Libro de Apolonio
[Nota preliminar: presentamos la edición de Libro de Apolonio, códice K.III.4 de la Biblioteca del Escorial, basándonos en la edición de Dolores Corbella (Libro de Apolonio, Madrid, Cátedra, 1999), cuya consulta recomendamos. Se opta por mantener las grafías del original eliminando las variantes gráficas no significativas, y por eliminar las marcas de editor, asumiendo, cuando lo creemos oportuno, las correcciones, reconstrucciones y enmiendas propuestas por Corbella].
1
En el nombre de Dios y de Santa María,
si ellos
me guiasen estudiar querría,
componer un romance
de nueva maestría
del buen rey Apolonio y de
su cortesía.
2
El rey Apolonio, de Tiro natural,
que por las aventuras visco grant temporal.
Cómo
perdió la fija y la mujer capdal,
cómo
las cobró amas, ca les fue muy leyal.
3
En
el rey Antioco vos quiero comenzar,
que pobló
Antiocha en el puerto de la mar;
del su nombre mismo fízola
titolar.
Si entonces fuese muerto nol' debiera pesar.
4
Ca muriósele la mujer con qui casado era,
dejole una fija genta de grant manera;
nol' sabían
en el mundo de beltat compañera,
non sabían en su
cuerpo señal reprendedera.
5
Muchos fijos de reyes
la vinieron pedir,
mas non pudo en ella ninguno avenir.
Hobo en este comedio tal cosa a contir,
que es para en
concejo vergüenza de decir.
6
El pecado, que nunca en paz suele seyer,
tanto pudo
el malo volver y revolver,
que fizo a Antiocho
en ella entender
tanto que se quería por su amor
perder.
7
Hobo a lo peyor la cosa a venir,
que
hobo su voluntat en ella a complir;
pero sin grado lo hobo
ella de consentir,
que veydía que tal cosa non era
de sofrir.
8
La dueña por este fecho fue tan envergonzada,
que por tal que muriese non quería comer nada;
mas una ama vieja que la hobo criada
fízol'
creyer que non era culpada.
9
«Fija, dijo, si vergüenza
o quebranto prisiestes,
non habedes culpa, que vos más
no pudiestes;
esto que vos veyedes en ventura lo hobiestes.
Allegratvos, señora, que vos más non pudiestes.
10
Demás yo vos consejo, y vos creyer me
lo debedes,
al rey vuestro padre vos non lo enfamedes;
maguer grant es la pérdida, más val que lo
calledes,
que al rey y a vos en mal precio echedes».
11
«Ama, dijo la dueña, jamás por mal pecado,
non debe de mi padre seyer clamado.
Por llamarme
él fija téngolo por pesado;
es el nombre derechero
en amos enfogado.
12
Mas cuando ál non puedo
desque soy violada,
prendré vuestro consejo,
la mi nodriza hondrada,
mas bien veo que fui de Dios
desemparada,
a derechas m'en tengo de vos aconsejada».
13
Bien sé que tanto fue el enemigo en el
rey encarnado
que non había el poder de veyer el
pecado;
mantenía mala vida, era de Dios airado,
ca non le facía servicio don' fuese
su pagado.
14
Por fincar con su fija, excusar casamiento,
que pudiese con ella complir su mal taliento,
hobo a
sosacar un mal sosacamiento:
mostrógelo el diablo,
un bestión mascoriento.
15
Por fincar sin vergüenza,
que non fuese reptado,
facía una demanda
y un argumente cerrado:
al que lo adevinase que
gela daría de grado,
el que no lo adevinase sería
descabezado.
16
Habían muchos por aquesto
las cabezas cortadas;
sedían sobre las
puertas de las almenas colgadas.
Las nuevas de la dueña
por mal fueron sonadas,
a mucho buen doncel habían
caras costadas.
17
«La verdura del ramo escome la
raíz,
de carne de mi madre engrueso mi cerviz».
El que adevinase este vieso qué ditz,
ese habría
la fija del rey emperadriz.
18
El rey Apolonio, que
en Tiro regnaba,
oyó daquesta dueña qu'en grant precio andaba;
quería casar con ella, que
mucho la amaba,
la hora del pedir, veyer non la cuidaba.
19
Vino a Antiocha, entró en el reyal,
salvó al rey Antiocho y a la corte general;
demandole la fija por su mujer capdal,
que la metrié
en arras en Tiro la cibdat.
20
La corte de Antiocha,
frenme de grant vertut,
todos hobieron duelo de la su
juventut.
Dicían que non se supo guardar de
mal englut,
por mala de nigromancia perdió
buena salut.
21
Luego de la primera, demetió
su razón,
toda la corte escuchaba, tenía
buena sazón.
Púsol' el Rey la sua proposición:
que le daría la cabeza o la solución.
22
Como era Apolonio de letras profundado,
por
solver argumentos era bien dotrinado;
entendió la
fallenza y el sucio pecado
como si lo
hubiese por su ojo probado.
23
Había grant repintencia
porque era hi venido,
entendió bien que
era en fallenza caído,
mas, por tal que no
fuese por babieca tenido,
dio a la pregunta buen responso
complido.
24
Dijo: «Non debes, rey, tal cosa demanar,
que a todos aduce vergüenza y pesar.
Esto, si la verdat non quisieres negar,
entre tú
y tu fija se debe terminar.
25
Tú eres
la raíz, tu fija el cimal;
tú pereces
por ella, por pecado mortal,
ca la fija hereda la depda carnal,
la cual tú y su madre habiedes cominal».
26
Fue de la profecía el rey muy mal pagado,
lo
que siempre buscaba ya lo había fallado;
metiolo en locura muebda del pecado,
aguisole, en cabo, como
fuese mal porfazado.
27
Maguer por encobrir
la su iniquitat,
díjol' Apolonio quel' dijera
falsedat,
que non lo querría fer por nenguna heredat,
pero todos asmaban que dijera verdat.
28
Díjol'
que metría la cabeza ha perder,
que la
adevinanza non podría asolver.
Aun treinta
días le quiso añader,
que por mengua de plazo
no pudiese cayer.
29
Non quiso Apolonio en la villa
quedar,
tenía que la tardanza podía
en mal finar.
Triste y desmarrido pensó de naveyar,
fasta que fue en Tiro él non se dio vagar.
30
El pueblo fue alegre cuando vieron su señor,
todos
lo querién veyer, que habién d'él sabor;
rendían grandes y chicos gracias al Criador,
la villa y los pueblos todos en derredor.
31
Encerrose Apolonio en sus cámaras privadas,
do tenié sus escritos y sus estorias notadas;
rezó sus argumentos, las fazañas pasadas,
caldeas
y latines, tres o cuatro vegadas.
32
En cabo,
otra cosa non pudo entender
que al rey Antioco pudiese
responder;
cerró sus argumentos, dejose de
leyer,
en lacerio sin fruto non quiso contender.
33
Pero mucho tenía que era mal fallido,
en non ganar la dueña y sallir tan escarnido.
Cuanto
más comidía qué l'había contecido,
tanto más se tenía por peyor confondido.
34
Dijo que non podía la vergüenza
durar,
más quería ir perderse o la ventura
mudar.
De pan y de tresoro mandó mucho cargar,
metiose en aventuras por las ondas del mar.
35
Pocos levó consigo, que no lo entendiesen,
fuera sus criazones otros no lo sopieron.
Navearon
apriesa, buenos vientos hobieron,
arribaron en Tarso, término
hí prisieron.
36
En el rey Antioco vos queremos
tornar,
non nos debiemos ende tan aína quitar.
Había de Apolonio ira y grant pesar,
querríalo
de grado, si lo pudiese, matar.
37
Clamó a
Taliarco, que era su privado,
el que de sus consejos
era bien segurado;
habíanlo en su casa de pequeño
criado,
acomendol' que fuese recapdar un mandado.
38
Dijo el rey: «Bien sepas, el mío leyal amigo,
que non diría a otrie esto que a ti digo:
que
soy de Apolonio capital enemigo,
quiero fablar por
esto mi consejo contigo.
39
De lo que yo facía
él me ha descubierto,
nunca me fabló
hombre ninguno tan en cierto,
mas, si me lo defiende poblado
ni yermo,
tenerme ya por nada más que un
seco ensierto.
40
Yo te daré tresoros cuantos
tú quisieres;
da contigo en Tiro cuanto tú
más pudieres,
por gladio o por yerbas, si matar lo
pudieres,
desde aquí te prometo cual cosa tú
quisieres».
41
Talierco non quiso grande plazo
prender,
por amor que ficiese a su señor placer.
Priso mortal consejo, aguisó grant haber,
fue al
rey de Tiro servicio prometer.
