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Fantasmagorías

Ricardo Gullón





Llueve en la silenciosa plaza, no se oye más ruido que el causado por un sereno que con voz monótona y cansada anuncia la hora a los habitantes de la buena villa, «las once y media... y lloviendoo».

Lluvia, tristeza, soledad; he ahí todo lo que se cobija en la anchurosa y pueblerina plaza de la villa, que está rodeada de soportales con amplios arcos ojivales. De pronto por uno de los precitados arcos que corresponde a la salida de la calle principal, surgen dos trasnochadores algo alegres por el exceso de libaciones efectuadas anteriormente en la tertulia de noctámbulos pueblerinos que después del nocturno yantar se reúnen diariamente sin más fin que el de divertirse algún tiempo. Se ve claramente que la alegría de estos individuos es artificiosa, producto de los vapores del alcohol más que de otra cosa. Quizás influenciados por la tristeza y soledad del ambiente, callan y cesan en sus risas, y uno cuenta de otro cierta historia de feroces trasgos y fantasmas. Vuelve a oírse la voz del sereno que se aleja repitiendo su monótona cantinela, las once y media y lloviendo.

¿Mas, qué pasa? ¿Qué sucede que ambos personajes se apretujan contra otro en actitud de terrible pánico? Súbitamente han surgido de los soportales de la plaza tres fantasmas de cuencas vacías y labios descarnados, cubiertos con blancos cendales, y se les acercan poco a poco, moviendo sus brazos que al chocar entre sí, producen un sonido lúgubre. Nuestros juerguistas quieren huir, pero las piernas les tiemblan; quieren gritar, pero la voz se les atraviesa en la garganta: el terror les domina, la embriaguez que no les deja ver claro, les enturbia aun más su cabeza. ¡Horror!, los fantasmas han comenzado en torno a los dos despavoridos individuos una danza macabra, lo que hace que al fin los dos sujetos caigan al suelo desmayados y medio muertos de miedo.

Oscuridad, lluvia, tristeza: Las doce y lloviendoo. El sereno que regresa de su ronda, tropieza con dos cuerpos caídos en el suelo. Hace la señal de alarma, acuden otros serenos, que conducen a los dos caballeros hasta la comisaría donde ven que no tienen lesión alguna y se limitan a dormir la mona. A la mañana siguiente, despiertan contando una historia terrorífica: duendes, gnomos, brujas, siluetas esqueléticas, blancas figuras que aparecen y desaparecen en el misterio....

-Ilusiones -dice el jefe de policía y después de oírle convienen en que todo ha sido un sueño. Pero uno de los detenidos quiere saber la hora y al buscar el reloj, nota que ha desaparecido en unión de su cartera y alhajas. Lo mismo le ha sucedido a su compañero: Y mientras el comisario da instrucciones a sus agentes, los dos compinches, encuentran explicadas las apariciones de la noche anterior.

Sansón Carrasco.





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