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11

En relación con Karl Heinrich Ulrichs y con Magnus Hirschfeld, cf. Tamagne, 2000, caps. 2 y 3.

 

12

El propio Havelock Ellis fue consciente de la importancia de su magna obra. De hecho, en su autobiografía, manifiesta el temor a no poder verla terminada: «Algunas veces, según me iba sintiendo viejo, se apoderaba de mí el miedo a la muerte, pero si me estremecía era únicamente debido al pensamiento de tener que dejar mi trabajo inacabado» (Ellis, 1976, II, p. 54). Líneas más abajo deja clara su satisfacción, sin ningún tipo de falsa modestia, porque cree ciertamente haber realizado «un trabajo inmortal en el arte científico» (Ellis, 1976, II, p. 54), puesto que -considera- ha «hecho un servicio a la humanidad, algo que la humanidad necesitaba y, al parecer, yo era el único adecuado. Ayudé a hacer el mundo, y a hacerlo por el único camino en que puede hacerse: el camino interior, mediante la liberación del espíritu humano» (Ellis, 1976, II, p. 55).

 

13

La publicación de dichos estudios, con unos postulados demasiado avanzados para la época, puesto que Havelock Ellis consideraba, por ejemplo, que la homosexualidad, tanto masculina como femenina, carecía de un componente enfermizo o inmoral entre otros aspectos, le ocasionó en 1898 la denuncia del que fue oficialmente su primer volumen, Inversión sexual -tras el preparatorio Hombre y mujer, publicado en 1894- bajo la acusación de obscenidad. Él mismo lo relatará en Mi vida (Ellis, 1976, I, pp. 362-385), explicando que se acusaba a los editores de haber «vendido y divulgado cierto depravadamente perverso lujuriosamente escandaloso y obsceno libelo en forma de libro, titulado Studies in the Psychology of Sex: Sexual Inversion» (Ellis, 1976, I, pp. 377), descalificándose finalmente en la sentencia el contenido científico de la obra, considerado poco menos que pornografía.

 

14

Aunque la obra completa (excepto el posterior volumen complementario, claro está) fue editada en 1913 en Madrid por Hijos de Reus, dentro de la Colección «Biblioteca Médica de Autores Extranjeros», sin embargo ya en 1906 se encuentran en la prensa periódica, en especial de Barcelona (cf., por ejemplo, La Esquella de la Torratxa, Barcelona, 6 de julio de 1906, p. 467), reclamos publicitarios que dan cuenta de la publicación del volumen titulado Amor y dolor. Estudios sobre el sadismo y el masoquismo, trad. de Ginés de San Telmo (Madrid, Viuda de Rodríguez Serra, 1906), incluido significativamente dentro de la Colección «Biblioteca de Ciencias Penales», lo que permite suponer la consideración que las parafilias tenían aún en la sociedad española. De hecho, y recurriendo a mi propia experiencia personal, cuando a comienzos de los años noventa del pasado siglo (en tiempos aún ajenos a Internet), intenté localizar algún ejemplar de los Estudios de psicología sexual de Ellis, el único lugar de Granada donde pude localizar dicha obra fue en la biblioteca del Departamento de Derecho Penal de la Universidad de Granada, lo que -a mi juicio- resulta verdaderamente significativo.

 

15

Traducida por Agustín O. Larrauri, fue publicada por El Ateneo Editorial.

 

16

Revisión y puesta al día de la ed. original por Alexander Hartwich, trad. de J. Martínez Montoliú y J. A. Bravo, Barcelona, Sagitario, 1970, 2. vols.

 

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Traducida por J. Moreno Marutell, la obra fue publicada hacia 1895-1899 en 2 vols. en Madrid por La España Moderna (casualmente, editora de la revista homónima donde Havelock Ellis publicaría años después, entre 1908 y 1909, toda una serie de reportajes sobre España, recogidos más tarde en su libro El Alma de España.

 

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Creado como un concepto bastante más amplio que el convencionalmente empleado de «onanismo», cf. las palabras del propio Ellis al respecto: «El campo del autoerotismo es muy extenso: abarca desde los sueños casualmente voluptuosos, en los cuales el sujeto permanece pasivo por completo, hasta los esfuerzos constantes y desvergonzados que se observan entre los locos, y que, consistiendo en manipulaciones diversas, tienden a obtener placeres sexuales [...]. // No creo que la invención de la palabra autoerotismo necesite muchas explicaciones. No hay actualmente en el lenguaje usual palabra alguna que indique el alcance verdadero de los fenómenos con que pienso ocuparme aquí. Estamos familiarizados con la palabra masturbación; pero ésta, hablando con entera propiedad, sólo se refiere a una subdivisión especial y arbitraria del tema, aunque, a decir verdad, sea la subdivisión con la cual se han ocupado principalmente los médicos y los alienistas. El abuso de sí mismo es algo más amplio, pero no abarca, ni con mucho, todo el tema, a la par que es una palabra poco satisfactoria. 'Onanismo' se usa mucho, especialmente en Francia [...], pero es un procedimiento confuso y anticuado, y desde el punto de vista psicológico, totalmente ilegítimo. 'Onanismo' es palabra que nunca debe emplearse en este sentido, aunque no sea más que por el hecho de que los propósitos de Onán no eran autoeróticos, sino meros casos de retirada antes de la emisión, o sea del coitus interruptus» (Ellis, 1913a, pp. 176-177).

 

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Havelock Ellis dedica por extenso al fenómeno que él denomina como eonismo ese último volumen complementario antes aludido, Eonism an other Suplementary Studies (1928). Cf. el trabajo de Romi, Juan Carlos, «El travestismo. Implicaciones sexológicas, médico legales y psicosociales», en el que afirma: «Havelock Ellis, autor de Studies in Psychology of Sex, también estudió el fenómeno travestista y criticó la posición de Hirschfeld, quien, en opinión de Ellis, reducía el travestismo a un problema de vestido, lo cual -afirmaba- era sólo uno de sus componentes. Ellis llamó 'eonismo' y la describió como una 'inversión sexo-estética' que conducía a una persona a sentirse como persona del sexo opuesto y la diferenció de la 'inversión sexual' que significaba un impulso sexual, orgánico e innato, hacia el mismo sexo» <http://www.aap.org.ar/publicaciones/forense/forense-18/06_Romil8.pdf>.

 

20

Cf. Moura y Louvet, 1929 y Rogister, 2005.