42
Cuando entró
en Tiro, falló hí grandes llantos:
los
pueblos doloridos, afiblados los mantos,
lágrimas
y sospiros, non otros dulces cantos,
faciendo
oraciones por los logares santos.
43
Vio cosa mal puesta,
ciudat tan denegrida,
pueblo tan desmayado, la gente
tan dolorida;
demandó que esta cuita por qu'era hi
venida,
por qué toda la gente andaba amortida.
44
Respúsol' un hombre bueno, bien razonado era:
«Amigo, bien parece que eres de carrera,
si de
la tierra fueses, cuita habriés llenera,
dirías
que nunca vieras tal en esta ribera.
45
El rey nuestro
señor, que nos solía mandar,
Apolonio le dicen
por nombre, si lo oíste contar,
fue a Antioco su
fija demandar;
nunca podría con hombre más
honrado casar.
46
Púsol' achaque mala, non la pudo ganar,
tóvoselo a onta por sin ella tornar,
moviolo de su casa vergüenza y pesar;
a cuál parte es caído non lo podemos asmar.
47
Habiemos tal señor cual a Dios demandamos,
si éste non habemos nunca tal esperamos;
con cuita
no sabemos cuál consejo prendamos,
cuando rey perdemos
nunca bien nos fallamos».
48
Fue con aquestas nuevas
Taliarco pagado,
tenié que su negocio habié
bien recabado;
tornose al rey Antioco que lo habié
enviado,
por contarle las nuevas y decirle el mandado.
49
Díjol' que de Apolonio fuese bien descuidado,
que era con su miedo de tierra desterrado.
«Non será,
diz Antioco, en tal logar alzado,
que de mí
lo defienda yermo nin poblado».
50
Puso, aun sin esto,
ley mala y complida:
quiquiere que lo matase o lo
prisiese a vida
que le darié de sus haberes una buena
partida,
al menos cien quintales de moneda batida.
51
Confonda Dios tal rey, de tan mala mesura,
vivía en pecado y asmaba locura:
que querié
matar al homne que dijera derechura,
que abrió la
demanda que era tan escura.
52
Esto facié
el pecado que es de tal natura,
ca en otros muchos en
que mucho atura,
a pocos días dobla, que trae grant abscura:
trae mucho enxemplo desto la escriptura.
53
Por encobrir una poca de enemiga,
perjúrase
homne, non comide qué diga;
del homne perjurado es
la fe enemiga;
esto que yo vos digo la ley vos lo pedrica.
54
Esto mismo contesce de todos los pecados:
los unos con los otros son todos enlazados.
Si no fueren aína los unos emendados,
otros mucho
mayores son luego ayuntados.
55
De un ermitaño santo
oyemos retrayer,
porque'l fizo el pecado el vino
beber,
hobo en adulterio por ello a cayer,
depués
en adulterios las manos a meter.
56
Antioco, estando
en tamaña error,
andaba, si pudiese, por fer otra peyor;
del pecado primero si hobiese dolor,
de demandar tal cosa
no habría sabor.
57
Como dice el proverbio,
que suele retrayer,
que la copdicia mala saco
suele romper,
fizo la promesa a muchos fallecer,
que lo querrían de grado o matar o prender.
58
Por negra de cobdicia, que por mal fue aparada,
por
ganar tal tresoro, ganancia tan famada,
muchos habién
cobdicia, non la tenién celada,
por
matar a Apolonio por cualquiere entrada.
59
Los que
solía tener por amigos leyales
tornados se le
son enemigos mortales,
Dios confonda tal sieglo: por ganar
dos mencales
se trastornan los homnes por ser desleyales.
60
Mandó labrar Antioco naves de fuerte madera,
por buscar a Apolonio, tollerlo de carrera,
bastirlas
de poderes, de armas y de cibera;
mas aguisó
Dios la cosa en otra manera.
61
Dios, que nunca quiso
la soberbia sofrir,
destorbó esta cosa, non se
pudo complir,
nol' pudieron fallar nil' pudieron nocir;
debiemos a tal señor laudar y bendicir.
62
El
rey Antioco vos quiero destajar,
quiero en Apolonio la
materia tornar:
en Tarso lo lejamos, bien nos debe membrar.
63
Cuando llegó a Tarso, como lazdrado era,
fizo echar las áncoras luego por la ribera;
vio
logar adabte, sabrosa estanera,
por folgar del lacerio y de la mala carrera.
64
Mandó comprar conduchos,
encender las fogueras,
aguisar los comeres, sartenes
y calderas,
adobar los comeres de diversas maneras:
non costaban dinero manteles ni forteras.
65
Los
que sabor han de su conducho prender,
dábangelo
de grado non lo querían vender,
había toda
la tierra con ellos gran placer,
que era mucho cara y habíanlo menester.
66
Mala tierra era, de conducho
menguada,
habié gran carastía, era de gente
menguada,
podrié comer un niño rafez la dinarada,
combrié tres el yuguero cuando vinise de la arada.
67
Como era Apolonio homne bien razonado,
vinién todos veyerle, facíanle aguisado;
no se partié d'él nul homne despagado.
68
Vino un hombre bueno, Elanico el cano,
era de
buena parte, de días anciano,
metió
en él mientes, prísolo por la mano,
apartose con él en un campiello plano.
69
Díjol'
el homne bueno que habié d'él dolor,
aprisiera
las nuevas, era bien sabidor:
«¡Ay, rey Apolonio, digno
de grant valor,
si el tu mal supieses debiés haber
dolor!
70
Del rey Antioco eres desafiado,
nin en ciudat ni en burgo non serás albergado,
quien matarte pudiere será bien soldado,
si estorcer
pudieres serás bien aventurado».
71
Respondió
Apolonio como ascalentado:
«Dígasme homne bueno,
si a Dios hayas pagado,
¿por cuál razón
Antioco me anda demandando,
e, al quien me matar', cuál
don le ha atorgado?».
72
«Por eso te copdicia
o matar o prender,
por lo que es él, tú
quisiste seyer;
cien quintales promete, que dará
de su haber,
al qui la tu cabeza le pudiere render».
73
Estonce dijo Apolonio: «Non es por el mío
tuerto,
ca yo non fice cosa por que deba seyer
muerto,
mas Dios, el mío señor, nos dará
buen esfuerzo,
Él, que de los cuitados es
carrera y puerto.
74
Mas, por cuanto la cosa me
feciste entender,
en amor fien grado te lo debo
tener;
demás quiero que lieves tanto del mío
haber
cuanto darié Antioco por a mí confonder.
75
Éste puedes en salvo y sin pecado levar,
que hasme tú buscado placer y non pesar;
non pierdas tu derecho, ca me podriés reptar,
podría
yo por ello gravemientre pecar».
76
Fabló el
homne bueno, diol' fermosa respuesta:
«¡Mercet,
ya rey!, y gracias por la promesa vuestra,
que
amistat vender non es costumbre nuestra;
quien bondat da
por precio malamiente se denuesta».
77
Dios
a todo cristiano que su nombre tuviere,
tal homne le depare,
cuando mester l'hobiere;
demás homne nin fembra que
deste homne oyere
debe tener su loa demientre que visquiere.
78
Elánico, de miedo que serié acusado
porque con Apolonio facié tan aguisado,
despidiose del rey, su amor asentado;
tornó
para la villa su manto afiblando.
79
Fue en esta facienda
Apolonio asmando.
Veyé que se le iba su cosa mal
parando,
sabién que lo andaban muchos homnes buscando,
tenié que lo matarién durmiendo o velando.
80
Pensando en esta cosa, más triste que pagado,
vio un burcés rico y bien adobado;
Estrángilo
le dicen, hombre era honrado,
sacolo a consejo a un lugar apartado.
81
«Quiero, diz Apolonio, contigo
fablar,
decirte mi facienda, tu consejo tomar:
hombres de Antioco me andan por matar,
preso seré
traído si me pueden fallar.
82
Si vos me encubriésedes
por vuestro buen estar,
querría algún tiempo
convusco aquí morar;
si el concejo quisiere
aquesto otorgar,
quedo a toda Tarso grant gualardón
dar».
83
Estrángilo respuso, ca bien lo conoscié:
«Rey, diz, esta villa sofrir non te podría.
Grant
es la tu nobleza, grant logar merecía,
esta
villa es muy cara, sofrir non te podría.
84
Pero saber querría de ti una facienda:
con el rey Antioco, ¿por qué hobiste contienda?
Si
en su ira yaces, non sé quí te defienda,
fuera el Criador o la su santa comienda».
85
Recudiol'
Apolonio a lo quel' demandaba:
«Porquel' pidié
la fija, que él mucho amaba,
et quel' terminé
el vieso con que nos embargaba,
por eso me seguda, ca
eso lo agraviaba.
