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El desprecio agradecido

Lope de Vega



  -fol. 45-  
Hablan en ella las personas siguientes.
 

 
DON BERNARDO.
OTAVIO.
LISARDA.
FLORELA.
INÉS.
LUCINDO.
SANCHO.
DON ALEJANDRO.
MENDO.





ArribaAbajoJornada I

 

Salen DON BERNARDO y SANCHO, con espadas desnudas y broqueles.

 
DON BERNARDO
¡Qué torpe salto que diste!
SANCHO
Eran las paredes altas.
DON BERNARDO
Tú pienso que mejor saltas
porque más miedo tuviste.
SANCHO
¿Quién no teme a la justicia,5
y dejando un hombre muerto?
DON BERNARDO
Temerario desconcierto;
quien vive, vivir codicia.
Casa principal es esta,
adonde habemos entrado.10
SANCHO
Todo vengo desollado;
sangre la pared me cuesta.
DON BERNARDO
Con la obscuridad no veo
más de que aqueste es jardín.
SANCHO
¿Qué habemos de hacer, en fin?15
DON BERNARDO
Librarme, Sancho, deseo.
SANCHO
Si nos sienten, es forzoso
pensar que somos ladrones.
DON BERNARDO
¡En qué fuertes ocasiones
se pone un hombre celoso!20
SANCHO
Nunca el diablo nos dejara
venir de Sevilla a aquí.
DON BERNARDO
Sala es esta. ¿Entraré?
SANCHO
Sí.
  -fol. 46-  
DON BERNARDO
Mujeres hablan.
SANCHO
Repara
en que dicen que se van25
a acostar.
DON BERNARDO
¿Pues qué haremos?
SANCHO
Que lo que fueren miremos
detrás deste tafetán.
 

(Salen LISARDA y FLORELA, damas, y INÉS criada.)

 
LISARDA
Pon la vela en esa mesa,
y muestra aquel azafate.30
Quitareme aquestas rosas,
que no quiero que se ajen.
FLORELA
¡Qué cansado estuvo Otavio!
LISARDA
No hay cosa que tanto canse
como un deudo pretendiente35
de marido, y no de amante.
FLORELA
Ten esta cadena, Inés.
LISARDA
¡Lo que siento desnudarme!
FLORELA
Yo mucho más que vestirme.
INÉS
¿Pues no queréis que os enfade,40
si el vestiros y adornaros
por la mañana se hace,
cuando tomáis los pinceles,
para que hermosos agraden
los claveles y jazmines,45
que suelen desfigurarse
en el curso de la noche?
FLORELA
¡Qué bueno estuvo esta tarde
el Prado!
LISARDA
La procesión
de los coches fue notable.50
FLORELA
¡Bravo humo, brava gloria,
brava prosa de galanes!
Muy válido anduvo riesgo,
superior, inescusable,
valimiento, acción, despejo, 55
ruidoso, activo, desaire,
lucimiento y caravanas.
LISARDA
Caso estraño que el lenguaje
tenga sus tiempos también.
FLORELA
Vienen a ser novedades60
las cosas que se olvidaron.
LISARDA
De nada pude alegrarme.
FLORELA
Pues hartos lo pretendieron.
LISARDA
Pasea por esta calle
una dama de Sevilla,65
bien prendida y de buen aire,
su ropa de levantar
testimonios o alamares,
papagayo en el balcón,
en casa mulata y paje,70
un forastero, Florela,
de estremada gracia y talle,
en que he reparado un poco.
FLORELA
No es poco que tú repares.
¿Hate parecido bien?75
LISARDA
No, pero puedo jurarte
que me pesa de que mire
sin saber por qué se cause,
esta dama al forastero.
FLORELA
Eso nace de agradarte,80
que amor de celos y envidia
dicen algunos que nace
cuando de súbito viene,
sin que le dé la otra parte
materia para querer85
en servicios o amistades,
en requiebros o en papel.
LISARDA
Solo diré, y esto baste,
que así quisiera un marido.
FLORELA
¿Y a Otavio no?
LISARDA
Dios me guarde.
90
 

(Cáesele el broquel a SANCHO.)

 
LISARDA
¡Jesús! ¿Qué ruido es ese?
FLORELA
¿Qué se cayó?
INÉS
No te espantes.
LISARDA
¿Cerraste la puerta, Inés?
INÉS
¿Cuál, señora?
LISARDA
La que sale
al jardín.
INÉS
Abierta está.
95
  -fol. 47-  
LISARDA
¡Qué buen cuidado!
INÉS
Más tarde
suele cerrarse otras veces.
LISARDA
Disculpas y necedades.
Toma esa luz; mira presto
lo que se cayó.
INÉS
¡Notable
100
cosa!
LISARDA
¿Cómo?
INÉS
Un broquel.
LISARDA
¿Qué?
FLORELA
¿Aquí broquel?
LISARDA
Semejante
prenda será de mi hermano.
INÉS
Sí, pero los tafetanes
en dos pares de zapatos105
no es posible que rematen.
LISARDA
¡Jesús mil veces, ladrones!
 

(Salen los dos.)

 
DON BERNARDO
Vuesas mercedes no hablen
palabra, que una desdicha
fue la ocasión de que entrase 110
donde estoy. Soy caballero,
maté un hombre en esa calle,
entreme en la primer casa
para que no me llevasen
preso, donde una mujer 115
me dijo que me pasase
por la pared deste huerto
a estas casas principales
donde estaría seguro,
que ella por marido o padre 120
celosos, no se atrevía
a tenerme, ni guardarme,
y arrimando una escalera
pasamos desta otra parte,
saltando desde las tapias,125
aunque con peligro grande.
Si piedad en el valor
de las personas que nacen
con tantas obligaciones,
es justo, señoras, que hallen130
desdichas de un caballero,
no deis causa a que me maten,
que yo soy el que dijisteis
que os pesaba que pasase
(con lo demás que no digo) 135
por esta mujer la calle.
Ella me dio la ocasión
para que al hombre matase.
Si me obligáis a salir,
sus deudos han de matarme,140
o la justicia prenderme;
mas no es posible que falte
piedad en tanta hermosura,
pues no solamente un ángel,
pero dos, en tal peligro145
quiere el cielo que me guarden.
LISARDA
¡Qué notable confusión!
SANCHO
Y vós, señora, amparadme
por ángel añadidura
destos coros celestiales;150
que me matará mi amo,
porque soy tan miserable
que se me cayó el broquel,
dormido en desdichas tales.
INÉS
Mis amas están agora155
en consulta: no se gazmie,
que ya le he visto otra vez,
y con lo que resultare
tendrá sagrado o destierro.
SANCHO
Si salgo destos azares,160
te ofrezco un broquel de cera
como si fueras imagen.
LISARDA
Por haberos visto, y ver
que sois hombre principal,
aunque el caso es desigual 165
de mi honesto proceder,
quiero parecer mujer
en tener piedad de vós,
aunque ignoro de los dos
las calidades y nombres,170
-fol. 48-
que en piedad, más que los hombres,
nos parecemos a Dios.
Lo que vós habéis oído
no lo puedo yo negar,
ni vós amar y celar175
la dama que os ha ofendido,
pero quede repartido
entre los tres el suceso,
que yo os libre de ser preso
y que ella obligue sus ojos,180
y que no os den más enojos,
y vós a tener más seso.
En más peligro estuviera
vuestra vida si llamara,
porque el temor me forzara,185
si antes de agora no os viera.
Hasta que la luz primera
asegure vuestra vida,
vivirá aquí defendida
y advertid que digo aquí, 190
para que dentro de mí
esté mejor defendida.
DON BERNARDO
Señora, si quiso amor
que por tan grande rodeo
me trujese un mal deseo195
a un bien nacido favor,
mayor que el mal y el rigor
será la dicha y el bien,
y vós el sagrado, en quien
mi vida, con mi ventura,200
como en templo de hermosura
seguras de hoy más estén.
Y siendo mi asilo y templo
en sus aras, con razón,
arderá mi corazón205
para agradecido ejemplo,
en cuya imagen contemplo
mis prisiones por despojos;
pero hame causado enojos
que tan poco me guardéis,210
si hasta el alba prometéis,
y ha salido en vuestros ojos
la dama que me ha traído
por entre casos injustos
(tanto pueden malos gustos)215
desde Sevilla perdido,
en quien nací, bien nacido,
aborrezco, y vuestro soy,
quitándole desde hoy
el alma para que sea 220
vuestra, aunque viene tan fea
que con vergüenza os la doy.
Es mi nombre, que mejor
lo que no sabéis abona,
don Bernardo de Cardona,225
con que he dicho mi valor.
Aquí hay piedad y rigor:
rigor porque amé sin veros,
piedad por enterneceros
en quererme defender,230
que amaros no pudo ser
primero que conoceros.
LISARDA
Inés.
INÉS
¿Señora?
LISARDA
A los dos
encierra en ese aposento,
y dame luego la llave.235
SANCHO
Aun no escapamos de presos.
INÉS
Venid, señores, que es tarde.
SANCHO
Inés, ¿no habrá por lo menos
dos deditos de colchón?
INÉS
¿Colchón?
SANCHO
¿Es mucho requiebro?
240
INÉS
¿Tan de espacio quiere estar?
SANCHO
¿No vee que todo me duermo?
INÉS
¿Pues para qué pide lana,
que en bronce será lo mesmo?
SANCHO
No es toda dulce la niña.245
LISARDA
Ven, Florela.
FLORELA
El alma llevo
lastimada deste caso.
DON BERNARDO
¿Cómo se llama esta dama?
  -fol. 49-  
INÉS
Lisarda, y el caballero
su padre, don Alejandro.250
DON BERNARDO
Pudiera mejor que al griego
llamarse el Magno, por ser
quien más hazañas ha hecho
en solo hacer a Lisarda,
porque con sus ojos bellos255
puede conquistar el mundo.
INÉS
Yo la diré este conceto
cuando la esté descalzando.
DON BERNARDO
Cien escudos tenéis ciertos
por un zapatillo suyo.260
INÉS
¿Tan prestísimo?
DON BERNARDO
Soy tierno.
INÉS
¿Pues para qué le queréis?
DON BERNARDO
Para traerle aquí dentro.
INÉS
Son de poleví; el talón
os hará mal en el pecho.265
DON BERNARDO
¿Quién es la otra señora?
INÉS
Su hermana.
DON BERNARDO
Es ángel, es cielo.
INÉS
Mas, ¿qué pedís?, ¿un zapato?
DON BERNARDO
No pido, aunque le encarezco.
INÉS
Entrad porque descanséis,270
y vendré en amaneciendo
a despertaros.
DON BERNARDO
Inés,
no duermo si no me acuesto.
INÉS
Pues un libro, y esta vela,
os será de gran provecho.275
DON BERNARDO
¿Quién es?
INÉS
Parte veinte y seis
de Lope.
DON BERNARDO
Libros supuestos,
que con su nombre se imprimen.
SANCHO
Y a mí, por si no me duermo,
¿qué me dais?
INÉS
A Don Quijote,
280
porque vós y vuestro dueño
imitáis sus aventuras.
DON BERNARDO
Dice verdad.
SANCHO
Y aun sospecho
que habemos de ser más locos
si Dios no nos guarda el seso.285
 

(Vanse.)

 
 

(Entran OTAVIO y LUCINDO.)

 
OTAVIO
¡Gran ventura, por Dios!
LUCINDO
Notable ha sido.
OTAVIO
En fin, no estáis herido.
LUCINDO
Diome la vida el jaco.
OTAVIO
¿De qué modo
fue la cuestión?
LUCINDO
Aquí lo sabréis todo,
sin contar, como suelen, en ausencia290
de la parte que falta, la pendencia.
De vuestro tío y de mi padre alinda
la casa de una dama sevillana,
que no es tan limpia, fresca, hermosa y linda
la risa de la cándida mañana,295
pues como a cuanto mire, abrase y rinda,
ni arrogante, ni fácil, ni tirana,
para añadir a su beldad trofeos,
ardieron en sus ojos mis deseos.
Visitándola, pues, como vecino,300
con toda honestidad, dos o tres días,
o la amistad o la llaneza vino
a que escuchase las razones mías.
-fol. 50-
Amor, que con su ciego desatino,
en preguntas, respuestas y porfías305
el tiempo pasa sin sentir que pasa,
me dio sueño de necios en su casa.
OTAVIO
Eso no entiendo.
LUCINDO
Es nombre que se ha puesto
a quien en una silla, porfïado,
en la conversación es tan molesto310
que parece que en ella está acostado.
Yo, pues si bien con proceder honesto,
estuve tan dormido y tan cansado
como si fuera un bronce, hasta las once,
cera en el alma, y en el cuerpo bronce.315
A las horas que digo, un hombre llama
con más furor que si llamara en huerta.
La casa tiembla, túrbase la dama,
la dormida familia al son despierta;
yo, por ganar de bravo alguna fama320
no me dejo rogar, voy a la puerta
donde si uno llamó, dos hombres miro;
tercio la capa, desenvaino y tiro.
OTAVIO
Brava resolución.
LUCINDO
No hagáis donaire,
que estaba en la ventana Dorotea.325
Mas por dar cuchilladas de buen aire,
como quien bravo parecer desea,
me pudo suceder tan mal desaire
que el uno que me busca y no rodea,
de una estocada, aunque el izquierdo saco, 330
me derribó; caí, ¡bien haya el jaco!
OTAVIO
Poco firme de pies os considero.
LUCINDO
Poco, diréis mejor, diestro de manos.
Acudió la justicia, el caballero
fugitivo midió los aires vanos.335
Suelen llamar las once mil de acero
los que escriben de casos inhumanos
a los jacos de malla, y hoy lo creo,
pues que por su favor libre me veo.
OTAVIO
Tarde es para llamar, y Dorotea340
nos dijera quién es, pues no es posible
que tan celoso su galán no sea,
-fol. 51-
necio en llamar y en esperar terrible.
El alba con celajes hermosea
el campo de los cielos apacible;345
huyendo de sus rayos las estrellas,
que como sale el sol, se esconden ellas.
Entraos en vuestra casa, que en sabiendo
quién es este celoso mal sufrido,
o iremos la venganza previniendo350
(aunque él es hasta agora el ofendido),
o con firme amistad reconociendo
su antigüedad, pondréis en justo olvido
Amor, que aun no ha llegado a ser infante,
pues sois, en esperando, tierno amante.355
LUCINDO
Perdonadme el llamaros tan aprisa,
que no por primo, por amigo os llamo.
OTAVIO
El aurora otra vez con mayor risa,
bajando el ruiseñor del nido al ramo,
que sale ya la gente nos avisa.360
Hoy vendré a veros.
LUCINDO
Ya sabéis que os amo,
y más agora que mi padre aguarda
que seáis primo y marido de Lisarda.

