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Gonzalo Correas, Arte de la lengua española castellana, ed. Emilio Alarcos García, Madrid, CSIC, 1954.
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Voy a ofrecer el íncipit sólo de algunos de los romances líricos -los más hermosos- que ya hemos editado en los dos volúmenes del Libro de Tonos Humanos, sin contar los que tenemos ya trabajados y aún los mantenemos inéditos -téngase en cuenta que el primer volumen contiene hasta el n.º 45-: «¡Qué bien sienten mis suspiros!» (n.º 6); «Mi cobarde pensamiento» (n.º 13); «Ya las sombras de la noche» (n.º 23); «Pues lo quiso el corazón» (n.º 26); «Que yo te quiero, Gileta» (n.º 34), «Para qué quiero la vida» (n.º 39), «¡Ay, que el silencio malogra...!» (n.º 68), «¿Para qué tan riguroso,...?» (n.º 89) y «En mis ojos, Fili hermosa» (n.º 90). De momento, excluimos de este estudio los romances del Cancionero Poético-Musical Hispánico de Lisboa, que también estamos editando, porque, al pertenecer a un período cronológico anterior, debemos estudiar, en primerísimo lugar, a qué escuela poética pertenecen sus seguidillas, si a la de 1580 o a la de 1600, como pertenecen las del Libro de Tonos Humanos, ya que, como demostró Frenk, entre la seguidilla de 1600 y la que se cantaba en 1580 «media un abismo»
, Frenk, op. cit., pág. 247. Asimismo, remito a la edición del primer volumen del cancionero lisboeta, y en concreto, a las páginas de nuestro estudio, en las que deslindamos la cronología del cancionero y su repertorio: La música y la poesía en cancioneros polifónicos del siglo XVII. III Cancionero Poético-Musical Hispánico de Lisboa, vol. I, edición crítica, estudio y notas de Lola Josa (poesía) y Mariano Lambea (música), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2004, pág. 20-27.
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Frenk, op. cit., pág. 249.
24
Vid. supra, nota 24.
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Frenk comenta esta característica como propia de la seguidilla, en sí, a partir de 1600 (Frenk, op. cit., pág. 250). Sin embargo, nosotros la encontramos más evidente en las que hemos denominado seguidilla conclusiva, como acabamos de comentar.
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Remito al lector a las «Ilustraciones» que encontrará al final del trabajo para que pueda apreciar la versión poético-musical de los romances que aporto como ejemplos.
27
Josa y Lambea (eds.), La música y la poesía en cancioneros polifónicos..., vol. II, pág. 64. Remitimos al ejemplo n.º 1 de las «Ilustraciones».
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Josa y Lambea (eds.), La música y la poesía en cancioneros polifónicos..., vol. II, págs. 57-58. Remitimos al ejemplo n.º 2 de las «Ilustraciones».