Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Siguiente

El cura de aldea

Drama en tres actos, en verso

Enrique Pérez Escrich

portada

Al hacer la segunda edición de este drama, cuando la primera apenas cuenta un mes de vida, me creo en el deber de consagrar algunas líneas de gratitud en este prólogo a los buenos y leales amigos que han contribuido con sus consejos y sus esfuerzos, al brillante éxito que ha alcanzado.

En diciembre de 1858 durante las representaciones de mi drama La dicha en el bien ajeno, comencé a ocuparme de El cura de aldea, porque en España, todo autor dramático que como yo vive exclusivamente de su pluma, la terminación de una obra, es la señal que le anuncia que la hora ha llegado de comenzar otra.

El pensamiento de sacar a la escena el cura párroco, era arriesgado, y harto difícil para mis escasas fuerzas, bosquejar la bondad evangélica del padre de almas, tal como yo lo concebía, tal como yo le conozco personalmente, pobre y humilde, inmejorable modelo de caridad cristiana, que ha llegado a ser por su sublime abnegación y su incansable filantropía, la providencia del pequeño pueblo en donde mora, el padre de los pobres, la adoración de sus feligreses, el comentario vivo del Evangelio de Jesucristo1.

Resuelto a dar principio a mi obra, después de algunos días de vacilación, fui a avistarme con el eminente literato mi distinguido amigo D. Juan Eugenio Hartzenbusch, al que le comuniqué mi pensamiento, y con su acostumbrada bondad me aconsejó que leyera algunas obras, entre las cuales se hallaba una epístola de Lamartine, cuyo contenido estaba en todo conforme con mi pensamiento.

Para dar una idea aproximada del tipo que me he propuesto bosquejar en mi drama, voy a extractar algunos párrafos de la carta que me indicó el autor de Un sí y un no, debida a la pluma de Alonso de Lamartine, uno de los primeros poetas y moralistas franceses; dice así: «¿Qué es un cura? Es el ministro de la religión de Jesucristo encargado de conservar sus dogmas, de propagar su moral y de administrar sus beneficios a la parte del rebaño que le está confiada; y nadie puede hacer más bien o más mal a los hombres, según desempeñe la importante misión que le está confiada.

Como moralista, son aún más hermosas las funciones del cura. El cristianismo es una filosofía divina, escrita de dos maneras: como historia en la vida y muerte de Jesucristo; como doctrina en los sublimes ejemplos que éste trajo al mundo. Estas dos palabras: el precepto y el ejemplo, están reunidas en el Evangelio. El cura debe tenerlo siempre a la mano, a la vista, en el corazón. Un buen sacerdote es un comentario vivo de este libro divino. Cada una de sus misteriosas palabras responde exactamente al alma que le pregunta, y encierra un sentido práctico y social, que ilustra y vivifica la conducta del hombre. No hay verdad ninguna cuyo germen no se halle en algún versículo del Evangelio: la filantropía ha nacido de su primero y único precepto; la caridad, las leyes, se han templado; los abusos inhumanos se han abolido; las cadenas se han roto; la mujer ha reconquistado el corazón del hombre, y puede decirse que el mundo actual en su conjunto, con sus leyes, sus costumbres, sus instituciones, sus esperanzas, no es más que el verbo evangélico más o menos encarnado en la civilización moderna.

El cura tiene, pues, toda la moral, toda la razón, toda la civilización, toda la política en su mano cuando está en ella este libro (los Evangelios). No necesita más que abrir, leer, para derramar en torno el tesoro de luz y de perfección cuya llave le ha confiado la Providencia. Pero su enseñanza debe ser doble como la de Jesucristo: por el ejemplo y por la palabra; su vida debe ser en cuanto lo permita la fragilidad humana, la explicación sensible de su doctrina; una palabra viva. La Iglesia le ha colocado en el puesto que ocupa, como ejemplo más bien que como oráculo: puede hallarse embarazado en el uso de la palabra, si la naturaleza le ha negado ese don; mas la palabra que penetra en todos los corazones es la vida: ninguna lengua humana es tan elocuente ni tan persuasiva como la virtud.

El cura es asimismo administrador espiritual de los sacramentos de la Iglesia, y de los beneficios de la caridad. Tiene que tratar con los hombres, y debe conocerlos; si combate las pasiones humanas, su mano debe ser dulce, delicada y llena de prudencia y mesura. Su corazón debe ser rico de tolerancia, de misericordia, de mansedumbre, de compasión, de caridad y de perdones. Su puerta debe estar siempre abierta para el que llega a turbar su sueño; su lámpara siempre encendida, el báculo siempre en su mano: no debe arredrarle ni las estaciones, ni las distancias, ni los contagios del sol, ni la nieve, si se trata de llevar el óleo al herido, el perdón al culpable, el pan al hambriento, o su Dios al moribundo. A su vista, como a la de Dios, no debe haber ni rico ni pobre, ni pequeño ni grande, sino hombres; es decir, hermanos en miserias y esperanzas.

Retirado en su humilde presbiterio, a la sombra de su iglesia, rara vez debe salir de este sitio. Permitido le es tener sin duda una viña, un jardín, un huerto; cultivarle por sí mismo, mantener allí algunos animales domésticos de recreo, o de utilidad, la vaca, la cabra, la oveja, la paloma. Como asimismo el perro, ese mueble viviente del hogar, ese amigo de los que se hallan olvidados en el mundo y sienten la necesidad de ser amados por alguno. Al regresar de sus excursiones piadosas, o cuando el matrimonio o el bautizo han reunido a los amigos de los pobres, puede el cura sentarse un momento a la mesa del labrador y comer el pan negro con él; el resto de su vida debe pasarlo en el altar, en medio de los niños a quienes enseña a tartamudear el catecismo, ese código vulgar de la más elevada filosofía, ese alfabeto de una sabiduría divina, y cuando el Ángelus ha resonado en el campanario de la aldea, puede verse algunas veces al cura con su breviario en la mano, ya bajo de los manzanos de su huerto, ya en las elevadas crestas de los montes, respirando el aire suave y religioso de los campos.

Esta es su vida, estos sus placeres; sus cabellos emblanquecen, la materia sucumbe, y el alma se eleva al cielo acompañada de la oración y las lágrimas de sus feligreses. Pero este hombre ha hecho lo mejor que podía hacerse en la tierra: ha continuado un dogma inmortal, ha servido de eslabón a una cadena inmensa de fe y de virtud, y ha dejado a las generaciones que van a nacer, una creencia, una ley, un Dios.»

La poética y acabada descripción de Lamartine, estaba tan conforme con el pensamiento de mi obra, que después de leerla repetidas veces, comencé a extender la distribución del plan.

Pocos días después, D. Juan Ballester de Aiguals, pintor escenógrafo que de regreso de su viaje por el extranjero se hallaba en Madrid, vino a visitarme; y enterándole del trabajo que me ocupaba, me ofreció pintarme dos bocetos de las decoraciones del primero y tercer acto, y cumplió su palabra remitiéndomelos el 18 de enero del 58, desde cuya fecha están adornando las paredes de mi gabinete, como un recuerdo de su autor al de El cura de aldea.

Con los bocetos a la vista, la epístola de Lamartine en la mente, los recuerdos de mi venerable amigo el párroco de... en el corazón, y los santos Evangelios sobre mi escritorio, comencé la ejecución de mi obra, y con más fe que fuerzas para llevarla a cabo, seguí trabajando estimulado por los consejos de mi leal amigo D. Luis de Eguilaz, el cual llegó con su bondad a ofrecerme su pluma para la terminación de una obra que, según sus palabras, si la ejecución correspondía al pensamiento, debía ser de mucha importancia para mí. Pero yo, rehusando su generoso ofrecimiento, que no olvidaré nunca, agradecí su deferencia para conmigo y seguí trabajando.

Contribuyó también a que terminara mi obra con doble afán y cuidado, el eminente actor D. José Valero, cuando en el mes de junio me dispensó la honra de pedirme repetidas veces mi drama para el teatro del Príncipe, que entonces proyectaba tomar y que hoy tan dignamente dirige.

Terminada por fin, la puse en manos de dicho actor, el cual la acogió con tanto cariño, que hizo de su protagonista una de sus mejores creaciones; elevando con su talento y maestría mi humilde obra a una altura, que rayaba aún más allá de las esperanzas que como autor había concebido; pues si como actor estudió profundamente su papel, como se lo han demostrado los repetidos aplausos del público y los elogios de la prensa, como director de escena cuidó con tal escrupulosidad y delicadeza el menor detalle de la obra, que en la escena de la limosna del primer acto y la última del tercero, arranca a los espectadores nutridos y prolongados aplausos, sin pronunciar ni una sílaba. Y por último, queriendo darle sin duda al autor y la obra una prueba más de aprecio y deferencia, cuando El cura de aldea llevaba diez y nueve representaciones, la hizo a su beneficio, con lo cual enalteció la importancia del drama.

Si El cura de aldea hubiera alcanzado un éxito mediano, mi agradecimiento para con mis amigos hubiera sido el mismo, pero lo hubiera encerrado en el fondo de mi corazón, como lo demuestra la primera edición de esta obra; pero al escribir en esta segunda un prólogo y al recordar que su éxito y el número de representaciones que ha alcanzado han sido harto satisfactorias para su autor, debo como hombre honrado consignar mi agradecimiento en estas líneas, porque la ingratitud la he tenido siempre como el defecto más asqueroso del hombre.

Ahora solo me resta decir dos palabras a los que han propagado en algunos círculos, que mi drama tenía puntos de contacto con Le vicaire de Wakefied de MM. Nus y Tisserarant y Le curé de village de Balzac, y es que El cura de aldea de Escrich se parece tanto a las obras arriba citadas como se parecen La Marcela de Bretón y El caballero del milagro de Eguilaz.

Yo seré el último de los autores dramáticos, pero jamás se ha enriquecido mi pobre ingenio con situaciones del teatro extranjero, ni he vestido nunca la prosa francesa con el verso castellano, para apropiarme con un falso disfraz hijos que no me pertenecían, y que al aceptarlos como tales sin haberlos concebido, echaba una mancha sobre mi reputación literaria, aunque esta sea, como he dicho antes, la última de todas.

En la patria de Cervantes tenemos un teatro que es la admiración de Europa, la gloria de España; yo he preferido siempre una comedia de Calderón a todo ese fárrago de absurdos dramáticos que vomita la literatura francesa aun a despecho de nuestros modernos panegiristas, a los cuales les basta leer el título de un drama francés, para lanzar veinte admiraciones tan estúpidas como la moderna escuela transpirenaica2.

En cuanto a los que han hecho de mi drama un arma de partido, y los que han sacado a plaza conversaciones privadas, faltando a su propio decoro y a la elevada misión del crítico, a los unos les contestaré estas palabras que el filósofo, Jenofonte dijo a Sócrates en la plaza de Atenas: «El hablador encumbrado, me inspira lástima y desprecio; el callado abatido, veneración y respeto.» Y a los otros con estas otras que el autor de Verdades amargas ha escrito en la últimagina de su drama El patriarca del Turia.

«No sigo ninguna bandera, por más que allá en el fondo de mi corazón tenga mis opiniones; no me he dedicado a la política, de quien Dios me libre; y como no pienso ser apóstol de un nuevo sistema por falta de talento y de vocación, mi única profesión de fe, es apuntar hechos y consignar verdades con sujeción a las leyes, que es todo lo que un poeta puede y debe hacer desde la tribuna escénica.»

Ahora, querido lector, perdona la molestia que puede haberte causado este prólogo, si lo has leído, y ten en cuenta que mi deber y mi gratitud más que mi voluntad y deseo son los autores de él.

Madrid 15 de enero de 1859.

ENRIQUE PÉREZ ESCRICH.

REPARTIMIENTO

PERSONAJES

ACTORES

MARÍA.DOÑA EMILIA MOSCOSO.
PETRA. DOÑA ADELA ZAPATERO.
EL PADRE JUAN.DON JOSÉ VALERO.
GASPAR. DON ANTONIO PIZARROSO.
ROQUE. DON FERNANDO OSSORIO.
DIEGO. DON JOSÉ OLONA.
RAFAEL. DON EMILIO MARIO.
UN POBRE. DON BENITO CHAS DE LAMOTTE.
UN SARGENTO. DON JERÓNIMO SUNYÉ.
ANASTASIO. DON RAMÓN BENEDÍ.
ROMUALDO. DON EDUARDO MOLINA.
Niños, mujeres, pobres, aldeanos, soldados y gente del pueblo.

(La acción se finge en el Carrascal del Obispo, provincia de Salamanca, durante la guerra civil. Los trajes, de charros.)

—1→

Acto primero

(Valle pintoresco: en mitad del teatro se apoya sobre dos grandes rocas un puente de tablas, por debajo del cual se desliza un arroyo que se pierde por el foro izquierda. Monte al fondo, en cuya falda se ven las primeras casas de una aldea. En el primer término de la izquierda una ermita; en la pequeña torre de esta, una campana de bronce, de la cual pende una soga, que pasando por unas argollas de hierro termina junto a la puerta de entrada, a la que se sube por unas gradas: en el de la derecha la casita del cura, con cobertizo y empalizada rústica; junto a esta hay un banco de piedra. La acción comienza antes de amanecer.)

Escena I

(PETRA, ANASTASIO, ROMUALDO y algunos aldeanos con guitarras y panderetas, bajan por el puente y se dirigen a la casa del cura. Cuando llegan al banco forman un corro.)

ROMUALDO
¿Quién va a cantar?
PETRA
Anastasio.
ANASTASIO
No señor, que cante Petra,
que es mujer, y además tiene
mucha gracia, y la voz fresca.
TODOS
¡Que cante! ¡Que cante!
PETRA
En cama
5
tengo postrada a mi abuela,
y como el barbero ha dicho
que sin remedio la entrega,
—2→
no quiero cantar, que al fin
y al cabo, yo soy su nieta.
10
ANASTASIO
Anda, tonta. ¿Qué más da?
ROMUALDO
Y aun suponiendo que muera;
Dios es Dios, y cuando Dios
dice «Fulano a la espuerta,»
no hay más que doblar el cuello,
15
morirse, y tener paciencia.
PETRA
Mas si ella sabe...
ANASTASIO
Mal año
alcance y mala cosecha
al primero que le diga
que has cantado. ¡Conque, ea!
20
que se templen las guitarras,
y vamos a ver si echas
dos coplas por esa boca.
ROMUALDO
Pero que sean honestas,
porque ya sabéis que el cura
25
siempre que nos sermonea,
nos dice que los cantares
que ponen la faz bermeja
son enemigos ocultos
que nuestro cuerpo atormentan.
30
TODOS
¡Corro! ¡Corro!

(Se cogen de las manos, y forman un corro dejando en el centro a PETRA y ROMUALDO.)

Escena II

(DICHOS, DIEGO, RAFAEL, que bajan del monte precipitadamente, y se introducen en el corro de los aldeanos dando empellones.)

DIEGO
¡Corro!
ROMUALDO
¡Corro!
TODOS
¡Diego!

(Retrocediendo.)

ANASTASIO
(¡Ya se aguó la fiesta!)

(Todos se apartan del lado de DIEGO.)

DIEGO
Venga una guitarra, quiero
cantar la copla primera.
RAFAEL
La mía no.

(Retrocediendo y ocultando detrás de su cuerpo la —3→ guitarra.)

ANASTASIO
Ni la mía.
35

(Ídem.)

DIEGO
Quiero cantar, menos réplicas.
Si hay alguno entre vosotros
que a contrarrestar3 se atreva
mi voluntad, que alce el dedo.

(Pausa.)

¿Calláis? Bien, enhorabuena.
40
Venga, pues, ese guitarro,
y jalead bien, babiecas.

(Pretende quitar la guitarra a ROMUALDO.)

ROMUALDO
Vamos, que no quiero.

(Forcejeando.)

DIEGO
¡Imbécil!
ROMUALDO
Que no quiero.
DIEGO
Aunque no quieras.
ANASTASIO
¡Que se rompe! ¡Que se rompe!
45

(Se rompe la guitarra.)

¡Ya se rompió!
ROMUALDO
Si no fuera...
DIEGO
(Es preciso que espantemos

(A RAFAEL.)

a estos gansos.)
RAFAEL

(A DIEGO.)

(Pues comienza
el belén cuando te plazca,
y conmigo siempre cuenta.)
50
DIEGO
(Vamos pues.) Dame la tuya.

(A un mozo que se la da sin replicar.)

Buen chico. Oído, mozuelas.

(DIEGO se pone a templar la guitarra, y rompe una cuerda, y así sucesivamente hasta tres, según lo indica el diálogo.)

PETRA
¡Ya rompió una cuerda!
ANASTASIO
¡Y otra!
ROMUALDO
¡Y otra!
ANASTASIO
¡Ya no hay paciencia!
DIEGO
¡Qué demonio de carraca!
55

(La rompe contra el banco de piedra y la tira al arroyo. Luego se dirige a ROMUALDO y le dice.)