 (Vase.) 

OTAVIO
¡Oh tiempo, si trujeses este día
de la dispensación! ¡Oh Roma! ¡Oh cielo!365
¡Oh, sagrada ciudad! ¿Quién te desvía,
que no te alcance de mi amor el vuelo?
Durmiendo estás aquí, Lisarda mía,
cuando yo por tus ojos me desvelo.
¡Oh, sol despertador de los mortales!370
Pues que duerme mi sol, ¿por qué no sales?
Despierta, que te aguardan tantas flores,
hermosa aurora, y tantas fuentes puras,
unas piden cristal, otras colores;
¿quién duda, estrellas, que estaréis seguras?375
Dulces calandrias, pájaros cantores,
que el pico suspendéis, noches obscuras,
despertad a Lisarda, que a Lisarda
la flor, el agua, el ave, el alma aguarda.
Despierta a mi dolor, dulce señora,380
huye de mi temor la noche fría
si tuviera esos ojos el aurora,
-fol. 52-
jamás durmiera y siempre fuera día
si estuviera contigo quien te adora,
sus ansias, sus amores, su porfía385
no permitieran sueño a tus estrellas.
Mirándose estuviera el alma en ellas.
¿Cuál hombre agora fuera tan dichoso
que durmiera en tu casa desvelado?
Oh, ¡quién fuera jardín, Jasón famoso,390
del fruto de tus árboles dorado!
Mas, ¡ay, que vive Prometeo ingenioso,
por atrevido en un peñasco atado!
¡Ay Dios, si cerca ya de tu aposento
escuchara tu voz, tu dulce acento!395
Celos tengo de mí, que imaginando
que hay hombre alguno dentro, estoy celoso,
y soy yo mismo, porque el alma entrando
allá me tiene en forma de tu esposo.
Alma, ¿quién esta dentro? Tú, que hablando 400
con ella estás tan tierno y amoroso.
Vamos, amor, que aunque me voy bien puedo
dormir seguro, pues que dentro quedo.

 (Vase.) 

 

(Salen DON BERNARDO y SANCHO.)

 
DON BERNARDO
Buena noche.
SANCHO
Toledana.
DON BERNARDO
Peor fuera estando presos.405
SANCHO
Ya doña Aurora celeste
clarifica el aposento,
y le dan el parabién
los pájaros de ese huerto,
chillando por los tejados 410
tantos gorriones nuevos,
que parece que nos llaman.
DON BERNARDO
Perdidos amanecemos.
SANCHO
En una huerta del Prado
bebió largo un estranjero,415
y en la puerta de Alcalá
se lo dejaron sus deudos.
Los coches que se partían
al anochecer, creyendo
que entre muchos que allí aguardan 420
sentados, era uno dellos,
dijéronle que se entrase
con los demás, los cocheros;
lo que él hizo, sin saber
si era coche o aposento.425
Durmió como niño en cuna,
y a la mañana, despierto,
preguntaba por su casa,
de los amigos creyendo
que le llevaron en coche430
hasta que del coche el dueño
pedía el dinero a voces.
El estranjero, diciendo
que le volviese a Madrid,
pues sin causa ni concierto 435
le trujeron a Alcalá,
estando en Madrid durmiendo.
Los que a las voces se hallaron,
celebraron el suceso,
y dándole la ropilla440
para prenda del dinero
-fol. 53-
del porte, volvió a Madrid
a pie, desnudo, sin cuello,
sin zapatos, sin espada,
sin comer y sin sombrero.445
No pienso que es necesario
decir que este mismo sueño
nos ha pasado a los dos:
tú con el vino de celos
y yo siguiendo tus pasos,450
pues nos hallamos despiertos,
como el otro en Alcalá,
en casa de un caballero,
que si nos pidiese el porte,
por ventura volveremos 455
más desnudos a la calle.
DON BERNARDO
Bien has aplicado el cuento,
como yo hubiera dormido,
que toda la noche en peso
he pasado en desatinos.460
Las historias revolviendo
de Dorotea, a quien ya
como al demonio aborrezco.
SANCHO
¿Al demonio?
DON BERNARDO
Sí, y aun más.
SANCHO
¿Tan presto?
DON BERNARDO
No es presto,
465
porque un agravio en amor
son muchos años de tiempo.
Al estranjero que dices
imito, en que anocheciendo
mis celos en Dorotea, 470
hoy en Lisarda amanezco;
¡con qué gracia se quitaba
las rosas de los cabellos
con el marfil de las manos,
y las joyas que poniendo475
iba en aquel azafate!
¡Qué airoso talle, qué cuerpo!
Cuando se quitó la ropa,
quedó como un ángel bello
en la almilla.
SANCHO
Sí, por Dios,
480
que a ponerle un candelero
y unas alas, no podía
ser más propio.
DON BERNARDO
Al fin me quejo
de ti, por cuyo broquel
no pasó de almilla adentro;485
que si no es por el ruido,
ya despejaba el manteo
y se quedaba de ninfa.
SANCHO
No te quejes, que no es bueno
verlas en paños menores,490
adonde lo más es menos,
que en mujeres y empanadas1
del figón, hay mucho queso.
Una vez compré un besugo
tan pequeño, en pan tan hueco,495
que dije, alzando la capa:
«¿qué haces aquí, pigmeo?»,
y me respondió con risa:
«Soy engaña-majaderos,
que compran lo que no ven,500
y afirman lo que no vieron.»
DON BERNARDO
En fin, ¿esta mala noche,
Sancho, pasaste durmiendo?
SANCHO
Señor, engañado estás,
que en no cenando, no duermo.505
Por todo este gabinete,
o tocador, que así creo
que se llama en Francia, adonde
tienen las damas su espejo
y aderezo de matar,510
porque sus blancos aceros,
broqueles, rodelas, jacos,
son las rosas de Toledo,
los jazmines del Gran Turco,
los moldes y otros enredos.515
Aunque ya quiero callar,
que no meterme profeso
en lo que introduce el uso,
o sea malo, o sea bueno.
-fol. 54-
Digo pues, señor, que anduve 520
buscando con mucho tiento,
entre catres y escritorios
algo que comer, y veo
un bote que presumí
jalea, destapo y pruebo525
y he pensado reventar.
DON BERNARDO
¿Cómo?
SANCHO
Era algún embeleco
de aceite de mata y lirios,
limón y claras de huevos,
o cosas tan endiabladas530
que parece que me dieron
tártago, o si hay otra cosa
más amarga, fuera desto.
Hallé en una escribanía
un papel, y aquí le tengo.535
DON BERNARDO
¿Papel? Muestra, que ya el sol,
por ver si Lisarda dentro
de su tocador está,
para consultar su espejo,
acecha por los resquicios.540

 (Lea.) 

Letra es de hombre; escucha atento:
«Prima de mis ojos...»
SANCHO
¡Malo!
DON BERNARDO
La «prima», Sancho, era bueno,
lo malo es lo «de mis ojos».
SANCHO
Di adelante.
DON BERNARDO
Ya tenemos
545
la dispensación.
SANCHO
Detente.
¡Vive Dios que es casamiento,
y traen dispensación,
porque deben de ser deudos!
Errado habemos el lance550
y el camino si volvemos
de Alcalá a Madrid tan tristes.
DON BERNARDO
Pena me ha dado.
SANCHO
¿Qué haremos,
si ha puesto el bordón por prima?
DON BERNARDO
Gran falta en tal instrumento.555
SANCHO
Quedo, que siento la llave.
DON BERNARDO
Y ya siento que me ha muerto
con espada de papel.
 

(Sale INÉS.)

 
INÉS
Buenos días, caballeros.
DON BERNARDO
¿Qué mejores, bella Inés,560
que entrando vós por aurora?
¿Qué hace el sol?
INÉS
¿Quién, mi señora?
DON BERNARDO
El sol destos ojos es.
INÉS
Ya está vestida, y su hermana
y ella se quieren tocar,565
dicen que les deis lugar,
que pues es tan de mañana
podréis salir sin que os vean.
DON BERNARDO
¿No podré volver a ver
estas damas?
INÉS
Podrá ser,
570
que pienso que lo desean.
Toda la noche han estado
hablando de vós las dos.
DON BERNARDO
¿De mí?
INÉS
De vós, que de vós
están las dos con cuidado.575
SANCHO
¿Hase visto en rosa pura
tal amanecer de Inés?
¡Bien haya lo que no es
artificio en la hermosura!
¿Hase visto esta mañana?580
INÉS
Lisonjas, Sancho, en ayunas.
SANCHO
No te dijera ningunas,
a no ser verdad tan llana,
que con hambre no hay amor
que aliente a buenos efetos.585
INÉS
Bueno estás para concetos.
SANCHO
Y para almorzar mejor.
¿No cortarás de un tocino
alguna lonja que suene
en la sartén?
INÉS
Mi ama viene.
590
  -fol. 55-  
 

(Sale LISARDA.)

 
DON BERNARDO
Amaneced, sol divino
en los ojos que han pasado
tal noche.
LISARDA
No fue mejor
la mía, con el temor
a que me habéis obligado, 595
y creed que me ha pesado
de la descomodidad.
Fuerza ha sido, perdonad,
que huésped que él se convida,
es fuerza que la comida600
la busque en la voluntad.
Salid, señor don Bernardo,
antes que entre más el día,
que, por quien veros podría,
justamente me acobardo;605
que hacen hombre mozo y gallardo,
y a tal hora es ocasión
que ofenderá mi opinión;
que hay vecino que por gala
lo menos vive en la sala610
y lo más en el balcón.
Tened agradecimiento
a quien entraros dejó
donde ninguno llegó
a poner el pensamiento, 615
que el mío de ver mi intento
tiene tan perdido el brío,
que de verlo desconfío,
con más valor del que os muestra,
si bien es la culpa vuestra620
y el atrevimiento mío.
DON BERNARDO
La aurora y el sol, señora,
salen por hacer vivir
los hombres, vós en salir
para despedirme agora,625
ni parecéis sol, ni aurora,
pero pues ya lo sois mía,
¿qué temor os desconfía,
si vuestra luz considera,
pues aunque de noche fuera,630
por fuerza saldré de día.
Ya pagaré la posada,
como nadie la pagó,
pues por lo que no durmió,
el alma dejó empeñada.635
Toda estuvo desvelada
en vuestros bellos despojos,
dándoles dulces enojos
el veros cerca también,
porque nadie durmió bien 640
dándole el sol en los ojos.
Y así, con esta atrevida
imaginación turbada,
que por pared tan delgada
pasaba a veros dormida,645
estuvo tan divertida
el alma en lo más perfeto,
que es fuerza cómo hace efeto
la fuerte imaginación.
Pedir, señora, perdón650
de que os perdiese el respeto.
Dejó mi atrevimiento
que mi alma cuerpo fuera,
porque la pared pudiera
pasar como el pensamiento,655
que si el pensamiento, atento
a lo que intenta gozar,
queriéndose transformar
en hombre, pudiera ser,
no hubiera hermosa mujer 660
que se pudiera guardar.
No hay llave, puerta o rigor
que a lo imaginado asombre;
que de pensamientos de hombre,
¿qué mujer guardó su honor?665
Que no ha menester favor
para entrar el pensamiento
al más guardado aposento,
si bien se engañan después,
porque como viento es,670
-fol. 56-
también lo que goza es viento.
Yo estuve, espíritu en fin,
como al sol el tornasol,
mirando dormido al sol,
entre clavel y jazmín.675
Y dice: «Tal serafín
será fin de Dorotea,
porque no hay cosa más fea
que amar después del agravio,
ni pensamiento más sabio680
que el que se muda y se emplea.
Mas como quien llega tarde
posada no suele hallar,
y parte sin descansar
antes que la luz aguarde,685
estoy, señora, cobarde,
porque como no dormía,
mirando me entretenía
vuestro tocador, y en él
hallé, señora, un papel 690
en que mi muerte venía.
Que si en el primer renglón
que la vela le encendiese,
y porque más presto fuese,
lleguele a mi corazón.695
¡Oh, engaño de mi pasión!
¡Oh, qué necia confïanza!
¡Oh, qué burlada esperanza!,
pues que por quemarle a él
ardió el corazón en él700
y se trocó la venganza.
Ya sé que os casáis, ya sé
que no tengo que esperar,
que me tardé en caminar,
y otro en la posada hallé, 705
mas ya que desdicha fue,
por suerte dichosa estimo
con que a padecer me animo,
aunque parto descontento,
que estuve en vuestro aposento 710
primero que vuestro primo.
LISARDA
Papel mostrad.
DON BERNARDO
Eso no,
pues ya sabéis del papel
el dueño y lo que hay en él.
Apenas lo he visto yo,715
basta saber que llegó
la dispensación que espera
vuestro primo. ¿Quién dijera
que en tan breves ocasiones,
de donde vienen perdones720
mi muerte injusta viniera?
LISARDA
Don Bernardo, yo no pude
lo por venir prevenir,
ni hay ciencia en lo por venir
que las desventuras mude.725
Ya no hay qué tema o qué dude.
Fuerza es casarme, no sé
qué os diga, solo diré
que aunque mi primo merece
mucho, no me lo parece730
después que os vi y os hablé.
Mi padre tiene este gusto,
no soy la primera yo
que la obediencia obligó
a casarse con disgusto.735
Sea justo o no sea justo,
ya es fuerza ser su mujer,
y digo bien, que ha de ser
fuerza, por fuerza, el casarme.
DON BERNARDO
¡Qué de cosas a matarme740
se juntan!
LISARDA
¿Qué puedo hacer?
DON BERNARDO
Yo me volveré a Sevilla,
y su río aumentaré
con lágrimas, o seré
peña de su verde orilla.745
Adiós, generosa villa,
no para mí, que me has muerto,
pues el casamiento es cierto
de Lisarda.
LISARDA
Yo quisiera,
-fol. 57-
Bernardo, que no lo fuera.750
Idos, que es tarde.
DON BERNARDO
No acierto.
 

