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ArribaAbajoLa conciencia culturalista chicana: el caso del escritor Genaro González

Clara Lomas


Angie Chabram



UC San Diego


I.- De la alienación laboral al conflicto étnico-cultural

Clara A. Lomas


Con el reciente incremento de obras literarias chicanas han aparecido un considerable número de ensayos de crítica literaria chicana que analiza y evalúa las distintas vertientes del proceso creativo literario. Es de notarse que una gran mayoría de estos ensayos se concentran en el análisis de la novela y que contados son los estudios que se proponen ver detenidamente el género del cuento. En uno de los pocos estudios que se han realizado en este terreno, se ha identificado el cuento de Genaro González, «Un hijo del sol»1, como «el mejor de todos hasta ahora»2. Este fue publicado en 1971 en la antología compilada por Edward Simmen, The Chicano from Caricature to Self-Portrait3, como último cuento de la sección titulada: «auto-retrato del chicano».

Efectivamente, en su cuento, González trabaja con aspectos de la experiencia chicana, expresamente la experiencia campesina, y la enajenación laboral-cultural producida por el conflicto étnico entre el elemento anglosajón y el chicano. El estudio más serio que hasta ahora se ha realizado sobre el cuento de González se ha esforzado por demostrar la importancia de la temática de la búsqueda de identidad en la literatura chicana y encuentra que es el único caso que ofrece «una búsqueda y un encuentro de la identidad en términos positivos y viables»4. Aún más, se ha expuesto también que esta temática se plantea en forma progresista porque «se presenta tanto en su proceso mental, el cual es imprescindible, como en su manifestación social, aunque el dónde y por qué surgió sean discutibles»5.

Nosotros discrepamos con este juicio. A nuestro parecer el contexto y las razones que conducen a un acto violento, cultural e individualista donde un chicano se afirma en el acto espontáneo de apuñalar a un anglosajón, no nos ofrece una solución progresista a la condición enajenada del chicano. Adelantemos nuestra conclusión: nosotros encontramos que lo que se está planteando es la posibilidad de realizar la auto-afirmación por medio de una distorsión de la realidad histórica chicana, de una mitificación de la cultura y de una ideología existencialista. Esta ideología culpa a la víctima por su opresión e indica que la libertad de los chicanos es sólo alcanzable a nivel individualista e idealista.

Partiendo de la premisa de que la tarea de creación literaria es una en la cual el artesano literario conscientemente escoge distintos aspectos de la realidad, los moldea y trabaja según su visión del mundo para producir su obra literaria, veamos cuáles son los aspectos que ha escogido González.

El momento histórico en el cual se produce el cuento de González se da cuando se intensifica la actividad política de las minorías estadounidenses que responde al nivel inferior de estos grupos en el plano político, económico y social dentro de esta sociedad capitalista. En este contexto de protesta surgen esfuerzos por desarrollar un entendimiento histórico de la experiencia chicana que respondiera a las creencias y actitudes establecidas anglosajonas que estereotipan y menosprecian tanto al chicano como a otros grupos minoritarios en los Estados Unidos. Entre las distintas vertientes que brotan de este cuestionamiento nos interesa contrastar, por un lado, aquella que se plantea la problemática desde una perspectiva que ve como base fundamental la posición de clase trabajadora de la mayoría de la población chicana, y por otro lado, aquella que intenta ignorar las distinciones de clase proponiendo un nacionalismo cultural. Esta segunda centra sus discusiones en torno a cuestiones de alienación cultural, etnicidad e identidad nacional. Como veremos, el cuento de González, a través de la creación literaria, refleja las contradicciones de la época y asume la ideología de la vertiente del nacionalismo cultural llevándola hasta su extremo más abstracto.

