo
arrobado / atormentado
no sabe cómo calzar
no sabe cómo vestirse
con su toque
de ácido reventado
en la conciencia
usted da lástima
enseñando sus colmillos
con un caramelo
a las pequeñas
además
no sólo es usted
es la voz grávida
de otros descarados sin nombre
otros mal nacidos
otros antihéroes
en una asechanza de nubes negras
toca usted las campanas
de nuestra furia
se esfuma
¿usted nació de un peñasco?
diestro en inventar historias
de llorar pureza
san Judas
si supiera usted
cómo duelen sus planes
alguien llora bajo la madrugada
unos cuervos anuncian
en su vuelo solo muerte
bajo nubes negras
la nuestra no es una guerra
es la pulsación de valles furibundos
en busca de nuevas campiñas
si una muere nosotros morimos
por otras Camilas inocentes
hasta que se desvanezcan
nombres de miles como usted
mientras tanto
este buitre
aprovecha la pandemia
el sol va derramando su violencia
sobre un camino de silencio
en los desiertos sin respuesta
el dolor de las familias
los buenos padres
las madres
lloran
con los brazos extendidos
¿no tiene usted corazón?
en nombre
de las Camilas inmoladas
nuestro alarido - ni una más
drácula / asesino / víbora.
Metáfora azul
Rilke tenías razón
se escribe por necesidad
un día
por hambre
un gato saltó de un árbol
brincó hecho poema
sin metáfora
su vida misma
es una gran metáfora
negro intenso
(como los cuervos)
para darnos una lección
humanidad
desde su caverna
comparte la mandarina
fresa / melón / manzana
con un pájaro negro / otro / otro
ellos son una variante para la política
para lo «zanahorio» avivado
este gato no tiene nombre
es un ser dotado / extraviado
escogido / olvidado / erguido
en el Malecón Miraflores
sus fiestas
entre yerba salvaje
flores / árboles / tiniebla / sol
este gato de Poe es una floresta
un poeta / sin palabras
tiene el lenguaje
del «Elogio a los gatos»
caló del mar
inteligencia límpida
junto al vocablo de las olas
somos parecidos
en lo migrante
sin retorno
entrañable gato negro
miraflorinos y turistas
se detienen a mirarlo
candidato a competir
en un concurso
desde la inmensidad de las aguas
que lo cautivan
el mar / las chalanas / los techos
asume la lluvia
como suya
por ello no se va
escurridizo
entre las sombras
sus ojos se volvieron azules
sin perder su identidad
de negro galán
mariposas
suelen danzarle
tenías razón Rilke
porque este gato nos mira
con recelo
por necesidad
con el apetito de un pescado
eres un perfecto poema semejante Misora.