(Entra FLORELA.)

 
FLORELA
¡Estáis locos! ¿Cómo estáis
tan ciegos, desta manera
que no veis que es medio día?
LISARDA
¿Que es medio día, Florela?755
FLORELA
La dulce conversación
no sabe que el tiempo vuela,
hurta a la vida las horas
sin que la vida lo sienta.
Ya no es posible salir,760
don Bernardo.
DON BERNARDO
Ni quisiera
eternamente.
LISARDA
¡Ay, hermana,
dado me has notable pena!
FLORELA
De comer pide mi padre.
SANCHO
Y yo también lo pidiera 765
si estuviera entre cristianos,
pues no ha pasado cuaresma
por mí como desde ayer.
Pienso que si me pusieran
sobre cualquiera color,770
eso mismo pareciera.
Camaleón soy, Inés.
INÉS
Presto comerás, espera.
SANCHO
¿Presto comerás? ¿Soy niño
cuando viene de la escuela?775
Mira que rabio, y con rabia
tienen sacada licencia
los perros para morder,
los pobres y los poetas.
DON BERNARDO
En fin, ¿no podré salir?780
FLORELA
Verte nuestro padre es fuerza.
LISARDA
No hay sino esperar la noche.
FLORELA
En eso, Lisarda, aciertas,
que es imposible salir,
si no es que todos lo vean.785
LISARDA
Al tocador, caballeros.
SANCHO
¿Al tocador? ¿No pudiera
ir a la cocina yo?
INÉS
Entra desollado, entra.
SANCHO
Tú me desuellas.
INÉS
¿Yo?
SANCHO
Sí,
790
pues te vas con la pelleja.

 (Vase.) 

LISARDA
Entra y cierra, Inés. No sé
qué habemos de hacer, Florela,
para que secretamente
coma esta gente, que es fuerza.795
FLORELA
Eso no te dé cuidado,
pero pedirte quisiera
una merced.
LISARDA
¿Qué te puedo
negar, que posible sea?
FLORELA
Mañana te has de casar.800
LISARDA
¡Dios sabe lo que me pesa!
FLORELA
Don Bernardo es hombre noble,
rico y de gallardas prendas;
hablarle yo no es razón;
tú, pues esta tarde quedas805
en casa, puedes decirle
que no se vaya a su tierra,
que holgarás, pues no ha de ser
tuyo, que yo le merezca,
para que seáis cuñados,810
que me hable y que me quiera,
que me sirva y que me escriba,
que tú sabes, que tú piensas
que le tengo inclinación,
con otras cosas más tiernas,815
porque nunca son culpadas
inclinaciones honestas,
que con esto que tú harás
como quien es tan discreta,
harás de una hermana, esclava.820
LISARDA
Yo lo haré para que entiendas,
Florela, lo que te quiero,
pues quiero también que sepas
que te doy, celosa, un hombre
-fol. 58-
que algún cuidado me cuesta,825
que con esto, por lo menos,
negociaré que le vea.
FLORELA
Dame tus manos.
LISARDA
¡Oh, engaños
de amor, Ulises, sirenas,
peligros del mar, en quien 830
la misma razón se anega,
y las potencias del alma
que se han de correr tormenta!
 

(Vanse.)

 
 

(Salen LUCINDO, OTAVIO y MENDO.)

 
OTAVIO
Presto sabréis el dueño, cuyos celos
ocasionar pudieron vuestra muerte,835
a ser aquel acero menos fuerte,
si algún amor os tiene Dorotea.
LUCINDO
Agradezco a los cielos
la dicha que he tenido,
pero no es menester que el amor sea 840
por quien sepa quién es aquel celoso,
sino ser ya para los dos forzoso
ser el aborrecido, y yo querido,
que la mayor venganza del que es sabio
es olvidar la causa del agravio.845
OTAVIO
Mal sabéis vós la tema de los celos.
Abrasarán los yelos
más fríos de la Scitia, y en la zona
que el sol jamás visita,
harán arder a Troya.
LUCINDO
No permita
850
amor, si agravios del honor perdona,
que vuelva a la amistad de Dorotea,
que si os digo verdad, solo desea
mi alma en su porfía,
que deje de ser suya, siendo mía.855
OTAVIO
Llama, Mendo, a esa puerta.
MENDO
¿Qué tengo de llamar estando abierta?
LUCINDO
Tal miedo habrá tenido vuestra dama,
que no quiere cerrar, porque si llama
halle la puerta abierta,860
o vino acaso y derribó la puerta.
OTAVIO
Pues trujiste linterna, llega Mendo
y entra sin miedo.
MENDO
Estoy, señor, temiendo
algunos bultos, que el portal podría
tener en sombra envueltos.865
OTAVIO
Aquí tendrás a tu favor resueltos
-fol. 59-
dos hombres. Entra.
MENDO
Voy.
LUCINDO
¿Que fantasía
es hoy la de mujer tan recatada,
la más parte pasada
de la noche, tener la puerta abierta?870
OTAVIO
Estar, Lucindo, de la puerta cierta.
LUCINDO
Pues yo vengo a vengar, determinado,
el deshonor pasado,
y hacer que Dorotea
más bravo a mí que a su galán me vea.875
 

(Vuelve MENDO.)

 
MENDO
La casa está segura.
LUCINDO
¿No dijiste
que estábamos aquí?
OTAVIO
Dionos licencia
de entrar a visitarla.
MENDO
Con paciencia,
que solo el aire las paredes viste.
No hay más que algunos clavos por el suelo,880
reliquias y despojos de mudanza.
LUCINDO
Temor de la justicia, ¡vive el cielo!,
fue causa de mudarse. ¿Qué esperanza
me queda ya de verla? Pero creo
que ha de ayudar amor a mi deseo.885
Aquí tiene una amiga, y ser podría
que estuviese con ella.
No es lejos, esperadme.

 (Vase.) 

MENDO
Si de día
viniera a saber della,
pudiera remediar, con verle vivo,890
el temor excesivo
que tuvo de su muerte,
porque en Madrid es fuerte
el primero rigor de la justicia,
y de algunos ministros la cudicia.895
OTAVIO
¿Qué hará, Mendo, a tales horas
mi Lisarda?
MENDO
Tu Lisarda
estará agora durmiendo,
porque son las doce dadas.
OTAVIO
Con eso se borda el cielo900
de tantas puntas de plata,
porque como duerme el Sol,
cubren sus cúpulas altas.
No hubiera en su pabellón
las guarniciones y franjas 905
de sus diamantes, a estar
sus estrellas desveladas.
No se atreviera la Luna
a ser de los cielos hacha,
ni a sacar sus blancas pías910
en su carroza argentada,
si mi luna de marfil
-fol. 60-
no suspendiera las blancas
ruedas en que mueve amor
el volante de dos almas.915
¿Qué piensas, Mendo, que son
aquellas negras pestañas?
Lanzas que guardan las niñas
que en dos camas de esmeraldas
están durmiendo, que como920
son reinas, duermen con guarda.
MENDO
Bravos disparates dices,
solo te falta que añadas
los monteros de Espinosa,
y tudescas alabardas.925
Lo cierto será, señor,
que estarán ella y su hermana
soñando como doncellas.
OTAVIO
¿Qué soñarán?
MENDO
Que se casan.
Que después que balbuciente, 930
formando medias palabras
y desata la edad la lengua,
repiten marido y taita.
OTAVIO
Lisarda, señora, bien
no se dirá por Lisarda935
que los sueños, sueños son,
pues nos casamos mañana.
¿Qué sientes de su belleza,
de su donaire y su gracia?
MENDO
Que es discreta, como fea, 940
y como hermosa, bizarra.
OTAVIO
¿Sientes que me quiere mucho?
MENDO
De la manera que ama
el trigo el sol en agosto,
la tierra en abril el agua, 945
un avariento su hacienda,
un extranjero su patria,
y un marido a su mujer
las primeras tres semanas.
OTAVIO
¿Habrá algún hombre en el mundo950
que con su talle y sus galas
pueda parecerle bien?
MENDO
Y con su belleza rara
de Adonis y de Jacinto.
OTAVIO
¡Oh, balcones! ¡Oh, ventanas! 955
¡Oh, puertas! ¿Cuándo será
noche, que estando cerradas
no esté en la calle envidioso
de la más humilde esclava?
MENDO
Paso, señor, que han abierto.960
OTAVIO
Lucindo, fuera de casa,
y salen dos hombres della.
MENDO
Caso estraño.
OTAVIO
Cosa estraña.
 

(Salen DON BERNARDO y SANCHO.)

 
DON BERNARDO
Sal presto, y tú cierra, Inés.
SANCHO
Parece, señor, que anda 965
gente en la calle. Camina.
OTAVIO
¿Salieron?
MENDO
No, sino el alba.
OTAVIO
¿De en cas de Alejandro?
MENDO
Bueno,
y con rodelas y espadas.
OTAVIO
¿A tal hora y con rodelas?970
¿Seguirelos?
MENDO
De Lisarda
no será galán, señor;
Florela será culpada
en aqueste desatino.
OTAVIO
Camina pues, no se vayan,975
que lo tengo de saber,
o me ha de costar el alma.


ArribaAbajoJornada II

 

Salen OTAVIO y MENDO.

 
OTAVIO
¡Bravo hombre!
MENDO
¡Cid Español!
Mas ya que de vernos llora
-fol. 61-
sin dormir perlas la aurora,
no se las enjugue el Sol.
OTAVIO
No tendrá fuerzas el sueño5
para vencer el disgusto,
porque solo con el gusto,
es de las potencias dueño.
MENDO
Temerarias cuchilladas
tiraba el hombre, por Dios.10
OTAVIO
No se me fueran los dos,
o mal o bien reparadas,
a no haber imaginado
en medio de la cuestión
que ciertos señores son.15
MENDO
¿Señores?
OTAVIO
Que con cuidado
pasan, Mendo, cada día
por la calle de Lisarda.
MENDO
Florela es dama gallarda,
y por Florela sería.20
OTAVIO
En esa duda y temor
de tan súbito accidente
no será amor tan valiente
que no le venza el honor.
No más Lisarda, esto es hecho.25
Rasgue la dispensación
Alejandro, que no son
burlas para un noble pecho.
Si el mayor príncipe fuera
el que la calle pasara,30
lo que el poder intentara,
mi loco amor resistiera.
Pero quien sale a las doce
de la noche de su casa,
pues me descasa y se casa, 35
por muchos años la goce.
MENDO
¿Pues cómo podrás cumplir
la palabra que le has dado
a Alejandro?
OTAVIO
Ese cuidado
se remedia con fingir40
que aguardo a don Juan, mi hermano,
que como sabes está
en Sevilla.
MENDO
Aunque será
disculpa, es remedio en vano,
porque con la dilación45
y el verte triste, darás
causa que sospechen más.
OTAVIO
Antes, con esta ocasión
la tendré para saber
si es Lisarda o si es Florela,50
procediendo con cautela
para no darle a entender
neciamente lo que vi,
por ser mi sangre en efecto.
MENDO
Es pensamiento discreto.55
OTAVIO
¿Llaman a la puerta?
MENDO
Sí.
OTAVIO
¿Pues tan de mañana, quién?
¿Si es Lucindo?
MENDO
Ser podría.
Voy a verlo, pues del día
nos viene a dar parabién.60

 (Vase.) 

