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La viuda de don Rodrigo

Cuadro dramático en un acto y en verso

Francisco Pi y Arsuaga



Portada



  —2→  
PERSONAJES
 

 
EGILONA,   viuda de D. Rodrigo y cautiva de Abdelaziz.
ABDELAZIZ,   emir y esposo de Egilona.
HABIB BEN OBEIDAD EL FEHERI,   amigo y compañero de Abdelaziz.
HOWARA,   amiga de Egilona.
 

Época: Año 716.

 



  —3→  

ArribaActo único

 

Decoración: Habitación de la casa de recreo de ABDELAZIZ, en las afueras de Sevilla.

 

Escena I

 

EGILONA y HOWARA.

 
HOWARA
¿Por qué lloras? Di, ¿qué afán
vino a turbarte traidor?
EGILONA
¡Si vieras cuánto dolor
estas lágrimas me dan!
HOWARA
La de los lindos collares, 5
Ommalisam, cual su dueño
la llama en su dulce empeño,
¿por qué alberga esos pesares?
¿Quién causa tu desconsuelo?
¿Por qué viertes ese llanto? 10
¿Ya no le amas?
EGILONA
Le amo tanto,
que él es hoy mi único anhelo.
HOWARA
Si en tu pecho hay esperanzas
y en tu corazón amores,
¿cuáles son estos dolores 15
que logran esas mudanzas?
EGILONA
Vas mi llanto a comprender
y el dolor que mi alma trunca.
¿Es, ni puede llegar nunca,
a ser eterno el placer? 20
Al ver esta dicha mía,
—4→
no lloro amargos dolores;
lloro sólo los temores
de perder esta alegría.
HOWARA
Viuda del Rey de los godos, 25
¿puedes temer, Egilona?
El emir su amor te abona
del más noble de los modos.
En Mérida, prisionera,
era justo tu quebranto; 30
pero hoy ha cambiado tanto
tu suerte, que ya sincera
puedes reírte, sin misterio.
El emir trocó tus penas,
destruyendo las cadenas 35
de tu triste cautiverio.
Hoy, unida en cuerpo y alma
a Abdelaziz generoso,
le puedes llamar tu esposo
y vivir en dulce calma. 40
¿Aún contenta no te ves,
cuando, por artes de amor,
al que ayer era señor
contemplas hoy a tus pies?
EGILONA
También, ¡oh, mi amiga Howara!, 45
a Ataulfo amó Placidia;
también ella inspiró envidia,
y su dicha le fue cara;
que también aquel delirio
de la hermana del Honorio, 50
llevó en dulce desposorio
la corona del martirio.
Constantino, aquel celoso;
Sigerico, aquel traidor,
reina o viuda, a aquel amor 55
jamás cedieron reposo.
Hay a más en nuestra boda,
Howara, otro cruel motivo,
—5→
que muerto el amor hoy vivo,
dará pie a la crueldad toda. 60
Da aliento a mi corazón
de Jesucristo la cruz;
Abdelaziz ve otra luz,
él tiene otra religión.
HOWARA
Abdelaziz, tolerante, 65
a tu religión respeta.
El emir no te sujeta
a ningún yugo humillante.
EGILONA
Amalarico también
hizo un solemne tratado, 70
que poco después hollado
fue con cínico desdén.
Clotilde a este Rey amaba,
y el Rey, fingiendo quererla,
quiso a su afán someterla, 75
y fiero la maltrataba.
Ella, no hallando consuelo
a aquellas luchas temidas,
y mirando sus heridas,
mojó en su sangre un pañuelo. 80
Al franco por su rescate
le envió el presente anunciado,
y el pañuelo ensangrentado
fue la señal del combate.
Cruel su hermano Chidilberto, 85
a Amalarico retó;
Amalarico acudió,
y Amalarico fue muero.
Ella, al ver cual se derrumba
la frágil dicha del mundo, 90
sintió el dolor más profundo,
y a poco bajó a la tumba.
Ve si tengo yo razón
cuando tempestad presagio,
—6→
y de cercano naufragio 95
llega el agua al corazón.
Las tempestades de enojos
que roban a un ser la calma,
mucho antes las siente el alma
de que las miren los ojos. 100
HOWARA
¿Por qué con Abdelaziz,
Egilona, te casaste?
¿Por qué, di, no te negaste
si no ha de hacerte feliz?
EGILONA
Porque temí que furioso 105
castigara mi desdén;
porque yo ya sé muy bien
lo que puede un poderoso.
No son Escipiones todos,
ni esposas de Allucio todas. 110
HOWARA
Feliz serás con tus bodas,
amiga, de todos modos.
Desecha, pues, tu dolor,
estrecha más esos lazos.
Arrójate ya en sus brazos 115
e inúndale con tu amor.
Él será digno de ti.
EGILONA
¡Dios sabe lo que ha de ser!
HOWARA
Su genio haz por comprender.
EGILONA
Vámonos. Él viene aquí. 120
 

