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1

Sobre el nombre y el quién de los españoles, Madrid, Taurus, 1973, p. 51.

 

2

Patriotismo y crudo interés particular que, evidentemente, no son privativos de los oligarcas españoles. En los siguientes términos se expresa Turgueniev en su novela Humo (1867) en relación con la oligarquía rusa y sus gimoteos patrióticos: «Aquella gente, que parecía lamentarse de la suerte de la patria, no deploraba, en realidad, más que la probable disminución de sus rentas» (Primer amor. Humo, A. G. de Linares (trad.), Barcelona, Bruguera, 1981, p. 199). El patriotismo como coartada del lucro privado es también el objeto de la siguiente conversación de hacia 1840 del matemático inglés Charles Babbage con Darwin, según la refiere éste en su autobiografía: «Otro día me dijo que había visto una bomba de agua a la vera de un camino en Italia, con una piadosa inscripción en la que se leía que el propietario había instalado la bomba por amor a Dios y a su país, con el propósito de que el cansado caminante pudiera beber. Esto hizo que Babbage examinara cuidadosamente la bomba, descubriendo que cada vez que un caminante bombeaba un poco de agua para sí, bombeaba una cantidad mayor para la casa del propietario. Babbage añadió entonces: "Hay una sola cosa que detesto más que la piedad, y es el patriotismo"» (Autobiografía y cartas escogidas, Madrid, Alianza, 1997, p. 111).

 

3

«Los mentirosos de profesión acaban por creer las falsedades que ellos mismos inventan», había dicho Galdós en 1907 (apud V. Fuentes, Galdós, demócrata y republicano: escritos y discursos (1907-1913), Santa Cruz de Tenerife, Cabildo Insular de Gran Canaria-Universidad de La Laguna, 1982, p. 54).

 

4

Apud J. Álvarez Junco, Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Madrid, Taurus, 2001, p. 57.

 

5

Según dice Antonio Alcalá Galiano en 1839, el sentimiento patriótico español se remontaría hasta los años de la guerra de la Independencia, cuando la idea de la patria fue calando en los medios populares, e iría unido a las nuevas ideas liberales que iban germinando por entonces: «La palabra patria era nueva en las bocas y oídos de los españoles, y si de término usado solamente en los libros pasó a ser aclamación popular, no pudo venir a uso sin traer consigo el acompañamiento de ideas que ella despierta y abarca» («Índole de la revolución de España en 1808», Obras escogidas, J. Campos (ed.), Madrid, Atlas (BAE), 1955, v. II, p. 319).

 

6

Verbigracia, el de Martín Chico y Suárez Lecturas nacionales para niños (Madrid, Est. Tip. de F. Nozal, 1897); cf. J. F. Botrel, «Nationalisme et consolation dans la littérature populaire espagnole des années 1898», en C. Dumas (ed.), Nationalisme et littérature en Espagne et en Amérique Latine au XIXe siècle, Université de Lille III, 1982, p. 92, n. 33). Y cuando los mitos se ponen al alcance de los niños es porque previamente se han propagado entre los adultos como hechos incontrovertibles. Véase como ejemplo, entre otros muchos posibles, el siguiente fragmento de un discurso académico de A. Sánchez Mogual, pronunciado en el Ateneo de Madrid en 1877: «El primero de todos los sentimientos en el arte como en la vida histórica de nuestro pueblo, nuestro ideal supremo, nuestra religión primera, es el sentimiento nacional, sentimiento sublime que llena nuestra historia, que sintetiza nuestros mayores triunfos, nuestras mayores glorias, desde Sagunto y Numancia hasta Gerona y Zaragoza» (apud T. Pérez Vejo, Nación, identidad nacional y otros mitos nacionalistas, Oviedo, Nobel, 1999, p. 185).

 

7

No se olvide que ya han laborado por ello los Balmes, Pidal, Menéndez Pelayo y compañía, alejando a la católica España del catolicismo integrista y universal de un Donoso Cortés.

 

8

«Don Benito Pérez Galdós», en El paisaje de España visto por los españoles, Madrid, Renacimiento, 1917, p. 172, y Razón y Fe, 544 (1943), p. 481, respectivamente.

 

9

Aunque desde esta perspectiva no deben desdeñarse otros autores menores en cuanto a la consideración literaria, caso del prolífico Manuel Fernández y González y sus novelas de historia nacional, que -no se le escapa el dato a Galdós cuando escribe en 1888 el artículo necrológico del escritor andaluz- «tuvieron un número increíble de lectores en todas las clases sociales» (Prosa crítica, J. C. Mainer [ed.], J. C. Ara Torralba [notas], Madrid, Espasa-Calpe, 2004, p. 543).

 

10

Cf., por ejemplo, P. U. Hohendahl (Literarische Kultur im Zeitalter des Liberalismus, 1830-1870, Munich, C. H. Beck Verlag, 1985), para la correlación entre la literatura y el nacionalismo alemanes de 1830 a 1870, y G. Jusdanis (Belated Modernity and Aesthetic Culture. Inventing National Literature, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1991), para el vínculo entre literatura y nacionalismo griegos ya desde el siglo XVIII. Para el caso portugués, véase lo que le dice en Los Maias el liberal Ega a Alencar, un viejo poeta romántico: «a partir de este momento queda encargado de despertar el patriotismo en las provincias. Escriba cantos y odas enternecedores» (J. M. Eça de Queirós, Los Maias, M. Ferrer Lluch (ed.), A. Serra (trad.), Barcelona, Bruguera, 1972, p. 251).