¡Dame el tuyo!
ROMUALDO
No la suelto.
DIEGO
¡Hola! ¿No quieres a buenas?
ROMUALDO
No señor.
DIEGO
Pues será a malas.
ANASTASIO
Es que a malas, aquí hay piedras.
—4→
DIEGO
¿Sí? Pues yo tengo otra cosa
60
que mata a los que apedrean.

(DIEGO saca un par de pistolas del bolsillo, las monta y apunta con ellas a los aldeanos, que echan a correr despavoridos por las distintas veredas del monte. DIEGO y RAFAEL les acompañan dando gritos y carcajadas hasta las primeras rocas del fondo, luego bajan al proscenio.)

Escena III

(DIEGO y RAFAEL.)

DIEGO
¡Ja! ¡ja! ¡ja! antes de poco
irán a darle la nueva
a mi padre.
RAFAEL
Pues ya puedes
revestirte de paciencia
65
para oír...
DIEGO
Cumplí veinte años;

(Con orgullo.)

su amenaza no hace mella
en mi corazón.
RAFAEL
No niego
que es tu voluntad enérgica;
mas, Diego, la de tu padre
70
no es más flexible. Recuerda
que hace dos años te hallabas
en Salamanca, y la nueva
llegó al autor de tus días
de que con harta frecuencia
75
tú visitabas las timbas,
émulo de las cuarenta;
y escribiéndote una carta...
DIEGO
Que yo dejé sin respuesta.

(Con rapidez.)

RAFAEL
Sí... pero como él es hombre
80
que tiene poca paciencia,
montó a caballo, fue a verte,
te encontró jugando...
DIEGO
Cesa.
RAFAEL
Y entre dos guardias civiles
te hizo volver a la aldea;
85
—5→
donde te tuvo encerrado
un mes, sin que te valiera
ser su hijo.
DIEGO
¡Basta!... Basta.
RAFAEL
¿Te enfadas?
DIEGO
No; me molesta
oír hablar de mi padre;
90
y hoy que sus puertas me cierra,
ni debo temer sus iras,
ni llamar debo a su puerta.
RAFAEL
Ve que es tu padre.
DIEGO
¡Mi padre!...

(Con sarcasmo.)

Quiso la naturaleza
95
darme un padre, que no ha dado
de padre ninguna prueba.
Libre soy; antes de mucho
por fin dejaré esta aldea
que me vio nacer. El aire
100
que respiro aquí envenena.
Aquí todos me rechazan,
todos me espían, me celan;
no hay uno que cariñoso
su mano amiga me tienda,
105
arrendatarios serviles
del mismo que el ser me diera,
por no enojará su dueño
hasta su amistad me niegan.
Mas yo los desprecio: a nadie
110
necesito...
RAFAEL
Diego... ¿y ella?
DIEGO
¡María! ¡María! ¡Oh! solo
tú iluminas las tinieblas
que en mi mente se amontonan
trastornando mis ideas.
115

(Se dirige hacia la casa del cura y RAFAEL le detiene.)

RAFAEL
¿Adónde vas?
DIEGO
Voy a hablarla.
RAFAEL
¿Y si el padre Juan?...
DIEGO
No temas.
Está en el pueblo asistiendo
a un enfermo.
RAFAEL
Diego, espera.
—6→
DIEGO
¡Esperar!... antes que el alba
120
con su luz bañe esa sierra,
quiero saber si María
a seguirme está resuelta.
RAFAEL
¡Diego!
DIEGO
Rafael, escucha.
Todo el oro que posea
125
mi padre, me pertenece;
mi sangre, es suya, su herencia
mía... la paz imposible
entre los dos. Como ella
admita...

(Sale ROQUE de la ermita.)

RAFAEL
No estamos solos.
130
Mira.

(Le indica la puerta de la ermita.)

DIEGO
¡Calla!

(Le coge del brazo y le conduce al fondo evitando que les vea ROQUE.)

Escena IV

(DIEGO y RAFAEL en el fondo. ROQUE en las gradas de la ermita.)

ROQUE
Por si llegan
los muchachos, la campana
dejemos donde la vean.

(ROQUE deja una campana de mano en la pila del agua bendita que debe hallarse junto a la puerta, y luego baja al proscenio.)

(Estremeciéndose de frío.)

¡Aah!... Por más que el padre Juan
madrugar nos aconseja,
135
no lo creo conveniente
si está la mañana fresca.

(ROQUE se queda mirando a la ventana de casa del cura.)

Cuando miro esa ventana
se rebullen las ideas
ocultas de mi magín,
140
y se bajan a la lengua
haciéndome más cosquillas...
Pero, Roque, no seas bestia,
—7→
que aún no ha llegado la hora
de que la comarca sepa
145
lo que tú tienes oculto...
día llegará... y etcétera.
Vamos a tocar a misa,
pues si el padre Juan me encuentra
aquí... En el nombre del Padre,
150

(Persignándose.)

del Hijo y...

(Se dirige pausadamente hacia la ermita. DIEGO y RAFAEL bajan del fondo para encontrarle.)

DIEGO
Tú de una oreja,

(A RAFAEL.)

yo de otra, lo aseguramos,
y mientras hable con ella
me lo tienes resguardado
junto al charco de la huerta.
155

(DIEGO y RAFAEL cogen a ROQUE por las orejas. ROQUE da un grito y cae de rodillas.)

ROQUE
¡Jesús!
DIEGO
¡Silencio!
ROQUE
¡Socorro!
DIEGO
Ni una palabra.

(Le tapa la boca.)

RAFAEL
¡Ni media!
DIEGO
¿Quién eres?
ROQUE
¡Ay! (¡Mea culpa!)
DIEGO
Responde.
ROQUE
Tenga paciencia.
Yo soy el correvedile
160
del clérigo de la aldea;
el pregonero del pueblo
y el sacristán de la iglesia.
Al que me manda le sirvo,
el que me busca me encuentra;
165
cuando me amenazan callo,
pues si me enfado me pegan,
y soy un ser tan paciente,
que he tenido la paciencia
de no impacientarme nunca
170
aunque impacientarme quieran.

(Todo este trozo con mucha rapidez.)

DIEGO
Tú has de ignorar que me has visto:
si hablas, te arranco la lengua.
ROQUE
Soy un ser tan ignorante,
—8→

(Con temor y sonriendo.)

de ignorancia tan completa,
175
que por ignorar, ignoro
la madre que me pariera.
DIEGO
¡Ja! ¡Ja!
ROQUE
¡Y se están riendo!
DIEGO
Llévale.

(A RAFAEL, el cual coge bruscamente a ROQUE por un brazo y le arrastra hacia el fondo a pesar suyo.)

ROQUE
¿Adónde me llevan?
RAFAEL
Sigue y calla.
ROQUE
Mea culpa...
180
DIEGO
Luego iré a buscarte.

(A RAFAEL.)

ROQUE
Mea
culpa, mea...

(RAFAEL se lleva a ROQUE por el foro derecha.)

DIEGO
No perdamos
el tiempo. El día se acerca.

(DIEGO se acerca a la ventana de la casa del cura y llama suavemente.)

Escena V

(DIEGO: MARÍA, desde dentro de la casa.)

MARÍA
¿Qué busca tan de mañana
en el valle?

(Desde dentro.)

DIEGO
A ti, María.
185
MARÍA
Pues vuelva en siendo de día.

(Ídem.)

DIEGO
Abre por Dios tu ventana.
MARÍA
¿Tanto importa?
DIEGO
Un corazón
que en sordas luchas se agita,
verte, hablarte necesita
190
para hallar su salvación.
MARÍA
¿Eres Diego?

(Asomándose a la ventana.)

DIEGO
Diego soy.
MARÍA
Por fin volviste.
DIEGO
¿Podía
no volver, si el alma mía
quedaba aquí?
—9→
MARÍA
Es que hace hoy
195
MARÍA
que te ausentaste seis días,
y por tu ausencia angustiada
pasé una y otra velada
esperando... y no venías.
DIEGO
¿De mi amor dudaste?
MARÍA
¡Quita!
200
Sin la fe, sin la esperanza
nada en el mundo se alcanza:
aquí la duda no habita.
Cuando tardas mucho, espero
y a solas mi amor exhalo,
205
que aunque dicen que eres malo,
confío en Dios y te quiero.
DIEGO
María, ¿por qué el destino
quiso por ser más ingrato,
que te hallara este insensato
210
en mitad de su camino?
¿Por qué, niña angelical,
tu amor vino a ser mi edén,
si ese amor que fue mi bien
hoy se convierte en mi mal?
215
MARÍA
Diego, tu acento me aterra,
mas a comprender no acierto.
DIEGO
Nuestro amor, María, ha muerto,
porque abandono esta tierra.
MARÍA
¡Dios mío!
DIEGO
Cruel el hado
220
que en mi daño se recrea,
hoy me arranca de esta aldea.
MARÍA
¿Por qué? Por qué?...
DIEGO
Soy soldado.

(Con sentimiento.)

MARÍA
¡Pero de ese mal se infiere
que va a remediar el daño
225
tu padre!
DIEGO
Mi padre ha un año
que por hijo no me quiere.
MARÍA
¡Pero él es rico!
DIEGO
Si a fe.
MARÍA
Su herencia te pertenece.
DIEGO
Pero ni él su oro me ofrece,
230
ni yo a pedírselo iré.

(Con orgullo.)

—10→
MARÍA
Ve, y con tu llanto subyuga
su altivez: yo te lo exijo.
¿Qué padre llorar ve a un hijo
y sus lágrimas no enjuga?
235
DIEGO
El mío.

(Con energía.)

MARÍA
¡Diego!
DIEGO
Sí, el mío.

(Pausa.)

MARÍA
¡Ah! tu respuesta me asusta.
DIEGO
Jamás en su frente adusta,
nunca en su aspecto sombrío
su amor paternal brilló;
240
¡que ni aun en su cuna el niño,
ni una frase de cariño
ni un beso de él recibió!
Mi madre, único consuelo
de mi niñez afligida,
245
la amargura de esta vida
trocó por la paz del cielo.
Del hijo el dolor profundo
no alivió el amor del padre,
que al perder Diego a su madre
250
lo perdió todo en el mundo.
Desde entonces tuvo empeño
en castigar cruelmente
la culpa más inocente,
el delito más pequeño;
255
y su esquiva condición
causó al niño tanto mal,
que al fin el amor filial
se secó en su corazón.
Y tanto y tanto sufrí
260
con el trato que me daba,
que yo hacer daño anhelaba,
cual me lo hacían a mí.

(Pausa.)

Con fuerzas para luchar
contra su atroz tiranía,
265
me asaltó la idea un día
de huir del paterno hogar;
y a él no tornaré jamás,
aunque el oírlo te asombre,
que en mi padre veo a un hombre...
270
MARÍA
¿Y nada más? (Con asombro.)
—11→
DIEGO
¡Nada más!

(Con energía.)

Sé que mi altivez le irrita
y sé que el rogar es vano:
ni él me tenderá su mano
ni Diego la necesita.
275
MARÍA
Diego, tu mente delira.
Él es tu padre.
DIEGO
No cejo.
MARÍA
Diego, que un hijo es espejo
en donde el padre se mira.
DIEGO
Piensa que su maldición
280
mi justo enojo provoca.
MARÍA
Maldecir pudo su boca,
mas nunca su corazón.
Vuelve tranquilo a su hogar,
sin temor que de ti huya:
285
si tu sangre es sangre suya,
¿cómo no ha de perdonar?
DIEGO
Nunca.
MARÍA

(Con sentimiento.)

Por mi amor te ruego...
DIEGO
No ruegues, que en vano fuera.
MARÍA
Ya que tu orgullo supera
290
a mi amor, mi amor te niego.
DIEGO
¡María!
MARÍA
Aunque no te cuadre,
lo que con pena te digo,
no vengas a hablar conmigo
sin el perdón de tu padre.
295
DIEGO
¡Qué dice, Dios infinito!
Sin tu amor la muerte quiero.
MARÍA
Tu amor aquí vive entero.
DIEGO
¡Ah!
MARÍA
Su perdón necesito.

(MARÍA cierra la ventana. DIEGO se abalanza para detenerla, y al ver que ha sido inútil, dice con desesperación.)

—12→

Escena VI

(DIEGO solo.)

DIEGO
¡Oh! ¡Su perdón necesita!
300
Corro... Pero no... ya es tarde.
Vamos, corazón cobarde,
sigue tu lucha maldita.

(DIEGO desaparece precipitadamente por el foro derecha.)

Escena VII

(Varios MUCHACHOS aparecen en el puente corriendo. Al llegar al camino que conduce a la escena se detienen. EL PADRE JUAN sale por la parte contraria del monte. Trae una cesta llena de frutas.)

MUCHACHO 1.º
¡Alto aquí!

(Deteniendo a los demás.)

MUCHACHO 2.º
¡Perico! ¡Andrés!
¡Alinear!

(Los MUCHACHOS se ponen en batalla delante del camino.)

EL PADRE JUAN
¡Válgales Dios!
305

(Apareciendo en el monte y viendo a los MUCHACHOS.)

¡Eh!
MUCHACHO 1.º
¡A la una! ¡A las dos!
EL PADRE JUAN
¡Muchachos! ¡Eh!
MUCHACHO 1.º
¡A las tres!

(Los NIÑOS bajan a carrera tendida la rampa del monte en dirección a la ermita, y se lanzan todos en tropel sobre la campana que dejó ROQUE. EL PADRE JUAN, apoyado en la barandilla del puente, permanece inmóvil hasta verlos llegar, y cuando esto sucede les dice, sin moverse del sitio.)

EL PADRE JUAN
Un día os vais a estrellar.
Vamos, ¿y quién la cogió?
MUCHACHO 1.º
¡Yo!
MUCHACHO 2.º
¡Fui yo!
MUCHACHO 3.º
¡Fui yo!
TODOS
¡Fui yo!
310
—13→
EL PADRE JUAN
¡Silencio!

(Desde el puente. Baja a la escena, se dirige adonde están los MUCHACHOS, les quita la campana que se están disputando, y viendo a uno, el más pequeño, y que bajó el último, se acerca a él y le dice.)

Tuya es, Gaspar.
MUCHACHO 1.º
Padre Juan, si él a las gradas
no llegó, y...
EL PADRE JUAN
¡Deslenguado!
Y a usted ¿quién le ha autorizado
para echar su cuarto a espadas?
315
MUCHACHO 1.º
Es que yo...
EL PADRE JUAN
Basta de empeño:
yo adjudico la campana,
ítem más, esta manzana,
a él, por ser más pequeño.
A ver, ¿y ese pantalón?
320

(Reparando en el traje de uno de los NIÑOS y atrayéndosele hacia él.)

¿quién te lo ha roto?
MUCHACHO 1.º
¡Perico!
MUCHACHO 2.º
¡Embustero!
EL PADRE JUAN
Cierra el pico.
MUCHACHO 1.º
¡Mosca!
MUCHACHO 2.º
¡Chismoso!
EL PADRE JUAN
¡Chitón!

(Pausa. EL PADRE JUAN reprende con dulzura a uno y luego a otro.)

¿Piensas que ignoro tus hechos?
Tú eres un desobediente,
325
que has hecho un chirlo en la frente
al hijo del fiel de fechos.
Tú ayer hiciste novillos...
MUCHACHO 2.º
¡Yo!...
EL PADRE JUAN
¡Me lo ha dicho tu abuela!
MUCHACHO 2.º
(¡Soplona!)
EL PADRE JUAN
¡Perder la escuela!
330
¿Y por qué?
MUCHACHO 2.º
Fui a coger grillos.
EL PADRE JUAN
¡Grillos! ¡Bien! De esa manera
no hay duda que medrarás,
pero tú no lo harás más...
—14→
MUCHACHO 2.º
No, señor.
EL PADRE JUAN
Toma una pera.
335

(Sacándola de la cesta, que habrá dejado junto al banco, y dándosela al MUCHACHO.)

MUCHACHO 1.º
Deme usted una.

(Se la da.)

MUCHACHO 3.º
¡A mí!

(Ídem.)

TODOS
¡A mí!
EL PADRE JUAN
¡Hola! ¿vuelve el somaten?
Sed desde hoy hombres de bien
y os las doy todas.
TODOS
Sí, sí.

(EL PADRE JUAN se sienta en el banco, los chicos le rodean y los reparte la fruta de la cesta.)

EL PADRE JUAN
Tomad, y de la memoria
340
nunca borréis mis consejos,
que el que respeta a los viejos,
tiene segura la gloria.
No riñáis, que anhelo veros
en vez de correr las lomas,
345
sencillos como palomas,
dóciles como corderos.
Sea vuestro eterno afán
ser virtuosos, ser píos,
porque todos, hijos míos,
350
sois hermanos por Adán.

(El MUCHACHO 1.º se sonríe, y EL PADRE JUAN lo coge de una oreja y se lo acerca.)

