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Fray Diego de Zúñiga y fray Luis de León frente al «Libro de Job»

Javier San José Lera


Universidad de Salamanca



Sorprende en cierta manera el número relativamente escaso de comentarios al Libro de Job que se escriben durante el siglo XVI, sobre todo si lo comparamos con las abundantísimas declaraciones sobre otros libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, fundamentalmente de los Salmos y de las Epístolas de San Pablo. El Diccionario de la Biblia, publicado por F. Vigouroux1, al ocuparse de la voz «Job» cita una serie de comentarios católicos al libro entre los cuales no figuran ni el de Cipriano de la Huerga ni el de fray Luis de León. Los citados en el siglo XVI son: Cajetan, O. P. Comment, in librum Jobi, Romae, 1535; Titelmann, O. M. Elucidatio paraphrastica in Jobum, Anvers, 1547; A. Steuchus (Eugubinus), Ennarrationes in librum Jobi, Venice, 1567. Las dos únicas obras de españoles citadas son la de Diego de Zúñiga y la de Juan de Pineda.

Un repaso al índice de la Bibliotheca Hispana Nova de Nicolás Antonio, referido a los intérpretes de Sagrada Escritura2 nos permite consignar en el siglo XVI las obras de Cipriano de la Huerga, Diego de Zúñiga, Fernando Jarava (Lecciones de Job en castellano, Antuerpiae 1550), Jerónimo Osorio y Juan de Pineda, si bien el segundo tomo de éste se publica ya en 1601, además de un manuscrito del portugués Francisco Foreiro. El índice de Fernández de Castro3 nos permite completar el panorama de comentaristas del Libro de Job con la obra de Luis de Alcázar, de 1588 y con los comentarios hebreos de M. Ben Isaac Arama, José Kimji y rabí Moseh.

Dos motivos podemos aducir para explicar esta relativa escasez de comentarios nuevos en un siglo en el que los comentarios bíblicos a otros libros proliferan. En primer lugar, debemos señalar las enormes dificultades de todo tipo inherentes al Libro de Job4. Los propios comentaristas son perfectamente conscientes de ellas, si bien en sus excusas se percibe un claro tono tópico de captatio benevolentiae. Así, Alfonso Álvarez de Toledo5, reproduce la carta de San Gregorio a San Leandro en la que podemos leer:

«Pues quando yo me vi traydo a obra tan difícil y escura, y antes de mí nunca declarada, abiertamente confiesso que desfallecieron mis fuerças vencidas y cansadas por la fama de tan grande obra»6.



En segundo lugar, incrementando la dificultad propia del libro, creo que interviene decisivamente el enorme prestigio que a lo largo del siglo XVI adquiere la declaración realizada por San Gregorio en sus Morales. Traducida por Alfonso Álvarez de Toledo a principios del siglo, tuvo una extraordinaria difusión e influencia en la literatura espiritual del siglo XVI7. Esta difusión explica el hecho de que al margen de los exegetas de profesión, el Libro de Job sea uno de los más utilizados en la ejemplificación de la literatura espiritual.

Sin embargo, en el campo de la exégesis, el hecho de que el libro hubiese sido comentado por uno de los Padres de la Iglesia, debió de suponer un freno importante a los comentaristas posteriores. Así se expresa el teólogo Franciscus Titelmannus en la epístola introductoria de su comentario:

«Dehortabatur nos hinc terrebatque ab aeditione, quod beatum Iob amplissimum virtutum exemplar, ita gravissimorum virorum et summa in Dei Ecclesia authoritate fulgentium, videbamus commentariis illustratum, ut Titelmanno quicquam addendi, vix ullus videri possit locus relictus. Nam (ut caetera praeteream) post una haec tam eximiae eruditionis ac plane divina beatissimi illius Gregorii pontificis maximi commentaria, aliquid reliquum esse quod addi possit, quis credat?»8.



Así pues, las dificultades del libro y el peso de la autoridad de San Gregorio debieron de contribuir a desanimar a los exegetas, que se inclinaron hacia otros libros bíblicos.

