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ArribaAbajoRomance de Pérez Rosales


«No me pidáis que la fiesta
tenga orquesta de violines,
con músicas elegantes,
laudatorias y melindres.
Hablaremos un instante
de los ciudadanos libres
cuyo corazón enorme
formó el corazón de Chile.
De los que no combatieron
con espadas ni fusiles,
ni manejaron discursos
para que la chusma vibre,
ni regalaron promesas
que entre los vientos se escriben.
No me pidáis que la fiesta
tenga música difícil.
En mi guitarra chilena
se canta el romance firme,
montañés como los riscos,
como el agua fresco y simple,
melodioso y espontáneo
como la flor del copihue.
Bien haya mi petulancia
que es abierta y aborigen:
en este instante en que el aire
se llena de ambiguos límites
hay que levantar bandera
por las grandezas de Chile.
Digo el áspero romance
por aquel que se distingue
-Vicente Pérez Rosales-
creando una nueva estirpe,
forjador de un ritmo propio
que alcanza lo inverosímil,
pensamiento luminoso,
jamás turbado ni triste
para que ascienda el poema
más vigoroso de Chile.
No me pidáis que la fiesta
tenga otra sal ni otro tinte,
porque al chileno más grande
de las batallas civiles
lo recuerdan las estrellas
del sur celeste y posible,
la razón de los volcanes,
la voz primaria del lingue.
Vicente Pérez Rosales,
fraternos tonos viriles,
habló mano a mano entonces
con el puelche -dios terrible-
y con el alma cautiva
de la selva huraña y virgen.
Tomó entre sus manos fuertes
el paisaje irreductible,
y creó un paisaje nuevo
con alma y corazón libres.
Vicente Pérez Rosales,
amador de lo difícil,
conquistador generoso
sin espadas ni fusiles,
ni discursos, ni promesas
para que la chusma vibre,
vengo a saludar tu nombre
que es el romance de Chile!»




ArribaAbajoCensos de población

Uno de los primeros censos hechos con cuidado en la República fue el levantado en 1854, cuyos datos han sido suficientemente estudiados por la Dirección de Estadística.

El número de pobladores avecindados en la ciudad de Osorno era ese año bastante reducido, a causa de que mucha gente se había repartido en los campos del departamento y, mientras la ciudad contaba con sólo 981 habitantes, el departamento figuraba con 10.517.

Es interesante recordar algunos datos contenidos en ese censo que, en Osorno, fue dirigido por el regidor don Jorge Martel.

La población tenía 134 casas, 1 cuarto, 1 convento, 1 cuartel y cárcel, 1 iglesia, 6 ranchos y 2 quintas.

De los 981 pobladores, 555 eran hombres y 426 mujeres.

Sus ocupaciones eran las siguientes: 6 soldados, 4 vigilantes, 5 religiosos, 1 presbítero, 1 notario, 1 tinterillo, 1 preceptor, 1 partera, 24 comerciantes, 48 agricultores, 25 carpinteros, 4 herreros, 21 cocineras, 45 sirvientas y 47 lavanderas.

Sabían leer y escribir 222, y 759 eran totalmente analfabetos.

Por nacionalidades se clasificaban así: 879 chilenos, 2 españoles, 2 italianos, 97 alemanes y 1 peruano. 41 tenían imposibilidades físicas o morales.

El aumento de población en el resto del siglo XIX fue lento, pues los censos oficiales sucesivos dieron los siguientes resultados:

1865: 1.536 habitantes
1875:1.895 habitantes
1885:3.097 habitantes
1895:4.667 habitantes




ArribaAbajoServicios municipales

Durante la primera mitad del siglo XIX, no hemos encontrado en El Araucano datos relacionados con el movimiento de entradas y salidas de la Municipalidad de Osorno. Sólo comienzan a aparecer después del año 1850, es decir durante el período que comprende la III Parte de este trabajo. En la Municipalidad local tampoco podemos encontrar datos correspondientes a este tiempo, ya que todo el archivo se perdió en el incendio del 13 de enero de 1864.

Hasta este año el Presupuesto anual de la corporación edilicia fue, en términos medios, de $1.500, siendo el más bajo, dentro de este lapso, el de 1854, que sólo ascendió a $1.209.87 1/2.

Las entradas se produjeron en la siguiente forma:

Saldo del año anterior:$220.87 1/2.-
Intereses del capital a rédito: ($1.800) $360.-
Derechos del pasaje del río Trumag:$230.-
Ramo de chichas: $315.-
Arriendo de terrenos$60.-
Ramo de multas:$24.-
Total:$1.209.87 1/2.-

Esta suma se invirtió como sigue:

Sueldo al preceptor de primeras letras: $300.-
Sueldo de tres vigilantes:$192.-
Sueldo del alcalde de la cárcel: $120.-
Leña para el presidio: $15.-
Sueldo del escribiente municipal:$24.-
Fiesta del Santo titular (San Mateo):$50.-
Gastos de escritorio del juzgado de 1.ª Instancia:$6.-
Gastos de la Tesorería Municipal:$1.50
Arreglo de puentes:$25.-
Suscripción a El Diario de Valparaíso:$15.-
Mantenimiento del presidio:$400.-
Gastos extraordinarios:$21.81 1/2.-
Honorario del Tesorero:$29.56.-
Total: Igual:$1.209.87 1/2.-

Este presupuesto fue subiendo lentamente: pasó los $2.000 a contar del año 65; el 71 subió a 3.000; el 74 llegó a $5.186.30; en 1877, ascendió a $6.675.82; y, al comenzar 1881, era ya de $8.225. Finalizó el siglo con un total de $30.000.

Después del año 1865, junto con el Presupuesto general del Municipio, había uno especial para los gastos de Instrucción Primaria. Hasta el principio de los años nombrados, la Municipalidad había tenido que atender todo lo relacionado con el servicio escolar, incluso el pago de profesores; pero en lo sucesivo el Fisco aportó casi la totalidad de los fondos destinados a este objeto.

El Presupuesto de Instrucción Primaria del año 65 fue el siguiente:

ENTRADAS:

Suma con que contribuye el Tesoro Nacional:$2.424.-
Suma la Municipalidad:$300.-
Producto calculado de las mandas forzosas:$6.-
Producto de las ventas de libros:$50.-
Total: $2.780.-

SALIDAS:

Sueldo de 7 preceptores y 1 preceptora:$2.220.-
Para adquisición y reparaciones de muebles y útiles para las escuelas:$100.-
Costo del papel, plumas, tiza y tinta:$40.-
Para alquiler casa escuela N.º: 1 de hombres:$144.-
Para alquiler casa escuela N.º: 1 de mujeres: $144.-
Para gastos imprevistos:$132.-
Total:$2.780.-

Durante la mayor parte del tiempo que subsistió este presupuesto especial, su monto fue generalmente superior al municipal, lo que demuestra que en aquellos lejanos años la educación del pueblo fue una preocupación preferente del Estado y de la Municipalidad. En dicho presupuesto figuraron también asignaciones anuales para las escuelas misionales de Tralmahue, Quilacahuín y San Juan de la Costa, las cuales recibían 62 1/2 centavos por cada alumno (Dcto. de 27 de mayo de 1868).

Con respecto al Presupuesto Municipal, y más o menos hasta 1880, las principales entradas fueron: la asignación fiscal para el mantenimiento del presidio, la contribución de serenos, el impuesto de carnes muertas, contribución a la producción de chicha de manzana, peajes, multas y arriendo de terrenos.

La Municipalidad pagaba sueldo al escribiente municipal, que lo era al mismo tiempo de la Gobernación, a los serenos, al Alcaide de la cárcel y al Tesorero y Procurador municipales. Invertía el resto en arreglo de calles y caminos, diferencia de costo del mantenimiento del presidio, y otros gastos menudos.

Durante muchos años figuró en el detalle de salidas la celebración del día de San Mateo, Patrono de la ciudad, festejos que, además de misas y procesiones, comprendían entretenimientos populares. Este ítem que en un principio fue de $50, comenzó a reducirse paulatinamente, hasta que desapareció del todo en 1872.

En cambio, desde el año 1865 comenzó a celebrarse, a expensas municipales, el aniversario «de la patria», para lo cual se destinaban $25, cantidad que fue creciendo a medida que disminuía la de San Mateo.

Desde 1869, y en conformidad al Decreto de 29 de abril del año anterior, el Municipio recibió una asignación fiscal de $200, que después fue aumentada, como auxilio para el mantenimiento de la policía, la que desde el mismo año se dio el lujo de contar con un sargento, un cabo, tres serenos y un vigilante a caballo.

El Decreto de 15 de septiembre de 1870 asigna a la Municipalidad osornina una suma relativamente crecida, de $1.300.82, aparte del auxilio que hemos mencionado más arriba, bajo el rubro de «dotación fiscal para el sostenimiento del cuerpo de policía». Con esto la ciudad pudo tener su primer Comandante de Policía en 1871, funcionario que ganaba $300 de sueldo anula. El cuerpo de sargentos y cabos, cuatro individuos, tuvo caballos para el mejor desempeño de sus funciones, y el número de guardianes se elevó a 13, aumentando a 21 en 1874.

Como cada nueva entrada daba motivo para un nuevo adelanto local, tuvimos el año 74 alumbrada por modestos faroles la Plaza de Armas. Este adelanto, entusiasmó a los osorninos, los que desearon alumbrado público para toda la población, deseo que se realizó el año 76, mediante una contribución que produjo una entrada de $300.

Cincuenta faroles, que ocasionaban un gasto de $15 anuales cada uno, vinieron a quitar algo de la oscuridad absoluta que había reinado hasta entonces en las desiertas calles.

Esta primera instalación de alumbrado público de Osorno costó $800, y en un principio la Municipalidad sólo costeó el consumo de cinco faroles, pues los restantes se servían a expensas de los moradores de las casas ubicadas en las esquinas donde estaban colocados.

Y así, modestamente, sin las comodidades de la vida del presente siglo, pasó la segunda mitad del pasado el sencillo pueblo de Osorno.

Entre los alcaldes y regidores más destacados de este período debemos mencionar a los señores Felipe Angulo, José Vicente Flores, Francisco Montecinos, Saturnino Barril, Samuel Burgos, Germán Bueno y Andrés Querubín Rosas.




ArribaAbajoLas primeras ordenanzas. Contribuciones

Durante muchos años los osorninos, no supieron lo que era pagar contribuciones. El primer Reglamento que impuso tributos fue el de Serenos, y que se dictó con fecha 16 de marzo de 1857, en conformidad a la Ley de 23 de octubre de 1835.

El artículo 1.º de dicho Reglamento decía:

«La contribución de serenos grava las casas, edificios públicos, establecimientos de comercio, de artes y oficios, fábricas, despachos de licores y de cualquiera otra especie que se hallen dentro de la población».



El Decreto de 21 de octubre de 1864, del Ministerio del Interior, aprobó la Ordenanza acordada por la Municipalidad de Osorno para determinar los derechos que debían pagarse en las pasadas establecidas en los ríos Rahue y Pilmaiquén, en la parte que correspondía a la comuna.

Esa Ordenanza dividía el año en dos períodos: uno desde el 1.º de octubre al 31 de marzo; y el otro, desde el 1º de abril al 30 de septiembre.

A título de curiosidad vamos a reproducir las tarifas que ella establecía:

1.ª temp.2.ª temp.
Por cada persona mayor de 5 años: 2 cent.3 cent.
Por cada caballo o mula, sin fueren amarrados a la embarcación:1 cent.2 cent.
Por cada carga, entendiéndose por tal la de una mula: 3 cent.4 cent.
Por cada animal vacuno de un año de edad, o menor:1 1/2 cent.2 cent.
Íd. de más de un año de edad: 2 cent. 3 cent.
Por un cerdo grande:1 cent.2 cent.
Por un cerdo lechón:1/2 cent.1 cent.
Por cada cabeza de ganado lanar o cabrío:1/2 cent. ---
Por cada ciento de tablas de alerce: 12 cent.16 cent.
Si las tablas son de laurel: 16 cent. 20 cent.
De roble pellín: 14 cent.18 cent.
Por cada rastra de leña:1 cent. 1 1/2 cent.