¿Por qué te ríes?
MUCHACHO 1.º
Me río...
porque siendo hermanos...
EL PADRE JUAN
¿Qué!
¡Vamos!
MUCHACHO 1.º
Porque su mercé
también será hermano mío.
355
EL PADRE JUAN
Ley es de la humana raza
que nos une y reconcilia,
que el mundo es una familia
que la Providencia enlaza.
Mas tú eres un preguntón
360
y al niño callar le toca,
que el que no guarda su boca
no guarda su corazón.
—15→

(Dándole una palmada suave en el carrillo.)

MUCHACHO 1.º
Como no lo oí en la escuela...
EL PADRE JUAN
Pues yo te lo explicaré.-
365
Desde Adán hasta Noé
todo es una parentela:
cuando el diluvio acaeció
Sem, Cham y Jaf4 se salvaron,
y el universo poblaron,
370
que así Dios lo decretó.
Para ahorrar duelos prolijos
hizo que la sangre hermana
creara la raza humana
con los hijos de sus hijos;
375
de modo que Pedro, Juan,
Rosa, Petra y Dorotea
y todos los de esta aldea
sois hermanos por Adán:
que una rama de otra en pos,
380
la raza de los humanos
hizo a los hombres hermanos,
y el padre de todos, Dios.
Ahora corred, que indecisa
el alba se halla en Oriente,
385
y es muy justo que la gente
acuda al templo a oír misa.

(Los MUCHACHOS desaparecen corriendo por el puente tocando la campana. Uno de ellos, que será el último, cae, y EL PADRE JUAN corre a levantarlo.)

¡Ya cayó! Muchacho, espera,
no vayas rodando al río.
¿Te has hecho daño, hijo mío?
390

(Los NIÑOS han desaparecido. EL PADRE JUAN levanta al caído y lo lleva al proscenio.)

MUCHACHO 1.º
No, señor.
EL PADRE JUAN
Toma una pera.

(EL PADRE JUAN va a buscar de la cesta, que estará junto al banco.)

¡Calle! Limpiaron la cesta.
Hijo, valga la intención.

(Repara en el pantalón del chico, que se hallará algo destrozado.)

¡Hombre! ¿Es este pantalón
el de los días de fiesta?
395
MUCHACHO 1.º
Sí, señor.
EL PADRE JUAN
Que compre luto
tu madre.
MUCHACHO 1.º
No me regaña
nadie, si usted me acompaña.
EL PADRE JUAN
Hijo, tu padre es muy bruto:
no hay quien seis palos te ahorre
400
al verte así. Ve a María,
y dile de parte mía
que te lo remiende. ¡Corre!

(El CHICO le besa la mano y entra en la casa del cura.)

Escena VIII

(EL PADRE JUAN, solo.)

EL PADRE JUAN
No hay edad como la infancia:
ahora ríe, luego llora,
405
y como todo lo ignora,
es feliz con su ignorancia.
Tenerles siempre a mi lado
quisiera, que al ver a un niño
fuentes brotan de cariño
410
de mi corazón helado.
Son mi dicha, mi consuelo;
pura y candorosa edad
por la cual la humanidad
sus culpas lava en el cielo,
415
que aquel que a un niño recibe
y le va inclinando al bien,
en las puertas del edén
su nombre el Eterno escribe.

(Se oye un reloj de torre que figura hallarse muy lejos, —17→ y da seis campanadas.)

¡Calla! si... las seis serán...
420
Ya la creo, si amanece.
¡Roque! ¡Roque! Me parece
que se durmió el sacristán.
¡Roque!

Escena IX

(EL PADRE JUAN, ROQUE.)

ROQUE
Aquí está, que no acierta

(Sale temblando.)

a andar de frío y mojado.
425
EL PADRE JUAN
¡Cómo!...
ROQUE
Porque me han tirado
en el charco de la huerta.
EL PADRE JUAN
¿Quién?
ROQUE
Diego.
EL PADRE JUAN
¿El albéitar?
ROQUE
No.
EL PADRE JUAN
El hijo de Gaspar fue.
¿Y por qué ha sido?
ROQUE
¿Por qué?
430
Pues eso pregunto yo,
que a la verdad no me explico
quién me metió en tan mal paso;
porque yo...
EL PADRE JUAN
Vamos al caso,
ya sé que eres un buen chico.
435
ROQUE
Podré tener mis defectos
como cualesquiera... ¿estamos?
porque no es que aquí digamos
que los hombres son perfectos.
EL PADRE JUAN
Bien, hombre, bien; yo deseo
440
saber de que modo ha sido.
ROQUE
Nada, que me han sorprendido,
que me han tirado, y Laus Deo.
EL PADRE JUAN
¿Conque tanta es la maldad
de Diego?
ROQUE
Le aborrecemos,
445
sí, señor, y le tenemos
odio y mala voluntad.
—18→
EL PADRE JUAN
¡Tú estás temblando!
ROQUE
Si el frío
no me deja resollar.
EL PADRE JUAN
Ve a casa, enciende el hogar
450
y caliéntate, hijo mío.
Toma mi capa.

(Se la quita y se la da.)

ROQUE
¡Qué!...
EL PADRE JUAN
Toma,
no cojas un resfriado.
ROQUE
Pero si aún no he tocado
a misa, y el sol asoma,
455
y no quiero que usted toque,
que esa es incumbencia mía.
EL PADRE JUAN
Vete.
ROQUE
¡Y después qué diría
todo el pueblo!
EL PADRE JUAN
Vete, Roque.
ROQUE
Pero, señor, ¿qué dirán?
460

(EL CURA le indica con la mano que se retire.)

¡Usted es un santo!
EL PADRE JUAN
No, un cura
que por la salud procura
de su hermano el sacristán.

(ROQUE le besa la mano al CURA y entra en su casa. EL PADRE JUAN se dirige hacia la ermita. GASPAR sale por el fondo examinando la casa del CURA.)

Escena X

(EL PADRE JUAN, GASPAR.)

GASPAR
(Me habrán engañado... acaso
con otro le confundieron...
465

(Reparando en el CURA.)

¡El Padre Juan!... No conviene
que sepa... Disimulemos.)
Buenos días Padre Juan.
EL PADRE JUAN
¿Quién es? ¡Ah! Gaspar, muy bien.
Mucho has madrugado hoy.
470

(EL PADRE JUAN habrá llegado a las gradas de la ermita, se vuelve y dice a GASPAR lo precedente desde allí.)

—19→
GASPAR
Sí, señor.
EL PADRE JUAN
¿Estás enfermo?
GASPAR
No.
EL PADRE JUAN
¿Hay mal humor?
GASPAR
Tampoco.
EL PADRE JUAN
(Siempre con cara de perro,
desde que el sol le despierta
hasta que le rinde el sueño.)
475

(EL PADRE JUAN habrá tocado a misa, tirando de una soga que habrá junto a la puerta de la ermita. Al concluir baja al proscenio.)

Me tienes muy enfadado,
Gaspar.
GASPAR
¡Yo!
EL PADRE JUAN
Sí; no comprendo
tu mal humor: ¿no eres rico?
¿no te estiman en el pueblo?
¿no tienes buenas cosechas?
480
Pues entonces...
GASPAR
Es mi genio.
EL PADRE JUAN
¡Psch! genio y figura hasta
la sepultura: ¿no es eso?
GASPAR
Así será.
EL PADRE JUAN
Vamos, vamos,
Gaspar; yo ya soy muy viejo
485
y no es fácil engañarme.
Tú padeces.
GASPAR
¡Yo!
EL PADRE JUAN
Sí, y Diego,
tu hijo, de ese dolor
es la causa.
GASPAR
Mi hijo ha muerto.
EL PADRE JUAN
Gaspar, que estás blasfemando.
490
GASPAR
Le suplico a usted, le ruego
que no hablemos de mi hijo.
EL PADRE JUAN
Quiero hablar; yo vine al pueblo,
más que a cuidar de mis males,
a cuidar de los ajenos.
495
Tú sufres, tu mal es hijo
de tu carácter soberbio,
tú olvidas que Dios humilla
la frente a los altaneros.
—20→
GASPAR
Padre Juan, esas palabras
500
son duras.
EL PADRE JUAN
Tengo derecho
para hablarte así.
GASPAR
Señor,
a mi edad...
EL PADRE JUAN
La edad no veo,
que el padre espiritual
no conoce edad ni tiempo.
505
Aquí todos sois mis hijos,
padre de todos ser quiero,
y es mi deber como padre
ver a mis hijos contentos,
que la alegría y la calma
510
dones son que envía el cielo,
y el que sus bienes ignora
vive a su Dios ofendiendo.
GASPAR
Pues bien, Padre Juan, mis males
en vano buscan remedio:
515
tengo un hijo, un hijo ingrato,
cuyo corazón perverso
en mi muerte se complace.
Desobediente, altanero
a mis mandatos, ve siempre
520
mi autoridad con desprecio,
ve el mal y hacia el mal camina.
EL PADRE JUAN
Y tú, ahorrando los consejos
paternales, le abandonas
a sí mismo.
GASPAR
Yo no debo
525
ceder... y además es tarde.
EL PADRE JUAN
Querido Gaspar, yo creo
que siempre entre padre e hijo
para las paces es tiempo.
Con un grito de «hijo mío,»
530
pero que salga de adentro,
un buen abrazo, una lágrima,
una sonrisa y un beso,
-cosas todas que los padres
las hacen, aun sin saberlo,-
535
en un instante se olvidan
pasados resentimientos.
—21→
GASPAR
Dispénseme su merced
si no sigo sus consejos.
Mi hijo es soldado.
EL PADRE JUAN
¡Soldado!
540
GASPAR
Sí, y en el cuartel espero
que halle al fin el correctivo
de su carácter soberbio;
que a un recluta loco, doma
con su vara un cabo cuerdo.
545
EL PADRE JUAN
Pero, hombre, o yo estoy soñando
o tú, Gaspar, no estás bueno:
No conoces la ordenanza
militar, según preveo.
Un día se insubordina
550
tu hijo, o falta al respeto
a un jefe, y te lo fusilan.
Vamos, Gaspar, no consiento
que vaya a servir al rey.
GASPAR
Irá.
EL PADRE JUAN
¡Cómo!
GASPAR
Estoy resuelto
555
y de mi plan no desisto.
EL PADRE JUAN
Pero, hombre, no seas terco
y date a partido.
GASPAR
Irá
a servir al rey: no cejo.
EL PADRE JUAN
¿Con que irá?... ¿Con que tú quieres
560
que se pierda?... Lo veremos.
Su madre al morir me dijo:
«Padre Juan, velad por Diego,»
y es un mal hombre el que olvida
los encargos de los muertos.
565
GASPAR
Cumplidlos enhorabuena,
si podéis.
EL PADRE JUAN
¡Vaya si puedo!
Si es preciso, pediré
limosna de pueblo en pueblo
para salvarle, y su madre,
570
que nos mira desde el cielo,
lo agradecerá, porque ella,
que está vuestra lucha viendo
como yo, sabe quién tiene
—22→
la culpa de que el mancebo
575
huya de su casa y mire
a su padre con desprecio.
Tú eres, que con esa táctica
de poner rostro severo
y ser juez inexorable
580
para los hijos, has hecho
que ese chico desconozca
los más dulces sentimientos
del hombre, y ahora recoges
los resultados funestos.
585
El que la virtud no siembre
de la virtud vive lejos,
que el árbol que con cariño
se cría desde pequeño,
frutos nos da sazonados,
590
recto se eleva hasta el cielo.
GASPAR
Señor Cura, tendrá usted
mucha razón, no lo niego;
pero mi hijo irá a servir
a su rey y... más no hablemos,
595
porque escucharle con calma,
como hasta aquí, no prometo.
EL PADRE JUAN
Vamos, vamos, no te enfades:
ya sé que he estado severo
contigo: perdóname;
600
pero permíteme al menos
que por tu bien este anciano
te dé, Gaspar, un consejo.
Una reprensión suave
causa siempre más efecto
605
que cien azotes. Al joven
con dulzura y con respeto
el padre debe instruirle;
y el mozo llega a ser viejo
sin dejar nunca el camino
610
que aprendió en sus años tiernos.
¿Dices que tu chico es malo?
Pues bien, el modo pensemos
de regenerarle. Al mozo
que tiene instintos perversos,
615
si las puertas se le cierran
—23→
se le pierde sin remedio;
mas si las puertas se le abren
el malo se torna bueno,
y ¡qué diantre! al fin y al cabo
620
él es tu único heredero.
Si no tienes otro hijo,
si es tu sangre.
GASPAR
Estoy resuelto.
EL PADRE JUAN
Vamos, responde, Gaspar,
la mano puesta en el pecho.
625
Mañana cuando esos montes
se hallen de nieve cubiertos,
y tú al calor de la lumbre
en esas noches de invierno
oigas la pesada lluvia
630
y el zumbido de los vientos,
¿no temes que la conciencia
alce su grito severo
para recordarte al hijo
que en mitad de un campamento
635
sufre el rigor de una noche
que tú pasas junto al fuego,
o tal vez en solitario
valle, tendido en el hielo,
con la nieve cicatriza
640
las heridas de su cuerpo,
o tal vez desesperado
espira el pobre inconfeso,
y una maldición sacrílega
lanza sus postrer aliento
645
maldición que al hijo cierra
la santa puerta del cielo
maldición que alcanza al padre,
maldición...
GASPAR
Basta. Es empeño
inútil. Yo lo he jurado,
650
cumpliré mi juramento.

(GASPAR desaparece por el foro. EL PADRE JUAN le lanza una mirada compasiva.)

—24→

Escena XI

(PADRE JUAN, luego ROQUE.)

EL PADRE JUAN
Su corazón es de roca,
mas sin embargo, no debo
desistir, porque es preciso
poner a su lucha término.
655
¡Dios mío! no le abandones.
Alumbrad su entendimiento.
ROQUE
Voy a encender el altar

(Sale de casa del CURA y se encuentra con este, que sube.)

porque ya ve usté, estoy seco
como si tal cosa.
EL PADRE JUAN
Bien,
660
no te entretengas, pues veo
que van acudiendo. Yo
voy por María.
ROQUE
Hasta luego.

(Entra en la ermita, y EL PADRE JUAN en la casa.)

Escena XII

(DIEGO y RAFAEL, por el foro derecha. PETRA, ROMUALDO, ANASTASIO, aldeanos, NIÑOS, viejos y pobres bajan a la escena por distintos senderos del monte, y se reúnen en varios grupos. GASPAR, por la izquierda, se queda oculto detrás de uno de los grupos.)

ANASTASIO
(Yo le cuento la ocurrencia
cuando salga.)
PETRA
No seas terco;
665
¿si el cura no ha de pagarla,
para qué le has de ir con cuentos?
ROMUALDO
Para que sepa la gente
mala que tiene en el pueblo.
RAFAEL
¿Oyes?

(A DIEGO.)

DIEGO
(¡Pobres mentecatos!)
670
Buenos días, majaderos.
ANASTASIO
¡Otra vez!

(Se van retirando de él.)

—25→
DIEGO
Vengo de paz.
ANASTASIO
(Mira, no se lo contemos:

(A los demás.)

si nos rompió las guitarras
que no nos rompa los huesos.)
675
GASPAR
(Sin ser visto, desde aquí
al fin hoy saber espero
si es cierto ese amor.)
DIEGO

(Hablando con RAFAEL.)

(Rafael,
sin vergüenza lo confieso,
al cerrarme su ventana
680
clavó un puñal en mi pecho,
y si esa mujer me olvida
soy capaz de pegar fuego
al lugar.
RAFAEL
Conque me avises
para que no me halle dentro...
685
DIEGO
¿Lo dudas?
RAFAEL
No seas niño;
soldados los dos, saldremos
antes de mucho del valle;
y si a un mismo regimiento
nos destinan ¿quién nos tose?
690
o capitanes o muertos.
Conque a esa mujer olvida,
y sígueme.
DIEGO
Antes quiero
verla al pasar.)

(Hablan bajo.)

PETRA
Mucho tarda
su mercé.
ROMUALDO
Estará durmiendo.
695
PETRA
Si madruga más que el sol.
DIEGO
(Es en vano, estoy resulto.)
GASPAR
(Algún mal están tramando,
mas de vista no los pierdo.)

Escena XIII

(DICHOS. Un SARGENTO y ocho SOLDADOS, que salen por el foro izquierda en dirección al puente.)

SARGENTO
Salú y pesetas, paisanos.
700

(Bajando a la escena.)

DIEGO
Felices, señor sargento.
—26→
PETRA
¡Chicas, chicas, militares!
RAFAEL
(Este es nuestro hombre, Diego.)
SARGENTO
¿Sabrán ustedes decirme
en dónde se encuentra el pueblo
705
del Carrascal del Obispo?
DIEGO
A la vuelta de ese cerro,
como a unos doscientos pasos
de este valle.
SARGENTO
Agradeciendo.
ANASTASIO
Y aunque sea descortesía,
710
¿se viene por mucho tiempo
al Carrascal?
SARGENTO
Si el alcalde
llevó ya a cabo el sorteo,
pernoctaré cuatro días,
porque yo aquí solo vengo
715
a llevarme los muchachos
que han tenido el privilegio
de sacar la bola negra.
DIEGO
Militar, está usted viendo
a los dos reclutas.
SARGENTO

(Colocándose con énfasis delante de DIEGO y RAFAEL.)

