281
ESH, p. 214.
282
Como ya he advertido, Castro utiliza el término morisco, no pocas veces, en sentido muy general, equiparable a mudéjar, por ejemplo. En todo caso, y como se sabe bien, la diferencia establecida entre mudéjar y morisco no deja de ser en origen un tanto convencional.
283
ESH, p. 216.
284
ESH, p. 216.
285
RHE, p. 189.
286
RHE, p. 220.
287
Desisto de abrir aquí un debate, aunque fuera mínimo, acerca de esta cuestión, sobre la que he escrito algo: en concreto, ¿qué significa Al-Andalus para nosotros los españoles?, ¿forma parte o no, y cómo, de nuestras posibles señas de identidad?, ¿en dónde lo ponemos? -como me he preguntado en un reciente artículo que escribí para el diario El Mundo, publicado el 17-10-2006-. En este sentido, remito a dos de mis artículos sobre la cuestión: «Al-Andalus, la alter-identidad», publicado en Revista de Occidente, n.º 140, Madrid, enero 1993 -recogido posteriormente en mi libro Pensando en la historia de los árabes, Madrid, Cantarabia, 1995, pp. 146-154, y «¿Por qué no seguir pensando sobre Al-Andalus?», en el volumen colectivo, coordinado por M. J. Fuente, A. López Serrano y F. Palanco: Temas de historia de España: Homenaje al profesor Don Antonio Domínguez Ortiz, Madrid, 2005, pp. 81-94.
288
ESH, p. 621.
289
ESH, p. 621.
290
ESH, p. 645.