El cuento está estructurado en cinco secciones tituladas: «Nacer: el amanecer», «Circos y selvas», «Labores», «La raíz», y «El mestizo y su misterio: sin fin». Cada sección en sí se compone de una serie fragmentada de descripciones y recuerdos del protagonista, intercalados por comentarios arbitrarios del narrador. El tema predominante del cuento se centra en la problemática de la alienación. El relato, ya implícita, ya explícitamente, alude a la alienación laboral al contraponer al trabajador y al capitalista, a la vez que elabora el concepto de alienación étnica del chicano frente al anglosajón. A través de la línea narrativa, se hace evidente que la noción de enajenación étnica del chicano no sólo prevalece, sino que se emplea como medio para plantearse el problema de la reafirmación étnico-cultural del protagonista y se da en función de su afirmación individual. El ensimismamiento individualista se plantea a dos niveles: a nivel realista, va en busca de sus raíces en un viaje concreto a México: a nivel idealista, emprende un viaje mental, abstracto y ahistórico que lo lleva a un pasado remoto azteca.

Empecemos pues por identificar y definir la dicotomía que nos presenta el texto en relación al tema de la alienación. Por un lado, el proceso de la enajenación laboral se ha definido como consecuencia de la alienación del obrero de su actividad productiva y creativa, que es la esencia del hombre, de sus productos, y de los demás hombres y productores, al verse éste forzado a vender su tiempo laboral al dueño de los medios de producción. Por lo tanto, el hombre al no reconocerse en sus productos no se reconoce a sí mismo como sujeto creador y su esencia humana se reifica. En otras palabras, su existencia se cosifica, ya que se vuelve instrumento o mercancía. Por otro lado, la noción de la enajenación étnico-cultural del chicano sigue la línea de pensamiento sintetizada en «La conferencia de liberación de la juventud chicana» celebrada en marzo de 1969 y propagada por «El plan espiritual de Aztlán». Brevemente, el plan propone: una ruptura a nivel nacional con la política integracionista «México-Americana»; un regreso a las raíces culturales proclamando el renacimiento del mítico «Quinto sol»; y una liberación a base de un nacionalismo cultural que «trascienda» tanto las barreras de clase, como las políticas y religiosas.

En las primeras tres secciones vemos que González sitúa a su personaje principal en un ambiente rural describiendo la situación laboral y la condición enajenada del campesino. Sin embargo, aunque por breves instantes, pareciera ser la preocupación principal del narrador, vemos que siempre hay un salto al conflicto étnico entre el anglosajón y el chicano, predominando así el tema de la enajenación cultural del chicano. Veamos cómo plantea esta situación laboral y la consecuente enajenación cultural.

Al iniciar la narración, con brochazos leves dibuja un trasfondo escénico de campesinos migrantes que pizcan en los campos de Michigan y hacen sus viviendas en los campamentos, para así describir al niño protagonista en su relación armoniosa con la naturaleza, estado que viene a ser abruptamente interrumpido por la forzosa introducción del niño en la escuela en McAllen, donde se le impone el proceso de aculturación, negándole así su cultura e idioma. En el siguiente fragmento, la narración se detiene un poco más en una breve descripción del comercio de turistas del Norte al servicio de los intereses de los capitalistas del Valle. Esta descripción sirve de nuevo como trasfondo para relatar la intrusión arrogante de los turistas en los barrios; la escena permite hacer resaltar la invasión anglosajona en el mundo chicano. No es hasta la descripción de los pizcadores en las labores que se destacan un poco más detenidamente las condiciones arduas y represivas del proceso laboral campesino y la presencia opresiva del patrón, pero aún en esta escena sobresale el enfoque étnico-cultural al terminar con la alusión casi fotográfica de la sociedad racista que le niega su lugar al chicano: «Lubbock, Tejas... A crude sign: The sentence: "No niggers, dogs or meskins allowed"» (pág. 312).

A través de la narración, vemos que la situación laboral del chicano está dada totalmente a un nivel descriptivo donde el narrador no se preocupa por el nivel analítico de la situación en lo más mínimo. La exposición descriptiva de la situación laboral está fragmentada a tal punto que no reconoce un proceso histórico cambiante en el sistema económico. Aunque los episodios fragmentados dan a conocer el fluir del tiempo, la situación laboral del campesino se presenta como fija, inmutable, donde no se reconoce la capacidad de este sector de trabajadores de estar conscientes de su situación, y consecuentemente, de cambiarla. Nos parece irónica y distorsionada esta representación del campesino, especialmente porque el momento histórico en que se produjo el cuento presenciaba uno de los momentos culminantes de la organización sindicalista del campesinado chicano.