¿Sois
720
vosotros?
DIEGO
Sí.
SARGENTO
Me alegro,
pues no tenéis mucha carne
en las cejas, y os prevengo,
que soy hombre de experiencia:
en cuanto atisbo a un sujeto
725
le echo el fallo: antes de un mes,
os hago cabos primeros.
ANASTASIO
¡Qué fortuna! ¿Y tendrán vara?
SARGENTO
¡Si la tendrán!... ¡Ya lo creo!
la vida del militar
730
es una vida sin pero;
en teniendo buen estómago,
curiosidad y poco miedo,
está la fortuna hecha;
y si no dígalo ego,
735
que en ocho años de carrera
el galón canta, sargento.
—27→

(Alargando el brazo en dirección a un grupo.)

Conque, salud y pesetas.
DIEGO
Esta tarde nos veremos.
SARGENTO
Cuando tú quieras. Muchachas,
740
no os olvidéis del sargento.

(Vanse los SOLDADOS y el SARGENTO por el puente. Sale de su casa EL PADRE JUAN, trayendo del brazo a MARÍA y de la mano al NIÑO que entró en la escena sétima.)

Escena XIV

(PADRE JUAN, MARÍA, DIEGO, GASPAR, RAFAEL, PETRA, ANASTASIO, ROMUALDO, POBRES, NIÑOS, ALDEANOS, ALDEANAS.)

PETRA
¡Ya sale!
ANASTASIO
Aquí reuníos,
muchachos.
RAFAEL
Diego, detente.

(Deteniéndolo.)

EL PADRE JUAN
¡Hola! Ya espera la gente.

(Todos rodean al CURA y le van besando la mano.)

Dios os bendiga, hijos míos.
745

(Los NIÑOS rodean al CURA. Los ALDEANOS a MARÍA.)

DIEGO
(Es inútil, la he de hablar.
Rafael, luego partiremos.)
PETRA (A MARÍA.)
Baile esta tarde tendremos
en la plaza del lugar.
¿Vendrás, María?
MARÍA
Sí, iré
750
si su mercé lo consiente.
ANASTASIO
Por divertirse la gente
no se enfada su mercé.
PETRA
Enfadarse, ¡y se remoza
cuando la guitarra suena!
755
si él con nuestras penas pena,
y con nuestro gozo goza.

(DIEGO se acerca a MARÍA y la dice rápidamente.)

DIEGO
(María, hablarte quisiera
esta noche en tu ventana.)
EL PADRE JUAN
¿Qué dice ese tarambana?
760
MARÍA
Nada.
GASPAR
(Se aman. Verdad era.)
—28→
EL PADRE JUAN
Después que la misa oigáis,
tenéis libre el día entero,
pero allá a la tarde, quiero
que al huerto a verme vengáis.
765

(Los CHICOS se separan del CURA, y éste se dirige al corro de ALDEANOS.)

Petrica, ¿cuándo te casan?
PETRA
Cuando se muera mi abuelo,
porque me deja un majuelo.
ANASTASIO
Buenas ganas se nos pasan.
EL PADRE JUAN
¿Tenéis prisa?
ANASTASIO
La mujer
770
es semejante a las flores,
en pasando sus verdores
no se la debe querer.
EL PADRE JUAN
¿Y cómo va ese valor,
Lino?
UN POBRE
Así, así; mas la edad
775
no vence a la enfermedad.
EL PADRE JUAN
¿Pero qué dice el doctor?
UN POBRE
Que es difícil que recobre
la salud sin viajar,
y como no puedo andar
780
y además me hallo tan pobre,
confío en Dios resignado
y en calma la muerte espero,
que aquí si mañana muero,
su mercé estará a mi lado,
785
y Dios sus justos enojos
cuando espire ha de aplacar,
si usted se digna cerrar
a mi cadáver los ojos.
EL PADRE JUAN
Piensa así, que ha de valerte,
790
pues Dios de pagar no olvida,
la amargura de esta vida
con la gloria de la muerte.
(¡María! ¿Sabes si ayer
se cobró mi paga?)
MARÍA
No:
795
¿quería usted algo?
EL PADRE JUAN
¡Yo!
¡nada! ¡Qué le hemos de hacer!
—29→
Mi voluntad mira Dios,
pero en el caso presente
no sé quien es, francamente,
800
el más pobre de los dos;
pero es triste a la verdad
no poderle ofrecer nada;

(Hablando consigo mismo.)

tal vez esta gente honrada...
Hijos míos, escuchad.-
805

(Todos rodean al CURA.)

La limosna que se vierte
sobre la mano afligida,
bálsamo es comprado en vida
para hacer dulce la muerte,
que allá en la morada eterna
810
nuestra caridad se ve.
Ahora bien, como yo sé
que esta tarde en la taberna,
(a pesar de la pobreza
pues los tiempos no son buenos)
815
os gastaréis a lo menos
cuatro cuartos por cabeza,
yo en vosotros confiado,
y el sacrificio no olvido,
esa cantidad os pido
820
para un pobre desgraciado.
El bien va del bien en pos
como van al mar los río,
una limosna, hijos míos,
una limosna por Dios.
825

(EL PADRE JUAN recorre los grupos con el sombrero en la mano y apoyada la otra en su bastón. Los ALDEANOS depositan algunas monedas en el fondo del sombrero.)

RAFAEL
(Diego, al tirano tenemos
muy cerca.)
DIEGO
(¡Mi padre!)
RAFAEL
Sí.
DIEGO
¿En dónde?
RAFAEL
Mírale allí.
DIEGO
(Pronto de dudas saldremos.)

(ELCURA habrá vaciado el sombrero en manos del —30→ pobre: se coloca delante de DIEGO y le dice este.)

DIEGO
Buen anciano, perdonad
830
si no os favorezco hoy.
¿Cómo he de daros si soy
pobre de solemnidad?
EL PADRE JUAN
¡Pobre tú! ¿Te has chanceado?
Por rico aquí te se tiene.
835
DIEGO
Mal la riqueza se aviene
con un infeliz soldado.

(Alzando la voz.)

Huérfano soy; de esta tierra
parto en busca de otra suerte;
o una familia o la muerte
840
pronto me dará la guerra;
que aquí, con dolor profundo,
he aprendido en mi agonía
que al morir la madre mía
solo me quedé en el mundo.
845
Id, pues: mi padre colijo
que os dará, muerta mi madre.
GASPAR
El padre da por el padre,

(Adelantándose y dejando caer algunas monedas en el sombrero.)

pero no da por el hijo.
DIEGO
Nunca di por mano ajena
850
cuando por mí hacerlo puedo.

(Se quita una cadena que lleva al cuello, rompe un medallón de ella y arroja el resto en el sombrero.)

(Con tu retrato me quedo,
madre.) Ahí va esta cadena.
GASPAR
Padre Juan, ved que ese impío
esa joya dar no puede.
855
DIEGO
Aunque usted me desherede
daré siempre lo que es mío.
GASPAR
¡Insolente!
EL PADRE JUAN
Atrás, mancebo.
GASPAR
¡Oh! Dejad que a ese insensato...
DIEGO
Si yo soy un hijo ingrato,
860
¿qué nombre a usted darle debo?
EL PADRE JUAN
El de padre solamente,
el de padre, temerario,
ante el cual es necesario
que dobles la altiva frente.
865
—31→
-Y tú, que el pecho en pedazos
te rompe tu propia ira,
solo un hijo en Diego mira;
Gaspar, ábrele tus brazos.
GASPAR
¡Mi abrazo a un hijo maldito!
870
Aquel que sus puertas le abra,
su misma ruina se labra
porque las tierras le quito.

(Todos los ALDEANOS se apartan de DIEGO, el cual contempla la escena con los brazos cruzados.)

EL PADRE JUAN
¡Gaspar!
GASPAR
Aquel que una mano
amiga a mi hijo tienda,
875
que no cuente con mi hacienda.
MARÍA
¡Jesús!
EL PADRE JUAN
Silencio, inhumano,
que de oírte me estremezco5;
aunque amarle al pueblo vedes
vedármelo a mí no puedes,
880
y yo mi casa le ofrezco.
DIEGO
¡Señor!

(Saliendo de su indiferencia.)

EL PADRE JUAN
Hijo mío, ven.
GASPAR
¡Qué escucho!
EL PADRE JUAN
El hado fatal
te iba empujando hacia el mal,
yo sabré enseñarte el bien.
885
GASPAR
Soy su padre, ver con calma
no puedo...
EL PADRE JUAN
¡Humana miseria!
¡Padre eres de la materia,
yo soy más! que soy del alma.
GASPAR
Ved que sus instintos vi
890
y a nadie en maldad le igualo.
EL PADRE JUAN
Pues qué, ¿si no fuera malo
necesitara de mí?
A salvar al pecador
vino al mundo un Dios humano,
895
que no necesita el sano
el auxilio del doctor.

(MARÍA coge de la mano al PADRE JUAN y lo lleva al proscenio diciéndole en voz baja.)

MARÍA
Un secreto a usted confío
—32→
y que me perdone ruego.
Amo un hombre... ese hombre es Diego.
900
EL PADRE JUAN
¡Diego! ¡Ah! ¿Qué hacer, Dios mío!
¿Y él te ama?
MARÍA
Con verdadera
pasión.
EL PADRE JUAN
¿Y es puro ese amor?
MARÍA
A no ser así, señor,
María ya no existiera.
905
EL PADRE JUAN
Hija, con doble razón
ahora mi amparo merece,
que el amor que puro crece
purifica el corazón.-
Diego, María desde hoy
910
tener debe en ti un hermano;
María, dale tu mano.
DIEGO
¡Ah!

(Le coge la mano.)

EL PADRE JUAN
Ya vuestro padre soy.
GASPAR
(Él mismo ha unido a los dos,
pero yo haré esa unión vana
915

(Se oye el tercer toque de misa.)

EL PADRE JUAN
Hijos míos, la campana
nos llama al templo de Dios.

(Los MOZOS abren paso. MARÍA y DIEGO cogidos de la mano entran en la ermita. EL CURA los sigue, rodeado de los NIÑOS. Detrás marchan las aldeanas. GASPAR se queda en medio de la escena mirando con rabia la situación.)

FIN DEL ACTO PRIMERO.

—33→

Acto segundo

(Sala baja en casa del CURA. Las blancas paredes de la habitación no deben tener otro adorno que algunos cuadros de santos. Sobre la puerta de entrada, que debe hallarse al foro, una imagen de Cristo crucificado, delante de la cual arde una lámpara Un armario, sillas y demás muebles de pino. Hogar con lumbre al extremo del foro derecha. Todo debe respirar unción y aseo.)

Escena I

(MARÍA, hilando, a la izquierda. DIEGO, leyendo a la derecha. ROQUE, en el centro del teatro, algo hacia el foro, se halla delante de una mesa, limpiando unos candelabros de bronce. Junto al hogar un pobre sentado.)

ROQUE
¿Según parece, hoy le toca
comer en casa al tío Lino?
UN POBRE
Hoy me toca: como el Padre
Juan es tan caritativo,
admite un pobre a su mesa
5
todos los días.
ROQUE
Dieguito,
¿qué lees?
DIEGO
Los Evangelios.
ROQUE
Ese es el rey de los libros;
pero si tú vieras otro
—34→
que tiene el cura escondido,
10
muy bueno, que se intitula
El Genio del cristianismo,
¡ca!... si no es para contado;
si se queda uno bizco
cuando llega a aquel pasaje
15
en que se refiere el juicio
final... Tendrá una cabeza
regular el que lo ha escrito.
MARÍA
Ya ves si es bueno saber
de letras.
ROQUE
Pues por lo mismo
20
aprendí yo. Al Padre Juan
siempre estaré agradecido,
pues cuanto soy se lo debo
a él. Me quiere cual hijo,
y no conozco más padre
25
que a él, porque los míos
me hicieron una partida
serrana, según me han dicho.
UN POBRE
Roque, a los padres debemos
respetar siempre sumisos.
30
ROQUE
Pues qué, ¿yo no los respeto...
aunque jamás los he visto?
Pero fue chanza pesada:
figúrese usted, tío, Lino,
que una mañana el buen Cura
35
se encuentra en la iglesia un lío;
le registra y me halla a mí,
es decir, a Roque, niño.
Si no hubiera tropezado
con un ser tan compasivo
40
como el señor Cura, a estas
horas me hallaba en el limbo.
UN POBRE
A falta de un padre, Dios
te dio otro padre adoptivo.
DIEGO
(Estas páginas encierran
45
un mundo desconocido
para mí; mas al leerlas
siento que mi pobre espíritu
me abandona, en tanto que ella
ni una palabra me ha dicho.
50
Entre su amor y mi orgullo
¿quién de ambos será vencido?)
ROQUE
(Si yo me atreviera... Roque,
los veintidós no has cumplido,
y es preciso que hagas méritos
55
para pedir beneficios.)
MARÍA
Mucho tarda su mercé,
Roque.
ROQUE
Si quieres, de un brinco
voy a la aldea a buscarle.

Escena II

(DICHOS, EL PADRE JUAN por el foro.)

EL PADRE JUAN
Salud y paz, hijos míos.
60

(Entrando.)

MARÍA
Gracias a Dios.

(MARÍA le quita la capa, ROQUE el sombrero y el bastón, y le coloca una silla junto al hogar.)

EL PADRE JUAN
¿He tardado?
MARÍA
Ya lo creo.
ROQUE
¿Está usted frío?

(Tocándole las manos.)

¿Pongo más leña?
EL PADRE JUAN
No; basta
con lo que hay. ¿Habéis comido?

(Sentándose junto al hogar.)

MARÍA
¿Sin estar su mercé en casa?
65
EL PADRE JUAN
¿Pues mil veces no os he dicho
que no me esperéis? Los viejos
tenemos poco apetito,
y dejamos por un rayo
de sol, el manjar más rico.
70
MARÍA
¿Dónde ha estado usté?
EL PADRE JUAN
En el monte
a pasear con unos niños,
y luego a la vuelta entré
a ver al pobre Benito,
que si Dios no hace un milagro,
75
se muere, y deja tres hijos
y una esposa en la miseria.
Diego: ¿estás ahí, hijo mío?

(Reparando en DIEGO, que no ha dejado de leer.)

Ven, hombre, ven, y perdona
—36→
porque no te había visto.
80
DIEGO
Perdonar, señor; yo soy

(Acercándose al CURA.)

el que perdón necesito;
pues cuando usté entró, no dije...
EL PADRE JUAN
Ya sé que no eres amigo
de conversación inútil.
85
ROQUE
Ni media palabra ha dicho
desde que usted se marchó...
EL PADRE JUAN
¡Qué tal! ¿te gusta ese libro?
DIEGO
Señor, leyendo sus páginas

(Bajo al CURA.)

me avergüenzo de mí mismo.
90
EL PADRE JUAN
Diego, su lectura calma

(Bajo a DIEGO.)

las batallas del espíritu.

(Siguen hablando en voz baja.)

MARÍA
Ni una vez sola sus ojos
se encontraron con los míos.
ROQUE
María, quieres echar
95
un ojo a ver si están limpios.

(Enseñándolo los candelabros.)

MARÍA
Como un espejo.
ROQUE
Un espejo
son tus ojos, donde miro
mis penas, mis alegrías
MARÍA
¿Qué dices?
ROQUE
¡Nada! No chisto.
100

(Se va al extremo opuesto. DIEGO besa la mano al CURA, vuelve a sentarse donde estaba y continúa leyendo. El CURA se dirige adonde está el pobre.)

EL PADRE JUAN
¿Y cómo van esos males?
UN POBRE
Tal cual.
EL PADRE JUAN
¿Hoy comes conmigo?
UN POBRE
Sí, señor.
EL PADRE JUAN
¿Cuándo es la marcha?
UN POBRE
Si pudiera ser, hoy mismo;
pues gracias a su mercé,
105
tengo lo que necesito
para emprender el viaje,
que dé a mis males alivio.
EL PADRE JUAN
¿Has hilado mucho?

(A MARÍA.)

MARÍA
¡Vaya!
Como que ya he concluido.
110
¡Mire usted qué lana!

(Enseñándole una madeja.)

—37→
EL PADRE JUAN
¡Hermosa!
debe ser de mucho abrigo?...
y en verdad que me hace falta,
pues tengo sesenta y cinco;
y si he de alargar un poco,
115
que me cuides es preciso.
MARÍA
¿Tiene usted queja de mí?
EL PADRE JUAN
No, hija mía; pero Lino
tendrá hambre; conque arregla
la comida.
MARÍA
Voy. (¡Dios mío!
120

(Mirando a DIEGO.)

haz que termine esta lucha.)
ROQUE
¿Te ayudo yo?

(A MARÍA.)

MARÍA
No es preciso.

