Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Siguiente

Coquetismo y presunción

Comedia original en tres actos

Francisco Flores Arenas

imagen

PERSONAS



DOÑA MARÍA, madre deSRA. VIRGINIA.
ADELA,SRA. SAMANIEGO.
INÉS, criada de doña María SRA. T. BAUS.
FERMÍN,fingido nombre de don AntonioSR. LUNA.
LUIS, primo del anterior SR. RAMÓN. LÓPEZ.
PEDRO, criado de don JudasSR. JOSÉ CUBAS.
D. JUDAS, tío de los anterioresSR. CAMPOS.

La escena es en Cádiz en una sala de la casa de doña María.

Acto primero

Escena I

FERMÍN e INÉS.

FERMÍN entrando como de la calle se quita el sombrero y lo deja. INÉS de casa.

FERMÍN
¿Han venido?
INÉS
No señor.
FERMÍN
¿Y cómo sigue la tía
de sus males?
Cada día,
INÉS
señorito, está peor.
FERMÍN
Pues ya de fastidio pasa 5
5
que por esa bagatela,
ni tu señora ni Adela
jamás estén en su casa.
INÉS
La señorita me dijo
para usted que aquí la aguarde. 10
10
FERMÍN
Como ella mucho no tarde
no será...
INÉS
¿De veras?
FERMÍN
Fijo.
Yo, Inés, jamás me avasallo
a caprichos de mujer,
y de aqueste proceder 15
15
muy satisfecho me hallo.
¡Qué mal de otra suerte hiciera!
Con juventud, con caudal,
y una figura tal cual
¿me ha de faltar quién me quiera? 20
20
Por fortuna hay tal enjambre
de mujeres en el día,
que fuera extraña manía
el querer rendir por hambre
a quien tanto se promete; 25
25
así, dile me he marchado,
pues no estoy acostumbrado
a ser de nadie el juguete.
INÉS
(¡Qué vanidad!) ¿Mas, señor,
usted no la ama?
FERMÍN
¿Yo...? Sí... 30
30
Pero aun más me quiero a mí.
INÉS
Mal le paga usted su amor.
La vida le costaría
un desdén tan solo.
FERMÍN
Ya.
INÉS
Pedro viene.
FERMÍN
¿Qué traerá? 35
35
INÉS
Alguna majadería.

Escena II

DICHOS y PEDRO.

PEDRO
Señorito.
FERMÍN
¿Qué ha ocurrido
de nuevo?
PEDRO
Tengo que hablarle.
INÉS
Pues ya consigo dejarle
con Perico, me despido, 40
40
que han de ser más de las dos,
y tengo mucho que hacer
allá dentro.
PEDRO
A Dios mujer.
FERMÍN
Inés hasta luego. A Dios.

Escena III

FERMÍN y PEDRO.

FERMÍN
¿Qué hay en suma?
PEDRO
Que ha de haber. 45
45
Que don Luis sin avisar,
ahora acaba de llegar.
FERMÍN
¡Mas cómo...

(Coge el sombrero.)

PEDRO
No es menester.
Ya sabe está usted aquí,
y no puede tardar nada. 50
50
FERMÍN
¿Y a qué viene esa embajada
y aquese misterio? ¿Di?
PEDRO
¿Qué sé yo? Lleve el demonio
lo que yo entiendo este lío.
Mas como el tío no es tío, 55
55
ni usted es ya don Antonio,
ni aun yo mismo sé quién soy;
bien pudiera, sin querer,
echar el primo a perder
lo adelantado hasta hoy. 60
60
Por eso con tal secreto
vine a avisar su venida.
FERMÍN
Primera vez en mi vida
que te he encontrado discreto.
En fin, nadie en casa está, 65
65
y fue vano tu temor.
¿Mas tardará?
PEDRO
No señor.
Aquí le tiene usted ya.

Escena IV

DICHOS y LUIS.

LUIS
Primo.
FERMÍN
Luis.
LUIS
Con cuanto gozo
te miro, y con que impaciencia, 70
70
después de tan larga ausencia
me tenías... ¡Qué buen mozo!
¡Qué galán! ¡Y qué elegante!
FERMÍN
Favores tuyos.
LUIS
No, a fe...
FERMÍN
Mas a otra cosa. ¿Por qué 75
75
no avisaste al instante
que decidiste venir?
LUIS
Fue por la misma razón
que en seis meses, ni un renglón
tuyo pude recibir. 80
80
Te escribí desde Alcalá,
en donde asuntos tenía
de mi casa, y ya creía
volver pronto por acá;
cuando un correo, me hallo 85
85
con que mi padre está en cama
gravemente enfermo, y clama
por verme; monto a caballo,
llego a Madrid, y la suerte
dejó mi anhelo cumplido; 90
90
pues le hallé restablecido
cuando temía su muerte:
supe al volver de Castilla
que de París te marchaste,
que a Barcelona llegaste, 95
95
y que estabas en Sevilla.
Allí buscarte pensé;
pero pronto desespero;
pues nadie tu paradero
me dice; a Cádiz llegué 100
100
por dicha supe de ti,
y como yo he visitado
esta casa, sin cuidado,
a abrazarte vine aquí.
FERMÍN
Pues la echabas a perder 105
105
de medio a medio.
LUIS
¡Yo!
FERMÍN
Cierto.
LUIS
Hombre me has dejado muerto.
FERMÍN
Oye, que vas a saber
la historia de aqueste enredo.
LUIS
Que me ha de agradar confío. 110
110
FERMÍN
Ve Pedro, busca a mi tío
y avísale.
PEDRO
En todo quedo.

(Vase.)

Escena V

LUIS y FERMÍN. (Se sientan.)

LUIS
¿Y bien?
FERMÍN
Extraño quizá
puede haberte parecido
el verme aquí introducido 115
115
como me ves, y será
más grande tu admiración
cuando sepas lo que pasa,
pues ignoran en la casa
mi nombre y mi condición. 120
120
Sabes que doña María
trató con mi parentela
enlazarme con Adela,
a quien yo no conocía:
viéndome solicitado, 125
125
a sus ruegos me abandono,
que es de gentes de gran tono
boda por razón de estado.
La grande fama de bella
que mi futura tenía, 130
130
despertó en mí la manía
de verla, sin que ni ella
ni nadie en Cádiz supiese
quien era yo, su hermosura
rendir, y que esta aventura 135
135
un nuevo lauro me diese.
Llegué en hora peregrina,
pues apenas dejo el coche
supe como aquella noche
iba al Moisés mi heroína; 140
140
y para gobierno mío,
su palco aprendí también.
LUIS
Bravísima entrada. ¿Y quién
tanto te dijo?
FERMÍN
Mi tío.
LUIS
Es verdad; sigue adelante. 145
145
FERMÍN
Ya estaba alzado el telón
cuando llegué, y la atención
llamo de tanta elegante
que me mira, y me importuna.
Yo, con aire de conquista, 150
150
paso por todas la vista;
mas sin fijarme en ninguna.
Me siento, y a los actores
miro con faz desdeñosa,
como quien dice: no es cosa, 155
155
yo los he oído mejores:
vuelvo la espalda a la escena
fingiendo estar aburrido,
mientras juego distraído
con los sellos y cadena. 160
160
Pongo el guante, limpio el lente,
doy una mano al cabello,
arreglo corbata y cuello,
y a mi Adela ya impaciente
con lánguidos ojos miro; 165
165
se sonríe, y de mi amada
pago una dulce mirada
con un amante suspiro.
Ufana al ver que ha dejado
a sus rivales burladas, 170
170
con un millón de monadas
me muestra que soy amado.
Habla en tanto el anteojo,
señas hago, amor las guía,
y ¡qué dicha!, ya era mía 175
175
en el paso del mar Rojo.
LUIS
¡Jesús, qué admirable paso!
FERMÍN
De mi ventura seguro
todos los medios apuro
para conseguirla, el caso 180
180
cuento por menor al tío,
le digo cual es mi objeto,
exigiéndole el secreto
que a su discreción confío,
y por tal conducto, en fin, 185
185
consigo hacerle visita
y enamorar a Adelita
bajo el nombre de Fermín.
LUIS
Con que al cabo, en ese abismo
caíste ya.
FERMÍN
No señor, 190
190
que amar y hacer el amor
no quieren decir lo mismo.
Sabes que toda mi vida
pensé, como pienso ahora,
que el que a una mujer adora 195
195
de lo que vale se olvida.
Ni aprecio, ni apreciar quiero
a ese sexo fementido,
con el fuerte, envilecido,
con el débil, altanero: 200
200
aman a quien las desprecia,
desprecian al más amante,
la que algo sabe, es pedante,
y es insufrible la necia:
nadie jamás las excede 205
205
en perversidad y engaño,
pues la que no te hace daño
es porque hacerlo no puede.
Te juran amor sin fin,
y esto lo prometen todas, 210
210
mas dura como las modas
hasta el nuevo figurín;
pues en el instante mismo
que hallan quien las haga un gesto
coges el fruto bien presto 215
215
de su innato coquetismo.
Di si con tal opinión
será fácil que las quiera.
LUIS
Es cierto; mas bueno fuera
hacer una distinción. 220
220
Nadie como yo en el mundo
odia a la inmoral coqueta,
mas nadie tanto respeta
a un sexo amable en quien fundo
mi felicidad futura, 225
225
así desplego mi saña
contra la que el brillo empaña
del pudor y la hermosura.
De árbol que el suelo envenena
es provechoso hacer tala, 230
230
y arrancar la yerba mala
es hacer medrar la buena.
No a todas tu errado celo
las juzgue por un igual,
que quien de ellas habla mal 235
235
es como el que escupe al cielo.
Así te juzgo engañado
en lo que de amor infieres;
que hay mujeres de mujeres.
FERMÍN
Cosas del siglo pasado. 240
240
LUIS
Como tu gustes. ¿Mas di?
¿A tu razón no le choca
amor tan pronto y tan poca
reserva en la niña?
FERMÍN
Sí.
Pero a veces un capricho 245
245
en cariño se convierte;
y quizás Adela...
LUIS
Advierte
que no ha un instante, me has dicho,
lo falaz y lo engañoso
que es el afecto en mujer. 250
250
FERMÍN
Mas eso se ha de entender
cuando da con un baboso.
Cuide el hombre no resbale,
que va a dar en un abismo:
dese gran tono a sí mismo 255
255
y pondere lo que vale;
y aunque él no prometa boda,
ni en su conducta sea puro
puede contar por seguro
con verse un día de moda. 260
260
Ni desdenes, ni tibieza
verá en la niña mimada,
ni se armará la taimada
de femenil sutileza:
a la de más alta esfera 265
265
más la desaire y humille,
que no haya miedo que chille
ni su amor propio se hiera;
antes bien su orgullo necio
se vuelve en humilde ardor, 270
270
y lo que no pudo amor
siempre lo puede el desprecio.
Aquesta, Luis, es mi escuela,
y en tanto como he corrido,
ninguna me ha resistido. 275
275
LUIS
Dichoso tú. ¿Pero Adela
nunca llegó a sospechar
quién eras?
FERMÍN
Ni por asomo.
LUIS
Pues es extraño.
FERMÍN
¿Mas cómo
lo pudiera averiguar? 280
280
Dos meses no se han cumplido
desde que a España volví,
y así en Sevilla y aquí
soy de pocos conocido:
y tío, con fundamento 285
285
juzgo que lo ha de callar,
pues que jamás sabe hablar
sino de la mar y el viento.
LUIS
¿Conque sigue en su manía?
FERMÍN
Pero con tal afición 290
290
que su perenne mansión
es la torre de Vigía:
decide en tono maestro
de buques y temporales,
y sabe el plan de señales 295
295
lo mismo que el padre nuestro.
La muralla es su paseo,
el Ciscar es su alcorán,
su testo don Jorge Juan,
y Tofiño su recreo, 300
300
el anteojo es su pasión,
y en aquesa lengua insana
llama porta a la ventana,
y a la puerta, el portalón.
Para él cualquier lienzo es vela, 305
305
es camarote la alcoba,
y en fin, son pajes de escoba
lo chicos de la candela.
De modo que aunque pregunto
no entiendo su algarabía. 310
310
LUIS
Te compadezco a fe mía.
Mas, volvamos a tu asunto.
¿Dime? ¿La buena viuda
cómo piensa?
FERMÍN
No se explica;
mas querrá casar la chica. 315
315
¿Puede en eso caber duda?
LUIS
Pero el compromiso...
FERMÍN
Bravo,
cuando un novio se presenta
madre hay que ajusta la cuenta
al hombre, hasta de un ochavo, 320
320
y el que más tiene, se queda
por ley de mejor postor,
que hay pujas en el amor
como si fuese almoneda.
Los compromisos son grillos 325
325
que ligan en sus deberes
al hombre; mas las mujeres
no reparan en pelillos.
LUIS
¿Y piensas casarte presto?
FERMÍN
No lo sé.
LUIS
¿Pues cómo así? 330
330
FERMÍN
Antes que viniese aquí
ya todo estaba dispuesto:
documentos y retrato
tiene en su poder el tío
hace ya tiempo, aunque fío 335
335
que lo ignoran; así trato
de dar largas con cautela
al dichoso casamiento,
pues este descubrimiento
cosa ha de ser de novela. 340
340
Mas aquí para los dos.
Por lo que me has indicado,
de que estás enamorado
tengo sospecha, y por Dios
que en tu genio lo extrañara. 345
345
LUIS
Pues es cierto.
FERMÍN
¡Estás en ti!
¿Y eres hombre?
LUIS
Creo que sí.
FERMÍN
¿Y amas?
LUIS
La cosa no es rara.
FERMÍN
Por llegarla a conocer
diera un dedo sin reparo. 350
350
LUIS
Lo que es yo, a precio tan caro,
ni a Venus quisiera ver.
Mas, con menos te prometo
que ese empeño has de lograr;
pues el venirla a esperar 355
355
es de mi viaje el objeto.
FERMÍN
¿Conque será prima mía?
LUIS
Así parece.
FERMÍN
¡Qué horror!
¿Te casas?, ¿y con amor?
¡Jesús, y qué gansería! 360
360
LUIS
¡Qué dices!
FERMÍN
¿No ves, Luis,
que ya estás a vulgo oliendo?
¡Cuánta falta le está haciendo
un bañito de París!
LUIS
¿Estás loco?
FERMÍN
Bueno fuera. 365
365
LUIS
¡Qué! ¿Es vergüenza enamorarse?
FERMÍN
No sé; mas si lo es casarse
como se casa un cualquiera.
LUIS
Pues al contrario, yo infiero
que en amor no hay preferencia. 370
370
FERMÍN
¿Y entonces qué diferencia
hay de ti a tu zapatero?
LUIS
¡Qué aqueso a decir te atrevas!,
su amor mi dicha asegura.
FERMÍN
Si en amor buscas ventura 375
375
valiente chasco te llevas.
Busca orgullo, veleidades,
manías e impertinencia,
y ármate bien de paciencia
para escuchar necedades; 380
380
busca insensatez, capricho,
busca vanidad sin seso,
busca en fin mujer, y en eso
cuenta que todo está dicho.
LUIS
¡Qué exagerada manía! 385
385
FERMÍN
Luis, la constancia amorosa,
aunque suena a grande cosa,
sólo es palabra vacía;
y yo, entre tanta mujer,
constante no hallé ninguna. 390
390
LUIS
Culpa a tu propia fortuna
si no supiste escoger.
FERMÍN
Mas si en mi vida tal vi
¿cómo quieres que la crea?
LUIS
Como crees que hay Guinea 395
395
y nunca estuviste allí.

