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No obstante, esta promesa, cuando algunos años después cayó Diego Corrientes en las manos de la justicia, activó el señor de Bruna el proceso para que no pudiese valerle al reo la clemencia real. En efecto, acababa de expirar en el patíbulo, cuando llegó el ya inútil perdón del soberano. (N. del A.)

 

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Ésta es una de las muchas trabacuentas del señor don Alejo Cavallastigardi y Chodapeturra. Las plumas y trajes recamados de oro y plata no llegaron más acá de Felipe V, cuando la dinastía francesa (dice un crítico) acabó con nuestra literatura y trajes nacionales, dándonos en vez de la propia gala y holgura las ceñidas, ropas y apretados cánones de sastres y letrados franceses. Pero quizá no fue la mutación tan repentina ni absoluta, y los trajes de majo que aún se estilan hoy en Andalucía podrían tal vez excusar a don Alejo. De todos modos, como no han de costear los lectores este suntuoso guardarropa, bien pueden tolerarlo (N. del A.)

 

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«Cuando hubieron cesado en sus trabajos, y prepararon el banquete, se regocijaron».



(N. del E.)

 

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Decir relación es una de las muchas frases que, aun cuando la usara el mismo Jovellanos, sin añadir «de ciego» no la entendiera Judas. Sentimos que al señor don Alejo se le hayan ido de la pluma tantas locuciones a la pepinière, como las llama Gallardo. (N. del E.)

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