291
«horas», manuscrito de Panes. R.
292
Refiérese el autor a la terminación tzin del nombre mexicano de Marina, que agregada a cualquiera palabra denota respeto o estimación hacia la persona o cosa a que se refiere. Y ya que se ha mencionado a esta mujer famosa, que tuvo una influencia tan decisiva en la buena suerte de la conquista, no estará por demás rectificar un error vulgar y tan generalmente propagado, que cayó en él uno de nuestros más distinguidos escritores. Asienta el Sr. Alamán (Disertación 2ª, página 59 en la nota) que el nombre de Malintzin es una corrupción del de Marina, procediendo de que «no teniendo la lengua mexicana la letra r se sustituyó en su lugar la l y de aquí el nombre de Marina se transformó en Malina, al que agregada la terminación tzin que era el diminutivo de cariño en la misma lengua, resultó Malintzin (Marinita)»; agrega que «como los españoles corrompían esta terminación pronunciando en su lugar che de aquí salió el nombre Malinche». Esta explicación etimológica supone, cuando menos, que no es conocido el nombre propio mexicano de Marina, y que el conservarlo como tal, es una corrupción de otro castellano. La cosa ha pasado de una manera enteramente diversa. Marina tenía un nombre propio mexicano, probablemente el mismo que tuvo una de las mujeres de Maxtla, rey de los Tepanecas llamada Malin (Torquemada, Monarquía Indiana, libro 2º, capítulo 29), del cual con la terminación reverencial tzin, se formó Malintzin. He leído en alguna memoria histórica, no recuerdo cuál, que se llamaba Malinalli, de cuya palabra resultaría Malinaltzin. Lo cierto es, que el nombre de Marina y quizá más propiamente María se le impuso en el bautismo: así lo dice paladinamente Bernal Díaz del Castillo, testigo de vista e irrecusable, repitiéndolo por dos veces en el capítulo 86 de su Historia, donde dando razón de los presentes que hizo a Cortés el Cacique de Tabasco, menciona el de veinte mujeres «y entre ellas una muy excelente mujer que se dijo Doña Marina, y que así se llamó después de vuelta cristiana». Poco adelante agrega «e luego se bautizaron y se puso por nombre Doña Marina a aquella india y señora, etc.» Parece pues indudable que el mexicano Malintzin no es corrupción del castellano María y que más bien podría conjeturarse lo contrario. Así también podemos creer que los españoles y mexicanos continuarían llamándola según su propia lengua, y que en Marina se ha de haber verificado lo que en todos los indios bautizados, esto es, que tenían como nombre propio el del Santo que se les imponía en el bautismo, convirtiéndose el suyo antiguo gentílico en una especie de apelativo. De ello tenemos innumerables ejemplos en las matrículas de tributos del Siglo XVI, donde sobreabundaban los nombres de Pedro Ocolotl, Juan Tochtli, Antonio Cuauhtli, etc. y el de la heroína que nos ocupa lo tenemos en Torquemada (Monarquía Indiana, libro 4º, capítulo 27) que la llama Marina Malinche. R.
293
«para», manuscrito de Panes. R.
294
Se llamaba Malinalli Tepenal, y con el sufijo reverencial Malintzin. Era huérfana del cacique de Oluta, pueblo del istmo de Tehuantepec; y había sido vendida en Potonchan por unos mercaderes de Xicalanco: así es que hablaba las lenguas maya y náhuatl. Cortés la dio de pronto a Portocarrero.
295
Se equivoca el cronista. García del Pilar, famoso por su rapacidad y venalidad, vino mucho tiempo después con el ejército de Narváez. Véase la nota siguiente. R.
296
El cronista se equivoca manifiestamente, atribuyendo a Aguilar las aventuras que pasa a relatar. Ellas pertenecen a González Guerrero, según puede verse en Bernal Díaz que las compendia en el capítulo 29 de su Historia. Guerrero y no Pilar fue el compañero de cautividad de Aguilar. Este, dice el mismo Bernal Díaz, «tenía órdenes de Evangelio». Me parece absolutamente inverosímil lo que aquí se cuenta del matrimonio de Marina. R.
297
Esto es, la promesa. R.
298
Este relato es inexacto. Cuando Cortés volvió a Cozumel para reparar la nave de Escalante, y cuando el 18 de Marzo se disponía a partir la flota, llegó en una canoa, escapado de su cautiverio, el diácono Jerónimo Aguilar que había vivido entre los mayas, desnudo y armado de arco y flechas. Había aprendido la lengua del país, y así le sirvió a Cortés de intérprete en aquella región.
Como Marina fue regalada en Tabasco hacia el 17 de Abril, se ve claramente que no era esposa de Aguilar. Algunos suponen que después casó con él; pero a esto se ha contestado con razón, que siendo diácono Aguilar, no podía casarse. Sí es cierto que éste tuvo hijos, los cuales están mencionados en el manuscrito de Dorantes.
299
Bernal Díaz dice que la dio, y no en guarda, a Alonso Hernández Puertocarrero. R.
300
Huilotla: creo que es Oluta. Cozumel, isla de las golondrinas. Antes el autor usa también de los nombres Xalisco y Acosamilco, que son Xalixco y Acuzamil. En estas lenguas no se usaba la letra s.