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La esmeralda del amor

Francisco de Rojas Zorrilla



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Personas
 

 
EL REY CARLOS DE FRANCIA.
EL DUQUE,   galán.
EL CONDE,   galán.
EL MARQUÉS,   barba.
LA INFANTA,   dama.
BLANCAFLOR,   dama.
ISABELA,   dama.
FELINA,   criada.
UN GRIEGO,   viejo.
ALFEO,   músico.
PIERRES,   gracioso.
DOS SOLDADOS.
DOS PRETENDIENTES.
Música.
Acompañamiento.





ArribaAbajoJornada primera

 

Tocan cajas y clarines, y salen por un lado EL REY y ACOMPAÑAMIENTO, y por el otro EL DUQUE, EL CONDE y EL MARQUÉS, barba.

 
MARQUÉS
Rey nuestro, rey francés, Carlos valiente,
señor de los imperios del Oriente,
cuyo renombre aclama
el bronce de la fama,
sed ml veces a Francia bien venido;
vuestras plantas me dad.

 (Arrodíllase.) 

REY

 (Abrázalos.) 

Agradecido,
para tan nobles lazos
apercibo los brazos.
DUQUE
¡Quién de vuestro valor, vuestros alientos,
supiera la verdad!
REY
Estadme atentos:
por la margen amena del Rhin marcha
el lombardo escuadrón con tanto brío,
que del Enero no temió la escarcha
ni sintió los rigores del estío;
aquél vibra la pica y éste la hacha,
provocando a batalla y desafío,
a sombras de su bárbaro estandarte,
rayos de Jove y cóleras de Marte.
Descubrió nuestro ejército su gente
cuando dispierta la rosada aurora,
y en los hermosos campos del Oriente
rayos bebe de luz, que en perlas llora
al mismo tiempo el sol sacó la frente,
en vano los laureles enamora,
y volviose a esconder, que no quería
ver el horror de aquel tremendo día.
Turba el cielo su faz, no está serena,
la tierra se estremece, el cielo brama,
condénsase el vapor, la nube truena,
relámpago es la luz, rayo la llama,
las nubes dan horror, los aires pena,
la niebla crece, en sombras se derrama,
no vuela el ave, encierra ya la fiera,
la lluvia amaga, tempestad se espera.
Las aguas se desatan con rocíos,
párase su escuadrón, marchan mis gentes,
crecen las lluvias, van cobrando bríos,
perlas del alba fueron ya sus fuentes;
pasan a ser arroyos, ya a ser ríos,
aun las esferas mares son valientes;
todo es tinieblas, apagose Febo,
ya es enojo de Dios, diluvio es nuevo.
Temblaron otra vez los empinados
montes al verse en aguas sumergidos,
temieron otra vez verse anegados
los pájaros celestes en sus nidos;
en las cóncavas grutas encerrados
los brutos de temor dieron bramidos;
las nubes el Océano se beben,
revientan luego y lo bebido llueven.
Su ejército gentil se desbarata,
al terrestre naufragio animo el mío,
con pecho denodado embiste y mata,
porque los cielos le llovieron brío;
y por teñir de carmesí su plata,
rompió las verdes márgenes el río,
y a los muertos, que en hombros se llevaba,
vivos sepulcros en sus peces daba.
Inundar mi campaña no podían
los cristales, quizá de lisonjeros,
y aquellos que sin ánimo temían
el gran valor de mis soldados fieros
al agua se arrojaban, y bebían
la sangre de sus mismos compañeros,
y el eco de mi nombre era más fuerte
que el parasismo de la misma muerte;
quedamos yo y el agua vencedores,
la tempestad funesta se retira,
de las nubes cesaron los rigores,
el zafir de los cielos ya se mira;
sale el arco de paz de tres colores,
el mundo vuelve en sí, todo respira,
las nubes pinta el sol con listas de oro
y un rayo se asomaba a cada poro.
Vuelan las aves, caracoles hacen,
corren las fieras, retozando braman,
vense las plantas, florecillas nacen,
pájaros cantan yen su voz me aclaman;
salen rebaños, la campaña pacen,
todo es aplausos, vencedor me aclaman,
mi mano espera, si esperó mi frente
laureles de Asia, imperios de Occidente.
DUQUE
Al cielo ruego que hasta el africano
el castigo se alargue de tu mano.
CONDE
Siendo tu brazo ¡oh Carlos sin segundo!
Asombro de los términos del mundo.
REY
Conde, sepa mi hermana que he llegado.
CONDE
Ya voy a hacerlo que me has mandado.

