Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

31

Leleu, Les journaux, p. 39; Marañón, AmieL, p. 315. El libro de Girard alude muchas veces a este tema, pero sobre todo en el subcapítulo «Le monde intérieur et la solitude» (494-498).

 

32

M. Leleu tiene una parte titulada «Ennui. Melancholia», en su capítulo de las constantes (40). Girard al afirmar que los intimistas tienden a acentuar lo negativo dice: «La joie ne se raconte pas, la plénitude intérieure se suffit à elle-même» (167-168).

 

33

Véanse la parte III del libro de Gusdorf «L'attitude critique et la connaissance directe» y el último capítulo.

 

34

Michèle Leleu trata el problema en sus «Remarques Terminales. Le problème de la sincérité» de su libro (307-319).

 

35

Girard discute la diferencia que hay entre la simple observación interna y la introspección en su obra (Le journal intime, p. 5).

 

36

L. Dugas, La timidité, étude psychologique et morale (Paris: Felix Alcan editeur, 1907), p. 78 y siguientes.

 

37

Diario, I, pp. 36, 125, 194, 235; II, 78.

 

38

Hostos, Antología, volumen XIII de la serie El pensamiento de América (México: Secretaria de Educación Pública, 1944), prólogo y selección de Pedro de Alba, p. XII. F. Elías de Tejada compara a Hostos con don Quijote en «Las doctrinas políticas de Eugenio María de Hostos», Hostos hispanoamericanista (Madrid: Imprenta Juan Bravo 3, 1952) pp. 211-218.

 

39

La copiosa literatura hostiana ha acentuado, casi exclusivamente este aspecto de su personalidad. Lo mismo hace el trabajo de Alba mencionado en nota anterior, obra muy estimable por ser de las pocas que valoriza el Diario, pero cuya selección no le hace justicia total. Por ejemplo, de Alba no incluyó en ella trozos que muestran al Hostos enamorado.

 

40

Sobre este tema, el Diario menciona que Hostos publicó en Lima, 1870, un trabajo titulado «La devoción del deber» (II, 9), título que sugiere la posible influencia de Pellico cuyo discurso Doveri degli uomini (1834) aparece entre «los libros que he leído con más fruto», en reflexiones de 1878 (II, 299-300).