Aunque falto de análisis, el nivel descriptivo de la situación laboral chicana pasa a un plano secundario y cumple la función de trasfondo para el enfoque principal de la narración. Esto se nota expresamente en la trayectoria existencialista del personaje Adán vista desde la niñez hasta la adolescencia. Los relatos se dan mediante una visión retrospectiva y contemplativa del protagonista, ya adolescente, y van mediados por un narrador omnisciente. Entonces, ya anulada la posibilidad de un análisis totalizador de las causas de la situación laboral, la narración se concentra en los efectos del estado enajenado de Adán y en una auto-contemplación de su condición. A este nivel superficial se plantea que su enajenación se debe a su interacción inevitable con el mundo anglosajón en la escuela, el barrio y el campo. Es este enfrentamiento étnico-cultural con el mundo opuesto, con la antítesis, lo que lo enajena y lo cosifica, y por lo tanto, según Adán, la única salida son sus actos desafiantes contra la antítesis.

Así pues, el narrador nos presenta a Adán en la primera sección como «A misplaced Mexican mirage», «a boy-creature», (pág. 308) que se acomoda en el medio-ambiente natural, inconsciente de su ser. Más tarde el mismo Adán recuerda aquel pasado en el norte como un mundo objetivizado.

«Adán tried to recall his life, his other life in el Norte but could only remember having known things -air, trees, streams - not people (maybe people as objects that blended into the soil)».


(Pág. 310).                


Es el choque cultural en kindergarten lo que lo hace reaccionar como sujeto ajeno a este mundo y manifestar su primer acto desafiante: cantar una canción folklórica en español delante de la clase, cuando se le había asignado cantar una canción en inglés, y dejar de asistir a la escuela ante el regaño por haberlo hecho. Más adelante, el narrador nos explica que aún cuando ya era un poco mayor, la institución educativa continuaba trabajando ideológicamente en Adán:

«Adán would be led to believe it was a symbiotic ass-kiss-ass process (i. e.: "they buy more oranges, thus creating more jobs for orange pickers")».


(Pág. 309).                


Sin embargo, para él, el choque cultural era palpable cuando los turistas invadían los barrios en sus carros lujosos, con sus miradas desdeñosas, haciendo el trecho entre sus mundos aún más grande.

Detengámonos brevemente en el pasaje lacónico, tajante en el cual el narrador pinta metafóricamente este trecho cada vez más grande entre el mundo opulento y resguardado de los turistas y el mundo humilde de los chicanos. Así describe el elemento antagónico que se contrapone:

«The car/tomb. Antiseptic. Shielding. Plush in its doctor's office chill... The withered mummies inside startle from their death... Las viejitas - the cake putrid faces, sexless, haunted at themselves. No life: anti-sensual».


(Pág. 310).                


Este mundo es la antítesis del barrio chicano, el cual se presenta en este momento como un mundo cálido, activo, sencillo y vivo, visión que cambia más adelante.

Al concretizar la noción de antítesis surge el acto desafiante de uno de los niños que arroja una piedra para quebrar el vidrio del carro intruso, acto que el mismo narrador nos interpreta:

«Not as an act of chosen insurrection but as a natural way to destroy an antithesis».


(Pág. 310).                


Más adelante, en la representación del punto culminante de su alienación laboral, al ver la dureza de la explotación que sufren los campesinos, Adán lleva a cabo su segunda manifestación concreta de rebelión; arranca el tallo aún inmaduro de algodón («... an act tabooed by the pinche patrón».) razonando que «Because of me... it will never serve its purpose». (Pág. 312).

Ahora bien, a través de las palabras seleccionadas en las descripciones de estas escenas, podemos observar las distinciones que se hacen entre el acto desafiante del niño (que arroja la piedra al carro) y este último de Adán. A aquel acto del niño se le atribuye un carácter de acto «natural», sin premeditación ni compresión racional, mientras que el de Adán se caracteriza por ser un acto «razonado», un pensamiento lógico. Dada la visión limitada que se ofrece del campesino chicano, como se dijo anteriormente, no es de extrañar que los personajes chicanos aparezcan, con la excepción del protagonista, carentes de la habilidad de entender su situación enajenante. La representación del elemento chicano en su conjunto es pues un estereotipo donde aparecen como ignorantes, ingenuos, pasivos, vendidos, asimilados, machos supersexuales y hembras-objetos, contribuyendo así a los estereotipos denigrantes del chicano.