No fue este el caso de dos ilustres agustinos que coincidieron en el convento de Salamanca y en las universidades de Salamanca y Alcalá: fray Diego de Zúñiga9 y fray Luis de León10. Ambos se atrevieron a comentar el primero y más difícil de los Libros Sapienciales y consiguieron hacer de sus obras auténticas cumbres de la sabiduría escrituraria de su tiempo11. En ambos pesaría sin duda el alto contenido doctrinal del libro a la hora de elegir el objeto de sus trabajos. En Zúñiga intervendría también el deseo de satisfacer su orgullo de exegeta, comentando un libro de extrema dificultad12. En el caso de fray Luis de León, además, la necesidad de acallar las voces de fraude que se habían levantado en su disputa con fray Domingo de Guzmán por la Cátedra de Escritura13, comentando un libro que indudablemente habría de aportarle gran prestigio.

Los comentarios de ambos suelen ponerse en relación a propósito de la declaración del verso 5 del capítulo 9, en el que Diego de Zúñiga defiende las teorías planetarias copernicanas cuando todavía son consideradas contrarias a la Escritura14, mientras fray Luis se limita a hacer una explicación metafórica acerca de la caída de los poderosos injustos15.

Sin embargo, el comentario de Diego de Zúñiga presenta grandes semejanzas con el de fray Luis de León, hecho que ya había sido señalado por Conrado Muiños16. Son coincidencias de método, partiendo de la explicación del sentido literal17, de estructura, concediendo más importancia a determinados versos y agrupando otros, de talante, de enfoque, producto muchas veces del hecho de partir de la misma traducción, otras, del uso de las mismas fuentes. Incluso la interpretación moral coincide en ocasiones, lo cual, sin duda, se debe achacar al hecho de pertenecer ambos al mismo contexto espiritual, la Orden de San Agustín, y haberse formado en los mismos centros18.

El cotejo de ambos comentarios arroja pasajes en los que se produce un evidente contacto entre los dos agustinos. Es muy significativo el hecho de que el mayor número de coincidencias, en algunos casos casi literales, se produce en la parte final de la obra (desde el capítulo XXX). En esta parte fray Luis no cuenta con el apoyo del comentario de Cipriano de la Huerga, su maestro complutense19, que llega solamente hasta el capítulo XVIII. La interpretación de su hermano de Orden, con el que comparte similares principios exegéticos, le aportaría a fray Luis una base fiable sobre la que construir la suya.

No obstante, las coincidencias comienzan a percibirse desde el mismo inicio de la obra. La tradición comentarística del Job desde Gregorio Magno, obligaba a dejar sentados desde el principio una serie de temas como eran la existencia real del personaje, su origen, el autor del libro, la dificultad de la obra, etc. En el tratamiento de estos temas, ambos agustinos siguen pautas comunes. Dice Zúñiga en los Prolegomena a su comentario:

«Iob et extitisse et admirabili fuisse virtute praeditum ita certum est, ut nulli pio et christiano viro fassit de hac re dubitare. Nam de illo sacrosanctae scriptura aliis locis mentionem facit ut in libro Tobiae [...] Et in Ezechiel scribitur [...] Et in epistola Iacobi [...] Quare ridiculi et impii sunt quidam Hebraei et alii qui huius viri historiam fabulam fuisse putant ad docendam et monendam patientiam».



Fray Luis, en su comentario a I, 1, se expresa en los mismos términos:

«Algunos dixero que ni uvo Job ni passó en hecho de verdad esta historia, sino que es parábola ordenada por Dios y escritta por sus prophetas para dechado de paciencia perfecta. Mas esto es falso y condenado y en cierta manera injurioso a la verdad de la Divina Escrittura; demás de que en otros lugares y libros della hazen mención de la persona de Job, como el Libro de Tobías, y Ezechiel y Santiago en su epístola [...] Y esto es cosa sin duda»20.