No pagaban derechos: los pertrechos de guerra, correos, postillones, tropas del Ejército, su equipaje, y empleados públicos que se dirigieran a desempeñar sus empleos.

Otra de las contribuciones que debían pagar los osorninos, y que se fijó en sesión municipal de 26 de agosto de 1864, fue la que se impuso a los dueños de vacas que fueron tenidas dentro del radio urbano: 12 1/2centavos al mes, si se tenía una, y 25 centavos más por cada una de exceso.

Con fecha 30 de agosto de 1865 se dictó el Reglamento que imponía una contribución de alumbrado público, que gravaba, según decía textualmente, «los edificios públicos y privados de cualquiera clase que sean, las oficinas, establecimientos de artes y oficios de cualquiera especie que se hallaren dentro de los límites custodiados por la policía de seguridad».

La contribución se establecía sobre el canon calculado de arriendo anual de cada edificio, y se dividía en cuatro categorías:

1.º: Propiedades cuyo arriendo no bajara de $200, incluyendo también las iglesias, cuarteles, las tiendas de primer orden, las boticas y cafés.

2.º: Propiedades cuyo arriendo no llegara a $200 ni bajara de $150. Agregaba: mesas de billar que hubiese independientes de los cafés y fondas, las herrerías, las carpinterías, panaderías y tiendas de segundo orden.

3.º: Las casas cuyo arriendo no llegara a $150 ni bajara de $100, las tiendas de tercer orden, los bodegones, picanterías, fondas y sastrerías.

4.º: Casas cuyo arriendo fuera de 30 a $100, las tiendas de último orden, las platerías, jabonerías, cigarrerías, zapaterías, dulcerías y canchas de bola.

El impuesto mensual que pagaban estas cuatro categorías, respectivamente, era de 75, 50, 30 y 15 centavos.

En sesión municipal de 14 de julio de 1866 se aprobó la Ordenanza sobre cobro de derechos municipales relacionados con las plazas de abasto, ramo denominado también de tendales o puestos sueltos, y depósito de animales.

El Decreto de 26 de enero de 1872 aprueba la Ordenanza que prescribe el cierre de los sitios eriazos de la ciudad, dentro de los límites que el mismo Decreto indica.

Los sitios debían ser cerrados «con cercas de maderas labradas o aserradas, o con una estacada clavada y uniforme, debiendo tener estos cierros por lo menos dos metros de altura y ser conservados en perfecto estado».

Esta misma Ordenanza prohibió la construcción de ranchos con techo de paja, y las casas que se encontrara con este material no podrían ser renovadas con él.

En 1875, y en conformidad al Decreto de 19 de mayo del año anterior, se comenzó a percibir el impuesto por patentes de carretas, que ese año rindió $100. Hablamos sólo de carretas, porque no había carruajes de otra especie.

Pagaban $4 las que tuvieran ruedas de rayo, $2 las de trozos de madera, y $1 las que sólo consistían en un eje con dos ruedas, y que servían para conducir rastra de leña y maderas de construcción.

El Decreto Supremo de fecha 22 de febrero del mismo año 1875 aprobó la tarifa acordada por la Municipalidad de Osorno para el cobro de los derechos de pontazgo en el puente N.º: 1 de Damas. Se designaba con este número el que se encuentra en la parte NO. de la ciudad y próximo al actual puente de San Pedro.

La tarifa era la siguiente:

12 centavos por cada coche o carretón de cuatro ruedas que llevara pasajeros o carga, y la mitad si iba vacío.

5 centavos por cada birlocho o carreta de dos ruedas cargados. Vacíos, la mitad;

1 centavo por cada animal vacuno, caballar o mular, sin tomar en consideración jinete, montura, aparejo o carga;

1/2 centavo por cabeza de lanares, cabríos o cerdos.

No pagaban impuesto los pasajeros a pie y funcionarios públicos en servicio.

Algunos años más tarde, en 1880, y con motivo de la reciente construcción de edificio para matadero, se estableció el pago de un derecho de $0.30 por cada 100 kilos de peso bruto de los animales, no pudiendo venderse a la población sino la carne beneficiada en el Matadero Municipal.

El mismo año 1880, y desde el 1º de enero, cesaron las contribuciones de serenos y alumbrado, fijadas por Decretos Supremos de 16 de marzo de 1857 y 23 de agosto de 1865, respectivamente, y, en su reemplazo, se cobró la «Contribución de Policía Local de Osorno».

Esta es una breve relación de los pagos que, en los primeros tiempos, efectuaron los habitantes de la ciudad por servicios de uso público.




ArribaAbajoServicios fiscales

Aparte de la Gobernación departamental, el Correo fue el primer servicio fiscal que tuvo la ciudad de Osorno.

Las dificultades en las comunicaciones terrestres con Valdivia, sobre todo en el invierno, y la escasez de correspondencia conducida, hicieron que los viajes de los postillones se efectuaran con poca frecuencia.

El movimiento de correspondencia en 1859, por ejemplo, fue de 922 cartas recibidas, 1013 enviadas y un paquete de muestras.

A fin de encontrar individuos que sirvieran de correos, se les eximía de la prestación de servicios en la milicia cívica.

El correo de Valdivia a Osorno hacía escalas en Chamil, La Unión y Trumag.

Ya en 1892 había un itinerario de llegadas y salidas más o menos regular: el correo de Valdivia llegaba los martes y sábados a las 10 a. m. y partía para el mismo lugar los miércoles y domingos a igual hora.

Llegaba correspondencia de Puerto Montt los días 3, 4, 12, 19 y 27 de cada mes, a las 11 a. m., y salía de Osorno al sur los días 3, 4, 22 y 29 a las 9 a. m.

En la oficina de correos de Osorno el reparto de la correspondencia se hizo durante muchos años en alta voz, inmediatamente después de la llegada de los postillones, costumbre que duró hasta el año 1888 en que, a iniciativa del Banco Nacional de Chile, recién establecido en la ciudad, se colocaron casillas por suscripción particular.

La llegada del tren vino a mejorar enormemente el servicio de correos.

Al hablar de los Presupuestos Municipales, hemos visto que esa Corporación costeó el servicio policial durante muchos años, el que se mejoró notablemente a partir de 1873, en que comenzó a recibir una ayuda fiscal.

Era tan difícil encontrar gente que se concretara al cumplimiento más o menos correcto de las delicadas funciones de policial, que, en sesión municipal de 8 de febrero de 1873, se acordó retener $1 mensual a cada soldado de policía, a fin de darlo como gratificación a fin de año, siempre que hubiera cumplido satisfactoriamente sus labores. Hay que advertir que, en esa época, cada soldado policial ganaba $10 mensuales.

Desde el 1.º de enero de 1888 se separó el servicio de la policía urbana del de la guardia de cárcel, disolviéndose, al efecto, el llamado Cuerpo de la Guardia Municipal. Esta determinación, tomada en sesión municipal de 21 de agosto de 1887, fue aprobada por Decreto Supremo de fecha 10 de septiembre del mismo año.

En 1888, y por Decreto de 30 de abril, se dispuso que los gastos de mantenimiento de las cárceles corrieran por cuenta del Estado, lo que vino a aliviar visiblemente el Presupuesto Municipal.

Finalmente, en 1896, la Ley de 12 de febrero dispuso que las policías que funcionaran en las cabeceras departamentales entregaran su dirección al Ejecutivo, quien correría con los gastos de su mantenimiento, disposición que rigió a contar del 1.º de septiembre.

Esta transformación del servicio, que hizo alarde de modernización, se manifestó en Osorno en forma material con la instalación en la Plaza, frente a la Gobernación, de una columna que sustentaba una campana de alarma.

La oficina del Registro Civil de Osorno comenzó a funcionar el 1.º de enero de 1885, en conformidad a la Ley que creó este servicio, y que rigió en toda la República desde igual fecha. Esta oficina fue atendida desde su apertura, y por más de treinta años, por don Mateo Robles Burgos.

La Ley de 22 de diciembre de 1875 creó las Tesorerías provinciales y departamentales. En conformidad a ella, se abrió la oficina de Osorno, servida por un Tesorero fiscal, un oficial interventor y guarda-almacenes y un portero.

Finalmente, el Juzgado de Letras, tan insistentemente solicitado durante muchos años por el pueblo y autoridades, fue creado a mediados de 1886.

Lo relacionado con el Telégrafo y Ferrocarril lo hemos dejado para el capítulo que trata de acontecimientos trascendentales de la ciudad.

Entre los Gobernadores de la segunda mitad del siglo pasado, cuya lista completa figura en el Apéndice de este trabajo, cabe destacar la personalidad de don Carlos Guillermo Fuschlocher, que con un tino y capacidad notables dirigió los destinos del departamento de Osorno desde fines de 1870 hasta septiembre de 1889.




ArribaAbajoUrbanización. Edificación. Ornato. Progresos urbanos

El plano de Osorno no tuvo, hasta 1900, gran diferencia con el que sirvió de base para la repoblación de la ciudad en 1796. Y esto se explica: pasaron muchos años antes que las manzanas se hicieran insuficientes para contener el número de viviendas necesarias, de acuerdo con la población.

Pero hay algo relacionado con el plano de Osorno que no nos hemos podido explicar, y sobre lo cual no hemos encontrado el menor detalle en los documentos antiguos relacionados con la repoblación de la ciudad.

Nos referimos al porqué las manzanas que, en el plano que sirvió de base a la reconstrucción, tienen todos sus ángulos rectos, en las actuales los tienen agudos y obtusos. Creemos que esta diferencia no puede haberse producido intencionalmente. Tal vez los repobladores hicieron primero el trazado de la Plaza con error en los ángulos y las prolongaciones de líneas extendieron dicha diferencia a toda la planta de la ciudad.

Comparando el plano del Osorno antiguo, que se tuvo a la mano al tiempo de la repoblación, y que insertamos en la Parte destinada a la antigua ciudad, con el de fines del siglo pasado, veremos que la población sufrió un ensanche sólo en los terrenos del ángulo formado por los ríos Rahue y Damas.

Los deslindes de la ciudad coinciden con los fijados en sesión municipal de 19 de marzo de 1865, que determinó los límites urbanos en la siguiente forma: norte, el río Damas; oriente, estero de la Pampa del Huaso; sur, calle Pinuer (hoy Manuel Rodríguez); y poniente, el río Rahue.

En los comienzos de la segunda mitad del siglo pasado, las calles ya tenían nombres, pero no hemos encontrado el Decreto que se los asignara. Esta denominación ha sido posterior al año 1846 en que, según dice una de las Memorias, del Intendente Sanfuentes, ninguna de las calles de Osorno tenía nombre.

En 1886, el Decreto Supremo de 21 de agosto aprobó la Ordenanza municipal redactada por la Corporación en sesión del 12 de noviembre del año 83. En su parte esencial disponía lo siguiente:

«Todas las calles de la ciudad de Osorno conservarán los nombres bajo los cuales son conocidas actualmente».



Ordenó, al mismo tiempo, la numeración de las casas, y la infracción de este mandato de penó con multa de $0.40 a $1, o un día de prisión.

Los terrenos que rodeaban la ciudad se denominaban Pampas: la de la Curtiembre, primitiva cancha de carreras, estaba próxima al ángulo formado por el Rahue y El Damas, terrenos que, en 1872, fueron vendidos por el Municipio a don Fernando Mathei; al lado oriente se encontraba la Pampa del Huaso; y al sur, más allá de la calle Pinuer, o del Foso, la Pampa de la Conrada.

Con respecto al arreglo de las calles, la primera en ser acondicionada en forma más o menos regular fue la actual calle Mackenna, que comunicaba el Fuerte con la Plaza.

Desde 1866 se comenzó a efectuar, poco a poco, la empinadura y arreglo de las calzadas «por el sistema convexo», y la colocación de soleras al borde de las aceras.