(Vanse.)

 


Escena II

 

ABDELAZIZ y HABIB.

 
HABIB
No te digo, Abdelaziz,
que no esté bien lo que has hecho;
tu conducta generosa
yo la aplaudo y la celebro.
Casarte con Egilona 125
—7→
ha sido rasgo muy bello.
Convertir a la cautiva
en señora, es un buen hecho.
Hacer dueños de ti mismo,
hacerte tú mismo siervo 130
de la de quien señor fuiste,
de la que te vio por dueño,
es un acto que te eleva
y que abona tu talento.
Respetar su religión, 135
es ser justo y es ser bueno,
tolerante y respetuoso,
imparcial y caballero.
Mereces, en fin, loores;
eres un emir modelo; 140
pero, Abdelaziz, ¿no crees
que no te irá bien con serlo?
Hay mil veces en la vida,
en que al impulso secreto
de un corazón generoso 145
hay que oponer el esfuerzo
de cierta crueldad, precisa
cuando se ocupa tu puesto.
Casado con la cristiana
mujer del Rodrigo fiero 150
que a las orillas dejó
del Guadalete siniestro,
con su corona su vida,
y con su vida su imperio;
casado con Egilona, 155
mujer que alabo y venero,
porque merece por todo
el más profundo respeto;
con Egilona, enemiga
del valiente sarraceno, 160
—8→
porque el sarraceno puso
entre su pecho y tu pecho
de la sangre de Rodrigo
un mar cual el mar inmenso;
¿no temes, di, Abdelaziz, 165
que alborotado tu pueblo,
sospechando de tu fe,
vea en ti locos deseos
de levantar en las ruinas
del aniquilado reino 170
del califa independiente
otra ley con otro imperio?
Mira que el pueblo murmura,
que te atribuyen intentos
que tú debes desmentir; 175
mira que muchos dan crédito
al cuento de la corona
que, por aumentar deseos,
Egilona en tu sien ciñe
cuando despiertas del sueño. 180
Piensa en lo que yo te digo,
haz caso de mis consejos.
Ámala; pero haz muy pronto
de que la abandonas mérito.
Finge que ya no la quieres, 185
que merece tu desprecio;
ódiala públicamente,
y hazte su esclavo en secreto.
A los dos esto os conviene.
Si no lo hacéis mucho temo 190
que no lleguen al califa
esas calumnias y cuentos,
y que el califa cometa
algún grave desacierto.
ABDELAZIZ
Habib, me explico tu afán 195
y hasta comprendo tu miedo.
—9→
Me quieres, y tu cariño
te finge sombras y espectros;
pero aparte de entender
lo noble de tus consejos, 200
lo sano de tu intención,
que no hay un califa creo
que con fiera ingratitud
pague bondades y esfuerzos
como los que he ejecutado 205
por dar glorias a ese pueblo
en que vio la luz Mahoma,
el profeta de los cielos,
el enviado por Alah
para dar al Universo 210
fuego y luz, amor y vida,
resignación y consuelo,
con crímenes o maldades,
con infamias o denuestos.
¿Podrá dudar de mi fe 215
ningún califa soberbio?
Quizá en vez de la política
de tolerancia que acepto,
¿podrá el califa querer
que deje ya de ser bueno 220
y arrase a mi paso todo,
sin piedad, a sangre y fuego?
¿Se ha de ocultar al califa
que un solo acto de respeto
hacia el vencido, produce 225
mas grande y mejor efecto
que cien brillantes combates
en que el enemigo es muerto?
El acto que he ejecutado,
¿no inspira calma a los pechos 230
y les convierte en deudores
de gratitud y de afecto?
—10→
El convertir en amigos
a los que enemigos fueron,
¿no es hacerse con más fuerza, 235
no es aumentar noble crédito
y hacer que ruede la fama
del valiente sarraceno
por el anchuroso mundo
de un extremo al otro extremo? 240
Podremos decir que somos
nobles entre los guerreros;
todos matan al vencido,
todos obran como dueños;
sólo nosotros, Habib, 245
les respetamos sus templos,
su religión, sus costumbres,
su libertad, y a más de esto,
sólo nosotros casamos
con las esclavas que hacemos. 250
El califa, agradecido,
¿cómo, dime, ha de hacer mérito
de ruindades y calumnias,
conociendo mis anhelos?
No traigan a mis salones 255
otra vez esos misterios,
que la multitud convierte
en realidades de espectros.
Mi nobleza está muy alta,
mi corazón muy sereno, 260
mi conciencia muy tranquila,
muy claro mi pensamiento,
para que los manchen nunca
las calumnias de esos cuentos.
Mas quiero hablar a Egilona, 265
y que aquí se acerca veo.
Apártate, Habib amigo,
y sabe que te agradezco
—11→
tu cariño y tu cuidado.
HABIB
Adiós, emir; hasta luego. 270