(Entra por la izquierda.)

ROQUE
(De hoy no pasa sin decirla
que la amo.)

Escena III

(DICHOS, menos MARÍA.)

EL PADRE JUAN
Ahora, hijos míos,
necesito de vosotros.
125
ROQUE
Aquí estoy yo.
EL PADRE JUAN
En el camino
del pueblo encontré a dos pobres,
y en sus semblantes he visto
las huellas del hombre; esperan
en el puente... Ve tú, Lino,
130
y tráelos, a esta casa
para que coman contigo.

(LINO se va por la puerta del foro.)

Y tú, Roque, vas a hacerme
otro favor.
ROQUE
Veinticinco
si es necesario.
EL PADRE JUAN
Ya sabes
135
en donde vive Benito.
ROQUE
¿El que está enfermo?
EL PADRE JUAN
Sí: dile
a su mujer, que te envío
yo, y le das este pan
y esta camisa.

(Saca los objetos del armario.)

ROQUE
De un brinco...
140

(Se dirige al foro y EL PADRE JUAN le detiene.)

EL PADRE JUAN
Hombre, espera... a ver
si tengo por los bolsillos...

(Se registra.)

¡Ah! sí: toma esta peseta,
y le dices que confío
antes de poco, poder
145
socorrerles. ¡Ah! y al mismo
tiempo, a Gil el estanquero
le preguntas, si ha venido
el pagador, y en tal caso...
ROQUE
Sí, ya sé: recojo el trigo.
150
Con Dios.
EL PADRE JUAN
¡Ah! y a don Gaspar,

(Bajando la voz.)

al padre de...

(Señalando a DIEGO.)

ROQUE
Lo he cogido.
EL PADRE JUAN
Le dices que yo quisiera
hablarle... y, nada más, hijo.
155

(ROQUE se marcha por el foro.)

Por probar nada perdemos;
y si las paces consigo...

Escena IV

(PADRE JUAN, DIEGO.)

EL PADRE JUAN
La triste meditación

(Viendo a DIEGO meditabundo.)

en que ese mancebo se halla,
me revela la batalla
160
que agita su corazón.

(EL PADRE JUAN se acerca a DIEGO, y le pone una mano en el hombro. DIEGO se levanta.)

Diego, por tu mal me aflijo,
y verte feliz espero:
si como un padre te quiero,
quiéreme tú como un hijo.
165
Desahoga el dolor profundo
que tu corazón devora;
que a consolar al que llora
vino el padre Juan al mundo.
DIEGO
Desde que entré en esta casa
170
respiro tanta terneza,
que se ofusca mi cabeza,
que no sé lo que me pasa.
Siento un bien desconocido
que mi corazón ansiaba;
175
el que mi madre me daba,
el que con ella he perdido;
y al luchar conmigo mismo
en mi amargo desconsuelo,
tan pronto entreveo el cielo
180
como entreveo el abismo;
que al pensar la horrible suerte
que me brinda el porvenir,
no sé si debo vivir
o si debo darme muerte.
185
EL PADRE JUAN
Diego, la vida no es tuya;
de ella no has de disponer;
si Dios te la dio al nacer,
deja que Dios la destruya.
DIEGO
¿Mas quién esta lucha calma
190
en que sin cesar me agito?
EL PADRE JUAN
¿Quién? Ese libro bendito,
que es el bálsamo del alma.
Tu dicha estriba en que caiga
a los pies de un padre anciano
195
el resto de orgullo vano
que en tu corazón se arraiga.
DIEGO
¿Olvida usted que jamás
me recibirá en su seno?
EL PADRE JUAN
Hijo, cumple como bueno,
200
y deja a Dios lo demás...
DIEGO
¿Mas si él con indignación
mi humildad, esquivo, ahuyenta?...
EL PADRE JUAN
Setenta veces, setenta
vuélvele a pedir perdón;
205
y si aún no cede, te exijo
que otras tantas perdón pidas;
si de hacerlo así no cuidas
siempre serás un mal hijo.
Y ¡ay!... si con temeridad
210
—40→
tu exaltada mente olvida,
que hay una conciencia en vida
y un juez en la eternidad.
DIEGO
Señor, negarme no quiero;
que usté es el único ser
215
que me llegó a comprender,
a quien amo, a quien venero.
Si, este es el libro que inunda
de luz y vigor la idea;
deje usted que el libro lea
220
para que valor me infunda.
Quiero aspirar los suaves
consejos que nunca oí.
EL PADRE JUAN
Léelo, pero no aquí.
DIEGO
¿Dónde?
EL PADRE JUAN
Do cantan las aves.
225
Allá, al pie de una colina
lee ese libro con calma;
que allí se engrandece el alma
porque allí a Dios se adivina;
porque allí con santa unción
230
la eternidad ve el cristiano,
porque allí se ve la mano
del Dios de la creación.
DIEGO
Parto, pues, antes que incline
mi fe el torcedor hastío.
235
EL PADRE JUAN
Dame un abrazo, hijo mío.
DIEGO
¡Señor!...

(Abraza al CURA, y sale precipitadamente por el foro.)

EL PADRE JUAN
Que Dios te ilumine.

Escena V

(EL PADRE JUAN se sienta al hogar.)

EL PADRE JUAN
¡Magnífico, sí, magnífico!
El chico se halla inclinado
a hacer las paces; ahora
240
viene el padre, lo preparo,
gruñe un poco, pero al fin
lo olvida todo un abrazo.
—41→

Escena VI

(EL PADRE JUAN, LINO y dos POBRES por el foro.)

LINO
Por aquí.

(Desde fuera.)

EL PADRE JUAN
¿Quién es?
LINO
Soy yo.
EL PADRE JUAN
¡Ah! bien, adelante, hermanos;
245
en el comedor espera
María.

(Los POBRES le besan la mano, y se arrodillan a sus pies.)

¿Qué es esto? Vamos,
no hay que afligirse, que Dios
no olvida a los desgraciados.

(Los tres pobres entran por la puerta de la izquierda.)

Escena VII

(EL PADRE JUAN.)

EL PADRE JUAN
Esto es un valle de lágrimas.
250
Ahora mismo esos ancianos
que viven de la limosna,
que duermen en despoblado;
en esa edad en que el hombre
más necesita el descanso...
255
Si yo pudiera ofrecerles
un rincón... El honorario
es tan corto, que aunque quiera
no puedo alargar el brazo;
pero en fin, ¿qué hemos de hacer?
260
Yo entre los pobres reparto
media paga, y en el pueblo
no me tendrán por ingrato.
El oro, el oro es la línea
que divide a los humanos,
265
el cual hace que olvidemos
que todos hacia un fin vamos,
unos cubiertos de galas,
—42→
otros cubiertos de harapos.

(EL PADRE JUAN apoya la cabeza en las manos, quedándose en una actitud pensativa. MARÍA sale, se asoma a la ventana y dice allí los primeros versos.)

Escena VIII

(PADRE JUAN, MARÍA.)

MARÍA
(Ya se fue, ni una palabra
270
me ha dirigido el ingrato.)

(Se queda apoyada en la ventana.)

EL PADRE JUAN
¿Qué buscas, María?
MARÍA
Nada.
EL PADRE JUAN
¡Tú estás triste! ¡Tú has llorado!
MARÍA
No, señor.
EL PADRE JUAN
¿Estoy yo ciego?
Esto ¿qué es?

(Le limpia una lágrima con la yema del dedo.)

MARÍA
No lo sé.

(Dejando caer la cabeza sobre el pecho.)

EL PADRE JUAN
Vamos
275
María, nada me ocultes;
piensa que hace muchos años
que tu madre, hermana mía,
te confió a mis cuidados,
que desde entonces ha sido
280
padre para ti este anciano,
y una ingratitud sería
no amarme como te amo.
MARÍA
Yo le amo a usted más que a todos
los del mundo.
EL PADRE JUAN
Exceptuando
285
a Diego, ¿eh?
MARÍA
Más que a Diego.
EL PADRE JUAN
¿Sí? (Lo dudo.)
MARÍA
¿Usted le ha hablado?
EL PADRE JUAN
Sí, y espero antes de poco
tener buenos resultados,
que aunque Diego se resiste,
290
correrá al fin a sus brazos.
MARÍA
¡Dios lo quiera! que es muy triste
ver que se marcha un muchacho
a servir al rey, pues dicen
que la vida del soldado
295
es muy azarosa.
EL PADRE JUAN
Mucho.
MARÍA
¿Y usted se opondrá?
EL PADRE JUAN
Yo trato
de oponerme; pero...
MARÍA
Vaya
si se opondrá usted.
EL PADRE JUAN
Es claro.
MARÍA
Porque si él se marcha...
EL PADRE JUAN
Entonces
300
¿qué hemos de hacer?
MARÍA
Evitarlo.
Y ahora que me acuerdo, tengo
que reñir a usted.
EL PADRE JUAN
Sepamos
los motivos.
MARÍA
Los motivos
son esos dos convidados.
305
Usted no me ha dicho...
EL PADRE JUAN
Es cierto,
fue un convite inesperado:
como estás acostumbrada,
no pensé...
MARÍA
Pero es el caso...
EL PADRE JUAN
¿Qué? ¡Vamos!
MARÍA
Que la comida
310
de hoy no presta para tantos.
EL PADRE JUAN
No te apures, esa es gente
muy llana, improvisa algo.
MARÍA
Es que usted sin duda olvida
que no puedo improvisarlo.
315
EL PADRE JUAN
¿Que no puedes?
MARÍA
No.
EL PADRE JUAN
¿Por qué?
MARÍA
No hay nada.
EL PADRE JUAN
Sí; en el armario
vi...

(Abriéndole.)

MARÍA
Dos panes.
EL PADRE JUAN
No, que es uno.
—44→

(Saca un pan del armario.)

MARÍA
¿Y el otro?
EL PADRE JUAN
¿El otro? Lo he dado.
320
MARÍA
¿Y qué hacemos?
EL PADRE JUAN
No te apures:
casualmente aquí te traigo
cuatro reales. Una misa
que me encargó el boticario
para su difunta esposa:
325
poco es; pero siempre es algo.

(EL PADRE JUAN busca por todos los bolsillos.)

MARÍA
¿No los halló usted?
EL PADRE JUAN
No: ¡ah!
no los busco, que es en vano.
MARÍA
¿Los dio usted?
EL PADRE JUAN

(Después de un momento.)

Sí.
MARÍA
Pues entonces
¿qué hacer?
EL PADRE JUAN
Nos hemos salvado.
330

(Después de una pausa.)

Mata la gallina.
MARÍA
¡Pero
si usted la dio!...
EL PADRE JUAN
Mata el gallo.
MARÍA
Si usted le dio.
EL PADRE JUAN
Pues entonces
yo no sé lo que me hablo.
MARÍA
Yo lo arreglaré.
EL PADRE JUAN
Me ocurre
335
una idea. ¿Para cuántos
hay comida?
MARÍA
Para tres,
y somos seis.
EL PADRE JUAN
No; sois cuatro.
MARÍA
¿Cuatro?
EL PADRE JUAN
Roque come fuera.
MARÍA
Pero ¿y usted?
EL PADRE JUAN
¡Yo! ¡Estoy malo!
340
MARÍA
¡Malo! ¡Dios mío!
EL PADRE JUAN
No es nada,
¡lo te asustes: sangro el plato,
porque así a mi edad conviene
pero salgamos del paso:
—45→
dales de comer, y diles
345
que luego iré a echar un párrafo
con ellos.
MARÍA
Si usted lo manda...
EL PADRE JUAN
Te lo ruego.

(MARÍA saca del armario el mantel y el pan y se asoma a la ventana.)

Me he salvado;
y después, aunque yo ayune
por ellos, ¿no son hermanos?
350

(MARÍA desaparece por la puerta de la izquierda, a tiempo que entra ROQUE por el foro, llevando un pañuelo en la mano, que figura contener dinero.)

Escena IX

(EL PADRE JUAN y ROQUE.)

ROQUE
¡Aquí estoy yo!
EL PADRE JUAN
¿Ya has cumplido
la comisión?
ROQUE
Sí, y le traigo
la cosa.
EL PADRE JUAN
¿Qué cosa?
ROQUE
El trigo.

(Movimiento del CURA.)

¡El dinero!...
EL PADRE JUAN
¡Hola, ¿Has cobrado?
ROQUE
Sí, señor, en calderilla.
355
EL PADRE JUAN
Bien; déjalo en el armario.
Saca papel y tintero,
porque es preciso con tacto
hacer la distribución
de la limosna. ¡El curato
360
es tan pobre! El pie de altar
solo nos da malos ratos,
y la congrua poco o nada
aumenta nuestro honorario.
Solo el rex augusta domi
365
preciso llega a mis manos;
pero hay enfermos, hay pobres,
y partirle es necesario.
ROQUE
Tengo unas ganas de ver
—46→
el altar bien adornado.
370
EL PADRE JUAN
Pues yo no.
ROQUE
¡Si está más pobre!...
EL PADRE JUAN
Hijo, el lujo del cristiano
está en sus obras; el cáliz
de oro y el cáliz de estaño,
son iguales a los ojos
375
del Dios que nos hizo hermanos.
El adorno del altar
está en los cabellos blancos
del cura, que ha envejecido
en la oración. No hay ornato
380
como el que ofrecen los fieles
ante Dios arrodillados.
ROQUE
No valga lo dicho.

(ROQUE saca del armario papel y tintero y lo deja encima de la mesa.)

EL PADRE JUAN
Siéntate
y escribe.
ROQUE
Ya estoy sentado.
EL PADRE JUAN
Catorce reales a Petra,
385

(Se pasea mientras dicta. ROQUE escribe.)

que tiene el esposo malo.
Veinte para los dos pobres
que tenemos convidados.
Seis reales para comprarle
a Perico unos zapatos.
390
ROQUE
(Si no le corto los vientos
nos va a dejar sin un cuarto.)
Y diga usted, padre Juan:
¿nosotros somos cristianos?
EL PADRE JUAN
¡Hombre! ¿y por qué lo preguntas?
395
ROQUE
Porque en este calendario
que usted me dicta, jamás
aparecen nuestros santos.

Escena IX

(DICHOS, GASPAR, por el foro.)

GASPAR
Dios sea aquí.

(Entrando.)

EL PADRE JUAN
¡Hola! ¡Gaspar!...
—47→
Vete, Roque -Bien llegado.-
400
Vete.
ROQUE
¿Se va usté a quedar
a solas con este pájaro?

(En voz baja.)

EL PADRE JUAN
Sí, vete, ya acabaremos
las cuentas.
ROQUE
Pues cerca aguardo.
(Del mal el menos; veré
405
a María.)

(EL CURA le indica con un ademán que se marche.)

Bien, me marcho.

(Vase por la puerta izquierda.)

Escena X

(EL PADRE JUAN, GASPAR. Pausa.)

GASPAR
Usted me mandó llamar
y vengo...
EL PADRE JUAN
Bien, siéntate.

(Le coloca una silla junto a él.)