  (Ap. 

Hoy un nuevo cuidado me desvela;
al Rey quiere Isabela,
y aunque él no ha estimado,
puede volver trocado;
morirá mi esperanza,
pues que vive en la ausencia la mudanza.

 (Vase.) 

DUQUE

 (Ap.) 

El Rey a Blanca quiere,
y ella le corresponde, mi amor muere;
mas puede ser que él se haya convencido
o que la guerra le causase olvido;
aliente mi esperanza,
pues que vive en laausencia la mudanza.
 

Sale ISABELA, dama.

 
ISABELA
Carlos viene, y el rumor
del aplauso popular
dice que debe triunfar
tan dichoso vencedor;
en, malogrado amor,
aunque nunca os ha querido,
no os acobarde el olvido,
siempre le habéis de querer,
y dejémonos vencer
de quien reyes ha vencido.
 

Sale BLANCAFLOR.

 
BLANCAFLOR
Mi hermosa competidora,
como yo, al Parque desciende,
y recibirle pretende,
siendo de su luz aurora;
pero si Carlos me adora
y si Carlos la aborrece,
más mi lástima merece
que mi envidia. ¡Ah desdichada!
Tú quedarás desairada
si ves que me favorece.
REY
Por el Parque quiero entrar,
porque pisando claveles,
encontraré con laureles
que me puedan coronar;
Isabela y Blancaflor
a recibirme han bajado;
a Isabela he desdeñado
cuando a Blanca tuve amor;
pero si con pompa y gloria
a mis contrarios vencí,
hoy me he de vencer a mí,
que es más difícil victoria;
ya no hay pretender ni amar,
y para que todos vean
esta mudanza y la crean,
ni la he de hablar ni mirar.
BLANCAFLOR
Vuestra majestad, señor,
alcance tantas victorias
que las humanas memorias
nunca olviden su valor;
queden las historias llenas,
y escríbanse tantas sumas
que esté la fama sin plumas
para escribir las ajenas;
tus sienes coronen fieles
tan varios climas y zonas
que para tantas coronas
falten al mundo laureles;
y tu imperio sin segundo,
con los reinos que le da,
casi llegue más allá
de los términos del mundo;
porque sin tener contrarios
vuestros magnánimos bríos,
serán los mares y ríos
del Ródano tributarios.
REY
Bien está.
ISABELA
Tus ojos vean
tantos triunfos soberanos,
que los antiguos romanos
átomos y sombras sean;
sea París una escuela
donde se aprenda a vencer
de vuestro inmenso poder.
REY
Está bien dicho, Isabela;
vos ¿cómo estáis? Porque el día,
cuando la tarde y mañana
tiñe de nieve y de grana,
no causa tanta alegría;
gusto de veros.
ISABELA
Señor,
favor es ese que espanta.
REY
¿Está en su cuarto la Infanta?
ISABELA
Ya espera en el corredor.
REY
Es mi hermana agradecida.
¿Cómo vos no la avisáis?
Porque quiero que seáis
lucero de mi venida;
id delante, ya que he entrado
viéndoos con dicha mayor.
ISABELA
Gracias te he de dar, amor,
pues Carlos viene mudado.
 

 (Vase.) 

REY
Esto es saberse vencer,
ya empiezo a vivir en mí;
vine, no miré, y vencí;
rey de mí mismo he de ser.
 

(Vanse todos, menos EL DUQUE y BLANCAFLOR.)

 
DUQUE
Blancaflor, cuyas divinas
partes el cielo ha copiado,
pues es su luz un traslado,
flor que naces entre espinas
de desdenes para mí,
ya con esperanza cierta,
como vela recién muerta,
en viendo tu luz viví;
ya si que vida poseo,
ya el alma se me ha infundido,
porque hasta ahora he vivido
en virtud de lo que veo.
BLANCAFLOR

 (Ap.) 

