31
Ed. cit., p. 159.
32
Ibíd., p. 160.
33
Ibíd., p. 164.
34
Recuérdese el ensayo de Ramón Gómez de la Serna, «Gravedad e importancia del humorismo», publicado en el T. XXXVIII de Revista de Occidente (1930), pp. 348-360.
35
Azorín, «Luz de Madrid», ABC, 6 de diciembre de 1950; recogido en su libro El efímero cine, Madrid, Afrodisio Aguado, 1955, pp. 129-132.
36
Véase el excelente libro de Juan A. Ríos Carratalá, Lo sainetesco en el cine español, Alicante, Universidad de Alicante, 1997; encontramos menciones del cine de Neville a lo largo del libro; véanse especialmente las páginas 49-50, 114-115, 129 y 156.
37
Como sabemos, la estética expresionista no acaba en la Alemania de los años treinta; su influencia se extiende en el tiempo y es reconocible en cineastas como Orson Welles, Ingmar Bergman o incluso en Woody Allen, quien realiza una especie de parodia de M. El vampiro de Düsseldorf en una insólita película titulada, de manera muy expresionista, Luces y sombras.
38
Véase la lectura expresionista que Luis Martín Arias realiza de La torre de los siete jorobados en su artículo «El azar y el humor», en Escritos, núm. 50, Valladolid, Filmoteca (1989), pp. 3-10.
39
Para todo este capítulo de la vida de Neville, y la presencia de Solana, véase el interesante libro de Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una tertulia, Madrid, Espasa-Calpe, 1978.
40
José Gutiérrez-Solana, Madrid callejero (1923), en Obra literaria, Madrid, Fundación Central Hispano, 1998, vol. II, p. 249.