400. Las obras se citan por las siguientes ediciones: En la ardiente oscuridad, Ed. Alfil, Colección Teatro, 3. Madrid, 1951, 86 pp. La Fundación, publicada en Primer Acto, n.º 167, abril 1974, pp. 18-56.
401. Este paralelismo se palpa por doquier, hasta en lo más insignificante. Cuando Buero estrenó En la ardiente oscuridad, se le criticó el sacar el cadáver a escena, y Buero respondió: «En cuanto al traslado del cadáver a escena, lo considero imprescindible. No se hace para provocar la emoción del espectador por medio de su directo y macabro efecto, sino para situar allí al insobornable contrincante de Carlos, que obra sobre él como un Cid que ganase su batalla después de perder la de la vida.» (Comentario a En la ardiente oscuridad, ed. cit. p. 85) También ahora se le ha criticado el tener un cadáver en escena y Buero ha respondido: «Por ejemplo, se ha dicho que era imposible que un muerto pudiera estar cinco o seis días en una celda de condenado sin que esto se advirtiera. Sin embargo, se ha hecho más de una vez. Será difícil, pero no imposible. Y, precisamente, la que mi obra presenta es una de esas situaciones difíciles, en las que se recurre a lo que, en principio, parece imposible, y, sin embargo, sale.» (Entrevista publicada en Primer Acto, n.º 167, abril 1974, p. 5)
402. RICARDO DOMÉNECH, El teatro de Buero Vallejo, Ed. Gredos, Madrid, 1973, p. 40 y ss.
403. MARTÍNEZ BONATI, La estructura de la obra literaria, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1972, p. 189.
404. BERNARD DORT [«Condición sociológica de la puesta en escena teatral», en Literatura y sociedad, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1969, pp. 174-190. (Coloquio internacional celebrado en Bruselas sobre sociología de la literatura)] ha definido la puesta en escena como una lucha entre la vocación historicista de la misma y la tentación absolutista y subjetivista del director.
405. En esa contradicción fundamental, difícil de resolver definitivamente en un sentido o en otro, está la razón de que hoy la puesta en escena, más que un conjunto de técnicas escénicas, sea un auténtico arte, el arte de la representación teatral.
406. En realidad todo género literario, y especialmente el dramático, se constituye como convención y desarrolla en el interior de su sistema convenciones especiales, como el aparte del teatro, las señas de los actores, artificios que hoy, ya pasados de moda, repudian los autores.
407. «El segmento cero», comunicación presentada al Simposio sobre «El lenguaje artístico», Sociedad Española de Lingüística, Madrid, 1973.
408. Frente a la épica (conocer lo pasado por relato) y a la lírica (sentirse a sí mismo, intuirse como interioridad).
409. No nos parecen demasiado felices los apelativos de esta dicotomía. Ya Doménech se da cuenta de la dificultad que implica (p. 68): «¿quiere esto decir... que toda acción es impura? A través de sus personajes contemplativos el autor parece corregir esta afirmación del modo siguiente: toda acción puede ser impura. Depende del cómo y el por qué de cada acción particular.»