Rasgó una nube su seno
por dar asombros a Mayo,
y abortó en giros un rayo
tras los gemidos de mi trueno;
dieron las ardientes llamas
en un árbol acopado,
y cada vez le han dejado
sin flores, hojas ni ramas;
al pie del tronco se halló
villano medio dormido,
y dispierto al estallido,
al susto no dispertó;
tal duda y temor concibe
viendo aquel árbol deshecho,
que se tienta ojos y pecho
para ver si duerme o vive;
así yo quedo de suerte,
que en término tan pequeño,
ni sé si mi mal es sueño,
ni si es la misma muerte;
bajó un rayo ardiente y crudo
de un desdén, con tal pujanza,
que el árbol de mi esperanza
dejó abrasado y desnudo;
comparación mala fue,
si soy el árbol herido,
y no el villano dormido,
ni vivo ni disperté.
¡Ay de mí!
DUQUE
Señora mía,
mientras divertida estás,
aliento y vida no das
al duque de Normandía;
a ti misma te recoge,
cobra, cobra tus sentidos,
para mí mal divertidos,
y la cuerda al arco afloje
o tu rigor o mi amor.
BLANCAFLOR

 (Ap.) 

Efectos son de la ausencia;
¿a Isabela en mi presencia
un favor y otro favor,
y a mí seco un «bien está»
sin hablarme más ni verme?
Era que mi dicha duerme.
¡Ay Dios! ¿Si dispertará?
¿A qué propósito vino,
« Bien está», con voz airada?
Ni informé ni pedí nada;
yo no sé con qué convino,
«bien está», de quien fue amante;
o fue decir «bien está»
enfado tu voz me da,
no pases más adelante».
DUQUE
Iguales pienso que estamos:
Carlos no te escucha a ti,
tú no me escuchas a mí.
Uno de otro nos vengamos.
 

Sale PIERRES, gracioso.

 
PIERRES
Ah, señor, que llama el Rey.
BLANCAFLOR
Quiso, olvidé, quiero, olvida,
ley del hombre es ley fingida.
DUQUE
¿Y tú, ingrata, tienes ley?
PIERRES
¿Cómo no quieres oír?
Carlos te llama, señor,
el que será emperador,
y el Magno se ha de decir,
según pronostican sabios;
Pierres es el que te avisa,
el ministro de tu risa.
BLANCAFLOR
Basten, basten los agravios
de mi fortuna.
DUQUE
Las quejas
son justas, y en vano lloras,
Carlos te deja y le adoras,
yo te adoro y tú me dejas;
es deidad amor, y así
da con justicia y razón
la pena del Talión;
Carlos me venga de ti.
BLANCAFLOR
Duque, ya estoy advertida
que estáis ahí, y más me agrada
ser de Carlos despreciada,
que amada de ti y servida;
no tienes, no, en qué vengarte,
no recibas, no, consuelos,
que si yo muero de celos,
vuelvo a vivir de olvidarte.
PIERRES
Deja amores importunos,
advierte que el Rey te llama,
haz, Duque, con esa dama
lo que hacer suelen algunos;
delante la dama lloran,
favor llaman al desdén,
a ninguno quieren bien
y en diez partes enamoran;
que te espera el Rey.
DUQUE
¿Al fin
te han enseñado a llorar
estas fuentes, y no a amar
las aves de este jardín?
BLANCAFLOR
Duque, déjame, que estoy
tan despechada, que siento
de escucharte más tormento.
DUQUE
Por no dártele me voy;
mira si tu bien me agrada,
que por darte más consuelos
quisiera morir de celos,
con que fueses adorada.
 

 (Vase.) 

PIERRES
Gran fineza, no lo niego,
pero grande necedad;
no entiendo esa voluntad,
parece nieve y es fuego.
 

 (Vase.) 

BLANCAFLOR
Conmigo misma quede
aunque a solas he quedado,
y el sentimiento templado,
de mí misma tomaré
consejo esta vez; autor,
discurrid ahora un poco,
y si acaso no estáis loco,
dadme aquí vuestro favor;
Isabela es la querida,
yo de Isabela envidiosa,
yo infeliz, ella dichosa,
ella amada y yo ofendida;
pero consuelo me da,
que quien a mí me quería
me ha olvidado, y otro día
a Isabela olvidará.
No es buen consuelo, porque es
lo que a la postre se quiere
la dama que se prefiere;
y aunque la olvide después,
al fin la ha estimado más;
aunque no, el primer amor
dicen que ha sido mayor;
mas no me agradó jamás
esto, que el amor postrero
el mayor sin duda ha sido
pues los otros ha vencido;
según esto, ¿qué hay? Que muero.
 

