Al hacer la segunda edición de este drama, cuando
la primera apenas cuenta un mes de vida, me creo en el deber
de consagrar algunas líneas de gratitud en este prólogo
a los buenos y leales amigos que han contribuido con sus
consejos y sus esfuerzos, al brillante éxito que ha
alcanzado.
En diciembre de 1858 durante las representaciones
de mi drama La dicha en el bien ajeno, comencé a ocuparme
de El cura de aldea, porque en España, todo autor
dramático que como yo vive exclusivamente de su pluma,
la terminación de una obra, es la señal que
le anuncia que la hora ha llegado de comenzar otra.
El pensamiento
de sacar a la escena el cura párroco, era arriesgado,
y harto difícil para mis escasas fuerzas, bosquejar
la bondad evangélica del padre de almas, tal como
yo lo concebía, tal como yo le conozco personalmente,
pobre y humilde, inmejorable modelo de caridad cristiana,
que ha llegado a ser por su sublime abnegación y su
incansable filantropía, la providencia del pequeño
pueblo en donde mora, el padre de los pobres, la adoración
de sus feligreses, el comentario vivo del Evangelio de Jesucristo1.
Resuelto a dar principio a mi obra, después de algunos
días de vacilación, fui a avistarme con el
eminente literato mi distinguido amigo D. Juan Eugenio Hartzenbusch,
al que le comuniqué mi pensamiento, y con su acostumbrada
bondad me aconsejó que leyera algunas obras, entre
las cuales se hallaba una epístola de Lamartine, cuyocontenido estaba en todo conforme con mi pensamiento.
Para
dar una idea aproximada del tipo que me he propuesto bosquejar
en mi drama, voy a extractar algunos párrafos de la
carta que me indicó el autor de Un sí y un
no, debida a la pluma de Alonso de Lamartine, uno de los
primeros poetas y moralistas franceses; dice así:
«¿Qué es un cura? Es el ministro de la religión
de Jesucristo encargado de conservar sus dogmas, de propagar
su moral y de administrar sus beneficios a la parte del rebaño
que le está confiada; y nadie puede hacer más
bien o más mal a los hombres, según desempeñe
la importante misión que le está confiada.
Como moralista, son aún más hermosas las funciones
del cura. El cristianismo es una filosofía divina,
escrita de dos maneras: como historia en la vida y muerte
de Jesucristo; como doctrina en los sublimes ejemplos que
éste trajo al mundo. Estas dos palabras: el precepto
y el ejemplo, están reunidas en el Evangelio. El cura
debe tenerlo siempre a la mano, a la vista, en el corazón.
Un buen sacerdote es un comentario vivo de este libro divino.
Cada una de sus misteriosas palabras responde exactamente
al alma que le pregunta, y encierra un sentido práctico
y social, que ilustra y vivifica la conducta del hombre.
No hay verdad ninguna cuyo germen no se halle en algún
versículo del Evangelio: la filantropía ha
nacido de su primero y único precepto; la caridad,
las leyes, se han templado; los abusos inhumanos se han abolido;
las cadenas se han roto; la mujer ha reconquistado el corazón
del hombre, y puede decirse que el mundo actual en su conjunto,
con sus leyes, sus costumbres, sus instituciones, sus esperanzas,
no es más que el verbo evangélico más
o menos encarnado en la civilización moderna.
El
cura tiene, pues, toda la moral, toda la razón, toda
la civilización, toda la política en su mano
cuando está en ella este libro (los Evangelios). No
necesita más que abrir, leer, para derramar en torno
el tesoro de luz y de perfección cuya llave le ha
confiado la Providencia. Pero su enseñanza debe ser
doble como la de Jesucristo: por el ejemplo y por la palabra;
su vida debe ser en cuanto lo permita la fragilidad humana,
la explicación sensible de su doctrina; una palabra
viva. La Iglesia le ha colocado en el puesto que ocupa, como
ejemplo más bien que como oráculo: puede hallarse
embarazado en el uso de la palabra, si la naturaleza le ha
negado ese don; mas la palabra que penetra en todos los corazones
es la vida: ninguna lengua humana es tan elocuente ni tan
persuasiva como la virtud.
El cura es asimismo administrador
espiritual de los sacramentos de la Iglesia, y de los beneficios
de la caridad. Tiene que tratar con los hombres, y debe conocerlos;
si combate las pasiones humanas, su mano debe ser dulce,
delicada y llena de prudencia y mesura. Su corazón
debe ser rico de tolerancia, de misericordia, de mansedumbre,
de compasión, de caridad y de perdones. Su puerta
debe estar siempre abierta para el que llega a turbar su
sueño; su lámpara siempre encendida, el báculo
siempre en su mano: no debe arredrarle ni las estaciones,
ni las distancias, ni los contagios del sol, ni la nieve,
si se trata de llevar el óleo al herido, el perdón
al culpable, el pan al hambriento, o su Dios al moribundo.
A su vista, como a la de Dios, no debe haber ni rico ni pobre,
ni pequeño ni grande, sino hombres; es decir, hermanos
en miserias y esperanzas.
Retirado en su humilde presbiterio,
a la sombra de su iglesia, rara vez debe salir de este sitio.
Permitido le es tener sin duda una viña, un jardín,
un huerto; cultivarle por sí mismo, mantener allí
algunos animales domésticos de recreo, o de utilidad,
la vaca, la cabra, la oveja, la paloma. Como asimismo el
perro, ese mueble viviente del hogar, ese amigo de los que
se hallan olvidados en el mundo y sienten la necesidad de
ser amados por alguno. Al regresar de sus excursiones piadosas,
o cuando el matrimonio o el bautizo han reunido a los amigos
de los pobres, puede el cura sentarse un momento a la mesa
del labrador y comer el pan negro con él; el resto
de su vida debe pasarlo en el altar, en medio de los niños
a quienes enseña a tartamudear el catecismo, ese código
vulgar de la más elevada filosofía, ese alfabeto
de una sabiduría divina, y cuando el Ángelus
ha resonado en el campanario de la aldea, puede verse algunas
veces al cura con su breviario en la mano, ya bajo de los
manzanos de su huerto, ya en las elevadas crestas de los
montes, respirando el aire suave y religioso de los campos.
Esta es su vida, estos sus placeres; sus cabellos emblanquecen,
la materia sucumbe, y el alma se eleva al cielo acompañada
de la oración y las lágrimas de sus feligreses.
Pero este hombre ha hecho lo mejor que podía hacerse
en la tierra: ha continuado un dogma inmortal, ha servido
de eslabón a una cadena inmensa de fe y de virtud,
y ha dejado a las generaciones que van a nacer, una creencia,
una ley, un Dios.»
La poética y acabada descripción
de Lamartine, estaba tan conforme con el pensamiento de mi
obra, que después de leerla repetidas veces, comencé
a extender la distribución del plan.
Pocos días
después, D. Juan Ballester de Aiguals, pintor escenógrafo
que de regreso de su viaje por el extranjero se hallaba en
Madrid, vino a visitarme; y enterándole del trabajo
que me ocupaba, me ofreció pintarme dos bocetos de
las decoraciones del primero y tercer acto, y cumplió
su palabra remitiéndomelos el 18 de enero del 58,
desde cuya fecha están adornando las paredes de mi
gabinete, como un recuerdo de su autor al de El cura de aldea.
Con los bocetos a la vista, la epístola de Lamartine
en la mente, los recuerdos de mi venerable amigo el párroco
de... en el corazón, y los santos Evangelios sobre
mi escritorio, comencé la ejecución de mi obra,
y con más fe que fuerzas para llevarla a cabo, seguí
trabajando estimulado por los consejos de mi leal amigo D.
Luis de Eguilaz, el cual llegó con su bondad a ofrecerme
su pluma para la terminación de una obra que, según
sus palabras, si la ejecución correspondía
al pensamiento, debía ser de mucha importancia para
mí. Pero yo, rehusando su generoso ofrecimiento, que
no olvidaré nunca, agradecí su deferencia para
conmigo y seguí trabajando.
Contribuyó también
a que terminara mi obra con doble afán y cuidado,
el eminente actor D. José Valero, cuando en el mes
de junio me dispensó la honra de pedirme repetidas
veces mi drama para el teatro del Príncipe, que entonces
proyectaba tomar y que hoy tan dignamente dirige.
Terminada
por fin, la puse en manos de dicho actor, el cual la acogió
con tanto cariño, que hizo de su protagonista una
de sus mejores creaciones; elevando con su talento y maestría
mi humilde obra a una altura, que rayaba aún más
allá de las esperanzas que como autor había
concebido; pues si como actor estudió profundamente
su papel, como se lo han demostrado los repetidos aplausos
del público y los elogios de la prensa, como director
de escena cuidó con tal escrupulosidad y delicadeza
el menor detalle de la obra, que en la escena de la limosna
del primer acto y la última del tercero, arranca a
los espectadores nutridos y prolongados aplausos, sin pronunciar
ni una sílaba. Y por último, queriendo darle
sin duda al autor y la obra una prueba más de aprecio
y deferencia, cuando El cura de aldea llevaba diez y nueve
representaciones, la hizo a su beneficio, con lo cual enalteció
la importancia del drama.
Si El cura de aldea hubiera alcanzado
un éxito mediano, mi agradecimiento para con mis amigos
hubiera sido el mismo, pero lo hubiera encerrado en el fondo
de mi corazón, como lo demuestra la primera edición
de esta obra; pero al escribir en esta segunda un prólogo
y al recordar que su éxito y el número de representaciones
que ha alcanzado han sido harto satisfactorias para su autor,
debo como hombre honrado consignar mi agradecimiento en estas
líneas, porque la ingratitud la he tenido siempre
como el defecto más asqueroso del hombre.
Ahora solo
me resta decir dos palabras a los que han propagado en algunos
círculos, que mi drama tenía puntos de contacto
con Le vicaire de Wakefied de MM. Nus y Tisserarant y Le
curé de village de Balzac, y es que El cura de aldea
de Escrich se parece tanto a las obras arriba citadas como
se parecen La Marcela de Bretón y El caballero del
milagro de Eguilaz.
Yo seré el último de los
autores dramáticos, pero jamás se ha enriquecido
mi pobre ingenio con situaciones del teatro extranjero, ni
he vestido nunca la prosa francesa con el verso castellano,
para apropiarme con un falso disfraz hijos que no me pertenecían,
y que al aceptarlos como tales sin haberlos concebido, echaba
una mancha sobre mi reputación literaria, aunque esta
sea, como he dicho antes, la última de todas.
En
la patria de Cervantes tenemos un teatro que es la admiración
de Europa, la gloria de España; yo he preferido siempre
una comedia de Calderón a todo ese fárrago
de absurdos dramáticos que vomita la literatura francesa
aun a despecho de nuestros modernos panegiristas, a los cuales
les basta leer el título de un drama francés,
para lanzar veinte admiraciones tan estúpidas como
la moderna escuela transpirenaica2.
En cuanto a los que han
hecho de mi drama un arma de partido, y los que han sacado
a plaza conversaciones privadas, faltando a su propio decoro
y a la elevada misión del crítico, a los unos
les contestaré estas palabras que el filósofo,
Jenofonte dijo a Sócrates en la plaza de Atenas: «Elhablador encumbrado, me inspira lástima y desprecio;
el callado abatido, veneración y respeto.» Y a losotros con estas otras que el autor de Verdades amargas haescrito en la última página de su drama El
patriarca del Turia.
«No sigo ninguna bandera, por más
que allá en el fondo de mi corazón tenga mis
opiniones; no me he dedicado a la política, de quien
Dios me libre; y como no pienso ser apóstol de un
nuevo sistema por falta de talento y de vocación,
mi única profesión de fe, es apuntar hechos
y consignar verdades con sujeción a las leyes, que
es todo lo que un poeta puede y debe hacer desde la tribuna
escénica.»
Ahora, querido lector, perdona la molestia
que puede haberte causado este prólogo, si lo has
leído, y ten en cuenta que mi deber y mi gratitud
más que mi voluntad y deseo son los autores de él.
Madrid 15 de enero de 1859.
ENRIQUE PÉREZ ESCRICH.
REPARTIMIENTO
PERSONAJES
ACTORES
MARÍA.
DOÑA EMILIA MOSCOSO.
PETRA.
DOÑA
ADELA ZAPATERO.
EL PADRE JUAN.
DON JOSÉ
VALERO.
GASPAR.
DON ANTONIO PIZARROSO.
ROQUE.
DON FERNANDO
OSSORIO.
DIEGO.
DON JOSÉ OLONA.
RAFAEL.
DON EMILIO
MARIO.
UN POBRE.
DON BENITO CHAS DE LAMOTTE.
UN SARGENTO.
DON JERÓNIMO SUNYÉ.
ANASTASIO.
DON RAMÓN
BENEDÍ.
ROMUALDO.
DON EDUARDO MOLINA.
Niños,
mujeres, pobres, aldeanos, soldados y gente del pueblo.
(La acción se finge en el Carrascal del Obispo, provincia
de Salamanca, durante la guerra civil. Los trajes, de charros.)
(Valle pintoresco: en mitad del teatro
se apoya sobre dos grandes rocas un puente de tablas, por
debajo del cual se desliza un arroyo que se pierde por el
foro izquierda. Monte al fondo, en cuya falda se ven las
primeras casas de una aldea. En el primer término
de la izquierda una ermita; en la pequeña torre de
esta, una campana de bronce, de la cual pende una soga, que
pasando por unas argollas de hierro termina junto a la puerta
de entrada, a la que se sube por unas gradas: en el de la
derecha la casita del cura, con cobertizo y empalizada rústica;
junto a esta hay un banco de piedra. La acción comienza
antes de amanecer.)
Escena I
(PETRA, ANASTASIO, ROMUALDO y
algunos aldeanos con guitarras y panderetas, bajan por el
puente y se dirigen a la casa del cura. Cuando llegan al
banco forman un corro.)
ROMUALDO
¿Quién va a cantar?
PETRA
Anastasio.
ANASTASIO
No señor, que cante Petra,
que es mujer,
y además tiene
mucha gracia, y la voz fresca.
TODOS
¡Que cante! ¡Que cante!
PETRA
En
cama
5
tengo postrada a mi abuela,
y como el barbero
ha dicho
que sin remedio la entrega,
—2→
no quiero
cantar, que al fin
y al cabo, yo soy su nieta.
10
ANASTASIO
Anda, tonta. ¿Qué más da?
ROMUALDO
Y aun
suponiendo que muera;
Dios es Dios, y cuando Dios
dice
«Fulano a la espuerta,»
no hay más que doblar el
cuello,
15
morirse, y tener paciencia.
PETRA
Mas si ella
sabe...
ANASTASIO
Mal
año
alcance y mala cosecha
al primero que le
diga
que has cantado. ¡Conque, ea!
20
que se templen
las guitarras,
y vamos a ver si echas
dos coplas por
esa boca.
ROMUALDO
Pero que sean honestas,
porque ya
sabéis que el cura
25
siempre que nos sermonea,
nos dice que los cantares
que ponen la faz bermeja
son enemigos ocultos
que nuestro cuerpo atormentan.
30
TODOS
¡Corro! ¡Corro!
(Se cogen de las manos,
y forman un corro dejando en el centro a PETRA y ROMUALDO.)
Escena II
(DICHOS, DIEGO, RAFAEL,
que bajan del monte precipitadamente, y se introducen en
el corro de los aldeanos dando empellones.)
DIEGO
¡Corro!
ROMUALDO
¡Corro!
TODOS
¡Diego!
(Retrocediendo.)
ANASTASIO
(¡Ya
se aguó la fiesta!)
(Todos se apartan del
lado de DIEGO.)
DIEGO
Venga una guitarra, quiero
cantar la copla primera.
