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1

Cito por M. Frenk, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII), Madrid, Castalia, 1987, pp. 97-99. El primer villancico figura en el Cancionero musical de Palacio, y el segundo en la Recopilación de Juan Vásquez.

 

2

«Prosa didáctica y pliego suelto poético hacia 1570: Antonio de Torquemada y Cristóbal Bravo, frente a un 'caso' incorporado a la posterior leyenda de don Juan Tenorio», en: Estudios de Filología y Retórica en Homenaje a Luisa López Grigera, ed. de E. Artaza et al., Bilbao, Universidad de Deusto, 2000, pp. 427-448.

 

3

«... que contiene qué cosas sean fantasmas, visiones, trasgos, encantadores, hechiceros, brujas, saludadores, con algunos cuentos acaecidos y otras cosas curiosas y apacibles», como reza el epígrafe. Cito por la ed. de G. Allegra, Madrid, Castalia, 1983, p. 246.

 

4

Rodríguez-Moñino le dedicó el artículo «Cristóbal Bravo, ruiseñor popular del siglo XVI (Intento bibliográfico, 1572-1963)», en: La transmisión de la poesía española en los Siglos de Oro, ed. de E. M. Wilson, Barcelona, Ariel, 1976, pp. 253-283.

 

5

Forma parte de la colección de Pliegos poéticos del s. XVI de la Biblioteca de Cataluña; cito por la edición facsímil de Madrid, Joyas Bibliográficas, 1976, con introducción de J. M. Blecua, 3, pp. 29-31. Comienza: «Es caso de admiración / y provechosa doctrina».

 

6

El mismo erudito subraya el carácter de la transgresión: «Verdad es que tener relaciones sexuales con una monja constituye el mayor pecado de adulterio ya que la religiosa está casada con Dios, y este verdadero crimen se asimila nada menos que a un incesto», p. 432.

 

7

Son los números 1271 y 1272 de su recopilación, B.A.E., XVI, Madrid, Atlas, 1945, pp. 264-268.

 

8

Y añade: «y una variación de la leyenda de D. Miguel de Mañara, de la cual sin duda no conocía yo entonces los pormenores», Obras completas, ordenación, prólogo y notas de N. Alonso Cortés, Valladolid, Santarén, 1943, p. 2203. La leyenda está en las pp. 330-353. La publica en 1840, en Obras de Don José Zorrilla, t. 7, Madrid, Repullés.

 

9

Véase mi artículo «Inés de Alvarado y la monja gitana», Boletín de la Fundación García Lorca 31 (2002), pp. 105-116.

 

10

El erasmista Alfonso de Valdés creó la figura de una pobre monja condenada al infierno por su suicidio; cuenta su vida a Mercurio y Carón y se lamenta del encierro al que la condenaron sus padres con el beneplácito de sus hermanos, que así veían aumentar su herencia. Es el único personaje que conmueve al barquero y al dios. Vid. las pp. 143-144 de mi edición del Diálogo de Mercurio y Carón, Madrid, Cátedra, 1999.

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