Sale un GRIEGO, viejo, de mago, huyendo.

 
GRIEGO
Ampara, señora mía,
a un hombre que injustamente
la muerte cercana siente.
VOCES

 (Dentro.) 

¿Un hechicero, un espía,
se ha de escapar? Por aquí
pienso que ha entrado sin duda.
BLANCAFLOR
Hombre, mi favor te ayuda;
no temas, llégate allí.
 

(Escóndese el GRIEGO.)

 
 

Salen DOS SOLDADOS.

 
SOLDADO 1.º
¿Oh madama Flor? ¿Entró
un hombre huyendo?
BLANCAFLOR
Sí ha entrado,
y le amparo.
SOLDADO 1.º
Tu sagrado
es templo que le valió.
BLANCAFLOR
¿En qué delito ha incurrido?
SOLDADO 2.º
Dicen que a hechizar venía
por el rey de Lombardía
a Carlos.
BLANCAFLOR
Habrán mentido;
dejadlo, porque ha de ser
mi inmunidad su favor.
SOLDADO 2.º
Carlos, el emperador,
nos le ha mandado prender
o matar.
BLANCAFLOR
Culpadme a mí.
SOLDADO 1.º
Diremos que no le hallamos;
la vida le diste; vamos.
SOLDADO 2.º
La vida goza por ti.
 

(Vanse los SOLDADOS.)

 
 

Sale el GRIEGO.

 
GRIEGO

 (Ap.) 

La esmeralda que he labrado
para el rey Carlos, francés,
de ningún provecho es;
lo que mi Rey ha ordenado
tampoco he de efectuar,
poco mi pena resisto,
que si el Rey me hubiera visto
con él llegara a privar;
mas ya sin remedio estoy,
¿qué me detengo? ¿Qué aguardo?
Pues saben que soy lombardo
y mágico también soy;
mas ya que el cielo me impida
llegar con él a privar,
la esmeralda la he de dar
a la que me dio la vida.
BLANCAFLOR
Vete por allí.
GRIEGO
Primero
la merced te he de pagar;
esta piedra te he de dar,
emulación del lucero;

 (Dale un anillo.) 

un griego soy de nación
tan sabio en la Astrología,
que admiro la ciencia mía,
aunque en aquesta ocasión
no me ha aprovechado; tray
esta esmeralda, que en ella,
por virtud de alguna estrella
secretos misterios hay;
con Carlos pensé tener
gran privanza, y quiso el hado
que fuera tan desgraciado
que nunca me pudo ver;
ya me tienen por espía,
fuerza es morir o ausentarme.
BLANCAFLOR
Mucho sabes obligarme.
GRIEGO
Eso verás algún día.

 (Ap.  

Vea Carlos, de sí ajeno,
si hubo sortijas de olvido,
de amor también las ha habido
porque amor es su veneno.

 (Vase.) 

BLANCAFLOR
En un alfiler de oro
es la esmeralda cabeza.
¡Qué resplandor, qué belleza!
de joya pasa a tesoro.
Ésta ¿qué virtud tendrá?
¿Quién habrá que lo pondere?
Tenga, pues, la que tuviere,
en mi cabeza estará:

 (Pónesela.) 

nada en guardarla se pierde,
que aunque no quiero creer
que virtud puede tener,
quiero guardarla por verde.
Bella esmeralda, mi amor
puede tener esperanza,
pues pronósticos alcanza
mi dicha en vuestro color.

 (Vase.) 

 

Salen ISABELA y EL CONDE.