Una vez establecida la existencia verdadera de Job, ambos exegetas se centran en determinar su origen. Estas son sus palabras:

«Ducitatur tamen ex quo fuerit oriundus. Nam Divus Hiernymus Hebraeos sequens reprehendit eos, qui ex Esau genus duxisse existimarunt, esseque illum, qui in Genesi, cum numerantur oriundi ex Esau, Iobab appellatur. Et putat Hieronymus Iob non ex Esau, sed ex Nacor fratre Abraham oriundum fuisse. Gregorius tamen et alii docti viri opinantur ex Esau oriundum fuisse [...] Habitabit autem in finibus Idumeae et Arabiae».



«Mas como esto es cierto, ansí es dudoso quién fue y de qué gente o linaje. Lo más recibido es que fue gentil y descendiente de Esau y nieto de Abraham, hombre principal y como cabeza y príncipe de su pueblo. Y es argumento dello ser, como aquí se dize, de Huz, que es parte de Idumea, tierra habitada y governada por Esaú».



En este caso fray Luis se mantiene más cerca de la interpretación de San Gregorio, sin decantarse plenamente por ella, mientras Zúñiga se muestra más erudito y dispuesto a discutir la propuesta tradicional. Sin embargo, ambos coinciden en señalar la no excesiva importancia de esta materia, puesto que lo verdaderamente importante es que sepamos que era gentil y no judío, para valorar en su justa medida el ejemplo de Job:

«Quod est maxime animadvertendum ut cognoscamus quam excellentem Dei gratiam, atque adeo naturae tantum praeceptis poterant homines sibi olim adiungere».



«Porque Dios para el negocio de la virtud no excepta personas, ni tiempo, ni lugar, ni linaje».



Después de tratada la materia acerca del personaje, se centran en la discusión sobre el libro, coincidiendo a la hora de valorar al autor del mismo:

«Haec de Iob. De libro vero eius dubitatur a quo fuerit confectus. Alii dicunt a Moyse ex Syro in Hebraeum conversum esse ad filios Israel consolandos [...] Alii ab eodem Iob fuisse factum, alii ab aliquo amicorum eius, alii ab aliquo egregis propheta. Verum tamen haec res incerta etiam est et valde inutilis, cum sciamus Spiritum Sanctum principem huius libri auctorem fuisse».



«Pues ansí como no sabemos con certidumbre el author deste libro, que unos que Moysén, y otros que antes de Moysén ansí vuestra reverencia ha de tener por sin duda que es libro sagrado y canónico. En el qual el Spíritu Sancto nos cuenta lo primero...»21.



A la hora de valorar la dificultad del libro, ambos coinciden también en señalar la misma causa:

«Est autem liber hic de sententia omnium interpretum Latinorum Graecorum et Hebraeorum obscurissimum [...] Liber etiam fere totus carmine compositus est. Ex quo fit ut sententiae nimis efferantur concise et ob eam rem in varias partes accipi possunt et vix intelligi queunt».



«Verdad es que el estilo poético y la mucha antigüedad de la lengua y del libro le hazen muy oscuro en no pocos lugares».



Sin embargo, a pesar de la dificultad, vale la pena enfrentarse al reto del libro por su gran utilidad,

«Licet huius libri difficultas maxima sit, utilitas tamen tanta est, quantam verbis nullis explicari posse credo».



«La qual escrittura es útil en muchas maneras»,



sobre todo como «exemplo excellente» de paciencia, «que tal es el de Job, como por su escrittura parece»:

«Si quidem excellentissimo quodam modo patientiam et liberalem laborum et incommodorum professionem docet».



Las coincidencias continúan en la declaración. Coinciden fray Luis y Diego de Zúñiga en la utilización de palabras hebreas en los mismos lugares y en la interpretación que de ellas hacen. Así, en I, 1 dice Zúñiga:

«Sed in Hebraeo est Caracter hebreo Tam quod perfectum, consumatum inmaculatumque declarat»,



y fray Luis:

«Porque Caracteres hebreos Tham importa no simple como quiera, sino simple y perfecto».



En II, 7:

«In Hebraeo est Caracteres hebreos sehin ulcus ex nimio nato calore»,



y fray Luis:

«postemas, que es Caracteres hebreos, porque a la verdad sechin son secas».



