101
Hernández Villarroel, en 7 de febrero de 1577, escribió al Consejo quejándose de la sentencia de los inquisidores y diciendo que sus acusadores eran enemigos mortales suyos, no habiendo dado su acusación sino después de los disgustos que tuvieron con él; que lo habían tenido en las cárceles secretas más de tres meses, y por fin, que su proceso había durado más de año y medio.
102
Carta de 16 de abril de 1578.
103
«Llegó el padre fray Luis, dice Calancha, por los estudios y lucidas letras ganadas acá, a ser aplaudido letrado y primer maestro; ganó en dieciséis años de religioso tanto crédito en observancia, actividad y prudencia, que mereció ser escogido entre tantos siervos de Dios muy antiguos, por prelado y provincial». El mismo autor refiere que Tinto una noche en el Cuzco por salir por una puerta se cayó de tan alto de una ventana que se hizo pedazos brazos y piernas. Tinto murió en Roma, y según da a entender el cronista citado, no muy santamente. Corónica, pág. 690.
104
Eran éstos fray Felipe de Santa Cruz, y fray Baltasar, Pedro Martínez, Juan de Lavín, mercenarios, y los franciscanos Francisco de Gálvez, Antonio Cuadramiro, Francisco de Chaves y fray Pedro de Miranda, etc. «Acerca destas causas hemos visto, decían Cerezuela y Ulloa, en carta de último de febrero de 1577, que algunos confesores entendiendo que este caso es del Santo oficio, habiendo confesado algunas mujeres antes, una o más veces, tornándose ellas a confesar con los tales confesores y estando en el confesonario, ellos las dicen que no las quieren confesar, y allí tractan cosas deshonestas con ellas, y habido confesor que en el confisionario ha tenido cópula carnal con la que se iba a confesar, y otros fuera de allí. Deseamos saber de Vuestra Señoría si procederemos contra éstos...». El número que indicamos en el texto se había duplicado a principios de 1578, pero estos negocios no habían podido verse porque los del auto habían ocupado mucho a los jueces. Carta de 16 de abril del citado año. Por estos días recibieron los Inquisidores orden de proceder por sí mismos, sin necesidad de enviar los procesos a la Península.
105
Carta de Juan Bernal, lib. 755.
106
«Salieron en el auto veinte penitentes, al uno remitieron a la justicia ordinaria y fue quemado vivo». -Carta de Juan de Saracho de 30 de marzo de 1582.
El proceso de Bernal, según el inquisidor Ruiz de Prado, adolecía de los vicios siguientes: no parecía la causa que había movido al comisario para prenderlo, ni mandamiento de prisión. Uno de los ingleses que se hallaba en ese tiempo en la cárcel declaró que Bernal le había dicho que él y sus padres eran luteranos; «pero no hay votos, ni denunciación del fiscal, ni otra claridad más que ésta; no se declaró en los votos el tiempo que comenzó a cometer los delitos, como se había de hacer; la sentencia no está firmada del Ordinario». -Relación de causas, fol. 268 vuelta.
107
Relación del auto de la fe, etc.
108
Carta de los Inquisidores de 19 de marzo de 1582.
109
Carta de 13 de marzo de 1583.
110
Íd. de Gutiérrez de Ulloa de 21 de febrero de 1583. Almaraz era natural de Salamanca, hijo de un contador de las cajas reales de Lima. Concluyó sus estudios en esa ciudad, obteniendo por oposición en1581 una cátedra en la Universidad, y mereciendo diez años más tarde, ser elegido provincial de su Orden en el Perú. Falleció en 1592, a la edad de setenta años, en circunstancias de haber sido presentado para el obispado del Paraguay. Su retrato se conserva en la Universidad. Calancha y Mendiburu, Diccionario.