 
ISABELA
Digo, Conde, que algún día
tus favores escuché;
voluntad mi agravio fue,
descuido quizá sería.
CONDE
Amo, Isabela, y no espero,
ni aún dichas mi amor aguarda;
supuesto que me acobarda
el amor, con él te quiero,
ISABELA
Pues ama sin esperar,
ama sin darlo a entender,
porque callar y querer
es amar por sólo amar;
tu amor finezas no alcanza,
si de tus labios salió:
querer que lo sepa yo
no es amar sin esperanza.
CONDE
Esta amorosa fatiga
mi lengua no la dirá,
porque si la sabes ya,
¿de qué sirve que la diga?
ISABELA
Ya es injusta tu afición;
si Carlos me quiere bien
y tú me quieres también,
¿no es especie de traición?
CONDE
¿Luego tú das a entender,
que Carlos te galantea,
ama, festeja y desea,
y que mi reina has de ser?
ISABELA
Si ama el Rey, y soy quien soy
no entiendo mal si lo entiendo.
CONDE
Isabela, yo pretendo
darte desengaños hoy;
el Rey no te tiene amor,
y pienso que finge amar
por dar celos o pesar
a la hermosa Blancaflor.
ISABELA
Conde, tente, no prosigas,
que si me intentas vencer,
menos tanto he de creer
cuanto más de Carlos digas;
que aunque me estés obligado,
como de tu amor me ofendo,
más quiero a Carlos fingiendo
que a ti, aunque estés adorando;
o él me tiene amor o no;
si él me quiere, le he de pagar,
si no, me he de contentar
con quererle sola yo:
luego si no puedo así
adorarle, Conde, infiere,
que si él por sí no me quiere,
le quiero querer por mí.
CONDE
¿Hay fuego que al mío iguale?
Él no te quiere.
ISABELA
Es error.
CONDE
Él finge.
ISABELA
Yo tengo amor.
CONDE
Pues advierte... Mas él sale.
 

Salen EL REY y EL DUQUE.

 
REY

 (Ap. 

Porque entienda Blancaflor
que olvidé su amor injusto,
hablo a Isabela con gusto
y a ninguna tengo amor.)
Oh Isabela, ¿cómo estás?
¿Cómo vives retirada?
¿Cómo no me pides nada?
¿Cómo desdenes me das?
CONDE

 (Ap.) 

El desengaño ha llegado,
por mi mal oyendo estoy.
ISABELA
Cuando vuestra esclava soy,
presumo que es excusado
pediros nuevo favor,
pues al querer obligaros,
solamente el escucharos
es en mí el mayor honor.
REY
Sin vos no acierto a vivir.
ISABELA
Yo sin vos no tengo vida.
REY
El alma tengo perdida.
ISABELA
¿Qué he de amar?
 

Sale BLANCAFLOR.

 
REY
¿Qué he de fingir?

  (Ap. 

Blancaflor está en campaña,
no la tengo de mirar,
con Isabela he de hablar,
esta es mi mayor hazaña;
pero siguiéndome vino,
con ansias estoy de verla,
o es fuerza de alguna estrella
o violencia del destino;
venzamos, ojos, venzamos;
mas ¿por qué tales extremos?
Miremos, ojos, miremos,
aunque vencidos seamos.

 (Mírala) 

¡Oh poderosa deidad!
Amor, detente, detente;
un ciego vio de repente
en medio la oscuridad;
vio una estrella, y alegrose,
diciendo entre sí, el sol es;
salió la luna después,
adorola y admirose;
pero cuando el sol salió,
quedó viéndole pasmado,
y tanto le ha contemplado
que segunda vez cegó.
Esto soy, sin duda alguna
cegué amando; sano fui;
estrellas y damas vi,
Isabela fue la luna;
el sol salió y me pasme,
y mirando a Blancaflor
fue tanto su resplandor
que segunda vez cegué;
paró en tormenta mi calma;
¿qué has hecho, mujer, qué has hecho?
¿Sácasme el alma del pecho,
y entras tú en lugar del alma?)
Rendido viene a tus pies
un amor disimulado
por su mal, pues ha callado
para dar voces después;
no reconozca segundo
este amor que te he propuesto,
que en lo grande y en lo honesto
es mayor que todo el mundo;
sólo en grandeza le igualas;
si Dios de amor mi amor fuera
y volara, bien pudiera
cubrir al sol con sus alas.
BLANCAFLOR

 (Ap.) 

«Bien está», podré decir;
venganza, Blanca, venganza,
amaré con esperanza,
si eso también es fingir.
REY
¿No me hablas? Si has inferido
que no es segura mi fe
porque aquí a Isabela hablé,
sabe que todo es fingido,
todo, señora, es molesto.
BLANCAFLOR

 (Ap.) 

¡Carlos tan presto trocado!
CONDE

 (Ap.) 

El cielo ya me ha vengado.
ISABELA

 (Ap.) 