(Llaman.)

FERMÍN
En eso no convenimos.
LUIS
Calla, que llegan por fin.
FERMÍN
No olvides que soy Fermín,
y que ya no somos primos. 400
400

Escena VI

DICHOS, DOÑA MARÍA y ADELA.

FERMÍN
Señoras, tengo el honor...
DOÑA MARÍA
Ferminito, cuanto siento,
que usted... ¡Mas cómo! ¡Luis!
¡Por mi casa tanto bueno!
¿Cuándo ha sido la llegada? 405
405
LUIS
No ha una hora, y el deseo
que de ponerme a sus pies
tenía, me trajo luego
aquí, en donde por mi dicha,
de Fermín tuve el encuentro. 410
410
ADELA
¿Qué, usted conoce al señor?
LUIS
Sí, Adelita, hace ya tiempo.
FERMÍN
Desde antes de mis viajes.
LUIS
Así es.
FERMÍN
¿Y qué tenemos
de males?
LUIS
¿Pues qué, señora, 415
415
hay en casa algún enfermo?
DOÑA MARÍA
En casa no; mas mi tía
Paulita se está muriendo
de revolución de humores
con vómitos y despeños, 420
420
y aunque toma quina, a sacos,
no puede el doctor con ellos.
LUIS
Será ya mujer de edad.
DOÑA MARÍA
Mas no como para eso.
¿Pero usted no la conoce? 425
425
Hombre sí.
LUIS
Pues no me acuerdo.
DOÑA MARÍA
Sí, sí tal.
LUIS
Como usted guste.
DOÑA MARÍA
Es mucha pena por cierto.
ADELA
¡Ay Jesús!, mi pobre tía...

(Llora.)

FERMÍN
¡Qué usted llora!
LUIS
Y es muy bello 430
430
ese llanto, que demuestra
un corazón noble y tierno;
mas no se anticipe usted
a sí misma el sentimiento,
que aunque deba presumirse 435
435
aún no existe como cierto.
FERMÍN
Tiene razón, ¿a qué vienen
esas lágrimas?
DOÑA MARÍA
Luis, tiemblo
de cualquier cosa que ocurre
por mi hija. Es mucho cuento; 440
440
porque como es tan sensible
y como tiene esos nervios,
con solo ver un ratón,
con oír hablar de muertos,
conque un mosquito la pique, 445
445
e cosa así, en el momento
empieza a hacer mil visajes,
contorsiones y aspavientos;
de modo que es menester
darle éter y hacerle fresco, 450
450
sin otras veces, que es fuerza
aplicarle más remedios.
LUIS
¿Y le hacen efecto?
DOÑA MARÍA
Sí.
LUIS
Al cabo siempre es consuelo.
DOÑA MARÍA
Todo en fin está ya dicho, 455
455
con que sepan que tenemos
tres o cuatro convulsiones
el día que matan perros.
ADELA
Es mucha pensión.
LUIS
Sí, mucha.
DOÑA MARÍA
No tiene un instante bueno. 460
460
FERMÍN
¡Oh! Para esto de sensibles
las francesas. En Burdeos
me sucedió una aventura
que prueba a cuantos excesos
su imaginación ardiente 465
465
las arrastra. Este es el hecho.
Estaba yo cierto día
vistiéndome en mi aposento
cuando me pasan recado
de que uno con gran secreto 470
470
me buscaba, le hago entrar,
y sorprendido me quedo
viendo en el tal, un criado
de librea y muy bien puesto.
Le pregunto que me quiere, 475
475
y él, después de cien misterios,
una carta me entregó
y se fue. La abro, la leo;
mas ¡cuál fue mi admiración!,
al encontrar que el sujeto 480
480
que escribía, era una dama
del gran tono en aquel pueblo,
hija de padres muy nobles
y muy ricos; por supuesto
gentes de coches, landó, 485
485
gran mesa, tertulia y juego,
en fin soberbio partido.
Y que a más de todo eso,
era muy bella y tenía
pelo rubio, hermoso cuerpo, 490
490
tocaba el arpa, el piano,
otra porción de instrumentos,
bailaba con mucha gracia,
(el rigodón por supuesto),
todo por este estilo. 495
495
Mas lo extraño del suceso
es que sólo la había visto
dos veces en el paseo;
sí noté me había mirado,
pero nunca hice alto en ello. 500
500
En fin, su esquela decía
que la causa de este yerro
era haberse enamorado
de mí, que creyó primero
poder domar su pasión; 505
505
mas que ya el único medio
era, o mi correspondencia
o la muerte. En tal extremo
le contesté que mirase
por sí misma, que el afecto 510
510
no se manda, y la pedía
renunciase a su proyecto.
LUIS
¡Qué crueldad!
FERMÍN
Luis, yo a nadie
sólo por lástima quiero.
Mas escucha el fin del lance. 515
515
ADELA
¡Podrá darse hombre más necio!

(Aparte.)

FERMÍN
Al cabo de algunos días
supe que del sentimiento
estaba enferma y muy grave;
por más que hicieron remedios, 520
520
por más que de Mompeller
cuatro doctores trajeron;
en fin, por más que gastaron
al cabo de mes y medio
murió la pobre.
LUIS
¡Murió! 525
525
DOÑA MARÍA
¡Hombre!
ADELA
¿Mas cómo?
FERMÍN
Muriendo.
ADELA
Mire usted no fuera engaño.
FERMÍN
Si yo mismo vi el entierro.
LUIS
Dígote Fermín, que en Francia
tienen un modo estupendo 530
530
de querer.
FERMÍN
En todo el norte
suelen morirse de celos
o de amor, con la frecuencia
que por acá morir vemos
todos los días de asma, 535
535
calentura, o mal de pecho.
Allí una mujer se ahorca
o se atraca de veneno
con la frescura del mundo
por lo que aquí importa un bledo. 540
540
¿Cada día no nos cuentan
los papeles extranjeros
cien mil tragedias de amor?
¿Por ventura no sabemos
que en el Támesis y el Sena 545
545
se encuentran cada momento
cadáveres a montones,
víctimas de su despecho?
ADELA
Ay Fermín, no siga usted
que me da horror.
LUIS
Es muy cierto. 550
550
Ya que por dicha de España
aún en moda no se ha puesto
ahogarse en el Guadalete;
y ya que gracias al cielo,
suele ser nuestro amor más 555
555
y nuestra apariencia menos;
no recuerdes infortunios
que a todo corazón tierno
deben contristar.
FERMÍN
Pues sea,
y de otra aventura hablemos. 560
560
Cuando yo estuve en Moscow...
LUIS
¡Jesús María, y qué lejos!
FERMÍN
Hombre calla.

Escena VII

DICHOS y DON JUDAS.

DON JUDAS
Buenos días
señoras.
FERMÍN
Se acabó el cuento.
DON JUDAS
Luis.

(Se abrazan.)

LUIS
Tío.
DON JUDAS
Dame un abrazo. 565
565
LUIS
Sí señor, aunque sean ciento.
DON JUDAS
¡Válgame Dios, mi Luis,
que gordo estás, y que bueno!
A Dios señor don Fermín.
FERMÍN
Don Judas, servidor vuestro. 570
570
LUIS
¿Quién avisó a usted?
DON JUDAS
Perico,
casualmente llegó a tiempo
que estaba parado enfrente
del pabellón de ingenieros
viendo ese buque que entra 575
575
de la Habana.
FERMÍN
(Estamos frescos.)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
¿Ese barco...?
DON JUDAS
Buenos pies,
fino, limpio de aparejo;
¿pero y qué? Si tiene guinda
para un navío lo menos 580
580
de ochenta y cuatro.
FERMÍN
(Ya escampa,

(Aparte.)

nos cayó de medio a medio
la lotería).
DOÑA MARÍA
Don Judas,
si a mí no me importa eso.
DON JUDAS
Es que creí...
DOÑA MARÍA
Mal creído. 585
585
Lo que yo saber deseo
es si trae correspondencia.
DON JUDAS
Sí señora.
DOÑA MARÍA
Porque espero
cartas. ¿Y cómo se llama?
DON JUDAS
El bergantín Fariseo. 590
590
DOÑA MARÍA
¡Jesús, que nombre tan raro!
DON JUDAS
Como otro, ni más ni menos.
Pues señor como decía,
en el instante en que Pedro
se puso a la voz, y supe 595
595
de tu llegada el suceso,
viré al punto por redondo,
y largando el aparejo
atraqué el bote a esta casa
donde por dicha te veo. 600
600
DOÑA MARÍA
¿Pero por qué habla usted siempre
de modo que nos quedemos
en ayunas?
DON JUDAS
¿Yo señora?
¿Pues acaso es esto griego?
ADELA
¿No lo ha de ser? Sí señor; 605
605
vea usted yo que me mareo
de ir al muelle, y del marisco
ni aun sufrir el olor puedo.
DON JUDAS
Pues muchas conozco yo
de estómago tan diverso, 610
610
que en vez de agua de colonia
se echan brea en el pañuelo.
ADELA
¡Ave María!
DON JUDAS
Lo dicho.
¿Mas dime Luis, del Puerto
cuándo saliste?
LUIS
A las doce. 615
615
DON JUDAS
¿Y por mar?
LUIS
Por mar.
DON JUDAS
Mal hecho,
que hoy es el viaje muy largo.
LUIS
Una hora.
DON JUDAS
¡Hombre estás lelo!
Pues si es sur cuarta al sudoeste.
FERMÍN
¿Mas él que entiende de vientos? 620
620
LUIS
Así es.
DON JUDAS
¿Y en qué demonios
has empleado tu tiempo?
¡Vaya que hoy día en España
no hay estudios de provecho!
Y mucha universidad, 625
625
mucho latín, mucho griego,
muchísimas tonterías,
y salen de sus colegios
los jóvenes muy ufanos,
sin saber. ¡Qué!, ni por pienso, 630
630
mandar una maniobra,
ni arreglar un aparejo;
en fin, nada de sustancia.
Y porque vean no miento,
sepan que no ha mucho en Cádiz, 635
635
tuvo valor un sujeto
de ignorar qué era Relinga.
LUIS
Y se quedaría tan fresco.
DOÑA MARÍA
Cállese por Dios, don Judas,
que estoy hasta los cabellos 640
640
de la mar, de los navíos,
y de oír lo que no entiendo.
DON JUDAS
Pues doblemos esa hoja.
¿Mas Adelita, qué es eso?
¿Está usted triste?, ¿qué ocurre? 645
645
ADELA
Para mí, nada de bueno.
DON JUDAS
Me parece que esos ojos...
LUIS
Diga usted más bien lucero,
que aunque hoy los nuble el dolor,
no son así menos bellos. 650
650
ADELA
Aunque la juzgo lisonja,
siendo suya la agradezco.
DON JUDAS
¿Pero por qué don Fermín
está tan a sotavento
de la niña? ¿Hay temporal? 655
655
FERMÍN
Mal humor.
DON JUDAS
Entonces presto
sube el barómetro.
FERMÍN
No,
como a nadie le intereso
nadie busca el complacerme,
mas ello dirá.
ADELA
(¡Qué necio!) 660
660

(Aparte.)