En 1887 se hizo un arreglo de consideración en las calles de la ciudad de Osorno. Fueron enripiadas más de diez cuadras de calzada y se les colocaron soleras de pellín. Hubo necesidad de mover, en terraplenes y nivelaciones, más de tres mil metros cúbicos de tierra.

A pesar de las medidas dictadas desde los tiempos de Mackenna para que los habitantes construyeran casas más o menos confortables, se mantuvieron durante mucho tiempo dentro del recinto urbano viviendas con techo de paja, lo que se acordó prohibir terminantemente en sesión municipal de 26 de agosto de 1864. Sin embargo, sólo en 1872, y en sesión de 19 de febrero, se aprobó la primera Ordenanza sobre construcción de edificios.

La Ordenanza aprobada por Decreto de 26 de enero de ese mismo año, impuso el cierre de los sitios eriazos y reiteró lo ordenado anteriormente con respecto a los techos de las casas.

Luego después del lamentable incendio del edificio de la Gobernación y Municipalidad, ocurrido el 13 de enero de 1864, y en que se quemaron, según nota del Intendente de Llanquihue, fechada el 22 de enero, «el archivo, juzgado, la cárcel, la sala de armas y varios departamentos particulares», se pensó en iniciar, lo antes posible, la construcción de un nuevo edificio. Mientras tanto, los servicios más indispensables funcionaron en dos modestas piezas arrendadas por un canon mensual de $8.

En 1865, y según lo expone en su Memoria anual la primera autoridad del departamento, se construyó una casa para la Gobernación, con todas las comodidades necesarias para las diversas oficinas. El Fisco contribuyó para la realización de las obras con $1.800, «la Municipalidad con otra suma de alguna consideración».

Para la reconstrucción de la cárcel se recibió un auxilio fiscal de $1.500, aportando el resto el vecindario.

En 1874 se construyó, por cuenta municipal, un cómodo, adecuado y sólido edificio de dos pisos, con un costo de $4.500, buena suma para aquellos tiempos.

La Memoria de 31 de marzo de 1875, presentada por el Gobernador, don Carlos Guillermo Fuchslocher, de la cual hemos tomado los datos anteriores, finalizaba con el siguiente párrafo:

«Antes de terminar, me es sumamente satisfactorio manifestar a U. S. que desde cerca de dos años ha, se nota un desarrollo muy favorable en todos los ramos del comercio, de la industria y de la agricultura, un progreso general en todo sentido, que prueba indisputablemente el bienestar de que disfrutan los laboriosos habitantes de este departamento».



Contribuyó a aumentar esta holgura la Ley de 24 de agosto de 1876, que concedió a las Municipalidades del sur el usufructo de los terrenos fiscales durante 15 años.

El mismo año 76 la navegación de los ríos osorninos tuvo un apreciable progreso, con la llegada a Osorno, el 16 de diciembre, del primer barco a vapor, perteneciente a la Compañía Industrial de Valdivia, al cual la Municipalidad otorgó un sitio especial para sus recaladas.

En 1893 el río Rahue era navegado por los vapores Rahue, Río Negro, Damas, Osorno y Río Bueno, los que, alternándose, atracaban diariamente al oeste de la ciudad, en su límite urbano.

El Decreto de 4 de octubre de 1894 declaró legalmente instalada la «Empresa de Navegación Osorno», y cuyos objetivos fueron los de efectuar la navegación de los ríos Bueno, Rahue y Negro con carga, pasajeros y remolques. Fue ésta una sociedad anónima en que participaron muchos industriales y agricultores, que suscribieron las 100 primeras acciones, que valían $500 cada una.

El crecimiento de la ciudad, y la multiplicación de sus actividades, sobre todo agrícolas, hizo necesaria la construcción de varios puentes. Así, en 1866 ya había tres sobre el río Damas, siendo el último construido el de Chuyaca. También se comenzó la construcción de uno que uniera la ciudad con el sector de Ovejería, el que quedó terminado en 1869.

Además del puente N.º: 1 de Damas, que existió desde los tiempos mismos de la repoblación, el del río Rahue, llamado también San Pedro, vino a llenar una sentida necesidad de los habitantes, no sólo a los de los campos, sino a los de la población Rahue, que comenzaba a tomar mayor desarrollo.

Este puente fue inaugurado con toda solemnidad el domingo 26 de enero de 1883, y su construcción estuvo a cargo del señor Pedro Johnson, unido en sociedad con don Ricardo Halberg, de Antofagasta el primero y de Osorno el último.

Su costo total ascendió a la suma de $11.002 y se emplearon diez meses en su construcción.

La inauguración constituyó un motivo de júbilo para los osorninos. Intervino en la bendición de la obra el presbítero don José Antonio Concha y hablaron durante la ceremonia don José Toribio Adriazola, que fue uno de los padrinos, y don Ricardo Piwonka.

En 1892 el puente San Pedro se encontraba en mal estado, haciéndose necesaria su reconstrucción, la que fue ejecutada por el mismo señor Johnson, contratista del anterior.

Este puente logró resistir providencialmente la gran avenida de los ríos Rahue y Damas, producida el 9 de julio de 1899, y que arrastró todos los otros puentes vecinos a la ciudad. Sin embargo, hubo que reconstruirlo nuevamente en los primeros años del presente siglo.

Otro trabajo importante efectuado entre los años 1850 y 1900, fue la construcción de un edificio destinado a Matadero, el que quedó instalado en la margen derecha del estero de Ovejería. La Municipalidad acordó la realización de esta obra en sesión de 12 de octubre de 1878.

Anteriormente la casa de abastos y matadero estuvo situada a orillas del Damas y tenía al oriente la calle O'Higgins. Este local fue puesto en remate a mediados de 1874.

El primer mercado o «recoba» fue instalado en 1866 por don Juan Damm, quien ofreció construir un edificio con ese objeto, sin costo para el Municipio, siempre que se le dieran todas las entradas durante un período de tres años, pasados los cuales el establecimiento pasaría a poder de la Municipalidad.

En febrero de 1894 se acordó establecer el Mercado Municipal en el edificio de propiedad de la Corporación ubicado en calle O'Higgins, desahuciando el arrendamiento de las escuelas que ahí funcionaban.

Con respecto al ornato de la ciudad, y comenzando por su Plaza, diremos que fue curioso el primer arreglo que en ella hicieron los osorninos: construyeron en 1865, en el centro del paseo, una imponente y monumental pirámide de 19 metros de altura que, en su base, medía 4.70 metros. Debajo de ella se hizo un pozo de ocho metros de profundidad, que llenó dos objetos: proporcionar el agua necesaria para el riego del jardín que se formó alrededor de la pirámide, y suministrarla también a las bombas, en caso de incendio. Para formar el jardín hubo necesidad de poner 480 metros cúbicos de tierra sobre el nivel de la Plaza.

Doce años más tarde este modesto monumento, que no sabemos qué quiso simbolizar, se encontraba en tal estado de ruina, que la Municipalidad, en sesión de 30 de julio de 1877, acordó su demolición.

En 1875 se continuó el arreglo de la Plaza: se acomodaron las cuatro veredas laterales y se plantaron los primeros árboles y, para proteger todas estas mejoras, se optó por cerrar el paseo.

Los arbolitos recién colocados, según declaración del gobernador Fuchslocher, tuvieron los enemigos de siempre: gente poco culta que los destruía, y aun hubo regidores que se opusieron a este hermoseamiento local.

En 1869 ya se había procedido a regularizar y cerrar la Plazuela de San Francisco.

Los primeros escaños, colocados por cuenta de algunos vecinos, se instalaron en la Plaza en 1874, junto con emprenderse otras obras de mejoramiento en este paseo.

Estos trabajos de hermoseamiento terminaron en 1887, en que se enripiaron cinco avenidas diagonales, se colocaron 636 varas lineales de verja de madera de roble pellín para encerrar cuatro jardines en el centro de la Plaza. Se hizo la plantación de más de cien árboles nuevos y se intensificó el alumbrado, colocando, además de los faroles con quemadores planos, los que tenían el sistema llamado Duplex.

Para completar este cuadro de hermoseamiento fueron instalados en el principal paseo cuatro grandes jarrones ornamentales sobre sus respectivos pedestales.

Por último, a fines de diciembre de 1888, se aprueban en sesión municipal los planos para la construcción del primer kiosco que tuvo la Plaza.

Sin embargo, he aquí un dato curioso: en sesión de 27 de marzo de 1896 se tomó el acuerdo de prohibir soltar animales en la Plaza de Osorno...

Por supuesto que todos estos progresos en el ornato hicieron indispensable la designación de empleados municipales que los mantuvieran, y es así como a contar del 1º de enero de 1884 se creó el cargo de mayordomo de los trabajos públicos, y a principios de 1887 el servicio de Policía de Aseo, que comenzó modestamente, desarrollando sus labores con dos carretas.

Con respecto al alumbrado público, ya hemos dicho en el capítulo relacionado con los servicios municipales, que se inauguró en septiembre de 1874, con 15 sencillos faroles a parafina que se colocaron en la parte más central de la ciudad, número que en corto plazo se elevó a 50, y que estaban colocados a una cuadra de distancia uno de otro. En 1887 se aumentó el número a 66, lo que permitió tenerlos, al menos en la parte central, a distancia de media cuadra.

Y para completar el cuadro de una pequeña ciudad con ciertas comodidades, reproducimos la noticia que daba el periódico El Damasel 12 de noviembre de 1892:

«Coche del servicio público.- Hay uno por primera vez en Osorno al servicio del que lo desee ocupar. Durante los últimos tres días ha sido buscado con mucho interés: no ha tenido un momento de descanso».






ArribaAbajoEducación

En 1850, a pesar de haber en la provincia de Valdivia 4.619 niños en edad de recibir instrucción, sólo asistían a las 15 escuelas que funcionaban 551 alumnos, de los cuales casi la totalidad (508) eran hombres, quedando, en consecuencia, para las niñas el pequeño saldo de 43.

La población total de la provincia era de 23.098 habitantes.

Las 15 escuelas eran atendidas por 15 maestros y 2 ayudantes.

En la provincia había, además, dos escuelas municipales de hombres, en Valdivia y Osorno, con un total de 63 alumnos. No había colegios particulares ni conventuales.

Por estos datos estadísticos podremos formarnos una idea del atraso de la educación en la época mencionada.

En 1865 ya tenemos en la sola ciudad de Osorno una matrícula de 359 niños.

Hasta 1855 no hubo en la ciudad una escuela fiscal de mujeres, y, a instancias del Gobernador, don Francisco Montecinos, se dictó el Decreto Supremo que vino a llenar esta sentida necesidad.

Por tratarse de un documento de trascendencia en la educación del pueblo, lo reproducimos íntegro:

«Santiago, mayo 19 de 1855.

Con lo expuesto en la nota precedente y en la adjunta del Gobernador de Osorno; y considerando que la población de dicha ciudad exige el establecimiento de una escuela para mujeres, he venido en acordar y decreto:

1.º: Establécese en la ciudad de Osorno una escuela para mujeres, en la cual se enseñarán gratuitamente los ramos siguientes: lectura, escritura, catecismo, aritmética, costura y bordado.

2.º: Autorízase al Intendente de Valdivia para que nombre, dando cuenta, una preceptora idónea, que desempeñe la indicada escuela con el sueldo de doscientos diez y seis pesos anuales.

3.º: Concédese la asignación de cuarenta y ocho pesos anuales para arriendo del local en que funcione la referida escuela.

4.º: Entréguese por la oficina de hacienda respectiva a la preceptora que se nombrase, la cantidad de cincuenta pesos, para que provea a la escuela mencionada de los útiles necesarios rindiendo la correspondiente cuenta.

5.º: Impútense las cantidades decretadas a la partida 56 del presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública.

Refréndese, tómese razón y comuníquese.

Montt.- Francisco Javier Ovalle».