¡Mudado Carlos tan presto!
REY
Vasallos, obedeced
esa flor de aquí adelante,
éste es el medio importante
para que os haga merced;
amor honesto es el mío,
pero es amor tan violento
que la libertad no siento
ni el uso de mi albedrío;
mi reino sujeto queda
a tu arbitrio soberano,
cuanto conquista mi mano,
y cuanto mi sangre hereda;
el que de negocios trata
acuda a Flor, que es luz mía,
es la estrella que me guía,
la deidad que me arrebata.

 (Vase.) 

BLANCAFLOR
Yo con tan altos favores
he de vivir temerosa.

 (Vase.) 

ISABELA
Y yo sentiré envidiosa
desengaños y rigores.

 (Vase.) 

CONDE
Yo esperanzas voy sintiendo.
DUQUE
Yo, pues vivo oyendo tal
debo de ser inmortal.
CONDE
Voy alegre.
DUQUE
Voy muriendo.
 

(Vanse.)

 
 

Salen LA INFANTA y EL MARQUÉS.

 
INFANTA
Sed bien venido, Marqués,
gobernador de París,
a ver sin duda venís
vuestra hija Flor.
MARQUÉS
Después
que a vos os sirve, señora,
cuidado de ella no tengo;
con una consulta vengo
a su majestad ahora,
que están todos los lombardos
con aparatos de guerra,
y pues hay en esta tierra
dos ejércitos gallardos,
importa no deshacerlos,
y el conservarlos importa.
INFANTA
Si ve esa nación que corta
la espada del Rey sus cuellos,
¿cómo intenta novedades?
MARQUÉS
Dice que las armas toma
para acometer a Roma,
corona de otras ciudades.
INFANTA
Vanas máquinas intenta.
¿Pues no teme la grandeza
del Rey?
 

Sale EL CONDE.

 
CONDE
Escuche tu alteza
un exquisito accidente:
divertido y olvidado
está el Rey, nuestro señor,
remitiendo a Blancaflor
como si fuera privado;
los negocios a ella envía
que mercedes haga.
INFANTA
Error
puede ser de algún amor
que turba su fantasía;
remediad esto, Marqués,
sirvan a Carlos de espejo
vuestra prudencia y consejo.
MARQUÉS
Cuando postrado a sus pies
no le reporte mi ruego,
fuerza es que a Blanca pida
aun que la quite la vida,
si conviniere al sosiego
de mi Rey.
 

Salen EL REY, PIERRES y DOS HOMBRES con memoriales.

 
HOMBRE 1.º
Gran señor,
hacedme, corno piadoso,
justicia de un poderoso.
REY
Hablad al Gobernador.
HOMBRE 2.º
Señor, remediar intento
con un arbitrio que doy
mil daños que pasan hoy.
REY
Acudid al Parlamento.
 

(Vanse los hombres.)

 
PIERRES

 (Ap. 

El que no es entremetido
con despejo y osadía,
que llaman bufonería,
nunca medrar ha sabido.)
Señor, yo soy un soldado,
del Duque grande enemigo.
REY
Del Duque, ¿por qué?
PIERRES
Lo digo,
porque yo soy su criado;
soldado he sido, señor,
soldado de pelo en pecho,
y merced no me habéis hecho.
REY
Eso toca a Blancaflor.
PIERRES
¿Blanca qué? Eso fue querer
que todo el mundo se asombre;
si yo le serví muy hombre,
¿me remite a una mujer?
REY
Sí, que no hay otro camino.
PIERRES
No harás cosa que me cuadre.
¿Qué ha de hacer quien tuvo un padre
que se llamaba Pipino?
REY
Eres hombre de placer,
no me desagrada el chiste.
PIERRES
¿Hijo de Pipino fuiste?
Cohombro debes de ser.
REY
Cúbrete.
PIERRES
No haré por cierto.
REY
¿Por qué?
PIERRES
Porque ya lo estoy.

 (Cúbrese.) 

  (Ap. 

Con la del martes le doy,
ya que le hablo cubierto.)
A Blancaflor acudí,
y esta sortija me dio
mala y de vidrio.

 (Dásela.) 

REY
Pues yo
doy por ella este rubí.

 (Dale otra.) 

PIERRES
Cuanto quisiere me dé,
todo Pierres lo merece.

