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66-28. Chinela era «un género de calzado de dos o tres suelas, sin talón, que con facilidad se entra y se saca el pie dél». (Covarrubias.) (N. del E.)

 

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68-8. Usábanse los mondadientes de biznaga, de lentisco, de cañones de pluma, y también de plata y de oro. De ahí la sentencia que glosa el Dr. Sorapán de Rieros en su Medicina española (1616):


    «O con oro, o con plata,
o con biznaga, o con nonada.»


Sobre la costumbre de usar «palillos» hasta en las calles, véase Lazarillo de Tormes, tratado III: «Tomaua vna paja..., y salia a la puerta escaruando los dientes, que nada entre si tenian.» Y en el Quixote, I, 44: «Haciendo hipocrita al palillo de dientes.» Conocida es la escena de El Alcalde de Zalamea, de Calderón, en que salen don Mendo, el pobre hidalgo, y Nuño:

«DON MENDO.
Y pues han dado las tres,
cálzome palillo y guantes.
NUÑO.
¿Si te prenden el palillo
por palillo falso?
DON MENDO.
Si alguien,
que no he comido un faisán
dentro de sí imaginare,
que allá dentro de sí miente,
aquí y en cualquiera parte
le sustentaré.»

(Primera jornada.)                


Véase también la nota puesta por Krenkel a su edición de esta comedia, Leipzig, 1887, pág. 166. «Vi a otro con un palillo de dientes en la oreja.» (Guzmán de Alfarache, II, lib. II, cap. I.) Guzmán los hacía «de grandísima curiosidad». (II, lib. III, caps. VIII y IX.)

(N. del E.)

 

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68-28.

«Compraréle de camino medias y zapatos. ¿Zapatos dije? Zapatillos, y aun no es bastante diminutivo. ¡Si la vieses! No tiene tres puntos de pie, con ser la pantorrilla bizarra cosa.»


(Lope, Dorotea, II, 1.)                



    «¿Qué tiene que ver con ver
una coluna de nieve
en tres puntos de un pie breve?»


(Ibíd., Los Tellos de Meneses, primera parte, I, 5.)                


En La noche de San Juan (fol. 85 vuelto), habla Lope de un «pie de tres puntos». (N. del E.)

 

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69-22. Decíase Es de Lope para indicar que una cosa era buena.

«Lo dice el vulgo -escribe Correas- por las comedias de Lope de Vega, cuyo verso es más llano y fácil que de otros.»


    «Lope, el fénix español,
de los ingenios el sol»,


dice Moreto, expresando de esa suerte la opinión de casi todos sus contemporáneos.

Una de las primeras veces que se consigna esta comparación, después de la muerte del monstruo de la naturaleza, parece ser en la biografía de Lope por Montalbán: «Se hizo adagio común, para alabar una cosa de buena, decir que era de Lope.» (Fama póstuma, etc., hacia el final.)

Y Lope mismo lo había dicho ya en una letrilla:


    «Es adagio provincial
que todas las cosas son
de Lope: extraño caudal.»


(Obras sueltas. Biblioteca de Autores Españoles, pág. 234.)                


(N. del E.)

 

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69-28. Compárese la nota 278-9 del tomo I de nuestra edición de Persiles y Sigismunda. (N. del E.)

 

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70-30. Véase la nota I, 31-8, de nuestra edición de Persiles y Sigismunda. (N. del E.)

 

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72-8. El texto: «estoy». (N. del E.)

 

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72-9. En el sentido de «propuesto». Así escribe Diego Duque de Estrada, en sus Comentarios del desengañado (edición Gayangos, pág. 123):

«El Conde-Virrey me hizo mucha merced, y escribió a Su Magestad una muy favorable carta representando mi calidad y servicios y consultándome en ocho escudos de ventaja.»



(N. del E.)

 

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72-12. Rijobes debe leerse, probablemente, Rijoles, nombre castellano de Reggio, ciudad de la Calabria ulterior (la Rhegium Iulii de los romanos), saqueada por los turcos en tiempo de Felipe II.


    «Nave llegó a la playa, y fondo ha dado;
.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
o viene de Mesina, o pasa el faro
cuyo estrecho de mar términos pone
a las Sicilias dos, siendo de Ríjoles
el puerto de Mesina opuesta playa.»


(Tirso de Molina, La ninfa del cielo, I, 5.ª)                


(N. del E.)

 

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72-29. En el sentido de: «vuesa merced está fuera de juicio».

En la misma acepción, D. Juan de la Sal, en la segunda de sus conocidas Cartas, dice del loco Méndez que «no lo ha de los carcañales». (N. del E.)