OTAVIO
Suele en obscuro y tímido aposento
sentir ruido un hombre desvelado,
y más de honor que de valor armado,
la causa examinar con miedo atento;
pero llegando a donde solo el viento65
sus pasos repitía con alentado
peligro, entonces abrazar turbado
la sombra de su mismo pensamiento.
Mas de otra suerte en ciega noche asombra,
Lisarda, este ruido mis recelos,70
-fol. 62-
que tiene cuerpo aunque parece sombra.
Van donde suena el golpe mis desvelos,
pero ofendido con razón se nombra
quien topa agravios cuando busca celos.
 

(Vuelve MENDO.)

 
MENDO
No es Lucindo el que a tal hora 75
te busca, es un caballero,
mas purga que forastero,
pues que te busca a tal hora,
que porque no es de hombres sabios,
aqueste nombre le doy.80
OTAVIO
Bien hace, que enfermo estoy
de calenturas de agravios.
MENDO
Él y cierto Gandalín,
que dicen ser sevillanos,
vienen a besar tus manos.85
OTAVIO
Basta, ya presumo el fin.
Cartas de mi hermano son,
Mendo, que en Sevilla está
y adelante pasará
ese hidalgo, y es razón 90
que no pierda la jornada.
Di que entre.
MENDO
Ya están aquí.
 

(Salen DON BERNARDO y MENDO.)

 
DON BERNARDO
Perdonad si os ofendí
con mi forzosa embajada,
aunque pues estáis vestido95
no ha sido el agravio tanto.
OTAVIO
Yo, señor, no me levanto,
que esta noche no he dormido,
ni tampoco me vestí,
porque no me desnudé.100
DON BERNARDO
Yo (que después que llegué,
ninguna, señor, dormí).
Antes que de muchos sea
visto, a visitaros vengo,
porque algún peligro tengo105
de que la gente me vea.
Esta me dio vuestro hermano,
que con cuidado pusiese
en vuestra mano y que fuese
la respuesta por mi mano.110
Dos días ha que llegué,
luego pregunté por vós,
pero no pude, por Dios,
visitaros, porque fue
notable mi ocupación.115
OTAVIO
Con vuestra licencia leo
que en vuestro semblante veo
que buenas las nuevas son.

 (Lea.) 

«El señor don Bernardo de Cardona, que os dará esta, va a la Corte a un negocio en que os habrá menester. Servilde y regaladle con tanto gusto y cuidado que conozca que sois mi hermano, y sobre todo aposentalde en vuestra casa, porque yo lo estoy en la de sus padres, donde trato de casarme.»

No quiero pasar de aquí,
que lo demás de la carta 120
son negocios, y serviros
es el de más importancia.
Vós seáis muy bien venido,
que antes de agora esperaba
este día que ha traído 125
a mi dicha mi esperanza.
Aquí habéis de ser mi huésped,
y no repliquéis palabra,
que es inescusable oficio
para obligaciones tantas.130
-fol. 63-
El negocio a que venís,
ayudaré con el alma,
con la vida, con la hacienda
que menos que esto no basta
a la noticia que tengo135
de lo que a don Juan regalan
vuestros padres en Sevilla.
DON BERNARDO
Fuera, Otavio, acción ingrata
no aceptar tanta merced;
y porque ya mi jornada 140
será tan breve que pienso
que podría ser mañana,
que el negocio a que venía,
culpa de la misma causa,
tuvo fin en el principio,145
con que es fuerza que me parta,
que está en peligro mi vida.
OTAVIO
En tan súbita mudanza
de pensamiento y suceso,
permitid que fuerza os haga 150
para saber la ocasión.
DON BERNARDO
No puedo negaros nada
en tantas obligaciones,
y porque de vuestra casa
y de vós valerme es fuerza, 155
antes que a Sevilla vaya,
reduciré si es posible
a un breve epítome tantas
fortunas en una noche,
que pudiera compararlas160
a los diez años de Ulises.
OTAVIO
Dejaréis más obligada
nuestra amistad, que al favor
y al secreto es cosa clara.
Que al favor lo está mi pecho, 165
y al secreto mi palabra.
DON BERNARDO
Serví en Sevilla una mujer, Otavio,
un ángel, una perla, una pintura
de las que hicieron a su honor agravio,
por la necesidad o la hermosura170
la edad primera, de quien dijo el sabio
que la senda ignoró con tal locura,
me puso en este loco pensamiento,
que apenas conocí mi entendimiento.
Siempre a su lado, como suele, andaba 175
celoso ruiseñor el amor mío,
yo por los verdes campos la llevaba
ya en barcos enramados por el río.
Las noches breves átomos juzgaba,
en este dulce ángel de mi albedrío,180
porque llegando el sol a medio día,
aun no pensaba yo que amanecía.
Fuele forzoso, o fue invención hallada
de alguna liviandad el ver la corte.
Indias de la hermosura y embarcada185
siguió su gusto y yo también mi norte,
porque el de una mujer determinada,
¿qué obligación habrá que la reporte?
-fol. 64-
O fue de cierta esclava mal consejo,
de la luz de su sol escuro espejo.190
Seguila, en fin, que me llevaba el alma
cual suele el tigre al cazador, y creo
que en viéndome en Madrid, a un tiempo calma
la obligación, el trato y el deseo,
pocas veces amor llevó la palma195
de ausencia firme con ajeno empleo.
Llamé una noche, y pienso que tan recio,
que fui más que galán marido necio.
Salió un hidalgo y respondió su espada,
pero midió de una estocada el suelo.200
Suena justicia, y yo tierra sagrada
hago una casa, y la prisión recelo,
y por unas paredes, la turbada
vida en las manos encomiendo al cielo;
doy en un huerto, y dél en una sala,205
que encantamiento mi fortuna iguala.
Por no cansaros, dos hermanas bellas,
de ver tanta desdicha lastimadas,
me ampararon discretas, y por ellas
me libré de justicias y de espadas;210
y por guardar su honor, que son doncellas
nobles, anoche y a las once dadas
salí, no sé si diga enamorado,
pero olvidado del amor pasado.
¿Quién duda que diréis que ya los cielos 215
se mueven a piedad de don Bernardo?
Pues allí comenzaron mis desvelos,
si desta casa algún favor aguardo,
porque dos hombres al salir, con celos
me van siguiendo, y llega el más gallardo 220
a preguntar quién soy, gentil pregunta,
saqué la espada y respondió la punta.
Esto fue anoche, y la ocasión ha sido
de veniros a ver tan de mañana,
que puedo ser por dicha conocido,225
pues quien mudable fue, será tirana.
En vuestra casa quiero, aunque escondido,
seguir la luz de una esperanza vana,
sirviendo Otavio a quien el alma debe
-fol. 65-
tanto favor en término tan breve.230
Y no os maravilléis de ver que pasa
el alma a otro sujeto sus despojos,
pues amor es un veneno que traspasa
el corazón, entrando por los ojos.
Fénix nace mi amor, fénix se abrasa,235
las cenizas de celos y de enojos,
produciendo venganzas y desvelos
un ave amor, de las reliquias celos.
OTAVIO

 (Aparte. 

¿Hay suceso más estraño
que este el caballero fue240
que seguí y acuchillé?
¿Hay más claro desengaño?
Hoy a Lisarda perdí,
disimular quiero aquí
mi desdicha y confusión.)245
Con notable admiración
vuestras fortunas oí.
De todo salisteis bien,
que fue notable favor
de la fortuna, y mayor 250
tomar venganza también
de aquella ingrata, por quien
tantas desdichas tuvisteis;
¿pero cómo no supisteis
de la dama que os libró255
el nombre?
OTAVIO
Porque temió
la pregunta que me hicisteis,
no quiso el nombre fiarme,
porque de tanto favor
pudiera ofender su honor,260
refiriéndole acabarme.
OTAVIO

 (Aparte. 

Necio estoy en declararme;
que podría ser sospechoso
presumir que estoy celoso.)
Sin verle ha crecido el día265
tan gustoso me tenía
vuestro discurso amoroso.
En fin, ¿serviréis la dama
que aquella noche os libró?
DON BERNARDO
Si nadie me conoció,270
ni lo publica la fama.
OTAVIO
¿Tan presto olvida quien ama
por lo primero que mira?
Vuestra condición me admira.
DON BERNARDO
Vuélvese el amor, Otavio, 275
en ira con el agravio,
y en la venganza la ira,
pero no hay mayor venganza
del agravio del discreto,
que mudar a otro sujeto 280
el amor y la esperanza.
Que en sabiendo esta mudanza
la dama que fue querida,
envidiosa y ofendida
suele volver a querer,285
que no hay pesar en mujer
como verse aborrecida.
Y yo sé que si vós veis
desta dama la hermosura,
que envidiaréis mi ventura290
y mi amor disculparéis.
OTAVIO
Venid y descansaréis
de dos noches tan estrañas.
¡Oh, Lisarda! ¿Tú me engañas?,
¿Tú desleal? Pero miento, 295
pues antes del casamiento
me avisas y desengañas.
DON BERNARDO
¿Qué decís?
OTAVIO
Que como amigo,
-fol. 66-
en todo pienso ayudaros.
DON BERNARDO
Yo vida y alma fiaros,300
y a serlo vuestro me obligo.
OTAVIO
¡Oh, celos, fiero enemigo!
Mas sin razón me acobarda
siendo tan bella y gallarda
Florela, pues con cautela305
sabré si quiere a Florela
o si me engaña Lisarda.
 

(Vanse los dos.)

 
MENDO
¿Vuesa merced cómo ha nombre?
SANCHO
Si oyó usancé2 decir
quién es aquel escudero310
que topó con su rocín,
yo soy el mismo.
MENDO
Pues Sancho,
¿quién duda que de dormir
estarás necesitado?
SANCHO
Como de lluvias abril,315
poeta de consonantes,
si es duro de digerir,
las letras y villancicos
de madre, morena y gil,
de ser soberbio en romance320
quien es humilde en latín,
y de no saber de todos
quien sabe poco de sí.
MENDO
¿Por comparaciones entras?
Gusto tienes.
SANCHO
Siempre di
325
en parecer conversado
con gente palacieguil3.
Discreto pasta volante,
que desde Guadalquivir,
a pedir a Manzanares330
vengo el grado de sutil.
MENDO
Ven y verás mi aposento,
donde, aunque indigno de ti,
honrarás cuatro colchones,
menos tres, por no mentir.335
Sábanas hay, aunque están
a lavar, que presumí
siempre de lo que es limpieza.
Almohadas..., nunca fui
amigo de gollerías.340
Hay mesa, estampa, candil,
peine, silla, limpiadora,
calzador, y todo en fin
para tu servicio Sancho.
SANCHO
Como me viste venir,345
preveniste el aposento.
¿No hay algún guadamecí
que cubra lo inexcusable?
MENDO
Debes de ser zahorí.
Téngole, y de buena mano,350
con la historia de David.
SANCHO
¿Tu nombre?
MENDO
Por una letra
no soy el que por ahí
ayuda a los que patean,
y por Mengo, Mendo fui.355
SANCHO
P[ues] Mendo o Mengo4, camina,
que de cierto serafín,
más socarrona que grave,
más dama que fregatriz,
oro toda, toda perla,360
desde el moñazo al chapín,
tengo después que contarte.
MENDO
¿El nombre?
SANCHO
Inés.
MENDO
Pesie a mí,
que es Inés también la mía.
SANCHO
Pues podremos competir365
en sonetos, si los haces.
MENDO
Soy del Parnaso arlequín.
 

(Vanse, y entra LISARDA.)

 
LISARDA
Flores de aqueste jardín,
por donde entró don Bernardo,
y en quien tornasol aguardo,370
al sol que ha de ser mi fin.
Rosa, clavel y jazmín,
que con vida más segura
gozáis tan breve hermosura,
-fol. 67-
que en un mismo día hacéis375
de la cuna en que nacéis
vuestra verde sepultura.
Hablar con vosotras quiero,
pues que tuvo mi alegría
principio y fin en un día,380
y donde nacisteis muero,
El mismo término espero,
flor como vosotras fui,
donde nacisteis nací,
y si engañadas estáis,385
a saber lo que duráis
aprended, flores, de mí.
La luz de vuestras colores,
la pompa de vuestras hojas,
que azules, blancas y rojas 390
retratan celos y amores,
¿por qué os desvanecen, flores?
Si aviso y ejemplo os doy,
que ayer fui lo que hoy no soy,
y si hoy no soy lo que ayer,395
hoy podéis en mí saber
lo que va de ayer a hoy.
Como vosotras, fue cierto
que dio mi esperanza flor,
pero siempre las de amor400
tuvieron el fruto incierto.
Áspid vino amor cubierto
de vosotras, no le vi,
matome y dejome así,
para que quien hoy me vea 405
tan diferente, no crea
que ayer maravilla fui.
Sois, con hermosas colores
como las que viste amor,
exhalaciones de olor,410
porque haya cometas flores.
¡Oh, fáciles resplandores
a quien incitando estoy,
pues hoy maravilla doy
de ver que ayer, desde aquí,415
sombra al sol con lo que fui
y hoy sombra mía no soy.
 

(Entra FLORELA.)