86
En la otra razón te quiero
recodir,
ca dices que la villa non me podrié sofrir,
yo vos daré del trigo que mandé adocir,
cien
mil moyos por cuenta, mandatlos medir.
87
Dárvoslo
he a compra, pero de buen mercado,
como valié
en Tiro do lo hobe comprado.
Demás, el precio todo,
cuando fuere llegado,
para la cerca de la villa quiero
que seya dado».
88
Estrángilo fue alegre y tóvose por guarido,
besábale las manos
en tierra debatido.
Diz: «¡Ay, rey Apolonio en buena hora fuste venido,
que en tan fiera cuita nos has tú acorrido!
89
Rey, bien te lo convengo, quiero que lo tengamos,
que nos plega contigo y que te recibamos;
cual pleito tú quisieres nos tal te le fagamos;
si menester te fuere, que contigo muramos».
90
Estrángilo,
por la cosa más en recabdo poner,
por buscar a
Apolonio tan extraño placer,
entró en la
ciudat, mandó pregón meter
que se llegasen
a concejo, qua era menester.
91
En poco de
rato fue concejo plegado,
hóboles a decir
Estrángilo el mandado.
«Seya, dijeron todos, puesto
y otorgado,
debié seyer en vida tal homne adorado».
92
Cumplioles Apolonio lo que les dicho había,
guarescié un gran pueblo que de fambre
muría;
valié por la villa más que nunca
valía,
non era fi de nemiga qui tal cosa facía.
93
El rey de los cielos es de grant provencia,
siempre con los cuitados ha su atenencia,
en
valerles a las cuitas es tota su femencia;
debemos
seyer todos firmes en la sua tenencia.
94
Da cuitas
a los homnes que se les faga temer,
non cata a sus pecados,
viénelos acorrer,
sabe maestramientre sus consejos
prender,
trebeja con los homnes a todo su placer.
95
El rey Apolonio, de facienda granada,
había
toda la tierra en su amor tornada,
por cual logar quería
facía su posada,
qui non lo bendicía
no se tenía por nada.
96
Tanto querían
las gentes de honra le buscar,
ficieron en su
nombre un ídolo labrar,
ficieron en un márbor
el escrito notar
del bueno de Apolonio qué fizo en
ese logar.
97
Pusiéronlo drecho en medio del
mercado,
sobre alta columna, por seyer bien alzado,
fasta la fin del mundo y el sieglo pasado,
el don de
Apolonio non fuese olvidado.
98
Fizo por gran tiempo
en Tarso la morada,
era con él la tierra alegre
y pagada.
Consejol' un su huéspet, con
qui había posada,
que fuese a Pentápolin a
tener la ivernada.
99
«Rey, dijo Estrángilo,
si me quisieres creyer,
dart'é buen consejo si
me l' quisieres prender,
que fueses a Pentápolin
un ivierno tener;
sepas que habrán contigo gran placer.
100
Serán estos roídos por la tierra
sonados,
contra el rey Antioco seremos acusados;
mobrá
sobre nos huestes por malos de pecados;
seremos en grant cuita si fuermos cercados.
101
Somos, como tú
sabes, de conduchos menguados,
para meternos en cerca
somos mal aguisados;
si vencernos pudieren, como
venrán irados,
sin consentimiente seremos todos
estragados.
102
Mas cuando entendieren que tú
eres alzado,
esto serié aína por
las tierras sonado,
derramarié Antioco luego su fonsado,
tornarás tú en Tarso y viurás segurado».
«Págome, diz Apolonio, que fablas aguisado».
103
Cargaron las naves de vino y de cecina,
et otrosí
hicieron de pan y de farina,
de buenos marineros
que sabién bien la marina,
que conoscen los
vientos que se camian aína.
104
Cuando hobo
el rey de Tarso a sallir,
por entrar en las naves y en altas mares sobir,
non querían las gentes ante
d'él se partir,
fasta que los hobieron las ondas a
partir.
105
Ploraban con él todos, doliense
de su ida;
rogaban que ficiese aína la venida,
a todos semejaba amarga la partida.
¡De tal amor me pago
tan dulce y tan complida!
106
Hobieron en
fuerte punto las naves ha partir,
h avién vientos
derechos, facienles bien correr,
non podién
los de Tarso los ojos dellos toller,
fasta que se fueron
yendo y hobieron a trasponer.
107
El mar, que nunca
tovo lealtat ni belmez,
cámiase privado y ensáñase rafez,
suele dar mala zaga, más
negra que la pez.
El rey Apolonio cayó en esa vez.
108
Cuanto tenién dos horas, habez habían
andado,
volviéronse los vientos, el mar fue conturbado,
nadaban las arenas, el cielo levantando,
non habié
hí marinero que non fuese conturbado.
109
Non
les valién las áncoras, que non podién
trabar,
los que eran maestros non podién governar;
alzábanse las naves, queríanse trastornar,
tanto que ellos mismos non se sabién consejar.
110
Cuitoles la tempesta y el mal temporal,
perdieron el consejo y el gobierno capdal;
los árboles
de medio todos fueron a mal.
¡Guárdenos de tal cuita
el Señor Espirital!
111
Ca como Dios quiso hobo la cosa
de seyer,
hobiéronse las naves todas a perecer.
De los homnes nenguno non pudo estorcer,
fueras el
rey solo que quiso Dios valer.
112
Por su buena ventura
quísol' Dios prestar,
hobo en un madero chico
las manos a echar;
lazdrado y mezquino de vestir y calzar,
a tierra de Pentápolin hobo de arribar.
113
Cuando el mar le hobo ha término echado,
cayó el homne bueno todo desconortado.
Non fue
bien por dos días en su recuerdo tornado,
ca mal
traído era y fuera mal espantado.
114
Plogo
al Rey de Gloria y cobró su sentido;
fallose todo solo, menguado de vestido;
membrole de su facienda
cómo le habié contescido.
«¡Mesquino,
dijo, que por mal fui nascido!
115
Dejé
muy buen reino do vivía honrado,
fui buscar contienda,
casamiento famado;
gané enamistat, sallí dende
ahontado,
et torné sin la dueña, de muerte enamistado.
116
Con toda esa pérdida, si en paz me sobiés',
que con despecho loco de Tiro non salliés',
mal o bien esperando lo que darme Dios quisiés',
ninguno non me llorase de lo que me aviniés'.
117
Desque de Tiro era sallido y arredrado,
habíame
mi ventura en tal logar echado;
si su hermano fuese o con
ellos criado,
yo seyer non podría entr'ellos más
amado.
118
Moviome el pecado, fízom'
ende sallir,
por fer de mí escarnio, su maleza
complir;
diome en el mar salto, por más me desmentir,
hobo muchas ayudas por a mí destrovir.
119
Fizo
su atenencia con las ondas del mar,
viniéronle
los vientos todos a ayudar;
semejaba que Antioco los enviara
rogar,
o se querían ellos comigo engraciar.
120
Nunca debía homne en las mares fiar,
traen
lealtat poca, seben mal solazar;
saben al recebir
buena cara mostrar,
dan con homne aína dentro en mal
logar».
121
Estaba en tal guisa su ventura reptando,
vertiendo de los ojos, su cuita rencurando,
vio un homne bueno que andaba pescando,
cabo de una pinaza
sus redes adobando.
122
El rey, con gran vergüenza
porque tan pobre era,
fue contra'l pescador, sallole a la carrera.
«¡Dios te salve!», le dijo luego de la primera.
El pescador le respuso de sabrosa manera.
123
«Amigo,
dijo el rey, tú lo puedes veyer,
pobre soy y mezquino, non trayo nul haber;
si Dios te
benediga, que te caya en placer,
que entiendas mi
cuita y que la quieras saber.
124
Tal pobre cual
tú veyes, desnudo y lazdrado,
rey soy de buen regno, richo y abondado,
de la ciudat de Tiro,
do era mucho amado.
Diciénme Apolonio por nombre
señalado.
125
Vivía en mi reino vicioso
y honrado,
non sabía de cuita, vivía
bien folgado,
teníame por torpe y por menoscabado
porque por muchas tierras non había andado.
126
Fui a Antiocha casamiento buscar;
non recabé
la dueña, hóbeme de tornar.
Si con eso fincase quito
en mío logar,
non habrié de mí fecho
tal escarnio la mar.
127
Furteme de mis parientes
y fice muy gran locura,
metime en las naves
con una noche escura;
hobiemos buenos vientos, guionos
la ventura,
arribamos en Tarso, tierra dulce y segura.
128
Trobamos buenas gentes, llenas de caridat,
hacén contra nos toda humilitat.