Preceptora de la escuela recién creada fue nombrada doña Juana Calange, que renunció el cargo a fines de año, siendo reemplazada interinamente por doña Andrea García.

La iniciativa particular dio forma, en 1854, a una obra que nacida modesta, fue agrandándose considerablemente con el transcurso de los años: la creación del Instituto Alemán de Osorno, colegio que hoy honra a la educación particular del país, y por cuyas aulas han pasado muchas generaciones que han contribuido a la grandeza de la zona y de la nación entera.

Fue fundado el 22 de enero del año mencionado. Es el colegio de origen germánico más antiguo de Chile y el segundo fundado en la América del Sur.

Con respecto a sus creadores y al homenaje que se les ha rendido posteriormente, vamos a reproducir la leyenda íntegra de una artística placa de bronce colocada en el Instituto, en que se recuerda sus nombres:

«COMO RECUERDO DEL PASADO, COMO GRATITUD PARA EL PRESENTE, COMO EJEMPLO PARA EL PORVENIR:

Jorge AubelRicardo Streibelein
Conrado AubelConrado Amthauer
Germán HubeAugusto Klickmann
Pablo StoeltzinDaniel Prüssing
Justo H. GeisseLorenzo Hollstein
Santiago StolzenbachConrado Bachmann
Justo SchülerEduardo Buschmann
Juan I deAntonio Kutscher
Simón Lorentz Federico Otto Knoop
Carlos AndlerErnesto Ewertz
Federico NeumeisterEnrique Kraemer
Guillermo SchmidtFederico Geisse
Francisco HerrguthAugusto Schulz
Carlos FreudeGuillermo Leimbach
Juan SiebertAna María Hott
Enrique ZiebrechtCarlos Ochsenius
Santiago Sandrock Rodolfo Lehmann
Carlos NoelkeComandante Bueno
Gedeón Schwarzenberg.

En el 75.º aniversario del Instituto Alemán de Osorno, en recuerdo de sus fundadores.

1854

22 de enero de 1929».

El primer profesor de este colegio fue don Carlos Herbeck que cumplió en este plantel de educación su apostolado durante 30 años, hasta el 1.º de enero de 1884.

En 1885, y por Decreto Supremo de 23 de mayo, se concedió al Director del Colegio Alemán una subvención anual de $144.10 que significó una ayuda fiscal de $12 mensuales, que se agregó a los $0.40 mensuales que pagaba cada alumno. El Instituto desarrolló sus labores, durante su primer año de vida, con una matrícula de 30 niños.

En 1874 se inició la construcción de un cómodo edificio situado frente a la Plaza, del cual dijimos algo en el capítulo relacionado con la edificación y progresos locales. Esta casa comenzó a prestar sus servicios en 1875.

El 19 de julio de 1878 el Gobierno concedió la personalidad jurídica al Instituto Alemán de Osorno.

En este capítulo sólo nos referiremos a los comienzos de este colegio, dejando para la última parte de este trabajo lo relacionado con sus progresos posteriores.

Antes de la creación del Instituto Alemán mantuvo un pequeño colegio particular para la educación de los hijos de los ciudadanos alemanes el profesor don Maximiliano Günther.

Otros colegios privados que funcionaron durante el período de 1850 a 1900 fueron el de don Ernesto Bergk, abierto en 1876, y el de don Francisco Bohle, cura párroco, que funcionó después de 1890. Este último, llamado «Colegio Osorno», tenía cursos de 1º y 2º años de Humanidades y de teneduría de libros.

En medio de la ignorancia general de comienzos de la segunda mitad del siglo, brilló como una estrella de primera magnitud un verdadero sabio, cuyas lecciones deben haber entusiasmado poderosamente a la juventud de aquellos tiempos a adquirir cultura. Nos referimos al profesor alemán don José Roehner.

Don Domingo Amunátegui Solar, en su obra Recuerdos del Instituto Nacional, página 86, dice de él:

«Don José Roehner, alemán. Llegó a Chile como profesor privado de la familia Bischhoffhaussen, que residía en Valparaíso. De allí se trasladó con sus alumnos a una hacienda cerca de Osorno, y más tarde, contratado por otra familia alemana, a Valparaíso. Fue profesor en 1869 de la Escuela Alemana de Santiago y del Instituto Nacional, donde enseñó alemán, y en seguida inglés y griego. Dirigió asimismo en 1876 la Academia Literaria del último establecimiento».



«El sabio Roehner» fue también profesor fundador del Liceo de Hombres de Valdivia, en 1845.

En 1860, y por Decreto de fecha 4 de diciembre, se nombró preceptor de Osorno a uno de los primeros egresados de la Escuela Normal de Santiago: don Luis Alvarado. Así comenzó a repartirse por toda la República la semilla preparada por el gran don Domingo Faustino Sarmiento.

El Gobierno, deseoso de difundir la cultura aún en los centros más alejados, brindó a Osorno con una Biblioteca Popular, en 1856.

El texto de ese Decreto era el siguiente:

«Santiago, julio 31 de 1856.

Con lo expuesto en la nota que precede,

He venido en acordar y decreto:

1.º: Procédase por el Intendente de Valdivia a establecer la Biblioteca Popular de Osorno, con los libros contenidos en la adjunta lista, que se pondrán inmediatamente a disposición del público, bajo las condiciones que se expresan en el respectivo reglamento.

2.º: Nómbrase bibliotecario de la mencionada Biblioteca al preceptor don Manuel Antonio Barrientos, quien deberá rendir antes de entrar en funciones la fianza de que habla el Art. 30 del Decreto de 16 de enero último.

3.º: Abónese al bibliotecario nombrado, desde que principie a prestar sus servicios, un sobresueldo de cien pesos anuales, que se imputará a la partida 56 del presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública.

4.º: Fíjese en un lugar visible del local de la Biblioteca Popular una copia del Decreto de 16 de enero del presente año.

Tómese razón y comuníquese.

MONTT.- Francisco Javier Ovalle».



El Decreto de 16 de enero se refería al establecimiento de bibliotecas populares anexas a las escuelas en los lugares que el Presidente de la República ordenara, y estableció también que la Municipalidad nombraría de su seno un Director de Biblioteca, que velara por la conservación e incremento de ella.

Algunos años después, el Decreto de 27 de septiembre de 1867 instaló bibliotecas populares en las Gobernaciones, a cargo del oficial de esas reparticiones y con un sobresuelo de $60 anuales.

En 1871 las escuelas primarias del departamento de Osorno estaban distribuidas en la siguiente forma:

1.er Distrito, Osorno.- Escuelas 2, 3 y 4 de hombres y 1 de niñas.

2.do Distrito, La Costa.- Escuela N.º: 5.

3.er Distrito, Quilacahuín.- Escuela N.º: 6.

4.to Distrito, Roble.- Escuela N.º: 7.

5.to Distrito, San Pablo.- Escuela N.º: 8.

En el mismo año la Municipalidad nombró, en sesión del 15 de octubre, un Comisario de Instrucción Primaria para el departamento.

En 1887 la distribución era la siguiente:

Superior de HombresOsorno
Elemental N.º: 1Osorno
Elemental N.º: 2 San Pablo
Elemental N.º: 3Quilacahuín
Elemental N.º: 4La Costa

Elemental mujeres N.º: 1Osorno
Mixta N.º: 1Las Quemas
Mixta N.º: 2Rahue
Mixta N.º: 3Chacayal
Mixta N.º: 4Colhue
Mixta N.º: 5San Pablo
Mixta N.º: 6Dollinco
Mixta N.º: 7Riachuelo
Mixta N.º: 8Osorno

Además de estas escuelas, existía en Osorno la del Hospicio de San Francisco, a la que asistían poco más de 60 alumnos.

El mismo año 87 la matrícula de alumnos, en el departamento, era la siguiente:

ESCUELAS PÚBLICAS FISCALES:

575 hombres y 301 mujeresTotal: 876

ESCUELAS PARTICULARES:

146 hombres y 79 mujeresTotal: 225
721 hombres 380 mujeresTotal: 1.101

La escuela superior de hombres de Osorno fue creada por Decreto de 13 de marzo de 1886; y la de niñas, el 30 de enero de 1893.

Con respecto a la edificación escolar, es grato dejar constancia de que la Municipalidad de Osorno se esmeró por dotar a los colegios de casas adecuadas a sus funciones. Así, encontramos que, en sesión de 7 de diciembre de 1864, se acordó ayudar con $300 para construir o comprar un edificio para la escuela que, en ruinoso estado, funcionaba en terreno de propiedad de la parroquia.

Nueve años después se autorizó la suma de $1.700 para la construcción de otro edificio destinado a las escuelas Nos. 2 y 3 de hombres.

Al año siguiente, en 1874, la Municipalidad compró a don Juan Damm, en $1.650, una propiedad situada en calle Mackenna entre Matta y Cochrane, para el funcionamiento de la escuela N.º: 1 de niñas, local en que, años más tarde, funcionó por primera vez el Liceo de Hombres y, posteriormente, la Policía. Este edificio fue ocupado por la escuela de niñas el 16 de septiembre, digna forma de conmemorar el aniversario de la Independencia Nacional.

Vemos entonces que la Ilustre Municipalidad de Osorno, consideró como una preocupación preferente la de facilitar el cómodo funcionamiento de las escuelas ubicadas dentro de la comuna.




ArribaAbajoLiceo de hombres

Durante el año 1888 la ciudad de Osorno solicitó se la dotara de un Liceo. En sesión municipal de 31 de agosto, la Corporación ofreció proporcionar la casa que ocupaba la escuela N.º: 1 de niñas y dotar al nuevo colegio del mobiliario necesario.

Fue así como a fines de año se dictó el siguiente Decreto Supremo:

«Santiago, 6 de diciembre de 1888.

Visto el oficio que precede, con lo dispuesto por el Consejo de Instrucción Pública.

Decreto:

Créase un Liceo de segunda clase para cada una de las ciudades de Antofagasta, Santiago, Temuco y Osorno.

Estos establecimientos comenzarán a funcionar desde el 1º de marzo próximo.

Tómese razón comuníquese e insértese en el Boletín de las Leyes.

Balmaceda.- Julio Bañados Espinoza».



Poco después de dictado este Decreto, fue nombrado Rector del nuevo Liceo el profesor y abogado don Juan Emilio Corvalán.

El 5 de marzo de 1889 se iniciaron las clases con la concurrencia de 45 alumnos, de los cuales 32 pertenecían al 1.erAño de Humanidades y 13 a la sección Preparatoria.

El 31 del mismo mes se cerró la matrícula, habiéndose inscrito hasta esta fecha 60 niños para el 1.er Año y 28 para la Preparatoria.

Además del señor Corvalán, que desempeñó clases de Matemáticas y Castellano, fueron los primeros profesores de este colegio los señores: don Agustín del Río, 1.er Inspector y Bibliotecario; don Adolfo Santibáñez, 2.do Inspector y profesor de Caligrafía; don Fernando Cañas Letelier, de Castellano y Matemáticas; don Juan Francisco Cruzat, de Geografía; y don Máximo Guerrero, del curso Preparatorio y de Gimnasia.

El mismo año 89 se hizo necesaria la división del 1.erAño de Humanidades, en vista del crecido número de alumnos asistentes a él.

En diciembre finalizaron los trabajos escolares en forma feliz, celebrándose el término con un hermoso paseo campestre. La columna fue encabezada por la banda de músicos y por las autoridades.

Como parte del programa campestre se presentó una improvisada revista de gimnasia, en la que algunos alumnos actuaron aún con traje de huaso y con espuelas, como relata un periódico de la época.

Pero todo este cuadro feliz comenzó a empañarse desde los primeros meses del año siguiente.

El 8 de mayo de 1890 el Liceo se trasladó a un nuevo local, ubicado en la esquina de las calles Freire y Figueroa (Carrera), próximo al cementerio alemán.

Al día siguiente un grupo de más de cincuenta alumnos liceanos jugaba en una pequeña pampa vecina al cementerio. Quiso la mala suerte que una piedra lanzada por uno de los niños fuera a dañar un adorno de mármol de una de las tumbas. Este simple hecho fue la chispa que encendió sucesos dolorosos.