RAFAEL
La mía no.
(Retrocediendo y ocultando detrás de su cuerpo la
—3→
guitarra.)
(DIEGO se
pone a templar la guitarra, y rompe una cuerda, y así
sucesivamente hasta tres, según lo indica el diálogo.)
PETRA
¡Ya rompió una cuerda!
ANASTASIO
¡Y
otra!
ROMUALDO
¡Y otra!
ANASTASIO
¡Ya
no hay paciencia!
DIEGO
¡Qué demonio de carraca!
55
(La rompe contra el banco de piedra y la tira
al arroyo. Luego se dirige a ROMUALDO y le dice.)
¡Dame el tuyo!
ROMUALDO
No
la suelto.
DIEGO
¡Hola! ¿No quieres a buenas?
ROMUALDO
No señor.
DIEGO
Pues
será a malas.
ANASTASIO
Es que a malas, aquí
hay piedras.
—4→
DIEGO
¿Sí? Pues yo tengo otra
cosa
60
que mata a los que apedrean.
(DIEGO
saca un par de pistolas del bolsillo, las monta y apunta
con ellas a los aldeanos, que echan a correr despavoridos
por las distintas veredas del monte. DIEGO y RAFAEL les acompañan
dando gritos y carcajadas hasta las primeras rocas del fondo,
luego bajan al proscenio.)
Escena III
(DIEGO y RAFAEL.)
DIEGO
¡Ja! ¡ja! ¡ja!
antes de poco
irán a darle la nueva
a mi padre.
RAFAEL
Pues
ya puedes
revestirte de paciencia
65
para oír...
DIEGO
Cumplí
veinte años;
(Con orgullo.)
su
amenaza no hace mella
en mi corazón.
RAFAEL
No
niego
que es tu voluntad enérgica;
mas, Diego,
la de tu padre
70
no es más flexible. Recuerda
que hace dos años te hallabas
en Salamanca, y
la nueva
llegó al autor de tus días
de
que con harta frecuencia
75
tú visitabas las timbas,
émulo de las cuarenta;
y escribiéndote
una carta...
DIEGO
Que yo dejé sin respuesta.
(Con
rapidez.)
RAFAEL
Sí... pero como él es hombre
80
que tiene poca paciencia,
montó a caballo,
fue a verte,
te encontró jugando...
DIEGO
Cesa.
RAFAEL
Y entre dos guardias civiles
te hizo volver a
la aldea;
85
—5→
donde te tuvo encerrado
un mes, sin
que te valiera
ser su hijo.
DIEGO
¡Basta!...
Basta.
RAFAEL
¿Te enfadas?
DIEGO
No;
me molesta
oír hablar de mi padre;
90
y hoy que
sus puertas me cierra,
ni debo temer sus iras,
ni
llamar debo a su puerta.
RAFAEL
Ve que es tu padre.
DIEGO
¡Mi
padre!...
(Con sarcasmo.)
Quiso la naturaleza
95
darme
un padre, que no ha dado
de padre ninguna prueba.
Libre soy; antes de mucho
por fin dejaré esta
aldea
que me vio nacer. El aire
100
que respiro aquí
envenena.
Aquí todos me rechazan,
todos me
espían, me celan;
no hay uno que cariñoso
su mano amiga me tienda,
105
arrendatarios serviles
del mismo que el ser me diera,
por no enojará
su dueño
hasta su amistad me niegan.
Mas yo
los desprecio: a nadie
110
necesito...
RAFAEL
Diego...
¿y ella?
DIEGO
¡María! ¡María! ¡Oh! solo
tú iluminas las tinieblas
que en mi mente se
amontonan
trastornando mis ideas.
115
(Se dirige
hacia la casa del cura y RAFAEL le detiene.)
RAFAEL
¿Adónde vas?
DIEGO
Voy
a hablarla.
RAFAEL
¿Y si el padre Juan?...
DIEGO
No
temas.
Está en el pueblo asistiendo
a un enfermo.
RAFAEL
Diego,
espera.
—6→
DIEGO
¡Esperar!... antes que el alba
120
con
su luz bañe esa sierra,
quiero saber si María
a seguirme está resuelta.
RAFAEL
¡Diego!
DIEGO
Rafael,
escucha.
Todo el oro que posea
125
mi padre, me pertenece;
mi sangre, es suya, su herencia
mía... la
paz imposible
entre los dos. Como ella
admita...
(Sale ROQUE de la ermita.)
RAFAEL
No
estamos solos.
130
Mira.
(Le indica la puerta de
la ermita.)
DIEGO
¡Calla!
(Le coge del brazo y le conduce al fondo evitando
que les vea ROQUE.)
Escena IV
(DIEGO y RAFAEL en el fondo. ROQUE en las gradas de la ermita.)
ROQUE
Por
si llegan
los muchachos, la campana
dejemos donde
la vean.
(ROQUE deja una campana de mano en la
pila del agua bendita que debe hallarse junto a la puerta,
y luego baja al proscenio.)
(Estremeciéndose de
frío.)
¡Aah!... Por más que el padre
Juan
madrugar nos aconseja,
135
no lo creo conveniente
si está la mañana fresca.
(ROQUE se queda mirando a la ventana de casa del cura.)
Cuando miro esa ventana
se rebullen las ideas
ocultas de mi magín,
140
y se bajan a la lengua
haciéndome más cosquillas...
Pero,
Roque, no seas bestia,
—7→
que aún no ha llegado
la hora
de que la comarca sepa
145
lo que tú tienes
oculto...
día llegará... y etcétera.
Vamos a tocar a misa,
pues si el padre Juan me encuentra
aquí... En el nombre del Padre,
150
(Persignándose.)
del Hijo y...
(Se dirige pausadamente
hacia la ermita. DIEGO y RAFAEL bajan del fondo para encontrarle.)
DIEGO
Tú
de una oreja,
(A RAFAEL.)
yo de otra,
lo aseguramos,
y mientras hable con ella
me lo tienes
resguardado
junto al charco de la huerta.
155
(DIEGO
y RAFAEL cogen a ROQUE por las orejas. ROQUE da un grito
y cae de rodillas.)
ROQUE
¡Jesús!
DIEGO
¡Silencio!
ROQUE
¡Socorro!
DIEGO
Ni una palabra.
(Le tapa la boca.)
RAFAEL
¡Ni
media!
DIEGO
¿Quién eres?
ROQUE
¡Ay!
(¡Mea culpa!)
DIEGO
Responde.
ROQUE
Tenga
paciencia.
Yo soy el correvedile
160
del clérigo
de la aldea;
el pregonero del pueblo
y el sacristán
de la iglesia.
Al que me manda le sirvo,
el que me
busca me encuentra;
165
cuando me amenazan callo,
pues
si me enfado me pegan,
y soy un ser tan paciente,
que he tenido la paciencia
de no impacientarme nunca
170
aunque impacientarme quieran.
(Todo este trozo con
mucha rapidez.)
DIEGO
Tú has de ignorar que me has
visto:
si hablas, te arranco la lengua.
ROQUE
Soy
un ser tan ignorante,
—8→
(Con temor y sonriendo.)
de ignorancia tan completa,
175
que por ignorar, ignoro
la madre que me pariera.
DIEGO
¡Ja! ¡Ja!
ROQUE
¡Y
se están riendo!
DIEGO
Llévale.
(A RAFAEL, el cual coge bruscamente a ROQUE por un brazo
y le arrastra hacia el fondo a pesar suyo.)
ROQUE
¿Adónde
me llevan?
RAFAEL
Sigue y calla.
ROQUE
Mea
culpa...
180
DIEGO
Luego iré a buscarte.
(A
RAFAEL.)
ROQUE
Mea
culpa, mea...
(RAFAEL se lleva a ROQUE por
el foro derecha.)
DIEGO
No
perdamos
el tiempo. El día se acerca.
(DIEGO se acerca a la ventana de la casa del cura y llama
suavemente.)
Escena V
(DIEGO:
MARÍA, desde dentro de la casa.)
MARÍA
¿Qué busca tan de mañana
en el valle?
(Desde dentro.)
DIEGO
A
ti, María.
185
MARÍA
Pues vuelva en siendo de
día.
(Ídem.)
DIEGO
Abre
por Dios tu ventana.
MARÍA
¿Tanto importa?
DIEGO
Un
corazón
que en sordas luchas se agita,
verte,
hablarte necesita
190
para hallar su salvación.
MARÍA
¿Eres Diego?
(Asomándose a la ventana.)
DIEGO
Diego
soy.
MARÍA
Por fin volviste.
DIEGO
¿Podía
no volver, si el alma mía
quedaba aquí?
—9→
MARÍA
Es
que hace hoy
195
MARÍA
que te ausentaste seis días,
y por tu ausencia angustiada
pasé una y otra
velada
esperando... y no venías.
DIEGO
¿De mi
amor dudaste?
MARÍA
¡Quita!
200
Sin la fe, sin la esperanza
nada en el mundo se alcanza:
aquí la duda no habita.
Cuando tardas mucho,
espero
y a solas mi amor exhalo,
205
que aunque dicen que
eres malo,
confío en Dios y te quiero.
DIEGO
María, ¿por qué el destino
quiso por ser
más ingrato,
que te hallara este insensato
210
en
mitad de su camino?
¿Por qué, niña angelical,
tu amor vino a ser mi edén,
si ese amor que
fue mi bien
hoy se convierte en mi mal?
215
MARÍA
Diego, tu acento me aterra,
mas a comprender no acierto.
DIEGO
Nuestro amor, María, ha muerto,
porque
abandono esta tierra.
MARÍA
¡Dios mío!
DIEGO
Cruel
el hado
220
que en mi daño se recrea,
hoy me arranca
de esta aldea.
MARÍA
¿Por qué? Por qué?...
DIEGO
Soy
soldado.
(Con sentimiento.)
MARÍA
¡Pero de ese
mal se infiere
que va a remediar el daño
225
tu
padre!
DIEGO
Mi
padre ha un año
que por hijo no me quiere.
MARÍA
¡Pero él es rico!
DIEGO
Si
a fe.
MARÍA
Su herencia te pertenece.
DIEGO
Pero
ni él su oro me ofrece,
230
ni yo a pedírselo
iré.
(Con orgullo.)
—10→
MARÍA
Ve, y con tu llanto subyuga
su altivez: yo te lo exijo.
¿Qué padre llorar ve a un hijo
y sus lágrimas
no enjuga?
235
DIEGO
El mío.
(Con energía.)
MARÍA
¡Diego!
DIEGO
Sí,
el mío.
(Pausa.)
MARÍA
¡Ah!
tu respuesta me asusta.
DIEGO
Jamás en su frente
adusta,
nunca en su aspecto sombrío
su amor
paternal brilló;
240
¡que ni aun en su cuna el niño,
ni una frase de cariño
ni un beso de él
recibió!
Mi madre, único consuelo
de
mi niñez afligida,
245
la amargura de esta vida
trocó por la paz del cielo.
Del hijo el dolor
profundo
no alivió el amor del padre,
que al
perder Diego a su madre
250
lo perdió todo en el mundo.
Desde entonces tuvo empeño
en castigar cruelmente
la culpa más inocente,
el delito más
pequeño;
255
y su esquiva condición
causó
al niño tanto mal,
que al fin el amor filial
se secó en su corazón.
Y tanto y tanto
sufrí
260
con el trato que me daba,
que yo hacer
daño anhelaba,
cual me lo hacían a mí.
(Pausa.)
Con fuerzas para luchar
contra su atroz tiranía,
265
me asaltó la idea un día
de huir del
paterno hogar;
y a él no tornaré jamás,
aunque el oírlo te asombre,
que en mi padre
veo a un hombre...
270
MARÍA
¿Y nada más?
(Con
asombro.)
—11→
DIEGO
¡Nada
más!
(Con energía.)
Sé
que mi altivez le irrita
y sé que el rogar es
vano:
ni él me tenderá su mano
ni Diego
la necesita.
275
MARÍA
Diego, tu mente delira.
Él
es tu padre.
DIEGO
No
cejo.
MARÍA
Diego, que un hijo es espejo
en
donde el padre se mira.
DIEGO
Piensa que su maldición
280
mi justo enojo provoca.
MARÍA
Maldecir pudo su
boca,
mas nunca su corazón.
Vuelve tranquilo
a su hogar,
sin temor que de ti huya:
285
si tu sangre
es sangre suya,
¿cómo no ha de perdonar?
DIEGO
Nunca.
MARÍA
(Con sentimiento.)
Por mi
amor te ruego...
DIEGO
No ruegues, que en vano fuera.
MARÍA
Ya que tu orgullo supera
290
a mi amor, mi amor
te niego.
DIEGO
¡María!
MARÍA
Aunque
no te cuadre,
lo que con pena te digo,
no vengas a
hablar conmigo
sin el perdón de tu padre.
295
DIEGO
¡Qué dice, Dios infinito!
Sin tu amor la muerte
quiero.
MARÍA
Tu amor aquí vive entero.
DIEGO
¡Ah!
MARÍA
Su
perdón necesito.
(MARÍA cierra la
ventana. DIEGO se abalanza para detenerla, y al ver que ha
sido inútil, dice con desesperación.)
—12→
Escena VI
(DIEGO solo.)
DIEGO
¡Oh! ¡Su perdón necesita!
300
Corro... Pero
no... ya es tarde.
Vamos, corazón cobarde,
sigue tu lucha maldita.
(DIEGO desaparece precipitadamente
por el foro derecha.)
Escena VII
(Varios MUCHACHOS aparecen en el puente corriendo. Al llegar
al camino que conduce a la escena se detienen. EL PADRE JUAN
sale por la parte contraria del monte. Trae una cesta llena
de frutas.)
MUCHACHO 1.º
¡Alto aquí!
(Deteniendo a los demás.)
MUCHACHO 2.º
¡Perico!
¡Andrés!
¡Alinear!
(Los MUCHACHOS se
ponen en batalla delante del camino.)
EL PADRE JUAN
¡Válgales
Dios!
305
(Apareciendo en el monte y viendo a los
MUCHACHOS.)
¡Eh!
MUCHACHO 1.º
¡A
la una! ¡A las dos!
EL PADRE JUAN
¡Muchachos!
¡Eh!
MUCHACHO 1.º
¡A
las tres!
(Los NIÑOS bajan a carrera tendida
la rampa del monte en dirección a la ermita, y se
lanzan todos en tropel sobre la campana que dejó ROQUE.
EL PADRE JUAN, apoyado en la barandilla del puente,
permanece inmóvil hasta verlos llegar, y cuando esto
sucede les dice, sin moverse del sitio.)
EL PADRE
JUAN
Un día os vais a estrellar.
Vamos, ¿y quién
la cogió?
MUCHACHO 1.º
¡Yo!
MUCHACHO 2.º
¡Fui
yo!
MUCHACHO 3.º
¡Fui
yo!
TODOS
¡Fui
yo!
310
—13→
EL PADRE JUAN
¡Silencio!
(Desde
el puente. Baja a la escena, se dirige adonde están
los MUCHACHOS, les quita la campana que se están disputando,
y viendo a uno, el más pequeño, y que bajó
el último, se acerca a él y le dice.)
Tuya
es, Gaspar.
MUCHACHO 1.º
Padre Juan, si él
a las gradas
no llegó, y...
EL PADRE JUAN
¡Deslenguado!
Y a usted ¿quién le ha autorizado
para echar
su cuarto a espadas?
315
MUCHACHO 1.º
Es que yo...
EL PADRE JUAN
Basta
de empeño:
yo adjudico la campana,
ítem
más, esta manzana,
a él, por ser más
pequeño.
A ver, ¿y ese pantalón?
320
(Reparando en el traje de uno de los NIÑOS y atrayéndosele
hacia él.)