DON JUDAS
¡Ay qué cabeza la mía!
Es verdad: ahora me acuerdo
de que la pobre Paulita
se está yendo a pique. Y esto
que acabo de preguntarle 665
665
a su sobrino don Pedro.
DOÑA MARÍA
¿Y cómo sigue?
DON JUDAS
Muy mal
por las noticias que tengo
ya tiene el práctico a bordo.
Doña María, me temo 670
670
que tire pieza de leva
esta tarde misma.
ADELA
Y eso
será malo. ¿No es verdad?
DON JUDAS
¿Pues cómo puede ser bueno?
ADELA
Es mucha pena.
DON JUDAS
Si tal, 675
675
pero es ya casco muy viejo.
El año de ochenta y dos
la obsequiaba, un tal don Diego
que se ahogó en una flotante,
y a los dos años de esto 680
680
se casó con su marido,
el difunto don Tadeo
de Berrigori y Arratia,
que navegó mucho tiempo
en la nao de Acapulco. 685
685
Era excelente sujeto,
y como buen vizcaíno
testarudo y marinero.
DOÑA MARÍA
Así lo dicen, mas yo
casi nada de él me acuerdo. 690
690
DON JUDAS
¡Cómo! ¿No recuerda usted
(poco sonado fue el cuento)
cuando varó en la Milagros
yendo de aquí a Puerto Belo?
DOÑA MARÍA
No señor.
DON JUDAS
Todas las noches 695
695
jugábamos a los cientos
en casa de un don Hilario,
maestre de la Consuelos,
que vivía, y por más señas
que allí murió, bien me acuerdo, 700
700
medio cable de mi casa;
aquí en la calle del Puerto
en la acera de babor
como quien va hacia paseo;
y él también...
FERMÍN
¿Pero es posible 705
705
que al mismo tema volvemos
treinta mil veces? Don Judas
hable usted por Dios le ruego
de otra cosa.
DON JUDAS
¿Cómo qué?
FERMÍN
De noticias por ejemplo. 710
710
DON JUDAS
¿Pues hombre, yo de qué hablo?
FERMÍN
No es eso lo que yo quiero.
¿Qué nos cuentan las gacetas?
¿Los papeles extranjeros
qué opinan? ¿Qué hay de los turcos? 715
715
DON JUDAS
Yo hace días que no leo
sino el parte de la torre,
y como allí no habla de eso
vengo sólo a sacar de él,
si hay calmazo o viento fresco. 720
720
DOÑA MARÍA
Y ¿usted ha viajado mucho?
DON JUDAS
Así, así. Por ejemplo,
no he estado en Lima, ni en Cuba,
ni en Veracruz, ni tan lejos,
porque nunca se ofreció; 725
725
pero he ido a Rota y al Puerto
y a la Carraca mil veces,
con levante y con mal tiempo,
que yo en esto de la mar
nunca, nunca tuve miedo. 730
730
LUIS
(El tío es original).

(Aparte.)

DON JUDAS
¡Mas cómo se pasa el tiempo!
¡Las tres ya! ¿Vámonos?

(Mirando el reloj.)

LUIS
Vamos.
DON JUDAS
Sí, que ya es hora que levemos
el ancla.

(Se levantan.)

DOÑA MARÍA
Si ustedes gustan... 735
735
DON JUDAS
Por mi parte lo agradezco.
LUIS
Nosotros también.
FERMÍN

(A ADELA a media voz.)

Adela,
sepa usted que no estoy hecho
a esperar a nadie.
ADELA
¿Y cómo
pude yo remediar eso? 740
740
DON JUDAS
Vamos. Fermín.
FERMÍN
Sí señor.
LUIS
(Demos principio al enredo).

(Aparte.)

Quisiera hablar con usted.

(A ADELA.)

¿Será esta tarde buen tiempo?
ADELA
Juzgo que sí.

(A LUIS.)

DON JUDAS
Hasta la noche. 745
745
FERMÍN
Señoras...
LUIS
A los pies vuestros.
DOÑA MARÍA
Luisito que usted descanse.
A Dios Fermín.
ADELA
Hasta luego.

Escena VIII

DOÑA MARÍA y ADELA.

DOÑA MARÍA
¡Qué formal es este Luis!
¡Qué juicio! ¡Qué buen talento! 750
750
ADELA
Sí señora, cada día
es más amable.
DOÑA MARÍA
¡Y qué bello
corazón! ¡Y qué caudal!
¡Qué mayorazgo tan bueno!
Vaya, cualquier madre en Cádiz 755
755
le tomará para yerno
a dos manos.
ADELA
Ya se ve.
DOÑA MARÍA
Y como hoy día está el tiempo
que con tantos camastrones
no hay novios para un remedio. 760
760
En fin, tú ya estás segura
de casarte, y sea luego
lo que Dios quiera. El asunto
hecho está; pero confieso
que tengo tan poca fe 765
765
aún en las cosas que veo
y toco, que no es posible
confíe en gentes de lejos.
Él podrá ser buen muchacho.
Podrá ser rico; mas esto 770
770
de no ver yo lo que tiene
es un gran desasosiego.
Y después como en mi vida
he estado por tierra adentro,
sólo sé contar talegas, 775
775
no aranzadas ni viñedos.
¿Ni qué puedo entender yo
del cortijo, del apero,
del olivar, de las reses,
y otras mil cosas? ¿Y luego 780
780
quién resiste con paciencia
a su lado un llanto eterno?
Lloran, cuando llueve mucho.
Lloran si está el tiempo seco,
y se quejan del gorgojo, 785
785
y se lastiman del muermo.
Además, entre estas gentes,
se está siempre con el credo,
como dicen, en la boca;
pues cuando se espera menos 790
790
el granizo o la langosta
le dejan al novio en cueros.
ADELA
Es verdad, mamá, y después
que aún ignoramos su genio,
ni cómo piensa, si es hábil, 795
795
si es tonto, bonito o feo.
En fin, estamos a ciegas
todavía.
DOÑA MARÍA
Pues por eso
quisiera yo que si acaso
se presentase un sujeto 800
800
que nos tuviese más cuenta...
Es decir, que fuera bueno
dejar que ruede la bola
mas, sin descubrir el cuerpo.
Ya ves tú. ¿Yo qué interés 805
805
pudiera tener en ello
sino tu felicidad?
¡Con qué gusto, por ejemplo,
viera yo a tu lado un joven
como Luis! ¿Y qué sabemos? 810
810
Él es hombre, y es seguro
que los novios se hacen de ellos.
ADELA
Mas tal vez no piensa en mí.
DOÑA MARÍA
Podrá ser: pero yo tengo
acá mi sospecha, y juzgo 815
815
que acaso no está muy lejos
de caer. En todo trance
y a mal dar, siempre tenemos
el recurso del de allá,
que aunque sea un majadero 820
820
al fin se casa.
ADELA
Seguro.
DOÑA MARÍA
Ese es el ítem del pleito.
Fermín creí yo algún día
que valiera para yerno;
pero es tan vano el muchacho, 825
825
tan presumido en extremo,
que a falta de otro mejor
solamente fuera bueno.
ADELA
Sí señora, es muy preciado
de sí mismo.
DOÑA MARÍA
Pues, volviendo 830
830
a Luis, sabes que fuera
un brillante casamiento
para cualquiera muchacha.
Su casa es de caballeros,
de sangre azul, es maestrante, 835
835
y por el lado materno
tiene una vara en Osuna.
Mas no pretendo por esto
que el ser noble sea lo más,
y el ser rico sea lo menos, 840
840
antes bien, para escoger,
a lo segundo me atengo,
que ni nadie aplaca el hambre
con lo que comió su abuelo,
ni nunca una ejecutoria 845
845
dio caldo a ningún puchero.
ADELA
Pero aquí hay de todo.
DOÑA MARÍA
Sí,
en eso mismo convengo;
él tiene sus posesiones,
y aunque hoy, con los malos tiempos, 850
850
anda el oro por las nubes
y la gente por los suelos,
su caudal está muy sano,
ni hay deudas, ni tiene pleitos,
ni goteras en sus casas, 855
855
ni ha tornado un real a premio;
paga sus contribuciones
y satisface los censos,
y después...
ADELA
¿Pero mamá,
de dónde sabe usted eso? 860
860
DOÑA MARÍA
Toma, de que lo pregunto.
ADELA
¿Mas señora, y con qué objeto?
DOÑA MARÍA
Con varios. Primeramente,
por el gusto de saberlo,
que en ser curiosa, no hago 865
865
más que demostrar mi sexo:
y después porque interesa
conocer bien el terreno
que se pisa, y esto siempre
hace mucho al caso. Tengo 870
870
una hija: los partidos
ni son muchos, ni son buenos:
hay maulas en abundancia,
hay muchísimo embustero,
y no es un moco de pavo 875
875
el casarse. Este es el cuento.
Porque hay mucha diferencia
de andar, como dice el pueblo,
siempre a la cuarta pregunta;
a gastar lujo, aderezos, 880
880
palco, trajes, figurines,
en fin, a tener dinero,
que es quien hace el caldo gordo,
y es moda de todo tiempo.
Aquesto es lo que interesa, 885
885
y de figura no hablemos,
porque hija, el no tener,
al mismo Apolo hace feo.

Escena IX

INÉS
Señoras, si ustedes gustan.
Ya está la sopa.
DOÑA MARÍA
Me alegro; 890
890
porque con la enfermedad
llevo una vida de perros:
vean ustedes, hoy es martes
y aún no he empezado el correo.
ADELA
Cualquiera que a usted la oyese 895
895
juzgara, con fundamento,
que era acaso algún ministro.
DOÑA MARÍA
Pues son cuatro letras; pero
como tengo ya mal pulso,
hago letrones tan feos, 900
900
que en entender lo que escribo
se me va lo más del tiempo.
Ya hasta después de la siesta
¿quién ha de escribir? Por eso
me llamarás hoy temprano. 905
905
¿Entiendes, Inés?
INÉS
Entiendo.
DOÑA MARÍA
Vamos, niña.

(Vase.)

Escena X

ADELA e INÉS.

ADELA
Oye. Después
tengo que hablarte en secreto
sobre un asunto.
INÉS
¿Hay acaso
en campaña moro nuevo? 910
910
ADELA
Juzgo que sí.
INÉS
¿Pues, y el otro?
ADELA
Para todo hay su remedio
en este mundo. A la tarde
te instruiré de mi proyecto,
y contando con tu auxilio, 915
915
grandes cosas me prometo.
INÉS
Cuente usted conmigo siempre,
que soy criada, y con esto
digo todo.
ADELA
Está entendido.
¿Vamos?

(Vase.)

INÉS
Vamos. (¡Cuánto enredo!) 920
920
(No sé quienes son peores,
si son ellas o son ellos.)

Acto segundo

Escena I

ADELA e INÉS.

ADELA
¿Inés, aún duerme mamá?
INÉS
Señorita, la he llamado
pero no se ha levantado.
ADELA
Pues entonces tardará
en venir. Sabes que hoy tiene 5
5
correo, que en ella es obra,
y así habrá tiempo de sobra
para hablar lo que conviene.
En fin, con ansia deseo
hacerte una confianza. 10
10
INÉS
Hágala usted sin tardanza,
que yo sé cual es mi empleo
en estas cosas de amores,
y a Dios gracias, hasta aquí
sabe usted bien que cumplí 15
15
con mis deberes.
ADELA
Favores
que me forzarán, Inés,
a expresarme sin disfraz,
aunque no fueses capaz
de ayudarme. Óyeme pues. 20
20
Difícil fuera en verdad
que pudiese mi experiencia
trocar de amor la apariencia
con la pura realidad.
Así juzgo no me engaño 25
25
en una nueva conquista
que hoy día tengo a la vista.
INÉS
¡Señorita!
ADELA
¿Y es extraño?
INÉS
¿Mas quién?
ADELA
Luis.
INÉS
Para bien sea.
ADELA
Es amable, es instruido, 30
30
buen amante y buen partido.
INÉS
Yo tengo diversa idea,
y en los negocios de amor
quiero, más que un sabio, un tonto;
porque la pega más pronto 35
35
el que parece mejor.
ADELA
Aquesta Inés es patraña
que a una mujer no disculpa,
pues echa al hombre la culpa
cuando a sí propia se engaña. 40
40
Tema en buen hora la necia
la ficción que en hombres cabe,
mas la que su idioma sabe
los escucha y los desprecia.
Fínjase un amante, esclavo; 45
45
vano será su mentir,
que aunque ellos saben fingir,
no es ese león tan bravo.
Y no merece aun el nombre
de mujer, ni tal se crea, 50
50
la que en el mundo se vea
engañada por un hombre.
Dionos la naturaleza
mil dones en esta parte,
gracia, atractivos, arte, 55
55
el talento y la belleza.
Dionos la aparente infancia
que nuestro imperio asegura,
y en el amor, la ternura
a la par que la inconstancia; 60
60
nos dio impune libertad
de castigar, sin ofensa,
y puso nuestra defensa
en nuestra debilidad.
Y queriendo a tal poder 65
65
dar por fin su complemento,
nos dio también fingimiento,
primer don de la mujer.
Con las armas que te muestro
de esos tontos no te asombres. 70
70
INÉS
Pero no todos los hombres
se dejan llevar del diestro.
Algunos conozco yo
que no los puede domar
ni el diablo.
ADELA
Es particular: 75
75
sin duda poco aprendió
su dama; pues el amante
más altivo, y de manías
más raras, en pocos días
se hace más blando que un guante. 80
80
INÉS
¿Mas cómo?
ADELA
Muy fácilmente.
Muestre al verse pretendida
cierta timidez fingida,
cierta modestia aparente.
Hable poco, que es muy sabio 85
85
el silencio en la mujer,
y para darse a entender
donde hay ojos sobra el labio.
Su mirar lánguido, amante,
consulte con el espejo, 90
90
y en él hallará consejo
para hacerse interesante.
Ceda pronto, sin temor
de atraerse sus desprecios;
pues son los hombres tan necios, 95
95
tan vanos, que ven amor
donde no ven repugnancia,
y en sus castillos al aire,
a veces, hasta un desaire
lo convierten en sustancia. 100
100
Así finja sin cuidado,
segura de ser creída,
una afición decidida,
un amor desatinado;
pues aunque cualquiera extraña 105
105
pasión que tan presto llega,
el amor propio los ciega,
y el orgullo los engaña.
Finja salud quebrantada,
que es bueno en toda ocasión 110
110
tener siempre a prevención
una enfermedad guardada.
Ni jamás una mujer
por aqueste extremo peca,
antes bien una jaqueca 115
115
suele milagros hacer.
No se muestre a su amador
con aire desaliñado,
pues el corsé y el peinado,
son alimentos de amor; 120
120
y si a interesar aspira,
no olvide es cosa probada
que ni aun la verdad agrada
sino parece mentira.
En fin, cuando entre en su idea 125
125
mudar de objeto y de plan,
no cuide del que dirán,
antes bien el modo vea
de dar al asunto un corte,
y al presentarse un segundo, 130
130
con la frescura del mundo
se da al otro pasaporte.
Con estos datos presentes
podrás numerar sin penas
las conquistas por docenas, 135
135
por cientos los pretendientes:
y dejemos que hable el necio
y que coquetas nos llame;
pues por más que al cielo clame
sólo halla mofa y desprecio. 140
140
Esta es mi opinión, Inés,
y con ella bien me va.
INÉS
Señorita, así será;
mas ¿y si ocurre después
no poder en la ocasión 145
145
mostrar esa maestría?
ADELA
¿Pues qué mujer en el día
no finge una convulsión?
¿Quién de colores no muda
cuando el caso lo requiere? 150
150
¿Quién no llora cuando quiere?
Y en fin, ¿quién de un arte duda
que tantos triunfos ofrece
a la que sabe fingir?
INÉS
Yo no dudo: esto es decir 155
155
sólo lo que me parece.
Pero sepamos en fin
ese plan que usted idea.
¿Engañar a ambos desea,
o dejar a don Fermín? 160
160
ADELA
Hasta ahora sólo quiero,
si Luis me ofrece su fe,
dar a sus proyectos pie
por varias causas. Primero,
por vengar mi propio ultraje, 165
165
y dando a ese tonto celos,
que ponga el grito en los cielos
de vergüenza y de coraje.
Y después porque hace días
que sigo este galanteo, 170
170
y a fe mía ya deseo
dar al diablo las manías
de aqueste fatuo importuno.
A más que prestigio y fama
pierde en el mundo una dama 175
175
si la ven un mes con uno.
INÉS
¡Un mes! ¡Vaya! Dame risa.
¿Y es tanto tiempo?
ADELA
No hay duda.
En el día Inés se muda
de amor como de camisa. 180
180
INÉS
¿Y usted le amará?
ADELA
¡Quién! ¡Yo!
Ni amé ni amar nunca espero;
pues aunque finjo que quiero,
lo que es querer, eso no.
Busque amorosa cadena 185
185
la necia o la confiada:
mientras yo que escarmentada
estoy en cabeza ajena
los detesto.
INÉS
¡Guarda Pablo!
ADELA
Nada he dicho que te asombre. 190
190
INÉS
¿Pero por qué?
ADELA
Porque un hombre
es, en miniatura un diablo.
Esa aparente virtud,
esa honradez que pretende,
son redes que astuto tiende 195
195
a la incauta juventud.
No escrupuliza el malvado
de engañar y de fingir,
pues entre ellos el mentir
ni aún se tiene por pecado, 200
200
y como también hoy día
en el cariño hay sus modas,
el no enamorar a todas
lo juzgan descortesía.
INÉS
¿Mas no hay muchos que dan palo 205
205
y se casan?
ADELA
En amor
casarse no es lo mejor,
sólo sí es lo menos malo.
Quien el matrimonio abraza,
prepare resignación, 210
210
no sea que por melón
se encuentre con calabaza.
INÉS
Pues volviendo al nuevo amante,
a don Luis, saber deseo
que he de hacer, cual es mi empleo. 215
215
ADELA
A eso voy. Oye un instante.
Puesto que en la misma casa
viven los tres, he juzgado
que Perico, ese criado
de don Judas, cuanto pasa 220
220
ha de saber, y conviene
ponerle de nuestra parte
con el disimulo y arte
propios de quien naguas tiene.
Sonsácale, mas de modo 225
225
que nada llegue a entender.
INÉS
Tal encargo a una mujer
es ocioso. Quedo en todo,
pues, aunque gran marrullero,
es criado, y como tal 230
230
en tratando de hablar mal
que se desemboce infiero.
Mas suspendamos la junta