En IV, 6:

«Nam, in Hebraeis Caracteres hebreos chicela spes. Facit tamen fortitudo spem et animum forti viro [...] significat etiam Hebraeis stultitiam»,



y fray Luis:

«donde decimos fortaleza, la palabra original quiere decir confianza demasiada y también necedad».



En IV, 21:

«Quod reliquit dicit in Hebraeo Caracteres hebreos ieter»



y fray Luis:

«Lo que resta es en su original Caracteres hebreos».



En V, 5:

«nomen Caracteres hebreos zinim, quod armatus hoc loco vulgatus [...] Plerique Hebraei spinas significare putant»



y fray Luis:

«la palabra original, que es Caracteres hebreos unas veces significa los escudos [...] otras significas las espinas».



En XXX, 4:

«Genus pro specie ponit herbas vertens, nam in Hebraeo est malvah, quod malvam quidam vertunt»,



y fray Luis:

«Lo que decimos hierbas, en el original es malvas, en que por figura, nombrando una especie de hierbas se entienden todas generalmente».



En XXXVII, 11:

«Caracteres hebreos or, quod hic ponitur, non solum lumen sed pluviam etiam Hebraeis significat»,



y fray Luis:

«porque la palabra original significa lo uno y lo otro [lumbre y lluvia]».



Coinciden además en la utilización de los mismos lugares bíblicos citados como apoyo de autoridad a su interpretación: XVI, 18 (Isa, 15); XIX, 9 (Prov, 14); XXI, 6 (Sal, 72); XXII, 6 (Ex, 22); XXVI, 11 (Gen, 1); XXX, 15 (Os, 13); XXXI, 23 (Sal, 9 y Prov, 23); XXXIII, 17 (Ecl, 10); XXXVI, 7 (Sal, 33); XXXVIII, 7 (Isa, 14); XXXVIII, 9 (Gen, 1); XXXVIII, 10 (Sal, 103); XXXVIII, 15 (Sal, 36). No es extraño que de estos lugares bíblicos predominen las citas de los libros sapienciales. En la construcción doctrinal del comentario de fray Luis se puede comprobar una evidente base sapiencial: el conocimiento perfecto de la Escritura supone la adquisición de sabiduría y esta lleva al hombre a la perfección, que es «avezinarse la criatura a Dios de quien mana»22.

Coinciden también en algunas citas de poetas con que ilustran la exposición, como en XXIX, 1, donde comenta Zúñiga el fragmento con unos versos de Eurípides:

«Nam miserum quidem est hominum calamitoso foelicem fuisse. Ea de causa, quam tradit Euripides [versos griegos que traduce al latín:] Viro qui felix aliquodo fuit, molesta est/ mutatio cui vero sinistra fortuna fuerit/ nihil dolet cum ei familiaris sit calamitae».



Y fray Luis, por su parte:

«Porque el aver sido feliz y venir a ser miserable, haze que sea y que se sienta por mayor qualquier desventura, que como el poeta griego dize: Al hombre que dichoso un tiempo á sido/ la mudanza es dolor, que el siempre hollado/ con el uso del mal pierde el sentido».



En XXXIX, 28, Zúñiga incorpora a su comentario unos versos de las Geórgicas de Virgilio:

«simili ratio nequidam Latinus poeta equum describit: Primus et ire viam fluvios tentare menaces/ Ardet et ignoto se committere ponto/ Tum si qua sonum procul arma dedere/ stare loco nescit, micat auribus et tremis cutus/ collectumque frecuens voluit sub naribus ignem».



Y fray Luis, que introduce la descripción de Virgilio desde unos versos antes, traduce los que utiliza Zúñiga con su habitual maestría:

«De la qual a lo que parece sacó la suya el poeta latino, que dize: [...] tienta primero qu'otro el río a nado/ y con ánimo firme y atrevido/ al piélago se lança no sabido./ No l'espanta el estruendo vano y ciego/ mas de lueñe que toque en sus sentidos/ sonido de las armas, mira y luego/ no cabe en un lugar, y conmovidos/ sus miembros todos tiemblan; sin sosiego/ aguza meneando los oydos/ sorbe, rebuelve, aprieta, torna, espira/ fuego por las narizes, llamas d'ira».