¿quién te lo ha roto?
MUCHACHO 1.º
¡Perico!
MUCHACHO 2.º
¡Embustero!
EL PADRE JUAN
Cierra
el pico.
MUCHACHO 1.º
¡Mosca!
MUCHACHO 2.º
¡Chismoso!
EL PADRE JUAN
¡Chitón!
(Pausa. EL PADRE JUAN reprende con dulzura
a uno y luego a otro.)
¿Piensas que ignoro tus
hechos?
Tú eres un desobediente,
325
que has hecho
un chirlo en la frente
al hijo del fiel de fechos.
Tú ayer hiciste novillos...
MUCHACHO 2.º
¡Yo!...
EL PADRE JUAN
¡Me
lo ha dicho tu abuela!
MUCHACHO 2.º
(¡Soplona!)
EL PADRE JUAN
¡Perder
la escuela!
330
¿Y por qué?
MUCHACHO 2.º
Fui
a coger grillos.
EL PADRE JUAN
¡Grillos! ¡Bien!
De esa manera
no hay duda que medrarás,
pero
tú no lo harás más...
—14→
MUCHACHO 2.º
No, señor.
EL PADRE JUAN
Toma
una pera.
335
(Sacándola de la cesta, que habrá
dejado junto al banco, y dándosela al MUCHACHO.)
MUCHACHO 1.º
Deme usted una.
(Se
la da.)
MUCHACHO 3.º
¡A
mí!
(Ídem.)
TODOS
¡A
mí!
EL PADRE JUAN
¡Hola! ¿vuelve el somaten?
Sed desde hoy hombres de bien
y os las doy todas.
TODOS
Sí,
sí.
(EL PADRE JUAN se sienta
en el banco, los chicos le rodean y los reparte la fruta
de la cesta.)
EL PADRE JUAN
Tomad, y de
la memoria
340
nunca borréis mis consejos,
que
el que respeta a los viejos,
tiene segura la gloria.
No riñáis, que anhelo veros
en vez de
correr las lomas,
345
sencillos como palomas,
dóciles
como corderos.
Sea vuestro eterno afán
ser virtuosos,
ser píos,
porque todos, hijos míos,
350
sois
hermanos por Adán.
(El MUCHACHO 1.º
se sonríe, y EL PADRE JUAN lo coge de una oreja y
se lo acerca.)
(Los MUCHACHOS desaparecen corriendo por el puente tocando
la campana. Uno de ellos, que será el último,
cae, y EL PADRE JUAN corre a levantarlo.)
¡Ya cayó!
Muchacho, espera,
no vayas rodando al río.
¿Te
has hecho daño, hijo mío?
390
(Los NIÑOS
han desaparecido. EL PADRE JUAN levanta al caído
y lo lleva al proscenio.)
MUCHACHO 1.º
No,
señor.
EL PADRE JUAN
Toma
una pera.
(EL PADRE JUAN va a buscar
de la cesta, que estará junto al banco.)
¡Calle! Limpiaron la cesta.
Hijo, valga la intención.
(Repara en el pantalón del chico, que se
hallará algo destrozado.)
¡Hombre! ¿Es este
pantalón
el de los días de fiesta?
395
MUCHACHO 1.º
Sí, señor.
EL PADRE JUAN
Que
compre luto
tu madre.
MUCHACHO 1.º
No
me regaña
nadie, si usted me acompaña.
EL PADRE JUAN
Hijo, tu padre es muy bruto:
no hay quien seis palos te ahorre
400
al verte así.
Ve a María,
y dile de parte mía
que
te lo remiende. ¡Corre!
(El CHICO le besa la mano
y entra en la casa del cura.)
Escena VIII
(EL PADRE JUAN, solo.)
EL PADRE JUAN
No hay edad como la infancia:
ahora ríe, luego
llora,
405
y como todo lo ignora,
es feliz con su ignorancia.
Tenerles siempre a mi lado
quisiera, que al ver a un
niño
fuentes brotan de cariño
410
de mi corazón
helado.
Son mi dicha, mi consuelo;
pura y candorosa
edad
por la cual la humanidad
sus culpas lava en el
cielo,
415
que aquel que a un niño recibe
y le
va inclinando al bien,
en las puertas del edén
su nombre el Eterno escribe.
(Se oye un reloj
de torre que figura hallarse muy lejos,
—17→
y da seis campanadas.)
¡Calla! si... las seis serán...
420
Ya la
creo, si amanece.
¡Roque! ¡Roque! Me parece
que
se durmió el sacristán.
¡Roque!
Escena IX
(EL PADRE JUAN, ROQUE.)
ROQUE
Aquí está, que no acierta
(Sale temblando.)
a andar de frío
y mojado.
425
EL PADRE JUAN
¡Cómo!...
ROQUE
Porque
me han tirado
en el charco de la huerta.
EL PADRE JUAN
¿Quién?
ROQUE
Diego.
EL PADRE JUAN
¿El
albéitar?
ROQUE
No.
EL PADRE JUAN
El
hijo de Gaspar fue.
¿Y por qué ha sido?
ROQUE
¿Por
qué?
430
Pues eso pregunto yo,
que a la verdad
no me explico
quién me metió en tan mal
paso;
porque yo...
EL PADRE JUAN
Vamos
al caso,
ya sé que eres un buen chico.
435
ROQUE
Podré tener mis defectos
como cualesquiera... ¿estamos?
porque no es que aquí digamos
que los hombres
son perfectos.
EL PADRE JUAN
Bien, hombre, bien;
yo deseo
440
saber de que modo ha sido.
ROQUE
Nada, que
me han sorprendido,
que me han tirado, y Laus Deo.
EL PADRE JUAN
¿Conque tanta es la maldad
de Diego?
ROQUE
Le
aborrecemos,
445
sí, señor, y le tenemos
odio y mala voluntad.
—18→
EL PADRE JUAN
¡Tú estás temblando!
ROQUE
Si
el frío
no me deja resollar.
EL PADRE JUAN
Ve a casa, enciende el hogar
450
y caliéntate, hijo
mío.
Toma mi capa.
(Se la quita y se
la da.)
ROQUE
¡Qué!...
EL PADRE JUAN
Toma,
no cojas un resfriado.
ROQUE
Pero si aún no he
tocado
a misa, y el sol asoma,
455
y no quiero que usted
toque,
que esa es incumbencia mía.
EL PADRE JUAN
Vete.
ROQUE
¡Y
después qué diría
todo el pueblo!
EL PADRE JUAN
Vete,
Roque.
ROQUE
Pero, señor, ¿qué dirán?
460
(EL CURA le indica con la mano que se retire.)
¡Usted es un santo!
EL PADRE JUAN
No,
un cura
que por la salud procura
de su hermano el sacristán.
(ROQUE le besa la mano al CURA y entra en su casa.
EL PADRE JUAN se dirige hacia la ermita. GASPAR sale por
el fondo examinando la casa del CURA.)
Escena X
(EL PADRE JUAN, GASPAR.)
GASPAR
(Me habrán engañado... acaso
con
otro le confundieron...
465
(Reparando en el CURA.)
¡El Padre Juan!... No conviene
que sepa... Disimulemos.)
Buenos días Padre Juan.
EL PADRE JUAN
¿Quién es? ¡Ah! Gaspar, muy bien.
Mucho has madrugado
hoy.
470
(EL PADRE JUAN habrá
llegado a las gradas de la ermita, se vuelve y dice a GASPAR
lo precedente desde allí.)
—19→
GASPAR
Sí,
señor.
EL PADRE JUAN
¿Estás
enfermo?
GASPAR
No.
EL PADRE JUAN
¿Hay
mal humor?
GASPAR
Tampoco.
EL PADRE JUAN
(Siempre con cara de perro,
desde que el sol le despierta
hasta que le rinde el sueño.)
475
(EL PADRE JUAN habrá tocado
a misa, tirando de una soga que habrá junto a la puerta
de la ermita. Al concluir baja al proscenio.)
Me
tienes muy enfadado,
Gaspar.
GASPAR
¡Yo!
EL PADRE JUAN
Sí;
no comprendo
tu mal humor: ¿no eres rico?
¿no te estiman
en el pueblo?
¿no tienes buenas cosechas?
480
Pues entonces...
GASPAR
Es
mi genio.
EL PADRE JUAN
¡Psch! genio y figura
hasta
la sepultura: ¿no es eso?
GASPAR
Así será.
EL PADRE JUAN
Vamos,
vamos,
Gaspar; yo ya soy muy viejo
485
y no es fácil
engañarme.
Tú padeces.
GASPAR
¡Yo!
EL PADRE JUAN
Sí,
y Diego,
tu hijo, de ese dolor
es la causa.
GASPAR
Mi
hijo ha muerto.
EL PADRE JUAN
Gaspar, que estás
blasfemando.
490
GASPAR
Le suplico a usted, le ruego
que no hablemos de mi hijo.
EL PADRE JUAN
Quiero
hablar; yo vine al pueblo,
más que a cuidar de
mis males,
a cuidar de los ajenos.
495
Tú sufres,
tu mal es hijo
de tu carácter soberbio,
tú
olvidas que Dios humilla
la frente a los altaneros.
—20→
GASPAR
Padre Juan, esas palabras
500
son duras.
EL PADRE JUAN
Tengo
derecho
para hablarte así.
GASPAR
Señor,
a mi edad...
EL PADRE JUAN
La
edad no veo,
que el padre espiritual
no conoce edad
ni tiempo.
505
Aquí todos sois mis hijos,
padre
de todos ser quiero,
y es mi deber como padre
ver a
mis hijos contentos,
que la alegría y la calma
510
dones son que envía el cielo,
y el que sus
bienes ignora
vive a su Dios ofendiendo.
GASPAR
Pues
bien, Padre Juan, mis males
en vano buscan remedio:
515
tengo un hijo, un hijo ingrato,
cuyo corazón
perverso
en mi muerte se complace.
Desobediente, altanero
a mis mandatos, ve siempre
520
mi autoridad con desprecio,
ve el mal y hacia el mal camina.
EL PADRE JUAN
Y tú, ahorrando los consejos
paternales, le abandonas
a sí mismo.
GASPAR
Yo
no debo
525
ceder... y además es tarde.
EL PADRE JUAN
Querido Gaspar, yo creo
que siempre entre padre e hijo
para las paces es tiempo.
Con un grito de «hijo mío,»
530
pero que salga de adentro,
un buen abrazo, una lágrima,
una sonrisa y un beso,
-cosas todas que los padres
las hacen, aun sin saberlo,-
535
en un instante se olvidan
pasados resentimientos.
—21→
GASPAR
Dispénseme su
merced
si no sigo sus consejos.
Mi hijo es soldado.
EL PADRE JUAN
¡Soldado!
540
GASPAR
Sí, y en el cuartel espero
que halle
al fin el correctivo
de su carácter soberbio;
que a un recluta loco, doma
con su vara un cabo cuerdo.
545
EL PADRE JUAN
Pero, hombre, o yo estoy soñando
o tú, Gaspar, no estás bueno:
No conoces
la ordenanza
militar, según preveo.
Un día
se insubordina
550
tu hijo, o falta al respeto
a un
jefe, y te lo fusilan.
Vamos, Gaspar, no consiento
que vaya a servir al rey.
GASPAR
Irá.
EL PADRE JUAN
¡Cómo!
GASPAR
Estoy
resuelto
555
y de mi plan no desisto.
EL PADRE JUAN
Pero, hombre, no seas terco
y date a partido.
GASPAR
Irá
a servir al rey: no cejo.
EL PADRE JUAN
¿Con
que irá?... ¿Con que tú quieres
560
que se
pierda?... Lo veremos.
Su madre al morir me dijo:
«Padre
Juan, velad por Diego,»
y es un mal hombre el que olvida
los encargos de los muertos.
565
GASPAR
Cumplidlos enhorabuena,
si podéis.
EL PADRE JUAN
¡Vaya
si puedo!
Si es preciso, pediré
limosna de pueblo
en pueblo
para salvarle, y su madre,
570
que nos mira
desde el cielo,
lo agradecerá, porque ella,
que está vuestra lucha viendo
como yo, sabe quién
tiene
—22→
la culpa de que el mancebo
575
huya de su casa
y mire
a su padre con desprecio.
Tú eres, que
con esa táctica
de poner rostro severo
y ser
juez inexorable
580
para los hijos, has hecho
que ese
chico desconozca
los más dulces sentimientos
del hombre, y ahora recoges
los resultados funestos.
585
El que la virtud no siembre
de la virtud vive lejos,
que el árbol que con cariño
se cría
desde pequeño,
frutos nos da sazonados,
590
recto
se eleva hasta el cielo.
GASPAR
Señor Cura, tendrá
usted
mucha razón, no lo niego;
pero mi hijo
irá a servir
a su rey y... más no hablemos,
595
porque escucharle con calma,
como hasta aquí,
no prometo.
EL PADRE JUAN
Vamos, vamos, no te
enfades:
ya sé que he estado severo
contigo:
perdóname;
600
pero permíteme al menos
que por tu bien este anciano
te dé, Gaspar, un
consejo.
Una reprensión suave
causa siempre
más efecto
605
que cien azotes. Al joven
con
dulzura y con respeto
el padre debe instruirle;
y el
mozo llega a ser viejo
sin dejar nunca el camino
610
que aprendió en sus años tiernos.
¿Dices
que tu chico es malo?
Pues bien, el modo pensemos
de
regenerarle. Al mozo
que tiene instintos perversos,
615
si las puertas se le cierran
—23→
se le pierde sin remedio;
mas si las puertas se le abren
el malo se torna bueno,
y ¡qué diantre! al fin y al cabo
620
él
es tu único heredero.
Si no tienes otro hijo,
si es tu sangre.
GASPAR
Estoy
resuelto.
EL PADRE JUAN
Vamos, responde, Gaspar,
la mano puesta en el pecho.
625
Mañana cuando
esos montes
se hallen de nieve cubiertos,
y tú
al calor de la lumbre
en esas noches de invierno
oigas
la pesada lluvia
630
y el zumbido de los vientos,
¿no
temes que la conciencia
alce su grito severo
para recordarte
al hijo
que en mitad de un campamento
635
sufre el rigor
de una noche
que tú pasas junto al fuego,
o
tal vez en solitario
valle, tendido en el hielo,
con
la nieve cicatriza
640
las heridas de su cuerpo,
o tal
vez desesperado
espira el pobre inconfeso,
y una maldición
sacrílega
lanza sus postrer aliento
645
maldición
que al hijo cierra
la santa puerta del cielo
maldición
que alcanza al padre,
maldición...
GASPAR
Basta.
Es empeño
inútil. Yo lo he jurado,
650
cumpliré mi juramento.
(GASPAR desaparece
por el foro. EL PADRE JUAN le lanza una mirada
compasiva.)
—24→
Escena XI
(PADRE JUAN,
luego ROQUE.)
EL PADRE JUAN
Su corazón
es de roca,
mas sin embargo, no debo
desistir, porque
es preciso
poner a su lucha término.
655
¡Dios
mío! no le abandones.
Alumbrad su entendimiento.
ROQUE
Voy a encender el altar
(Sale de casa
del CURA y se encuentra con este, que sube.)
porque
ya ve usté, estoy seco
como si tal cosa.
EL PADRE JUAN
Bien,
660
no te entretengas, pues veo
que van acudiendo. Yo
voy por María.
ROQUE
Hasta
luego.
(Entra en la ermita, y EL PADRE JUAN
en la casa.)
Escena XII
(DIEGO
y RAFAEL, por el foro derecha. PETRA, ROMUALDO, ANASTASIO,
aldeanos, NIÑOS, viejos y pobres bajan a la escena
por distintos senderos del monte, y se reúnen en varios
grupos. GASPAR, por la izquierda, se queda oculto detrás
de uno de los grupos.)