 (Vase.) 



Escena III

 

EGILONA y ABDELAZIZ.

 
EGILONA
Adiós, emir amado.
ABDELAZIZ
¡Hola, Hommalisam bella;
hola, fulgente estrella
del cielo de mi amor!

 (Reparando en la tristeza de EGILONA.)  

Mas ¡oh! dime, ¿qué tienes, 275
que al pecho tu belleza
inclina su cabeza
con aire de dolor?
La sombra de una pena
se extiende por tu frente, 280
me miras tristemente
y el alma llega a ver,
envuelta en amargura,
formarse tus enojos,
salirse por tus ojos 285
y en lágrimas caer.
Di qué dolor te abruma,
di, sí, qué afán te inquieta,
qué aciago te sujeta
con torpe frenesí, 290
que está tu amante pronto
a consolar tu duelo,
pues es su único anhelo
amarte, bella hurí.
¿Anhelas más esclavos, 295
—12→
anhelas perlas y oro,
te estorba, di, algún moro?
¡Oh, dilo, que si esto es,
sultana de mi encanto,
verás con cuál presteza, 300
rodando su cabeza
contemplarás a tus pies!
Yo sueño con un mundo
de dichas y de amores,
de perlas y de flores, 305
perfumes y ambrosía,
y allá en esas fantásticas
visiones del deseo,
gozando paz me veo
contigo, amada mía. 310
Yo sueño el cielo hermoso,
que tanto al hombre inquieta,
cual lo pintó el profeta,
con más luz y esplendor,
y es ¡oh! que el que me finjo 315
y al que mi ser camina,
sultana, lo ilumina
el rayo de tu amor.
Depós esos enojos,
depón esos agravios, 320
colórense esos labios
que pálidos están;
ya ves que yo te adoro
con loco amor creciente;
ya ves que solamente, 325
calmar quiero tu afán.
EGILONA
Me vence tu discurso.
En vano el ser batalla.
 

(Le extiende los brazos. Óyese al   —13→   mismo tiempo la voz del muecín que llama a la oración.)

 
ABDELAZIZ

 (Apartándose de súbito.) 

Cristiana hermosa, calla,
que tocan la oración. 330

 (Baja la cabeza y se dispone a salir.) 