Cuando dende
nos partiemos, por decirte verdat,
todos hacén gran
duelo de toda voluntat.
129
Cuando en la mar entramos,
facié tiempo pagado;
luego que fuemos dentro,
el mar fue conturbado.
Cuanto nunca traía allá
lo he dejado;
tal pobre cual tú veyes, avez soy escapado.
130
Mis vasallos, que eran comigo desterrados,
haberes que traía, tresoros tan granados,
palafrés
y mulas, caballos tan preciados,
todo lo he perdido
por mis malos pecados.
131
Sábelo Dios del cielo
que en esto non miento,
mas non muere el homne por gran
aquejamiento,
si yo yogués' con ellos habría
gran placimiento,
sino cuando viene el día del pasamiento.
132
Mas cuando Dios me quiso a esto aducir,
que
las limosnas haya sin grado a pedir,
ruégote que,
si puedas a buena fin venir,
que me des algún
consejo por ó pueda vevir».
133
Calló
el rey en esto y fabló el pescador;
recudiol'
como homne que había d'él grant dolor.
«Rey,
dijo el homne bueno, desto soy sabidor:
en gran cuita
te veyes, non podriés en mayor.
134
El estado
deste mundo siempre así andido,
cada día
se camia, nunca quedo estido;
en toller y en dar es
todo su sentido,
vestir al despojado y despojar al vestido.
135
Los que las aventuras quisieron ensayar,
a
las veces perder, a las veces ganar,
por muchas de maneras
hubieron de pasar;
quequier que les avenga hanlo de endurar.
136
Nunca sabrién los homnes qué eran
aventuras
si no perdiesen pérdidas o muchas
majaduras;
cuando han pasado por muelles y por duras,
después se tornan maestros y cren las escripturas.
137
El que poder hobo de pobre te tornar
puédete,
si quisiere, de pobreza sacar;
non te querrían las
fadas, rey, desmamparar,
puedes en poca d'hora todo tu bien
cobrar.
138
Pero tanto te ruego, sey hoy mi convidado;
de lo que yo hubiere, servirte he de buen grado;
un
vestido he solo, flaco y muy delgado,
partirlo he contigo
y tente por mí pagado».
139
Fendió
su vestido luego con su espada,
dio al rey el medio
y levolo a su posada.
Diol' cual cena
pudo, non le ascondió nada,
había mejor cenada
en alguna vegada.
140
Otro día mañana, cuando
fue levantado,
gradeció al homne bueno
mucho el hospedado;
prometiol' que si nunca cobrase su estado:
«El servicio en duplo te será gualardonado.
141
Hasme fecho, huéspet, grant piedat,
mas ruégote encara, por Dios y tu bondat,
quen
muestres la vía por ò vaya a la ciudat».
Respúsole el homne bueno de buena voluntat.
142
El pescador le dijo: «Señor, bien es que vayas,
algunos buenos homnes te darán de sus sayas;
si consejo
no tomas cual tú menester hayas,
por cuanto yo hobiere,
tú lacerio non hayas».
143
El benedito huéspet
metiolo en la carrera,
demostrole la vía,
ca bien acerca era;
llegolo a la puerta
que falló más primera,
posose con
vergüenza fuera a la carrera.
144
Aún por venir
era la hora de yantar,
salliénse los donceles
fuera a deportar;
comenzaron luego la pellota jugar,
que
solían a ese tiempo ese jugar.
145
Metiose Apolonio, maguer mal adobado,
con ellos al trebejo,
su manto afiblado;
avinié en el juego, facé
tan aguisado
como si fuese de pequeño hí criado.
146
Facíala ir derecha cuando le daba del palo,
cuando la recibié nol' sallía de
la mano;
era en el depuerto sabidor y liviano.
Entendrié
quien se quiere que non era villano.
147
El rey Architartres,
cuerpo de buenas mañas,
salliése a deportar
con sus buenas compañas;
todos trayén consigo sus
vergas y sus cañas,
eguales y bien fechas, derechas
y extrañas.
148
Tovo mientes a todos, cada uno
cómo jugaba,
cómo ferié la pella
o cómo la recobraba;
vio en la rota, que espesa
andaba,
que toda la mejoría el pobre la levaba.
149
Del su continiente hobo grant pagamiento,
porque
toda su cosa levaba con buen tiento.
Semejol' homne
bueno, de buen entendimiento;
de deportar con él tomó grant taliento.
150
Mandó posar
los otros, quedar toda la rota;
mandó que les
dejasen a amos la pellota.
El capdiello de Tiro, con su
mesquindat toda,
bien se alimpiaba los ojos de la gota.
151
Hobo gran pagamiento Architrastes del juego;
que grant homne era entendiógelo luego.
Dijo al pelegrino:
«Amigo, yo te ruego
que yantes hoy comigo, non busques otro
fuego».
152
Non quiso Apolonio atorgar el pedido,
ca non dijo nada, de vergüenza perdido.
Todos
lo convidaban, maguer mal vestido,
ca bien entendién
todos dónde era estorcido.
153
Vino en
este comedio la hora de yantar,
hobo en la villa el rey
a entrar;
derramaron todos, cada uno por su lugar,
los
unos a los otros non se querién esperar.
154
Apolonio de miedo de la corte enojar,
que non tenié
vestido ni adobo de prestar,
non quiso de vergüenza
al palacio entrar.
Tornose de la puerta, comenzó
de llorar.
155
El rey non tovo mientes fasta que fue
entrado;
luego lo vio menos cuanto fue asentado.
Llamó
a un escudero, que era su privado,
preguntol' por
tal homne, que dó era parado.
156
Salló
el escudero fuera, vio cómo seía,
tornó
al rey y dijo que vergüenza había,
ca peligró en la mar, perdió cuanto traía,
con mengua de vestido entrar non s'en trevía.
157
Mandol' el rey vestir luego de paños honrados,
los mejores que fueron en su casa trobados;
mandó
que lo metiesen suso a los sobrados,
do los otros donceles
estaban asentados.
158
Dijo el rey: «Amigo, tú
escoge tu logar,
tú sabes tu facienda, con quién
debes posar;
tú cata tu mesura como debes catar,
ca non te coñoscemos y podriemos errar».
159
Apolonio non quiso con ninguno posar,
mandose,
en su cabo, un escaño poner,
de derecho del rey non se
quiso toller.
Mandol' luego el rey quel' diesen
a comer.
160
Todos por el palacio comién
a grant poder,
andaban los servientes cada uno con
su mester;
non podié Apolonio las lágrimas
tener,
los conduchos quel' daban non los podié prender.
161
Entendiolo el rey, comenzole de fablar:
«Amigo, diz, mal faces, non te debiés
quejar;
sol' que tú quisieres la cara alegrar,
Dios
te daría consejo, non se te podrié tardar».
162
El rey Architrastres, por la corte más pagar,
a su fija Luciana mandola hí venir;
la dueña vino luego, non lo quiso tardar,
ca quiso a su
padre obediente estar.
163
Entró por el palacio la infante bien adobada,
besó al rey manos, como
bien enseñada,
salvó a los ricos homnes y a toda
su mesnada.
Fue la corte desta cosa alegre y pagada.
164
Fincó, entre los otros, ojo al pelegrino,
quiso saber quién era o de cuál parte
venido.
«Fija, dijo el rey, homne es de camino,
hoy tan bien
el juego ninguno non avino.
165
Sirviome en
el juego, onde soy su pagado,
pero non lo conosco,
hele yo muy gran grado.
Segunt mi coñoscencia,
del mar es escapado,
grant daño apreso, onde está
desmayado.
166
Fija, si vos queredes buscarme gran
placer,
que vos yo siempre haya mucho que gradecer,
sabet de su facienda cuanto pudierdes saber,
contra él que sepamos cómo nos captener».
167
Aguisose la dueña de toda voluntat,
fue contra Apolonio con
gran simplicitat;
fue luego diciendo palabras de
amistat,
como cosa enseñada que amaba bontat.
168
«Amigo, dijo ella, faces grant cobardía,
non te sabré componer entre tal compañía;
semejaba que non amas gozo nin alegría;
tenémostelo
todos a muy gran villanía.
169
Si lo faces por
pérdida que te es avenida,
si de linaje eres,
tarde se te olvida,
es tota tu bondat en fallencia caída,
pocol' mienbra al bueno de la cosa perdida.
170
Todos
dicen que eres homne bien enseñado,
veyo que es el rey
de ti mucho pagado;
el tu buen continente que habías
mostrado
con esta gran tristeza todo lo has afollado.
171
Pero que eres en tan grande dolor,
quiero que por
mí fagas aqueste amor:
que digas el tu nombre al
rey mío señor;
de saber de tu facienda habriemos
gran sabor».