ANASTASIO
(Yo le cuento la
ocurrencia
cuando salga.)
PETRA
No
seas terco;
665
¿si el cura no ha de pagarla,
para qué
le has de ir con cuentos?
ROMUALDO
Para que sepa la gente
mala que tiene en el pueblo.
RAFAEL
¿Oyes?
(A
DIEGO.)
DIEGO
(¡Pobres
mentecatos!)
670
Buenos días, majaderos.
ANASTASIO
¡Otra vez!
(Se van retirando de él.)
—25→
DIEGO
Vengo
de paz.
ANASTASIO
(Mira, no se lo contemos:
(A
los demás.)
si nos rompió las guitarras
que no nos rompa los huesos.)
675
GASPAR
(Sin ser visto,
desde aquí
al fin hoy saber espero
si es cierto
ese amor.)
DIEGO
(Hablando con RAFAEL.)
(Rafael,
sin vergüenza lo confieso,
al cerrarme su ventana
680
clavó un puñal en mi pecho,
y si esa
mujer me olvida
soy capaz de pegar fuego
al lugar.
RAFAEL
Conque
me avises
para que no me halle dentro...
685
DIEGO
¿Lo
dudas?
RAFAEL
No
seas niño;
soldados los dos, saldremos
antes
de mucho del valle;
y si a un mismo regimiento
nos
destinan ¿quién nos tose?
690
o capitanes o muertos.
Conque a esa mujer olvida,
y sígueme.
DIEGO
Antes
quiero
verla al pasar.)
(Hablan bajo.)
PETRA
Mucho
tarda
su mercé.
ROMUALDO
Estará
durmiendo.
695
PETRA
Si madruga más que el sol.
DIEGO
(Es en vano, estoy resulto.)
GASPAR
(Algún mal están
tramando,
mas de vista no los pierdo.)
Escena XIII
(DICHOS. Un SARGENTO y ocho SOLDADOS,
que salen por el foro izquierda en dirección al puente.)
SARGENTO
Salú y pesetas, paisanos.
700
(Bajando
a la escena.)
DIEGO
Felices, señor sargento.
—26→
PETRA
¡Chicas, chicas, militares!
RAFAEL
(Este es nuestro
hombre, Diego.)
SARGENTO
¿Sabrán ustedes decirme
en dónde se encuentra el pueblo
705
del Carrascal
del Obispo?
DIEGO
A la vuelta de ese cerro,
como a unos
doscientos pasos
de este valle.
SARGENTO
Agradeciendo.
ANASTASIO
Y aunque sea descortesía,
710
¿se viene
por mucho tiempo
al Carrascal?
SARGENTO
Si
el alcalde
llevó ya a cabo el sorteo,
pernoctaré
cuatro días,
porque yo aquí solo vengo
715
a llevarme los muchachos
que han tenido el privilegio
de sacar la bola negra.
DIEGO
Militar, está usted
viendo
a los dos reclutas.
SARGENTO
(Colocándose
con énfasis delante de DIEGO y RAFAEL.)
¿Sois
720
vosotros?
DIEGO
Sí.
SARGENTO
Me
alegro,
pues no tenéis mucha carne
en las cejas,
y os prevengo,
que soy hombre de experiencia:
en
cuanto atisbo a un sujeto
725
le echo el fallo: antes de un
mes,
os hago cabos primeros.
ANASTASIO
¡Qué fortuna!
¿Y tendrán vara?
SARGENTO
¡Si la tendrán!...
¡Ya lo creo!
la vida del militar
730
es una vida sin
pero;
en teniendo buen estómago,
curiosidad
y poco miedo,
está la fortuna hecha;
y si
no dígalo ego,
735
que en ocho años de carrera
el galón canta, sargento.
—27→
(Alargando
el brazo en dirección a un grupo.)
Conque,
salud y pesetas.
DIEGO
Esta tarde nos veremos.
SARGENTO
Cuando tú quieras. Muchachas,
740
no os olvidéis
del sargento.
(Vanse los SOLDADOS y el SARGENTO
por el puente. Sale de su casa EL PADRE JUAN, trayendo
del brazo a MARÍA y de la mano al NIÑO que
entró en la escena sétima.)
(Los CHICOS
se separan del CURA, y éste se dirige al corro de
ALDEANOS.)
Petrica, ¿cuándo te casan?
PETRA
Cuando se muera mi abuelo,
porque me deja un majuelo.
ANASTASIO
Buenas ganas se nos pasan.
EL PADRE JUAN
¿Tenéis prisa?
ANASTASIO
La
mujer
770
es semejante a las flores,
en pasando sus verdores
no se la debe querer.
EL PADRE JUAN
¿Y cómo
va ese valor,
Lino?
UN POBRE
Así,
así; mas la edad
775
no vence a la enfermedad.
EL PADRE JUAN
¿Pero qué dice el doctor?
UN POBRE
Que es difícil
que recobre
la salud sin viajar,
y como no puedo
andar
780
y además me hallo tan pobre,
confío
en Dios resignado
y en calma la muerte espero,
que
aquí si mañana muero,
su mercé
estará a mi lado,
785
y Dios sus justos enojos
cuando
espire ha de aplacar,
si usted se digna cerrar
a mi
cadáver los ojos.
EL PADRE JUAN
Piensa
así, que ha de valerte,
790
pues Dios de pagar no olvida,
la amargura de esta vida
con la gloria de la muerte.
(¡María! ¿Sabes si ayer
se cobró mi
paga?)
MARÍA
No:
795
¿quería usted algo?
EL PADRE JUAN
¡Yo!
¡nada! ¡Qué le hemos de hacer!
—29→
Mi voluntad
mira Dios,
pero en el caso presente
no sé
quien es, francamente,
800
el más pobre de los dos;
pero es triste a la verdad
no poderle ofrecer nada;
(Hablando consigo mismo.)
tal vez esta gente honrada...
Hijos míos, escuchad.-
805
(Todos rodean
al CURA.)
La limosna que se vierte
sobre la
mano afligida,
bálsamo es comprado en vida
para
hacer dulce la muerte,
que allá en la morada
eterna
810
nuestra caridad se ve.
Ahora bien, como yo sé
que esta tarde en la taberna,
(a pesar de la pobreza
pues los tiempos no son buenos)
815
os gastaréis
a lo menos
cuatro cuartos por cabeza,
yo en vosotros
confiado,
y el sacrificio no olvido,
esa cantidad
os pido
820
para un pobre desgraciado.
El bien va del bien
en pos
como van al mar los río,
una limosna,
hijos míos,
una limosna por Dios.
825
(EL PADRE JUAN recorre los grupos con el sombrero
en la mano y apoyada la otra en su bastón. Los ALDEANOS
depositan algunas monedas en el fondo del sombrero.)
RAFAEL
(Diego, al tirano tenemos
muy cerca.)
DIEGO
(¡Mi
padre!)
RAFAEL
Sí.
DIEGO
¿En dónde?
RAFAEL
Mírale
allí.
DIEGO
(Pronto de dudas saldremos.)
(ELCURA habrá vaciado el sombrero en manos
del
—30→
pobre: se coloca delante de DIEGO y le dice este.)
DIEGO
Buen anciano, perdonad
830
si no os favorezco
hoy.
¿Cómo he de daros si soy
pobre de solemnidad?
EL PADRE JUAN
¡Pobre tú! ¿Te has chanceado?
Por rico aquí te se tiene.
835
DIEGO
Mal la riqueza
se aviene
con un infeliz soldado.
(Alzando la voz.)
Huérfano soy; de esta tierra
parto en busca
de otra suerte;
o una familia o la muerte
840
pronto
me dará la guerra;
que aquí, con dolor profundo,
he aprendido en mi agonía
que al morir la madre
mía
solo me quedé en el mundo.
845
Id,
pues: mi padre colijo
que os dará, muerta mi madre.
GASPAR
El padre da por el padre,
(Adelantándose
y dejando caer algunas monedas en el sombrero.)
pero no da por el hijo.
DIEGO
Nunca di por mano ajena
850
cuando por mí hacerlo puedo.
(Se quita
una cadena que lleva al cuello, rompe un medallón
de ella y arroja el resto en el sombrero.)
(Con
tu retrato me quedo,
madre.) Ahí va esta cadena.
GASPAR
Padre Juan, ved que ese impío
esa joya
dar no puede.
855
DIEGO
Aunque usted me desherede
daré
siempre lo que es mío.
GASPAR
¡Insolente!
EL PADRE JUAN
Atrás,
mancebo.
GASPAR
¡Oh! Dejad que a ese insensato...
DIEGO
Si yo soy un hijo ingrato,
860
¿qué nombre a
usted darle debo?
EL PADRE JUAN
El de padre solamente,
el de padre, temerario,
ante el cual es necesario
que dobles la altiva frente.
865
—31→
-Y tú, que el pecho
en pedazos
te rompe tu propia ira,
solo un hijo en
Diego mira;
Gaspar, ábrele tus brazos.
GASPAR
¡Mi abrazo a un hijo maldito!
870
Aquel que sus puertas le
abra,
su misma ruina se labra
porque las tierras le
quito.
(Todos los ALDEANOS se apartan de DIEGO,
el cual contempla la escena con los brazos cruzados.)
(MARÍA coge de la mano al PADRE JUAN y lo lleva
al proscenio diciéndole en voz baja.)
MARÍA
Un secreto a usted confío
—32→
y que me perdone ruego.
Amo un hombre... ese hombre es Diego.
900
EL PADRE JUAN
¡Diego! ¡Ah! ¿Qué hacer, Dios mío!
¿Y él
te ama?
MARÍA
Con
verdadera
pasión.
EL PADRE JUAN
¿Y
es puro ese amor?
MARÍA
A no ser así, señor,
María ya no existiera.
905
EL PADRE JUAN
Hija, con doble razón
ahora mi amparo merece,
que el amor que puro crece
purifica el corazón.-
Diego, María desde hoy
910
tener debe en ti un
hermano;
María, dale tu mano.
DIEGO
¡Ah!
(Le coge la mano.)
EL PADRE JUAN
Ya
vuestro padre soy.
GASPAR
(Él mismo ha unido a los
dos,
pero yo haré esa unión vana
915
(Se oye el tercer toque de misa.)
EL PADRE JUAN
Hijos míos, la campana
nos llama al templo de Dios.
(Los MOZOS abren paso. MARÍA y DIEGO
cogidos de la mano entran en la ermita. EL CURA los
sigue, rodeado de los NIÑOS. Detrás marchan
las aldeanas. GASPAR se queda en medio de la escena mirando
con rabia la situación.)
(Sala baja
en casa del CURA. Las blancas paredes de la habitación
no deben tener otro adorno que algunos cuadros de santos.
Sobre la puerta de entrada, que debe hallarse al foro, una
imagen de Cristo crucificado, delante de la cual arde una
lámpara Un armario, sillas y demás muebles
de pino. Hogar con lumbre al extremo del foro derecha. Todo
debe respirar unción y aseo.)
Escena
I
(MARÍA, hilando, a la izquierda. DIEGO,
leyendo a la derecha. ROQUE, en el centro del teatro, algo
hacia el foro, se halla delante de una mesa, limpiando unos
candelabros de bronce. Junto al hogar un pobre sentado.)
ROQUE
¿Según parece, hoy le toca
comer
en casa al tío Lino?
UN POBRE
Hoy me toca: como
el Padre
Juan es tan caritativo,
admite un pobre a
su mesa
5
todos los días.
ROQUE
Dieguito,
¿qué lees?
DIEGO
Los
Evangelios.
ROQUE
Ese es el rey de los libros;
pero
si tú vieras otro
—34→
que tiene el cura escondido,
10
muy bueno, que se intitula
El Genio del cristianismo,
¡ca!... si no es para contado;
si se queda uno bizco
cuando llega a aquel pasaje
15
en que se refiere el
juicio
final... Tendrá una cabeza
regular el
que lo ha escrito.
MARÍA
Ya ves si es bueno saber
de letras.
ROQUE
Pues
por lo mismo
20
aprendí yo. Al Padre Juan
siempre
estaré agradecido,
pues cuanto soy se lo debo
a él. Me quiere cual hijo,
y no conozco más
padre
25
que a él, porque los míos
me
hicieron una partida
serrana, según me han dicho.
UN POBRE
Roque, a los padres debemos
respetar siempre
sumisos.
30
ROQUE
Pues qué, ¿yo no los respeto...
aunque jamás los he visto?
Pero fue chanza pesada:
figúrese usted, tío, Lino,
que una mañana
el buen Cura
35
se encuentra en la iglesia un lío;
le registra y me halla a mí,
es decir, a Roque,
niño.
Si no hubiera tropezado
con un ser tan
compasivo
40
como el señor Cura, a estas
horas
me hallaba en el limbo.
UN POBRE
A falta de un padre, Dios
te dio otro padre adoptivo.
DIEGO
(Estas páginas
encierran
45
un mundo desconocido
para mí; mas
al leerlas
siento que mi pobre espíritu
me abandona,
en tanto que ella
ni una palabra me ha dicho.
50
Entre
su amor y mi orgullo
¿quién de ambos será
vencido?)
ROQUE
(Si yo me atreviera... Roque,
los veintidós
no has cumplido,
y es preciso que hagas méritos
55
para pedir beneficios.)
MARÍA
Mucho tarda su
mercé,
Roque.
ROQUE
Si
quieres, de un brinco
voy a la aldea a buscarle.
Escena II
(DICHOS, EL PADRE JUAN
por el foro.)
EL PADRE JUAN
Salud y paz,
hijos míos.
60
(Entrando.)
MARÍA
Gracias a Dios.
(MARÍA le quita la capa,
ROQUE el sombrero y el bastón, y le coloca una silla
junto al hogar.)
EL PADRE JUAN
¿He
tardado?
MARÍA
Ya lo creo.
ROQUE
¿Está
usted frío?
(Tocándole las manos.)
¿Pongo más leña?
EL PADRE JUAN
No; basta
con lo que hay. ¿Habéis comido?
(Sentándose junto al hogar.)
MARÍA
¿Sin estar su mercé en casa?
65
EL PADRE JUAN
¿Pues mil veces no os he dicho
que no me esperéis?
Los viejos
tenemos poco apetito,
y dejamos por un
rayo
de sol, el manjar más rico.
70
MARÍA
¿Dónde ha estado usté?
EL PADRE JUAN
En
el monte
a pasear con unos niños,
y luego a
la vuelta entré
a ver al pobre Benito,
que
si Dios no hace un milagro,
75
se muere, y deja tres hijos
y una esposa en la miseria.
Diego: ¿estás ahí,
hijo mío?
(Reparando en DIEGO, que no ha dejado de leer.)
Ven, hombre, ven, y perdona
—36→
porque no te había
visto.
80
DIEGO
Perdonar, señor; yo soy
(Acercándose al CURA.)
el que perdón
necesito;
pues cuando usté entró, no dije...
EL PADRE JUAN
Ya sé que no eres amigo
de conversación inútil.
85
ROQUE
Ni media
palabra ha dicho
desde que usted se marchó...
EL PADRE JUAN
¡Qué tal! ¿te gusta ese libro?
DIEGO
Señor, leyendo sus páginas
(Bajo
al CURA.)
me avergüenzo de mí mismo.
90
EL PADRE JUAN
Diego, su lectura calma
(Bajo a DIEGO.)
las batallas
del espíritu.
(Siguen hablando en voz baja.)
MARÍA
Ni una vez sola sus ojos
se encontraron
con los míos.
ROQUE
María, quieres echar
95
un ojo a ver si están limpios.
(Enseñándolo
los candelabros.)
MARÍA
Como un espejo.