GASPAR
Gracias, estoy bien de pie.
EL PADRE JUAN
Como tú quieras, Gaspar.
410
Mas te advierto que mal haces
en venir tan enfadado;
pues yo solo te he llamado
para que hagamos las paces.
GASPAR
Pues inútil me parece
415
la llamada, según creo;
ni yo las paces deseo,
ni usted las paces merece.
EL PADRE JUAN
Gaspar, por tu bien te ruego,
que me hables más comedido.
420
GASPAR
Es que la causa he sabido
por que usted protege a Diego.
Y no con poca extrañeza
veo, aunque usted lo ha callado,
que imprudente ha deshonrado
425
las canas de esa cabeza.
EL PADRE JUAN
¿Qué es eso de deshonrar?
Modera tu genio inquieto,
que al que no falta al respeto,
no se le debe faltar;
430
y esta reprensión la digo
alargándote una mano,
que aún puede este pobre anciano
honrarte siendo tu amigo.
GASPAR
Señor, aquí está mi chico;
435
pero a mí se me figura
que la protección6 del cura
es porque su padre es rico.
EL PADRE JUAN
Eso piensa tu malicia.
GASPAR
Eso pienso y di mis pasos,
440
que nadie arregla estos casos
más pronto que la justicia.
EL PADRE JUAN
¿La justicia has dicho?
GASPAR
Sí.
Ya quedó el juez enterado,
y bien por fuerza o de grado
445
mi hijo ha de salir de aquí.
EL PADRE JUAN
¿Y adónde irá?
GASPAR
No me importa.
EL PADRE JUAN
¿Y si él a la paz se aviene?
GASPAR
Eso es lo que a usted conviene.
EL PADRE JUAN
Gaspar, tu lengua reporta;
450
que este anciano que adivina
tu dolor, por ti se afana;
más que la justicia humana
necesitas la divina.
Tu hijo hace poco me dijo
455
que de él mismo se sonroja;
si él a tus plantas se arroja,
Gaspar, perdona a tu hijo.
GASPAR
Padre Juan, ya más no arguya,
que mi paciencia es escasa;
460
antes de arreglar mi casa
debe usté arreglar la suya.
Su sobrina tiene amor
a mi hijo o a su dote,
y no es bien que un sacerdote
465
sea de ambos protector.
EL PADRE JUAN
Su madre era hermana mía
y fue de virtud modelo;
sobre el polvo de este suelo
—49→
virtuosa alienta María;
470
que en su pecho virginal
puro ese amor vive y crece,
y es el que a tu hijo engrandece
y va apartando del mal.
GASPAR
Pues ya el pueblo ha murmurado
475
de esa protección prestada.
EL PADRE JUAN
El pueblo no ha dicho nada;
me conoce demasiado.
GASPAR
Si llega el caso al extremo
que el juez dicte una sentencia
480
EL PADRE JUAN
Tranquila está mi conciencia;
a nadie en el mundo temo.
GASPAR
Esa protección también
dictar pudo el egoísmo.
EL PADRE JUAN
Tus palabras, ni tú mismo
485
las crees, lo sé muy bien.
Nadie dirá, estoy sereno,
que por mi bien propio arguyo,
que el que reparte lo suyo
mal puede quererlo ajeno.
490
GASPAR
(¡La calma, la indiferencia
con que responde, me exalta!
¡Por mi padre, que me falta
para escucharle paciencia!)
Acabemos: ¿quiere usted
495
despedir a Diego?
EL PADRE JUAN
No:
enfermo en mi casa entró;
saldrá cuando sano esté.
GASPAR
Tema usted...
EL PADRE JUAN
No temo nada,
pues nunca el peligro ofusca
500
al pobre pastor que busca
la oveja descarriada.
Tu Diego la oveja es
que del rebaño se aleja:
Dios me manda que esa oveja
505
conduzca a tus mismos pies.
GASPAR
¡Por qué a un hijo ingrato abona
y mis acciones afea
un pobre cura de aldea,
—50→
un mendigo con corona!
510
¿Quién es usted, que esta lucha
de su honor defiende en mengua?
EL PADRE JUAN
¡Sacrílego! ¡Ten la lengua!
Arrodíllate y escucha.
Soy un hombre sin familia,
515
a quien todas pertenecen;
que busca a los que padecen,
que sus males reconcilia;
a cuyos pies los cristianos
depositan sin recelo,
520
con lágrimas de consuelo
sus más ocultos arcanos.
Soy la humana providencia
que consuela al pecador,
el único mediador
525
del poder y la indigencia.
El hombre cuyos consejos
raudales son de cariño,
el que enseña el bien al niño,
la eternidad a los viejos.
530
Un hombre a quien nunca olvida
ni el rico ni el pordiosero
de tener por compañero
en las penas de su vida.
Un ser que al mundo ha venido
535
a calmar el sufrimiento,
a dar su pan al hambriento
y su hogar al desvalido.
El que vino aquí a sufrir
y a endulzar tu padecer,
540
el que bautiza al nacer,
el que bendice al morir,
el que pregona la fe
de una religión divina,
ante el cual la frente inclina
545
el que culpable se ve.
El que va del bien en pos
sin mirar clase ni nombre,
el que en el mundo del hombre
es un destello de Dios.
550
Un ser a quien sin razón
—51→
hiciste el pecho pedazos,
pero que te abre los brazos
para pedirte perdón.
GASPAR
¡Señor!...
EL PADRE JUAN
¿Por qué te detienes
555
cuando impaciente te espero?
GASPAR
¡Qué vergüenza!
EL PADRE JUAN
Si te quiero,
¿por qué a quererme no vienes?
Ven, y si tu dicha labro,
en recompensa te exijo
560
que abras tus brazos a tu hijo,
como yo mis brazos te abro.

(EL PADRE JUAN se queda con los brazos extendidos hacia GASPAR, el cual, con la frente inclinada y avergonzado de sí mismo, permanece inmóvil.)

Escena XI

(DICHOS, ROQUE que aparece en la puerta de la izquierda.)

ROQUE
¡Don Gaspar, arrodillado

(Acercándose a D. GASPAR.)

se habla aquí; abajo esa frente!

(Cogiéndole del brazo con fuerza y obligándole a que se arrodille a los pies del CURA.)

GASPAR
¡Oh, rayos!

(Luchando por desasirse de las manos de ROQUE.)

EL PADRE JUAN
Roque, detente.
565
¡Atrás! (Pausa.)¿Conque has olvidado

(Colocándose entre los dos. Pausa.)

que se debe respetar
como a un padre, a todo anciano?
ROQUE
Señor...
EL PADRE JUAN
Bésale la mano.
ROQUE
Voy...

(Besa la mano a GASPAR.)

EL PADRE JUAN
Perdónale, Gaspar.
570

Escena XII

(DICHOS, DIEGO por el fondo, MARÍA por la izquierda.)

DIEGO
¡Mi padre!

(Entrando.)

EL PADRE JUAN
¡Hijo mío! ¡Avanza!
¿Tú, Gaspar, qué esperas ya?
GASPAR
¡Dejadme!...

(Después de un momento de lucha, desaparece precipitadamente por el foro.)

ROQUE
Se marcha.
EL PADRE JUAN
¡Ah!

(Dejándose caer en un sitial.)

DIEGO
¿Lo ve usted?

(Al PADRE JUAN con sentimiento.)

MARÍA
¡Muere, esperanza!

(Pausa.)

Escena XIII

(DICHOS, menos GASPAR.)

ROQUE
¡Qué mal hombre!
EL PADRE JUAN
Y bien mirado
575

(Hablando consigo mismo.)

su enojo es muy natural.
Sí; yo le traté tan mal...
ROQUE
¿Usted, señor?
EL PADRE JUAN
Le he faltado.
ROQUE
Señor Cura, él sin razón
le dijo a usted cosas graves.
580
EL PADRE JUAN
Bah, bah, bah, bah, ¿tú qué sabes?
Debo pedirle perdón.
DIEGO
Señor, eso es demasiado.
EL PADRE JUAN
Demasiado para ti,
pero lo que es para mí...
585
¡Estoy tan acostumbrado!...
ROQUE
Iré con usted, no quiero...
no sea que ese hombre...
EL PADRE JUAN
No;
quédate en casa, iré yo
solo. El bastón, el sombrero.
590
Al mismo tiempo veré
—53→
si logro al fin que los dos...
Vaya, hijos míos, con Dios;
no lloréis, pronto vendré.

(Vase por el foro.)

Escena XIV

(DIEGO, MARÍA, ROQUE.)

(Pausa. ROQUE contempla un momento la triste actitud de DIEGO y MARÍA: hace un esfuerzo, y acercándose a DIEGO, le dice sacando una llave del bolsillo.)

ROQUE
Diego, esta llave te entrego,
595
que es de mi celda en la ermita:
por si murmuran, habita
de noche en mi cuarto, Diego.
Ya que ella su amor te ofrece,
hazte digno de su amor.
600
DIEGO
Gracias, Roque; en su dolor
Diego su amistad te ofrece.
ROQUE
Yo la acepto, mas quisiera,
pues no os puedo dar consuelo,
que os hablarais sin recelo,
605
como si yo no estuviera.
Su merced me hizo quedar,
y aquí estoy, pues lo ha mandado;
pero hablaos sin cuidado,
Roque no os ha de escuchar.
610

(ROQUE se sienta al fuego y apoya la frente en las manos. Pausa.)

DIEGO
María, si hoy de tu lado
me arranca el hado inclemente,
guarda un recuerdo en tu mente
para el infeliz soldado.
MARÍA
Piensa, Diego, que María
615
no soportará tu ausencia;
que es muy débil su existencia
para tan larga agonía.
Si de mi lado te alejas
romperá tu amor sus lazos,
620
y el corazón en pedazos
dentro del pecho me dejas.
DIEGO
¿Qué debo hacer?
—54→
MARÍA
Con dolor
te veo huir de esta tierra,
que el estruendo de la guerra
625
mata el grito del amor.
DIEGO
Nunca, y si la suerte impía
corta en la guerra mi aliento,
mi postrimer pensamiento
será para ti, María.
630
No temas que la ambición
mate, por su afán de gloria
tu imagen, que es mi memoria;
tu amor, que es mi corazón.
MARÍA
Por esa imagen sagrada,
635

(Coge a DIEGO de una mano y lo conduce delante de la imagen de Cristo.)

que comprende mi tormento,
yo te empeño el juramento
de esperarte resignada.
DIEGO
¡Ah, gracias! Partir ya puedo
al menos más consolado.
640
MARÍA
Mas que no olvide el soldado
que sin corazón me quedo.
DIEGO
¿De mi amor puedes dudar?
Si me libro de la muerte
mi mano vendré a ofrecerte
645
para llevarte al altar.

Escena XIV

(DICHOS, RAFAEL, por el foro.)

RAFAEL
¿Se puede entrar?
ROQUE
Adelante.
RAFAEL
Adiós, Roque; adiós, María.
DIEGO
Rafael, ¿qué ocurre?
RAFAEL
Venía
a decirte que un instante
650
te quiere el alcalde hablar.
DIEGO
¿Sabes para qué?
RAFAEL
Lo ignoro.

(DIEGO habla con MARÍA aparte.)

ROQUE
¿También te cogió a ti el toro?
—55→
RAFAEL
Sí, por Dios, soy militar.
Mas no trato de importuna
655
como algunos a la suerte:

(Mirando a DIEGO.)

o tropiezo con la muerte,
o cargo con la fortuna.
DIEGO
Vamos pues.

(A RAFAEL.)

RAFAEL
Adiós, paisano.

(A ROQUE. Vanse DIEGO y RAFAEL por el foro.)

Escena XV

(MARÍA, ROQUE. Pausa.)

ROQUE
(La está matando la pena,
660
siendo tan pura, tan buena.)
María, yo soy tu hermano,
es decir, lo quiero ser,
si es que tú quieres, María;
y mi existencia daría
665
por no verte padecer.
El dinero condenado
es causa de tu dolor:
tú tienes a Diego amor,
y Diego se va soldado.
670
Yo no le puedo librar,
pues sabes que no soy rico;
pero, en fin, soy un buen chico;
no quiero verte llorar;
que aunque él la dulce esperanza
675
de mis ensueños mató,
el Padre Juan me enseñó
a despreciar la venganza.
Así, pues, alegra el gesto,
y si hallas modo o manera
680
en que serle útil pudiera,
manda, a todo estoy dispuesto.
MARÍA
Para mis males no hallo,
Roque, remedio ninguno.
ROQUE
Pues yo he de buscar alguno.
685
MARÍA
No existe.
ROQUE
Entonces me callo.

(ROQUE se apoya en el cancel de la ventana.)

—56→

Escena XVI

(DICHOS, EL PADRE JUAN, por el foro.)

MARÍA
¿Vio usted a su padre?

(Con afán.)

EL PADRE JUAN
No:
fui a su casa, pregunté,
y por más que supliqué,
a admitirme se negó.
690
Conociendo que era en vano
lo dejé para otro día.

(Reparando en MARÍA, que se cubre el rostro con las manos.)

¡Lloras!... ¡por piedad, María!
¡no aflijas más a este anciano!
MARÍA
Mañana es tarde, señor.
695
EL PADRE JUAN
¡Tarde!
MARÍA
¡Se marcha!
EL PADRE JUAN
¡Dios mío!
MARÍA
Ya solo en usted confío,
que comprende mi dolor.
EL PADRE JUAN
Y haces bien en confiar,
que verte sufrir no quiero.
700
Valor, María, yo espero
que Dios no me ha de olvidar.
Roque, el sombrero, el bastón
de viaje.

(ROQUE mira con asombro al CURA: luego desaparece por una de las puertas laterales y vuelve a salir con las prendas indicadas.)

MARÍA
¡Qué oigo!
EL PADRE JUAN
Un abrazo.
MARÍA
¿Me deja usté?
EL PADRE JUAN
Es corto el plazo
705
de nuestra separación.
Por esos pueblos sumiso
a los fieles pediré;
venderé o empeñaré
mi paga, si así es preciso.
710
Iré a Salamanca, allí
—57→
tengo amigos, hija mía,
y ellos, al ver mi agonía
tal vez se apiaden de mí.
Si no evito así su ausencia,
715
veré a la reina, si quieres,
la diré, que tú te mueres
y le dará la licencia.
A acompañar a su cura
irá todo el pueblo entero,
720
y que le cuente él espero
tu virtud y tu amargura.
Que nunca las soberanas
vieron con ingratitud
sesenta años de virtud
725
coronados por las canas.
MARÍA
¿No le arredra a usté el pensar
la soledad del camino?
EL PADRE JUAN
Hija, el pobre peregrino
tan solo piensa en rezar.
730
Mas ¿qué importan las fatigas
a que con placer me entrego,
si logro salvar a Diego
si al fin tus penas mitigas?

(ROQUE sale con el sombrero y el bastón.)

MARÍA
¡Ah! mi esperanza renuevo.
735
EL PADRE JUAN
María, la fe cristiana
todo en el mundo lo allana,
y la fe en el alma llevo,
Ella marca mi horizonte,
pues con fe puede el cristiano
740
convertir un monte en llano
y volver un llano monte.
MARÍA
Señor...
EL PADRE JUAN
¡Adiós, hija mía!
¡Un abrazo... y confianza!
MARÍA
Usted lleva mi esperanza.
745
EL PADRE JUAN
Dios mi incierto paso guía.
Adiós, ruega por tu anciano

(Vase.)

MARÍA
Por él rogando aquí quedo.
ROQUE
María, salvarte puedo.

(Precipitadamente a MARÍA.)

MARÍA
¡Roque!
ROQUE
Confía en tu hermano.
750

(ROQUE sale precipitado de la escena, MARÍA cae arrodillada delante de la imagen de Jesucristo.)

FIN DEL ACTO SEGUNDO.

—59→

Acto tercero

(Huerto en casa del CURA. Una tapia de piedra rústica de tres palmos de elevación cruza el escenario desde la tercera caja de bastidores: en el centro de ésta, una puerta de troncos. En el primer término de la izquierda la fachada de la casa, con un emparrado, bajo el cual habrá un sillón de baqueta y dos bancos, colocados del modo más conveniente: un robusta peral y una higuera. Al fondo, monte, y un puente practicables, cuyos senderos conducen a la casa del CURA.)

Escena I

(MARÍA, sentada en el sitial de baqueta que hay debajo del emparrado7. PETRA, ANASTASIO y varios ALDEANOS la rodean. Sobre el puente un grupo de ALDEANOS, otro en uno de los picos del monte y otro de MUCHACHOS en otra de las cimas de la colina. Por los senderos bajan y suben ALDEANOS, del modo más conveniente para dar animación al cuadro.)

PETRA
Vamos, María, no llores.
MARÍA
No he de llorar... ¡Pobre anciano!
ANASTASIO
Si, ya verás como vuelve:
¡pues no que no!... ¡Voto al chápiro!
MARÍA
¡Ay! Petra, dos días hace
5
que se fue por esos campos
y otros dos que acongojada
en balde su vuelta aguardo.
¿Qué habrá sido de él?
—60→
PETRA
María,
vamos, no te aflijas tanto.
10
Dios nunca olvida a los buenos:
verás cómo vuelve.
MARÍA
Acaso...
¡Como es tan viejo!... ¡Dios mío!
me horrorizo de pensarlo.
Solo y en la noche oscura
15
esos caminos cruzando
entre las nieves del monte
y los peligros del llano...
Vamos: ¡no tengo razón
para llorar!
ANASTASIO
Pues... ¡Canario!
20
ha de volver, porque aquí
todos le necesitamos
como al pan de cada día,
como la lluvia al sembrado.
Si a la tarde cuando el sol
25
se esconda tras los ribazos
no ha vuelto, nos reunimos,
y en las borricas montando
nos desparramamos todos
hasta los fines del radio,
30
y de juro viene aquí
como dos y dos son cuatro.
¡Pues si por él nos iríamos
hasta a ver al Padre Santo!
UN ALDEANO
Dice este bien.
ROMUALDO
Yo lo mismo.
35
digo, que dice Anastasio.
TODOS
¡Y yo!
ANASTASIO
¡Si es nuestro consuelo!
ROMUALDO
Nuestro alivio.
ANASTASIO
Nuestro paño
de lágrimas.
MARÍA
Os conozco
y sé que lo haréis.
ANASTASIO
Es claro.
40
MARÍA
Gracias, mis buenos amigos;
mas temo que sea en vano.
Está el Padre Juan muy débil,
—61→
tiene sesenta y seis años,
y a esa edad, mata una noche,
45
de fríos y de cansancio.
UN MUCHACHO
¡Aleluya! (Del monte.)
MARÍA
¡Ah!
UN ALDEANO
¡Aleluya!

(De otro grupo.)

OTRO
¡Ahí está! ¡Él es!
MARÍA
¡Vamos!
TODOS
¡Vamos!
MARÍA
¡Gracias, Dios mío!
UN ALDEANO
¡Si es Diego!

(Desde el puente.)

