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1

Juan de Valdés, Diálogo de la lengua, Clásicos Castellanos, Madrid, 1928.

 

2

Pornoboscodidasculus latinus... Francofurto..., MDCXXIV: «Minimum sane hic incantationes egerunt, quamquam et huius sceleris crimini anum veneficam illigarunt: quibus etiam demtis, vix quaequam puella caeteris talibus assultibus restiterit. Norat nimirum, tot annorum Lena, ex tempore omnia consilia, atque ad animum cuiusvis puellae expugnandum, ex re ipsa vertere» (** 3v). Barth, sin embargo, escribe más tarde: «Celestina non solum conculcat religionem, cultamque Numinis, sed et, prolonga sua adsuetudine, Diabolum ipsum adorat, adiurat, eius ministerio, instar dirae avis, columbam simplicem reti libidinis induit» (*** 4r).

 

3

Orígenes de la novela, III, NBAE, n.º 14, Madrid, 1910, p. XCV.

 

4

Ibid., pp. XXXII y XCV.

 

5

Ibid., p. XLV.

 

6

Historia de la literatura española, I, Barcelona, 1937, p. 353.

 

7

Véase, sin embargo, The Art of «La Celestina», Madison, 1956, pp. 93-94. En una nota (p. 231, n. 2) cita con aprobación Gilman un artículo de F. M. Torner en el que éste atribuye a Celestina un satanismo distinto del «satanismo pueril que pudieran conferirle sus conjuros, brebajes y filtros. Todo eso es la tramoya ostensible y superficial de otro satanismo más auténtico cuyos recursos más poderosos no son las retortas y los matraces de la magia sino como fuerza espiritual que es la palabra insinuante y viscosa que empieza por inquietar y acaba por persuadir». Torner, en lugar de considerar el tema de la magia en el contexto del siglo XV, quiere libertar a la Tragicomedia y a Rojas de unas creencias que, como veremos, no parecían de ningún modo pueriles a los hombres de dicho siglo.

 

8

M. Bataillon, La Célestine selon Fernando de Rojas, pp. 66-67.

 

9

M. R. Lida de Malkiel, La originalidad artística, p. 541.

 

10

«Some Observations on the Celestina», HR, XXII (1954), pp. 264-281; véanse, sobre todo, las pp. 272-277.