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470.        Véase Piat, La personne humaine, pág. 325; París, Alcan, 1897. -El sabio pedagogo P. Gillet describe así otro tipo más frecuente de conciencia laxa: «El mismo estudiante (y otros que no lo son) que va a misa el domingo, porque eso ha entrado en sus costumbres, no se avergonzará, durante la semana, de practicar otras costumbres deplorables. Él pondrá a la cuenta de su temperamento, de su juventud, la facilidad con que se abandona a satisfacciones culpables, sin conmoverse gran cosa, como pone [378] a la cuenta de la tradición religiosa, de obligaciones de familia, el cuidado de observar ciertos ejercicios del culto. Entre esos dos modos de obrar él no percibirá contradicción. Finalmente, el laxismo obrará en él un desdoblamiento de su personalidad: de un lado, el cristiano, cuyos gestos exteriores permanecen siendo religiosos; de otro, el hombre de placeres, que no es ni un hombre honrado.» (V. Devoir et Conscience, pág. 251, ed. cit.)

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471.        Gillet, ob. cit., pág. 254.

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472.        Aunque muy generalizado el uso de ellas, quizá por su misma vaguedad, se ha tratado varias veces de hacer una clasificación de los estados anormales de la conciencia, sin que se haya logrado un acuerdo algo general. El profesor Mairet y el Dr. Euzière, de Montpellier, publicaron en 1912 una obra titulada Les invalides moraux, en que critican algunas denominaciones de los grandes clínicos del siglo XIX, y a la vez ellos proponen una nueva clasificación de los llamados genéricamente inválidos morales, en las cuatro especies de atrofiados, invertidos y pervertidos e inestables. Véase la Revue de Philosophie, págs. 73-84, julio-diciembre de 1912.

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473.        Piat, La personne humaine, págs. 325 y 326, ed. cit.

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474.        Cours de morale théorique et pratique: Morale théorique, pág. 18; 2.ª edición; H. Paulin y C.ª, París, 1909.

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475.        Mairet y Euzières en su obra Les invalides moraux, página 76, cit. en la Revue de Philosophie, 2.º vol. de 1912.

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476.        Refiérese Dugas a unas palabras de Höffding, en su Ética (pág. 71, ed, cit.) en que, a nuestro juicio, más que a la ausencia de ideas morales, alude a la de los sentimientos, confirmando así también lo que arriba dijimos sobre las determinaciones de la actividad voluntaria sin necesidad de los motivos afectivos. Dice, en efecto, Höffding: «Puede haber hombres que no poseen propiamente ningún sentimiento moral ni advierten la necesidad de él. Lo que estos hombres pueden hacer, lo hacen de todo corazón, sin establecer una apreciación de sus actos, ni de los de otro. [381] Conságranse enteramente a un cargo que responde a sus aptitudes y a sus tendencias, sin poner jamás en duda su legitimidad y su valor.» En estas palabras vemos nosotros el sentido de las anteriores sobre la apreciación de los actos, que les niega el autor; no son teorizantes de moral, pero toman por norma los fundamentos racionales de ella sin vacilar, ni discutir, ni apelar a sentimientos de que no necesitan, o al concepto abstracto del deber.

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477.        Piat, ob. cit., págs. 325 y 326.

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478.        Manuel de Morale, págs. 31 y 32; Delagrave, París.

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479.        Piat, ob. cit., pág. 326.

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