ROQUE
Un
espejo
son tus ojos, donde miro
mis penas, mis alegrías
MARÍA
¿Qué dices?
ROQUE
¡Nada!
No chisto.
100
(Se va al extremo opuesto. DIEGO besa
la mano al CURA, vuelve a sentarse donde estaba y continúa
leyendo. El CURA se dirige adonde está el pobre.)
EL PADRE JUAN
¿Y cómo van esos
males?
UN POBRE
Tal cual.
EL PADRE JUAN
¿Hoy
comes conmigo?
UN POBRE
Sí, señor.
EL PADRE JUAN
¿Cuándo
es la marcha?
UN POBRE
Si pudiera ser, hoy mismo;
pues gracias a su mercé,
105
tengo lo que necesito
para emprender el viaje,
que dé a mis males
alivio.
EL PADRE JUAN
¿Has hilado mucho?
(A
MARÍA.)
MARÍA
¡Vaya!
Como que ya he concluido.
110
¡Mire usted qué lana!
(Enseñándole una madeja.)
—37→
EL PADRE JUAN
¡Hermosa!
debe ser de mucho abrigo?...
y en verdad que me hace
falta,
pues tengo sesenta y cinco;
y si he de alargar
un poco,
115
que me cuides es preciso.
MARÍA
¿Tiene
usted queja de mí?
EL PADRE JUAN
No, hija
mía; pero Lino
tendrá hambre; conque
arregla
la comida.
MARÍA
Voy.
(¡Dios mío!
120
(Mirando a DIEGO.)
haz que termine esta lucha.)
ROQUE
¿Te ayudo yo?
(A
MARÍA.)
MARÍA
No
es preciso.
(Entra por la izquierda.)
ROQUE
(De hoy no pasa sin decirla
que la amo.)
Escena III
(DICHOS, menos MARÍA.)
EL PADRE JUAN
Ahora,
hijos míos,
necesito de vosotros.
125
ROQUE
Aquí
estoy yo.
EL PADRE JUAN
En
el camino
del pueblo encontré a dos pobres,
y en sus semblantes he visto
las huellas del hombre;
esperan
en el puente... Ve tú, Lino,
130
y tráelos,
a esta casa
para que coman contigo.
(LINO se
va por la puerta del foro.)
Y tú, Roque,
vas a hacerme
otro favor.
ROQUE
Veinticinco
si es necesario.
EL PADRE JUAN
Ya
sabes
135
en donde vive Benito.
ROQUE
¿El que está
enfermo?
EL PADRE JUAN
Sí:
dile
a su mujer, que te envío
yo, y le das
este pan
y esta camisa.
(Saca los objetos del
armario.)
ROQUE
De
un brinco...
140
(Se dirige al foro y EL PADRE JUAN
le detiene.)
EL PADRE JUAN
Hombre, espera...
a ver
si tengo por los bolsillos...
(Se registra.)
¡Ah! sí: toma esta peseta,
y le dices
que confío
antes de poco, poder
145
socorrerles.
¡Ah! y al mismo
tiempo, a Gil el estanquero
le preguntas,
si ha venido
el pagador, y en tal caso...
ROQUE
Sí,
ya sé: recojo el trigo.
150
Con Dios.
EL PADRE JUAN
¡Ah! y a don Gaspar,
(Bajando la voz.)
al padre
de...
(Señalando a DIEGO.)
ROQUE
Lo
he cogido.
EL PADRE JUAN
Le dices que yo quisiera
hablarle... y, nada más, hijo.
155
(ROQUE
se marcha por el foro.)
Por probar nada perdemos;
y si las paces consigo...
Escena IV
(PADRE JUAN, DIEGO.)
EL PADRE JUAN
La triste meditación
(Viendo a DIEGO
meditabundo.)
en que ese mancebo se halla,
me
revela la batalla
160
que agita su corazón.
(EL PADRE JUAN se acerca a DIEGO, y le pone una
mano en el hombro. DIEGO se levanta.)
Diego, por
tu mal me aflijo,
y verte feliz espero:
si como
un padre te quiero,
quiéreme tú como un
hijo.
165
Desahoga el dolor profundo
que tu corazón
devora;
que a consolar al que llora
vino el padre
Juan al mundo.
DIEGO
Desde que entré en esta casa
170
respiro tanta terneza,
que se ofusca mi cabeza,
que no sé lo que me pasa.
Siento un bien desconocido
que mi corazón ansiaba;
175
el que mi madre me daba,
el que con ella he perdido;
y al luchar conmigo mismo
en mi amargo desconsuelo,
tan pronto entreveo el
cielo
180
como entreveo el abismo;
que al pensar la horrible
suerte
que me brinda el porvenir,
no sé si
debo vivir
o si debo darme muerte.
185
EL PADRE JUAN
Diego, la vida no es tuya;
de ella no has de disponer;
si Dios te la dio al nacer,
deja que Dios la destruya.
DIEGO
¿Mas quién esta lucha calma
190
en que sin
cesar me agito?
EL PADRE JUAN
¿Quién?
Ese libro bendito,
que es el bálsamo del alma.
Tu dicha estriba en que caiga
a los pies de un padre
anciano
195
el resto de orgullo vano
que en tu corazón
se arraiga.
DIEGO
¿Olvida usted que jamás
me recibirá en su seno?
EL PADRE JUAN
Hijo, cumple como bueno,
200
y deja a Dios lo demás...
DIEGO
¿Mas si él con indignación
mi humildad,
esquivo, ahuyenta?...
EL PADRE JUAN
Setenta
veces, setenta
vuélvele a pedir perdón;
205
y si aún no cede, te exijo
que otras tantas
perdón pidas;
si de hacerlo así no cuidas
siempre serás un mal hijo.
Y ¡ay!... si con
temeridad
210
—40→
tu exaltada mente olvida,
que hay una conciencia
en vida
y un juez en la eternidad.
DIEGO
Señor,
negarme no quiero;
que usté es el único
ser
215
que me llegó a comprender,
a quien amo,
a quien venero.
Si, este es el libro que inunda
de luz y vigor la idea;
deje usted que el libro lea
220
para que valor me infunda.
Quiero aspirar los suaves
consejos que nunca oí.
EL PADRE JUAN
Léelo, pero no aquí.
DIEGO
¿Dónde?
EL PADRE JUAN
Do
cantan las aves.
225
Allá, al pie de una colina
lee ese libro con calma;
que allí se engrandece
el alma
porque allí a Dios se adivina;
porque
allí con santa unción
230
la eternidad ve el
cristiano,
porque allí se ve la mano
del Dios
de la creación.
DIEGO
Parto, pues, antes que
incline
mi fe el torcedor hastío.
235
EL PADRE JUAN
Dame un abrazo, hijo mío.
DIEGO
¡Señor!...
(Abraza al CURA, y sale precipitadamente por el
foro.)
EL PADRE JUAN
Que Dios te ilumine.
Escena V
(EL PADRE JUAN
se sienta al hogar.)
EL PADRE JUAN
¡Magnífico,
sí, magnífico!
El chico se halla inclinado
a hacer las paces; ahora
240
viene el padre, lo preparo,
gruñe un poco, pero al fin
lo olvida todo
un abrazo.
—41→
Escena VI
(EL PADRE
JUAN, LINO y dos POBRES por el foro.)
LINO
Por aquí.
(Desde
fuera.)
EL PADRE JUAN
¿Quién
es?
LINO
Soy
yo.
EL PADRE JUAN
¡Ah! bien, adelante, hermanos;
245
en el comedor espera
María.
(Los
POBRES le besan la mano, y se arrodillan a sus pies.)
¿Qué
es esto? Vamos,
no hay que afligirse, que Dios
no
olvida a los desgraciados.
(Los tres pobres entran
por la puerta de la izquierda.)
Escena
VII
(EL PADRE JUAN.)
EL PADRE
JUAN
Esto es un valle de lágrimas.
250
Ahora mismo
esos ancianos
que viven de la limosna,
que duermen
en despoblado;
en esa edad en que el hombre
más
necesita el descanso...
255
Si yo pudiera ofrecerles
un
rincón... El honorario
es tan corto, que aunque
quiera
no puedo alargar el brazo;
pero en fin, ¿qué
hemos de hacer?
260
Yo entre los pobres reparto
media paga,
y en el pueblo
no me tendrán por ingrato.
El oro, el oro es la línea
que divide a los humanos,
265
el cual hace que olvidemos
que todos hacia un fin vamos,
unos cubiertos de galas,
—42→
otros cubiertos de harapos.
(EL PADRE JUAN apoya la cabeza en las
manos, quedándose en una actitud pensativa. MARÍA
sale, se asoma a la ventana y dice allí los primeros
versos.)
Escena VIII
(PADRE JUAN,
MARÍA.)
MARÍA
(Ya se fue, ni una palabra
270
me ha dirigido el ingrato.)
(Se queda apoyada
en la ventana.)
EL PADRE JUAN
¿Qué
buscas, María?
MARÍA
Nada.
EL PADRE JUAN
¡Tú estás triste!
¡Tú has llorado!
MARÍA
No, señor.
EL PADRE JUAN
¿Estoy
yo ciego?
Esto ¿qué es?
(Le limpia una
lágrima con la yema del dedo.)
MARÍA
No
lo sé.
(Dejando caer la cabeza sobre el
pecho.)
EL PADRE JUAN
Vamos
275
María, nada me ocultes;
piensa que hace muchos
años
que tu madre, hermana mía,
te
confió a mis cuidados,
que desde entonces ha sido
280
padre para ti este anciano,
y una ingratitud sería
no amarme como te amo.
MARÍA
Yo le amo a usted
más que a todos
los del mundo.
EL PADRE JUAN
Exceptuando
285
a Diego, ¿eh?
MARÍA
Más
que a Diego.
EL PADRE JUAN
¿Sí? (Lo dudo.)
MARÍA
¿Usted
le ha hablado?
EL PADRE JUAN
Sí, y
espero antes de poco
tener buenos resultados,
que aunque
Diego se resiste,
290
correrá al fin a sus brazos.
MARÍA
¡Dios lo quiera! que es muy triste
ver
que se marcha un muchacho
a servir al rey, pues dicen
que la vida del soldado
295
es muy azarosa.
EL PADRE JUAN
Mucho.
MARÍA
¿Y usted se opondrá?
EL PADRE JUAN
Yo
trato
de oponerme; pero...
MARÍA
Vaya
si se opondrá usted.
EL PADRE JUAN
Es
claro.
MARÍA
Porque si él se marcha...
EL PADRE JUAN
Entonces
300
¿qué hemos de hacer?
MARÍA
Evitarlo.
Y ahora que me acuerdo, tengo
que reñir a
usted.
EL PADRE JUAN
Sepamos
los motivos.
MARÍA
Los
motivos
son esos dos convidados.
305
Usted no me ha dicho...
EL PADRE JUAN
Es
cierto,
fue un convite inesperado:
como estás
acostumbrada,
no pensé...
MARÍA
Pero
es el caso...
EL PADRE JUAN
¿Qué? ¡Vamos!
MARÍA
Que
la comida
310
de hoy no presta para tantos.
EL PADRE JUAN
No te apures, esa es gente
muy llana, improvisa algo.
MARÍA
Es que usted sin duda olvida
que no puedo
improvisarlo.
315
EL PADRE JUAN
¿Que no puedes?
MARÍA
No.
EL PADRE JUAN
¿Por
qué?
MARÍA
No hay nada.
EL PADRE JUAN
Sí;
en el armario
vi...
(Abriéndole.)
MARÍA
Dos panes.
EL PADRE JUAN
No, que es uno.
—44→
(Saca un pan del armario.)
MARÍA
¿Y el otro?
EL PADRE JUAN
¿El
otro? Lo he dado.
320
MARÍA
¿Y qué hacemos?
EL PADRE JUAN
No
te apures:
casualmente aquí te traigo
cuatro
reales. Una misa
que me encargó el boticario
para su difunta esposa:
325
poco es; pero siempre es algo.
(EL PADRE JUAN busca por todos los
bolsillos.)
MARÍA
¿No los halló usted?
EL PADRE JUAN
No:
¡ah!
no los busco, que es en vano.
MARÍA
¿Los
dio usted?
EL PADRE JUAN
(Después de un
momento.)
Sí.
MARÍA
Pues
entonces
¿qué hacer?
EL PADRE JUAN
Nos
hemos salvado.
330
(Después de una pausa.)
Mata
la gallina.
MARÍA
¡Pero
si usted la dio!...
EL PADRE JUAN
Mata
el gallo.
MARÍA
Si usted le dio.
EL PADRE JUAN
Pues
entonces
yo no sé lo que me hablo.
MARÍA
Yo lo arreglaré.
EL PADRE JUAN
Me
ocurre
335
una idea. ¿Para cuántos
hay comida?
MARÍA
Para
tres,
y somos seis.
EL PADRE JUAN
No;
sois cuatro.
MARÍA
¿Cuatro?
EL PADRE JUAN
Roque
come fuera.
MARÍA
Pero ¿y usted?
EL PADRE JUAN
¡Yo!
¡Estoy malo!
340
MARÍA
¡Malo! ¡Dios mío!
EL PADRE JUAN
No
es nada,
¡lo te asustes: sangro el plato,
porque así
a mi edad conviene
pero salgamos del paso:
—45→
dales de
comer, y diles
345
que luego iré a echar un párrafo
con ellos.
MARÍA
Si
usted lo manda...
EL PADRE JUAN
Te lo ruego.
(MARÍA saca del armario el mantel y el
pan y se asoma a la ventana.)
Me
he salvado;
y después, aunque yo ayune
por ellos,
¿no son hermanos?
350
(MARÍA desaparece
por la puerta de la izquierda, a tiempo que entra ROQUE por
el foro, llevando un pañuelo en la mano, que figura
contener dinero.)
Escena IX
(EL PADRE JUAN
y ROQUE.)
ROQUE
¡Aquí estoy yo!
EL PADRE JUAN
¿Ya
has cumplido
la comisión?
ROQUE
Sí,
y le traigo
la cosa.
EL PADRE JUAN
¿Qué
cosa?
ROQUE
El
trigo.
(Movimiento del CURA.)
¡El dinero!...
EL PADRE JUAN
¡Hola,
¿Has cobrado?
ROQUE
Sí, señor, en calderilla.
355
EL PADRE JUAN
Bien; déjalo en el armario.
Saca papel y tintero,
porque es preciso con tacto
hacer la distribución
de la limosna. ¡El curato
360
es tan pobre! El pie de altar
solo nos da malos
ratos,
y la congrua poco o nada
aumenta nuestro honorario.
Solo el rex augusta domi
365
preciso llega a mis manos;
pero hay enfermos, hay pobres,
y partirle es necesario.
ROQUE
Tengo unas ganas de ver
—46→
el altar bien adornado.
370
EL PADRE JUAN
Pues yo no.
ROQUE
¡Si
está más pobre!...
EL PADRE JUAN
Hijo, el lujo del cristiano
está en sus obras;
el cáliz
de oro y el cáliz de estaño,
son iguales a los ojos
375
del Dios que nos hizo hermanos.
El adorno del altar
está en los cabellos blancos
del cura, que ha envejecido
en la oración. No
hay ornato
380
como el que ofrecen los fieles
ante Dios
arrodillados.
ROQUE
No valga lo dicho.
(ROQUE
saca del armario papel y tintero y lo deja encima de la mesa.)
(EL PADRE JUAN se queda con los brazos
extendidos hacia GASPAR, el cual, con la frente inclinada
y avergonzado de sí mismo, permanece inmóvil.)
Escena XI
(DICHOS, ROQUE que
aparece en la puerta de la izquierda.)
ROQUE
¡Don
Gaspar, arrodillado
(Acercándose a D. GASPAR.)
se habla aquí; abajo esa frente!