(Mira a la puerta.)

que es don Luis.
ADELA
Ya lo sé.
INÉS
¿Señorita, y yo qué haré? 235
235
¿Me voy?
ADELA
¿Pues quién tal pregunta?

(Vase INÉS.)

Escena II

ADELA y LUIS. (Siéntase ADELA.)

LUIS
Adela a los pies de usted.
¿Cómo va? ¿Se han serenado
ya esos ojos?
ADELA
No señor.
LUIS
Mas el afligirse tanto 240
240
repare es perjudicial
a su salud.
ADELA
Ni un bocado
he podido probar hoy.
Hasta el agua me hace daño
en teniendo yo un pesar. 245
245
INÉS
¿Por qué no se acuesta un rato
y duerme?
ADELA
Tal pretendí;
pero no pude lograrlo
por más que hice. En este mundo
a nadie faltan cuidados, 250
250
y más a quien por desgracia,
es sensible.
LUIS
(Para el diablo
que se fiara de ti) .

(Aparte.)

Yo juzgo muy al contrario
incomparable fortuna, 255
255
poseer en alto grado
aquese don, que del bruto
distingue al género humano.
Si en la sensibilidad
tal vez pesares hallamos, 260
260
si ella de nuestras pasiones
es el poderoso lazo;
también por ella existimos,
también por ella gozamos,
y en fin, sin ella el amor 265
265
fuera sólo un nombre vano.
ADELA
¡Ah!
LUIS
¡Qué es esto! ¿Usted suspira
al nombre de amor? ¿Acaso
conoció usted su poder?
¡Ay bella Adelita! Cuantos 270
270
recelos ese suspiro,
despierta en mí. Mas si un lazo
anterior vuestra alma liga:
si su corazón más grato
fue a la llama de otro amante; 275
275
no lo ignore yo. Abrumado
de pesares, de tristezas,
aún puede tal vez la mano
del tiempo y la reflexión
curar la llaga, que el dardo 280
280
del amor abrió en mi pecho
mas si cediendo al encanto
de tantas gracias, yo mismo
doy alimento a mi daño:
si una esperanza fomento 285
285
de bienes imaginarios
que sólo fingen los sueños
de una pasión ¡cuán en vano
arrancar querré algún día
de mi corazón, el caro 290
290
objeto de mis suspiros!
¡Qué momentos tan amargos
envenenarán mi vida!
¡Cuántos pesares! ¡Y en tanto
otro más feliz disfruta 295
295
de ese cariño! ¡Y yo acaso
podré verlo sin morir!
ADELA
¡Ay Dios, Luis! ¡Qué alterado
está usted! ¡Pero yo... cómo!
¿Será posible?
LUIS
Sí. En vano 300
300
tan doloroso secreto
quiere ya ocultar mi labio.
Harto disimular pudo.
Harto tiempo mis quebrantos,
mis celos, mis sinsabores 305
305
supe devorar callando.
Sí adorable y bella Adela,
no lo dude usted, yo la amo,
y este amor, que eternamente
debiera estar encerrado 310
310
dentro de mí, ya en su furia
rompió del deber los lazos.
No ignoro los compromisos
que la ligan a un cercano
pariente, y por consecuencia 315
315
sé que amándola a usted falto
a mis deberes; he aquí
de este silencio que extraño
puede parecer la causa.
Mas fuego mal apagado 320
320
basta a encenderle una chispa.
Así fue en efecto; el rayo
que vuestros divinos ojos
hoy a mi pecho lanzaron
me hizo ver que amor y celos 325
325
reprimirlos es en vano.
Usted tan solo, a mí mismo
me volverá, un desengaño
sea a mis males remedio
cruel, pero necesario. 330
330
¿Ni aun de tal favor soy digno?

(Silencio.)

¿Cuál mi falta fue?
ADELA
¡Ah! Si en algo
aprecia usted con efecto
a esta Adela, no el quebranto,
no el pesar, con sus palabras 335
335
siembre en su pecho angustiado.
No, sin oír, la condene;
y pues este involuntario
accidente, de mi afecto
os dio ya indicios tan claros, 340
340
oiga usted todo. Mas antes
le exijo como hombre honrado
y caballero el secreto
de esta confianza.
LUIS
¿Acaso
pudiera negarme a ello? 345
345
Sí, hermosa joven, por cuanto
más en este mundo aprecio
os prometo que guardado
siempre estará.
ADELA
Bien lo creo.
(Ya cayó este pez, finjamos). 350
350

(Aparte.)

LUIS
(Para ser la vez primera
no miento de lo más malo).

(Aparte.)

ADELA
En vano los grillos
de la autoridad
a un amante pecho 355
355
quieren sujetar.
En vano lo intentan,
que la voluntad
cuanto más ligada
más se muestra audaz. 360
360
Ni halagos, ni iras
consiguen jamás
que ceda o que tiemble
la que sabe amar.
Aquesto os recuerdo 365
365
porque, si en mi mal,
a un forzado lazo
consentí, no habrá
poder en la tierra
que un nudo fatal 370
370
hoy aborrecido,
me fuerce a aceptar.
¿Ni cómo dar puedo
un alma que ya
es de quien la supo 375
375
mejor conquistar?
Bien sé que una dama
no debe mostrar
su inocente afecto,
su amoroso afán; 380
380
mas cuando a mi cuello
se acerca el dogal
que a eterno martirio
me ha de sujetar,
de vanos respetos 385
385
no es el tiempo ya.
Perdonad si acaso
fui ingenua demás,
pues cuando mis penas
os llegó a fiar 390
390
no sé si hago bien
ni sé si hago mal.
LUIS
¿Con qué no es amado?
ADELA
No, ni lo será
Luis, yo os lo aseguro. 395
395
En mí confiad
pues yo en vos confío;
la tranquilidad
vuelva a nuestro pecho,
y... ¿Qué queréis más? 400
400
LUIS
¿Me engañáis, mi Adela?
ADELA
¿Podéis aún dudar?
LUIS
Sí, que siempre duda
quien ama.
ADELA
Es verdad,
mas ahora no hay causa. 405
405
LUIS
¿Y en fin, osará
prometerse el alma
remedio a su mal?
¿O tal vez (¡qué dicha!)
al fuego voraz 410
410
que mi pecho abrasa
no insensible es ya
mi adorada Adela?
¿Qué decís? Hablad.
ADELA
¿No hablaron mis ojos? 415
415
¿A qué exigir más?
LUIS
¿Seré pues dichoso?
ADELA
Sí, que pues callar
el alma no supo,
en vano será 420
420
que rehúse el labio
descubrir mi mal.
LUIS
¿Y me amaréis siempre?
ADELA
Eterno será
mi afecto.
LUIS
¿De veras? 425
425
ADELA
No engañé jamás.

Escena III

DICHOS y FERMÍN.

FERMÍN
¡Caramba! ¡Qué es lo que veo!

(Aparte, sorprendido.)

ADELA
. Don Fermín...
FERMÍN
¡Válgame Dios!

(Aparte.)

ADELA
¿Si habrá oído...?

(A LUIS.)

LUIS
¿No lo creo?

(A ADELA.)

ADELA
¿Qué tenéis, saber deseo? 430
430

(A FERMÍN.)

FERMÍN
(Y estaban solos los dos.)

(Aparte.)

LUIS
¿Estás mudo?
ADELA
(Ya dio lumbre.)

(Aparte.)

FERMÍN
Me duele algo la cabeza.
ADELA
¿Es alguna pesadumbre?
FERMÍN
Jamás tuve por costumbre 435
435
dar mérito s una simpleza.
ADELA
¿A una simpleza?
FERMÍN
Sí, a fe.
ADELA
Difícil es lo comprenda.
LUIS
(Que está picado se ve.)

(Aparte.)

FERMÍN
Pues lo que me dijo sé, 440
440
y entiéndame quien me entienda.
ADELA
Vamos, en lo impertinente
bien se echa de ver su mal;
pero advierta que es prudente
no tomar mucho relente; 445
445
porque el tiempo está fatal.
FERMÍN
¿Es consejo?
ADELA
No, conseja.
FERMÍN
Ya pasé yo de esa edad.
LUIS
(De divertirme no deja.)

(Aparte.)

ADELA
Nunca una persona es vieja 450
450
para escuchar la verdad.
¿En fin, qué es lo que ha pasado?
¿No logró usted sus deseos?
FERMÍN
Jamás me vi despreciado.
ADELA
¿O acaso ha resucitado 455
455
la que se murió en Burdeos?
FERMÍN
Eso es mi veracidad
poner en duda.
ADELA
No alcanza
a tanto mi necedad;
mas juzgué que la amistad 460
460
es disculpa de una chanza.

Escena IV

DICHOS y DOÑA MARÍA.

DOÑA MARÍA
Señores...
LUIS
A vuestros pies
señora.
FERMÍN
Lo mismo digo.
DOÑA MARÍA
¡Hola! ¿Don Luis, qué es esto?
¿Cómo tan favorecidos 465
465
nos tiene usted?
LUIS
Al contrario,
yo soy quien me juzgo indigno
de los favores que siempre
me dispensó su cariño.
DOÑA MARÍA
Bien sabe usted que le quiero 470
470
como si fuese hijo mío.
LUIS
Mil gracias.
FERMÍN
(Miren también
la buena señora.)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Amigo,
las noticias de mi enferma
son fatales: ahora mismo 475
475
me han enviado a decir
que la dan sudores fríos,
y unos dolores de flato
que la tienen en un grito.
LUIS
¡Pobre señora!
DOÑA MARÍA
Y que un mal 480
480
es siempre mucho extravío
para una casa. Parece
que no es nada el sinapismo,
la cataplasma, el reparo
con la triaca y el vino, 485
485
y el puchero que se rompe;
pues siempre hace desavío,
aunque lo haya, sin contar
la mujer siempre al lebrillo
para aquello que se empuerca, 490
490
y la ayuda, y... pues no digo
nada de las medicinas.
No pondero, mas sí afirmo
que en la tal enfermedad
se han gastado, y no me admiro, 495
495
más pesos en el ruibarbo
que minutos tiene un siglo.
LUIS
¡Jesús señora!
DOÑA MARÍA
Si es mucho
lo que ha tomado ese pico.
FERMÍN
(¡Que charlar!)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Vamos Adela, 500
500
avíate, que es preciso
ir allá al momento.
ADELA
Voy.
DOÑA MARÍA
No te mudes de vestido,
sino ponte la mantilla
de cualquier modo.
ADELA
¿Y los rizos 505
505
he de arreglarlos?
DOÑA MARÍA
¿A qué?
ADELA
Como están ya tan caídos.
DOÑA MARÍA
Para la gente que habrá.
Oye, di a Inés, que yo digo

(Va y vuelve ADELA.)

que venga acá.
ADELA
Está muy bien. 510
510
DOÑA MARÍA
Ah, di también...