El Juez Letrado, don Manuel Rodríguez Baltra, inició un sumario y, como primera medida, hizo apresar a un grupo de niños, los que estuvieron detenidos durante más de un mes. Dos de ellos fallecieron a corto plazo a causa, se dijo entonces, de las condiciones deplorables en que fueron mantenidos en prisión.

Los padres de los niños afectados por tan drásticas medidas iniciaron una tenaz y violenta campaña en contra del Juez, al que aún hicieron víctima de un asalto en plena Plaza, el 17 de septiembre de 1890, resultando el señor Rodríguez Baltra con el maxilar inferior fracturado.

La mala suerte siguió persiguiendo al Liceo osornino. Su jefe comenzó a ser objeto de censuras, por situaciones de índole privada que, en 1892, nuevamente apasionaron los ánimos en relación con el colegio. A mediados de año el Rector fue alejado de su cargo y, antes del término del período escolar, el Liceo fue suprimido. Su último día de funcionamiento fue el 8 de octubre de 1892.




ArribaAbajoCuerpo de bomberos

Así como en la capital de la República un gran siniestro, el incendio de la Iglesia de la Compañía, dio vida al Cuerpo de Bomberos, en Osorno esta institución se organizó también poco después de la destrucción por el fuego del edificio que ocupaban la Gobernación y la Municipalidad, siniestro que ocasionó la irreparable pérdida de libros y documentos de un valor inapreciable.

En diciembre del mismo año fue nombrado Gobernador de Osorno don Adolfo de la Cruz, quien había visto organizar el cuerpo de bomberos de Valparaíso.

Gracias al entusiasmo de algunos vecinos, dirigidos por el Gobernador, en los primeros meses de 1865, tal vez febrero o marzo, se constituyó provisoriamente en Osorno la institución bomberil.

La primera ayuda económica permanente que el naciente cuerpo recibió fue de fondos fiscales, según hemos encontrado anotado en los libros de la Intendencia de Llanquihue, con fecha 29 de mayo de 1865. Esta subvención fue de $25 mensuales, que pagaba la Tenencia de Ministros del departamento.

En sesión municipal del 18 de agosto, se accedió a la petición formulada por el secretario de la «Junta provisional del Cuerpo de Bomberos», en que pedía autorización para construir un pequeño edificio en el local de la cárcel pública, a fin de colocar en él la bomba y demás útiles. La citada construcción serviría después para el presidio, una vez que se construyera el cuartel definitivo para los bomberos.

Al mismo tiempo la Corporación concedió su primer auxilio económico ($25) a esta altruista institución.

El Cuerpo de Bomberos de Osorno quedó constituido oficialmente el 27 de agosto de 1865.

A fin de hacer más efectivo el trabajo de la bomba a palanca, en 1869 se construyeron, en diferentes lugares del pueblo, cinco depósitos para el agua, con capacidad de 18.723 libros cada uno. La primera bomba fue importada por don Justo Geisse.

En 1871 el servicio bomberil era considerado por el Gobernador del departamento como muy satisfactorio y dejaba constancia al mismo tiempo, que se habían construido cuatro nuevos depósitos para el agua y se había adquirido escalas, hachas y otros utensilios.

En 1873, y a pesar de la rareza de los incendios, los bomberos osorninos se organizaron en dos Compañías: 1.ª de chilenos y 2.ª de alemanes.

Ya sea que el entusiasmo de los voluntarios disminuyera, o la falta de incendios, el hecho es que en 1880 ya no había bomberos en Osorno.

En efecto, a comienzos del mes de marzo de 1881 se publicaba por tercera vez una invitación para tratar de formar un Directorio destinado a reorganizar el Cuerpo de Bomberos. El periódico agregaba:

«Si a esta tercera reunión no llega el número suficiente, es una prueba que falta entusiasmo a los hijos de Osorno».



Producto de estas iniciativas fue la creación de la 1.ª Compañía, que lleva el nombre del héroe Arturo Prat, y cuya fecha precisa de constitución no hemos logrado establecer.

El 24 de junio de 1883 se creó la 2.ª Compañía de Bomberos, «Germanía», que reunió en su seno, principalmente, a ciudadanos alemanes y descendientes de éstos; y el 3 de mayo de 1888 la 3.ª, denominada «Eleuterio Ramírez», en recuerdo del héroe hijo de Osorno, constituida, principalmente, por ciudadanos chilenos. Al organizarse esta última Compañía recibió una ayuda municipal de $300.

Como las tres agrupaciones antes nombradas tuvieran un material dedicado principalmente a la extinción del fuego por medio del agua, se hizo necesario más tarde la creación de una cuyo papel exclusivo fuera el de demolición y salvataje. Así nació la 4.ª Compañía de Bomberos, el 26 de enero de 1894.

La 1.ª Compañía, al tiempo de su reorganización, continuó empleando la bomba a palanca que tuvieron los bomberos de 1865, hasta 1887, en que lograron adquirir una nueva. La Memoria anual del Gobernador, don Carlos Guillermo Fuchslocher, decía, con respecto a esta Compañía:

«Tenía ya una bomba bastante maltratada y gastada, pues tiene a la fecha 21 años de servicios. Es la primera que hubo en este pueblo».



En relación con el Cuerpo, agregaba:

«Falta un cuartel general para reunir las Compañías de que consta en un solo lugar».



Estos últimos deseos comenzaron a realizarse al año siguiente, pues en sesión de 17 de junio de 1888 la Municipalidad concedió al Cuerpo de Bomberos, por un plazo de treinta años, el usufructo del sitio donde hoy se levanta el cuartel general. Se dio a los bomberos el plazo de un año para obtener la personalidad jurídica, y dos para comenzar la edificación. Se daría por caducada la concesión al no cumplirse estos requisitos.

Con igual fecha el Municipio puso a disposición del Cuerpo el local de la escuela N.º: 1 de niñas, ubicado frente al sitio cedido, para efectuar en él las reuniones, mientras contaba con edificio propio.

En 1889 la Municipalidad concedió, por el término de diez años, la autorización necesaria para la colocación de dos campanas de alarma en las calles de la ciudad.

Al año siguiente el Cuerpo de Bomberos modernizó el sistema de estanques, construyéndolos de cal y ladrillo, para lo cual el Municipio otorgó un auxilio económico de $600.

En 1892 los bomberos de la 2.ª Compañía iniciaron los trámites encaminados a adquirir bombas a vapor, deseo que se vio cumplido a fines de 1895. El Damas, de 8 de noviembre, daba la noticia:

«Vimos rodar por primera vez por nuestras calles las bombas a vapor llegadas de Alemania para la 2.ª y 3.ª Compañías de Bomberos».



Y para terminar este ligero bosquejo sobre las actividades bomberiles del siglo pasado, hagamos un pequeño y divertido comentario relacionado con la eficiencia de estos servicios durante la última década, y establecer lo que va de ayer a hoy.

El jueves 15 de diciembre de 1892 se produjo un incendio y, con fecha 22, el periódico La Estrella del Sur hacía, con respecto a él, las siguientes consideraciones:

«La 3.ª Compañía de Bomberos fue la primera en llegar, como un cuarto de hora, más o menos, antes de las otras. La actitud del Cuerpo de Bomberos en este incendio ha estado a la altura de sus antecedentes».



He aquí, en breves líneas, la historia de los comienzos de esta querida y respetada institución osornina.




ArribaAbajoEstado social

En 1863, el juez letrado de Puerto Montt, don Antonio F. Gundián, en una amplia Memoria, fechada el 6 de mayo, da interesantes detalles sobre la vida de la gente de la ciudad y del campo osorninos. Preferimos copiar textualmente parte de dicho documento:

«En Osorno parece que todo el mundo no viviese sino para estar pendiente de los trabajos del Juzgado y de la oficina. Asombra en realidad tanto movimiento judicial en un pueblo tan poco numeroso y en que la propiedad tiene un valor relativamente insignificante. Este fenómeno no se explica sino en vista de la general afición a los estudios forenses, que hace que haya tantos tinterillos cuantos son los que medianamente han aprendido a leer y escribir, hasta las mismas mujeres no es extraño verlas alegando con calor en cuestiones de derecho o de procedimientos».



Con respecto a la vida del obrero, dice:

«El peón, en campos o ciudades, es casi siempre contratado por año, muy poco al día. El peón añero gana de 28 a $30, siendo mayor de 20 años; si es menor, no pasa de 18 a 20; o sea, el peón de 1.ª clase sólo obtiene $2.50 al mes (9 a 10 centavos al día)».



Esto puede darnos una idea del estado de miseria en que esta gente vivía. Para colmo, muchos patrones eran generosos para otorgar créditos a sus inquilinos, sobre todo en chichas, aprovechando esta lamentable afición del hombre del pueblo. Generalmente el trabajador debía al patrón sumas mucho mayores que las que debía recibir por capítulo de jornal lo que lo amarraba al dueño del predio en que trabajaba.

Consecuencia de este estado de pobreza eran los robos, que constituían una verdadera plaga, imposible de combatir con dos serenos y un vigilante, «los únicos guardianes de la ciudad».

Como el número de malhechores aumentara en 1868, la Intendencia de Llanquihue se vio obligada a mandar al Gobernador de Osorno 25 sables, a fin de que fueran repartidos entre los subdelegados del departamento.

La asociación que daba cierto orden y cultura a los varones era la Milicia Cívica, cuyo Batallón contaba en 1852 con 406 plazas, que «con facilidad pudiera presentarse con lucimiento en todas partes», como decía, en Memoria de 10 de diciembre, el Intendente de Valdivia, don Vicente Pérez Rosales.

Algunos años más tarde el Batallón Cívico llegó a contar con una banda de músicos que alegró sus reuniones y ejercicios dominicales y sirvió para dar un sello de animación a la modesta ciudad de Osorno.

Las milicias cívicas desaparecieron en 1896, en que, por Ley de 12 de febrero, se estableció el servicio de la Guardia Nacional.

Los deportes organizados no se conocieron durante el siglo pasado, ya que el tiro al blanco, que se inició en 1889, perseguía un objetivo netamente militar. Esta actividad se realizó a iniciativa del Gobernador departamental, y el primer club de tiro se formó, principalmente, con miembros de la milicia cívica y del Cuerpo de Bomberos.

Con respecto a la gente acomodada, las primeras manifestaciones de organización en instituciones de carácter social las dieron los ciudadanos alemanes, al fundar con fecha 22 de febrero de 1862 el Club Alemán, que fue también el centro de todas sus actividades artísticas y culturales.

Esta institución inauguró su local el 3 de marzo del mismo año.

El club Osorno, que reunió principalmente al elemento chileno, se organizó en 1895, y obtuvo del Supremo Gobierno la personalidad jurídica el 26 de julio de 1900.

Debemos hacer mención especial de una institución social y de carácter mutualista que se organizó a fines del siglo pasado, la Sociedad de Socorros Mutuos «Unión de Artesanos», que hasta ahora se ha mantenido, llevando una vida próspera.

Decimos que hay que destacar la organización de esta sociedad, por dos motivos: por haberla creado artesanos, y por haber nacido en medio de los mil incidentes que en 1891, año de su organización, dividían a la familia chilena.

El 3 de octubre del año mencionado, un grupo de artesanos y sus dirigentes echaban las bases de la nueva institución. Las personas que tuvieron a su cargo la organización, y que formaron el primer Directorio, fueron los siguientes señores: Basilio Garay O. (Presidente), Ernesto Toledo (Vice-Presidente), Gerardo Martel (Secretario), Avelino Angulo (Pro-Secretario), Facundo Andrade (Tesorero) y Francisco Muñoz y Manuel Troncoso (Consejeros).

