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Según D. Emilio Cotarelo, NBAE, IX, pág. 18, Doña Beatriz de Silva debió de escribirse hacia 1618. Esta fecha y la confesión de Tirso de haber manejado en alguna otra ocasión obras de Duarte Nunes de Leão, nos hacen pensar en que quizá para esta comedia Tirso tuviera delante la famosa Descrição do reino de Portugal, que fue publicada en Lisboa, en 1610. El libro de Duarte Nunes cuenta espaciadamente toda la historia de la hermosa dama, como asimismo, y entrelazada con ella, la de la conversión del hermano de Beatriz, también escenificada en la comedia de Tirso. Reconozco lo atrevido de la hipótesis, pero es demasiado sugestiva para no recogerla aquí.

 

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La descripción de Lisboa es sustituida por la de Sevilla en Tan largo me lo fiáis, refundición de El Burlador. Véase el prólogo de A. Castro, loc. cit., pág. 18.

 

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También se recuerda el mito de Ulises en Averígüelo Vargas, pág. 186.

 

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Comp.; REY. - ¿Qué os parece la ciudad? / ROBERTO. - Que aun es mayor que la fama / que por antigua la llama / su nobleza y calidad. / Desde el Tajo por la orilla / del mar tendido se ve / que viene a besarla el pie / de los montes de Castilla. / Mucho me alegré de ver / naves de tantas naciones; / mas, ¿dónde hallaré razones / si quisiera encarecer / de sus hidalgos las galas, / de sus damas la hermosura / sin ponerme en aventura / de Paris con Juno y Palas? (Siempre ayuda la verdad, pág. 213 a.)

 

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Según el Diccionario de Pinho Leal, Portugal antigo e moderno Lisboa, 1873-1890, la Rua Nova del Rey, corrientemente llamada de Capellistas, era la única calle larga de la Lisboa anterior al terremoto de 1755. Era obra de Don Diniz, en 1310. Parece que era la más lujosa y rica de aquel tiempo, y donde estaba todo el comercio importante. «Era o Chiado de nuestros abuelos, en razón de las hermosas tiendas que la guarnecían y donde se vendían porcelanas, sedas y otras mercancías de China y Japón, libros y otras cosas». En el mismo lugar puede verse que el Chafariz del Rey era la única fuente pública importante, en la que hacían aguada los barcos. El chafariz de Cata-que-faraz fue obra de Don Manuel.

 

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El fuerte de San Gian se recuerda otra vez más en Doña Beatriz de Silva: «... como yo, que, imagen suya, / de los muros de San Gian, / arrojándome a sus olas, / mi fuego he de sepultar». (Pág. 491 a.) - Américo Castro hizo ya notar la aparición del fuerte en Cervantes, Persiles: «El castellano de San Gian envió al gobernador de Lisboa... la nueva de la venida de los extranjeros».

 

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«¿Desde aquí hasta Aldea Gallega / hay tres leguas de agua solas?» (Beatriz de Silva, pág. 493 a.)

 

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«Y en lo que yo más alabo / desta máquina soberbia / es que del mismo castillo / en distancia de seis leguas, / se ven sesenta lugares / que llega el mar a sus puertas, / uno de los cuales es / el convento de Odivelas, / en el cual vi por mis ojos / seiscientas y treinta celdas, / y entre monjas y beatas / pasan de mil y doscientas». (Burlador, pág. 200.)

 

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«Luego esta máquina insigne, / desde Alcántara comienza / una gran legua a tenderse / al convento de Jabregas» / «... en la justicia tan recta, / y en una Misericordia / que está honrando su ribera / y pudiera honrar a España / y aun enseñar a temerla». (Burlador, pág. 199.)

 

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Véase la nota de Américo Castro al Vergonzoso en palacio, donde se encuentran más ejemplos (pág. 46).