(ADELA va y vuelve.)

ADELA
¿Qué?
DOÑA MARÍA
De frío
yo no sé como estaremos.
ADELA
Ni yo.
DOÑA MARÍA
Y luego paso el signo
con la tirantez de cuerdas
si a la vuelta no me abrigo. 515
515
¿Llevaré la papalina
o el pañolón de merino?
ADELA
Lo que usted guste.
DOÑA MARÍA
Pues bien,
entonces di...
ADELA
¿Y bien que digo?
DOÑA MARÍA
¿Que sé yo?
FERMÍN
(¡Qué pesadez!) 520
520

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Lo que quieras, ya está dicho.
FERMÍN
(Quien pudiera echarte encima
una rueda de molino.)

(Aparte.)

Escena V

DICHOS menos ADELA.

DOÑA MARÍA
Es mucha alhaja esta niña.
¡Qué alma tan bella! ¡Y qué lindo 525
525
corazón! Bien sabe Dios
que lloro como un chiquillo
cuando pienso que algún día
tal vez deje el lado mío.
En fin, lo que yo deseo 530
530
es que encuentre un buen marido
como ella, por ejemplo,
que él será feliz. ¿No digo
bien?
LUIS
¿Quién lo duda? Adelita
es un ángel, un hechizo. 535
535
DOÑA MARÍA
Yo aunque al fin es cosa propia,
y me está mal el decirlo,
con usted nada aventuro,
es joven de mucho juicio
y será muy buena esposa. 540
540
Bien sé que no es gran partido
porque es pobre; mas quien piensa
como debe, en su cariño
busca sólo la virtud.
¿No es esto verdad?
LUIS
Lo mismo 545
545
juzgo yo, ni más ni menos.
FERMÍN
(¡Vaya, que estoy divertido!
¡Que culebra es la mamá!)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Justamente es lo que digo
yo. Aun cuando por otra parte, 550
550
también hay mérito mío.
Yo le di una educación
como dan a pocos hijos
sus padres. Ella de lenguas,
ella de cortar vestidos, 555
555
pone la pluma muy bien,
ella peinar, hacer rizos,
y también alguna cosa
de pespunte y dobladillo,
porque quise que hasta de eso 560
560
aprendiera. Es el avío
de cualquiera casa.
FERMÍN
¡Oh!, para eso
en Francia; allí hasta los niños
de ocho y de diez años saben
más que aquí a los veinte y cinco. 565
565
Pero; pues se habla de damas.
¡Qué educación! ¡Qué distintos
talentos de los de acá!
Eso es público y sabido.
Mujer hay allí a los quince 570
570
que ha compuesto siete libros
de novelas, que es su fuerte:
y no que aquí, un sobrescrito
apenas saben poner,
o una carta de amoríos 575
575
llena de muchos chapones,
letras a saltos y brincos,
sin chispa de ortografía,
con los renglones torcidos,
y una sarta de dislates 580
580
que, vaya, si yo me admiro
como hay tonto que las lea.
Así me dan tal fastidio.
Pero, volviendo al asunto,
a la prueba me remito 585
585
de mí propio. Yo llegué
a París, hecho un borrico,
como crían tierra adentro,
los más de los señoritos:
mi capa, mi calañés, 590
590
la chamarra, el cigarrillo,
el aparejo de campo
y apestando a ajos y a vino;
y en trece meses que estuve
largué la cascara, amigo, 595
595
de tal modo, que aún por fuera
ya ves si huelo a cortijo.
Es verdad que nunca quise
meterme en los laberintos
de academias y liceos, 600
600
porque esos son muchos líos;
pero aunque yo, por ejemplo,
física no haya aprendido,
sé bailar el rigodón.
LUIS
Que para el caso es lo mismo. 605
605
FERMÍN
Lo es, en cuanto al aprender.
Y a más tengo aquel bañito
que...

Escena VI

DICHOS, ADELA e INÉS (Con el pañolón.)

ADELA
Mamá, cuando usted guste
vamos.
INÉS
Señora, me han dicho
que usted me llamaba.
DOÑA MARÍA
Sí. 610
610
Ve luego al tocador mío,
y en el cajón, de esta mano
encontrarás un frasquito
de agua de olor, no hagas caso,
pero en aquel lado mismo 615
615
hacia el rincón, junto al peine,
está la carta que he escrito
esta tarde. Haz que la lleven
al correo. ¿Lo has oído?
INÉS
Sí señora.
DOÑA MARÍA
¿Conque estás? 620
620
INÉS
Sí señora.
DOÑA MARÍA
Oye. Y si el tío
de don Luis viene (don Judas)
le dirás que hemos salido
con precisión, y que así
por hoy, perdone el tresillo. 625
625
¿Lo entiendes?
INÉS
Sí señora.
DOÑA MARÍA
Cuidado que no haya olvido.
LUIS
Señoras, si ustedes gustan
iremos favorecidos
con su compañía.
DOÑA MARÍA
Sí, 630
630
con gran placer lo admitimos.

(FERMÍN va a dar el brazo a ADELA.)

Fermín, déme usted el brazo,
porque estos callos malditos
me matan.
FERMÍN
¡Yo...! Bien señora.

(Le da el brazo.)

LUIS
Pues la suerte lo ha querido, 635
635
tendré el honor.

(A ADELA.)

ADELA
Soy la honrada.

(Le da el brazo.)

LUIS
Mil gracias.
FERMÍN
(Pues es bonito
el papel que voy haciendo.

(Aparte.)

Por vida de...)
DOÑA MARÍA
Inés, repito
que no abras a nadie.
INÉS
Bien. 640
640
DOÑA MARÍA
Si llaman, por el postigo
pregunta quien es.
INÉS
Ya estoy.
(Jesús, y que tabardillo.)

(Aparte.)

FERMÍN
(¡Yo con madres, santos cielos!)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Con que a Dios. Lo dicho, dicho. 645
645

(Vanse.)

INÉS
Bien lo entiendo.

Escena VII

INÉS
Pues, señor,
veremos del laberinto
quien sale. Mi señorita
gusta tanto de esos líos
de amores, que ciertamente 650
650
ha de ser hombre corrido
quien le ponga la ceniza
en la frente. Yo me admiro
de ver que hay hombres tan necios,
tan fatuos, que cuando han visto 655
655
tanto desengaño ajeno
se presten a que lo mismo
les suceda, ya se ve,
ese orgullo es tan maldito.
¿Pero quién me mete a mí 660
660
en eso. ¿Qué beneficio
me puede a mí resultar
de que quien no es novio mío
sea bueno, o sea malo,
sea tonto o advertido, 665
665
tenga dinero o no tenga?
Pues si nada gano, digo
que en nada quiero mezclarme.
Gracias a Dios, nunca he sido
curiosa, aunque soy mujer, 670
670
ni se me da tres cominos
de lo que hacen los demás;
y así aunque venga Perico
no le abriré, y de este modo
me ahorro de enredos. ¿No he dicho 675
675
bien? Ya se ve, que en la renta
del escusado es delirio
meterse. ¿Pero quién llama?

(Llaman.)

¿Será Pedro? Pues, el mismo.

(Se asoma.)

¿Le abriré o no le abriré?... 680
680
¡Qué tentación!... Y ya ha un siglo
que no me cuenta los chismes
de su casa y los vecinos...
Es verdad que no me importan;
mas saber no ocupa sitio... 685
685
y luego mi señorita
me encargó tanto... Hase visto

(Llaman.)

prisa tal... Yo voy a abrir
y échense a la mar pelillos.

(Va a abrir.)

Escena VIII

INÉS y PEDRO.

PEDRO
¡Jesús mujer!, ¿dónde estabas 690
690
que me tienes hace un siglo
echando la puerta abajo?
INÉS
Los criados han nacido
para esperar.
PEDRO
Ciertamente;
y no fuera bien visto 695
695
que una dama como tú
abandonase el lebrillo
o la sartén, para abrir
a los que llaman ¿No digo
bien?
INÉS
Y también. Mas no creas 700
700
que es todo oro, Perico,
lo que en el mundo reluce.
Por ejemplo, ambos servimos,
que parece condición
perversa, y aunque no digo 705
705
yo que es buena, no es mejor
la de muchos que podridos
están de pesos. No falta
el pan, estamos vestidos,
gozarnos la confianza 710
710
de uno y otro señorito,
y sabemos sus secretos,
y somos sus...
PEDRO
Desatinos.
¿Soy yo acaso como tú?
INÉS
Vamos, Pedro, que conmigo 715
715
es en vano hacerse pieza.
Deja esos escrupulillos,
que entre gentes cual nosotros
no deben ser permitidos,
y cuéntame de tu casa 720
720
la novedad. ¿A qué ha sido
el no esperado viaje
a esta ciudad del sobrino
de tu amo?
PEDRO
¿Y yo qué sé?
INÉS
¿No lo has de saber?
PEDRO
Te digo, 725
725

(Dudando.)

que...
INÉS
Vaya deja simplezas.
¿Acaso tienes motivo
de desconfiar de mí?
PEDRO
Yo no, mas luego...
INÉS
(Ya es mio).

(Aparte.)

PEDRO
Como que hasta las paredes 730
730
a veces tienen oídos...
INÉS
No temas.
PEDRO
¿Estamos solos?

(Registrando.)

INÉS
¿También esa? Sí, Perico.
Habla por Dios o reviento.
PEDRO
Ya tú sabes que ha venido 735
735

(Con misterio.)

mi amo.
INÉS
Lo sé. Adelante.
PEDRO
Y, o me engaño, o el motivo
de su viaje, es asunto
de grande entidad.
INÉS
Lo mismo
pienso yo, ni más ni menos. 740
740
PEDRO
Pues.
INÉS
¿Pero cuál? Vamos, dilo.
PEDRO
Eso es lo que yo no sé.
INÉS
Pues hombre estamos lucidos.
PEDRO
De modo es y de manera
que si hoy no lo sé; no afirmo 745
745
yo que mañana...
INÉS
Pues eso
es lo que importa. Advertido
ya de todo, será fácil
aprovechar un descuido
de don Luis. Un criado 750
750
de confianza; a su arbitrio
tiene las llaves del amo,
y en haciéndole un registro,
y en leyendo cuatro cartas,
cátate al punto instruido 755
755
de todo. ¿No será mengua
que un hombre a quien los colmillos
le han salido en la cocina,
que es en este mundo el sitio
donde más se aprende, ignore 760
760
lo que piensa el señorito?
Vaya que fuera vergüenza.
Así mira que confío
en tu maña, y si ocurriere
algo de nuevo, el aviso 765
765
me darás al punto.
PEDRO
El caso
es que don Luis ha traído
otro criado de allá.
INÉS
¿Y qué tal?
PEDRO
El más ladino
que ha salido de Madrid. 770
770
INÉS
La manzanilla y el tinto
contra empacho de secretos
son el mejor vomitivo.
PEDRO
Como uno no está enterado
en sí allá...
INÉS
¡Qué desatino! 775
775
Si en Madrid con Valdepeñas
suelen despechar los niños.
PEDRO
Entonces voy a buscarle.
INÉS
Pues a la taberna y chito
que aquesto interesa. ¿Entiendes? 780
780
PEDRO
Entiendo. (Cumplí mi oficio.
Ahora a dar cuenta a don Luis)

(Aparte.)

Conque a Dios.
INÉS
A Dios Perico.
PEDRO
¡Jesús! Ya se me olvidaba.

(Va y vuelve.)

Me encargó mi amo (el tío) 785
785
viniese a saber si salen
tus señoras.
INÉS
Bien lo has visto,
salieron ya. ¿Y a qué viene
esa pregunta?
PEDRO
Imagino
será para no venir 790
790
si esta noche no hay tresillo.
INÉS
Es verdad.
PEDRO
Pues hazte cuenta
que me iba ya sin decirlo,
cuando esto solo me trajo
aquí.
INÉS
¿Sabes que es bonito 795
795
tu modo de hacer encargos?
Si así cumples con los míos
dígote Pedro...
PEDRO
Eso no.
Bies sabes tú que contigo
nunca me faltó memoria. 800
800
INÉS
¿Y voluntad?
PEDRO
No lo afirmo.
INÉS
¡Jesús que poco galán!
PEDRO
¿Pues el mentir no es delito?
INÉS
Con quien tiene naguas, no.
PEDRO
Me alegro haberlo sabido. 805
805
En fin, yo prometo verte
bastante pronto.
INÉS
¿Confío?
PEDRO
Por la fe de caballero.
INÉS
No me hace gran fuerza, amigo,
que los plebeyos no tienen 810
810
más fe que la de bautismo.
PEDRO
Pues yo te juro...
INÉS
Tampoco
los juramentos admito
que saben jurar en falso
hoy día, hasta los chiquillos. 815
815
PEDRO
Por el alma de mi abuela...
INÉS
Hombre, calla, no seas niño.
¿Le dirás verdad a un muerto
cuando engañas a los vivos?
En fin, no pierdas más tiempo, 820
820
que harto quizá hemos perdido
en charlar.
PEDRO
Sí eres mujer.
INÉS
Tú criado que es lo mismo.
¿Conque hasta luego?
PEDRO
Hasta luego.