La Sociedad poseía un cómodo hogar social que, desgraciadamente, fue destruido por un incendio el 19 de febrero de 1948, pero sus dirigentes han continuado con entusiasmo la obra de los fundadores. Entre estas personas debemos mencionar a los señores Juan de Dios Hinostroza, Tomás Burgos, Miguel Guarda U., Rafael Sáez C., Hipólito Pezoa de la Peña y Feliciano Carrasco.

La Sociedad Unión de Artesanos es la más antigua institución de su género en Osorno y en la región.

Los entretenimientos de carácter público eran escasos durante la segunda mitad del siglo pasado. Los difíciles medios de transporte hacían que muy a lo lejos llegara a estas tierras alguna «compañía acrobática».

Una de éstas dejó perdurables recuerdos entre los sencillos habitantes en 1881: la Compañía Esmeralda que, además de sus números de variedades, exhibía llamativas pruebas de magia, como la de cortarle a un paciente la nariz y volverla a colocar. En su elenco figuraba el equilibrista Pineda, que se propuso dar el espectáculo público de cruzar el río Rahue sobre un alambre, prueba que al fin no realizó por no haber reunido los habitantes la remuneración que el artista exigía.

Antes de ausentarse de Osorno, esta compañía circense dio una función a beneficio de las viudas y huérfanos osorninos de la guerra, la que dejó un saldo líquido de $11.

Con respecto a espectáculos teatrales se organizaban de vez en cuando cuadros de aficionados de la localidad. Uno de éstos fue formado en 1882 por el ciudadano ecuatoriano don Gregorio Jacinto Vasconcelos, quien se dedicaba a múltiples actividades. Era artista de profesión y, unido a otro artista de apellido Triana y a un grupo de aficionados, logró presentar algunas obras teatrales al público.

Poco después de 1890 funcionó la sala de espectáculos Elwanger.




ArribaAbajoLos duendes en Osorno

Como complemento de lo dicho sobre el estado social de la población, relataremos un caso divertido ocurrido en las cercanías de la ciudad en el año 1886.

Un vecino de Cancura presentó al juez de subdelegación, don José Dolores Montecino, y al de distrito, don Froilán Barrientos, un serio denuncio: en su casa ocurrían hechos misteriosos y sobrenaturales.

Trasladadas allá las autoridades mencionadas, pudieron imponerse de cómo los «duentes» jugaban en esa vivienda: vieron con sorpresa que un mortero y una piedra de moler eran lanzados lejos por manos invisibles; cómo un huso colgado en la pared volaba por los aires y una manzana iba a golpear la cara de una niña, a la que también los traviesos duendes arrojaban tierra y, cuando iba a lavar al estero próximo, trasladaban la ropa puesta a secar a lo más alto de los árboles vecinos.

Por supuesto que las autoridades judiciales no lograron aclarar nada en relación con estos curiosos sucesos.




ArribaAbajoLa prensa

El 10 de abril de 1880 apareció el primer periódico de Osorno, El Correo, cuyo editor fue don José María Casas Mujica, y su primer director y redactor don Aníbal L. Carvajal. Dejó de publicarse el 16 de julio de 1887, con el número 402.

Aparecía los sábados, y su formato fue, en un principio, muy pequeño, como un pliego no mayor en tamaño a una de nuestras revistas actuales.

El señor Carvajal era un joven de 21 años de edad, y de una cultura especial, para aquellos años, pues, además de sus actividades periodísticas, hacía versos y daba lecciones de Gramática, Aritmética, Partida Doble y otros ramos de Humanidades.

Al revisar los ejemplares de este primer periódico de Osorno, encontramos en ellos datos curiosos e interesantes. Las principales noticias del centro del país, y del mundo entero, se conocían con un considerable atraso, ya que todavía el telégrafo no llegaba a Osorno, y el tren corrió algunos años más tarde.

Numerosas iniciativas de bien público tuvieron su origen en las columnas del periódico osornino. Editorialmente levantó su voz para hacer ver la necesidad de formar en esta ciudad una «sociedad de bomberos».

En sus hojas leemos con interés detalles de las operaciones de la guerra del Pacífico, cómo fue celebrada la toma de Lima, etc.

En abril del 81 da informaciones del gran huracán que, en Valdivia, destruyó más de cincuenta casas, entre ellas la Intendencia y un cuartel de bomberos.

En junio de 1883 inició una campaña destinada a obtener la creación de un juzgado de letras en Osorno.

En enero del mismo año sus páginas dejaron constancia de la llegada del primer carruaje que hizo el servicio de pasajeros entre Valdivia y Osorno.

Poco tiempo después que El Correo apareció el periódico El Damas, fundado el 15 de marzo de 1882, y que se mantuvo hasta 1896.

En 1880 también se editaron El Ají y El Mycete, periódicos satíricos, de los cuales sólo salieron unos cuantos números, en los que los dirigentes de ellos se atacaban mutuamente en forma mordaz.

En el resto del siglo pasado se publicaron los siguientes periódicos, a los cuales agregamos el año de su aparición:

El Rahue1887 Semanal
El Osornino1888-1890 Semanal
El Mosquito1888-1890 Semanal
La Unión Liberal1888-1890 Semanal
El Comercio1889 Eventual
El Azote1890-1890 Semanal
El Constitucional1891 ---
La Voz de Osorno1892-1906 Bisemanal
La Estrella del Sur1892-1893 Semanal
La Opinión Liberal1893-1894 Semanal
El Artesano1896 ---
El Liberal1896-1917 Semanal
El Obrero1896-1899 Semanal

Varios de estos periódicos tuvieron una vida breve y no llenaron otro objetivo que el de intervenir en las luchas políticas o rencillas lugareñas, que menudearon durante esta época.




ArribaAbajoSalubridad. Beneficencia

Durante la mayor parte de la segunda mitad del pasado siglo desempeñó en Osorno las funciones de médico de ciudad el Dr. don Eduardo Gunckel (1855 a 1886), sucediéndole en el cargo el Dr. don Ramón Moreno.

A falta de hospital para la atención de los enfermos de escasos recursos, funcionó durante muchos años un Dispensario, servido por el médico de ciudad, el que atendía con interés los enfermos menesterosos, aún en sus propios domicilios. Las estadísticas que figuran en las Memorias anuales de los Gobernadores, y que reproducía el periódico oficial El Araucano, dan a conocer los grandes servicios prestados por este Dispensario.

Desde 1869 el pueblo solicitó con insistencia la creación de un Hospital. Aunque el Municipio se comprometía a proporcionar la casa, y el vecindario las camas y muebles, estos deseos sólo se vieron cumplidos muchos años más tarde.

En 1882 se fundó la Sociedad de Beneficencia, cuyos Estatutos fueron aprobados por Decreto Supremo de 16 de mayo de 1884, y cuya finalidad principal era la de obtener la fundación del Hospital.

A mediados de 1886 dicha sociedad había conseguido construir un edificio destinado a tal objeto, con auxilios fiscales y sus propios fondos, pero desgraciadamente no pudo ponerse en servicio de inmediato por no disponer de los recursos suficientes para dotarlo de mobiliario y atender a su mantenimiento.

Como esta situación no tuviera probabilidades de resolverse a corto plazo, el Municipio, en sesión de 29 de junio de 1888, acordó proporcionar al Hospital los elementos necesarios para su habilitación, los que consistieron en 50 catres de madera, 25 veladores de igual material, 96 frazadas, 113 sábanas, 103 fundas para pallases, 117 fundas para almohadas y ocho carretadas de pasto seco. Estos fueron, pues, los humildes principios de nuestro Hospital.

A principios del mes de julio de 1891 se abrió en el Hospital un Dispensario destinado a la atención de los enfermos que no necesitaran hospitalización.

Otro médico que prestó sus servicios en Osorno, en esta época, fue, además de los señores Gunckel y Moreno, ya nombrados, el Dr. don Adolfo Schürmann.

Con respecto al Cementerio de Osorno debemos decir que, al repoblar la ciudad, el Gobernador Mackenna, con una visión rara en aquellos tiempos, resolvió no permitir sepultaciones en la Iglesia, como era costumbre hacerlo, ni instalar el cementerio anexo a ella, y en nota de fecha 17 de septiembre de 1804 dio a conocer al Gobernador de Chile, don Luis Muñoz de Guzmán, los motivos que había tenido para ubicar el campo santo en un terreno vecino a la ciudad. Entre otros argumentos, expuso que el piso de madera de la Iglesia debería ser abierto a menudo, si se quería sepultar los cadáveres dentro de ella; y en un lugar anexo, el costo sería considerable, por las murallas que deberían circundarlo. En cambio, al instalar el cementerio donde lo hizo, bastó con construir un foso de tres varas de ancho y tres de profundidad que le sirviera de límite. Todo este foso estaba protegido por un espeso cerco de espinos.

Más o menos en 1870 este cementerio, que estaba ubicado en el lugar que hoy ocupa la fábrica de las Cervecerías Unidas, fue abandonado, habilitándose el actual cementerio parroquial. Don Germán Hube adquirió los terrenos del antiguo y, en conformidad al acuerdo establecido con la Municipalidad (sesión de 16 de febrero de 1870), se comprometió a proporcionar bueyes y carretas para efectuar la traslación de restos al nuevo cementerio.

En 1887 se hizo en Osorno una intensa campaña destinada a aminorar los efectos del cólera, si por desgracia hubiera llegado a esta región. Desde enero de ese año el terrible mal se extendió con una rapidez pasmosa por la zona central y sur de la República, causando numerosas víctimas. Felizmente la epidemia no avanzó más al sur del Toltén.

La iniciativa particular se manifestó con entusiasmo ante el peligro, pues como lo decía el Gobernador, en su Memoria de 1887, Osorno era «el único departamento de la República que no ha recibido de los auxilios fiscales destinados para el caso por el Supremo Congreso». Hubo que preparar lazareto, carros para la conducción de enfermos, medicinas, etc. Los entusiastas organizadores de esta campaña fueron los doctores Ramón Moreno, Eduardo Gunckel y Adolfo Schürmann.

Consecuencia de esta cruzada fue el establecimiento permanente de la Policía de Aseo, cuyo Reglamento fue aprobado en sesión municipal de 7 de febrero del año 87.

En 1892 la ciudad no contaba ni con un carro mortuorio público y en contadas ocasiones se podía disponer del que poseía el Instituto Alemán, para lo cual había que pedir cochero y caballos a particulares. En vista de la necesidad de que el pueblo todo tuviera a su alcance un vehículo de esa especie, el Club de Artesanos compró uno que puso a disposición del vecindario.

Como no todos los enfermos o necesitados podían acogerse a los beneficios que proporcionaba el Hospital, un grupo de señoras de la localidad fundó, el 30 de enero de 1894, la «Sociedad de Socorros de Señoras de Osorno» y que, como sus Estatutos, aprobados por Decreto de 6 de noviembre del mismo año lo establecen, tiene por objeto «Atender en su propio domicilio a aquellos enfermos que por circunstancias especiales no pueden pasar al Hospital; y proporcionar los recursos necesarios para su mantención a las familias indigentes que temporalmente o para siempre hayan perdido sus sostenedores».

Es conveniente dejar constancia del Directorio que inició esta altruista labor. Estaba constituido en la siguiente forma:

Presidenta, señora Berta Klix de Schwarzenberg.

Vicepresidenta, señora Trinidad M. v. de Ramos.

Secretaria, señora Vicenta B. de Burgos.

Prosecretaria, señora Carmen C. de Cavada.

Tesorera, señora Candelaria M. de Adriazola.

Consejeras, señora Eduvigis R. v. de Siegle.

Señora Cristiana L. de Kraushaar.

Señora María Carrasco de Rosas.

Señora Dolores B. V. de García.

Señora Maclovia Vásquez de Cañas.




ArribaAbajoAcontecimientos trascendentales. Calamidades

El volcán Osorno, majestoso cono nevado, orgullo de los osorninos y que causa la admiración de los turistas, señaló también en forma brillante el período del despertar de la dormida ciudad de Osorno con una erupción que se produjo el año 1855, la que no alcanzó las proporciones de la del 9 de febrero de 1790, en que derramó abundante lava por el costado S E, ni la del 20 de enero de 1835, en que permaneció en actividad hasta fines de febrero del mismo año.