 
FLORELA
Estoy en obligación,
Lisarda, a tus diligencias;
mejor eras para prima420
que para hermana y tercera.
Bien hablaste a don Bernardo,
bien el suceso lo muestra,
bien lo afirma tu descuido,
bien lo dice su respuesta,425
bien lo sienten mis deseos,
bien te culpan mis sospechas,
bien lo adevinan mis celos,
bien lo sufre mi paciencia.
Si fuera posible ser 430
tuyo, si posible fuera
no ser de Otavio, que ya
las horas, Lisarda, cuenta
para que seas su esposa,
para que tu esposo sea,435
hallara tu amor disculpa;
pero no siendo tan necia
que porfíes cuando sabes
que sin esperanza esperas,
sucédele a tu deseo440
lo que a los barcos que reman
contra corriente de río,
que los vuelve con más fuerza
el ímpetu de las ondas,
no viendo la resistencia445
con las esferas del agua,
pues cuando piensan que llegan
a las riberas, están
más lejos de las riberas,
ya que no puede ser tuyo 450
este caballero, deja
que sea mío, Lisarda,
cuando en Otavio te empleas,
que si todas las mujeres
aguardan a que las vean,455
-fol. 68-
las sirvan, las enamoren,
las requiebren y pretendan,
casaranse tarde o nunca;
que si un platero a su tienda
no sacase cada día 460
las joyas y las cadenas,
y las tuviese encerradas
sin hacer más diligencia,
como era posible hurtallas,
era imposible vendellas.465
Cuantas cosas tiene España
la mudanza las gobierna,
el gusto las califica,
la novedad las aprueba,
los trajes se mudan y hacen470
que de otra nación parezcan
los hombres, y entre estas cosas
padece injurias la lengua.
Agora se usan, Lisarda,
mujeres de una manera,475
mañana se usarán de otra,
y por esa diferencia
importa no descuidarte
tú, pues que ya te remedias
y le tienes con Otavio, 480
permite que yo le tenga.
LISARDA
¿Quién, Florela, imaginara
de tu ingenio y de tu honor,
que no casándome amor,
tu necedad me casara?485
En lo que dice repara,
porque si a Otavio le doy
la mano, que ha de ser hoy,
¿cómo dices, en agravio
de lo que merece Otavio, 490
que de don Bernardo soy?
Que si don Bernardo a mí
tiernamente me miró,
no tengo la culpa yo
de que no te mire a ti.495
Tú, si le vieres, le di
que estás dél enamorada;
que yo a otra fuerza obligada,
más quisiera ya tratar
en descasar, que casar,500
y apenas estoy casada.
De la riqueza incitado,
que el rico indiano vio,
pasar un hombre intentó
el mar, que ya vio pintado,505
pero en mirando, admirado
en las playas españolas,
respetar las nubes solas,
con tal temor huye dél,
que aun presume que tras él 510
vienen corriendo las olas.
Yo, que apenas he llegado
a la orilla del casar,
aunque vi pintado el mar
en otras que se han casado,515
tiemblo de mirarle airado
y de llegar me arrepiento;
huyo con el pensamiento
si voy volviendo la cara,
que aun presumo (cosa rara) 520
que me sigue el casamiento.
Mas como la voluntad
de mi padre es un respeto,
a quien forzada prometo
obediencia y humildad,525
no quiere mi libertad
usar su propio albedrío,
y por eso no porfío
aunque mi envidia sea
que don Bernardo no sea530
tuyo, pues no ha de ser mío.
Dirás que, ¿cómo atrevida
al recato profesado,
contra mi honor te he contado
que por él estoy perdida?535
¿No has visto en casa encendida
arrojar manos villanas
-fol. 69-
riquezas que juzgan vanas?,
pues así mi fuego amor,
lo que guardaba mi honor540
arroja por las ventanas.
FLORELA
Basta, Lisarda, yo creo
(tan desdichada nací)
lo que me dices aquí
de tu bárbaro deseo.545
Solicitaré mi empleo
sin ti, por darte pesar.
A don Bernardo he de hablar,
porque basta para hacer
que yo sea su mujer,550
ser mujer y porfïar.
Salmacis5, ninfa de un río,
vio bañándose a Androgeo6,
y encendida a su deseo,
fugitivo a su desvío,555
porfïó, como porfío,
tanto que de dos hicieron
uno los dioses, y fueron
Hermafrodito7 llamados,
con que quedaron casados560
y jamás se dividieron.
Pues yo sabré porfïar
de suerte que en testimonio
de mi amor, un matrimonio
nos pueda a los dos juntar,565
sin podernos apartar;
que aunque la muerte divida,
será nuestra fe ceñida
de tantos lauros y palmas,
que juntando las dos almas570
tengamos eterna vida.
LISARDA
Pues yo, por esa intención,
lo pienso estorbar de modo
que no se junte en un todo
cada parte de esa unión,575
que el Sol y la Luna son
divinas luces del suelo,
y en oponiendo su velo
la tierra, cosa tan baja,
la luz de los dos ataja,580
y dejan obscuro el cielo.
FLORELA
Si te pusieses delante
de mi sol, tierra envidiosa,
con eclipses de celosa
y con engaños de amante,585
con fuego haré que te espante,
que cuando aquel gran farol
vuelve a su propio arrebol,
y la oposición destierra,
la tierra queda por tierra,590
y el sol, como siempre, sol.
LISARDA
No querrá el Sol (yo lo sé)
tenerte por Luna a ti,
porque mirándome a mí,
noche de mi luz te haré.595
FLORELA
Bien dices: noche seré,
porque todas le verás
conmigo.
LISARDA
Engañada estás,
que si es sol, y es prenda mía,
haré todo el año un día,600
y no habrá noche jamás.
 

(Sale LUCINDO.)

 
LUCINDO
Para que estés advertida
de que esta noche te casas,
y para pedirte albricias,
vengo a decirte, Lisarda,605
que es tan prevenido el novio,
tal es su prisa y sus ansias,
que ha traído hasta el padrino,
y es huésped de nuestra casa,
porque como es forastero,610
no quiere que della salga
nuestro padre, por hacer
lisonja a Otavio, que tantas
obligaciones le tiene,
que como ya su posada615
de Otavio ha de ser contigo
en esta casa, y estaba
-fol. 70-
en la suya el forastero,
era forzoso dejarla.
Ya le aderezan un cuarto,620
aunque los dos se escusaban.
Mas como nuestro Alejandro,
lo cortés y el nombre iguala,
no ha sido posible hacer
que el forastero se vaya;625
tanto, que pienso que ha sido
de Otavio invención gallarda
para casar a Florela,
porque es persona estremada
de talle y entendimiento.630
Ellos vienen; tú Lisarda
muestra, pues eres discreta,
tu gusto, donaire y gala,
por si ha de ser tu cuñado,
en cuenta de la desgracia 635
en que habéis de estar después,
porque solo el nombre basta.
Tú (por si ha de ser tu esposo)
Florela, cortés le habla,
no que le parezcas boba,640
que se volverá mañana,
que pierde mucho al principio
hablando mal una dama,
que quien entra hablando bien,
nadie le ha negado el alma.645
 

(Entren DON ALEJANDRO, DON BERNARDO, OTAVIO, SANCHO y INÉS.)

 
DON ALEJANDRO
Aquí, señor don Bernardo,
están Lisarda y Florela.
LISARDA
Ya me alegra el dulce nombre.
FLORELA
Ya el dulce nombre me alegra.
DON BERNARDO
Dadme, señoras, las manos.650

 (Aparte. 

¿Pero qué burlas son estas
de mi fortuna, o qué sueños,
que como verdades crea?
¿Dónde estoy? ¿Dónde he venido?
La casa es esta, y las bellas 655
damas donde estuve, cuando
por la ingrata Dorotea
maté aquel hombre.)
LISARDA
O mis ojos
con el alma efetos truecan,
o es don Bernardo.
FLORELA
¡Ay, Lisarda!,
660
mis esperanzas se aumentan.
Don Bernardo es el amigo
de Otavio.
OTAVIO
No se pudiera
fingir mayor suspensión;
turbadas miran y atentas665
don Bernardo, Lisarda
y Florela, y él a ellas.
Pues yo... ¿qué dice de mí?
Estrañas cosas ordena
la fortuna; aun no es posible 670
que mis justos celos sepan
a cual de las dos se inclina.
DON BERNARDO
No es mucho que se suspenda,
señoras mías, el alma
mirando tanta belleza.675
Perdonad lo que he tardado,
que ha sido amorosa fuerza
de mis sentidos, en quien...
OTAVIO
Vive el cielo, que no acierta
a hablar palabra.
LISARDA
Señor,
680
no puede haber cosa nueva
que os ofrezca en esta casa,
pues ya la tenéis por vuestra.
Mi hermana Florela y yo
reconocemos la deuda 685
de Otavio, que os ha traído
adonde serviros pueda
la voluntad de las dos.
OTAVIO
No he visto en mi vida necia,
sino es agora, a Lisarda.690
Válgame el cielo, si es ella
la que a don Bernardo mira,
que hablar mal y ser discreta
-fol. 71-
no pudiera ser amor,
que más turba amor, que enseña.695
SANCHO
Amor, si tú hubieras sido
cazadora, te dijera
que Otavio lo ha sido.
INÉS
¿Cómo?
SANCHO
Eran Lisarda y Florela
perdices, trujo a mi amo700
por ventar para cogerlas,
y en viéndolas, como el perro
hasta la mano se queda
suspenso, hasta que su dueño
de la suya el halcón suelta,705
don Bernardo se ha quedado
y Otavio de las pigüelas,
del honor suelta los celos
para averiguar sospechas.
INÉS
Por quitar la confusión 710
de todos, y que es tan nueva
que no hay en la sala, Sancho,
persona que no la tenga,
ya en efeto estáis aquí
y nuestra boda tan cerca,715
que es la mayor confusión;
pero lo que fuere sea.
Venme a ayudar a poner
el cuarto donde aposenta
Alejandro a tu señor.720
SANCHO
Vamos, pero más quisiera
que no hubiéramos venido.
INÉS
Calla, que abril tiene vueltas
como marzo, y podrá ser
que dé con la boda en tierra.725
 

(Vanse los dos, y entra MENDO.)

 
MENDO
El notario a los tres llama,
y a la señora Florela.
ALEJANDRO
Vamos, Otavio.
OTAVIO
A buen tiempo.
LISARDA
Mucho el huésped me contenta.
ALEJANDRO
Yo pienso que si en Sevilla730
se casa con doña Elena
su hermano don Juan, que aquí
hará Otavio de manera
que don Bernardo se case
con Florela.
OTAVIO
Solos quedan.
735
Yo volveré cuando estén seguros.
FLORELA
Sin que me vean
tengo de volver a ver
lo que don Bernardo intenta.
 

(Vanse, y quedan DON BERNARDO y LISARDA.)

 
DON BERNARDO
¿Es posible que ha salido740
amor a ser invención,
aunque con tal confusión
que por ella me ha traído
a tu casa, y que haya sido,
Lisarda mía, de suerte745
que a tal tiempo venga a verte,
que te cases y que yo
te pierda? ¿Por qué me dio
tal vida para tal muerte?
Como el que soñó tesoro750
y las manos de oro llenas,
podía llevarle apenas
la noche. ¡Oh prenda que adoro!
Que te vi, soñaba el oro;
despierto lloro y incierto, 755
pues cuando despierto advierto
que el que en tus ojos soñé,
perdí cuando desperté,
pues a perderte despierto.
Gran ventura hubiera sido 760
venir, Lisarda, a tu casa,
mas cuando Otavio se casa,
no es dicha haberte perdido.
Hoy ha de ser tu marido,
y yo mañana saldré 765
de Madrid, aunque veré
que a Sevilla llegar pueda
quien en tus ojos se queda
y deja el alma en tu fe.
  -fol. 72-  
LISARDA
Bernardo, desde aquel día770
que te vi con Dorotea,
mi corazón te desea,
mi vida es tuya, no es mía,
pero la dura porfía
de mi suerte, me quitó 775
la libertad con que yo
hiciera elección de ti;
no tú me perdiste a mí,
que yo soy quien te perdió.
Suelen después del arado,780
en las más cubiertas lomas,
buscar amantes palomas
el trigo recién sembrado.
Y con vuelo apresurado,
llevarse el halcón la una,785
y la otra en tal fortuna
quedar suspensa mirando
por donde se fue volando
sin esperanza ninguna.
Y así, yo, con menos dicha, 790
sin que a resistir me atreva,
miro por donde te lleva
a Sevilla mi desdicha.
Solo con lágrimas dicha
puede ser la resistencia795
de mi turbada obediencia.
Ellas te la dicen ya,
viendo que tan cerca está
mi casamiento y tu ausencia.
DON BERNARDO
Solo un abrazo, mi amor,800
quisiera llevar de ti,
por prendas de que te vi
inclinada a mi favor.
LISARDA
Temo de Otavio el rigor,
temo a Florela también;805
puede ser que nos estén
mirando, que los amantes
en acciones semejantes
nunca piensan que los ven.
 

(OTAVIO, acechando.)

 
OTAVIO
Hablando están. Desde aquí810
tengo de ver si es Florela
o si es Lisarda a quien ama.
 

(FLORELA, por la otra parte.)

 
FLORELA
Desde aquí, celosa y necia,
que celos nunca negaron
la condición que profesan,815
tengo de ver lo que hablan.
LISARDA
Sabe el cielo si quisiera
darte mis brazos, Bernardo,
pero el temor no me deja.
 

(Entran SANCHO y INÉS con una antepuerta de seda.)

 
SANCHO
Cuando de sedas tan ricas 820
todo el aposento cuelgas,
¿esta antepuerta me das?
INÉS
¿Pues qué tiene esa antepuerta?
SANCHO
Por en medio está manchada.
INÉS
¿Manchada?
SANCHO
Y aun rota.
INÉS
Muestra.
825
SANCHO
Tiéndela.
INÉS
Ten de esa parte,
y lo que dices me enseña.
 