172
Respondió Apolonio, non lo
quiso tardar.
Dijo: «Amiga cara, búscasme grant pesar,
el nombre que había, perdilo en la
mar,
el mío linaje en Tiro te lo sabrién contar».
173
Porfiole la dueña, non lo quiso dejar.
Dijo: «Si Dios te faga a tu casa tornar,
que
me digas el nombre que te suelen llamar;
sabremos contra
ti cómo debemos far».
174
Comenzó
Apolonio, de sospiros cargado,
díjol' toda su
cuita por ó había pasado,
su nombre y su
tierra y cuál era su regnado.
Bien lo ascuchó
la dueña y hóbole gran grado.
175
En cabo,
cuando hobo su cosa bien contada,
el rey fue más
alegre, la dueña fue pagada.
Querié tener las lágrimas,
mas nol' valía nada;
renovósele el duelo y la ocasión pasada.
176
Estonce dijo el rey:
«Fija, fe que debedes,
si Apolonio llora, non vos maravelledes,
tal homne a tal cuita vos venir non sabedes,
mas vos me pensat
d'él si a mí bien queredes.
177
Ficiésteslo
llorar, habédeslo contristado,
pensat cómo
lo tornedes alegre y pagado,
facetle mucho algo, que
homne es honrado.
Fija, ren non dubdedes y facet aguisado».
178
Aguisose la dueña, ficiéronle logar,
tempró bien la vihuella en un son natural;
dejó cayer el manto, parose en un brial,
comenzó una laude, homne non vio atal.
179
Facía fermosos sones y fermosos debaylados,
quedaba, a sabiendas, la voz a las vegadas;
facía
a la vihuela decir puntos ortados,
semejaba que eran palabras
afirmadas.
180
Los altos y los bajos, todos della
dicían,
la dueña y la vihuela tan bien se
avinién
que lo tenién a fazaña cuantos
que lo vehién.
Facía otros depuertos que mucho
más valién.
181
Alabábanla todos,
Apolonio callaba.
Fue pensando el rey por qué
él non fablaba,
demandole y díjol'
que se maravellaba,
que con todos los otros tan mal se acordaba.
182
Recudió Apolonio como firme varón:
«Rey, de tu fija non digo si bien, non,
mas, si prendo
la vihuela, cuido fer un tal son,
que entendredes todos
que es más con razón.
183
Tu fija bien
entiende una gran partida,
ha comienzo
bueno y es bien entendida,
mas aún non se tenga
por maestra complida:
sio decir quisiere, téngase
por vencida».
184
«Amigo, dijo ella, si
Dios te benediga,
por amor, si la has, de la tu dulce
amiga,
que cantes una laude en rota o en giga;
si no,
hasme dicho soberbia y enemiga».
185
Non quiso Apolonio
la dueña contrastar,
priso una vihuela y sópola
bien temprar;
dijo que sin corona non sabrié violar,
non quería, maguer pobre, su dignidat bajar.
186
Hobo desta palabra el rey muy gran sabor,
semejole que le iba amansando la dolor;
mandó de sus coronas
aducir la mejor,
diola a Apolonio, un buen violador.
187
Cuando el rey de Tiro se vio coronado,
fue de la tristeza
ya cuanto amansando;
fue cobrando el seso, de color mejorando,
pero non que hubiese el duelo olvidado.
188
Alzó
contra la dueña un poquiello el cejo,
fue ella
de vergüenza presa un poquellejo,
fue trayendo el
arco egual y muy parejo,
avés cabié la
dueña de gozo en su pellejo.
189
Fue levantando unos
tan dulces sones,
doblas y debayladas, temblantes
semitones.
A todos alegraba la voz los corazones;
fue la
dueña tocada de malos aguijones.
190
Todos por una
boca dicién y afirmaban
que Apolo nin Orfeo,
mejor non violaban;
el cantar de la dueña, que mucho alababan,
contra el de Apolonio nada non lo preciaban.
191
El
rey Architrastres non sería más pagado
si ganase un regno o un rico condado.
Dijo a altas
voces: «Desque yo fui nado
non vi, segunt mío seso,
cuerpo tan acabado».
192
«Padre, dijo la dueña al
rey su señor,
vos me lo condonastes que yo, por vuestro
amor,
que pensase de Apolonio cuanto pudiese mejor.
Quiero
desto que me digades cómo habedes sabor».
193
«Fija, dijo el rey, ya vos l'hé mandado,
seya
vuestro maestro, habetlo atorgado;
dalde de mi trasoro, que
tenedes alzado,
cuanto sabor hubiéredes, que
él seya pagado».
194
E con esto la fija, qu'el
padre seguraba,
tornó a Apolonio alegre y pagada.
«Amigo, diz, la gracia de el rey has ganada,
desque soy tu dicipla, quiérote dar
soldada.
195
Quiérote dar de buen oro docientos
quintales,
otros tantos de plata y muchos serviciales;
habrás sanos conduchos y los vinos naturales,
tornarás en tu fuerza con estas cosas atales».
196
Plogo a Apolonio, tóvose por pagado
porque en tanto tiempo habié bien recabado;
pensó
bien de la dueña, enseñábala de grado.
197
Fue en este comedio el estudio siguiendo,
en el rey
Apolonio fue luego entendiendo;
tanto fue en ella el amor
encendiendo,
fasta que cayó en el lecho muy
desflaquida.
198
Buscáronle maestros que le
ficiesen metgía,
que sabién de la física
toda la maestría,
mas non hí fallaron ninguna
maestría
nin arte por que pudiesen purgar la maletía.
199
Todos habían pesar de la su enfermedat,
porque non entendían de aquélla la verdat.
Non tenié Apolonio más triste su voluntat
en la mayor cuita que hobo por verdat.
200
El rey Architrastres
fieramientre se dolié,
non habié maravilla
que fija la habié,
pero con Apolonio grant conhorte
prendié,
el amor de la fija en él lo poñé.
201
Hobo sabor un día el rey de cabalgar,
andar por el mercado, ribera de la mar;
fizo a Apolonio,
su amigo, llamar,
rogole que saliese con él
a deportar.
202
Prísolo por la mano, non lo
quería mal,
vieron por la ribera mucho buen menestral,
burceses y burcesas, mucha buena señal,
sallieron
al mercado, fuera al reyal.
203
Ellos así andando,
uno con otro pagados,
vinieron tres donceles, todos
bien adobados;
fijos eran de reyes, niños bien enseñados,
fueron bien recebidos como homes muy honrados.
204
Todos fablaron luego por lo vinién recabdar,
por amor si pudiesen luego a sus tierras tornar;
todos
vinién al rey la fija le demandar,
si ganarla pudiesen
por con ella casar.
205
«Rey, dijeron ellos, tiempos
ha pasados
que te pidiemos tu fija, cada uno con sus
regnados;
echéstelo en fabla, estamos afiuzados,
por oír tu repuesta somos a ti tornados.
206
Somos entre nos mismos así acordados:
a cual
tú la dieres que seyamos pagados,
estamos en tu fiuza
todos tres enredados,
han a ir, en cabo, los dos envergonzados».
207
Respondioles el rey: «Amigos, bien ficiestes,
que en esti consejo tan bien vos aviniestes,
pero por
recapdarlo en mal tiempo viniestes,
la dueña es enferma,
entenderlo pudiestes.
208
Del estudio que lieva estando
enflaquida,
que es de la flaqueza en enfermedat caída,
por malos de pecados en tanto es venida
que son desfiuzados
los metges de su vida.
209
Pero non me semeja que en
esto andedes.
Escrebit sendas cartas, ca escrebir sabedes;
escrebit vuestros nombres, qué arras le daredes:
cual ella escogere otorgado lo habredes».
210
Escribieron
sendas cartas, que eran escribanos;
escribieron sus
nombres con las sus mismas manos,
sus tierras y sus
logares, los montes y los planos,
cómo descendían
de parientes lozanos.
211
Sellógelas
el rey con su mismo añello,
non podién seyellarlas
con más primo seyello.
Levolas a Apolonio,
un caro mancebiello,
que fuese a la dueña con ellas
al castiello.
212
Fue luego Apolonio recabdar el mandado,
levolas a la dueña como le fue castigado;
ella,
cuando lo vio venir atan escalentado,
mesturar non lo quiso
lo que había asmado.
213
«Maestro, dijo ella,
quiérote demandar,
¿qué buscas a tal hora
o qué quieres recabtar?
Que a tal sazón como
ésta tú non sueles aquí entrar,
nunca
lición me sueles a tal hora pasar».
214
Entendió Apolonio la su entención.
