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No entra en nuestro propósito el referir estos sucesos sino en sus rasgos principales. El lector, por otra parte, hallará una relación bastante detallada de todos ellos en los capítulos 7 y 8 del libro IV de la Historia de la conquista del Paraguai, etc., del padre Pedro Lozano que hemos citado anteriormente.
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Fueron estos sangrientos despojos los que los indios presentaban a los defensores de la plaza, como contamos, para hacerles creer que habían sido derrotados y muertos todos los españoles que había en aquella región.
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El testamento del gobernador Francisco de Villagrán, así como la provisión en que designaba a su sucesor, fueron registrados en el libro tercero del cabildo de Santiago. La pérdida de ese libro no nos permite conocer esos documentos en su forma original, y estamos obligados a tomar estas noticias de la obra citada de don José Pérez García que los conoció y los extracta sumariamente.
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La fecha exacta de la muerte de Francisco de Villagrán constaba del libro perdido del cabildo de Santiago, que conoció Pérez García, y está confirmada en la carta del capitán Francisco de Ulloa que hemos citado. La Crónica de Mariño de Lobera, lib. II, cap. 19, por un error de imprenta o de copia, dice 22 de julio; y Góngora Marmolejo, cap. 42, la fija equivocadamente en 15 de julio. Ya veremos que su sucesor fue reconocido por el cabildo de Santiago el 29 de junio.
Góngora Marmolejo ha consignado en ese lugar las noticias que entonces debieron circular acerca de las causas determinantes de la muerte de Villagrán. Cuenta a este respecto que el bachiller Bazán, que lo asistía, le aplicaba unciones de azogue «preparado con otras muchas cosas», recomendándole que se abstuviese de beber agua, aunque tuviese mucha sed. Añade que, desobedeciendo esta prescripción, Villagrán se hizo pasar una redoma de agua y se la bebió, que inmediatamente se sintió mal, y el facultativo declaró que ya no había curación. Es posible que todo esto no pase de ser un cuento vulgar, como los que circulan frecuentemente en tales casos.
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A estos datos biográficos, debemos agregar otro. El cronista Antonio de Herrera, Historia jeneral, dec. IV, cap. 2, refiere que en 1538, estando Almagro preso en el Cuzco, los capitanes Alonso de Mesa y Francisco de Villagrán, fraguaron una conspiración para devolverle la libertad. Descubierta la trama, Hernando Pizarro mandó decapitar a Mesa, y Villagrán fue condenado a sufrir igual pena. La intervención de Gonzalo Pizarro le salvó la vida. Este hecho había sido referido por el cronista Pedro Cieza de León, de donde lo tomó Herrera; pero en la publicación que se ha hecho en Madrid en 1877 de La guerra de las Salinas, leo en el capítulo 59 que escribe Pedro de Villagrán. Ignoro si éste es un error de imprenta, o si en realidad el cómplice de Mesa fue el capitán de este último nombre.
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Carta a Felipe II de los oficiales reales de Santiago de 3 de septiembre de 1564. Las deudas de Villagrán a favor de particulares provenían de los préstamos que había contratado en el Perú en 1561 para trasladarse a Chile.
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Doña Cándida Montes, o Montesa, como escriben otros, falleció por los años de 1570, dejando vacante un extenso repartimiento de tierras y de indios que por causa del estado de guerra debía ser poco productivo.
Villagrán dejó, además, un hijo natural llamado Álvaro. Bajo el gobierno de Bravo de Saravia, en 1573, Álvaro de Villagrán reclamaba, con la protección del primer obispo de la Imperial, el repartimiento de su padre, como puede verse en Los oríjenes de la iglesia chilena, cap. 20, § 3, por don Crescente Errázuriz. A fines del siglo XVII, sus descendientes solicitaban la posesión de otro repartimiento en atención a los servicios prestados por sus mayores en la conquista de Chile.
La historia del gobierno de Francisco de Villagrán descansa principal y casi exclusivamente en las crónicas de Mariño de Lobera y de Góngora Marmolejo, acordes ambos en el fondo, pero divergentes en muchos detalles y, aun, en el orden de los sucesos. Ambas crónicas, casi no contienen más que hechos militares, y son deficientes o erradas en cronología. Los documentos que nos quedan, me han servido para completar el cuadro de los sucesos, restableciendo las fechas en cuanto es posible.
Los cronistas e historiadores posteriores han referido el gobierno de Villagrán con notables errores; sin embargo, la historia manuscrita de Pérez García, es útil para restablecer algunas fechas y varios accidentes que tomó del libro del cabildo de Santiago que ahora está perdido.
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El acta de la proclamación de Pedro de Villagrán y los documentos a que en ella se hace mérito, llenaban los folios 335-344 del tercer libro del cabildo de Santiago. Desgraciadamente no los conocemos sino por el ligerísimo resumen que ha hecho Pérez García en los caps. 2 y 3 del lib. XVI de su historia manuscrita.
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Durante esta residencia en el Perú, Pedro de Villagrán vivió principalmente en el Cuzco, y allí contrajo matrimonio con una señora española llamada doña Beatriz de Santillana, que poseía un rico repartimiento de tierras y de indios. Esta señora, sin embargo, no vino nunca a Chile, a lo menos no encuentro la menor referencia a ella en ningún documento.
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Góngora Marmolejo, cap. 43; Mariño de Lobera, lib. II, cap. 22. Según este último cronista, los mismos españoles al evacuar la plaza de Arauco, pusieron fuego a las chozas que les habían servido de cuarteles. Refiere, además, equivocadamente que los españoles se retiraron no a Angol sino a Concepción. En el texto hemos seguido con frecuencia la versión de Góngora Marmolejo que se conforma más a los documentos.