Osorno, ciudad sureña, y por consiguiente lluviosa, ha presenciado a menudo el desborde de los dos ríos que la encierran y que ha causado estragos de consideración, siendo una de las principales inundaciones la que se produjo a fines de julio de 1853, que ocasionó considerables daños en toda la región.

El fin del siglo también fue señalado por otra inundación catastrófica. El 9 de julio de 1899 los ríos Rahue y Damas se desbordaron en forma nunca vista. Quedaron destruidos los puentes de Ovejería, Chuyaca, Pilauco y Damas, resistiendo providencialmente el de Rahue. Perecieron miles de animales y muchas casas fueron arrastradas por las aguas.

Una de estas viviendas, la de don Rosiel Ramírez, fue levantada en forma espectacular, llevando en su seno catorce personas. La improvisada nave recorrió así más de dos leguas y, al chocar con un árbol, se dividió en dos. Felizmente todos sus moradores lograron ser recuperados.

Otra de las calamidades que azotaron periódicamente a Osorno, como a la mayoría de los pueblos de Chile durante el siglo pasado, fue la viruela.

En la mitad de ese período sobre todo en el territorio que abarcaba la provincia de Valdivia, ese flagelo produjo tales estragos, que don Rodolfo A. Philippi dice al respecto (Revista del Pacífico, 1861, página 610):

«En veinte años la viruela destruyó, por ejemplo, casi toda la reducción de Niebla, y hace pocos años que murió en la reducción de Trumao, en pocos meses, la séptima parte de los indios, por los pujos».



En 1871 la viruela volvió a presentarse con caracteres alarmantes en el departamento de Osorno y, según Memoria de 8 de mayo del Gobernador, don Carlos Guillermo Fuchslocher, atacó a la décima parte de la población. Felizmente el porcentaje de defunciones, por este mal, fue relativamente pequeño.

Finalmente, otro período en que esta epidemia se presentó con caracteres alarmantes, fue el comprendido entre los años 1881 y 1882.

Otro acontecimiento, producido el 13 de enero de 1864, debemos considerarlo como una verdadera desgracia general, aunque no afectaba sino a la Gobernación y la Municipalidad: el incendio del edificio que ambas ocupaban. Ese doloroso suceso repercutirá cada vez que se quiera indagar o escribir algo sobre el pasado de Osorno, ya que en esa ocasión se perdieron los archivos que, posteriormente, serían de inapreciable valor.

Durante los años 1864 y 1865 los ánimos tranquilos de los habitantes de Osorno se vieron despertados por acontecimientos de carácter nacional: la guerra con España.

Entre los municipios del país, los de Santiago y Ovalle tomaron la iniciativa de erogar fondos para ayudar al Gobierno. La Municipalidad de Osorno, en sesión de 8 de junio de 1864, acordó hacer una suscripción popular para ayudar a repeler «la pirática invasión de la flotilla española».

En reunión de 28 de noviembre del año siguiente se acuerda donar $300 como auxilio para la guerra con España y «ofrece al Supremo Gobierno, para cuando las circunstancias lo exigieren la mitad de sus rentas»... «y arbitrar en el vecindario los medios de satisfacer las más premiosas e indispensables necesidades del Municipio, para lo cual cuenta con la más decidida voluntad de los habitantes de este departamento».

Llega la guerra contra el Perú y Bolivia. De nuevo se muestra la generosidad osornina, a pesar de la escasez de recursos de sus habitantes. La Municipalidad celebra sesión especial, con este motivo, el 12 de mayo de 1879, y acuerda dar $150 para los gastos de guerra y $50 más para las ambulancias que se organizaban en Valparaíso.

Pero, si escasa es la contribución monetaria, el elemento humano se brinda con largueza. Los modestos «cívicos», formados en la escuela de orden y civismo instaurada desde los tiempos de Mackenna, corren a los campos de batalla, y hechos de armas gloriosos, como Taparacá, Iquique, Pisagua, Sangra, exaltan a la inmortalidad nombres de hijos de esta tierra: Eleuterio Ramírez, Florencio Ascencio Álvarez, el teniente Juan Amador Barrientos y el pequeño corneta Avila, de los cuales nos ocuparemos en capítulos especiales.

Aun los extranjeros, encariñados con el suelo que sirvió de cuna a sus hijos, corrieron a alistarse en las huestes de Chile, entre los cuales debemos recordar a don Albino Martin, que desempeñó el cargo de ingeniero en el crucero Blanco.

El 25 de enero de 1881, a las 5 de la tarde, llegó a Osorno la fausta noticia de la Toma de Lima. El pueblo se reunió en la Plaza y escuchó regocijado la lectura de los despachos recibidos.

En seguida la multitud, encabezada por el Gobernador interino don Gustavo Fuchslocher, se dirigió al hotel Ide, desde cuyos balcones varios ciudadanos hicieron uso de la palabra.

Las fiestas continuaron durante los días 26 y 27. Hubo improvisadas soirées en casa del Gobernador, y las calles y paseos se vieron alegrados por la gente que, al son de una banda improvisada, manifestaba su alegría. La Plaza se vio iluminada durante varias noches por el resplandor de luces de bengala.

El 5 de febrero se celebró en forma oficial tan feliz acontecimiento, con un Te Deum y una procesión en que fue paseada en triunfo la Patrona del Ejército Chileno. El pueblo fue festejado en la Plaza con asados y licores obsequiados, en gran parte, por algunos vecinos alemanes, que así manifestaban su alegría ante los triunfos de su segunda patria, y por la Municipalidad que, ya en sesión de 16 de enero, consultó fondos para celebrar dignamente esta inminente victoria.

Ese mismo año 81, el pueblo de Osorno tuvo otro motivo de regocijo: la inauguración del telégrafo. El 12 de marzo se iniciaron los trabajos de instalación de la línea de Valdivia a Osorno, y en el mes de julio se terminó de tender el alambre. Sin embargo, las instalaciones no estuvieron totalmente listas hasta septiembre, eligiéndose el día 18 para efectuar su inauguración.

La Municipalidad se reunió extraordinariamente a las 8 de la mañana de ese día, con asistencia de numeroso público. Todo el vecindario y autoridades oyeron, en seguida, una misa de gracia, después de lo cual se puso en acción el aparato telegráfico.

Mientras el jefe de la oficina, don Hildebrando Monreal, transmitía los primeros telegramas, dirigidos al Intendente de Valdivia y al Municipio y vecindario de esa ciudad y de La Unión, la banda de músicos tocaba el Himno Nacional, que era coreado por toda la concurrencia.

En noviembre del mismo año se impartieron las órdenes para instalar la línea telegráfica a Trumag, ya que la anteriormente establecida pasaba por San Pablo. Este servicio pudo establecerse debido al aporte de los vecinos cuyos intereses serviría principalmente, y consistieron en dinero, postes, y casa para la oficina y el empleado que la atendería.

Estábamos en comunicación telegráfica con Valdivia, pero las comunicaciones terrestres poco habían mejorado, al menos en cuanto a comodidad. El periódico El Correo, en su número de 14 de enero de 1882, daba una buena noticia:

«Ha llegado el primer carruaje que hace el viaje de Valdivia a este pueblo, perteneciente a la nueva y primera empresa de esta clase en estos mundos».



Las actividades relacionadas con la construcción del ferrocarril de Valdivia a Osorno, y de la cual hablamos en capítulo aparte, comenzaron a fines de 1887. En efecto, en sesión municipal extraordinaria de fecha 5 de octubre, se leyó el siguiente telegrama, recibo el 3:

«Señor Gobernador:

Comisión Mixta de Senadores y Diputados ha aprobado autorización para construir ferrocarril de Victoria a Osorno, con ramal a Valdivia por nueve votos contra dos. La obra se llevará a efecto.- Balmaceda».



La Corporación se congratuló por esta excelente noticia, y contestó a S. E. en la forma siguiente:

«Excmo. señor Presidente de la República.- La Municipalidad de Osorno, reunida en sesión especial, y en vista de telegrama de V. E. fecha 3 del presente, ha acordado dirigir a V. E. las más fervientes expresiones de gratitud por el feliz resultado del proyecto de ferrocarril que deberá unir a esta apartada región con la parte central de la República y que, realizado, contribuirá indispensablemente al más rápido y seguro adelanto y engrandecimiento de esta Comarca. Reciba V. E. las más ardientes felicitaciones por el decidido interés desplegado para la ejecución de aquella importante obra. Excmo. Señor.- Carlos Guillermo Fuchslocher.- Gustavo Fuchslocher.- Germán Bueno.- Ricardo Piwonka.- Fernando Cañas Letelier.- Carlos Montecinos.- Andrés Querubín Rosas».



Como veremos más adelante, la línea de Valdivia a Osorno se construyó independientemente de la de Victoria al sur y de Antilhue al norte.

Otro acontecimiento de trascendencia en la vida osornina fue la repercusión que aquí tuvo la Revolución del 91, y de lo cual hablamos en detalle en relación con otros sucesos políticos de la misma época.

Las discordias políticas no impidieron, sin embargo, que los osorninos celebraran regocijados, el año 92, un gran aniversario: el 4. Centenario del Descubrimiento de América.

Los festejos, que comprendieron los días 11 y 12 de octubre, fueron organizados por don Samuel Burgos y el Rvdo. Padre Calixto, Presidente del Hospicio de San Francisco.

Hubo fiestas populares, en la Plaza se quemaron hermosos fuegos artificiales, y se presentó a la admiración de los vecinos un gran carro alegórico simbólico que representaba una nave que, según decía El Damas de 15 de octubre, «a media luz parecía que bogaba tranquila, empujada por la acción de su tripulación». Agregaba el diario que el aniversario había sido celebrado «pomposamente».

En 1895 la Compañía Nacional de Teléfonos de Valdivia inició los trámites que trajeron por consecuencia la instalación de este moderno servicio en Osorno.

La Municipalidad, en sesión de 8 de julio, accedió a lo solicitado por la Compañía: la cesión de un sitio de propiedad municipal para instalar las oficinas y sus anexos y el permiso de rigor para efectuar las instalaciones.

Y terminamos el siglo con un cuadro sombrío de los acontecimientos de trascendencia: el bandalaje.

En los campos del sur de Chile, entre ellos los de Osorno, mucha gente pretendió imponer como ley la del más fuerte. Sobre todo la gente de las propiedades rurales vivió durante años en la mayor tranquilidad. Lo que muchos desalmados hacían por interés económico, a otros los guiaba simplemente la venganza o los malos instintos.

Fue entonces cuando el Gobierno, deseoso de poner coto a tantos desmanes y crímenes, envió a estas tierras al famoso Comandante Hernán Trizano, quien, contando, entre otros, con José Eugenio Sánchez Aguilera como uno de sus ayudantes, logró imponer el orden que hacía tiempo había desaparecido de la comarca.




ArribaAbajoEl Comandante don Eleuterio Ramírez

Osorno ha inmortalizado en el bronce a uno de sus hijos predilectos: Eleuterio Ramírez Molina, héroe de la batalla de Tarapacá.

El año 1836 el hogar formado por don José Ramírez y la señora Marcelina Molina se vio alegrado por la llegada de un varón, al cual pusieron por nombre Eleuterio.

El Libro II de Bautizos de la Parroquia de Osorno contiene en su página 67 la inscripción relacionada con el niño Ramírez. Dice así:

«Día 19 de abril de 1836 bauticé solemnemente a Eleuterio de dos días, legmo. de don Josef Ramírez, y de doña Marcelina Molina. Pado. don Juan García, y su mugr. doña Carmen Pérez deq. doy fe.

Fr. Martín Fernández».



Cuando el niño contaba ocho años de edad, su familia fue a radicarse en Calbuco, ciudad de la cual su padre había sido nombrado Gobernador y Comandante de Armas.