(Cogiéndole del brazo con fuerza y obligándole
a que se arrodille a los pies del CURA.)
GASPAR
¡Oh, rayos!
(Luchando por desasirse de las manos
de ROQUE.)
EL PADRE JUAN
Roque,
detente.
565
¡Atrás!
(Pausa.)¿Conque has olvidado
(Colocándose entre los dos.
Pausa.)
que se debe respetar
como a un padre, a todo
anciano?
ROQUE
Señor...
EL PADRE JUAN
Bésale
la mano.
ROQUE
Voy...
(Besa la mano a GASPAR.)
EL PADRE JUAN
Perdónale,
Gaspar.
570
Escena XII
(DICHOS,
DIEGO por el fondo, MARÍA por la izquierda.)
DIEGO
¡Mi padre!
(Entrando.)
EL PADRE JUAN
¡Hijo
mío! ¡Avanza!
¿Tú, Gaspar, qué esperas
ya?
GASPAR
¡Dejadme!...
(Después de un
momento de lucha, desaparece precipitadamente por el foro.)
ROQUE
Se
marcha.
EL PADRE JUAN
¡Ah!
(Dejándose caer en un sitial.)
DIEGO
¿Lo ve usted?
(Al PADRE JUAN con sentimiento.)
MARÍA
¡Muere,
esperanza!
(Pausa.)
Escena
XIII
(DICHOS, menos GASPAR.)
ROQUE
¡Qué
mal hombre!
EL PADRE JUAN
Y
bien mirado
575
(Hablando consigo mismo.)
su enojo es
muy natural.
Sí; yo le traté tan mal...
ROQUE
¿Usted, señor?
EL PADRE JUAN
Le
he faltado.
ROQUE
Señor Cura, él sin razón
le dijo a usted cosas graves.
580
EL PADRE JUAN
Bah, bah, bah, bah, ¿tú qué sabes?
Debo
pedirle perdón.
DIEGO
Señor, eso es demasiado.
EL PADRE JUAN
Demasiado para ti,
pero lo que
es para mí...
585
¡Estoy tan acostumbrado!...
ROQUE
Iré con usted, no quiero...
no sea que ese
hombre...
EL PADRE JUAN
No;
quédate en casa, iré yo
solo. El bastón,
el sombrero.
590
Al mismo tiempo veré
—53→
si logro
al fin que los dos...
Vaya, hijos míos, con Dios;
no lloréis, pronto vendré.
(Vase
por el foro.)
Escena XIV
(DIEGO,
MARÍA, ROQUE.)
(Pausa. ROQUE contempla un
momento la triste actitud de DIEGO y MARÍA: hace un
esfuerzo, y acercándose a DIEGO, le dice sacando una
llave del bolsillo.)
ROQUE
Diego, esta llave te
entrego,
595
que es de mi celda en la ermita:
por si
murmuran, habita
de noche en mi cuarto, Diego.
Ya que
ella su amor te ofrece,
hazte digno de su amor.
600
DIEGO
Gracias, Roque; en su dolor
Diego su amistad te ofrece.
ROQUE
Yo la acepto, mas quisiera,
pues no os puedo dar
consuelo,
que os hablarais sin recelo,
605
como si yo
no estuviera.
Su merced me hizo quedar,
y aquí
estoy, pues lo ha mandado;
pero hablaos sin cuidado,
Roque no os ha de escuchar.
610
(ROQUE se sienta
al fuego y apoya la frente en las manos. Pausa.)
DIEGO
María, si hoy de tu lado
me arranca el hado
inclemente,
guarda un recuerdo en tu mente
para el
infeliz soldado.
MARÍA
Piensa, Diego, que María
615
no soportará tu ausencia;
que es muy débil
su existencia
para tan larga agonía.
Si de mi
lado te alejas
romperá tu amor sus lazos,
620
y el corazón en pedazos
dentro del pecho me dejas.
DIEGO
¿Qué debo hacer?
—54→
MARÍA
Con
dolor
te veo huir de esta tierra,
que el estruendo
de la guerra
625
mata el grito del amor.
DIEGO
Nunca,
y si la suerte impía
corta en la guerra mi aliento,
mi postrimer pensamiento
será para ti, María.
630
No temas que la ambición
mate, por su afán
de gloria
tu imagen, que es mi memoria;
tu amor, que
es mi corazón.
MARÍA
Por esa imagen sagrada,
635
(Coge a DIEGO de una mano y lo conduce delante
de la imagen de Cristo.)
que comprende mi tormento,
yo te empeño el juramento
de esperarte resignada.
DIEGO
¡Ah, gracias! Partir ya puedo
al menos más
consolado.
640
MARÍA
Mas que no olvide el soldado
que sin corazón me quedo.
DIEGO
¿De mi amor puedes
dudar?
Si me libro de la muerte
mi mano vendré
a ofrecerte
645
para llevarte al altar.
Escena XIV
(DICHOS, RAFAEL, por el foro.)
RAFAEL
¿Se puede entrar?
ROQUE
Adelante.
RAFAEL
Adiós, Roque; adiós, María.
DIEGO
Rafael, ¿qué ocurre?
RAFAEL
Venía
a decirte que un instante
650
te quiere el alcalde hablar.
DIEGO
¿Sabes para qué?
RAFAEL
Lo
ignoro.
(DIEGO habla con MARÍA aparte.)
ROQUE
¿También te cogió a ti el toro?
—55→
RAFAEL
Sí, por Dios, soy militar.
Mas no trato
de importuna
655
como algunos a la suerte:
(Mirando
a DIEGO.)
o tropiezo con la muerte,
o cargo
con la fortuna.
DIEGO
Vamos pues.
(A RAFAEL.)
RAFAEL
Adiós,
paisano.
(A ROQUE. Vanse DIEGO y RAFAEL por el
foro.)
Escena XV
(MARÍA, ROQUE.
Pausa.)
ROQUE
(La está matando la pena,
660
siendo tan pura, tan buena.)
María, yo soy tu
hermano,
es decir, lo quiero ser,
si es que tú
quieres, María;
y mi existencia daría
665
por no verte padecer.
El dinero condenado
es causa
de tu dolor:
tú tienes a Diego amor,
y Diego
se va soldado.
670
Yo no le puedo librar,
pues sabes
que no soy rico;
pero, en fin, soy un buen chico;
no
quiero verte llorar;
que aunque él la dulce esperanza
675
de mis ensueños mató,
el Padre Juan
me enseñó
a despreciar la venganza.
Así,
pues, alegra el gesto,
y si hallas modo o manera
680
en que serle útil pudiera,
manda, a todo estoy
dispuesto.
MARÍA
Para mis males no hallo,
Roque,
remedio ninguno.
ROQUE
Pues yo he de buscar alguno.
685
MARÍA
No existe.
ROQUE
Entonces
me callo.
(ROQUE se apoya en el cancel de la ventana.)
—56→
Escena XVI
(DICHOS, EL PADRE JUAN, por el foro.)
MARÍA
¿Vio usted a su
padre?
(Con afán.)
EL PADRE JUAN
No:
fui a su casa, pregunté,
y por más que
supliqué,
a admitirme se negó.
690
Conociendo
que era en vano
lo dejé para otro día.
(Reparando en MARÍA, que se cubre el rostro
con las manos.)
¡Lloras!... ¡por piedad, María!
¡no aflijas más a este anciano!
MARÍA
Mañana es tarde, señor.
695
EL PADRE JUAN
¡Tarde!
MARÍA
¡Se
marcha!
EL PADRE JUAN
¡Dios
mío!
MARÍA
Ya solo en usted confío,
que comprende mi dolor.
EL PADRE JUAN
Y haces
bien en confiar,
que verte sufrir no quiero.
700
Valor,
María, yo espero
que Dios no me ha de olvidar.
Roque, el sombrero, el bastón
de viaje.
(ROQUE mira con asombro al CURA: luego desaparece por una
de las puertas laterales y vuelve a salir con las prendas
indicadas.)
MARÍA
¡Qué
oigo!
EL PADRE JUAN
Un
abrazo.
MARÍA
¿Me deja usté?
EL PADRE JUAN
Es
corto el plazo
705
de nuestra separación.
Por
esos pueblos sumiso
a los fieles pediré;
venderé
o empeñaré
mi paga, si así es preciso.
710
Iré a Salamanca, allí
—57→
tengo amigos,
hija mía,
y ellos, al ver mi agonía
tal
vez se apiaden de mí.
Si no evito así su
ausencia,
715
veré a la reina, si quieres,
la
diré, que tú te mueres
y le dará
la licencia.
A acompañar a su cura
irá
todo el pueblo entero,
720
y que le cuente él espero
tu virtud y tu amargura.
Que nunca las soberanas
vieron con ingratitud
sesenta años de virtud
725
coronados por las canas.
MARÍA
¿No le arredra
a usté el pensar
la soledad del camino?
EL PADRE JUAN
Hija, el pobre peregrino
tan solo piensa en rezar.
730
Mas ¿qué importan las fatigas
a que con placer
me entrego,
si logro salvar a Diego
si al fin tus penas
mitigas?
(ROQUE sale con el sombrero y el bastón.)
MARÍA
¡Ah! mi esperanza renuevo.
735
EL PADRE JUAN
María, la fe cristiana
todo en el mundo lo allana,
y la fe en el alma llevo,
Ella marca mi horizonte,
pues con fe puede el cristiano
740
convertir un monte
en llano
y volver un llano monte.
MARÍA
Señor...
EL PADRE JUAN
¡Adiós,
hija mía!
¡Un abrazo... y confianza!
MARÍA
Usted lleva mi esperanza.
745
EL PADRE JUAN
Dios
mi incierto paso guía.
Adiós, ruega por
tu anciano
(Vase.)
MARÍA
Por él
rogando aquí quedo.
ROQUE
María, salvarte
puedo.
(Precipitadamente a MARÍA.)
MARÍA
¡Roque!
ROQUE
Confía en tu hermano.
750
(ROQUE sale precipitado de la escena, MARÍA cae
arrodillada delante de la imagen de Jesucristo.)
(Huerto en casa del CURA. Una tapia de
piedra rústica de tres palmos de elevación
cruza el escenario desde la tercera caja de bastidores: en
el centro de ésta, una puerta de troncos. En el primer
término de la izquierda la fachada de la casa, con
un emparrado, bajo el cual habrá un sillón
de baqueta y dos bancos, colocados del modo más conveniente:
un robusta peral y una higuera. Al fondo, monte, y un puente
practicables, cuyos senderos conducen a la casa del CURA.)
Escena I
(MARÍA, sentada
en el sitial de baqueta que hay debajo del emparrado7. PETRA,
ANASTASIO y varios ALDEANOS la rodean. Sobre el puente un
grupo de ALDEANOS, otro en uno de los picos del monte y otro
de MUCHACHOS en otra de las cimas de la colina. Por los senderos
bajan y suben ALDEANOS, del modo más conveniente para
dar animación al cuadro.)
PETRA
Vamos, María, no llores.
MARÍA
No he de
llorar... ¡Pobre anciano!
ANASTASIO
Si, ya verás
como vuelve:
¡pues no que no!... ¡Voto al chápiro!
MARÍA
¡Ay! Petra, dos días hace
5
que se fue por esos campos
y otros dos que acongojada
en balde su vuelta aguardo.
¿Qué habrá
sido de él?
—60→
PETRA
María,
vamos, no te aflijas tanto.
10
Dios nunca olvida a
los buenos:
verás cómo vuelve.
MARÍA
Acaso...
¡Como es tan viejo!... ¡Dios mío!
me horrorizo
de pensarlo.
Solo y en la noche oscura
15
esos caminos
cruzando
entre las nieves del monte
y los peligros
del llano...
Vamos: ¡no tengo razón
para llorar!
ANASTASIO
Pues...
¡Canario!
20
ha de volver, porque aquí
todos
le necesitamos
como al pan de cada día,
como
la lluvia al sembrado.
Si a la tarde cuando el sol
25
se esconda tras los ribazos
no ha vuelto, nos reunimos,
y en las borricas montando
nos desparramamos todos
hasta los fines del radio,
30
y de juro viene aquí
como dos y dos son cuatro.
¡Pues si por él
nos iríamos
hasta a ver al Padre Santo!
UN ALDEANO
Dice este bien.
ROMUALDO
Yo
lo mismo.
35
digo, que dice Anastasio.
TODOS
¡Y yo!
ANASTASIO
¡Si
es nuestro consuelo!
ROMUALDO
Nuestro alivio.
ANASTASIO
Nuestro
paño
de lágrimas.
MARÍA
Os
conozco
y sé que lo haréis.
ANASTASIO
Es
claro.
40
MARÍA
Gracias, mis buenos amigos;
mas temo que sea en vano.
Está el Padre Juan muy
débil,
—61→
tiene sesenta y seis años,
y a esa edad, mata una noche,
45
de fríos y de
cansancio.
UN MUCHACHO
¡Aleluya! (Del monte.)
MARÍA
¡Ah!
UN ALDEANO
¡Aleluya!
(De otro grupo.)
OTRO
¡Ahí está!
¡Él es!
MARÍA
¡Vamos!
TODOS
¡Vamos!
MARÍA
¡Gracias, Dios mío!
UN ALDEANO
¡Si es Diego!
(Desde el puente.)
MARÍA
No es él ¡Valedme, Dios santo!
50
Escena II
(DICHOS, DIEGO, que aparece en la montaña
desalentado y con muestras de cansancio. Baja en derechura
a la escena y MARÍA le sale al encuentro.)
DIEGO
¡María!
MARÍA
Diego,
responde;
dime, ¿no le has encontrado?
¿No le has
visto?
DIEGO
En
todo, en todo
me es el destino contrario,
María.
En vano en su busca
55
cien senderos he cruzado.
Sin
concederme un minuto
de tregua, seguí, sus pasos
por todas partes, por él
con ansiedad preguntando;
60
tan solo encontré a los niños
que de
aquí lo acompañaron,
y a los cuales despidió
por temor de fatigarlos.
¡Noble corazón!
MARÍA
¡Dios
mío!
65
¡Apiádate del anciano!
DIEGO
Seguí
entonces hecho un loco
la ruta que me indicaron,
creyendo que al fin podría
por mi fortuna encontrarlo...
70
—62→
¡Empeño inútil! Me vuelvo
sin él,
y desesperado.
MARÍA
¿Y nadie le ha visto?
DIEGO
Nadie.
MARÍA
Ten piedad, Dios soberano;
¡tú
que sabes que es la vida
75
de los que le amamos tanto!
¡Esto es horrible! A su edad
verse solo, extraviado,
quizás junto a un precipicio
esté
a estas horas cruzando.
80
DIEGO
¡Calla por Dios, que me
partes
el corazón en pedazos,
al pensar que
soy la causa
de tu pena y su quebranto!
UN ALDEANO
Ahora sí que es él.
(Desde los
picos de las montañas.)
TODOS
¡Él
es!
85
UNO
Lo traen unos aldeanos.
MARÍA
¡Haz que
sea verdad, buen Dios!
UN ALDEANO
Y lo viene acompañando
gente de Ciudad-Rodrigo.
DIEGO
Corramos.
TODOS
Sí,
sí, corramos.
90
(DIEGO y ALDEANOS se precipitan
a la montaña. MARÍA se queda esperando en la
mayor ansiedad.)
MARÍA
Que no me engañe...
¡Ah! sí, es él;
gracias, gracias, cielo
santo.
(Corre a encontrarle.)
Escena III
(DICHOS, EL PADRE JUAN,
a quien llevan unos aldeanos sentado en una especie de camilla,
hecha con ramas y troncos. Todos le rodean, unos le besan
la capa, otros las manos; él se apoya en MARÍA
y DIEGO, los cuales le sientan bajo el emparrado, en el sitial
de baqueta.)
