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Los datos acerca de la entrada de Abela en la Academia Nacional de Bellas Artes de La Habana, no son coincidentes y la imprecisión de algunos se infiere de la fecha de nacimiento, así mismo dada confusamente. Se dice que ingresa a las aulas de «San Alejandro» con veintiún años. Si efectivamente nació en 1891 -data más generalizada- su matrícula allí se produce en 1912. Refuerza esta conjetura el hecho aceptado de que el neófito Abela emprende su colaboración en los periódicos La Noche y Diario Cubano incidiendo con su vida estudiantil; esas publicaciones registran dibujos de su mano entre los años 1912 y 1913. Pero las noticias que ofrecen coetáneos y conterráneos suyos, así como catálogos conmemorativos, contradicen frontalmente aquel supuesto. En un cronicón que comprende el período 1915-1918, y fechado en agosto de 1915, se lee: «El Ayuntamiento de San Antonio de los Baños pensiona al joven Eduardo Abela para que estudie pintura en la Academia de San Alejandro, en La Habana» (León Primelles. Crónica Cubana. Ed. Lex, 1935. p. 101.) Miguel A. Miqueli, contertuliano del pintor en los días juveniles, corrobora el dato que encabeza la cronología mínima insertada en el catálogo Abela In Memorian (1977), al afirmarnos que, luego de incorporarse Abela al grupo del Café Martí, y durante una velada en la que alternaban las caricaturas de Manuel Alfonso con las de aquel, surgió en Octavio Valdés Rodríguez, uno de los habituales, la idea de realizar en el Círculo de Artesanos de la villa una exposición conjunta de ambos noveles, y que, calorizada la idea por el presidente de la institución, concejal Lima, quedaba abierta al público el 20 de mayo de 1915, con tal éxito, que es concedida por el Ayuntamiento Municipal, a proposición del edil, una beca para perfeccionar su arte ambos expositores, la que renuncia Alfonso en favor de Abela, marchando éste a la capital. Abunda Miqueli que el municipio natal extendió la ayuda económica al egresado en sus estudios de postgrado en la Península. (El Bobo de Abela Interpretado por los Humoristas. Galería L, La Habana, 1975.) Tres años divergen en la inexactitud sobre la iniciación del estudiante Abela. En cuanto a las reseñas de natalidad, estas difieren notablemente: 1892, 8 de julio de 1889, 1894 (Enciclopedia Espasa-Calpe), 3 de julio de 1891, etc.

 

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Colmo de agraviosa discrepancia, se hizo pública esta aseveración: «Nunca conocí personalmente a Eduardo Abela. No quiero hablar de su pintura. La he mirado siempre sin verla... Abela fue también el creador de El Bobo. Lo demás no importa. El Bobo lo salva. Abela, sin embargo, volcó todas sus energías en la pintura. Le dedicó la mayoría de sus años de trabajo. Los hombres a veces pierden su sentido de la medida... son buenos humoristas y aspiran a ser grandes pintores. La ambición es sólo válida dentro de las posibilidades, la vocación de un hombre. Es triste el caso de tantos que no pueden reconocer los límites de su talento. Abela nunca debió abandonar el humorismo gráfico.» (El Bobo de Cuba. Bohemia, no. 49, 3 de diciembre de 1965, p. 87.) En contraposición vindicante, conocemos de esta apreciación reveladora: «...cuando se habla de líneas, ¿es posible eludir la problemática planteada por el terrible «Bobo»? Y si investigamos un poco más a fondo, ¿no resulta inquietante advertir que la línea del «Bobo» contiene elementos indispensables para enjuiciar lo que ya pudiéramos denominar una línea cubana de dibujo? Aunque a primera vista no lo parezca, esa línea está presente en el dibujo de Wifredo Lam... entre otros muchos que se pudieran citar.» (Lionel López Nussa. Algo sobre Abela. Bohemia, 26 de noviembre de 1976, p. 23.)