Los relatos guerreros de don José y la ascendencia militar de su madre, hija de don Lucas de Molina y nieta del militar de igual nombre, oficiales ambos que hemos visto figurar en la toma de posesión de Osorno, en 1792, hicieron de Eleuterio un soldado de espíritu desde pequeño. Sus principales juegos tenían relación con esas actividades.

El año 1854 la familia Ramírez se radicó en Santiago, iniciando allí nuestro futuro héroe su carrera militar en el Cuerpo de Gendarmes, el 2 de abril del año siguiente, con el grado de Sub-Teniente.

Sus ascensos se sucedieron en forma rápida, hasta obtener el grado de Teniente-Coronel efectivo el 5 de mayo de 1874.

Durante la revolución del año 59, se batió en Talca y Cerro Grande; a fines del mismo año, y el siguiente, en la pacificación de la Araucanía; el 65 en Caldera, durante la guerra con España; terminada ésta, Arauco lo esperaba de nuevo para la lucha interminable contra los indios, donde permaneció durante cuatro años, desempeñando diversos cargos de gran responsabilidad.

Y llega al fin de su meta: la guerra del 79 contra el Perú y Bolivia.

Partió con su querido 2.º de Línea el 2 de febrero de 1879, desde el puesto de Valparaíso, que hizo objeto a este Cuerpo de una calurosa despedida.

El 23 de marzo se apoderaron de Calama, y el 27 de noviembre la corona de la gloria ornó las sienes de Ramírez en forma imperecedera, junto con la de todos sus valientes, disciplinados y queridos subalternos.

Como en virtud de la índole de esta obra hemos hecho sólo un recuerdo rápido del nacimiento y hoja de servicios militares de don Eleuterio Ramírez, nos referiremos, también en forma breve, a la heroica justa de Tarapacá.

Desde Antofagasta la División del Coronel Arteaga partió a juntarse con las fuerzas del Teniente-Coronel don José Francisco Vergara, unión que se produjo en la madrugada del 27 de noviembre, en las cercanías del pueblo de Tarapacá. Se formó así una División de 2.310 hombres.

Inmediatamente hicieron los jefes su plan de ataque al enemigo, cuyo número de hombres estimaron en forma completamente errada, pues en lugar de ser 2.500, eran en realidad 6.000. Acordaron dividir sus tropas en tres grupos, al primero de los cuales correspondió el 2.º de Línea, integrado por 950 plazas.

Eran las 9 de la mañana cuando Ramírez inició su marcha, viéndose obligado a comenzar prematuramente las operaciones, por haberlas principiado ya el jefe del tercer grupo, Comandante don Ricardo Santa Cruz.

La primera parte del combate, que tuvo alternativas favorables para uno y otro bando, se desarrolló hasta las 2 de la tarde, en que refuerzos de caballería chilena produjeron la retirada del enemigo.

Creían los nuestros que la victoria era definitiva y se entregaron al almuerzo y al reposo. Pero el enemigo no dormía y, reforzado poderosamente, reinició su ataque a las 3 1/2 p. m.

Al desconcierto inicial producido por este inesperado ataque, sucedió la entusiasta reorganización y ofensiva, pese a dos heridas que recibió Ramírez, en la muñeca y brazo izquierdos.

La falta de municiones y el constante refuerzo que recibía el enemigo, hicieron que el Comandante tratara de replegarse, a fin de atrincherarse en unas casitas situadas en el valle.

Con este movimiento comenzaron a diezmarse sus reducidas huestes, principalmente sus oficiales, el abanderado Barahona rodó, herido, con su precioso tesoro hasta el fondo de una quebrada. Cuando el enemigo fue a apoderarse de la bandera, tuvo que abrir en forma violenta las manos del guardador de ella.

Los batallones peruanos siguieron avanzando hacia el plan, reforzando así las fuerzas que atacaban las casitas que servían de baluarte a los sobrevivientes del 2.º de Línea y aniquilando a los nuestros, que permanecían hasta el fin en el puesto que su jefe les había encargado defender.

El círculo se fue reduciendo paulatinamente, teniendo como centro las pequeñas casas, de donde apenas ya partían tiros.

A las 4 p. m. la situación chilena se hacía insostenible, no quedando otro medio de defensa y ataque que la bayoneta. Dos nuevos balazos, uno en el pecho y el otro en el muslo derecho, terminaron de aniquilar al bravo Ramírez.

Tendido nuestro héroe, siguió disparando su revólver contra los enemigos, hasta que un teniente peruano le dio el tiro que puso fin a su vida. Y mientras el cuerpo del Comandante terminaba de desangrarse por sus múltiples heridas, los de sus compañeros heridos y muertos ardían junto con las casitas próximas.

Un mes más tarde fue identificado su cadáver, que fue traído a Valparaíso el 12 de marzo, y al día siguiente a Santiago.

Después de unas solemnes honras fúnebres que se le oficiaron, colectivamente con las de tres héroes más, Thompson, Goicolea y Garretón, con los que también hizo el viaje de retorno desde el norte, los restos de Ramírez, después de reposar por algún tiempo en el Cementerio General de Santiago, descansan hoy en sitio de honor en su Regimiento de gloria, el N.º: 2 de Infantería, Maipo, acantonado en la ciudad de Valparaíso.

El pueblo natal del héroe, además de su monumento y una calle, tiene dos instituciones que recuerdan su nombre: la 3.ª Compañía de Bomberos y la Sociedad de Socorros Mutuos «Eleuterio Ramírez».

A raíz del sacrificio de Ramírez, la ciudad de Osorno, orgullosa con la gloria de su hijo, envió por intermedio de la Municipalidad, reunida especialmente el 29 de diciembre, una conceptuosa nota de condolencia a la viuda del héroe, señora M. Gabriela Molina de Ramírez.




ArribaAbajoEl osornino Florencio Ascencio Álvarez. Modesto héroe de la Esmeralda

Osorno y Chile entero han levantado un monumento a Eleuterio Ramírez. No olvidemos, sin embargo, a otro modesto héroe de esta tierra que, así como aquél en Tarapacá, cayó gloriosamente junto a Prat en Iquique.

El 22 de noviembre de 1853 abrió los ojos a la luz en Osorno Florencio Ascencio Alvarez, hijo de don Jenaro y de la señora María del Rosario Álvarez. La constancia de su bautizo, efectuado el 26 de diciembre del mismo año, se encuentra en el libro III, folio 80, de la Parroquia de Osorno.

Al declararse la guerra contra el Perú y Bolivia, Ascencio se incorporó como soldado, y en calidad de tal formó parte de un grupo de militares que se encontraba a bordo de la Esmeralda.

Combatió allí valerosamente y dio su vida en aras de la Patria. En el Boletín de la Guerra del Pacífico, de 17 de julio de 1879, página 240, encontramos su nombre junto con los de sus compañeros de sacrificio.

Ascencio era el único hijo de una madre viuda, de la cual era su compañero y sostén. Sin embargo, ni esta preciosa carga le impidió que corriera en defensa de la madre común, que es la Patria.

Una tarde de 1881 una modesta anciana se presentó a la Municipalidad de Osorno pidiendo que, por gracia, se la eximiera del pago de contribución de serenos y alumbrado, única que se pagaba entonces en el modesto villorrio, y se le perdonara también el saldo que adeudaba, pues su único sostén, su hijo, había muerto junto a Prat.

El Municipio osornino accedió gustoso a lo solicitado y dejó constancia de ello en sus actas de sesiones, dato que nos permitió descubrir a este sencillo servidor de Chile. Modesta pero noble recompensa a la memoria de un héroe modesto.




ArribaAbajoEl Teniente don Juan Amador Barrientos A.

La toma del puerto de Pisagua, realizada por las fuerzas chilenas en la mañana del 2 de noviembre de 1879, inmortalizó el nombre de un hijo de Osorno: el Teniente de Marina don Juan Amador Barrientos Adriazola.

La acción de nuestro héroe es de aquellas dignas de destacarse en las páginas de la historia. Don Gonzalo Bulnes, en su obra Guerra del Pacífico (Tomo I, página 552), declara al respecto:

«Aunque la historia no puede acoger sino con suma reserva los hechos individuales en una acción de guerra, el episodio del Teniente Barrientos está corroborando con informaciones dignas de fe».



Nació don Juan Amador el 17 de abril de 1849 en el hogar formado por don Luis Antonio Barrientos Lorca y la señora Balbina Adriazola Pérez.

Hizo sus estudios profesionales en la Escuela Naval y, al tiempo de estallar la guerra contra el Perú y Bolivia, se encontraba embarcado en el transporte Loa, participando el 8 de octubre de 1879, en el glorioso combate de Angamos.

El joven oficial tal vez no soñó entonces que, antes de transcurrido un mes, el 2 de noviembre, le cabría desempeñar en la guerra un papel que lo llevaría al eterno recuerdo de sus conciudadanos: en la toma del puerto de Pisagua.

A las 10 de la mañana del día mencionado, el primer convoy de chilenos, compuesto de 450 hombres, iniciaba en botes el desembarco. Formaba parte de estas fuerzas una compañía de Zapadores de nuestro actual Regimiento Arauco, al mando del Capitán Baquedano.

Reproduzcamos el relato que don Gonzalo Bulnes hace de esta escena de guerra:

«Cuando las lanchas penetraron en la línea de fuegos, recibieron descargas sucesivas y tan tupidas, que al caer al mar hacían el efecto de una granizada que se hubiera descolgado sobre las tranquilas aguas del Océano. Los bogadores inclinados sobre el pecho para no presentar blanco remaban con todo el poder de sus brazos y pulmones, mientras los soldados disparaban al acaso porque los enemigos tiraban de mampuesto, y no se les divisaba sino cuando asomaban la cabeza encima de las piedras para enfilar el alza. En ese trayecto fueron heridos algunos tripulantes. Esa línea mortífera abrazaba el radio de tiro de los Chasepots y Remington de los soldados de la alianza. Los botes seguían avanzando en medio de una lluvia de balas y al llegar a la playa los soldados se lanzaban al agua, y se precipitaban contra las trincheras. Fue en ese primer momento cuando el teniente Barrientos seguido de Fuentes (el aspirante de la armada don Alberto Fuentes Manterola), arrancó de su embarcación la bandera que desplegaba en la popa, y se lanzaron al frente de un pelotón de soldados, sobre un peñasco que ocultaba a un grupo de bolivianos, y en segundos, batiéndose con la bayoneta, o con los rifles tomados del cañón a guisa de masa, mataron a algunos defensores de la roca, pusieron el resto en fuga y clavaron el estandarte en la posición enemigo».



El comandante del Loa, don Javier Molinas, dice en su parte del combate:

«El teniente Barrientos fue el primer chileno que saltó en tierra en la playa Norte, llevando una bandera nacional que plantó sobre una prominencia del terreno en medio de una lluvia de balas que sólo perforaron su traje».



Barrientos hace copartícipe de su acción al guardiamarina Fuentes:

«Inmediatamente -dice- que estuvimos en tierra me dirigí con los quince hombres que llevaba hacia un pequeño morro que está como a setenta metros hacia el Sur donde había algunos enemigos y acompañado del aspirante señor Fuentes enarbolamos en su cúspide nuestro tricolor».



La ciudad de Pisagua no olvidó el nombre del héroe del glorioso desembarco.

En 1934 la Municipalidad de ese puerto dio el nombre del Teniente Barrientos a una de sus plazas y levantó en el lugar del desembarco, un monumento a la Marina en cuya parte superior se colocó el busto del héroe osornino con la siguiente leyenda:

«Aquí, venciendo adversos elementos,

hijos de Arauco, en bélico desfile,

Triunfaron con asaltos muy sangrientos;

aquí, el primero, el inmortal Barrientos,

plantó en Pisagua el pabellón de Chile».



Además de las acciones de guerra que hemos mencionado, el Teniente don Juan Amador Barrientos también participó en la toma del Morro de Arica, el 7 de junio de 1880.

Se retiró de la Armada con el grado de Capitán de Corbeta, falleciendo en Santiago el 23 de julio de 1921.