«Fija, dijo, non vengo por pasarvos lición,
desto seyet bien segura en vuestro corazón,
mas
mensatge vos trayo por que merecía gran don.
215
El rey, vuestro padre, sallose a deportar,
fasta que fuese hora de venir a yantar,
viñeron tres
infantes para vos demandar,
todos muy fermosos, nobles y de prestar.
216
Sópoles vuestro padre ricamiente
recebir,
mas non sabié a tanto qué pudiese
decir.
Mandoles sendas cartas a todos escrebir,
vos veyet cuál queredes de todos escogir».
217
Priso ella las cartas, maguer enferma era,
abriolas y catolas fasta la vez tercera.
Non vio
hí el nombre en carta ni en cera,
con cuyo
casamiento ella fuese placentera.
218
Cató a
Apolonio y dijo con gran sospiro:
«Dígasme,
Apolonio, el mío buen rey de Tiro,
en este casamiento
de ti mucho me miro,
si te place o si non, yo tu voluntat
requiro».
219
Respuso Apolonio y fabló con
gran cordura:
«Dueña, si me pesase, faría muy
gran locura;
lo que al rey ploguiere y fuere vuestra
ventura,
yo, si lo destajase, faría gran locura.
220
Hevos yo bien enseñada de lo que yo sabía,
más vos preciarán todos por la
mi maestría,
desaquí, si casardes, a vuestra
mejoría,
habré de vuestra hondra muy gran placentería».
221
«Maestro, dijo ella, si amor te tocase,
non querriés que tu lazerio otrie lograse;
nunca lo
creyería, fasta que lo probase,
que del rey de Tiro
desdeñada fincase».
222
Escribió una carta
y cerrola con cera;
diola a Apolonio,
que mensajero era,
que la diese al rey que estaba en la
glera.
Sabet que fue aína andada la carrera.
223
Abrió el rey la carta y fízola catar;
la carta dicía esto, sópola bien dictar:
que con el pelegrino quería ella casar,
que con
el cuerpo solo estorció de la mar.
224
Fízose desta cosa el rey maravillado,
non podía
entender la fuerza del dictado;
demandó que
cuál era el infante venturado
que lidió con
las ondas y con el mar irado.
225
Dijo el uno
de ellos, y cuidó seyer artero,
Aguilón
le dicen por nombre bien certero:
«Rey, yo fui ese y fui verdadero,
ca escapé apenas en poco d'un madero».
226
Dijo el uno dellos: «Es mentira probada,
yo lo sé bien que dices cosa desaguisada.
En uno
nos criamos, non traspasó nada;
bien lo sé
que nunca tú prendiste tal espadada».
227
Mientre
ellos estaban en esta tal entencia,
entendió
bien el rey que dijera fallencia;
asmó entre
su cuer una buena entencia,
ca era de buen seso y de
gran sapiencia.
228
Dio a Apolonio la carta
a leyer,
si podrié por aventura la cosa entender,
vio el rey de Tiro qué había de seyer,
conmenzole la cara toda a enbermejecer.
229
Fue el rey
metiendo mientes en la razón,
fuésele
demudando todo el corazón;
echó a Apolonio
mano al cabezón,
apartose con él sin otro nuyl varón.
230
Dijo: «Yo te conjuro,
maestro y amigo,
por el amor que yo tengo establecido
contigo,
como tú lo entiendes que lo fables comigo;
si non, por toda tu facienda non daría un figo».
231
Respuso Apolonio: «Rey, mucho me embargas,
fuertes paraulas me dices y mucho me amargas.
Creyo
que de mí traen estas nuevas tan largas,
mas, si
a ti non placen, son para mí amargas».
232
Recudiole el rey como leyal varón:
«Non te mintré,
maestro, que sería traición;
cuando
ella lo quiere, pláceme de corazón.
Otorgada
la hayas sin nulla condición».
233
Destajaron
la fabla, tornaron al consejo.
«Amigos, diz, non quiero
trayervos en trasecho;
prendet vuestra carrera, buscat otro
consejo,
ca yo hubo entendiendo dello un poquellejo».
234
Entraron a la villa que ya querién comer,
subieron
al castiello la enferma veyer.
Ella, cuando vido el rey
cerca de sí seyer,
fízose más enferma,
comenzó de tremer.
235
«Padre, dijo la
dueña con la voz enflaquida,
¿qué buscastes
a tal hora? ¿cuál fue vuestra venida?
De corazón
me pesa y he rencura sabida,
porque vos es la yantar
a tan tarde deferida».
236
«Fija, dijo el padre, de
mí non vos quejedes,
más cuita es lo vuestro
que tan gran mal habedes.
Quiérovos fablar un poco,
que non vos enojedes,
que verdat me digades cuál
marido queredes».
237
«Padre, bien vos lo digo cuando
vos me lo demandades,
que si de Apolonio en otro me
camiades,
non vos miento, desto bien seguro seyades,
en
pie non me veredes cuantos días vivades».
238
«Fija, dijo el rey, gran placer me ficiestes,
de Dios vos vino esto que tan bien escogiestes;
condonado
vos seya esto que vos pidiestes,
bien lo queremos todos
cuando vos lo quisiestes».
239
Salló, esto partido,
el rey por el corral,
fállose con su yerno
en medio del portal;
afirmaron la cosa en recabdo cabdal.
Luego fue abajando a la dueña el mal.
240
Fueron
las bodas fechas ricas y abondadas,
fueron muchas
de yentes a ellas convidadas;
duraron muchos días
que non eran pasadas,
por esos grandes tiempos non fueron
olvidadas.
241
Entró entre los novios muyt gran
dilección,
el Criador entre ellos metió
su bendición;
nunca varón a fembra,
nin fembra a varón,
non servió en este mundo
de mejor corazón.
242
Un día Apolonio
salló a la ribera,
su esposa con él,
la su dulce compañera.
Podría haber siete
meses que casado era,
fue luego preñada la semana primera.
243
Ellos así andando, ya querían fer
la tornada,
vieron una nave, ya era ancorada;
semejoles fermosa, ricamiente adobada.
Por saber Apolonio d'ónde
era arribada,
244
Demandó el maestro, el que
la gobernaba,
que verdat le dijese de cuál tierra
andaba.
Dijo el marinero, que en somo estaba,
que todo
el major tiempo en Tiro lo moraba.
245
Dijo Apolonio:
«Yo hí fui criado».
Dijo el marinero: «¡Si
te veyas logrado!».
Díjole Apolonio: «Si me hobieres
grado,
decirte puedo señales en que seya probado».
246
Díjol' el marinero que habrié gran placer:
«Tú, que tanto me dices, quiero de ti saber
al rey Apolonio sil' podriés conescer».
Dijo:
«Como a mí mismo, esto debedes creyer».
247
«Si tú lo conescieses, dijo el marinero,
o trobar
lo pudieses por algún agorero,
ganariés tal
ganancia que, seriés placentero:
nunca mejor
la hobo peyón ni caballero.
248
Dil' que es
Antioco muerto y soterrado,
con él murió
la fija quel' dio el pecado,
destruyolos a amos
un rayo del diablo.
A él esperan todos por darle
el reinado».
249
Apolonio, alegre, tornó a
su esposa,
díjol': «Non me creyedes vos, a mí
esta cosa.
Non querría que fuese mi palabra mintrosa,
bien tenía sines dubda la voluntat sabrosa.
250
Mas, cuando tal ganancia nos da el Criador,
e tan buena venganza nos da del traidor,
quiero
ir recebirla con Dios nuestro señor,
ca no es
Antiocha atan poca honor».
251
«Señor, dijo la dueña,
yo soy embargada,
bien anda en siete meses o en
más que soy preñada;
para entrar en carrera
estó mal aguisada,
ca soy en gran peligro fasta
que seya librada.
252
Si a Dios quisiere, soy del parto vecina,
si ventura hubiere, debo parir aína;
si tú lueñe estudieses allende de la marina,
debiés
bien venir dende conhortar tu reina.
253
Si atender
quisieres o luego quisieres andar,
ruégote
que me lieves, non me quieras dejar.
Si tú aquí
me dejas recibré gran pesar,
por el tu gran deseyo
podría peligrar».
254
Dijo Apolonio: «Reina,
bien sepades,
sol' que a vuestro padre en amor lo metades,
levarvos he comigo a las mis heredades,
metervos he
en arras, que pagada seyades».
255
Dijo ella al padre:
«Señor, por caridat,
que me dedes licencia de
buena voluntat,
que ir quiere Apolonio veyer su heredat,
si yo con él non fuere, perderm'é de verdat.
256
El rey Antioco, quel' había irado,
murió muerte sopitaña, es del sieglo pasado;
todos
a él esperan por darle el reinado,
et, si yo con
él non fuere, mi bien es destajado».