 (Ap. 

Indio bárbaro parece,
con un vidrio le engañé.)

 (Vase.) 

INFANTA
Si para darte consejo
quieren que licencia tome,
el ser tan niña tu hermana
vuestra majestad perdone.
¿Cómo un rey tan poderoso,
y tan prudente, aunque joven,
incurre en tales descuidos,
comete tales errores?
Rey de quien dicen las plumas
de astrólogos escritores
que ha de ser por sus hazañas
Carlo Magno su renombre;
¿en la griega monarquía
quién ha visto emperadores,
ni en la romana, de aquellos
que confundieron la noche
con los negocios del día,
que inventasen tal desorden,
como es remitir negocios
a mujer? Que aunque corona
diadema su frente, siendo
su dulcísima consorte,
fuera notable defecto;
los reyes cuerdos escogen
entre sus nobles vasallos,
para sus validos, hombres
de experiencia, y que estos sean
infatigables, de bronce,
porque puedan aliviarles
el mayor peso del orbe;
pero mujer por valida,
¿en qué historia se conoce?
MARQUÉS Y
más, señor, que ese amor
honesto, bueno y conforme
a la política antigua
de los palacios mayores,
parecerá al vulgo necio
o que es locura o que es torpe,
porque es un monstruo que consta
de diversas opiniones.
REY
Marco Antonio con Cleopatra
partió el imperio, ¿qué os pone
en cuidado la acción mía?
MARQUÉS
Militaban más razones
que era de Cleopatra el reino,
y fueron locos amores.
 

Sale BLANCAFLOR.

 
REY
¿Y Aurelio con su Faustina?
MARQUÉS
No citéis imperfecciones.
Hija, a buen tiempo veniste,
pide al Rey que se reporte

 (Al oído.) 

de su amor, y no te estime
con vivas demostraciones;
porque esto es el bien del reino
y es a tu sangre conforme.
BLANCAFLOR
Aunque son vuestras mercedes
honras y heroicos blasones,
la razón de Estado pide
que moderéis los favores.
Todo no ha de ser amor;
buen ejemplo nos propone
la historia de Midas: era
amigo de oro, y los dioses
quisieron que en oro vuelva
cuanto con sus manos toque;
quiere comer, y le aflige
que los manjares se tornen
oro purísimo; y cuando
al cristal los labios pone,
el agua es oro, y la sed
con hidrópicas pasiones
se multiplica; si viste
de las telas que se escogen
de los tesoros de Oriente,
los vellones del Norte,
o la púrpura del Austro,
todo es oro, que rigores
fueron en él las riquezas,
por ser sin número y orden.
Así, señor, el amor
es efecto ilustre y noble
que a los magnánimos pechos
suele apuntar sus arpones.
Mas sin la virtud del medio,
si todas nuestras acciones
son amor, si amor han sido
los pensamientos veloces,
si son amor las palabras,
si amor las orejas oyen,
si amor cuanto ven los ojos,
si son continuos amores
las tres potencias del alma,
fuerza es que no quede el hombre
con uso de la razón,
y que en otro se trasforme,
que esté con hambre la fama,
que estén con sed los honores,
y que nuestras esperanzas
estén desnudas y pobres.
REY
Discreta está la duquesa
de Orliens, condesa de Almonte.
MARQUÉS
Beso por los dos Estados
tu invencible mano, estoque
de la fama y de la muerte.
INFANTA
Y los dos títulos logre
con dicha; eso sí, señor,
vuestra majestad la honre
con mercedes, porque case
como hicieron sus mayores;
pero lo demás excuse.
REY
¿Cómo callas? ¿No respondes
a mis heroicos deseos?
¿Qué te entristece y encoge?
BLANCAFLOR
Señor, grandes honras son;
pero ninguna es conforme
a mi voluntad; y así
este memorial os pone

 (Dale un papel.) 

en vuestra mano la mía,
el cual en breves renglones
os dirá mi pretensión;
y si la lengua no rompe
el silencio, la modestia
tiene la culpa, perdone.

 (Vase.) 

REY

 (Lee.) 

«Rey, nadie me está queriendo como vos, que es infinito; advertid, que ya va escrito el título que pretendo.»

Aún bien no me satisface:
otra vez iré leyendo.
Rey, nadie me está queriendo;

 (Lee.) 

