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1.      Sólo de una injusticia de la prensa debo quejarme, y por cierto que la cometió el periódico que mejor me parodiaba en sentido político. Al dirigir al ministro de Hacienda (Madoz) una sátira titulada NO MIRÉIS A D. PASCUAL, se permitió calificar de francesa mi balada NO MIRÉIS A LA NOVIA, una de las más originales que contiene la colección, siendo así que con una probidad literaria bastante rara yo había designado en el APÉNDICE de mi libro las fuentes estranjeras en que había bebido algunas ideas. Aprovecho esta ocasión para protestar una vez más que toda balada cuyo origen no esté declarado en ese APÉNDICE, es original, enteramente original. Podrán los críticos probarme que son malas; pero los desafío a probar que no son mías. Al César lo que es del César.

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2.      Por consejo de San Vicente Ferrer, según parece, se obligó a los judíos de Castilla a traer en sus vestidos sobre el hombro derecho un remiendo de paño colorado para distinguirse entre los cristianos. Cuando no lo llevaran, cualquiera estaba autorizado a apoderarse de sus vestiduras o rasgárselas. Esta imprudente medida fue parte en que se cometieran muchos crímenes y asesinatos; pues sabido es que la plebe solía amotinarse, asaltar las sinagogas y juderías, y esterminar a los sectarios de la ley Mosaica.

   Importa, sin embargo, advertir, que la vida del Santo valenciano no autoriza esta versión, si bien refiere otros rasgos muy semejantes de su celo contra los judíos. -«Tenían en Toledo (dice) una memorable sinagoga, tan antigua, que su fábrica havía sido anterior a la reedificación del templo de Salomón por Zorobabel. Este célebre templo, por inducción de San Vicente, se les quitó por estos días (1441) a los judíos, que se resistieron a la luz de su predicación. Y fue assí, que viendo el varón apostólico su contumacia y rebeldía, subió un día al púlpito y dixo: -¿Es possible que en Toledo, donde. corporalmente baxó María Santíssima, y honró a su capellán San Ildefonso, se tolere que los judíos tengan templo público para sus supersticiones, con que contaminan la tierra? Vamos, y quitémosles esse templo, que tan perjudicialmente posseen. -Baxó luego del púlpito, sin dexar de la mano el crucifixo, que de costumbre tenia predicando, y siguiéndole el concurso echaron de aquel templo los judíos, y purificado se dedicó a Nuestra Señora con el título de Santa María la Blanca. (Historia de la portentosa vida y milagros del valenciano apóstol San Vicente Ferrer, por el M. R. P. Fray Francisco Vidal y Micó.)

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3.      La Alcana, era la menor de las juderías de Toledo.

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4.      Todo esto estaba por la ley prohibido a los cristianos. «Otrosí... ni darles melecinas, ni xaropes, ni se bañen en baño en uno con los dichos judíos y moros.» Las Partidas- LVIII.- Tít. 24.

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5.      Defendemos, que ninguna cristiana sea osada de criar, ni críe, hijo, ni hija de judío, ni de moro. E qualquier que lo ficiere, peche seyscientos maravedís.» Ley de D. Juan I. (Ordenanzas Reales de Castilla.)

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6.      El emperador de Constantinopla ofreció amparo a los judíos cuando los espulsaron de España los Reyes Católicos.

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7.      

              A tu boca de perlas, alma mía,                     
debe su salvación esta poesía,
que estaba destinada
a ser de mi librillo desterrada.
Pero hacia mí volviste
los dulces ojos de ternura llenos,
y sus rudas estrofas repetiste...
¿Puedo yo darte menos,
si tú a mis versos música les diste?

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8.      Paseo de Toledo.

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9.      De Madrid.

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10.      De Zaragoza.

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11.      De Granada.

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12.      De Sevilla.

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13.      De Cádiz.

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14.      Un estimable escritor portugués, Luis Felipe Leite, en un artículo que dedicó a mi libro en la Revista Peninsular de Lisboa (página 121 del primer tomo), alaba esta composición, hallando en ella un presentimiento (es frase suya) La Dama de las Camelias, no publicada entonces todavía. En cuanto a la forma, estoy tan lejos de participar de la opinión del distinguido crítico portugués, que la he modificado por completo, como advertirá quien coteje la primera impresión de mis Baladas con esta segunda. En cuanto al fondo, toda la alabanza pertenece a Goethe, si bien yo he puesto más al desnudo su intención filosófica.

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15.      Entre los artículos críticos dedicados a la primera edición de las Baladas, sobresalía notablemente por la erudición, sino por el estilo, el que se va a leer, debido a la pluma de un escritor cuya competencia era tanto en el asunto como su modestia. Al cerrar con él este libro, su autor no lleva otra mira que ponerle un sello poético y dulce, como aquel joven malogrado, y coronar con una siempreviva este ramo de violetas inodoras.

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