EGILONA
Me dejas cuando ardiente
dulcísimas, delicias
te brindan mis caricias
¡Oh, fiera religión!
 

(ABDELAZIZ sale. EGILONA se sienta abatida, y permanece meditando.)

 


Escena IV

 

EGILONA y HABIB, que entra sin ser visto por EGILONA ni reparar en ella.

 
HABIB
¡Y yo, su mejor amigo, 335
sufriré al fin el tormento
de dar muerte a Abdelaziz,
el amigo verdadero,
a quien quise desde niño
y a quien doy amor inmenso, 340
a pesar de su desgracia,
en mi corazón profeso!
¡Y yo he de matarle, yo,
al califa por respeto!
A él llegaron los rumores, 345
sobre los que di consejo
a mi amigo, y el califa
hoy manda, y hoy le obedezco,
—14→
que dé muerte a Abdelaziz,
de la noche en el silencio. 350
Aquí está la orden escrita,

 (Mostrándola.) 

ya no puedo perder tiempo.
Es de Alah siervo el califa,
y del califa soy siervo.
Obedecerle es preciso 355
cuando Alah así lo ha dispuesto.
 

(EGILONA repara en HABID, y se acerca a él a tiempo que éste dice:)

 
Mas, ¿dónde está Abdelaziz?
EGILONA
Dedicado está a su rezo.
HABIB
¿Me oíste?
EGILONA
¿Qué le buscabas?
HABIB
¿No más que eso?
EGILONA
No más que eso.
360
HABIB
Pues voy a darle un recado.
EGILONA
Idos Con Dios.
HABIB
Pronto vuelvo.

 (Vase.) 



Escena V

EGILONA
Habló largo rato solo.
Aquí debe haber misterio.
¿Le seguiré? No le sigo. 365
Que oculto quede el secreto.
Quizás cosas del Estado,
acaso asuntos ajenos
a mi amor y mis pasiones.
¡Ah! Por todas partes veo 370
—15→
que conspiran contra mí,
o mejor contra mi anhelo.
A Howara debo llamar.
Con su lenguaje discreto
volarán de mi cabeza 375
estos tristes pensamientos.

 (Llamando.) 

¡Howara! ¡Howara!


Escena VI

 

EGILONA y HOWARA.

 
HOWARA

 (Agitada.) 

¿Qué quieres?
Yo ya venía a tu encuentro.
Y Abdelaziz, ¿dónde está?
EGILONA
Pero, ¿qué quieres? ¿Qué es esto? 380
HOWARA
Egilona, vuela pronto
hacia tu esposo, que creo
que ya ha cerrado sus ojos,
de la negra muerte al peso.
EGILONA
No puede ser. ¿Qué me dices? 385
HOWARA
Lo que te digo es secreto,
y por varias confidencias
he sabido que hay intentos
de matarle, y que el califa
es autor de tal siniestro. 390
EGILONA
¡Oh, imposible! ¡Abdelaziz!
(Gritando.)
¡Abdelaziz! ¡Vuela presto
junto a tu esposa! De ti
el temor que antes no siento. 395
¡Ven, que quieren darte muerte,
—16→
y yo perderte no quiero;
ven, que hallarás un escudo
de tu defensa en mi pecho!
¡Abdelaziz!


Escena VII

 

Dichos y HABIB con un alfanje ensangrentado.

 
HABIB

 (Cortando el paso a EGILONA.)  

¿Qué le quieres?
400
EGILONA
¡Quiero verle!
HABIB
Ya no puedo
consolarte. Ya no vive.
EGILONA

 (Fuera de sí.) 

¿Quién le ha muerto?
HABIB
¡Yo le he muerto!
 

(Tira el puñal. EGILONA cae desplomada.)

 
HOWARA

  (Al público.)  

Ved cuál, en mil ocasiones,
aun a costa de deseos, 405
en su fondo algo plausibles
y en su esencia acaso buenos,
ha de contener su impulso
el más generoso pecho


 
 
(Telón rápido.)
 
 




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