101
Apud BLEIBERG, op. cit., nota anterior, pág. 19.
102
Véase la conclusión a la que llega Vossler al analizar estilísticamente una fábula de Lafontaine (El lenguaje como creación y evolución, trad. F. J. Pastor. Madrid-Buenos Aires, 1929, pág. 192).
103
Lo adujo Mancini y lo recogió García de la Concha en la página 100 de su libro.
104
Y si hiciera falta remachar en el clavo, aduciría el testimonio excepcional de fray Luis de León cuando en el Prólogo que pone a Los Nombres de Cristo hace la defensa de escribir en castellano: «piensan que hablar romance es hablar como se habla en el vulgo, y no conoscen que el bien hablar no es común, sino negocio de particular juyzio, ansí en lo que se dize, como en la manera como se dize; y en negocio que de las palabras que todos hablan elige las que conuienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a vezes las letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente digan con claridad lo que pretende dezir, sino también con armonía y dulçura».
105
Cf. CASSIRER. op. cit., pág. 243.
106
En un libro antiguo, Otto JESPERSEN lo había formulado: «Somos arrastrados por los hábitos lingüísticos de la comunidad y al mismo tiempo sin saberlo, podemos alumbrar algo absolutamente nuevo, que acaso otros pueden tomar y elaborar más acabadamente [...]. Nosotros mutuamente damos y tomamos, y no siempre conocemos dónde termina lo uno y comienza lo otro» (Humanidad, nación, individuo, trad. Fernando Vela. Buenos Aires, 1947, págs. 37-38).
107
Es lo que pasó, por ejemplo, a la escuela poética siciliana en tiempos de Federico II (Alfredo SCHIAFFINI, Le origini della lingua poetica italiana. Appunti a cura di V. Pini e A. Roncaglia. Roma, 1940, pág. 8).
108
«Poco tiene que haçer en deçir la verdad el hombre libre que dessea usar della» son hermosísimas palabras de Gonzalo Fernández de Oviedo (Historia General y Natural de las Indias, ed. Amador de los Ríos, Madrid, 1855, t. I, pág. 161).