(El uno de un lado, y el otro del otro la tienden, de suerte que tapan DON BERNARDO y a LISARDA.)

 
DON BERNARDO
Perdona, que la ocasión
me permite que me atreva.
LISARDA
Ya, para darte los brazos,830
mi dicha me da licencia.
OTAVIO
¡Maldita seas, Inés!
FLORELA
Plegue al cielo que no tengas
dicha.
OTAVIO
Con espacio están.
FLORELA
¿Qué miráis?
SANCHO
Esta antepuerta.
835
FLORELA
¿Pues qué tiene?
INÉS
Dice Sancho
que está rota, y que por ella
entrará el aire.
  -fol. 73-  
OTAVIO
No pudo
el aire de mis sospechas.
FLORELA
Llevalda, necios, de aquí.840
SANCHO
¿Desto, señora, te pesa?
¿Quieres tú que se resfríe
(si por tantas partes entra)
don Bernardo, mi señor?
OTAVIO
Como es Lisarda discreta,845
bien os habrá entretenido.
DON BERNARDO
Antes yo le he dado cuenta
de mi jornada a Madrid
y el amor de Dorotea.
FLORELA
Lisarda es muy entendida.850
LISARDA
¿Burlas, Florela?
FLORELA
De veras
hablo, y tú me entiendes.
LISARDA
Vamos
adonde mi padre espera,
porque lo que han concertado
sepan que ha sido en mi ausencia.855
OTAVIO
Todo fue en vuestro favor.
¿No hay que temáis?
 

(Vanse. Quedan DON BERNARDO, SANCHO y INÉS.)

 
DON BERNARDO
Sancho, llega,
dame tus brazos, tus pies
también. ¡Bien haya la puerta,
la antepuerta y las manos,860
que acaso, o sin caso en ellas
estuvo tanto favor!
Voy con ellos. La maleta
abre con aquesta llave,
saca cien escudos della865
y dalos a Inés. Tú, Sancho,
mi vestido hasta las medias
te pondrás. Adiós, adiós.

 (Vase.) 

SANCHO
¿Qué te parece la fiesta
que hace a un favor quien ama?870
INÉS
Sí, pero son diligencias
en imposibles, si bien
Lisarda pienso que piensa
no digo ser de tu amo,
por la amistad que profesa 875
con Otavio, mas no ser
de Otavio, y si a serlo llega,
darle tal vida, que presto
o la deje o la aborrezca.
SANCHO
Hay en los campos de Orán880
unos moros, Inés bella,
a quien llaman bencerrajes,
que aquella noche primera
que se casan, a la novia,
ya que desnuda se acuesta,885
en vez de dulces amores
azotan con unas riendas;
y preguntando la causa
un cautivo de mi tierra,
le dijo un moro: «Cristiano,890
esto se hace por muestra
de valor y valentía,
porque si con tal fiereza
tratan lo que más adoran,
hieren lo que más desean,895
¿qué harán con sus enemigos
cuando vayan a la guerra?»
INÉS
Malditos sean los moros
y las moras, que se emplean
en esos bárbaros perros.900
¡Yo azotes! ¡Y con sus riendas!
No me casara en mi vida
a ser mora, y me anduviera
cinamoma por los montes,
como en las Indias las negras905
cuando se van de sus amos;
o me fuera, Sancho, a Meca
a meter monja moruna.
¡Mal año quien tal supiera!
Desposadas y azotadas910
y desnudas las desuellan.
SANCHO
¿Pues tú no ves que es costumbre?
INÉS
Por el siglo de mi abuela,
que había, Sancho, de ser
coneja de Inglaterra, 915
-fol. 74-
que con pellejo los asan,
o armarme de todas piezas,
valentía en el donaire,
eso sí; mas, ¡con la hembra...!
Cuando diera un desposado920
azoticos a su prenda,
bueno está, mas, ¡riendas, Sancho!
¿Qué dejan para las suegras,
si así tratan las mujeres?
SANCHO
No pensé que lo sintieras925
con tanta fuerza, perdona,
y digo que Otavio queda
obligado a Benaraje8,
para que Lisarda sepa
que profesa valentía.930
INÉS
Y tú, Sancho, ¿también fueras,
si te casaras conmigo,
lo que a Bernardo aconsejas?
SANCHO
Esa noche, Inés, mis brazos
fueran riendas, mas si hicieras 935
por qué...
INÉS
Tente, no lo digas.
SANCHO
Aguarda.
INÉS
Mal año.
SANCHO
Espera.
INÉS
No es, Sancho, el mejor jinete
el que castiga la yegua.
SANCHO
¿Pues quién?
INÉS
El que la regala,
940
y solo en sus piensos piensa.


ArribaJornada III

 

Salen OTAVIO, LUCINDO y MENDO.

 
OTAVIO
¿En quién como en don Bernardo
puede hacer Florela empleo?
LUCINDO
Siempre ha sido mi deseo
que este mancebo gallardo
fuese esposo de Florela,5
y le he cobrado afición.
OTAVIO
Habladle con discreción,
por si acaso le desvela
la dama que de Sevilla
le trajo a Madrid.
LUCINDO
No hará,
10
que fuera quererla ya
más error que maravilla.
Sin esto en Florela veo
nuevas señales de amor,
que habrán nacido en rigor,15
no tanto del buen empleo,
como de haberla mirado
don Bernardo.
OTAVIO
Que el principio de querer
nace de ajeno cuidado.20
Amor sin ojos nació,
y así, al basilisco fiero
los hurtó, porque primero
mata el que al otro miró.
LUCINDO
Yo los he visto mirar 25
con apacibles semblantes.
OTAVIO
La vista es lengua de amantes.
Ya habrán tenido lugar,
por la dilación que ha puesto
Lisarda en casarse.
LUCINDO
Tiene
30
poca salud, mas ya viene
mi padre, Otavio, dispuesto
para que esta noche sea,
y yo con feliz agüero,
casar a Florela quiero, 35
que pienso que lo desea
quien tiernamente la mira.
Voy a hablarle.

 (Vase.) 

OTAVIO
Y yo me quedo
a consultar con el miedo
mi verdad y su mentira,40
que tengo yo que esperar,
Mendo, en celos declarados,
-fol. 75-
que son muy necios cuidados
después de ver, sospechar.
¡Vive Dios que es fingimiento 45
la enfermedad, o habrá sido
de tristeza! Amor y olvido
combaten mi pensamiento.
Amor que a Bernardo tiene
mi casamiento dilata.50
MENDO
No te corresponde, ingrata,
si esta noche le previene.
OTAVIO
Su engaño, su falsa fe,
me helaron y me abrasaron.
MENDO
¿Por qué piensas que llamaron55
tirano a amor?
OTAVIO
No lo sé.
MENDO
Porque todo lo acobarda.
Todos piensa que pretenden
mandarle, todos le ofenden
y, en fin, de todos se guarda.60
Siempre vive con sospecha,
como es traidor y cruel.
OTAVIO
Yo intento guardarme dél,
pero poco me aprovecha.
Ya Lisarda me aborrece65
por don Bernardo; yo fui
la causa en traerle aquí.
Como noche se entristece
en viéndome a mí, y con él
se alegra, claro testigo70
de que anochece conmigo,
y que amanece con él.
Con esto, Mendo, repara
en lo que hará quien la adora,
si tal noche y tal aurora 75
está mirando en su cara.
Como suele el tornasol
sentir del Sol en ausencia
la rubia circunferencia
en que se retrata el Sol.80
Yo que miro en mis desvelos,
escuro su resplandor,
cierro las hojas de amor,
y me desmayo de celos.
MENDO
Calla, que viene aquí Sancho,85
que a mí también me ha ofendido.
OTAVIO
Llámale, Mendo, Bellido,
y seré yo el rey don Sancho.
 

(Entran SANCHO y INÉS, él trae un azafate con un tafetán.)

 
SANCHO
Darás aqueste azafate
a Lisarda, tu señora, 90
que don Bernardo, mi amo,
con voluntad generosa
quiere alegrar la sangría.
INÉS
Bien le debe esta lisonja,
si la sangría es por él.95
SANCHO
Bien lo siente, y bien lo llora.
INÉS
¡Oh, si la vieras sangrar!
SANCHO
¿Hubo desmayo de rosas?
¿Hubo «apriéteme quedito,
morireme si no afloja 100
la cinta, y píqueme cuanto
baste a que la sangre corra»,
y otros melindres ansí?
INÉS
Hubo, con espada corta,
que en dos vainas de marfil105
el acero blanco aforra
una fuente de rubíes,
de un brazo senda de aljófar,
que de un monte de azucenas
dio en una barca redonda.110
SANCHO
Basta, poética Inés.
Yo creo tu cultilona
musa, y que eres vocablista
tengo por cosa notoria.
Dale el azafate.
INÉS
Adiós.
115
OTAVIO
¡Hola, Inés, hola!
INÉS
En las olas
del mar dio el barco azafate;
plega a Dios que no se rompa.
  -fol. 76-  
OTAVIO
¿Qué es esto que te dio Sancho?
INÉS
No sé cierto, algunas cosas 120
que don Bernardo la envía,
que usan en la corte agora.
OTAVIO
Es excelente persona
don Bernardo, su nobleza
vence toda ejecutoria.125
INÉS
Esto han de hacer los amigos
por los amigos.
OTAVIO
Importa
a conservar la amistad.
Los buenos regalan y honran.
¿Darás licencia que quite 130
el tafetán?
INÉS
Basta y sobra
que sea tu gusto.
OTAVIO
¿Banda?
Bueno, ¿y con ella una joya?
¡Qué discreta prevención!
INÉS
Tú a lo menos te desposas135
con ella, y no le das nada.
OTAVIO
Azafates de almas solas
le envían mis pensamientos.
INÉS
Bien, que no hay cosa que coman
las sangradas, como almas.140
OTAVIO
¿En pena no?
INÉS
Ni aun en gloria.
Hay mujer (y está en lo cierto)
que quiere más una alcorza
que cuatro canastas de almas.
OTAVIO
Deshechas de amor las toman.145
INÉS
No lo creas, aunque vengan
en gigote o pepitoria,
que con almas invisibles
ni se vende ni se compra.
OTAVIO
Libro de memoria es este.150
Pues di, ¿libro de memoria
es bueno para sangrías?
INÉS
No entiendo de ceremonias.
Descuido pienso que fue
de Sancho.
OTAVIO
Si cantos y orlas
155
fueran diamantes, pasara
por joya rica y gustosa,
pues sin adorno alguno
sospecho, pues no le adorna,
que es para escribir en él160
cómo recibe las joyas
mejores, ante escribano.
INÉS
Con palabras misteriosas
me hablas. Voy a llevarlas,
que no sé qué te responda.165
OTAVIO
No digas que he dicho nada.
INÉS
¿Yo, por qué?

 (Vase.) 

OTAVIO
Vete en buen hora.
MENDO
Confieso que son tus celos
justos.
OTAVIO
¡Lisarda alevosa!
¿Qué aguardo?9
MENDO
Alevosa no,
170
que estar sin culpa la abona,
y ser necio don Bernardo.
OTAVIO
¿Pues dónde quieres que ponga,
o por qué cuenta, este libro
de memoria, que a dos cosas 175
puede servir: o a que escriba
en él, y que él corresponda
en el mismo a mis favores,
o a ser empresa amorosa
para decir que la tenga 180
dél, pues ha de ser mi esposa.
¡Fuego del cielo en mi amor,
si hubiese pasión tan loca
que pusiese, con casarse,
en aventura la honra!185
No más, basta que la mía
de haber tenido se corra
tal pensamiento Alejandro,
a mi venganza perdona;
que la he de intentar de suerte190
por ser tú mi sangre propia,
que solo pare en desprecio;
que en gente ilustre no es poca.
 

(Salen LISARDA, con la banda, y FLORELA.)