A nuestro parecer, esta representación es deliberada puesto que sirve la explícita función de hacer más evidente el distanciamiento, en términos existencialistas, entre estos seres sumisos que existen para el otro, inconscientes de su propia subjetividad, acondicionados a aceptar sometidamente la dominación por el mundo anglosajón, y Adán que hasta ahora se nos ha presentado como un personaje que, a diferencia de los demás, piensa, entiende y busca soluciones para su estado enajenado. Pero como hemos señalado, el tipo de acciones que lleva a cabo Adán van estableciendo un patrón de índole más simbólico que concreto.

Entonces, cuando pareciera que las tres primeras secciones, basadas en la descripción de sucesos de una experiencia campesina real concreta, nos presentan una trayectoria contemplativa de las causas del estado enajenado del protagonista, se nos hace evidente que la selección y la combinación de esos sucesos de la vida campesina, lejos de permitir un análisis, sólo presentan fragmentos anecdóticos que tratan más de los efectos enajenantes y menos de un entendimiento de las causas. Así, pues, el enfoque de la narración se concentra y se ensancha en el conflicto étnico-cultural y el tratamiento del mismo a través de unos cuantos actos desafiantes que, en suma, no conducen a nada fructífero. Esta postura individualista y culturalista desarrollada hasta ahora todavía asume proporciones más exageradas, como veremos enseguida, al ser llevadas a un nivel más abstracto.




II.- De la búsqueda de identidad a la evasión de la realidad

Angie Chabram


En la monografía anterior sobre el mismo cuento de Genaro González se ha demostrado que el personaje hace un rechazo simbólico del mundo objetivo con el gesto de romper un tallo de algodón. Es de notarse que Adán cree, erradamente, que al alejarse de toda la estructura mecanizante y alienante de ser trabajador agrícola y al adentrarse en sí, será capaz de borrar su condición de objeto y pasar a ser sujeto íntegro.

En las secciones «La raíz» y «El mestizo y su misterio: sin fin» la búsqueda ontológica toma otra dirección: la del rechazo de todo el mundo exterior y el viaje a un pasado mítico mexicano donde éste buscará la afirmación de su ser.

Para nosotros, lejos de constituir una solución a la problemática de su enajenación social, esta búsqueda de identidad resulta ser una evasión de la realidad así como de las condiciones sociales en las cuales el personaje se ha desenvuelto. Es de recordarse que tal proyecto no podría traducirse en una solución a la problemática social del pueblo chicano porque desde el principio esta «solución» de Adán corresponde a una problemática individualista de tipo existencialista, la cual no pasa de ser una abstracción; y como veremos, la problemática del chicano es social e históricamente determinada. De modo que, a pesar de que Adán tiene cierto grado de conciencia de la opresión ejercida por la sociedad dominante, no tiene una visión analítica de la misma situación, porque siempre plantea la problemática social desde la perspectiva de una sola conciencia. Por lo tanto, no es de extrañarse que la reivindicación de la sociedad oprimida se intente a través de un proyecto individual del personaje, ya que éste siente tener la libertad de hacerlo así, separándose no sólo del medio opresor sino de los trabajadores chicanos también. Dentro de este contexto, el viaje a México representa para Adán la posibilidad del desarrollo de su propia subjetividad a través de una afirmación de su identidad en las raíces mexicanas. Pasaremos a considerar cómo este proyecto existencialista-culturalista implica necesariamente una mitificación de la cultura, la historia y el personaje mismo.

El paso del protagonista de un espacio concreto a uno abstracto mítico se da en «La raíz» con el viaje de Adán a la ciudad de México en busca de su identidad: viaje que resulta ser el gran retorno a lo primordial:

«As man reversing to child to seed, to ancestors. And then beyond. Querétaro, México. Dawn thru greenglass of bus, past primitive nonyears».