(Vase.)

INÉS
(A Dios propósitos míos.) 825
825

(Aparte.)

Acto tercero

Escena I

DON JUDAS y DON LUIS, éste leyendo una carta.

DON JUDAS
¿Y bien? Ya estamos aquí.
¿Se podrá saber la causa
de haberme con tanta prisa
traído de la muralla
a hora tan intempestiva? 5
5
LUIS
¿Pues las diez de la mañana
es hora acaso...?
DON JUDAS
Sí tal,
para venir a una casa
ajena... Y precisamente
cuando don Bruno Zabala, 10
10
sobrecargo de la Carmen,
a leernos empezaba
el reglamento propuesto
del puerto franco. A Dios gracias
veremos esa bahía 15
15
con cara de gente. ¡Calla!
¿Pero tú no atiendes, hombre?
LUIS
Ya usted sabe la maraña

(Guarda la carta.)

en que estoy metido?
DON JUDAS
Sí;
pues me la dijiste.
LUIS
Y tanta 20
20
ha sido en esto mi dicha,
que aún antes que lo esperaba,
una imprudencia de Adela
me ha dado el medio y la traza
de darles una lección 25
25
a entrambos: lección amarga;
pero forzosa. Del uno
la presunción insensata;
el coquetismo insufrible
de la otra, no reclaman 30
30
indulgencia en este punto.
Ni me debe arredrar nada
cuando evitar me propongo
no menos; que la desgracia
de un primo a quien amo. Así 35
35
oiga usted todo.
DON JUDAS
Ya tardas.
LUIS
Después del paso de ayer,
paso que tan mala cara
costó al fingido Fermín,
viendo que mis esperanzas 40
40
caminaban a su logro,
juzgué que sólo faltaba
remachar del todo el clavo.
Presto resolví: a mi casa
me vuelvo, y fingiendo celos, 45
45
a Adela escribo una carta,
que anoche mismo por Pedro
recibió. Allí le mostraba
haber acaso sabido
los lazos que la ligaban 50
50
a Fermín, de ella me quejo,
la llamo pérfida, ingrata,
y lo demás que se dice
en tales casos: sus gracias
acuso, y de mi desdicha 55
55
me lamento. Ni fue vana,
ni inútil resolución;
pues esta misma mañana
recibí un billete suyo.
DON JUDAS
¡Un billete!
LUIS
Cosa es clara. 60
60
El buscar a Inés, tan solo
me trajo aquí, que me importaba
salir pronto de cuidados.
Con efecto, en acechanza
me la encontré ya esperando 65
65
el medio de que llegara
a mis manos, que fue fácil
sin que usted cayese en nada.
DON JUDAS
¿Pues sobrino del demonio,
y por hacerme tú... (¡vaya!) 70
70
sólo desde allá me traes
hecho un galgo? No está mala
la especie. Si estoy molido;
como que en largando gavias
y poniéndote a la vía, 75
75
no hay diablos que te den caza.
LUIS
Calle usted por Dios, señor,
y oiga hasta el fin con cachaza.
DON JUDAS
Callo y oigo.
LUIS
Mi intención
ya con esto se lograba. 80
80
En su esquela por supuesto
me afirma que fue infundada
la voz de ese compromiso;
y porque no me quedara
duda, dice de Fermín 85
85
mil pestes, dos mil infamias:
le tilda de vano y tonto,
de presumido le tacha.
En fin, es tanto y tan malo
que muy mal rato le aguarda 90
90
cuando lo sepa.
DON JUDAS
¿Y acaso
lo sabrá?
LUIS
¿Pues no? La carta
debe él mismo ver, y en ella
la prueba evidente y clara
de aquese amor que pondera. 95
95
Mas no es prudente que vaya
por mi conducto: un acaso
los inconvenientes salva.
Así pienso que Perico,
valiéndose de su maña, 100
100
haga que el otro la vea,
sin que parezca que...
DON JUDAS
¡Calla!
Con que también el buen Pedro
anda metido en la danza.
LUIS
Sí señor, es criado antiguo, 105
105
y como tal, una alhaja
para embrollos. Luego es fuerza
hablarle, porque la trama
sigamos todos de acuerdo.
DON JUDAS
Que no vayamos por lana 110
110
y volvamos en bandolas.
LUIS
Que, no señor.
DON JUDAS
Dios lo haga.
Mas mira que en estos casos
es precaución necesaria
llevar la escota en la mano, 115
115
y si acaso el viento carga,
arriar al punto el chicote,
que el hacerlo en tiempo es ganga.
En fin sea, pues lo quieres.
LUIS
¿Pero usted qué teme?
DON JUDAS
Nada. 120
120
Yo en aferrando juanetes
venga mar. Mas en sustancia
¿en esto qué pito toco?
LUIS
A eso voy. Vuestra embajada
tiene otro objeto. Es forzoso 125
125
el que ella por sí deshaga
su compromiso. Además
conviene el darle una causa
poderosa que la obligue
a dejarme. Así se salva 130
130
mi propia delicadeza;
así más claro resalta
el carácter de la niña,
y en fin, así se preparan
humillantes desengaños 135
135
para el que tanto fiaba
de sí mismo. Todo aquesto
se conseguirá.
DON JUDAS
No es nada,
¿y todo lo he de hacer yo?
LUIS
Muy fácilmente: a esta sala 140
140
vendrá presto la mamá.
¿No es así?
DON JUDAS
Ya está avisada.
LUIS
Pues usted con ella a solas
se quedará, y engañarla
es necesario.
DON JUDAS
¿Ahora mismo? 145
145
LUIS
Sí. Hacerle una confianza
fingida es golpe seguro.
DON JUDAS
Ya caigo. ¿Conque aquí encaja
bien todo lo que ayer noche
me dijiste de la falsa 150
150
venida, y de los papeles,
y de...?
LUIS
Pues. Mas importaba
tener la prueba en la mano
antes de aventurar nada.
Por eso no me expliqué 155
155
entonces más claro.
DON JUDAS
¡Vaya!
Por San Telmo que estoy tonto.
LUIS
Me voy a seguir la trama;
pues Perico es necesario
aquí venga sin tardanza 160
160
e instruya a Adela y a Inés
de todo.
DON JUDAS
¿Otra confianza?
LUIS
Sí, mas ésta no es fingida,
antes cierta. Pero calla,
ya viene allí la mamá. 165
165
Cuenta con que...
DON JUDAS
No habrá falta.
LUIS
Que exija usted el secreto.
DON JUDAS
¿Y para qué?
LUIS
Cosa es clara,
porque lo diga más pronto.

(Vase LUIS.)

DON JUDAS
Bien, a Dios.

Escena II

DON JUDAS
No me faltaban 170
170
a mí más que estos sobrinos.
¡Y qué enredos! ¡Qué marañas
traen allá! Como esto dure
doy de quilla. Pero al arma
que aquesta urca enemiga 175
175
está ya a tiro de bala.

Escena III

DOÑA MARÍA y DON JUDAS. (Se sientan.)

DOÑA MARÍA
Felices señor don Judas.
Dispense usted mi tardanza.
Ya se ve, con estos males
tenemos tan trastornadas 180
180
las horas que...
DON JUDAS
Entre personas
que ha tanto tiempo se tratan
no debe haber ceremonias.
Por esto, y porque importaba
vine a ver a usted.
DOÑA MARÍA
¿Pues qué? 185
185
¿Hay novedad?
DON JUDAS
Patarata,
una mano de noroeste
que metemos en el agua
los penoles.
DOÑA MARÍA
¿Y en cristiano
qué significa esa sarta 190
190
de nombrachos?
DON JUDAS
A eso voy.
Mas le exijo la palabra
de que reserve la especie.
DOÑA MARÍA
Por supuesto.
DON JUDAS
A la muchacha
aunque haya fuerza de vela 195
195
no se lo diga usted.
DOÑA MARÍA
Nada.
Sí, pues bonita soy yo
para chismes. En mi casa
jamás hubo un sí ni un no,
y eso que entonces estaba 200
200
hecha siempre un jubileo.
Mi Simón, que de Dios haya,
gustaba mucho de gentes:
su refresco no faltaba
por las noches. Es verdad 205
205
que eran tiempos en que andaba
Dios por el mundo, y cien pesos
a ninguno le faltaban;
mas hoy día, todo, todo,
viene a menos, hola, y gracias 210
210
quien tiene un pasar.
DON JUDAS
Señora,
¿me deja usted hablar?
DOÑA MARÍA
¡Vaya!
¿Le tapo acaso la boca?
DON JUDAS
Por fin, atención y calma.
El caso es que mi sobrino, 215
215
(el novio de la muchacha
que digamos) de Sevilla
dio la vela, y por las trazas
parece hace rumbo a Cádiz.
Además, en confianza, 220
220
sé también cuál es su objeto.
DOÑA MARÍA
¿Y será?
DON JUDAS
Estarse a la capa
sin darse a reconocer
ni izar pabellón.
DOÑA MARÍA
¡Extraña
resolución! ¿Mas por qué? 225
225
DON JUDAS
Porque quiere en acechanza
ponerse. Juzgo le han dicho
no sé que cosas, patrañas
por supuesto, de la chica:
tonterías: verbigracia 230
230
que si es coqueta, si funda
su vanidad y su gala
en que cuantos hombres mira
arrían bandera a sus gracias,
que si lleva siempre amantes 235
235
al costado. Nada, nada.
DOÑA MARÍA
Malas lenguas que la tienen
envidia.
DON JUDAS
Cabal.
DOÑA MARÍA
Dejarlas.
Yo sé la hija que tengo,
y sé quien es.
DON JUDAS
Pues, y basta. 240
240
Pero como él en su vida
ni la ha visto, ni la trata,
ni sabe sus propiedades;
ya se ve, teme, y con causa,
hacer avería gruesa 245
245
en alta mar. Pues no es nada,
la honrilla. Y los sevillanos
que en siendo de clase y casa
se creen ellos más altos
que el tope de la giralda. 250
250
A más también quiere ver
el cariz de la muchacha,
como es regular, y aunque ella
es linda como una plata,
al fin no es doblón de a ocho 255
255
que a todo el mundo le agrada.
Tampoco fuera imposible
que en sus proyectos entrara
ponerle la proa, digo
hacerle el amor.
DOÑA MARÍA
Ya escampa. 260
260
¡Vaya que el tal señorito
por vida mía es alhaja!
DON JUDAS
Cosas de niño mimado.
Ya ve usted el de su casa
fue el ídolo siempre, vivo, 265
265
poca edad, poca sustancia
y barro a mano ¿quién diantres
es capaz de irle a la zaga?
DOÑA MARÍA
¿Y el vinculillo qué tal?
DON JUDAS
¡Vinculillo! Pues no es nada. 270
270
Si ahora con la nueva herencia
es suyo medio Triana.
Y en cuanto a la sangre ¡Ya!
Más noble que doña Urraca,
es hijo de veinticuatro, 275
275
y heredero, que esa vara
¿quién se la quita?
DOÑA MARÍA
¿También?
DON JUDAS
Pues.
DOÑA MARÍA
¿Y si acaso se encaja
aquí ese señor qué hacemos?
¿Vamos diga usted?
DON JUDAS
Cachaza. 280
280
Por ahora lo que interesa
es dejar que ande la danza,
y quedarnos al socaire
hasta que haya una empopada.
Más claro: izar la sueca. 285
285
¿Me explico?
DOÑA MARÍA
Sí. (Estoy en brasas.)

(Aparte.)

DON JUDAS
En cuanto a Adela, no quiero
que sepa ni una palabra,
porque luego habrá soponcios,
convulsión y marejada, 290
290
y nervios y...
DOÑA MARÍA
En todo estoy.
DON JUDAS
Además, porque la trama
mejor se oculte, y la cosa
con más disimulo vaya,
piensa enviarme al momento 295
295
los papeles que hacen falta
en el caso, como fees
de bautismo, la palabra
de casamiento, y en fin,
que sé yo de enredos y trampas, 300
300
que siempre una boda tiene
más cabos que quince jarcias.
Ítem más. Porque en el lazo
ustedes más presto caigan
dirá que, pues sus quehaceres 305
305
por ahora lo separan
de Adelita, está impaciente
por verla aunque sea pintada,
y pedirá su retrato.
DOÑA MARÍA
¡Su retrato! ¡Cosa extraña! 310
310
¿Sin mandar el suyo?
DON JUDAS
No.
Es que de enviarle trata.
DOÑA MARÍA
Aqueso ya es otra cosa;
pero la juzgo bobada;
pues si con efecto es de él 315
315
conoceremos su cara,
y entonces se lleva el diablo
las ficciones y las trampas.
DON JUDAS
Cuando él lo envíe, será
porque ya tendrá saldadas 320
320
esas cuentas, es decir,
que estará fuera de barra
sin temer puntas ni bajos,
y navegando en cien brazas.
DOÑA MARÍA
Bueno es saber todo eso; 325
325
porque hablando en confianza,
quien de buenas a primeras
viene pidiendo casaca,
en el tresillo de novios
son cinco estuches de entrada, 330
330
que es juego que nadie pierde.
DON JUDAS
Mas los renuncios se pagan.
DOÑA MARÍA
Ese es el mal. ¿Pero cómo
tendré yo noticia exacta
de su venida?
DON JUDAS
Es muy fácil; 335
335
pues estando ya avisada
bien podrá usted por la boya
conocer donde está el ancla.
Con que me voy.

(Toma el sombrero.)

DOÑA MARÍA
Hasta luego.
DON JUDAS
¿Y Adela?
DOÑA MARÍA
Si usted la aguarda 340
340
vendrá, que fue al tocador.
DON JUDAS
No. No quiero: estará en banda
todavía, y las mujeres
me gustan aparejadas
aunque soy viejo. Lo dicho. 345
345

(Vase.)