 
  -fol. 77-  
LISARDA
Es mandarme prevenir
para la muerte.
FLORELA
No hables,
195
que son locuras notables
las que empiezas a decir.
LISARDA
¿Qué importa, si he de morir?
FLORELA
Mira que te escucha Otavio.
LISARDA
No hay, Florela, amante sabio.200
No sé como este no siente
en mí tan nuevo accidente,
y en él tan notable agravio.
OTAVIO
Envidia tengo, Lisarda,
a quien con tal cortesía 205
supo alegrar tu sangría,
y tan justo premio aguarda.
¡Oh, cómo vienes gallarda
con esa banda, en que ya
descansando el brazo está210
de la fuerza y de la ira,
con que tantas flechas tira,
con que tantas muertes da.
Aunque pierda yo tu abrazo,
me alegra ver, dulce prenda, 215
que se pase amor la venda
desde los ojos al brazo.
Llegó de su vista el plazo,
ya ve el amor para ser
más prudente en escoger 220
los que importa que lo sean,
y aun hace a muchos que vean
lo que no quisieran ver.
Ya mira con discreción,
ya no tira amor atento,225
ya mira el merecimiento,
ya estima la obligación,
ya sabe hacer elección.
Pero aunque importa mirar,
¿cómo es posible tirar230
teniendo el brazo sangrado?
Y en esa banda acostado,
no se querrá levantar.
Amantes, ya no hay quien prenda,
venid a pedir favor,235
porque tiene el brazo amor
atado a su propia venda.
No hayáis miedo que le estienda,
¿pero quién habrá que crea
que esta dulce banda sea 240
para encubrir su afición,
cortina del corazón,
porque nadie se le vea?
Pues yo pienso que le he visto,
y como toda la historia 245
vi en un libro de memoria,
a la de mi amor resisto.
Nunca imposibles conquisto;
que es locura, aunque de buenos,
y no quiero, por lo menos,250
aventurar mi osadía,
ni es justo que historia mía
ande por libros ajenos.
LISARDA
Que no has sabido hacer,
Otavio, quieres culpar;255
quien no me quiere alegrar,
no me debe de querer.
¡Celos antes de mujer!
Pero, ¿para qué tratas,
hombre, de quien desconfías?260
Buscarle estuvo en tu mano,
menos cuerdo y cortesano,
y no alegrara sangrías.
Si don Bernardo, tu amigo,
ha sabido que esto es uso 265
de la corte, y se dispuso
a ser tan cortés conmigo,
tus celos, crüel castigo
a mi corazón le dan,
que no es prenda de galán, 270
antes ponérsela es
como a sitial de tus pies,
-fol. 78-
cubrirle con tafetán.
Suele torcerse en la calle
alguna dama el chapín,275
y ella detenerse a fin
desea que el brazo halle,
sin reparar en el talle
algún hombre, y así enlazo
mi brazo deste embarazo,280
no porque estimase yo
la banda, por quien la dio,
sino porque tenga el brazo.
Mi sangre se ha de sentir,
que cuando alegre y gallardo 285
me la alegra don Bernardo,
tú me la quieres pudrir.
Que vuelvan, quiero pedir,
a sangrarme, aunque rehuya
el brazo de parte suya.290
Banda me manda traer,
y esta servirá de ser
la medida de la tuya.
OTAVIO
No te la quites, Lisarda,
que no ha de esperar la mía,295
que en lo imposible porfía
la noche que dueño aguarda.
¿Pero ya, qué me acobarda,
cuando de quejas mayores,
que celos de tus favores 300
la media noche abiertas
están hablando tus puertas,
y deste jardín las flores?
Pregúntale al tocador
quién durmió en él, quién tenía 305
por huésped, y todo un día
mereciendo tu favor;
y juzga tú si al honor
lo del tocador le toca.
Si así te tocas, ¿qué loca 310
pasión podrás disculpar
lo que se llega a tocar
con las manos y la boca?
Si por mí, Lisarda bella,
Lisardo en tu casa está,315
primero salió de allá
que yo le trujese a ella.
Esto para dueño en ella
me desmaya, y me desalma,
me mata, y me tiene en calma, 320
y no te admire el rigor,
que tengo aquel tocador
atravesado en el alma.
LISARDA
En fin, Florela, cumpliste
la palabra y el deseo325
de intentar que don Bernardo
fuese tuyo (¡estraños celos!),
como si fuera ya mío,
cuando es Otavio mi dueño.
Pero no ha sido razón330
quererle por malos medios,
contándole lo que estaba
entre las dos tan secreto.
¿Tú eres hermana? ¿Tú, ingrata?
¿En qué Arabia, en qué desierto335
de Libia nacen más fieras,
fieras que en tu pecho fiero?
¿Hay tal maldad, tal traición?
FLORELA
A satisfacer no acierto
tu engaño, aunque de tu agravio,340
con justa causa me quejo.
Pero de que no lo he sido,
Lisarda, deste suceso,
solo pongo por testigo
al cielo, y le pido al cielo345
que aquí me quite en tus ojos
la vida, si culpa tengo.
 

(Salen LUCINDO, DON BERNARDO y SANCHO.)

 
DON BERNARDO
Estimo, señor Lucindo,
la merced que me habéis hecho,
y del señor Alejandro350
tan honroso ofrecimiento,
que su hija, y vuestra hermana,
-fol. 79-
merece más alto empleo,
y yo le acetara a estar
más libre, pero no quiero 355
engañaros, que no es justo.
LUCINDO
¿Sois casado?
DON BERNARDO
No es por eso.
LUCINDO
¿Pues por qué?
DON BERNARDO
Porque una noche
maté, incitado de celos,
un hombre en este lugar,360
y cuando temo estar preso,
no viene bien que me case.
LUCINDO
Y si está vivo ese muerto,
¿no os podéis casar?
DON BERNARDO
Si es vivo,
puede ser, mas no lo creo.365
LUCINDO
Bien podéis.
DON BERNARDO
¿Cómo?
LUCINDO
Yo soy,
aunque dándome en el pecho
aquella fuerte estocada,
tomé posesión del suelo.
DON BERNARDO
¿Vós érades?
LUCINDO
Yo, que estaba
370
con Dorotea.
DON BERNARDO
Ahora quiero
daros mil veces mis brazos.
LUCINDO
¿Qué respondéis?
DON BERNARDO
Que lo acepto,
en escribiendo a mis padres,
que bien sabéis que no puedo 375
sin su bendición y gusto.
LUCINDO
Sois hijo obediente, honesto.
Allí están mis dos hermanas,
pedirlas albricias quiero.
Florela, ya estás casada.380
FLORELA
¿Qué dices?
LUCINDO
Que voy con esto
a decir a nuestro padre
que don Bernardo es tu dueño.
LISARDA
¡Qué súbito embajador!
El parabién darle quiero 385
a don Bernardo.
FLORELA
Lisarda,
tu buen término agradezco,
mas no vayas por mi vida,
que tengo celos, y temo
que desbarates la boda.390
LISARDA
Ahora bien, yo te obedezco,
hasta saber si dijiste
a Otavio nuestro secreto,
pero ¿no podré tratarle
de otras cosas?
FLORELA
¿A qué efecto?
395
¿Qué tienes tú que enviar
a las Indias con sus deudos?
Pues en la Contratación
de Sevilla, mucho menos
tienes negocios, Lisarda.400
Dame solo este contento
de no hablarle, pues te queda
después de casados tiempo
para cuanto nos quisieres,
después que no tenga celos,405
hacer merced a los dos.
LISARDA
Vamos, Florela, no quiero
que pienses que yo te quito,
como dices, tu remedio.

 (Vase.) 

SANCHO
Sospecho que te has casado,410
si no es que estando más lejos
de lo que quisiera estar,
entendí mal lo que temo
de tu fácil condición.
DON BERNARDO
Siempre fácil te parezco.415
El hombre muerto le puse,
y de mi prisión el miedo
por objeción a Lucindo,
de no hacer el casamiento,
mas díjome que era él.420
SANCHO
Ya entendí todo el suceso.
DON BERNARDO
No se puede responder
a un casamiento propuesto
-fol. 80-
con libertad, que es agravio
de la dama y de sus deudos.425
SANCHO
En el monte de Sanlúcar,
que mira verdes cabellos
de sus pinos, en las aguas
del mar de España soberbio,
cuando parten a las Indias 430
los navegantes modernos,
que cudiciosos del oro
no ven los peligros ciertos,
hay un gatazo, señor,
que sentado en uno dellos 435
está diciendo: «Tornau,
tornau», sonando los ecos
en las naves, con que muchos
se desembarcan de miedo.
Yo pues, señor, que te miro, 440
yo pues, señor, que te veo
por obligado embarcado
en el mar deste concierto,
y dentro del prodigioso
galeón San Casamiento,445
desde el monte de mi amor,
desde el pilar de mi celo,
estoy diciendo: «Tornau,
tornau, tornau, caballero»,
hecho gato de lealtad 450
contra gatos de dinero,
que donde es grande el peligro,
nunca fue bueno el provecho.
DON BERNARDO
No fuera horror, como piensas,
Sancho, sino grande acierto455
el casarme con Florela,
lo que temo y lo que siento,
lo que temo y lo que miro,
lo que gano y lo que pierdo,
lo que adoro, lo que olvido, 460
lo que busco, lo que dejo,
es el amor de Lisarda,
que con saber que no puedo
contrastar tanto imposible,
todo se me abrasa el pecho.465
Díjele, Sancho, a Lucindo,
que escribiría primero
a mis padres, a Sevilla,
por hallar en este medio
remedio de no casarme.470
SANCHO
De tu claro entendimiento,
en la obligación que tienes
al regalo que te han hecho,
no pudo salir, señor,
más ajustado y discreto.475
DON BERNARDO
Inés viene.
 

(Sale INÉS.)

 
SANCHO
Bella Inés,
¿qué quieres?
INÉS
Dalle a tu dueño
este libro de memoria.
SANCHO
¿Pues no le hablas?
INÉS
No puedo
que no tengo orden de arriba.480
SANCHO
De arriba a abajo te quiero,
pero parece que traes
la faz a orza10. ¿Qué es esto?
INÉS
Desdichas.
SANCHO
¿Cómo desdichas?
INÉS
¡Y qué desdichas!
SANCHO
¿Pucheros?
485
Mira que soy sevillano.
Declárate, porque luego
clamoreen por el hombre;
que desde aquí te prometo
por el alma de Escamilla,11490
que fue de los bravos duelo,
una mohada y dos chirlos,
y si repara a lo diestro,
la conclusión y adiós.
INÉS
No puedo hablarte.
DON BERNARDO
¿Qué es eso,
495
Sancho?
SANCHO
Este libro me ha dado
Inés, los ojos al sesgo.
No sé lo que significa
-fol. 81-
tan notable sentimiento.
DON BERNARDO
Aquí en la primera hoja500

 (Lea.) 

dice: «Ya se ha descubierto
cuanto ha pasado, y Otavio
trueca en agravio sus celos.
Mi honra y mi vida están
en que salgáis luego, luego505
desta casa y de Madrid.
Si me queréis como os quiero,
dulce señor de mi vida,
esto os suplico, esto os ruego.
La triste Lisarda.»
¡Ay triste!
510
SANCHO
Murió un señor deste reino,
y la señora vïuda
escribió a un encomendero
labrador, que se llamaba
Pero García, en un pliego, 515
materia de sus negocios,
y con aquel sentimiento
firmó la triste duquesa;
y el buen hombre, respondiendo
a su carta y su tristeza,520
firmó la suya, diciendo:
«el triste Pero García».
Agora, señor, que veo
firmar la triste Lisarda,
que respondas te aconsejo,525
por igual dolor, el triste
don Bernardo, que a tu ejemplo,
si la triste Inés me escribe,
el triste Sancho de Oviedo
le respondo.
DON BERNARDO
¿Agora burlas?
530
¿Este es tiempo, majadero?
SANCHO
Ya lo veo yo, señor,
que es de majaderos tiempo,
porque no entiendo, ni sé
cómo viven los discretos.535
DON BERNARDO
Yo te diré cómo viven.
SANCHO
¿Cómo?
DON BERNARDO
Callando y sufriendo.
 

(Entran OTAVIO y MENDO.)

 
MENDO
Repórtate, señor, y no le hables
con el rigor que dices, que no es justo,
que sus acciones son menos culpables.540
OTAVIO
¿Quieres que sufra yo tanto disgusto?
¿Cómo podré?
DON BERNARDO
¿Qué es esto, Otavio amigo,
que me parece que venís sin gusto?
Y cuando yo me voy, no iré conmigo,
si no quedáis con él, que yo os deseo.545
OTAVIO
¿Cómo que os vais?
DON BERNARDO
Lo que es forzoso os digo.
OTAVIO
Pues tan súbitamente, no lo creo.
DON BERNARDO
Bien lo podéis creer, pues no he podido
escusar el peligro en que me veo,
mozo en la Corte, nuevo y bien nacido,550
con padres y dinero, y Dorotea
que promete mejor que andar perdido.
Don Gonzalo de Córdoba desea
que me vaya con él a esta jornada.
-fol. 82-
¿Pues dónde un noble la nobleza emplea555
como sirviendo al Rey? Porque la espada
mejor parece allí, que aquí tomando
con guante de ámbar guarnición dorada.
Estuvieron mis padres obligando
al gran duque de Sesa, cuando en Roma 560
estuvo la embajada ejercitando,
y agora el sucesor mi amparo toma
y me acomoda con su heroico hermano,
que tantas veces los herejes doma.
Ya os acordáis que se le opuso en vano565
al valeroso joven, descendiente
de aquel famoso capitán cristiano,
que llamaron el Grande justamente,
en Alemania el conde Palatino,
y que gigante le rompió la frente.570
Pues hoy, Otavio, estaba de camino,
que ya su majestad le ha despachado,
y acompañarle Otavio determinó.
No puedo, por la prisa que me han dado,
besar la mano a vuestra dulce esposa,575
abrazalda por mí, que me ha obligado,
así a Lucindo y a Florela hermosa,
así a Alejandro y la familia toda,
que mi partida es súbita y forzosa.
OTAVIO
Justo fuera que honrárades mi boda.580
DON BERNARDO
Perdonadme, no puedo detenerme.
Tú, Sancho, los caballos acomoda.

 (Vase.) 

MENDO
¿Al fin, Sancho, te vas?
SANCHO
Voy a ponerme,
no Mendo entre los barcos de Sevilla,585
donde en cama de plata el Betis duerme,
mas donde con alguna almondeguilla
de plomo, en caldo de figón mosquete,
no me dejen quijada, ni costilla.
Dios me deje volver a Tajanete.590
Dale un abrazo a Inés, que me ha obligado,
y depárele Dios un buen jinete.
Al pastelero de la esquina he dado
algunas pesadumbres, y le debo
de hojaldres y pasteles un ducado.595
-fol. 83-
Pagarasle por mí, que no me atrevo,
como voy a morir, a deber nada
a Dios.
MENDO
¿Pues lloras?
SANCHO
Soy soldado nuevo.

