Santa Barbara, CA.
Griego y Maestas, José y Anaya, Rudolfo. Cuentos: Tales from the Hispanic Southwest. Santa Fe: The Museum of New Mexico Press, 1980, 174 pgs.
Con esta colección bilingüe de cuentos se pone al alcance del público de todas las edades, especialmente del público infantil y de dos culturas (la hispana y la anglosajona), el rico caudal de la cuentística tradicional-popular del Suroeste de los Estados Unidos.
José Griego y Maestas, quien seleccionó y adaptó los cuentos, originalmente coleccionados por el famoso folklorista Juan B. Rael, hace unos cincuenta años, y Rudolfo Anaya, quien se encargó de la traducción de los mismos al inglés, contribuyen valiosamente a la conservación de la herencia y tradición literaria hispánicas de esa región. Al hacerlo, no sólo participan y se inscriben en la ardua tarea de preservar la literatura de tradición oral, sino que evidencian, una vez más, aquello de que el arte de narrar -el story telling- no ha pasado, ni dejará de pasar de moda. Los gustos llegan y pasan con las escuelas, con los movimientos, con los estilos literarios, pero el contar permanece y atrae siempre, como estos cuentos breves, sencillos, sin estilizaciones ni de estructura, ni de personajes, pero que tienen la vitalidad de lo que forma parte inmanente de las raíces de un pueblo y su cultura, y de lo que no ha sufrido deterioro con el tiempo.
En su adaptación, Griego y Maestas trata de conservar la pureza de la versión original haciendo los cambios necesarios en cuanto a corrección idiomática, pero sin tratar de modernizar el lenguaje, o sustituir expresiones regionales de Nuevo México por otras de uso más general y corriente. Esto les da a los cuentos un sabor «arcaico» que encuadra muy bien con la temática tradicional de muchos de ellos, la cual entronca con la que trajeron los colonos españoles y mexicanos al Suroeste de los Estados Unidos, y que a su vez se halla enraizada con las fábulas y leyendas de origen oriental, tan populares en la península y tan hechas parte de la herencia cultural hispanoárabe.
El conservar el dialecto de Nuevo México les da, por otra parte, a los cuentos un sabor regional y hace posible su localización geográfica. El lenguaje se convierte así en cuadro o trasfondo de lo netamente americano, y específicamente de lo tradicional indígena. El lenguaje es entonces instrumento con el que se logra en esta colección una simbiosis maravillosa (en el sentido de lo real maravilloso) de lo hispano y de lo indígena. Con ese hablar, que parece salido de los viejos narradores de Nuevo México, se van hilando historias de magias e indios, de hombres y niños que comparten su mundo mágico con animales que hablan, con obispos que vienen de visita desde lejos, con María Santísima que se disfraza de mujer pobre para ayudar a los buenos, con la muerte, que no asusta y más bien sale mal librada en sus relaciones con algunos de los personajes.
Empezar a leer estos cuentos es meterse de pronto en un mundo donde lo irreal es cosa tan común y corriente como el robarse una gallina para el almuerzo. Y está dicho todo con una sencillez, con una falta de alarde o de complicación que refrescan. El adaptador ha logrado captar la espontaneidad y la sencillez propias de lo popular, de lo que no ha sido afectado por la lógica o por el conocimiento científico. Los personajes no presentan las complejidades del ser contemporáneo, o son buenos o son malos; pero sin sutilezas filosóficas o existenciales, existen simplemente en su mundo salpicado de fantasía, de hechicería, de religión mezclada con creencias ancestrales. Los conflictos son sencillos, las soluciones casi obvias, irónicas muchas veces, humorísticas otras tantas, morales las más, pero ajustadas a la sabiduría popular, sabiduría que no desprecia lo mágico o lo fantástico, y que no sustituye lo sobrenatural o lo fuera de lo real por lo convencional ordenado. Esta colección evita perderse y extinguirse en el fárrago de teorías, de avances, de mezclas y de alienaciones del mundo contemporáneo.
Bien logradas son las traducciones hechas por Rudolfo Anaya. Las variaciones que aparecen son, como dice el mismo traductor, «sus propias versiones» partiendo del original y haciendo los cambios que hiciera cualquier narrador encargado de mantener vivas las historias que le han llegado oralmente, pero que a su vez las modifica y les pone su ritmo, su sello lingüístico, su personalidad, escondida ésta tras el narrador omnisciente. El lector inglés obtendrá tanto placer como el lector español y la maravilla del lenguaje le transportará a la magia del mundo que se presenta en los cuentos. Es de notar, sin embargo, que el traductor agrega en pocos cuentos alguna información adicional, o hace el desenlace o los diálogos un poco más explícitos que la versión en español. Esto le quita, quizás, a la versión en inglés la espontaneidad que tienen en español, o le roba al lector la posibilidad de la participación en el desenlace con el uso de su propia imaginación o su propio sentido de humor. Esto se da en tan pocos cuentos, y en casos tan restringidos, que lo anterior vale sólo como anotación.
La excelencia de esta colección se basa en el conservar la pureza de lo temático, y en el hacer del signo lingüístico, de la palabra, instrumento eficaz para la creación del mundo que nos presenta y para llenar de significado lo que podría fácilmente convertirse en imitación o pastiche. Esta colección puede bien, y con merecida razón, formar parte de esa vertiente narrativa que se remonta por los ríos de la historia cultural y literaria hasta los primeros cuentistas y fabulistas de nuestra lengua.