DOÑA MARÍA
Descuide usted.

Escena IV

DOÑA MARÍA y después INÉS.

DOÑA MARÍA
Pues no es nada

(Observa si se ha ido.)

lo que pide. ¡Qué yo calle!
¡Yo que hablo con una estatua!
¡Vamos, vamos, que don Judas
olvidó que tengo naguas. 350
350
¡Qué grosero! ¡Qué insolente!
¡Querer taparle a una dama
nada menos que la boca!
Vaya al diablo el muy bestiaza.
¡Callar! ¿Qué es callar? Inés, 355
355
Inés.
INÉS
Allá voy.

(Dentro.)

DOÑA MARÍA
¡Qué calma!
¡Jesús qué peso! Si estoy
por ponerme a la ventana
y contárselo al primero
que pase. ¡Mas cómo tarda! 360
360
Mejor será que...

(Se levanta.)

Sale INÉS.

INÉS
Señora.
¿Qué ha ocurrido?
DOÑA MARÍA
Nada.
INÉS
¿Nada?
Como gritaba usted tanto.
DOÑA MARÍA
¿Y la niña dónde anda?
INÉS
Se está vistiendo.
DOÑA MARÍA
Pues dile... 365
365
No le digas. Que yo vaya
será mejor.

(Vase.)

Escena V

INÉS
Lleve el diablo
si yo entiendo una palabra
de este enredo. ¿A qué vendrán
estos secretos del ama 370
370
con su hija? Sabe Dios
que a no hacerme tanta falta
diera un dedo por saberlo
ahora mismo. ¿Y quién aguarda
cinco minutos o seis 375
375
a que el pelmazo se vaya
de la madre? No señor.
La cerradura, a Dios gracias,
está convidando. Así
voy de puntillas y... ¡Calla! 380
380

(Ve a PEDRO.)

¡Pedro tan pronto! Por cierto
no creí yo...

Escena VI

INÉS y PEDRO.

PEDRO
¿Estás en casa?
INÉS
Y de ceremonia.
PEDRO
Ya.
Como esperando embajadas.
INÉS
Pues di la tuya, y vivito 385
385
márchate, no riña el ama
si ve...
PEDRO
No es ella mujer
que se asusta de fantasmas
con esa facilidad.
INÉS
En fin, vamos. ¿Que te tardas? 390
390
PEDRO
Es que estoy viendo si acaso...

(Registrando.)

INÉS
Por Dios, Pedro, que estoy harta
de tus misterios.
PEDRO
¿No hay nadie
que pueda...?
INÉS
Ni gatos. Habla.
PEDRO
Pues, señor, has de saber 395
395
como desde anoche, gracias
a tu consejo, al corriente
estoy de cuanto importaba.
Don Luis tan solo ha venido
a Cádiz con la esperanza 400
400
de ver a una señorita
que aquí muy presto se aguarda
de... no sé donde.
INÉS
¿De veras?
¿Mas por qué?
PEDRO
La cosa es clara.
Porque está loco por ella. 405
405
INÉS
¿Con qué la quiere?
PEDRO
¡Caramba
si la quiere!
INÉS
Pero acaso
ya no la quiere.
PEDRO
No es mala
conclusión. Anoche mismo
le escribió, por si llegaba 410
410
a buen tiempo, y por más señas
yo eché al correo la carta.
INÉS
¿Con sobre a ella?
PEDRO
Sí.
INÉS
Luego
tú sabes como se llama.
PEDRO
Sí lo sé; mas no me acuerdo 415
415
de su apellido.
INÉS
Nos basta
El caso es que quiere a otra,
y llámese Pepa o Juana
es lo de menos. ¡Qué tal!
¡El hombre de bien! Ya escampa. 420
420
¡El de la formalidad!
¡El juicioso! ¡Qué canalla
son todos! ¿Y dirán luego
de las mujeres? ¿No hay nada
más?
PEDRO
¿Y qué más?
INÉS
Sí, no es poco. 425
425
Pero... vete ya. ¿Qué aguardas?

(Mira adentro.)

PEDRO
Me voy. ¿Mas por qué tal prisa?
INÉS
Es que ya sale mi ama
del cuarto de su Adelita,
y puede ser que...
PEDRO
No haya 430
430
miedo; pues antes que llegue
estoy yo un tiro de bala
de aquí. Conque a Dios.
INÉS
A Dios.
PEDRO
(La embrolla no va muy mala.)

(Aparte.)

(Vase.)

Escena VII

ADELA e INÉS.

INÉS
¿Y bien?
ADELA
¡Lance original! 435
435
He sabido en este instante
que debe llegar mi amante
muy presto.
INÉS
¡El amante! ¿Cuál?
ADELA
¡Que pregunta!
INÉS
¿Y hago mal?
ADELA
El de Sevilla.
INÉS
Famosa 440
440
idea; mas vuestra prosa
ya es antigua algarabía,
que amante y novio, en el día
suelen ser distinta cosa.
En fin, forzoso es pensar 445
445
que hemos de hacer en tal caso.
ADELA
Las circunstancias y el caso
son quienes me han de guiar;
aún hay tiempo, y a mal dar
obre el ingenio después, 450
450
y si ayuda el arte, Inés,
sucumbirá la razón,
que si es calva la ocasión
nunca es manco el interés.
INÉS
Mas antes conviene...
ADELA
Ver 455
455
del otro las intenciones
que en estas resoluciones
vale el ardid de mujer.
¿Y tú llegaste a saber
algo de don Luis?
INÉS
Ahora. 460
460
ADELA
¿Y de buena fe enamora?
INÉS
¿De buena fe? Dios la dé.
ADELA
¿Mas tú qué supiste?
INÉS
¿Qué?
Que es como todos, señora,
que no ama, ni por asomo, 465
465
que otra es su antiguo cariño,
que ayer le escribió, y que el niño
es maula de tomo y lomo.
Que ya no es dable (¿Ni cómo?)
sujetar su corazón, 470
470
y que en aquesta ocasión
de medio a medio la erramos,
pues que pichón le juzgamos
cuando es palomo ladrón.
ADELA
¡Qué chasco! Mas aún no es tarde; 475
475
por fortuna a tiempo estoy,
y lo que puedo hacer hoy
vano es que a mañana aguarde.
Nada hay, pues, que me acobarde
en lance tan oportuno. 480
480
Así de entrambos, ninguno
será presto mi amador;
que no es mal juego en amor
perder dos por ganar uno.
INÉS
Con que usted piensa.....
ADELA
Al momento 485
485
dejarlos, y esto es seguro;
que si más tardo, aventuro
mi fama y mi casamiento.
INÉS
¿Mas con cuál pretexto?
ADELA
Ciento
hay siempre para acabar: 490
490
y algo se ha de aventurar
que en la malilla de amor
es capote de favor
el quedarse sin casar.
INÉS
Ya deseo la ocasión 495
495
de que lleguen.
ADELA
Mas, espera.

(Ruido dentro.)

¿Quién sube por la escalera
con tal precipitación?
INÉS
Señorita, sí. Ellos son.

(Se asoma.)

ADELA
¿Quiénes?
INÉS
Los dos.
ADELA
Como soy, 500
500
que presto llegan.
INÉS
¿Me voy?
ADELA
Sí, vete y nada receles;
pues o quemo mis papeles,
o golpe seguro doy.

(Vase INÉS.)

(ADELA se sienta.)

Escena VIII

ADELA, LUIS, FERMÍN con una carta.

FERMÍN
No señor, que has de venir 505
505
aquí conmigo.
LUIS
¡Estás lelo!
FERMÍN
Y ha de ver su propia carta:
y la he de decir...
ADELA
¡Qué es esto!
¡Qué alteración! ¡Qué semblante!
¿Hay acaso...?
FERMÍN
Nada bueno, 510
510
y extraño mucho, señora...
LUIS

(A FERMÍN.)

Hombre, por Dios
FERMÍN
Que a un sujeto
como yo, así se le falte.
¿A qué vienen fingimientos?
Todo lo sé, y esta carta 515
515
que acaso hallé en mi aposento
caída, muy bien me muestra
de lo que es capaz un pecho
femenil. ¿Conque soy tonto?
¿Conque yo soy majadero? 520
520
¿Yo...?
ADELA
¿Y bien?
FERMÍN
La frescura alabo.
¿Pues si tengo esos defectos?
¿Por qué me quiso?
ADELA
¿Quién, yo?
En mi vida.
FERMÍN
Pues es bueno.
Vive Dios que me colgara 525
525
de una viga. ¡A mí un desprecio!
¡A mí una mujer!
LUIS
Fermín.
¿Y a ti qué te importa eso?
FERMÍN
No que será a ti.
LUIS
Tampoco.
Pero corno nunca un bledo 530
530
te se ha dado de esas cosas
que tú apellidas babeos,
pensé yo que...
FERMÍN
Mal pensado.
En fin, la broma y los juegos
deja; pues en lance tal 535
535
vienen muy fuera de tiempo.
LUIS
Perdona, amigo, creí
que obrases ni más ni menos
como hablabas.
FERMÍN
(¡Qué lección!)

(Aparte.)

LUIS
Mas, pues me engaño, te ofrezco 540
540
hacer porque aqueste error
no sea fatal a tu afecto.
ADELA
(¿A dónde vendrá a parar?
Mas callar es lo más cierto.)

(Aparte.)

LUIS
Veo que quieres a Adela. 545
545
FERMÍN
¡Yo!
LUIS
Sí, porque tienes celos
y esa es señal que no falla.
FERMÍN
Que la quise no te niego;
pero...
LUIS
Silencio y escucha.
Adelita, yo confieso 550
550
que obré mal: nunca debí
atentar a los derechos
de un amigo. Así es forzoso
que ambos castiguen mi yerro.
Hágase la paz, y pues 555
555
yo por mi parte ya cedo,
cedamos todos, y acaben
de una vez esos muñecos.
¿No es verdad Adela?

(Silencio.)

FERMÍN
¿Ves?
LUIS
Dice un español proverbio: 560
560
que el que calla es porque otorga.
Pues señor, esto está hecho.
Llega tú, que aquestos son
los privilegios del sexo.
FERMÍN
Mas si yo tengo razón 565
565
¿por qué he de ceder?
LUIS
Lo entiendo.
Pero no basta ser justo,
es forzoso parecerlo,
y quizá tú aunque lo ignores
habrás dado fundamento 570
570
de sospecha. Son las damas
quisquillosas en extremo
por lo regular, y a veces
el rencor hace su efecto;
mas no dura, que el amor 575
575
sabe perdonar muy presto.
FERMÍN
¡Pues qué... un hombre como yo
se ha de humillar!
LUIS
¿Y qué medio?
FERMÍN
Pero...
LUIS
Las faldas no humillan.
FERMÍN
Pues tú lo quieres, me acerco. 580
580
Adelita ya ve usted
como yo al cabo... (No acierto
que decirle) sus injurias
supe olvidar, y pues esto
es de cariño tal prueba, 585
585
exijo que por lo menos
se me diga, qué motivo
pudo dar pie a tanto yerro.
No busco culpa: no Adela.
Busco sí arrepentimiento. 590
590
¡Pero qué! ¿Usted el semblante
vuelve? ¿Usted el rostro bello
oculta de mí? ¿Se aflige?
LUIS
(Bien, por Dios).

(Aparte.)

FERMÍN
¿Y será cierto?

(Se arrodilla.)

¿De ese corazón, por dicha 595
595
aún no he perdido el afecto?
¿Podré esperar?
ADELA
Ah, ah, ah.

(Se ríe.)

Parece está usted haciendo
algún paso de comedia.

(ADELA se levanta.)

FERMÍN
¡Señorita...! ¡Yo!
LUIS
Hecho un hielo 600
600
se quedó. ¡Qué humillación!
¡Qué ceguedad! ¡Y qué ejemplo
para el que a todas desprecia!

(Aparte.)

FERMÍN
Mas...
ADELA
Fermín, bromas dejemos
a un lado. Si hoy por fortuna 605
605
a su buen humor me presto;
mañana tal vez...

(FERMÍN se levanta)

FERMÍN
¿Pues qué?
¿Lo ha tomado acaso a juego?
ADELA
¿Y cómo lo he de tomar?
FERMÍN
¿Conque usted por lo que veo 610
610
no me quiere?
ADELA
No señor.
FERMÍN
¿Ni jamás me quiso?
ADELA
Menos.
FERMÍN
¿Ni nunca fuera feliz
a mi lado?
ADELA
Ni por pienso.
Fermín, lo propio que dije 615
615
en mi carta, eso sostengo
y sostendré. Quien se juzga
de los corazones dueño
sólo con una mirada:
quien humilla al bello sexo 620
620
sin distinción, y quien halla
milagros en el desprecio;
sólo éste merece. Usted
júzguese su propio pleito.
Y advierta de hoy para siempre, 625
625
que las mujeres, durmiendo
saben mucho más que el hombre
aunque esté muy bien despierto.
Que si quieren engañarle,
lo harán, sin otro remedio. 630
630
Que con ellas, la experiencia
vale poco; pues es cierto
no se hallarán en la tierra
dos iguales, y sabemos
que el conocer y juzgar 635
635
los corazones, es cuento.
Si esta lección aprovecha;
si escarmienta en propio yerro
tanto mejor para usted.
En cuanto a mí...
LUIS
¡Mas qué es esto! 640
640
¿Acaso habla usted de veras?
ADELA
Y tan de veras, que es tiempo
de que le toque suya.
LUIS
¡A mí!
ADELA
¿Pues no?
FERMÍN
¿Estoy despierto?

(Aparte.)