EL PADRE JUAN
Ya por fin
estoy aquí.
MARÍA
Señor...
EL PADRE JUAN
¡Cuánto
habrás llorado!
PETRA
Vamos a dar la noticia
95
—63→
al pueblo.
ANASTASIO
¿Manda
usted algo?
EL PADRE JUAN
Solo quisiera, hijos
míos,
que obsequiarais a los cuatro
mozos
que aquí me han traído,
pues sin ellos
a este anciano
100
le hubiera sido difícil
llegar
a su casa.
ANASTASIO
Vamos
al punto, que mi bodega
es bodega de buen ario.
PETRA
Que descanse usted.
EL PADRE JUAN
Mil
gracias.
105
MUCHACHO 1.º
Si usted se halla fatigado
hoy
no daremos lección.
EL PADRE JUAN
¿Por
qué no? Dentro de un rato
podéis volver,
que esto pasa
como nube de verano.
110
MUCHACHO
Con
Dios, padre Juan.
EL PADRE JUAN
Id,
hijos:
que Dios os haga unos santos.
(Vanse.)
Escena IV
(PADRE JUAN, MARÍA,
DIEGO.)
MARÍA
¿Tiene usted frío?
EL PADRE JUAN
No.
MARÍA
¿Quiere
su mercé un poco de caldo?
EL PADRE JUAN
No tengo apetito, hija;
115
lo que yo tengo es cansancio:
ya ves, dos días corriendo
por esos mundos,
y al cabo
¿para qué? Para volver
como me
fui, sin un cuarto.
120
DIEGO
Y todo por mí.
EL PADRE JUAN
¡Bah,
bah!
Mira, Diego, no hagas caso:
las cosas del mundo
siempre
se hacen de golpe y porrazo:
¿que esta
salió mal?... Paciencia.
125
—64→
MARÍA
¿Con que
nada se ha alcanzado?
EL PADRE JUAN
Nada: llegué
a Salamanca;
busqué a Pedro, recordando
de
que los dos siendo jóvenes
juntos latín
estudiamos:
130
pregunté en su casa; un viejo
me dijo riendo: «Santo
varón, si ese que usted
busca
se murió hace veinte años.»
Me desorienté ante aquel
135
contratiempo inesperado:
salí a la calle, y de pronto
con un rótulo
me hallo
que decía: «Prestamista.»
Subo,
con el dueño hablo
140
de mi visita le entero,
y entre cortés y turbado
me vino a decir: «Amigo,
usted tiene muchos años,
y antes de acabar
la deuda
145
tal vez usté habrá acabado.»
Viendo mi poca fortuna
fuime a los pueblos cercanos;
pero, hijos, se hallan tan pobres,
que todo mi
afán fue vano.
150
Ya a tornar me disponía;
pero el camino es tan largo
y mi edad tan avanzada,
que me arrimé junto a un árbol
para
recobrar las fuerzas,
155
que me iban abandonando.
Allí
me encontró la noche,
y el frío, el hambre,
el cansancio
pudieron más que mi espíritu
y al fin caí desmayado;
160
y a no ser por
unos mozos
compasivos, este anciano
ya no pudiera,
hija mía,
estrecharte entre sus brazos.
DIEGO
Señor, yo no podré nunca
165
pagar beneficios
tantos.
EL PADRE JUAN
Yo solo la intención
puse.
—65→
MARÍA
y hoy que se termina el plazo,
hoy que a los quintos se llevan...
EL PADRE JUAN
Fe y confianza tengamos,
170
hijos míos. Dios es
grande.
¿Pero y Roque? Es muy extraño...
que
no se halle aquí.
MARÍA
Hace
poco
se encontraba.
EL PADRE JUAN
Mira,
acaso
no fuera mal que dijeras
175
a Gaspar que aquí
le aguardo.
DIEGO
Será inútil.
MARÍA
Por
probar
nada se pierde.
EL PADRE JUAN
Está
claro.
DIEGO
¡Ah! no: el corazón me dice,
que de ustedes me separo.
180
EL PADRE JUAN
Dios
no lo querrá. María,
ve a buscarle; hagamos
algo
por última vez.
MARÍA
Dios
quiera
que al fin...
DIEGO
Ya
todo es en vano.
EL PADRE JUAN
¿Y qué
sabes tú? Ve, hija,
185
yo aquí te espero.
Mis párpados
se cierran a pesar mío.
MARÍA
Hasta luego.
(Vase corriendo por
el foro.)
DIEGO
Yo
entre tanto
en casa estoy.
(Señalando
la del CURA.)
EL PADRE JUAN
¿Qué,
me dejas?
DIEGO
Así dormirá usté
un rato.
190
EL PADRE JUAN
Bien lo necesito.
DIEGO
Entonces
hasta luego.
(DIEGO entra en la casa. EL PADRE JUAN
se queda en el sitial que hay debajo del emparrado.)
(EL PADRE JUAN cruza las
manos en actitud de orar: reclina la cabeza sobre el respaldo
del sillón y se queda dormido. Pausa.)
—67→
Escena VI
(EL PADRE JUAN, dormido. ROQUE, aparece
en lo alto del monte, reconoce el terreno, y baja a la escena:
se acerca a la casa del Cura; luego repara en EL PADRE JUAN,
y hace un movimiento de sorpresa; pero cuando se cerciora
de que está dormido, saca de su seno una bolsa que
figura estar llena de oro, y se arrodilla a los pies del
CURA, le besa las manos, los pies y la frente. Deja la bolsa
sobre las rodillas del PADRE JUAN y desaparece precipitadamente
por la izquierda.)
Escena VII
(EL PADRE JUAN, despertando.)
EL PADRE JUAN
¿Quién me besa?... ni un instante
me dejaréis
descansar...
¿Vamos, vendréis a estudiar
los proverbios?... Adelante.
220
Venid... ¿os estáis
burlando
de mí?... Pues...
(Se levanta,
y cae al suelo la bolsa que dejó ROQUE sobre sus rodillas.)
¿Qué
se ha caído?
(La recoge.)
¡Lo
que pesa!... ¿habrán metido
piedras?...
(Lo abre, y al ver lo que contiene dice con asombro.)
¡Oro!...
¿Estoy soñando?
¡No, no! ¡lo miro! ¡lo toco!
225
¡Dinero! ¡Dios soberano!
¿Mas cómo llegó
a mi mano?
Vamos, Juan, poquito a poco.
En casos
excepcionales
la cachaza es lo primero.
230
(Registra
la bolsa y cae un papel.)
¡Un papel entre el dinero!
Veamos.(Lee.) «Hay
seis mil reales;
la cantidad necesaria
para salvar
a un soldado.»
¡Ah! ¡sí, sí; Dios me ha
escuchado,
235
—68→
Dios ha oído mi plegaria!
El que
mi frente besó,
el que este oro ha traído,
es él, estoy convencido,
Dios su corazón
tocó.
240
Con delicadeza tal,
solo a un padre
obrar le es dado;
por fin la fuente ha brotado
del cariño paternal.
¡Diego! ¡María! Corramos!...
245
El tiempo no malgastemos...
ya es libre, ya le tenemos
con nosotros... Le salvamos!...
Escena VIII
(EL PADRE JUAN, DIEGO, que
sale de la casa del cura.)
EL PADRE JUAN
¡Ah! ¡Diego! este oro que ves
es suyo: él lo
ha traído.
250
DIEGO
¿Quién, señor?
EL PADRE JUAN
Se
ha enternecido,
sí, corramos a sus pies.
DIEGO
¿Pero quién, señor?...
EL PADRE JUAN
Tu
padre,
que ya por fin se ha apiadado,
que te libra
de soldado,
255
que te ama como tu padre.
DIEGO
¡Será
verdad!
EL PADRE JUAN
Ni
un momento
perdamos, corre sin pena;
cuando yo
hago una obra buena
detrás de mí queda
el viento.
260
(Los dos salen precipitados. Al
llegar al monte debe conocer la fatiga que le cuesta al PADRE JUAN
subir la empinada vereda que conduce al puente, por el que
desaparecen los dos.)
—69→
Escena IX
(ROQUE, sale de entre las rocas de la izquierda y observa
a DIEGO y al CURA; luego baja al proscenio.)
ROQUE
¡Pobre viejo! A cada instante
lo que hice menos me pesa;
que una alegría como esa
quita una arruga
al semblante.
A lo hecho, pecho y valor,
265
y pues solo
te han dejado,
Roque, llora sin cuidado,
que el llorar
no es deshonor.
Aquí puedes sin testigos
y sin recelo ninguno
270
abrazar uno por uno
a tos
callados amigos.
Adiós, mi viejo peral:
(Abrazándole.)
ya, Roque, como algún
día,
no irá arrojando a María
275
tu fruta en su delantal.
Adiós, parra, adonde
vimos
pasar nuestra edad más bella;
este
agosto para ella
no cogeré tus racimos.
280
Adiós,
tú, mi anciana higuera
a cuya sombra crecí,
dichoso Roque si aquí
bajo tu sombra muriera.
Cuando a los novios acojas
285
de tu viejo tronco al
pie,
para que el sol no les dé,
apiña
tus verdes hojas.
Y tú, mi casita vieja,
y tú, mi huerto adorado,
290
adiós, que se
va el soldado,
mas su corazón os deja.
(ROQUE se dirige al foro, a tiempo que entra RAFAEL le
detiene.)
—70→
Escena X
(ROQUE, RAFAEL.)
RAFAEL
Dime, Roque, ¿has visto a Diego?
ROQUE
No le he visto.
RAFAEL
¿Estará
en casa
del Cura?
ROQUE
No.
RAFAEL
¡Voto
al chápiro!
295
El sargento está que rabia
por largarse de la aldea,
y aquí a buscarle
me manda.
ROQUE
Pues qué, ¿va al servicio Diego?
RAFAEL
Su padre se llama andana;
300
y como no suelte
el trigo,
el sargento lo reclama.
ROQUE
¿Y quién
sabe si a estas horas
es libre?
RAFAEL
¿Libre?
¡Ya baja!
¿Y cómo?
ROQUE
¿Cómo
ha de ser?
305
Dando los seis mil que marca
el reglamento:
él es rico
RAFAEL
sí, muy rico; pero carga
con el chopo, como el hijo
de mi madre. Pero acaban
310
de decirme en la taberna
que habías sentado
plaza.
ROQUE
No: me he vendido.
RAFAEL
¿Vendido?
ROQUE
¡Vendido! ¿De qué te extrañas?
RAFAEL
Hombre, ¿para qué querías
315
el
dinero?
ROQUE
Cosa
es clara;
cuando por él me vendí
es
porque me hacía falta.
RAFAEL
¿Cuánto
te dieron?
ROQUE
Seis
mil
reales en onzas rancias.
320
RAFAEL
¡En peluconas!
Moneda
—71→
que siempre me fue simpática.
¿Quién
te compró?
ROQUE
El
regidor,
para el hijo de la Paca.
Rico es, no
quiere servir,
325
busca quien le sirva y paga;
yo me
ofrecí; voy por él:
me largó la
mosca, y pata.
RAFAEL
Pero siendo un cobardón
¿te has decidido?
ROQUE
Las
balas
330
ni respetan al valiente
ni al cobarde; conque
guarda
tu pellejo como puedas
y por mí
no pases ansias.
RAFAEL
Mucho sentiré que Diego
335
no venga en nuestra compaña.
ROQUE
No quieras
el mal del prójimo.
Vamos, que el sargento aguarda.
(Vanse por la derecha, a tiempo que por la
izquierda salen GASPAR y MARÍA.)
Escena XI
(MARÍA, GASPAR.)
MARÍA
Estará dentro: si usted
me permite...
GASPAR
Como
quieras.
340
(MARÍA, que habrá llegado
hasta la puerta de la casa, se queda allí pensativa.)
La humildad que se respira
aquí mi
valor enerva
¿No vas a avisarle?
(Reparando
en la inmovilidad de MARÍA.)
MARÍA
Voy...
pero antes, señor, quisiera
hacer a usté
una pregunta.
345
GASPAR
¿Y quién te prohibió
hacerla
por el camino?
MARÍA
Es
que allí,
señor, me daba vergüenza;
y aunque intenté por dos veces
hablar,
se negó mi lengua.
350
GASPAR
¿Y aquí puedes?
MARÍA
Ya
lo creo:
aquí mi valor se aumenta,
porque
me encuentro entre amigos.
GASPAR
¿Entre amigos?
(Mirando en torno suyo.)
MARÍA
Sí,
la higuera,
el peral, el emparrado,
355
y en fin, mi
casita vieja;
que ellos me han visto crecer
y ellos,
señor, me consuelan:
sus frutos me regalaron
allá en mi infancia risueña,
360
y hoy
bajo su fresca sombra
la mujer llora sus penas.
GASPAR
Acabemos: ¿la pregunta?...
MARÍA
Si pone usted
la faz seria,
ni aun hallándome entre amigos
365
valor tendré para hacerla.
GASPAR
(Ante su humildad
sucumbe
mi altivez.)
MARÍA
¿Me
da licencia
para continuar hablando?
GASPAR
Sí,
sí, María, y dispensa
370
mi carácter.
MARÍA
Allá
voy:
yo, señor Gaspar, quisiera
saber si he
dado motivos
para que usted me aborrezca.
GASPAR
Yo no te aborrezco.
MARÍA
Eso
375
digo yo; pero en la aldea
dan en decir lo contrario.
GASPAR
Pueden decir lo que quieran.
MARÍA
Es verdad que Diego me ama
y que le amo yo: si es esa
380
la causa, mucho me temo
dure mientras yo no muera.
GASPAR
¿Tanto le amas?
MARÍA
¡Si
le amo!
Más que al sol ama la tierra:
—73→
si ella por sus rayos vive,
385
por su amor mi pecho alienta.
Mas si a usté este amor enoja,
yo le diré
que no venga,
que ante el mandato de un padre
razón es que el hijo ceda.
390
(GASPAR se queda
contemplando un momento a MARÍA: luego, como si deseara
salir de su abatimiento, hace un esfuerzo y se encamina hacia
la casa del Cura. MARÍA se interpone.)
¿Se va usted, señor?... ¿Acaso
no merezco una
respuesta?
(MARÍA le coge una mano a GASPAR
y le dice con sentimiento los versos que siguen.)
Si usted necesita un hijo
que le cuide y que le
quiera,
si esas canas que coronan
395
su venerable cabeza
están pidiendo un apoyo,
¿por qué sus
puertas le cierra?
En vano frunce usté el ceño:
esos ojos me revelan
400
que el cariño paternal
en su corazón alienta.
Deje usted correr las
lágrimas,
que una a otra se atropellan
por salir...
GASPAR
Calla,
hija mía,
405
y ojalá que mereciera
un
hijo ingrato...
MARÍA
Es
que ahora
no es el mismo...
GASPAR
Cesa,
cesa.
(Se dirige a la casa.)
¿Está
dentro el padre Juan?
MARÍA
Debe estar.
GASPAR
Bien:
por si llega
410
mi hijo, le hablaré en su cuarto:
no quiero que aquí me vea.
Si viene, María,
ocúltale
mi llegada.
(GASPAR entra
en la casa. DIEGO aparece en el monte.)
MARÍA
¿Ya qué esperas,
415
—74→
corazón? Muere callando.
DIEGO
¡María!
(En el monte.)
MARÍA
¡Ah!
Es él, que no sepa...
(Se dirige a la casa
y entorna la puerta. Luego sale al encuentro de DIEGO.)
Escena XII
(MARÍA, DIEGO.)
DIEGO
María, con impaciencia
vengo
tu afán a calmar;
ya no abandono el lugar,
420
ya he comprado mi licencia.
