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301

López-Baralt, ob. cit., p. 15.

 

302

Míkel de Epalza, Los moriscos antes y después de la expulsión, Madrid, Mapfre, 1992, pp. 11-12.

 

303

Véase mi artículo citado: «Cervantes y el islam», p. 97.

 

304

RHE, p. 158.

 

305

RHE, p. 162.

 

306

Según De Bunes, en Los moriscos..., p. 30: «La expulsión es una de las medidas más asombrosas que se registran en nuestro país. Si bien es cierto que había rumores y una opinión adversa a la minoría, nadie podía presuponer una resolución de tal magnitud. Hubiera sido más lógico expulsar a los moriscos una vez terminada la guerra de Granada, pero Felipe II tuvo una actitud poco clara ante este problema». El mismo autor ha reiterado su opinión recientemente, quizá algo más matizada: «La expulsión de los moriscos entre 1609 y 1614 sigue siendo una de las grandes incógnitas de la historia española. Aunque la bibliografía sobre esta cuestión es en la actualidad casi inabarcable, seguimos sin conocer cuáles son las razones últimas que ocasionaron la adversa suerte que padeció esa minoría en los primeros años del siglo XVII» (véase su artículo «Los moriscos en el Mediterráneo de los siglos XVI y XVII», en la revista ya citada Cartas de La Goleta, n.º 2, 2009, pp. 53-64, especialmente p. 53).

 

307

RHE, p. 162.

 

308

RHE, p. 163.

 

309

Algún estudioso actual, como Rodrigo de Zayas, utiliza términos muy duros y contundentes: «El acto final de ese drama insensato consagró el paso decisivo del Estado sectario al Estado racista. Estuvo íntimamente vinculado a las causas profundas de la decadencia de España. Los moriscos fueron pues los chivos expiatorios del primer experimento de Estado racista moderno; un Estado indisociable de la Iglesia y de su administración judicial, es decir la Inquisición» [Rodrigo de Zayas: Los moriscos y el racismo de Estado. Creación, persecución y deportación (1499-1612), Ed. Almanzora, 2006, pp. 79-80].

 

310

RHE, p. 167.