Por Dios no sé que me pasa. 645
645
ADELA
Señor don Luis, no quiero
recordarle su conducta
hasta aquí. Nadie un defecto,
nadie en usted una tacha
pudiera hallar.
LUIS
Yo agradezco... 650
650
ADELA
Le suplico que reserve
esas gracias para luego.
¡Pero cuánto se engañaba
quién así juzgó! Encubierto
bajo apariencia tan dulce 655
655
se hallaba sutil veneno.
Fingiendo pasión, ternezas,
simulando amor y celos,
tendisteis la red, que a dicha
supe yo evitar a tiempo. 660
660
¿No es esto verdad, Luis?
Diga usted si con efecto
no ama a otra. Si ayer mismo
no le escribió. Si su objeto
no es el unirse con ella. 665
665
En fin, hable usted.
No acierto...

(Fingiendo turbación.)

LUIS
Señorita... yo... es verdad
que... si... Todo va saliendo

(Aparte.)

como esperaba.
ADELA
No más,
que esto es suficiente.
FERMÍN
¿Pero 670
670
no hemos de saber...?
ADELA
Sí tal.
Por mi parte esto es resuelto.
Usted, señor don Luis,
busque otra tonta (que a cientos
las hallará) y a su salvo 675
675
pruebe en ella sus enredos;
sus novelescas pasiones,
aquellos fingidos celos,
y aquel amor, que no ha mucho
pintaba con tanto fuego. 680
680
LUIS
Con que esto quiere decir...
ADELA
Que hemos concluido.
LUIS
(Bueno).

(Aparte.)

ADELA
Y en cuanto a usted don Fermín,
con repetir me contento
lo que hace poco dije, 685
685
pues tanto vale, y valemos
tan poco, hallará de sobra
quien sujete el dócil cuello
a su amor, si es que se digna
elevarla a tanto puesto; 690
690
pero por la que a mí toca,
su presunción, sus defectos
son tales, que no es posible
disimularlos. Por eso
ni le he querido en mi vida, 695
695
mi le querré, ni le quiero.
Creo haber dicho bastante.
FERMÍN
No señora, ni por pienso.
¿Cómo ha de bastar? Mi honor
está ultrajado, y pretendo 700
700
aclarar este negocio
a todo trance.
ADELA
¿Y qué medio?
FERMÍN
¿Qué medio? Usted lo verá.
¿No sabe acaso que tengo
en mi mano la venganza? 705
705
¿No sabe que soy...?
LUIS
Silencio

(A FERMÍN.)

por Dios. (Él va a descubrirse

(Aparte.)

y aún no debe) .
ADELA
¿Qué misterio
es ese? Por fin sepamos.
FERMÍN
Sí señora. Lo sabremos, 710
710
puesto que usted lo desea.
LUIS
(Y aún no viene.)

(Mirando hacia fuera.)

(Aparte.)

FERMÍN
Yo... No quiero

(Le tira de la casaca.)

callar, que ya de la manta
tiró el diablo, y...
LUIS
Mas...

(A FERMÍN.)

FERMÍN
Ni atiendo,
ni quiero oír.
LUIS
(¿Y qué haré?, 715
715

(Aparte.)

mas me ocurre un pensamiento) .
Es muy extraño Fermín,
que con tono tan grosero
te atrevas así a faltar
de una dama a los respetos. 720
720
Si crees porque está sola
que impunemente has de hacerlo;
si con esas amenazas,
si con gritos descompuestos
juzgas vindicar tu honor 725
725
mucho te engañas. No veo
ya en ella a quien me desaíra,
no escucho el resentimiento,
solo sí en aqueste instante
me acuerdo, soy caballero, 730
730
y como tal no me agrada,
ni en mi presencia consiento
que se ultraje a una señora.
FERMÍN
¿Y a ti quién para este entierro
te dio vela? Un mal amigo, 735
735
un hombre a quien yo hice dueño
de toda mi confianza,
que de ella abusa ¿es por cierto
quien se atreve a echarme en cara
mi proceder?
LUIS
Te lo echo. 740
740
Sí señor.
FERMÍN
Pues yo no sufro...

(Gritos.)

LUIS
Yo tampoco.
ADELA
¡Santos cielos!
¡Pues cómo! Por Dios señores...
LUIS
Está muy bien. En saliendo
se verá.

(Van hacia la puerta.)

FERMÍN
Cuando tú gustes. 745
745
ADELA
(Mal golpe fuera por cierto.

(Aparte.)

Valga el arte). Ay que me da.
Mamá.

(Se deja caer en una silla.)

LUIS
Adelita.

Escena IX

DICHOS y DOÑA MARÍA.

DOÑA MARÍA
¡Qué es esto!
¡Qué alboroto! ¡Qué algazara!
LUIS
Señora...
DOÑA MARÍA
¡Mas qué estoy viendo! 750
750
Mi niña. ¡Válgame Dios!
¿Pero ustedes que le han hecho?
FERMÍN
Yo nada.
LUIS
Ni yo tampoco.
DOÑA MARÍA
¿Pues a qué habrá sido ello?
Vamos, sin duda será 755
755
porque como hoy hubo truenos.
LUIS
Los truenos fueron, no hay duda.
¡Pobre Adela!
FERMÍN
(Para el perro

(Aparte.)

que se fiara.)
DOÑA MARÍA
Ay Jesús
Inés.

Escena X

DICHOS e INÉS.

INÉS
Señora.
DOÑA MARÍA
Corriendo 760
760
traeme aquí el Pericón,
y mientras yo le hago fresco,

(Se va y vuelve con el abanico.)

aflójale tú el corsé,
dale agua. ¡Qué desconsuelo!
Que se me muere mi hija, 765
765
que se me muere.

Escena XI

DICHOS y DON JUDAS con un paquete en la mano.

DON JUDAS
Laus Deo.
LUIS
(Mi tío, salí de afán.)

(Aparte.)

DON JUDAS
Señoras felice día.

(Deja el paquete.)

¿Mas qué es esto? ¿Hay avería?
DOÑA MARÍA
Sí señor.
DON JUDAS
Voto a San. 770
770
DOÑA MARÍA
Sostenla tú.

(A INÉS.)

INÉS
No se cae.
DOÑA MARÍA
Inés, traele aquello...
INÉS
¿Cuál?
DOÑA MARÍA
Aquello que huele mal.
DON JUDAS
Cuenta con lo que se trae.
LUIS
¿El éter?
DOÑA MARÍA
Sí.
INÉS
Se ha acabado. 775
775
DOÑA MARÍA
¡Qué descuido! En nada están.
DON JUDAS
Como haya en casa alquitrán,
ese es remedio probado.
DOÑA MARÍA
¿Y vinagrillo?
INÉS
Ha de haber.
DOÑA MARÍA
Pues mira si en mis cajones 780
780
está el de siete ladrones.

(Vase INÉS.)

FERMÍN
(Los de Écija habían de ser.)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
Ay, si se me morirá.
Don Judas, si usted supiera
medicina.
DON JUDAS
Bien pudiera, 785
785
porque he leído a Le Rua.
DOÑA MARÍA
¿Y allí no hay cosa que valga
para esto?
DON JUDAS
Darle al contado
la purga del primer grado,
y salga por donde salga. 790
790
INÉS
Aquí está ya.

(Vuelve INÉS con un frasco.)

DOÑA MARÍA
¿Y bien, qué hacemos?
DON JUDAS
No arriar en banda el tapón.
INÉS
Descuide usted.
LUIS
(¡Qué ficción!)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
¿Le hará daño?
DON JUDAS
Allá veremos.
DOÑA MARÍA
¿Qué se decide por fin? 795
795
DON JUDAS
Yo creo la han de aliviar
ayudas de agua del mar.
¿No os parece bien, Fermín?
FERMÍN
(A ver como no revienta.)

(Aparte.)

¿Mas yo qué sé?
INÉS
Por san Pablo. 800
800
FERMÍN
Traíganle un doctor o un diablo.
DON JUDAS
Lo mismo es ocho que ochenta.
LUIS
(¡Qué tardar!) Tío.

(Aparte.)

(Bajo a DON JUDAS.)

DON JUDAS
¿Qué quieres?
LUIS
¿Está todo?
DON JUDAS
Todo está.
LUIS
Al caso pues.
DON JUDAS
Allá va. 805
805
Posible es que las mujeres

(Alto.)

siempre y en todo han de errar,
irse a poner mala el día
que yo el novio le traía
es cosa particular. 810
810
DOÑA MARÍA
¡El novio!
FERMÍN
¡Su novio!
DON JUDAS
Cierto.
FERMÍN
¿Pero quién es?
LUIS
Calla ahora.

(A FERMÍN bajo.)

DOÑA MARÍA
¿Y está en Cádiz?
DON JUDAS
No señora.
FERMÍN
(¡Es sueño o estoy despierto!)

(Aparte.)

DOÑA MARÍA
¿Mas cómo, si aún no ha llegado, 815
815
puede usted traerle acá?
INÉS
Señorita, oye usted.

(Al oído de ADELA.)

ADELA
¡Ah!
INÉS
Ya vuelve.
LUIS
¿Se le ha pasado?
ADELA
¿Dónde estoy?
DON JUDAS
En una silla.
ADELA
¿Y ellos?
INÉS
Sólo fue una chanza. 820
820
ADELA
¿Se mataron?
DON JUDAS
¡Qué! ¿Hay matanza?
Pues acoto una morcilla.
INÉS
Delira.
DON JUDAS
Entonces no hay trato.
DOÑA MARÍA
¿Qué sientes?
ADELA
Mucha opresión,
mas ya se pasa.
DON JUDAS
Es pensión. 825
825
DOÑA MARÍA
¡Oh! Sus nervios y mi flato
a ambas nos sacan de quicio.
Gracias que hoy volvió al momento.
DON JUDAS
Si esa voz de casamiento
es la trompeta del juicio. 830
830
DOÑA MARÍA
Al caso.
DON JUDAS
Por el vapor
recibí ha pocos instantes
los papeles de que antes
hablé ya a usted.
DOÑA MARÍA
Sí señor.
FERMÍN
¿Mas Luis...?

(A LUIS.)

LUIS
Chito, y destierra (A FERMÍN.) 835
835
todo cuidado.
FERMÍN
(Estoy loco.)

(Aparte.)

DON JUDAS
Hice rumbo aquí, y a poco
eché el cargamento en tierra.
DOÑA MARÍA
Pero bien, doy de barato
que esté ya arreglado eso. 840
840
¿Él viene?
DON JUDAS
No en carne y hueso;
pero traigo su retrato.
ADELA
¡Su retrato!
DOÑA MARÍA
Con que al fin...

(A DON JUDAS.)

DON JUDAS
Ya el asunto es decidido.

(A DOÑA MARÍA.)

FERMÍN
¿Mas qué es esto?
DOÑA MARÍA
Que marido 845
845
tiene mi hija, don Fermín.
DON JUDAS
Tome usted.

(Da el retrato a ADELA.)

DOÑA MARÍA
Sí, que a ella toca
juzgar si es bonito o feo
Inés, mis gafas.
ADELA
¡Qué veo!

(Mirando el retrato.)

¡Dios mio!
DOÑA MARÍA
¿Niña, estás loca? 850
850
ADELA
Es el señor.

(Señalando a DON FERMÍN.)

DOÑA MARÍA
¡Cómo!
DON JUDAS
Sí.
LUIS
¿Estás?

(Bajo a FERMÍN.)

FERMÍN
Ya todo adivino.
DOÑA MARÍA
Con que usted es...
FERMÍN
El sobrino
de don Judas.
ADELA
¡Y que a mí
tal me suceda! ¡Qué rabia! 855
855
¡Qué vergüenza!
DOÑA MARÍA
En conclusión
¿a qué vino esa ficción?
¿Hubo causa?
LUIS
Una y muy sabia.
En bien que tan cerca toca
como la propia ventura, 860
860
la reflexión más madura
a veces suele ser poca,
y ni es esposa constante
quien veleta un tiempo ha sido,
ni nunca es feliz marido 865
865
quien no fue dichoso amante.
Si tal logró, él lo decida
puesto que es su novio.
DOÑA MARÍA
Y bien,
él se casará.
DON JUDAS
Sí.
FERMÍN
¡Quién!
¡Yo con Adela! En mi vida. 870
870
No fuera mala locura.
DOÑA MARÍA
Bueno está. ¿Y el compromiso?
FERMÍN
Se acabó, pues ella quiso.
ADELA
¿Qué dirán?
DON JUDAS
Que quien procura
tener novios a montones, 875
875
este fruto ha de coger.
DOÑA MARÍA
¿Mas yo qué había de hacer?
DON JUDAS
Zafarrancho de moscones.
Que el que con buena bandera
viene a quererse casar, 880
880
si ve corsario en la mar
toma la vuelta de afuera.
DOÑA MARÍA
Yo no sé lo que me pasa.
FERMÍN
Luis, primo, mi ceguedad
perdona.
LUIS
De mi amistad 885
885
es deuda. Vuelve a tu casa,
vuelve a Sevilla, y allí
cúrate de tu manía,
acordándote que un día
nada valiste por ti. 890
890
Busca esposa amante y fiel,
que ese es el mayor tesoro;
mas no esperes hallar oro
si vas en pos de oropel.
Haz debida distinción, 895
895
y al bello sexo respeta,
que aunque haya mucha coqueta
muchas hay que no lo son.
En fin, júzgate de hoy más,
cual los otros, que va errado 900
900
quien piensa será apreciado
si desprecia a los demás.
Y usted Adela, que ha sido
víctima de tal contienda
cambie de norte, y la enmienda 905
905
le hará ganar lo perdido.
Reflexione cuanto daña
a su honor conducta tal;
pues la opinión es cristal
que aun del aliento se empaña. 910
910
Sea en todo compromiso,
formal, constante, amorosa,
que no vale para esposa
quien hoy odia y ayer quiso.
En fin, pues desliz tamaño 915
915
mereció tal escarmiento,
de ambos el comportamiento
remedie futuro daño;
y ojala que esta lección
os pueda bien demostrar, 920
920
el fin que suelen lograr
Coquetismo y Presunción.