(Pág. 312).                


Este intento de Adán de adentrarse en sus raíces culturales se refleja en la narración misma donde la meditación existencialista pasa a ser el foco narrativo exclusivo y el contexto real pasa a un nivel secundario como punto de referencia al personaje. En esta primera etapa la afirmación de la subjetividad se intenta siempre a partir de una negación de la historia. Al iniciar su viaje a México, el elemento sobresaliente de la búsqueda de Adán es la preocupación constante por reconstruir una realidad mítica que no le obstruya su proyecto existencialista. Es tanto el esfuerzo de opacar la realidad objetiva, que le parece artificial, en contraposición a su imagen impresionista del medio ambiente, que Adán busca apropiarse de la «esencia mítica» de la cultura mexicana a través de una contemplación mística:

«Adán... now sees the soft countryside with somnambulist eyes, with slow-motion mind where images bisect and burst in wartime explosions; images breathe in dull luster of confrontation with the senses where artificial levels -time, maps- dissolve to yield unique experience».


(Pág. 313).                


Una vez en la ciudad de México el personaje experimenta un éxtasis místico en el cual éste piensa realizar una comunión con los elementos míticos de la herencia cultural mexicana. La ironía de esta supuesta comunión espiritual con esa «tierra poblada» es que ésta se da exclusivamente al nivel mental. Con esto, González nos da una representación sumamente abstracta de esa vertiente del nacionalismo cultural que aboga por una reafirmación de los valores del pueblo chicano en las raíces mexicanas: aquí se trata de una visión pintoresca de la cultura como elemento espiritual y dinámico, como presencia naturalista, totalmente divorciada de su base material:

«Land and low clouds in serape color and design. Transparent beauty. Coupled with invisible indio presence hangs in revolution atmosphere leaps in galvanic-genetic stimulus within Adán».


(Pág. 313).                


Estos conceptos míticos también se proyectan en la descripción del pueblo. Al pasar por los barrios de la ciudad de México, Adán verá las clases bajas como seres idílicos e irá al extremo de concebir sus actividades diarias como parte de un drama religioso:

«Further down into barrios with street soccer games religiously played on every block. Chavalas bien chulas walk by, baptized by the sprinkling of rain».


(Pág. 313).                


Los mismo ocurre con los vatos del barrio cuya evasión de la realidad se glorifica como un rito de penitencia:

«They lift their faces to the sky, perhaps to lingering Aztec spirits of rain and yerba; they offer their minds in sweet sacrifice to herbs. Eyes become rain magnets become the very rain».


(Pág. 313-4).                


Con esta mitificación de la realidad no solamente se omite el contexto social real del barrio sino que se idealiza la evasión facilitada por las drogas demostrando así la inclinación del personaje de identificarse con los elementos puramente escapistas de la realidad.

No obstante, pese a los esfuerzos del protagonista por mediar la realidad a través del plano mítico, este planteamiento se ve constantemente frustrado por la intrusión de la realidad objetiva. De tal forma que, a pesar de sus deseos de apartarse de lo material, Adán se ve obligado a enfrentarse con la realidad social de México.

Estas «intrusiones» de la realidad exterior se dan bajo condiciones muy específicas. La primera de éstas ocurre cuando Adán pasa a la ciudad de México y se enfrenta con la sociedad moderna mexicana en donde la cultura tanto como los seres y los elementos históricos ya no son «invisibles» sino parte de un configurado social real. En los momentos en que la realidad objetiva penetra la conciencia del personaje se presentan en forma limitada ciertos elementos claves de la actual problemática social mexicana. Uno de estos elementos es el imperialismo cultural, descrito de la siguiente manera:

«People en masse running crawling in the opposite direction, the lost look of lemings towards cliffs of u. s. a. - emulation».


(Pág. 313).                