257
«Fija,
dijo el padre, cosa es derechera,
si quisiere Apolonio
entrar en la carrera;
si él levarvos quisiere, vos
seyet su compañera.
Dios vos guíe, mi fija, la su
potencia vera».
258
Fueron luego las naves prestas
y aparejadas,
de bestias y d'haberes y de
conducho cargadas;
por seyer más ligeras con sebo
bien untadas;
entró en fuerte punto con naves avesadas.
259
Dio el rey a la fija, por ir más acompañada,
Licórides, el ama que la habié criada;
diol' muchas parteras, más una mejorada,
que en
el reino todo non había su calaña.
260
Bendíjolos
a amos con la su diestra mano,
rogó al Criador,
que está más en alto,
quel' guiase la fija
ivierno y verano,
quel' guardase el yerno como tornase
sano.
261
Alzaron las velas por aína
mover,
mandaron del arena las áncoras toller;
comenzaron los vientos las velas a volver,
tanto
que las ficieron de la tierra toller.
262
Cuando vino
la hora que las naves movieron,
que los unos de los
otros a partir se hubieron,
muchas fueron las lágrimas
que en tierra cayeron,
pocos fueron los ojos que agua non vertieron.
263
Los vientos por las lágrimas
no querían estar,
acuitaron las naves, ficiéronlas
andar,
así que las hubieron atanto de alongar
que
ya non las podían de tierra devisar.
264
Habién
vientos derechos cuales a Dios pidién,
las ondas
más pagadas estar non podién.
Todos a Apolonio
mejorar le querién
los tuertos y los daños que
fecho le habién.
265
Atal era el mar como carrera
llana,
todos eran alegres, toda su casa sana,
alegre
Apolonio, alegre Luciana,
non sabién que del
gozo cuita es su hermana.
266
Habían de la marina
gran partida andada,
podién haber aína
la mar atravesada,
tóvoles la ventura una mala cellada,
cual nunca fue a homnes otra peyor echada.
267
Ante
vos lo hobiemos dicho otra vegada,
cómo era
la dueña de gran tiempo preñada,
que de la luenga muebda
y que de la andada
era al mes noveno la cosa allegada.
268
Cuando vino al término que hobo ha parir,
hobo la primeriza los rayos a sentir;
cuitáronla
dolores que se quería morir,
dicía que nunca
fembra debía concebir.
269
Cuando su
sazón vino, nació una criatura,
una niña muy fermosa y de grant apostura;
mas, como
de recabdo non hobo complidura,
hobiéronse a venir
en muy gran estrechura.
270
Como non fue la dueña
en el parto guardada,
cayole la sangre dentro
en la corada;
de las otras cosas non fue bien alimpiada,
cuando mientes metieron, falláronla pasada.
271
Pero non era muerta, mas era amortida,
era en muerte
falsacia con el parto caída;
non entendién
en ella ningún signo de vida,
todos eran creyentes
que era transida.
272
Metién todos voces llamando:
«¡Ay, señora!
Salliemos de Pentápolin convusco
en fuerte hora,
cuando vos sodes muerta, ¿qué faremos
nos agora?
A tan mala sazón vos perdemos, señora».
273
Oyó el marinero estos malos roídos,
decendió del gobernio a pasos tan tendidos.
Dijo a Apolonio: «¿En qué sodes caídos?
Si defunto tenedes, todos somos perdidos.
274
Quien
se quiere que sía, echadlo en la mar;
si non,
podriemos todos aína peligrar.
Acuitatvos aína,
no querades tardar,
non es aquesta cosa para darle gran
vagar».
275
Respuso Apolonio: «Calla ya marinero,
dices extraña cosa, seméjasme guerrero.
Reina
es honrada, que non pobre romero;
semeja en tus dichas
que eres carnicero.
276
Fizo contra mí
ella cosiment tan granado,
non dubdó porque era
pobre desemparado;
sacome de pobreza que sería
lazdrado,
contra varón non fizo fembra tan aguisado.
277
¿Cómo me lo podría el corazón
sofrir,
que yo a tal amiga pudiese aborrir?
Sería
mayor derecho yo con ella morir
que tan habiltadamientre
a ella de mí partir».
278
Dijo el marinero:
«En vanidat contiendes,
al logar en que estamos loca
razón defiendes,
si en eso nos aturas, más
fuego nos enciendes.
Téngote por errado que tan mal
lo entiendes.
279
Ante de pocha hora, si el cuerpo
tenemos,
seremos todos muertos, estorcer non podemos;
si la madre perdemos, buena fija habemos.
Mal faces,
Apolonio, que en esto seyemos».
280
Bien veyé
Apolonio que perderse podrién,
mas aún
no podié su corazón vencer;
pero al marinero
hóbolo a creyer,
que ya veyén las ondas que
se querién volver.
281
Balsamaron el cuerpo
como costumbre era,
ficiéronle armario de liviana
madera,
engludaron las tablas con englut y con cera,
volviéronlo en ropa rica de gran manera.
282
Con el cuerpo a vueltas, el su buen compañero
metió
XL piezas de buen oro en el tablero;
escribió
en un plomo con un grafio d'acero
letras, qui la fallase
por onde fuese certero.
283
Cuando fue el ministerio
todo acabado,
el ataút bien preso, el cuerpo
bien cerrado,
vertieron muchas lágrimas mucho
varón rascado,
fue a pesar de todos, en las ondas
echado.
284
Luego, al tercer día, el
sol escalentado,
fue al puerto de Éfeso el cuerpo
arribado;
fue de buen maestro de física trobado,
ca habié un diciplo sabio y bien letrado.
285
Por vevir más vicioso y seyer más
a su placer,
como fuera de las ruvas vive homne
mejor,
había todos sus haberes do era morador:
en
ribera del agua, los montes en derredor.
286
Andaba por
la ribera a sabor del viento,
de buenos escolanos
traíya más de cieno.
Fallaron esta obra
de gran engludimiento,
que non fizo en ella el agua nuyl
enocimiento.
287
Fízola el maestro a su casa
levar,
demandó un ferrero y fízola
desplegar;
fallaron este cuerpo que oyestes comptar,
comenzó
el maestro de duelo a llorar.
288
Fallaron una niña
de cara bien tajada,
cuerpo bien asentado, ricamiente
adobada,
gran tresoro con ella, casa bien abondada,
mas
de su testamento non podién saber nada.
289
En cabo del tablero, en un rencón apartado,
fallaron el escrito, en un plomo debojado;
prísolo
el maestro y leyó el dictado.
Dijo: «Si non lo
cumplo, non me veya logrado».
290
Quiérovos la
materia del dictado decir:
«Yo, rey Apolonio, envío
mercet pedir:
quiquier que la fallare, fágala sobollir,
lo que nol' pudiemos sobre la mar complir.
291
El
medio del tresoro lieve por su lacerio,
lo ál,
por la su alma, preste al monesterio:
sallirle han los clérigos
mejor al cimenterio,
rezarán más de
grado los niños el salterio.
292
Si esto non cumpliere,
plega al Criador,
que ni en muerte ni en vida non haya
valedor».
Dijo el metge estonce: «Tal seya o peor,
si
así non gelo cumpliere, bien así o mejor».
293
Mandó tomar el cuerpo, ponerlo en un lecho,
que por un grant haber non podrié seyer fecho;
fízole toda honra como había derecho;
debrié,
si ál ficiese, homne haber despecho.
294
Fecha
toda la cosa para'l soterramiento,
fecha la sepultura
con todo cumplimiento,
entró el buen diciplo
de grant entendimiento,
llegose al maestro con su
avenimiento.
295
«Fijo, dijo el maestro, grant amor
me ficiestes,
gradézcovoslo mucho porque tal
hora viniestes;
somos en un ministerio, atal otro non viestes:
un cuerpo que fallamos, bien cuido que lo oyestes.
296
Desque Dios te adujo en tan buena sazón,
finca
con tu maestro en esta procesión;
hondremos este cuerpo,
ca debdo es y razón;
quiero de la ganancia
que lieves tu quiñón.
297
Por tu bondat misma
y por mi amor,
prende en una ampolla del bálsamo
mejor,
aguisa bien el cuerpo, ca eres sabidor;
non aguisarás
nunca tan noble o mejor».
298
El escolar fue bueno,
un maestro valía,
tollió de sí
el manto que a las cuestas traía,
priso del puro
bálsamo, ca bien lo conescía,
allegose al cuerpo que en el lecho yacié.
299
Mandol'
toller la ropa que desuso tenía,
despojole los vestidos preciosos que vestié;
non lo daba a
otrie lo que él fer podié:
ninguno otro en
la cosa tan bien no avinié.