 (Vase.) 

MENDO
Mal encubriste la pasión formada
de tus celos injustos.
OTAVIO
No he podido
600
lisonjear la voluntad forzada.
MENDO
No fue justo mostrarte desabrida
con quien ya se partía por sospechas
de agravio que tu propio le has fingido.
OTAVIO
Yo sé de donde salen tantas flechas.605
No me consueles, Mendo, cuando vienes,
que vienen todas al honor deshechas.
MENDO
Siempre fueron culpadas las mujeres.
OTAVIO
Siempre lo son los hombres que las miran
para engañarlas.
MENDO
Riguroso eres.
610
OTAVIO
Conozco el blanco donde todos tiran.
 

(Sale FLORELA.)

 
FLORELA
Antes que nuevas te den
de que ya tu grande amigo
no solo será testigo
de que te empleas también,615
sino tu hermano y cuñado.
Albricias vengo a pedirte,
y a alegrarte y a decirte,
como queda concertado,
que no haya más dilación620
que cuanto a Sevilla escriba.
Mira cómo amor se priva
con celos de la razón,
cuando sospechaste mal
de tan cuerdo y tan gallardo 625
caballero.
OTAVIO
Don Bernardo
es hombre tan principal
que nunca dél lo creí.
De lo que estuve quejoso
ya no lo estoy, ni celoso630
de quien se aparta de aquí
para no volver jamás.
FLORELA
¿Cómo para no volver?
OTAVIO
No pienso que puede ser
ver a don Bernardo más,635
porque a Alemania partió
con el generoso hermano
del duque de Sesa.
FLORELA
En vano
flor a la aurora nació
mi dicha, pues en los yelos640
de la noche se han cerrado
sus hojas. Tú le has echado
de aquí con tus necios celos.
OTAVIO
Yo, Florela, no te aguardo
por ignorante mujer.645
FLORELA
¿Pues qué causa pudo haber
de partirse don Bernardo?
OTAVIO
No verme casar, que amor
tal vez a la ausencia apela,
y aquesto basta, Florela, 650
que es mucho a quien tiene honor.

 (Vase.) 

  -fol. 84-  
FLORELA
Cubierta de lucidas banderolas,
la nave indiana el rumbo a España gira,
entra en el golfo y procelosa mira,
trepando el mar, las gavias españolas.655
Allí, por escapar las vidas solas,
mas mira al cielo, que al amaina y vira,
y últimamente la esperanza espira
en competencia de montañas de olas.
Mas sirve de consuelo, que se lanza660
al dulce puerto por el golfo incierto,
y que le goza, mientras no le alcanza.
Pero ha sido en mí grave desconcierto
la desdicha mayor de mi esperanza,
romper la nave sin salir del puerto.665

 (Vase.) 

 

(Salen DON BERNARDO y SANCHO, de camino.)

 
DON BERNARDO
Es imposible pasar
desta venta.
SANCHO
¿Estás en ti?
DON BERNARDO
No, que si estuviera en mí,
pudiéramos caminar;
pero así como quien tiene670
vicio, Sancho, de beber,
que no acierta a andar, ni a ver
lo que va, ni lo que viene,
este vino de mi amor,
que por los ojos bebí,675
me marea y lleva ansí.
SANCHO
Vuelve a proseguir, señor,
el viaje, que en volver
atrás se aventura tanto,
que de escucharte me espanto.680
DON BERNARDO
Necio, ya no puede ser.
SANCHO
Pues un hombre que salió
de Madrid para Alemania,
más feroz que león de Albania,
en una venta paró.685
¿Con qué, valeroso Cid,
quieres que amor te corone?
DON BERNARDO
Alemania me perdone,
que yo me vuelvo a Madrid.
SANCHO
¿Pues en Madrid qué has de hacer?690
DON BERNARDO
Ver a Lisarda casar,
que verla me ha de templar
de Otavio propria mujer.
SANCHO
Antes te dará más celos
DON BERNARDO
Yo sé que amor cesará.695
SANCHO
Yo sé que amor te dará
mayor fuego y más desvelos.
Hay en Écija insufrible
calor en todo el verano,
y a un caballero ecijano 700
pregunté cómo es posible
que sufran tanto calor,
si aun aquí nos abrasamos.
DON BERNARDO
¿Qué te respondió?
SANCHO
«Buscamos
el aposento menor».705
Así tú, muy necio, vas
a buscar de tu amor ciego,
donde quepa menos fuego,
habiendo en lo menos más.
DON BERNARDO
No te quiero tan chistoso,710
Sancho, cuando estoy muriendo.
SANCHO
Trátame bien, que me ofendo
dese nombre vergonzoso.
DON BERNARDO
Antes agora se usa
por excelente vocablo.715
  -fol. 85-  
SANCHO
Entre los usos del diablo,
ese no ha tenido escusa.
¡Chistoso! ¿Qué diferencia
de cualquier afrenta tiene?
DON BERNARDO
Este necio me entretiene720
con su cansada elocuencia.
Saca los caballos presto,
que no he de pasar de aquí.
SANCHO
Desde Sevilla salí
a obedecerte dispuesto.725
Mas, ¿qué disculpa hallarás
que a tantos celos contente?
DON BERNARDO
Fingir algún accidente.
SANCHO
A buscar tu muerte vas,
el buen suceso me ampare, 730
que adivino desde aquí
que me han de matar a mí
de lo que a ti te sobrare.
¡Ea!, ya soy tu trompeta,
ponte a caballo: mas di735
qué me darás, porque aquí
te dé una invención discreta
para volver sin agravio
de Otavio a Madrid.
DON BERNARDO
¿Con veinte
escudos hay harto?
SANCHO
Tente.
740
Di que encontramos, a Otavio,
la estafeta de Sevilla
en el camino, y que vuelves
por cartas.
DON BERNARDO
La duda absuelves.
Tu ingenio me maravilla.745
Es cosa puesta en razón.
¿Veinte dije?, sean cuarenta.
SANCHO
¡Cómo al amor contenta
cualquiera loca invención!
DON BERNARDO
Es estremada cautela.750
SANCHO
Mucho yerras en volver;
que temo que te han de hacer
casar con la tal Florela.
DON BERNARDO
¡Necio temor te acobarda!
Que no habrá, en esto me fundo,755
mujer para mí en el mundo,
si no lo fuere Lisarda.
 

(Vanse.)

 
 

(Salen LISARDA y INÉS.)

 
LISARDA
¿Tú le viste partir?
INÉS
Presto te olvidas
del libro de memoria.
LISARDA
Pues ¿qué quieres,
pues todas las mujeres 760
son, tal vez, atrevidas?
Mire mi honor, que quien su honor desprecia
lloró después arrepentida y necia.
Echarle fue discreto desvarío,
mas yo sé que en lo mismo te vengaste,765
si el alma me llevaste,
dulce Bernardo mío;
que no pasara yo tan triste vida
si trocara las almas tu partida.
Temor de Otavio y de Florela celos, 770
que ya tu casamiento pretendía,
me dieron osadía
-fol. 86-
entre tantos recelos
para apartar de ti con mil enojos,
no el alma que te di, sino los ojos,775
¿qué harán sino cegar estando ausentes?
Si tienes mi desdicha por agravio,
gozaralos Otavio
convertidos en fuentes;
y no te espantes si tu ausencia lloran,780
que están dentro dos niñas que te adoran.
Con unido rocío los estremos
baña la noche al día, y la luz pura
del sol en sombra obscura,
y así los dos seremos,785
tú el sol, la noche yo, Bernardo mío,
tierra mi amor, mis lagrimas rocío.
INÉS
¿De qué te sirve que fatigues tanto
tu espíritu, señora, en imposibles?
LISARDA
En males insufribles790
parece ocioso el llanto,
pero es engaño, que si el llanto amansa
furia de amor, el corazón descansa.
INÉS
El día más alegre en las mujeres,
aquel suele llamar en que se casan;795
¡y tú, señora, quieres
(tales desdichas pasan)
hacer que el más lloroso y triste sea!
LISARDA
Llámele alegre quien casar desea,
que para mí lo fuera, Inés, el día 800
que pudiera trocar tan nuevas galas
y esa falsa alegría,
que a la mayor igualas,
en negro luto y blancas tocas.
INÉS
Mira
que en brazos de la noche el sol espira.805
Tus deudos, tus crïados, los amigos
de tu padre y hermano traen a Otavio.
LISARDA
Todos, de tanto agravio,
vendrán a ser testigos.
INÉS
Finge alegría, que entran en la pieza.810
LISARDA
No lo puedo acabar con mi tristeza.
  -fol. 87-  
 

(Salen acompañados OTAVIO, LUCINDO, ALEJANDRO, FLORELA y MENDO.)

 
ALEJANDRO
Luego que se den las manos,
vayan a llamar, Lucindo,
los músicos, porque quiero
que con mucho regocijo815
se celebre el desposorio.
LUCINDO
Tan cuerdo, tan triste miro
a Otavio, que me da pena.
FLORELA
Y yo estos días le he visto
con menos gusto tratar820
su casamiento.
ALEJANDRO
Imagino
que la mudanza de estado
la causa, Florela, ha sido.
MENDO
Estremos están los novios,
Inés, Otavio muy tibio825
y Lisarda mesurada.
¿Qué es esto?
INÉS
Un retrato al vivo
de los novios de Hornachuelos:
él con ojos de novicio
y ella trocada en los viernes 830
la cara de los domingos.
 

(Salen DON BERNARDO y SANCHO rebozados.)

 
SANCHO
Plega a Dios que no te cueste
el venir tan atrevido
alguna desdicha.
DON BERNARDO
Calla,
que el alboroto y ruido835
de la casa nos defiende,
para no ser conocidos,
y en viéndolos dar las manos,
volveremos al camino,
tú sin miedo y yo sin alma,840
ni conocidos, ni vistos.
SANCHO
¿Esto quieres?
DON BERNARDO
Si no puedo,
Sancho, por más que porfío
dejar de verlos casar.
SANCHO
Tienes tan fuerte capricho,845
que hasta verlos acostados,
y por ventura con hijos,
no querrás salir de aquí.
ALEJANDRO
Ya que mis deudos y amigos
están presentes, ¿qué falta?850
FLORELA
Que se den las manos.
LUCINDO
Primo,
llegad, llega tu Lisarda.
 

(Al acercarse el uno al otro, dirá OTAVIO, deteniéndola:)

 
OTAVIO
Que te aguardes te suplico,
Lisarda.
LISARDA
¿Por qué?
OTAVIO
Yo soy
quien te ha querido y servido,855
como sabéis.
LISARDA
Es verdad.
OTAVIO
Pues yo soy agora el mismo
que no te quiero, y te dejo,
que este desprecio es debido
al tuyo, que en este tiempo,860
ingrata a tantos servicios,
a tanto amor y deseo,
quisiste al mayor amigo
que tuve, y por mi desdicha
Lisarda a tu casa vino;865
aguardé para vengarme
a término tan preciso
que fuese mi libertad
de tu desprecio castigo.
Con esta resolución,870
que te cases te permito
con quien quisieres.
LUCINDO
No es hecho
de hombre noble y bien nacido.
La sangre que tienes mía
sacarte quiero.
ALEJANDRO
Lucindo,
875
detente, que dice bien.
Si esto es ansí, mi sobrino,
-fol. 88-
la culpa tiene Lisarda,
si es verdad lo que le dijo.
 

(Mientras se pone en medio de los dos, llega por un lado SANCHO a LISARDA, y dice.)

 
SANCHO
Señora, escucha.
LISARDA
¿Quién es?
880
SANCHO
Sancho, señora, Sanchico.
LISARDA
¿Pues no os fuisteis a Alemania?
SANCHO
Sí, mas ya habemos venido
como brujos por los aires.
En efeto habemos visto885
al bravo rey de Süecia
y al gran conde Palatino,
en Móstoles de Alemania.
LISARDA
¿Viene Bernardo contigo?
SANCHO
Aquel es que está embozado.890
LISARDA
Padre, hermano, deudos míos,
no averiguéis si es bien hecho
o mal hecho lo que hizo
Otavio en desprecio vuestro,
que desde este punto digo895
que se ha de llamar de todos
el desprecio agradecido,
porque si aqueste desprecio
para mi remedio estimo,
lo que va de mal casada,900
a estarlo con gusto mío,
justo será que se llame
el desprecio agradecido,
y que le agradezca a Otavio
desprecio que es beneficio.905
Yo estoy casada.
ALEJANDRO
¿Con quién?
LISARDA
No esta lejos mi marido.
¡Desembozaos, caballero
y dadme la mano!
DON BERNARDO

 (Desembózase.)12 

Afirmo
con dárosla y con el alma,910
señora, cuanto habéis dicho.
LUCINDO
¿Es don Bernardo?
DON BERNARDO
Yo soy.
SANCHO
Y yo, Inés, a tu servicio,
Sancho de Oviedo, hijodalgo
como un pernil de tocino.915
INÉS
¿No eres soldado?
SANCHO
¿Qué quieres,
si en tres días he corrido
de Móstoles a Alarcón?
OTAVIO
Aunque pudiera contigo
enojarme, don Bernardo, 920
tu casamiento confirmo,
y de Lisarda a Florela,
pues que viene a ser lo mismo,
daré la mano y el alma.
ALEJANDRO
No puede haber sucedido 925
mayor dicha en tal desprecio.
LISARDA
Por eso el poeta dijo,
senado, que se llamase
El desprecio agradecido.



 
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