Adán también se enfrenta con la pobreza de la población urbana representada por la mujer que vende reliquias frente a la iglesia. Como veremos Adán manifiesta descontento ante la actitud despreciativa de los turistas hacia la vieja por su «unchristian hunger». Aunque parece estar en desacuerdo con la ideología de que el pobre debe aceptar pasiva y agradecidamente su situación delimitada por el patrón y la iglesia, así como manifiesta desagrado ante la modernidad promovida por el imperialismo, sus impresiones breves no pasan de ser mero desprecio de la víctima por tolerar la opresión tanto al nivel cultural como económico. La visión de Adán del conjunto social y su peculiar inconformidad con el sistema de dominación que ve reflejado allí, están directamente ligados a la filosofía existencialista, según la cual el ser es responsable por su existencia, independientemente de su contexto socio-histórico. Son pues, las limitaciones de esta filosofía idealista las que lo llevan a culpar a los habitantes mexicanos por su actitud abiertamente asimilacionista o a la vieja por su agradecimiento a la iglesia y al patrón. Adán, por lo visto, no considera que las actitudes de esta población estén condicionadas por un sistema capitalista que disemina estos mitos de modernidad, de movilidad social y de recompensa espiritual, sirviendo así los intereses de la clase dominante. Al no enfrentarse a los elementos de la realidad social desde una perspectiva crítica Adán asume una posición clásica existencialista desde la cual el individuo está siempre en una posición antagónica con respecto a los demás. Esta tendencia se ve claramente al revisar los distintos encuentros entre Adán y los otros personajes en su estancia en México.

La tendencia de Adán es la de identificarse con aquellos elementos previamente mitificados por él mismo. Pero aún en estos casos es evidente que estos mismos seres (los chavalos del barrio o el joven de facciones indígenas, por ejemplo) que simbolizan para él elementos de la antigua religión azteca, solamente son valorizados por Adán en la medida en que ellos pueden facilitar la afirmación de su subjetividad por ser éstos una reflexión de la misma. De modo que, aún en el nivel más abstracto y metafórico del cuento, sigue funcionando el planteamiento existencialista basado en una circularidad; por lo tanto, Adán termina por apartarse de toda aquella realidad social que considera alienante y se queda solo. Su rechazo de la realidad social es aparente al final de esta sección:

«Adán walks alone. Alone in the company of strangers and their outlaws».


(Pág. 314).                


Es en esta condición de soledad que Adán cree afirmarse como sujeto, mediante una purificación mística, en la cual experimenta unos cambios bruscos de temperatura. Esto es de importancia si recordamos que, en «la otra vida de Adán» como trabajador agrícola, su condición de objeto era representado por su incapacidad de distinguir cambios de temperatura.

En «El mestizo y su misterio: sin fin» Adán regresa a su comunidad nativa en McAllen, Tejas. En esta sección el conflicto existencial de Adán se agudiza de tal forma que los elementos sociales de la comunidad de McAllen estimulan y refuerzan su alienación. Su angustia llega a tal grado que para Adán la realidad exterior se convierte en un objeto -totalmente desprovisto de su humanidad. Por esto, no es casualidad que las referencias al contexto social estén marcadas por la desolación y el abandono, ya que desde la subjectividad de Adán el pueblo de donde han partido los migrantes es visto como un «eternity of ghostowns»:

«Houses -their windows x'd with boards- hung out in el Valle, paralyzed in iron lungs... El drive-in. Muerto. El parque. Muerto. El centro. Muerto».


(Pág. 314-315).                


Esta representación de los barrios abandonados aunque basada en la realidad, lejos de darnos una visión analítica de la situación del trabajador migratorio, solamente sirve para encuadrar su conflicto existencial:

«A feeling of abysses of canyons, of losing someone to the hungers of time and the universe... This feeling with Adán, as of losing someone and finding his own sense of self that much more».


(Pág. 314).                


Es desde este sentimiento de pérdida y soledad que Adán sufre una especie de revelación mística y cree encontrar el sentido de su existencia:

«Something part air, part fire and part death surrounds him. Adin breathes the air to live; the fire-burning in his mind-to act, and the other stagnates into history and afterthought».


(Pág. 314).                