«Rey, nadie, sí, Reina dice.»
Ingenio y gracia ha tenido;
aún por escrito no osó
declararse en lo que yo
casi estaba prevenido.
Marqués, amigo, mañana
me he de desposar; prevén
lo necesario.
MARQUÉS
¿Con quién?
REY
Con Flor.
MARQUÉS
Vuestra soberana
voluntad, señor, es ley;
mas mirad, que no es razón
que a tan liviana pasión,
Carlos, se sujete un rey.
INFANTA
Gran señor, la Ingalaterra
con una Infanta os convida.
REY
¿Por qué he de buscar la vida
teniéndola yo en mi tierra?
Vivo de amor, y así muero
dejando de amar, de suerte,
que si olvidar fuera muerte,
a mí me quiero, si quiero.
Propio amor se ha de decir
y casi eterno seré,
pues al morir amaré
y amando es fuerza vivir.
Si con amor vivo y paso
y este amor es inmortal,
amando, no dije mal,
que con la vida me caso.
Nadie me replique.
INFANTA
Amor
es afecto poderoso.

 (Vase.) 

MARQUÉS
Voy confuso, aunque dichoso.

 (Vase.) 

REY
Venció, venció Blancaflor.
 

Salen EL DUQUE por un lado, y BLANCAFLOR se queda al paño al otro.

 
DUQUE
Gracias a Dios que le he hallado
sólo una vez; yo lo intento:
amor es atrevimiento.
BLANCAFLOR

 (Al paño.) 

Quiero ver que ha resultado.
DUQUE
Señor, el reino mormura
vuestro amor, y culpa el modo;
no ha de rendirse un rey todo
a una fácil hermosura.
Quien de Polonia y Hungría
los reyes supo vencer,
no ha de amar para perder
toda la gloria en un día.
Cualquier grande estará honrado
con sujetos semejantes,
y no vos; yo sí, que antes
a Flor he galanteado.
REY
¿Y recibisteis favores?
DUQUE
No, señor, sino...
 

Sale BLANCAFLOR.

 
BANCLAFLOR
Mentís,
Si al no, otra cosa añadís.
DUQUE
Sino desdén y rigores.
BLANCAFLOR
Ahora decís verdad.
DUQUE
La púrpura de esos labios
no pudo haceros agravios.
BLANCAFLOR
Sí puede; mas perdonad:
en Palacio no entre quien
tuvo, despecho tan grande.
DUQUE
Rey tengo que me lo mande.
REY
Y vuestra Reina también.
No entréis en Palacio en tanto
que yo no ordeno otra cosa.
DUQUE

 (Ap.) 

Reina dijo. ¡Ah Flor dichosa!
Tiénele amor, no me espanto.
A ese nombre no hay agravios,
esas cinco letras fueron
cinco sellos, que pusieron
a mis ojos y a mis labios
reina dijo; inclinación,
volved, volved hacia dentro,
no salgáis de vuestro centro,
morid en el corazón.

 (Vase.) 

BLANCAFLOR
Yo soy vuestra; el temor pierdo.

 (Ap.  

Ya el Rey de mí se acordó.)
REY
Todo es falso, porque yo,
Flor, ni os amo ni me acuerdo;
amor es afecto cuerdo,
mi amor de afecto ha pasado,
y así de esencia ha mudado,
ni me acuerdo yo de amar;
porque quien dice acordar
supone haber olvidado.
Reina sois: dar no podía
corona más soberana,
mía habéis de ser mañana;
mirad cual es mi alegría,
pues que puedo llamar mía
a la misma de quien soy;
un alma somos desde hoy,
unión las dos han de hacer,
pues si vos me dais el ser
ese mismo ser os doy.
BLANCAFLOR
Señor, para agradecerte
favores tan opulentos,
quisiera agradecimientos
que no acabase la muerte;
para adorarte y quererte
ser quisiera el mismo Amor
por merecer tu favor;
quisiera que mi hermosura
fuera como mi ventura,
que no puede ser mayor.
En competencia importuna,
Fortuna y Naturaleza,
ésta no me dio belleza
ni me dio gracia ninguna;
viendo aquesto la Fortuna,
por tema me dio favor
con tan pródigo valor
que a los mortales espanta,
y con ser mi dicha tanta
es mi amor mucho mayor.
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