101
«en estas contiendas», manuscrito de Panes. R.
102
Se ve claramente por ese relato, que habiendo ocupado los teochichimecas la sierra de Tepeticpac, quisieron extenderse a otras serranías y a la llanura; pero que los pueblos comarcanos se alzaron en armas para impedirlo y les movieron a la guerra. Resulta pues falso el relato de Iztlilxochitl (tomo I, página 290), en que cuenta que los cuatro hijos de Quinatzin se fueron a Tlaxcala con su tío Xiuhquetzaltzin, señor de ella, quien los había enviado a llamar muchas veces; y que de ellos descendieron los que después fueron los cuatro señores de Tlaxcallan. El prurito de sostener que todos los señores de la tierra descendían de los reyes de Texcoco, hizo cometer a Ixtlilxochitl estas inexactitudes. Por el contrario, y esto era lo lógico, los pueblos invadidos recibieron con guerra a los invasores.
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En la impresión de 1871 dice este pasaje: «porque como la natural e insaciable ambición tuvo lugar y entrada entre estos bárbaros, no pudo sufrir mayoría ni igualdad en el mundo». Variantes tan notables y tan repetidas, no pueden ser descuido de copistas, y parecen confirmar la idea de que hay diferentes versiones de la obra original.
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Este año de nueve pedernal o tepactl, correspondió a 1384.
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La mención de este personaje como Rey de México, debe causar suma extrañeza, porque no se conoce ninguno de sus monarcas con tal nombre. Torquemada, que sigue paso a paso la narración de Muñoz Camargo salva con la suya todas las dificultades en el siguiente pasaje: «para lo cual (dice) envió a pedir ayuda y favor a los Mexicanos Tecapanecas, reinando en ellos Matlalihuitzin, etc.» Trátase, pues, de un auxilio pedido al Rey de Azcapotzalco, que lo era de los Mexicanos denominados Tecpanecas. R.
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Aquí aparecen los huexotzincas como enemigos de los teochichimecas, y sin embargo, Torquemada dice que éstos fundaron a Huexotzinco. (Monarquía Indiana, tomo I, página 283.
En medio de la noticias contradictorias de los cronistas y de cronologías inconciliables, hemos visto ya que en aquellos rumbos hubo una irrupción de chichimecas, más de cien años antes de la llegada de los tlaxcaltecas. No podemos asegurar si aquellos fundaron a Huexotzinco, o si ya lo encontraron fundado; lo cierto es que era lugar de teochichimecas, pues en el Codex Zumárraga (capítulo I citado) se dice que los de Tlaxcala y Huexotzinco tenían a Camaxtli por dios principal.
Un pasaje de los Anales de Chimalpain (páginas 47 y 48) da en mi concepto la solución de estas contradicciones. Dice que en el año siete tecpatl, 1304, llegaron a Panohuayan-Amaquemecan los poyauhtecas, llevando por jefe a Nochhuetzin, y de porta-ídolo a Tlotlitecuhtli. Ya hemos visto, que desde el año 1208 se asentaron los teochichimecas en el Valle, en el sitio llamado Poyauhtlan, el cual se extendía desde las montañas hasta el lago en Coatlinchan. Los que quedaron en las montañas siguieron su vida troglodita; fueron los que se alzaron contra Quinatzin con Yacanex; y los que expulsados en 1350, se convierten en tlaxcaltecas. Los poyauhtecas que habitaban la llanura, aceptaron la vida de ciudad, y es de creer que al contacto de los chalcas, civilizaciones de aquella región (Mapa Tlotzin), alcanzasen cierta cultura. Ya por necesidad de mayor territorio, ya porque acaso sufrieran las depredaciones de los otros teochichimecas, antes de que éstos se alzaran en 1350, ellos peregrinaron pacíficamente desde 1307, y fueron ellos los que tomaron el camino del volcán, Panohuayan, y pasando por Amaquemecan, fueron a establecerse en Huexotzinco. De allí se extendieron al parecer pacíficamente, a otras poblaciones cercanas, como Matlatzinco y Cholollan, y llegaron hasta Quauhtinchan. Respecto de Cholollan, hemos visto que hacia el año de 1220 (Ixtlilxochitl, tomo I, página 120) su gran sacerdote Iztamantzin, aliado a los culhuas, sostuvo guerra contra los chichimecas. Tenemos además la noticia de que los teochichimecas llegaron a Cholollan en 1311, y que Tololohuitzitl salió a recibirlos hasta Amaquemecan: de manera que fueron de paz a colonizar y a mezclarse con los antiguos chololtecas. Esto nos va a explicar con claridad el número de tribus de la tira del Museo, que son las que arribaron al Valle con los mexicas. Quedaron en el Valle, o sea el Anahuac, los culhuas, los chalcas, los xochimilcas y los tepanecas; y fueron a establecerse del otro lado de las montañas orientales del Valle, los chichimecas tlaxcaltecas, los chololtecas, los matlatzincas y los huexotzincas; tribus cuyos jeroglíficos son los consignados en dicha tira del Museo.