MARÍA
No es él ¡Valedme, Dios santo!
50

Escena II

(DICHOS, DIEGO, que aparece en la montaña desalentado y con muestras de cansancio. Baja en derechura a la escena y MARÍA le sale al encuentro.)

DIEGO
¡María!
MARÍA
Diego, responde;
dime, ¿no le has encontrado?
¿No le has visto?
DIEGO
En todo, en todo
me es el destino contrario,
María. En vano en su busca
55
cien senderos he cruzado.
Sin concederme un minuto
de tregua, seguí, sus pasos
por todas partes, por él
con ansiedad preguntando;
60
tan solo encontré a los niños
que de aquí lo acompañaron,
y a los cuales despidió
por temor de fatigarlos.
¡Noble corazón!
MARÍA
¡Dios mío!
65
¡Apiádate del anciano!
DIEGO
Seguí entonces hecho un loco
la ruta que me indicaron,
creyendo que al fin podría
por mi fortuna encontrarlo...
70
—62→
¡Empeño inútil! Me vuelvo
sin él, y desesperado.
MARÍA
¿Y nadie le ha visto?
DIEGO
Nadie.
MARÍA
Ten piedad, Dios soberano;
¡tú que sabes que es la vida
75
de los que le amamos tanto!
¡Esto es horrible! A su edad
verse solo, extraviado,
quizás junto a un precipicio
esté a estas horas cruzando.
80
DIEGO
¡Calla por Dios, que me partes
el corazón en pedazos,
al pensar que soy la causa
de tu pena y su quebranto!
UN ALDEANO
Ahora sí que es él.

(Desde los picos de las montañas.)

TODOS
¡Él es!
85
UNO
Lo traen unos aldeanos.
MARÍA
¡Haz que sea verdad, buen Dios!
UN ALDEANO
Y lo viene acompañando
gente de Ciudad-Rodrigo.
DIEGO
Corramos.
TODOS
Sí, sí, corramos.
90

(DIEGO y ALDEANOS se precipitan a la montaña. MARÍA se queda esperando en la mayor ansiedad.)

MARÍA
Que no me engañe... ¡Ah! sí, es él;
gracias, gracias, cielo santo.

(Corre a encontrarle.)

Escena III

(DICHOS, EL PADRE JUAN, a quien llevan unos aldeanos sentado en una especie de camilla, hecha con ramas y troncos. Todos le rodean, unos le besan la capa, otros las manos; él se apoya en MARÍA y DIEGO, los cuales le sientan bajo el emparrado, en el sitial de baqueta.)

EL PADRE JUAN
Ya por fin estoy aquí.
MARÍA
Señor...
EL PADRE JUAN
¡Cuánto habrás llorado!
PETRA
Vamos a dar la noticia
95
—63→
al pueblo.
ANASTASIO
¿Manda usted algo?
EL PADRE JUAN
Solo quisiera, hijos míos,
que obsequiarais a los cuatro
mozos que aquí me han traído,
pues sin ellos a este anciano
100
le hubiera sido difícil
llegar a su casa.
ANASTASIO
Vamos
al punto, que mi bodega
es bodega de buen ario.
PETRA
Que descanse usted.
EL PADRE JUAN
Mil gracias.
105
MUCHACHO 1.º
Si usted se halla fatigado
hoy no daremos lección.
EL PADRE JUAN
¿Por qué no? Dentro de un rato
podéis volver, que esto pasa
como nube de verano.
110
MUCHACHO
Con Dios, padre Juan.
EL PADRE JUAN
Id, hijos:
que Dios os haga unos santos.

(Vanse.)

Escena IV

(PADRE JUAN, MARÍA, DIEGO.)

MARÍA
¿Tiene usted frío?
EL PADRE JUAN
No.
MARÍA
¿Quiere
su mercé un poco de caldo?
EL PADRE JUAN
No tengo apetito, hija;
115
lo que yo tengo es cansancio:
ya ves, dos días corriendo
por esos mundos, y al cabo
¿para qué? Para volver
como me fui, sin un cuarto.
120
DIEGO
Y todo por mí.
EL PADRE JUAN
¡Bah, bah!
Mira, Diego, no hagas caso:
las cosas del mundo siempre
se hacen de golpe y porrazo:
¿que esta salió mal?... Paciencia.
125
—64→
MARÍA
¿Con que nada se ha alcanzado?
EL PADRE JUAN
Nada: llegué a Salamanca;
busqué a Pedro, recordando
de que los dos siendo jóvenes
juntos latín estudiamos:
130
pregunté en su casa; un viejo
me dijo riendo: «Santo
varón, si ese que usted busca
se murió hace veinte años.»
Me desorienté ante aquel
135
contratiempo inesperado:
salí a la calle, y de pronto
con un rótulo me hallo
que decía: «Prestamista.»
Subo, con el dueño hablo
140
de mi visita le entero,
y entre cortés y turbado
me vino a decir: «Amigo,
usted tiene muchos años,
y antes de acabar la deuda
145
tal vez usté habrá acabado.»
Viendo mi poca fortuna
fuime a los pueblos cercanos;
pero, hijos, se hallan tan pobres,
que todo mi afán fue vano.
150
Ya a tornar me disponía;
pero el camino es tan largo
y mi edad tan avanzada,
que me arrimé junto a un árbol
para recobrar las fuerzas,
155
que me iban abandonando.
Allí me encontró la noche,
y el frío, el hambre, el cansancio
pudieron más que mi espíritu
y al fin caí desmayado;
160
y a no ser por unos mozos
compasivos, este anciano
ya no pudiera, hija mía,
estrecharte entre sus brazos.
DIEGO
Señor, yo no podré nunca
165
pagar beneficios tantos.
EL PADRE JUAN
Yo solo la intención puse.
—65→
MARÍA
y hoy que se termina el plazo,
hoy que a los quintos se llevan...
EL PADRE JUAN
Fe y confianza tengamos,
170
hijos míos. Dios es grande.
¿Pero y Roque? Es muy extraño...
que no se halle aquí.
MARÍA
Hace poco
se encontraba.
EL PADRE JUAN
Mira, acaso
no fuera mal que dijeras
175
a Gaspar que aquí le aguardo.
DIEGO
Será inútil.
MARÍA
Por probar
nada se pierde.
EL PADRE JUAN
Está claro.
DIEGO
¡Ah! no: el corazón me dice,
que de ustedes me separo.
180
EL PADRE JUAN
Dios no lo querrá. María,
ve a buscarle; hagamos algo
por última vez.
MARÍA
Dios quiera
que al fin...
DIEGO
Ya todo es en vano.
EL PADRE JUAN
¿Y qué sabes tú? Ve, hija,
185
yo aquí te espero. Mis párpados
se cierran a pesar mío.
MARÍA
Hasta luego.

(Vase corriendo por el foro.)

DIEGO
Yo entre tanto
en casa estoy.

(Señalando la del CURA.)

EL PADRE JUAN
¿Qué, me dejas?
DIEGO
Así dormirá usté un rato.
190
EL PADRE JUAN
Bien lo necesito.
DIEGO
Entonces
hasta luego.

(DIEGO entra en la casa. EL PADRE JUAN se queda en el sitial que hay debajo del emparrado.)

EL PADRE JUAN
¡Pobre muchacho!

(Viendo desaparecer a DIEGO.)

—66→

Escena V

(EL PADRE JUAN.)

EL PADRE JUAN
Un río, una pesadez
siento que me desagrada;
pero esto no será nada...
195
achaques de la vejez.
Ha dos días sin comer,
mucho andar y mal dormido;
yo de mis sueños me olvido
y ellos me vienen a ver.
200
¡Pobre Diego! Vanos fueron
los esfuerzos de este anciano,
pidió y al tender su mano,
como eran pobres no dieron.
Mas Dios dijo: «No dudéis:
205
llamad y se os abrirá:8
pedid con fe y se os dará:
buscad con fe y hallaréis
Y esas palabras, Señor,
que en esta tierra has sembrado
210
alientan a un desgraciado
para implorar tu favor:
y pues grande es tu clemencia,
derrama sobre este anciano
un destello soberano
215
de tu santa providencia.

(EL PADRE JUAN cruza las manos en actitud de orar: reclina la cabeza sobre el respaldo del sillón y se queda dormido. Pausa.)

—67→

Escena VI

(EL PADRE JUAN, dormido. ROQUE, aparece en lo alto del monte, reconoce el terreno, y baja a la escena: se acerca a la casa del Cura; luego repara en EL PADRE JUAN, y hace un movimiento de sorpresa; pero cuando se cerciora de que está dormido, saca de su seno una bolsa que figura estar llena de oro, y se arrodilla a los pies del CURA, le besa las manos, los pies y la frente. Deja la bolsa sobre las rodillas del PADRE JUAN y desaparece precipitadamente por la izquierda.)

Escena VII

(EL PADRE JUAN, despertando.)

EL PADRE JUAN
¿Quién me besa?... ni un instante
me dejaréis descansar...
¿Vamos, vendréis a estudiar
los proverbios?... Adelante.
220
Venid... ¿os estáis burlando
de mí?... Pues...

(Se levanta, y cae al suelo la bolsa que dejó ROQUE sobre sus rodillas.)

¿Qué se ha caído?

(La recoge.)

¡Lo que pesa!... ¿habrán metido
piedras?...

(Lo abre, y al ver lo que contiene dice con asombro.)

¡Oro!... ¿Estoy soñando?
¡No, no! ¡lo miro! ¡lo toco!
225
¡Dinero! ¡Dios soberano!
¿Mas cómo llegó a mi mano?
Vamos, Juan, poquito a poco.
En casos excepcionales
la cachaza es lo primero.
230

(Registra la bolsa y cae un papel.)

¡Un papel entre el dinero!
Veamos.(Lee.) «Hay seis mil reales;
la cantidad necesaria
para salvar a un soldado.»
¡Ah! ¡sí, sí; Dios me ha escuchado,
235
—68→
Dios ha oído mi plegaria!
El que mi frente besó,
el que este oro ha traído,
es él, estoy convencido,
Dios su corazón tocó.
240
Con delicadeza tal,
solo a un padre obrar le es dado;
por fin la fuente ha brotado
del cariño paternal.
¡Diego! ¡María! Corramos!...
245
El tiempo no malgastemos...
ya es libre, ya le tenemos
con nosotros... Le salvamos!...

Escena VIII

(EL PADRE JUAN, DIEGO, que sale de la casa del cura.)

EL PADRE JUAN
¡Ah! ¡Diego! este oro que ves
es suyo: él lo ha traído.
250
DIEGO
¿Quién, señor?
EL PADRE JUAN
Se ha enternecido,
sí, corramos a sus pies.
DIEGO
¿Pero quién, señor?...
EL PADRE JUAN
Tu padre,
que ya por fin se ha apiadado,
que te libra de soldado,
255
que te ama como tu padre.
DIEGO
¡Será verdad!
EL PADRE JUAN
Ni un momento
perdamos, corre sin pena;
cuando yo hago una obra buena
detrás de mí queda el viento.
260

(Los dos salen precipitados. Al llegar al monte debe conocer la fatiga que le cuesta al PADRE JUAN subir la empinada vereda que conduce al puente, por el que desaparecen los dos.)

—69→

Escena IX

(ROQUE, sale de entre las rocas de la izquierda y observa a DIEGO y al CURA; luego baja al proscenio.)

ROQUE
¡Pobre viejo! A cada instante
lo que hice menos me pesa;
que una alegría como esa
quita una arruga al semblante.
A lo hecho, pecho y valor,
265
y pues solo te han dejado,
Roque, llora sin cuidado,
que el llorar no es deshonor.
Aquí puedes sin testigos
y sin recelo ninguno
270
abrazar uno por uno
a tos callados amigos.
Adiós, mi viejo peral:

(Abrazándole.)

ya, Roque, como algún día,
no irá arrojando a María
275
tu fruta en su delantal.
Adiós, parra, adonde vimos
pasar nuestra edad más bella;
este agosto para ella
no cogeré tus racimos.
280
Adiós, tú, mi anciana higuera
a cuya sombra crecí,
dichoso Roque si aquí
bajo tu sombra muriera.
Cuando a los novios acojas
285
de tu viejo tronco al pie,
para que el sol no les dé,
apiña tus verdes hojas.
Y tú, mi casita vieja,
y tú, mi huerto adorado,
290
adiós, que se va el soldado,
mas su corazón os deja.

(ROQUE se dirige al foro, a tiempo que entra RAFAEL le detiene.)

—70→

Escena X

(ROQUE, RAFAEL.)

RAFAEL
Dime, Roque, ¿has visto a Diego?
ROQUE
No le he visto.
RAFAEL
¿Estará en casa
del Cura?
ROQUE
No.
RAFAEL
¡Voto al chápiro!
295
El sargento está que rabia
por largarse de la aldea,
y aquí a buscarle me manda.
ROQUE
Pues qué, ¿va al servicio Diego?
RAFAEL
Su padre se llama andana;
300
y como no suelte el trigo,
el sargento lo reclama.
ROQUE
¿Y quién sabe si a estas horas
es libre?
RAFAEL
¿Libre? ¡Ya baja!
¿Y cómo?
ROQUE
¿Cómo ha de ser?
305
Dando los seis mil que marca
el reglamento: él es rico
RAFAEL
sí, muy rico; pero carga
con el chopo, como el hijo
de mi madre. Pero acaban
310
de decirme en la taberna
que habías sentado plaza.
ROQUE
No: me he vendido.
RAFAEL
¿Vendido?
ROQUE
¡Vendido! ¿De qué te extrañas?
RAFAEL
Hombre, ¿para qué querías
315
el dinero?
ROQUE
Cosa es clara;
cuando por él me vendí
es porque me hacía falta.
RAFAEL
¿Cuánto te dieron?
ROQUE
Seis mil
reales en onzas rancias.
320
RAFAEL
¡En peluconas! Moneda
—71→
que siempre me fue simpática.
¿Quién te compró?
ROQUE
El regidor,
para el hijo de la Paca.
Rico es, no quiere servir,
325
busca quien le sirva y paga;
yo me ofrecí; voy por él:
me largó la mosca, y pata.
RAFAEL
Pero siendo un cobardón
¿te has decidido?
ROQUE
Las balas
330
ni respetan al valiente
ni al cobarde; conque guarda
tu pellejo como puedas
y por mí no pases ansias.
RAFAEL
Mucho sentiré que Diego
335
no venga en nuestra compaña.
ROQUE
No quieras el mal del prójimo.
Vamos, que el sargento aguarda.

(Vanse por la derecha, a tiempo que por la izquierda salen GASPAR y MARÍA.)

Escena XI

(MARÍA, GASPAR.)

MARÍA
Estará dentro: si usted
me permite...
GASPAR
Como quieras.
340

(MARÍA, que habrá llegado hasta la puerta de la casa, se queda allí pensativa.)

La humildad que se respira
aquí mi valor enerva
¿No vas a avisarle?

(Reparando en la inmovilidad de MARÍA.)

MARÍA
Voy...
pero antes, señor, quisiera
hacer a usté una pregunta.
345
GASPAR
¿Y quién te prohibió hacerla
por el camino?
MARÍA
Es que allí,
señor, me daba vergüenza;
y aunque intenté por dos veces
hablar, se negó mi lengua.
350
GASPAR
¿Y aquí puedes?
MARÍA
Ya lo creo:
aquí mi valor se aumenta,
porque me encuentro entre amigos.
GASPAR
¿Entre amigos?

(Mirando en torno suyo.)

MARÍA
Sí, la higuera,
el peral, el emparrado,
355
y en fin, mi casita vieja;
que ellos me han visto crecer
y ellos, señor, me consuelan:
sus frutos me regalaron
allá en mi infancia risueña,
360
y hoy bajo su fresca sombra
la mujer llora sus penas.
GASPAR
Acabemos: ¿la pregunta?...
MARÍA
Si pone usted la faz seria,
ni aun hallándome entre amigos
365
valor tendré para hacerla.
GASPAR
(Ante su humildad sucumbe
mi altivez.)
MARÍA
¿Me da licencia
para continuar hablando?
GASPAR
Sí, sí, María, y dispensa
370
mi carácter.
MARÍA
Allá voy:
yo, señor Gaspar, quisiera
saber si he dado motivos
para que usted me aborrezca.
GASPAR
Yo no te aborrezco.
MARÍA
Eso
375
digo yo; pero en la aldea
dan en decir lo contrario.
GASPAR
Pueden decir lo que quieran.
MARÍA
Es verdad que Diego me ama
y que le amo yo: si es esa
380
la causa, mucho me temo
dure mientras yo no muera.
GASPAR
¿Tanto le amas?
MARÍA
¡Si le amo!
Más que al sol ama la tierra:
—73→
si ella por sus rayos vive,
385
por su amor mi pecho alienta.
Mas si a usté este amor enoja,
yo le diré que no venga,
que ante el mandato de un padre
razón es que el hijo ceda.
390

(GASPAR se queda contemplando un momento a MARÍA: luego, como si deseara salir de su abatimiento, hace un esfuerzo y se encamina hacia la casa del Cura. MARÍA se interpone.)