Quiero señalar también cómo existe en ambos comentaristas una coincidencia de fuentes utilizadas como apoyo a los mismos pasos del Libro de Job. Así, por ejemplo, ambos recurren a la versión griega de los Setenta para comentar XLI, 25:

«Graeci convertunt: autos de basileus pantwn en taij udasin ipse rex omnium quae sub aquis sunt».



«Los griegos dizen: pantwn twn en taij udasin, todos los que moran las aguas».



O ambos recurren a Plinio para ilustrar la naturaleza del elefante en XL, 11:

«durissimi sint eum machinas ingentes turresque ligneas hominum plenas dorso ferant duris cingullis alligatas, quas nisi ventre esset durissimus fere non possent».



«Por manera que un elephante llevaba sobre sí un castillo y muchos hombres en él, que no le sería posible si no tuviese en los lomos grandíssima fuerza para sustentar tanta carga y en la barriga vigor mucho para sufrir los estrechos lazos de los cordeles con que se ata y afirma pesadumbre tan grande».



Junto con estas significativas coincidencias de términos hebreos, de pasos bíblicos, de textos poéticos y de fuentes empleadas en los mismos lugares, se producen coincidencias de mayor peso, por cuanto afectan a la interpretación del texto, y muestran una relación de casi literalidad entre ambos comentarios.

En el comentario a III, 13, ambos agustinos ofrecen la misma interpretación del término consules, que fray Luis traduce por «consejeros». Zúñiga escribe:

«Consules vocat quarum consilio regna vel respublicae administrantur»;



y fray Luis:

«Consejeros llama los que presiden al gobierno y por cuyo consejo las ciudades se rigen».



En IV, 5, Diego de Zúñiga introduce un juicio moral a propósito del verso: «Turpe enim est, nec hominis sapientis aliis sapere et sibi non prodesse», que coincide con el empleado por fray Luis en el mismo lugar: «Fea cosa es ser los hombres necios para sí solos».

El comentario a XIII, 7, coincide en ambos comentarios, interpretando de la misma forma la equivocación de los amigos de Job. Zúñiga:

«Perinde quasi bonitas atque aequitas inmensa Dei aliterquam virum bonum et innocentem condemnando defendi non possent: quod est absurdissimum»;



y fray Luis:

«... les parecía que su justicia [de Dios] no defendía, sino condenando al que carecía de culpa».



En el mismo capítulo XIII, en el verso 8, Zúñiga interpreta el sentido literal de una expresión hebrea: «Accipere faciem vel personam in iudicio Hebraismus est, significat autem non ex veritate et ex aequitate fere sententiam sed ex qualitate personae»; y fray Luis, en el mismo sentido: «Levantar faces en la propiedad del original es, en el juicio, tener más respeto a la persona que a la razón de la causa. Y ansí les dice que hacen como los malos jueces, que por respectos de favor y no por los méritos del proceso juzgan y sentencian los pleitos».

Es frecuente en los comentaristas latinos el recurrir a palabras o expresiones castellanas para aclarar algún pasaje oscuro. Zúñiga lo hace, por ejemplo en XIII, 26: «Hebraice est [...] quod hispane est, ut dicit quidam Hebraeus Hispanus magnae apud illos auctoritatis, en el cepo». Fray Luis emplea exactamente la misma expresión en el mismo lugar: «Lo otro, pónesme los pies en el cepo...», si bien fray Luis en este caso ha utilizado previamente la expresión en la traducción.

La interpretación de XXX, 5 es sorprendentemente similar en ambos comentaristas. Zúñiga escribe:

«Ita eum usu evenire solet, ut homines nimis egeni atque famelici in huiusmodi metu ponantur. Ex quo fiebat, inquit, ut ex media vel urbe vel republica tamquam fures eiicerentur, omnibus Cavete, cavete furem clamantibus».