MARÍA
¡Dios mío!...
¿Será verdad?
DIEGO
Sí; mi padre compasivo
quiso por fin que el cautivo
gozase de libertad.
425
MARÍA
Vuelve, vuelve a repetir...
DIEGO
Torna
al pecho la esperanza,
María, que en lontananza
nos sonríe el porvenir.
MARÍA
¿Pero
el padre Juan lo sabe?
430
DIEGO
Sí, sí,
y loco de alegría
corrió a salvarme, María.
MARÍA
Para que mi pena acabe
ya solo el
perdón nos falta
de tu padre.
DIEGO
¡Su
perdón!...
435
por lograrle el corazón
aquí de impaciencia salta;
y calcula tú
si en mí
obra un afán verdadero,
que al abrazarle, el primero
440
será desde que nací.
(EL PADRE JUAN rodeado de NIÑOS
aparece en el puente.)
MARÍA
(Temo decirle
que está
su padre aquí; mas su afán
me lastima.)
DIEGO
El padre Juan.
(Viéndole.)
MARÍA
(Él por mí se lo dirá.)
445
—75→
Escena XIII
(DICHOS, EL PADRE JUAN,
y NIÑOS por el fondo.)
EL PADRE JUAN
Esperad junto al peral
quietecitos.
NIÑO 1.º
Yo
por mí
ya no me muevo de aquí.
(Se sienta.)
NIÑO 2.º
Ni yo.
NIÑO
3.º
Ni
yo.
(DIEGO coloca a los NIÑOS al rededor
del peral.)
EL PADRE JUAN
¡Hola!...
¡Qué tal,
(A MARÍA.)
¿María?
¿Te habrá contado
450
Diego?...
MARÍA
Sí.
EL PADRE JUAN
¿Estás
contenta?
MARÍA
¡Vaya!
EL PADRE JUAN
Pasó
la tormenta.
Ya se queda a nuestro lado.
¿Encontraste
a Gaspar?
MARÍA
Sí:
(Bajando
la voz.)
allá dentro está aguardando.
455
EL PADRE JUAN
Y yo que le estoy buscando...
(Se dirige a la casa, MARÍA se interpone
y le dice en voz baja.)
MARÍA
Señor,
es que...
EL PADRE JUAN
Vamos,
di.
MARÍA
No quiere ver a su hijo.
EL PADRE
JUAN
¿Que no? Ese hombre está loco,
cuando él
mismo hace muy poco
460
nos trajo aquí...
MARÍA
Así
lo dijo.
(Hablan en voz baja. DIEGO, que habrá
estado junto a los NIÑOS, les dice.)
DIEGO
¿Y quién tiene más memoria
de entre
vosotros?
NIÑO 1.º
Perico,
y con todo es más borrico
que el que tira
de la noria.
465
(Uno de los chicos le da un cachete
a otro. DIEGO apaciguando a los chicos, que se dan codazos.)
—76→
EL PADRE JUAN
Nada, nada, respetemos
(A
MARÍA.)
su orden. ¡Cómo ha de ser!
(Hablando consigo mismo.)
(Pero no quiero perder
la oportunidad. Probemos.)
Saca la Biblia. A Gaspar
470
(A
MARÍA.)
le dices que entro al instante.
(MARÍA entra en la casa.)
¡Mi plan llevaré
adelante!
Nada me cuesta probar.
Escena XIV
(DICHOS, menos MARÍA.)
EL PADRE JUAN
Esos bancos con presteza
(A
los NIÑOS.)
arreglad. Habéis querido
475
venir... no metáis ruido,
(Los CHICOS
tiran un banco.)
que me duele la cabeza.
NIÑO 1.º
Lo ves, por ti nos regaña.
(A
otro.)
OTRO
Tú eres el que mal lo lleva.
(Los MUCHACHOS ayudados por DIEGO, colocan los dos
bancos y el sillón, de modo que el respaldo de este,
de a la puerta de la casa.)
EL PADRE JUAN
(Sí, saldré bien de esta prueba,
480
el corazón
no me engaña.)
Diego, tengo algo cargada
la cabeza; hazme el favor
de leer tú.
DIEGO
Bien,
señor.
Escena XV
(DICHOS,
MARÍA, con la Biblia.)
MARÍA
Aquí
está el libro.
EL PADRE JUAN
(A los NIÑOS.)
Me
agrada
485
veros así, estáis soberbios
por lo graves. Y tú así,
(A DIEGO
sentándole de espalda a la puerta.)
comienza
a leer aquí.
DIEGO
«El libro de los proverbios»
(Leyendo.)
—77→
EL PADRE JUAN
Vosotros con atención,
490
esos consejos benditos
escuchad, que están
escritos
por el sabio Salomón.
(EL PADRE JUAN
entra en la casa, y a poco sale cogido del brazo de D. GASPAR.)
MARÍA
Yo voy a oírte.
NIÑO
1.º
María,
siéntate aquí.
MARÍA
No,
estoy bien.
495
Escena XVI
(DICHOS,
EL PADRE JUAN y GASPAR, que se ocultan detrás
del emparrado.)
GASPAR
¿Qué intenta usted?
EL PADRE JUAN
Calma
ten,
y escucha al joven que un día
provocó
tu injusta ira,
y aquí por tu bien advierte,
que da la vida o la muerte
500
el aire que se respira.
(Lee.)
DIEGO«Proverbios de Salomón
hijo de David, rey de Israel. -Hijo, no olvides mi ley, y
guarda en tu corazón mis preceptos. No se aparte de
ti la misericordia y la verdad, rodéalas a tu garganta,
y cópialas en las tablas de, tu corazón.»
—78→
«El que vuelve males por bienes no se apartará el
mal de su casa.»
«La ira es como el rugido del león,
la benevolencia como la gota del rocío.»
«El hombre
necesitado es misericordioso, y mejor es el pobre que el
hombre mentiroso. Quien se compadece del pobre, da prestado
a Dios.»
«Busca la ruina quien alza demasiado su portada.»9
GASPAR
¡Y es mi hijo el que oyendo estoy!
EL PADRE JUAN
Tu hijo, a quien has de querer.
GASPAR
¡Mi hijo, a quien
maldije ayer!
EL PADRE JUAN
Tu hijo, a quien
bendices hoy.
505
GASPAR
¡Él enseñando a los
niños!
EL PADRE JUAN
Es que está
purificado.
GASPAR
¿Pero quién le habrá
formado?
EL PADRE JUAN
Mis paternales cariños.
(Lee.)
DIEGO«Las reprensiones suaves
quebrantan la ira. Las palabras duras excitan10 el furor. Corona
de los viejos son los hijos de sus hijos: y gloria de los
hijos, los padres de ellos.»
GASPAR
Basta ya, que el corazón
510
saltar del pecho quisiera.
EL PADRE JUAN
Diego, tu padre te espera.
MARÍA
¡Ah!
(Volviéndose.)
DIEGO
¡Padre mío!
¡Perdón!
(Se abrazan.)
EL PADRE JUAN
Llorad, llorad sin recelo
calmando vuestra agonía:
515
Gaspar, hoy tiene un buen día
tu santa
esposa en el cielo.
DIEGO
Padre, yo fui un criminal.
GASPAR
Pasadas culpas olvida.
DIEGO
Desde hoy comienzo
otra vida
520
pues conozco el bien y el mal.
GASPAR
Padre Juan, usté ha salvado
a Diego, y pues su
sobrina
a quererle al fin se inclina,
con ese amor
quedo honrado.
525
EL PADRE JUAN
Pues que por
fin os juntamos,
lo demás a ellos lo fío.
—79→
GASPAR
Ahora es preciso, hijo mío,
ir a la
aldea, corramos.
DIEGO
¿A qué, señor?
GASPAR
Porque
yo
530
quiero tenerte a mi lado.
DIEGO
Padre, ya no
soy soldado.
GASPAR
¿Que no eres soldado?
DIEGO
No.
GASPAR
¿Quién pudo librarte?
EL PADRE JUAN
Aquí
el dinero no hace mucho
535
dejaste.
GASPAR
¡Yo
no!
EL PADRE JUAN
¡Qué
escucho!
(Asombrado.)
¡Que no fuiste
tú!
GASPAR
No
fui.
DIEGO
¿A quién, pues, estoy debiendo
mi
libertad?
(PETRA, ANASTASIO, ROMUALDO y una multitud
de ALDEANOS, NIÑOS y GENTE DEL PUEBLO, bajan
en tropel por los senderos del puente, y se colocan junto
a la tapia de la casa del Cura: detrás de estos, y
en dirección al puente, el SARGENTO y ocho SOLDADOS,
seguidos por los cuatro QUINTOS, entre los cuales se hallan
ROQUE y RAFAEL.)
PETRA
Pobrecitos.
Míalos, míalos, qué contritos
540
van.
(EL PADRE JUAN se vuelve, y
al ver a ROQUE, que debe hallarse en el puente, lanza un
grito.)
EL PADRE JUAN
¡Ah!
¡Todo lo comprendo!
(Corre hasta la puerta, y
al ver que ROQUE sigue andando, se detiene y dice extendiendo
sus brazos en dirección a él.)
Escena XVII
(DICHOS, ALDEANOS, ALDEANAS, etc.)
EL PADRE JUAN
¡Roque! ¡hijo mío!
¡detente!
ROQUE
¡Padre Juan, María, Diego!...
—80→
Adiós.
(Desde el puente, agitando el
sombrero.)
EL PADRE JUAN
Mi
amistad te niego,
Roque, si cruzas el puente.
545
(Pausa.)
ROQUE
Mi primero, me ha criado
ese anciano.
(Al
SARGENTO.)
SARGENTO
Ve
ligero.
ROQUE
Muchas gracias, mi primero.
(ROQUE
baja a la escena: EL PADRE JUAN le sale al encuentro,
y cogiéndole por el brazo le dice.)
EL PADRE JUAN
¿Qué eso?
ROQUE
Que
soy soldado.
(Con alegría forzada.)
EL PADRE JUAN, DIEGO, MARÍA
¡Soldado!
EL PADRE JUAN
Responde,
di,
550
mas que no mientas te pido;
¡por salvarle
te has vendido?
(Señalando a DIEGO con
una mirada.)
ROQUE
Señor, yo...
EL PADRE JUAN
Responde.
ROQUE
Sí.
(Después de un momento
de lucha.)
EL PADRE JUAN
¿Qué
has hecho?
ROQUE
Pagué
un tributo
de gratitud nada más.
555
GASPAR
Roque, al servicio no irás,
yo te compro un sustituto.
DIEGO
Gracias, padre.
EL PADRE JUAN
Bien,
Gaspar.
GASPAR
Gracias no merezco, no:
él
por mi hijo se vendió
560
y yo le debo comprar;
que su santa abnegación
aunque yo le libre de
ella,
ha dejado una honda huella
grabada en mi
corazón.
565
ROQUE
A lo hecho pecho y contento:
usté el dinero disfruta;
y adiós, que
teme el recluta
el mal humor del sargento.
GASPAR
No será, que rico soy,
570
y es justo que el mal
evite.
DIEGO
Y si el dinero no admite,
—81→
padre, en
su, lugar me voy.
MARÍA
¡Roque!
(A
media voz.)
ROQUE
Si
eso les apura,
que cese el apuro quiero.
575
(Mirando a MARÍA.)
Bien está,
admito el dinero.
GASPAR
Gracias.
ROQUE
Déselo
usté al cura.
EL PADRE JUAN
¿A mí?
ROQUE
Si
ocho años pasados
son, y ni vuelvo ni escribo,
es prueba de que no vivo.
580
Delo usté a los
desgraciados.
Si vuelvo, con él podré
en un seminario entrar,
y allí a fuerza de
estudiar
a ser cura llegaré:
585
y yo entonces
sus cariños
recordaré y sus consejos,
siendo amparo de los viejos
y protector de los niños,
siendo el apoyo, el sostén,
590
del infeliz
afligido;
siendo, en fin, lo que usté ha sido,
un santo.
EL PADRE JUAN
A
mis brazos ven,
hijo, y por Dios infinito
te ruego
que no te alejes,
595
yo no quiero que me dejes,
Roque,
yo te necesito.
(Arrojándose en sus brazos
y anegado por las lágrimas.)
ROQUE
Perdone
usted, padre Juan,
y no me tache de ingrato
si
hoy sus órdenes no acato;
600
tengo formado mi plan
y no cejo: en vano es
cuanto me aconseja y dice;
al venderme, no lo hice
por el mezquino interés;
605
deme, pues, si me ha de dar
su bendición,
y a vivir,
que Roque se va a cumplir
—82→
la ordenanza
militar.
EL PADRE JUAN
Piensa que el destino
impío
610
en la lucha fratricida,
te puede arrancar
la vida,
no te vayas, hijo mío.
ROQUE
A otros
he visto volver,
ya volveré aunque me vaya;
615
donde un hombre rico hace una raya
otro hombre la
puede hacer.
Yo tengo esa persuasión,
pues
me llevo, aunque me ausente,
sus consejos en la mente
620
y su fe en mi corazón.
EL PADRE JUAN
Hijo, sí, vuelve al hogar
do hubiste niñez
tranquila,
que el pobre viejo vacila
y en ti se
quiere apoyar.
625
Torna, mi voz como un día
el
santo templo no llena,
y el cáliz alza con pena
hacia Dios mi mano fría.
Y si al tornar,
una losa
630
te indica muda y helada
que una vida terminada
bajo su peso reposa,
vierte una lágrima allí
de piedad y de consuelo,
635
que el padre Juan desde
el cielo
otra verterá por ti.
(ROQUE
se arrodilla. EL PADRE JUAN le bendice, le abraza.
DIEGO le da la mano, MARÍA y las demás ALDEANAS
le rodean. ROQUE por fin hace un esfuerzo y sale de la escena
precipitadamente llega al puente y se reúne con los
soldados. Cuando llega al fin del monte, tiende sus brazos
y agita el sombrero. Todos los ALDEANOS y ALDEANAS hacen
lo mismo hasta que se pierde de vista. EL PADRE JUAN
se ha quedado con la mirada fija en el suelo e inmóvil.
GASPAR se le acerca y lo dice.)
GASPAR
Vamos, valor,
padre Juan.
EL PADRE JUAN
Yo le crié desde
niño
la dulzura y el cariño,
640
—83→
Gaspar,
ese fruto dan.
GASPAR
Es verdad.
(Doblando la cabeza
avergonzado.)
EL PADRE JUAN
Aunque
te enoje
recordarte tu rigor,
el hombre es un labrador,
y lo que siembra, recoge.
645
(MARÍA,
DIEGO, los ALDEANOS de ambos sexos y los NIÑOS, se
reúnen con EL PADRE JUAN y GASPAR.)
MARÍA
¡Padre!
DIEGO
¡Señor!
EL PADRE JUAN
¡Ya
partió!
(Señalando el monte por
donde ha desaparecido ROQUE y los SOLDADOS.)
DIEGO
Acaben duelos prolijos.
MARÍA
Le quedan a usted
dos hijos.
NIÑO 1.º
¡Y yo tres!
NIÑO 2.º
¡Y
yo!
TODOS
¡Y
yo!
(Todos rodean al PADRE JUAN, que los
mira con ternura.)
EL PADRE JUAN
Vuestro
amor me reconcilia.
650
Dichoso el genio profundo
que
pueda tornar al mundo
en una sola familia.
(EL PADRE JUAN extiende los brazos por cima de
los NIÑOS. Todos se arrodillan en torno suyo. Este
cuadro final queda a cargo de los directores de escena. Cae
el telón.)
FIN DEL DRAMA.
Habiendo
examinado este drama, no hallo inconveniente alguno en que
su representación se autorice, si se suprime lo señalado
en la escena octava del acto segundo.