¿Se va usted, señor?... ¿Acaso
no merezco una respuesta?

(MARÍA le coge una mano a GASPAR y le dice con sentimiento los versos que siguen.)

Si usted necesita un hijo
que le cuide y que le quiera,
si esas canas que coronan
395
su venerable cabeza
están pidiendo un apoyo,
¿por qué sus puertas le cierra?
En vano frunce usté el ceño:
esos ojos me revelan
400
que el cariño paternal
en su corazón alienta.
Deje usted correr las lágrimas,
que una a otra se atropellan
por salir...
GASPAR
Calla, hija mía,
405
y ojalá que mereciera
un hijo ingrato...
MARÍA
Es que ahora
no es el mismo...
GASPAR
Cesa, cesa.

(Se dirige a la casa.)

¿Está dentro el padre Juan?
MARÍA
Debe estar.
GASPAR
Bien: por si llega
410
mi hijo, le hablaré en su cuarto:
no quiero que aquí me vea.
Si viene, María, ocúltale
mi llegada.

(GASPAR entra en la casa. DIEGO aparece en el monte.)

MARÍA
¿Ya qué esperas,
415
—74→
corazón? Muere callando.
DIEGO
¡María!

(En el monte.)

MARÍA
¡Ah! Es él, que no sepa...

(Se dirige a la casa y entorna la puerta. Luego sale al encuentro de DIEGO.)

Escena XII

(MARÍA, DIEGO.)

DIEGO
María, con impaciencia
vengo tu afán a calmar;
ya no abandono el lugar,
420
ya he comprado mi licencia.
MARÍA
¡Dios mío!... ¿Será verdad?
DIEGO
Sí; mi padre compasivo
quiso por fin que el cautivo
gozase de libertad.
425
MARÍA
Vuelve, vuelve a repetir...
DIEGO
Torna al pecho la esperanza,
María, que en lontananza
nos sonríe el porvenir.
MARÍA
¿Pero el padre Juan lo sabe?
430
DIEGO
Sí, sí, y loco de alegría
corrió a salvarme, María.
MARÍA
Para que mi pena acabe
ya solo el perdón nos falta
de tu padre.
DIEGO
¡Su perdón!...
435
por lograrle el corazón
aquí de impaciencia salta;
y calcula tú si en mí
obra un afán verdadero,
que al abrazarle, el primero
440
será desde que nací.

(EL PADRE JUAN rodeado de NIÑOS aparece en el puente.)

MARÍA
(Temo decirle que está
su padre aquí; mas su afán
me lastima.)
DIEGO
El padre Juan.

(Viéndole.)

MARÍA
(Él por mí se lo dirá.)
445
—75→

Escena XIII

(DICHOS, EL PADRE JUAN, y NIÑOS por el fondo.)

EL PADRE JUAN
Esperad junto al peral
quietecitos.
NIÑO 1.º
Yo por mí
ya no me muevo de aquí.

(Se sienta.)

NIÑO 2.º
Ni yo.
NIÑO 3.º
Ni yo.

(DIEGO coloca a los NIÑOS al rededor del peral.)

EL PADRE JUAN
¡Hola!... ¡Qué tal,

(A MARÍA.)

¿María? ¿Te habrá contado
450
Diego?...
MARÍA
Sí.
EL PADRE JUAN
¿Estás contenta?
MARÍA
¡Vaya!
EL PADRE JUAN
Pasó la tormenta.
Ya se queda a nuestro lado.
¿Encontraste a Gaspar?
MARÍA
Sí:

(Bajando la voz.)

allá dentro está aguardando.
455
EL PADRE JUAN
Y yo que le estoy buscando...

(Se dirige a la casa, MARÍA se interpone y le dice en voz baja.)

MARÍA
Señor, es que...
EL PADRE JUAN
Vamos, di.
MARÍA
No quiere ver a su hijo.
EL PADRE JUAN
¿Que no? Ese hombre está loco,
cuando él mismo hace muy poco
460
nos trajo aquí...
MARÍA
Así lo dijo.

(Hablan en voz baja. DIEGO, que habrá estado junto a los NIÑOS, les dice.)

DIEGO
¿Y quién tiene más memoria
de entre vosotros?
NIÑO 1.º
Perico,
y con todo es más borrico
que el que tira de la noria.
465

(Uno de los chicos le da un cachete a otro. DIEGO apaciguando a los chicos, que se dan codazos.)

—76→
EL PADRE JUAN
Nada, nada, respetemos

(A MARÍA.)

su orden. ¡Cómo ha de ser!

(Hablando consigo mismo.)

(Pero no quiero perder
la oportunidad. Probemos.)
Saca la Biblia. A Gaspar
470

(A MARÍA.)

le dices que entro al instante.

(MARÍA entra en la casa.)

¡Mi plan llevaré adelante!
Nada me cuesta probar.

Escena XIV

(DICHOS, menos MARÍA.)

EL PADRE JUAN
Esos bancos con presteza

(A los NIÑOS.)

arreglad. Habéis querido
475
venir... no metáis ruido,

(Los CHICOS tiran un banco.)

que me duele la cabeza.
NIÑO 1.º
Lo ves, por ti nos regaña.

(A otro.)

OTRO
Tú eres el que mal lo lleva.

(Los MUCHACHOS ayudados por DIEGO, colocan los dos bancos y el sillón, de modo que el respaldo de este, de a la puerta de la casa.)

EL PADRE JUAN
(Sí, saldré bien de esta prueba,
480
el corazón no me engaña.)
Diego, tengo algo cargada
la cabeza; hazme el favor
de leer tú.
DIEGO
Bien, señor.

Escena XV

(DICHOS, MARÍA, con la Biblia.)

MARÍA
Aquí está el libro.
EL PADRE JUAN

(A los NIÑOS.)

Me agrada
485
veros así, estáis soberbios
por lo graves. Y tú así,

(A DIEGO sentándole de espalda a la puerta.)

comienza a leer aquí.
DIEGO
«El libro de los proverbios»

(Leyendo.)

—77→
EL PADRE JUAN
Vosotros con atención,
490
esos consejos benditos
escuchad, que están escritos
por el sabio Salomón.

(EL PADRE JUAN entra en la casa, y a poco sale cogido del brazo de D. GASPAR.)

MARÍA
Yo voy a oírte.
NIÑO 1.º
María,
siéntate aquí.
MARÍA
No, estoy bien.
495

Escena XVI

(DICHOS, EL PADRE JUAN y GASPAR, que se ocultan detrás del emparrado.)

GASPAR
¿Qué intenta usted?
EL PADRE JUAN
Calma ten,
y escucha al joven que un día
provocó tu injusta ira,
y aquí por tu bien advierte,
que da la vida o la muerte
500
el aire que se respira.

(Lee.)

DIEGO«Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel. -Hijo, no olvides mi ley, y guarda en tu corazón mis preceptos. No se aparte de ti la misericordia y la verdad, rodéalas a tu garganta, y cópialas en las tablas de, tu corazón.»

—78→

«El que vuelve males por bienes no se apartará el mal de su casa.»

«La ira es como el rugido del león, la benevolencia como la gota del rocío.»

«El hombre necesitado es misericordioso, y mejor es el pobre que el hombre mentiroso. Quien se compadece del pobre, da prestado a Dios.»

«Busca la ruina quien alza demasiado su portada.»9

GASPAR
¡Y es mi hijo el que oyendo estoy!
EL PADRE JUAN
Tu hijo, a quien has de querer.
GASPAR
¡Mi hijo, a quien maldije ayer!
EL PADRE JUAN
Tu hijo, a quien bendices hoy.
505
GASPAR
¡Él enseñando a los niños!
EL PADRE JUAN
Es que está purificado.
GASPAR
¿Pero quién le habrá formado?
EL PADRE JUAN
Mis paternales cariños.

(Lee.)

DIEGO«Las reprensiones suaves quebrantan la ira. Las palabras duras excitan10 el furor. Corona de los viejos son los hijos de sus hijos: y gloria de los hijos, los padres de ellos.»

GASPAR
Basta ya, que el corazón
510
saltar del pecho quisiera.
EL PADRE JUAN
Diego, tu padre te espera.
MARÍA
¡Ah!

(Volviéndose.)

DIEGO
¡Padre mío! ¡Perdón!

(Se abrazan.)

EL PADRE JUAN
Llorad, llorad sin recelo
calmando vuestra agonía:
515
Gaspar, hoy tiene un buen día
tu santa esposa en el cielo.
DIEGO
Padre, yo fui un criminal.
GASPAR
Pasadas culpas olvida.
DIEGO
Desde hoy comienzo otra vida
520
pues conozco el bien y el mal.
GASPAR
Padre Juan, usté ha salvado
a Diego, y pues su sobrina
a quererle al fin se inclina,
con ese amor quedo honrado.
525
EL PADRE JUAN
Pues que por fin os juntamos,
lo demás a ellos lo fío.
—79→
GASPAR
Ahora es preciso, hijo mío,
ir a la aldea, corramos.
DIEGO
¿A qué, señor?
GASPAR
Porque yo
530
quiero tenerte a mi lado.
DIEGO
Padre, ya no soy soldado.
GASPAR
¿Que no eres soldado?
DIEGO
No.
GASPAR
¿Quién pudo librarte?
EL PADRE JUAN
Aquí
el dinero no hace mucho
535
dejaste.
GASPAR
¡Yo no!
EL PADRE JUAN
¡Qué escucho!

(Asombrado.)

¡Que no fuiste tú!
GASPAR
No fui.
DIEGO
¿A quién, pues, estoy debiendo
mi libertad?

(PETRA, ANASTASIO, ROMUALDO y una multitud de ALDEANOS, NIÑOS y GENTE DEL PUEBLO, bajan en tropel por los senderos del puente, y se colocan junto a la tapia de la casa del Cura: detrás de estos, y en dirección al puente, el SARGENTO y ocho SOLDADOS, seguidos por los cuatro QUINTOS, entre los cuales se hallan ROQUE y RAFAEL.)

PETRA
Pobrecitos.
Míalos, míalos, qué contritos
540
van.

(EL PADRE JUAN se vuelve, y al ver a ROQUE, que debe hallarse en el puente, lanza un grito.)

EL PADRE JUAN
¡Ah! ¡Todo lo comprendo!

(Corre hasta la puerta, y al ver que ROQUE sigue andando, se detiene y dice extendiendo sus brazos en dirección a él.)

Escena XVII

(DICHOS, ALDEANOS, ALDEANAS, etc.)

EL PADRE JUAN
¡Roque! ¡hijo mío! ¡detente!
ROQUE
¡Padre Juan, María, Diego!...
—80→
Adiós.

(Desde el puente, agitando el sombrero.)

EL PADRE JUAN
Mi amistad te niego,
Roque, si cruzas el puente.
545

(Pausa.)

ROQUE
Mi primero, me ha criado
ese anciano.

(Al SARGENTO.)

SARGENTO
Ve ligero.
ROQUE
Muchas gracias, mi primero.

(ROQUE baja a la escena: EL PADRE JUAN le sale al encuentro, y cogiéndole por el brazo le dice.)

EL PADRE JUAN
¿Qué eso?
ROQUE
Que soy soldado.

(Con alegría forzada.)

EL PADRE JUAN, DIEGO, MARÍA
¡Soldado!
EL PADRE JUAN
Responde, di,
550
mas que no mientas te pido;
¡por salvarle te has vendido?

(Señalando a DIEGO con una mirada.)

ROQUE
Señor, yo...
EL PADRE JUAN
Responde.
ROQUE
Sí.

(Después de un momento de lucha.)

EL PADRE JUAN
¿Qué has hecho?
ROQUE
Pagué un tributo
de gratitud nada más.
555
GASPAR
Roque, al servicio no irás,
yo te compro un sustituto.
DIEGO
Gracias, padre.
EL PADRE JUAN
Bien, Gaspar.
GASPAR
Gracias no merezco, no:
él por mi hijo se vendió
560
y yo le debo comprar;
que su santa abnegación
aunque yo le libre de ella,
ha dejado una honda huella
grabada en mi corazón.
565
ROQUE
A lo hecho pecho y contento:
usté el dinero disfruta;
y adiós, que teme el recluta
el mal humor del sargento.
GASPAR
No será, que rico soy,
570
y es justo que el mal evite.
DIEGO
Y si el dinero no admite,
—81→
padre, en su, lugar me voy.
MARÍA
¡Roque!

(A media voz.)

ROQUE
Si eso les apura,
que cese el apuro quiero.
575

(Mirando a MARÍA.)

Bien está, admito el dinero.
GASPAR
Gracias.
ROQUE
Déselo usté al cura.
EL PADRE JUAN
¿A mí?
ROQUE
Si ocho años pasados
son, y ni vuelvo ni escribo,
es prueba de que no vivo.
580
Delo usté a los desgraciados.
Si vuelvo, con él podré
en un seminario entrar,
y allí a fuerza de estudiar
a ser cura llegaré:
585
y yo entonces sus cariños
recordaré y sus consejos,
siendo amparo de los viejos
y protector de los niños,
siendo el apoyo, el sostén,
590
del infeliz afligido;
siendo, en fin, lo que usté ha sido,
un santo.
EL PADRE JUAN
A mis brazos ven,
hijo, y por Dios infinito
te ruego que no te alejes,
595
yo no quiero que me dejes,
Roque, yo te necesito.

(Arrojándose en sus brazos y anegado por las lágrimas.)

ROQUE
Perdone usted, padre Juan,
y no me tache de ingrato
si hoy sus órdenes no acato;
600
tengo formado mi plan
y no cejo: en vano es
cuanto me aconseja y dice;
al venderme, no lo hice
por el mezquino interés;
605
deme, pues, si me ha de dar
su bendición, y a vivir,
que Roque se va a cumplir
—82→
la ordenanza militar.
EL PADRE JUAN
Piensa que el destino impío
610
en la lucha fratricida,
te puede arrancar la vida,
no te vayas, hijo mío.
ROQUE
A otros he visto volver,
ya volveré aunque me vaya;
615
donde un hombre rico hace una raya
otro hombre la puede hacer.
Yo tengo esa persuasión,
pues me llevo, aunque me ausente,
sus consejos en la mente
620
y su fe en mi corazón.
EL PADRE JUAN
Hijo, sí, vuelve al hogar
do hubiste niñez tranquila,
que el pobre viejo vacila
y en ti se quiere apoyar.
625
Torna, mi voz como un día
el santo templo no llena,
y el cáliz alza con pena
hacia Dios mi mano fría.
Y si al tornar, una losa
630
te indica muda y helada
que una vida terminada
bajo su peso reposa,
vierte una lágrima allí
de piedad y de consuelo,
635
que el padre Juan desde el cielo
otra verterá por ti.

(ROQUE se arrodilla. EL PADRE JUAN le bendice, le abraza. DIEGO le da la mano, MARÍA y las demás ALDEANAS le rodean. ROQUE por fin hace un esfuerzo y sale de la escena precipitadamente llega al puente y se reúne con los soldados. Cuando llega al fin del monte, tiende sus brazos y agita el sombrero. Todos los ALDEANOS y ALDEANAS hacen lo mismo hasta que se pierde de vista. EL PADRE JUAN se ha quedado con la mirada fija en el suelo e inmóvil. GASPAR se le acerca y lo dice.)

GASPAR
Vamos, valor, padre Juan.
EL PADRE JUAN
Yo le crié desde niño
la dulzura y el cariño,
640
—83→
Gaspar, ese fruto dan.
GASPAR
Es verdad.

(Doblando la cabeza avergonzado.)

EL PADRE JUAN
Aunque te enoje
recordarte tu rigor,
el hombre es un labrador,
y lo que siembra, recoge.
645

(MARÍA, DIEGO, los ALDEANOS de ambos sexos y los NIÑOS, se reúnen con EL PADRE JUAN y GASPAR.)

MARÍA
¡Padre!
DIEGO
¡Señor!
EL PADRE JUAN
¡Ya partió!

(Señalando el monte por donde ha desaparecido ROQUE y los SOLDADOS.)

DIEGO
Acaben duelos prolijos.
MARÍA
Le quedan a usted dos hijos.
NIÑO 1.º
¡Y yo tres!
NIÑO 2.º
¡Y yo!
TODOS
¡Y yo!

(Todos rodean al PADRE JUAN, que los mira con ternura.)

EL PADRE JUAN
Vuestro amor me reconcilia.
650
Dichoso el genio profundo
que pueda tornar al mundo
en una sola familia.

(EL PADRE JUAN extiende los brazos por cima de los NIÑOS. Todos se arrodillan en torno suyo. Este cuadro final queda a cargo de los directores de escena. Cae el telón.)

FIN DEL DRAMA.

Habiendo examinado este drama, no hallo inconveniente alguno en que su representación se autorice, si se suprime lo señalado en la escena octava del acto segundo.

Madrid 27 de Noviembre de 1858.

El Censor de Teatros,

ANTONIO FERRER DEL RÍO.