La descripción de fray Luis, más plástica, dice:

«que su traje, su disposición, su inutilidad de vivir vagabunda, los hacía sospechosos a la gente, y así los que los veían, los echaban a voces del pueblo diciendo: ¡Al ladrón, al ladrón!».



En XXXI, 10, Zúñiga discute acerca de la posible traducción de un término: «In hebraeo ad verbum est Molat alteri uxor mea [...] Ita enim loquitur Esais... Tolle mollam et mole farina»; y fray Luis: «El original dice a la letra Muela a otros mi muger [...] Así dice Esaías... levanta la muela y muele harina».

Se producen también coincidencias respecto a la valoración de la estructura del texto bíblico, como en XXXVIII, 12 donde escribe Zúñiga:

«Congruenter post terrae caelorum et angelorum creationem et aquarum congregationem, huius conformationem conmemorat, nam licet primo die illius mentio fiat»,



y fray Luis de León:

«Dichas la tierra y el mar, dize de la luz agora, que se hizo después dellas y se hizo con ellas el día primero».



En XXXVIII, 32 ambos coinciden en minusvalorar la importancia de traducciones diferentes. Dice Zúñiga:

«Quare haec syderum nomina vel valde ambigua sunt vel non satis eorum significatio liquet. Sed [...] nihil attinet ad haec oracula intelligenda»;



y fray Luis:

«Y ansí, unos mismos en diversos lugares traducen de diversa manera. Y saber lo cierto de estas significaciones no es de mucha importancia para lo que aquí se pretende».



Podrían seguir aduciéndose coincidencias interpretativas (XXXVII, 6; XXXVII, 9; etc.), que no vienen sino a confirmar la relación de enfoque de la interpretación de ambos agustinos.

Pero fray Luis impone su personalidad artística sobre el comentario, amplificando la declaración con un claro sentido de la plasticidad23. Podemos comprobarlo respecto a Zúñiga en VI, 18. Zúñiga, más expresivo, desde luego, que Cipriano, escribe:

«Torrentes exundantes ac deffluentes de semita, idest, de alveo suo, declinabunt ac propterea pulvere paleis et aliis quisquiliis involuti ambulantes in vacuum peribunt».



En el mismo lugar, fray Luis se muestra con un especial sentido de la plasticidad:

«que es natural al arroyo que es de avenida quando va descreciendo, que primero se disminuye, y después viene a quedar en una vena delgada, que por la madre dél, que solía ir muy llena, va ella sola después dando bueltas, y como en lugar bien espacioso torciendo libremente sus passos, va adelgazándose siempre más, y últimamente viene a parar en nada y queda seca del todo».



La interrelación del comentario de fray Luis y el de su compañero de Orden Diego de Zúñiga, es evidente, como he pretendido mostrar a lo largo del cotejo. Las coincidencias se producen como una consecuencia lógica de la misma formación, hasta el punto de que las palabras con que Zúñiga define al perfecto intérprete de la Sagrada Escritura podrían ser rubricadas por fray Luis de León:

«Ille igitur legitimus atque perfectus Sacrarum Literarum interpres mihi videtur, qui hebraice atque graece optime sciat; linguam caldaicam non ignoret; qui sibi Vulgatam editionem ad explicandum proponet, quod caeteris latinis valde auctoritate praestet, tum Concilii Tridentini decreto, tum Ecclesiae totius consensu, quae hac in praecibus et in faciendis rebus divinis mysterisque celebrandis semper utitur, totque saeculis usa est. Cujus literalem germanamque sententiam ita in primis persequetur ut si quid non caldaici graecique hebraicique fontes afferant, notet et exponat. Tum si melius aliquis locus converti posse videatur aliam etiam versionem proponat, rationemque qua ductus ad ita vertendum fuerit vel ex contextu vel ex proprietate caldaici hebraici graecique sermonis docebit. Praeterea, quod maximam partem omnes sententias atque consilia quae ad informandos homines ad pietatem expectant, sive rationibus argumentisque in Sacris Literis saepe saepius traduntur nulla re magis explicari, suaderi et in hominum mentibus imprimi posse puto, quam si rationibus et argumentis petitis ex Metaphysica vel Ethica vel Theologia declarentur. Nam istae scientiae in primis ad eam rem sunt utilissimae vel exemplo illustrentur vel alio loco Sacrae Scripturae in eandem sententiam citato comprobentur»24.



