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81

Véase Ibid., p. 34.

 

82

Villavicencio F., Del silencio, op. cit., pp. 56-57.

 

83

Lo discutido en este párrafo se basa en Villavicencio F., Del silencio, op. cit., pp. 76-110.

 

84

A este grupo pertenecen María Mendiburu de Palacios, Carolina Freire de Jaimes y Felisa Moscoso de Carbajal.

 

85

En este grupo se encuentran Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner, Teresa González de Fanning, Juana Manuela Gorriti y Margarita Praxedes Muñoz.

 

86

Este grupo es representado por Francisco de Paula González Vigil, Abel Delgado, Emilio Gutiérrez de Quintanilla y Manuel González Prada.

 

87

Las escritoras, igual a cual posición pertenecen, tratan el asunto del matrimonio desde posiciones idealistas. Lo importante son los afectos y el carácter moral y ético de la relación conyugal. El Estado y las leyes no juegan ningún papel en las discusiones, la dimensión político-social de la familia casi no es tomada en cuenta. El amor es necesario y debe ser la base del matrimonio. Véase en respecto a este asunto sobre todo los libros Aves sin nido (Lima, 1889) de Clorinda Matto de Turner y Blanca Sol (Lima, 1889) de Mercedes Cabello de Carbonera. Con ello se oponen a los matrimonios comunes de los sectores altos y medios en la sociedad, que son muchas veces negocios, hechos por los padres, movidos por intereses sociales o económicos, en que las mujeres son tratadas como objeto y en la mayoría de los casos carecen de afectos mutuos, así que se busca recompensar esto en relaciones extramaritales; lo que es aceptado en el caso de los hombres y censurado en el caso de las mujeres. Las veladas literarias, véase capítulo II.2.4., crean también en este sentido un espacio especial. De J. M. Gorriti se sabe que tenía dos hijos naturales sin que hubiera sido censurada; véase Küppers, op. cit., p. 75.

 

88

Villavicencio F., Del silencio, op. cit., p. 82.

 

89

Desde 1852 el código civil regula los derechos y obligaciones de las mujeres. Una vez casada tiene los más bajos derechos de la sociedad, ella está en el mismo nivel que los niños y esclavos. Es allí dónde los hombres liberales quieren luchar por los derechos de la mujer. Pero en cambio ellos no cuestionan las relaciones en el interior de la familia porque para ellos «el hogar es lugar de felicidad y la realización de la mujer»; Villavicencio F., Del silencio, op. cit., p. 80.

 

90

Ibid., p. 88.