En esta dualidad de muerte y vida Adán adopta el símbolo del sol de los aztecas como la fuerza vital de su vida, negando al otro sol, el verdadero, que estaba ligado a su condición de trabajador agrícola. Se plantea por lo tanto, una recuperación de la identidad a través de una mitificación de los elementos naturales. Pasará entonces a la negación del sol, del tiempo, de lo material a un plano espiritual, abstracto y metafísico. La «revelación» de Adán no es más que la expresión de su conciencia culturalista llevada al extremo idealista por el cual Adán pasa a aceptar la noción existencialista de que la libertad es esencialmente mental:

«A fire had sparked. For Adán his life proved more demanding, more insistent: It forced him to live with his fire or burn out. A harsher sun enveloped el Valle. Before it had drowsed Adán, had drained him of his commitment and his raza's life thru centuries of evaporation. Today the sun cannot wither Adán; it exposes, it reveals. He can no longer ignore that the sun feeds him fire. El sol. Burning timepiece of a burning mestizo. The sun being time. The time being now».


(Pág. 315).                


Pero esta conciencia de libertad y responsabilidad tan común en la literatura existencialista solamente le lleva a ensimismarse aún más, profundizando y agudizando su angustia personal. La culminación de este proceso mental se da cuando Adán se ve reflejado en el espejo y se produce la negación del ser al verse éste como imagen fuera de sí mismo. Al objetivizarse Adán se enfrenta ante la nada:

«He felt himself as being some place outside of his body. Where am I? he thought. Space. Spaced out. Estoy afuera. Yo soy... Adan nadA. Adan nadA. adan nada...».


(Pág. 315).                


Con esto Adán alcanza el extremo de la negación al quedar anulados y alienados no sólo su cultura, su historia, sino él mismo como sujeto en la historia. No obstante, el ensimismamiento del personaje no le soluciona su problemática existencial y de nuevo éste se ve obligado a recurrir al mundo objetivo para afirmarse. Este paso al mundo objetivo se textualiza cuando Adán pasa a un baile. Una vez allí aparecen simultáneamente en la escena los chicanos y los anglosajones y con la presencia de estos dos grupos se vuelve a plantear el conflicto social en términos de un antagonismo racial. Sigue una pelea entre los anglosajones y los chicanos al lanzarse aquellos en defensa de «the torndown bastion of white virginity». En el transcurso de la pelea Adán apuñala al anglosajón.

Aunque pareciera que el acto de Adán responde al planteamiento existencial de que el ser se afirma a través de la negación del otro, el acto de Adán es a la vez un acto culturalista porque éste intenta resolver así la problemática étnico-cultural que predominaba en los primeros momentos de la narración. Más aún, al estudiar detenidamente el acto de Adán se aclara que éste se ve forzado a cometer su acto de afirmación de una forma casi instintiva, y lo que es más, él se ve directamente ligado al pasado de tal forma que, al apuñalar al anglo, Adán se convierte en un «hijo del sol», en un sacerdote de la religión azteca:

«Adán suspends the knife in final decision, weighing the victim versus the act... An obsidian blade traces a quick arc of instinct -somewhere in time an angry comet flares, a sleeping mountain erupts, an Aztec sun explodes in birth».


(Pág. 316).                


Aunque González intenta solucionar la problemática de Adán por medio de un acto individual de violencia, como si así se lograra la afirmación cultural, es evidente que este «encuentro» con la identidad que supuestamente ocurre al final del cuento es impuesto mecánicamente al texto. Su hallazgo no es convincente porque la puñalada de éste, muy a pesar de lo que pretende hacernos pensar el autor, no es un acto heroico ni cuerdo sino un acto espontáneo e infantil dentro del espacio objetivo y real en el que ocurre. De modo que, si al nivel literario se nos impone constantemente una mitificación de la realidad, ésta se verá negada cada vez que el autor ubique a su personaje dentro de un contexto social real. Es quizá esta contradicción la que nos demuestra con más claridad la inutilidad del proyecto existencialista-culturalista del personaje, que si bien proclama la libertad absoluta del individuo, lo condena a un callejón sin salida. Al concebir la enajenación social en términos culturales y al ver la afirmación del chicano dentro de un espacio mítico, González nos propone una solución idealista, escapista e irracional. Lejos de llevarnos a un mejor entendimiento de la situación de enajenación laboral del chicano, González nos propone una premisa falsa y contradictoria que solamente sirve para desviar al lector crítico de un acercamiento profundo de esta misma situación.