21
Tal vez convenga, sin embargo, ordenar sinópticamente los tres modos de la teleología morfológica vesaliana. El «fin» a que sirve la parte puede ser entendido:
- Relativamente a la vida del individuo humano en el Universo: ejemplo, la situs ratio de la cabeza ósea y la existentiae ratio de los órganos digestivos.
- Relativamente al «uso» de la parte en cuestión, entendido este «uso» conforme a la fisiología de Galeno. En tal caso, el fin propio de la parte estudiada suele estar medianamente referido a la vida total del individuo, como en el modo anterior.
- Como una consecuencia de la figura quiescente de la parte en cuestión. La «finalidad se convierte ahora en puro término consecutivo»; la forma anatómica es considerada no sólo como conditio sine qua non de la función, sino como su determinación unívoca. Es la «teleología»- si puede llamarse así- propia de la morfología y de la fisiología «modernas».
22
No sólo el recuerdo de la estatua viviente, sino, a veces, el de la estatua pensante y creyente. Así, por ejemplo, cuando Vesalio menciona la función de los ventrículos cerebrales del hombre, «único entre todos los animales dotado de la facultad de pensar»
. Y, por esto, prosigue Vesalio, «cantando himnos, expresamos nuestro agradecimiento a Dios, autor de todas las cosas, porque nos concedió con largueza el alma racional que tenemos común con los ángeles; por cuya virtud, si no nos falta la fe, gozaremos de la felicidad eterna, cuando no sea necesario inquirir la sede y la sustancia del alma mediante la disección del cuerpo y con una razón soterrada en el vínculo corpóreo y dependiente de su buena salud y constitución»
(Fabrica, VII, 6).
23
Ad. Burggraeve, Histoire de l'anatomie. París, 1880.
24
Para ser exacto diré que sólo he descubierto en la Fabrica una fugacísima alusión a Mondino (V, 15).
25
En un libro de Antonio de Beatis (Viaje del Cardenal Luis de Aragón a través de Alemania, Países Bajos, Francia e Italia del Norte, 1517-1518, editado por Ludwig von Pastor. Friburgo de Brisgovia, 1905) se nos cuenta cómo el Cardenal se detuvo en Amboise, el 10 de octubre de 1517, para visitar a «Messer Lunardo Vinci», el Florentino. «Este caballero -prosigue el autor de la narración- ha escrito de anatomía con mucho detalle, mostrando por dibujos los miembros, músculos, nervios, venas, ligamentos, intestinos y todo lo que puede escudriñarse en los cuerpos de hombre y de mujer, según un método que nunca ha sido empleado por nadie. Todo esto lo hemos visto con nuestros propios ojos; y él dice que ha disecado más de treinta cuerpos, tanto de hombre, como de mujer, de todas las edades...»
(cit. por Edw. Mac Curdy en su edición de los escritos de Leonardo: The Note-books of Leonardo da Vinci, 5.º ed., Londres, 1945, pág. 13). Luego diré algo acerca del sentido que tenía esta preocupación anatómica de Leonardo.
26
Véanse los trabajos de Zubiri «Sócrates y la sabiduría griega» y «Grecia y la pervivencia del pasado filosófico», en su libro Naturaleza, Historia, Dios. Madrid, 1945.
27
Véase, por ejemplo, el estudio «Ideas y creencias», en Obras Completas, V (Madrid, 1947).
28
La palabra «Renacimiento» es demasiado equívoca: basta pensar, para convencerse de ello, en la enorme diferencia existente entre Vesalio, hombre formado en el Renacimiento italiano, y Paracelso, genuino representante del Renacimiento germánico. Con el término «Renacimiento» me refiero ahora exclusivamente al italiano.
29
«Vives», Obras Completas, V, 492. Debe hacerse, sin embargo, un grave reparo a la letra de esta afirmación. La Edad Media fue «medievalmente cristiana»
, y el mundo moderno ha sido -parcialmente, al menos: y, dentro de esa parte, de modo más o menos ortodoxo- «cristiano a la moderna»
. Quiero decir con ello que la posibilidad de ser cristiano sin incurrir en extravagancia histórica no se agotó con el Medioevo, como podría inferirse aceptando literalmente el texto transcrito.
30
«Historia como sistema», O. C., VI, 18.