La longitud de la cita se justifica por la importancia de la opinión de Zúñiga, que lejos de enredarse en las disquisiciones al uso acerca de los sentidos de la Escritura, nos propone directamente la forma práctica de construir un buen comentario bíblico. Fray Luis de León conocía sin duda este texto, que guardaba en su escritorio, como se demuestra por la insistencia con que pide a lo largo del proceso «unos cuadernillos que hay entre mis papeles, que son de fray Diego de Zúñiga y escriptos de su letra»25. Ignacio Aramburu considera que fray Luis solicita la obra de Zúñiga no para demostrar que es perjuro y falso, sino para mostrar «con el cuaderno en la mano la identidad de sus opiniones con las de Fray Diego»26. Las coincidencias entre ambos se producen, significativamente, en aquellos puntos en que estriba para Zúñiga la perfección del comentario: el conocimiento del hebreo y del griego, la explicación del sentido literal como punto de partida de la exégesis, en las ilustraciones del comentario con textos bíblicos o con argumentos de otras ciencias, en la formación moral del lector.

En otras ocasiones las coincidencias entre ambos vienen impuestas por la tradición comentarista y en particular por los Morales de San Gregorio. Es muy significativa en este sentido la coincidente interpretación de XIX, 25-26, ya que ambos agustinos recurren a la interpretación profética que a partir de la traducción de San Jerónimo declara Gregorio Magno en el libro XIV de sus Moralia:

«Ego illum post mortem vivere certa fide credo, libera voce profiteor quia Redemptor meus vivit qui inter impiorum manus occubuit»27.



«Quare non dubito, quin totus locus sit exponendus de illa, quam expectamus corporum resurrectione, ut a vulgato interprete exponitur».



«Sabe que ay redemtor, en que profesa y profetiza la venida de Christo y sus dos naturalezas humana y divina [...] que pone la postrera obra y el último effecto que en nuestro beneficio causa la venida de Christo, que es la resurrección de la carne a gloriosa y inmortal vida»28.



Sin embargo, por debajo de las coincidencias de método o de interpretación, del empleo de las mismas fuentes o de las mismas citas, algo absolutamente normal en la escritura de la época, fray Luis impone a su comentario una intención artística de la que carece el comentario de Diego de Zúñiga. Esta intencionalidad artística no es, por supuesto, gratuita, sino que está fundamentada en una finalidad ejemplar, evidente en las palabras introductorias a La perfecta casada, significativamente organizadas en forma de símil:

«Y así, conforme a lo que suelen hacer los que saben de pintura, y muestran algunas imágenes de excelente labor a los que no entienden tanto del arte, que les señalan lo lejos y lo que está pintado como cercano, y les declaran las luces y las sombras y la fuerza del escorzado, y con la destreza de las palabras hacen que lo que en la tabla parecía estar muerto, viva ya y casi bulla y se menee en los ojos de los que lo miran; ni más ni menos mi oficio, en esto que escribo, será presentar a Vmd. esta imagen que he dicho, labrada por Dios, y ponérsela delante la vista, y señalarle con las palabras como con el dedo, cuanto en mí fuere, sus hermosas figuras con todas sus perfecciones, y hacerle que vea claro lo que con grandísimo artificio el saber y mano de Dios puso en ella encubierto»29.



Se comenta por sí sola esta hermosa declaración de principios respecto a en qué consiste el oficio de declarar.

Si gran parte de la originalidad de la exégesis luisiana se fundamenta en el empleo del romance y en la traducción del texto bíblico, no debemos olvidar este principio de plasticidad, que va a cuajar en la Exposición del Libro de Job en una auténtica dramatización de la exégesis bíblica. Fray Luis consigue ajustarse al modelo de intérprete que proponía fray Diego de Zúñiga, pero en él, además, la exégesis se hace arte literario.





 
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