Además de la tradición, tenemos otra prueba arqueológica del paso de los poyauhtecas por Amaquemecan. Sabido es que los primeros frailes, para facilitar la conversión de los indios, procuraron hacer sus iglesias donde éstos tenían sus teocalis, y poner en ellos alguna deidad cristiana de forma semejante al ídolo que allí se adoraba. Así en el monte de Ameca colocaron un Santo Entierro, pues Mixcoatl se representaba como un hombre acostado o metido en al agua, cual si fuera a tomar un baño, con un disco, el del sol, en las dos manos. (Véase en el Museo, el Kinich Kakmó de Yucatán, conocido por Chac Mol, y el Camaxtli de Tlaxcala; y el Mixcoatl de la antigua casa de Barron en Tacubaya).
Esto nos manifiesta otro hecho histórico importante: las tribus mecas habían aceptado por deidad principal al dios del fuego. Los amecas lo llevaron a la Península maya, y fue el Kinich Kakmó que tuvo culto privilegiado en Izamal y en Chichen. Repetimos que en el Codex Zumárraga (capítulo I) se dice que los de Huexotzinco y Tlaxcala tenían por dios principal a Camaxtli. En el capítulo X de la misma obra se refiera, que los de Xochimilco sacaron su dios que decían Quelaztli, el cual era el venado de Mixcoatl; en efecto, la pierna de este venado da la significación de fuego tletl, en el jeroglífico de Tlehuexolotzin, en la lámina 18 bis del Lienzo de Tlaxcala. También llama la atención, que a veces en el jeroglífico de Cholollan se pone una pierna de venado. Agrega el Codex, que los tepanecas traían por dios a Ocotecuhtli, que es el fuego: este nombre significa el señor o dios del ocote, y el ocote es el árbol resinoso que servía a los mexicanos para hacer el fuego y alumbrarse con sus llamas. Finalmente dice, que salió Atitlalahuaca, y su dios era Amimitli, que era una vara de Mixcoatl, el cual adoraban por dios, y por su memoria tenían aquella vara.
Amimitli se compone, de atl agua, de mimi plural de mitl flecha, y del sufijo de persona tli. Significa, pues, la personificación de las flechas de agua; pero para entender esto, debemos explicar que según las creencias nahuas, el fuego estaba sobre el agua, y que las flechas eran símbolo de los rayos del sol. Este Amimitli es precisamente el dios que está sobre el templo al principio de la tira del museo, y que yo he llamado Aacatl, que significa lo mismo.
Todavía debemos notar, que el primer dios de los aztecas fue Mexi, el tallo del maguey, de donde tomaron el nombre de mexicas: aquí aparece como segundo Aacatl o Amimitl; y en la misma tira, pasan a Culhuacan a adorar a Huitzilopochtli. Más tarde hicieron uno de Mexi y Huitzilopochtli, y sin duda confundieron con él también a Aacatl. A su vez los tlaxcaltecas parece que confundieron a Yaomaxtli y a Huitzilopochtli, e hicieron de ellos a Camaztli.
El Sr. Orozco creyó que Mixcoatl, que literalmente significa culebra de nube, era la tromba; pero Mixcoatl era el humo de la hoguera, que al elevarse semeja con sus espirales una nube en forma de culebra. Ahora bien, la hoguera era la señal de la guerra, y con hogueras escalonadas avisaban nuestros antiguos pueblos la aproximación del enemigo: de ahí viene el nombre de Yaomaxtli, paño de guerra, o mas bien, el que se encarniza con el enemigo.
Los otros pueblos del Valle, texcocanos y otomíes, no figuran en estas leyendas ni en la tira, porque los primeros vinieron por rumbo distinto, y los segundos eran los viejos habitantes del Anahuac.
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«de la hera», manuscrito de Panes. R.
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Antes lo ha llamado el autor Culhuatecuhtli, único señor de Texcalla y de Tepeticpac. Además de la diferencia de nombre, aunque muy semejante, esto nos hace notar que en un principio el señorío tenía un solo jefe, y que se componía de dos territorios, Tepeticpac y Texcalla; aunque en otros pasajes parecen confundirse entres sí, y con Texcaltipac, el cual pudiera ser una voz compuesta de las otras dos.
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Debemos observar, que ni en las crónicas texcucanas ni en las mexicanas, consta el auxilio de los texcucanos en la primera guerra, y la presencia de los mexicanos en la segunda: tampoco constan estos hechos en los anales jeroglíficos. Además, parece que el autor divide en dos una sola guerra, pues a ambas les da la misma fecha nueve tecpatl, 1384. Yo me explico esos sucesos de la siguiente manera. Expulsados los teochichimecas el año de 1350, tomaron el camino de la sierra que después se ha llamado Monte de Río Frío, y en ella estuvieron merodeando, hasta que invadieron y ocuparon por la fuerza los territorios de Tepeticpac y Texcalla. De ellos, en 1380, hizo Culhuatecuhtli el señorío de Texcalticpac. Las hordas salvajes vencedoras, quisieron continuar sus conquistas y sus depredaciones; y entonces los otomíes expulsados, los nonoalcas de la llanura, y las ciudades vecinas de Cholollan y Huexotzinco, se alzaron en armas contra los invasores. Estos rechazaron el ataque; pero no debemos creer que la victoria fue tan completa como la cuenta Muñoz Camargo, pues no se apoderaron de aquellas ciudades: más bien parece que la campaña concluyó por un tratado de paz, pues quedaron fijos y determinados desde entonces los límites de Texcaltipac.
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«Tlamacazcatzinco», manuscrito de Panes. La designación de este manuscrito es incompleta, y la del otro defectiva y defectuosa, según la que se encuentra en Torquemada, que da a esta sierra el nombre Tlamacazcatzinco Cuauhticpac. R.