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231

Propiamente Tlaximaloyan. R.

 

232

«murieron», en la impresión de 1871.

 

233

Parece que aquí falta la conjunción y.

 

234

De Muñoz Camargo tomó Torquemada en su Monarquía Indiana, y de éste La Rea en su Crónica de Michuacán, la hazañas de Tlahuicole. Los cronistas mexicas lo tratan de muy diversa manera. Tezozomoc dice (página 644), que preso Tlahuicole y llevado a Moteczuma, éste le hizo grandes presentes. Pero Tlahuicole no estaba contento con las honras que recibía del señor de México, y constantemente lloraba acordándose de sus mujeres. Le pareció cobardía a Moteczuma, y mandó que se fuese a su tierra. No lo hizo, y entonces los mexicas le negaron todo alimento: con lo cual Tlahuicole se despeñó de lo alto del templo de Tlatelolco, y murió.

Como se ve, aquí no se habla del mando de Tlahuicole en la campaña de Michuacan, ni de su muerte en el sacrificio gladiatorio.

En cambio Tezozomoc nos da la noticia de que Tlahuicole era otomí: lo cual explica por qué el Sr. Ramírez no encontraba la etimología de su nombre en la lengua náhuatl.

 

235

«Huitziloputchtli» en la impresión de 1871. El verdadero nombre es Huitzilopochtli.

 

236

Ya hemos explicado en otros trabajos, que nuestros antiguos pueblos no tenían esa idea de la divinidad, que les restan los cronistas cristianos. La base de la religión nahua es el culto de los astros. Sus dioses creadores Tonacatecuhtli y Tenacacihuatl eran el sol y la luna. Yo, siguiendo ajenas interpretaciones, los había llamado el Señor y la Mujer de nuestra carne o que nos alimentan, y naturalmente había creído a ésta, la tierra productora. Nuevos estudios han variado mis ideas, y voy a exponerlas.

La raíz tona significa luz: así día se dice tonalli; sol tonatiuh, verano tonalco, y tonalmitl al rayo de sol, que literalmente significa flecha de luz. También al rayo del sol se llamaba acatl: por lo tanto tonacatl quiere decir rayo de luz, y Tonacatecuhtli el señor de los rayos de luz, como Tonacacihuatl la mujer de los rayos de luz: es decir, el dios y la diosa que nos alumbran, o sea, el sol y la luna.

 

237

Tlotenahuaque, manuscrito de Panes. Esta es la ortografía que se lee en los mejores escritores. R.

 

238

Los cronistas del siglo XVI, no comprendiendo bien las ideas nahuas, las confundían con las cristianas. Los nahuas tenían después de la muerte, una vida limitada en el Mictlan, y los escritores tomaron esto por inmortalidad. (Véase en este punto, mi Historia Antigua de México).

 

239

Aquí el autor confunde a los ángeles con los tlaloques, pequeñas deidades que ayudaban al gran dios Tlaloc, a verter las lluvias sobre la tierra.

 

240

Al fuego lo llamaban Huehueteotl, que no significa dios de la senectud, sino dios viejo, para significar que había sido uno de los primeros dioses. El fuego y el sol que lo produce, se confundían; y así vemos en la figura central de la Piedra del sol, a éste con una máscara de viejo, en la cual están bien marcadas las arrugas.

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