300
Su cosa aguisada
por fer la unción,
el benedito homne con
gran devoción
púsol'la una mano sobr'el su corazón;
entendió un poquiello de la odicempcón.
301
Fizo alzar el bálsamo y el cuerpo
cobrir,
fuel' catando el polso sil' quería batir,
e otras maestrías qu'él sopo comedir.
Asmó
que por ventura aún podrié vevir.
302
Tornó a su maestro, que estaba a la puerta:
«Señor, esta reina, que tenemos por muerta,
creyo
que non temás la sentencia por tuerta,
cosa
veyo en ela que mucho me converta.
303
Yo entendo en
ella espirament de vida,
ca el alma de su cuerpo non es encara ejida;
por mengua de recabdo es la dueña perdida,
si tú me lo condonas, yo te la daré guarida».
304
«Fijo, dijo el maestro, dícesme grant amor,
nunca fijo a padre podrié decir mejor;
si tú
esto faces acabas gran honor;
de cuantos metges hoy viven,
tú eres el mejor.
305
Nunca morrá tu
nombre, si tú esto ficieres,
de mí habrás
gran honra mientre que tú visquieres,
en tu vida
habrás honra, y después que murieres,
fablarán de tu seso varones y mujeres».
306
Mandó levar el cuerpo luego a su posada,
por
fer más a su guisa en su casa privada;
fizo fer grandes
fuegos de leña trasecada,
que non ficiesen fumo nin la
calor desaguisada.
307
Fizo poner el cuerpo en el suelo
barrido,
en una rica colcha, en un almatraque batido;
púsol' sobre la cara la manga del vestido,
ca es
para la cara el fuego desabrido.
308
Con la calor
del fuego, que estaba bien vivo,
aguisó un ungüente
caliente y lexativo;
untola con sus manos, non se fizo esquivo;
respiró un poquiello el espírito
cativo.
309
Fizo, aun sin esto, el olio calentar;
mandó los vellozinos en ello enferventar,
fizo
con esta lana el cuerpo embolcar;
nunca de tal megía
oyó homne contar.
310
Entrole la melecina
dentro en la corada,
desviole sangre que estaba cuajada;
respiró el almiella que estaba afogada,
sospiró una vez la enferma lazdrada.
311
El
mege desti signo hobo grant alegría,
entendió
que ya iba obrando la metgía;
comenzó
más a firmes de fer la maestría,
fízol'
a poca d'hora mostrar gran mejoría.
312
Cuando
vido su hora que lo podrié pasar,
con otras melecinas
qu'él sopo hí mezclar,
engargantol'
el olio, fízogelo pasar,
hobo de la horrura la dueña
a porgar.
313
Hobo desende a rato los ojos a abrir,
non sabié dó estaba, non podié
ren decir.
El metge cobdiciaba tanto como vevir
en alguna palabra de su boca oír.
314
Pero cuando
Dios quiso, pasó un gran rato,
metió
una voz flaca, cansada como gato:
«¿Dó está
Apolonio, que yo por él cato?
Creyo que non me precia
cuanto a su zapato».
315
Entró más
en recuerdo, tornó en su sentido,
cató
a todas partes con su ojo bellido,
non vio a sus compañas,
nin vio a su marido;
vio homes extraños, logar descoñoscido.
316
«Amigo, dijo al metge que la habié guarida,
ruégote que me digas dó seyo, que mal
só desmarrida;
veyo de mis gentes y de mi logar
partida,
¡si Dios non me valiere, tengo que soy perdida!
317
Seméjasme homne bueno, non te celaré
nada:
fija soy de rey y con rey fui casada,
non sé por cuál manera soy aquí
arribada,
soy en muy gran miedo de seyer ahontada».
318
Fabló el maestro a muy gran sabor:
«Señora, confortadvos, non hayades pavor,
tenetvos por guarida,
grado al Criador,
bien seredes como nunca mejor.
319
Yoguiésedes folgada, yo ál non vos rogaría,
yo vos faré servicio como a madre mía;
si mucho vos cuitáredes, faredes recadía;
prendrá mala finada toda nuestra metgía».
320
Yogo en paz la dueña, non quiso más fablar.
Fue el santo diciplo su maestro buscar.
«Maestro,
ditz, albriza te tengo de demandar:
guarida es la
dueña, bien lo puedes probar».
321
Fuese luego el
maestro, non lo quiso tardar,
falló viva la dueña,
maguer con flaquedat;
dijo al diciplo, non por poridat,
que la su maestría non habié egualdat.
322
Pensaron amos de la dueña fasta que fue levantada,
nunca viyo homne en el mundo dueña mejor guardada.
La bondat
de los metges era atan granada,
debié seyer escripta,
en un libro notada.
323
Cuando fue guarida y del
mal alimpiada,
porfijola el metge que la había
sanada;
del haber nol' tomaron cuanto una dinarada,
todo
gelo guardaron, nol' despendieron nada.
324
Por amor
que toviese su castidat mejor,
ficiéronle un
monesterio do visquiese seror
fasta que Dios quisiere que
venga su señor;
con otras dueñas de orden servié
al Criador.
325
Dejémosvos la dueña, guarde
su monesterio,
sierva su eglesia y rece su salterio.
En el rey Apolonio tornemos el ministerio,
que por las
aventuras levó tan gran lacerio.
326
Desque
la mujer en las ondas fue echada,
siempre fue en tristicia
y en vida lazdrada;
siempre trayó de lágrimas
la cara remojada,
non amanescié día
que non fuese llorada.
327
La compaña rascada y el rey descasado,
tubieron su carrera maldiciendo su
fado;
guiyolos Santi Spiritus, fueles el mar pagado,
arribó en Tarso, en su logar amado.
328
Tanto
era Apolonio del duelo esmarrido,
non quiso escobrirse
por seyer conoscido;
fue para la posada del su huéspet
querido,
Estrángilo, con que hobo la otra vez manido.
329
Fue cierto a la casa, ca antes la sabía,
non entró tan alegre como entrar solía;
salvó dueñas de casa, mas non se les reyé,
espantáronse todos porque tan triste venié.
330
De los homes que hobo, cuando dende fue, levados,
non paresció niguno nin de los sus privados.
Los sus dichos corteses habíyalos ya olvidados;
facíanse
desta cosa mucho maravillados.
331
Trayén la
criatura, niña recién nascida,
envuelta
en sus paños, en ropa orfresada;
con ella Licórides,
que era su ama,
la que fue por nodriza a Luciana
dada.
332
Díjole la huéspeda, que había
gran pesar:
«Apolonio de Tiro, quiérote preguntar:
¿qué fue de tus compañas, mesnadas de prestar?
De tantas que leveste, non veyemos uno tornar.
333
De toda tu facienda te veyemos camiado,
avés
te conoscemos, tanto eres demudado;
alegrarte non puedes,
andas triste y pesado.
¡Por Dios, de tu facienda que
sepamos mandado!».
334
Recudiol' Apolonio, entró
en la razón,
llorando de los ojos a una gran
mesión;
díjole la estoria y la tribulación,
cómo perdió en la mar toda su criazón.
335
Díjoles de cuál guisa estorció
tan lazdrado,
cómo entró en Pentápolin,
cómo fue convidado,
cómo cantó ante
'l rey y cómo fue casado,
cómo salliera
dende tan bien acompañado.
336
Díjoles de la
dueña cómo l'habié perdida,
cómo
murió de parto la su mujer querida;
cómo
ficieron della depués que fue transida,
cómo
esta niñuela habié romanescida.
337
Los huéspedes
del rey, cuando esto oyeron,
por poco que con duelo
de seso non sallieron;
ficieron muy gran duelo, cuanto mayor
pudieron,
cuando la tenién muerta mayor non lo ficieron.
338
Desque hobieron fecho su duelo aguisado,
tornó
en Apolonio el huéspet honrado:
«Rey, dice, yo te
ruego y pídotelo en donado,
lo que decir te quiero
que seya escuchado.
339
El curso deste mundo en ti
lo has probado,
non sabe luengamientre estar en un estado;
en dar y en toller es todo su vezado,
quienquier llore
o riya, él non ha ningún cuidado.
340
En ti mismo lo puedes esto bien entender,
si corazón
hobieses debieslo conoscer,
nunca más
sopo homne de ganar e perder,
debiete a la cuita esto
gran pro tener.
341
Non puede a nuyl homne la cosa
más durar,
si non cuanto el fado le quiso otorgar;
non se debié el homne por pérdida quejar,
ca nunca por su queja lo puede recobrar.
342
Somos
de tu pérdida nos todos perdidosos,
todos con
tal reina seriemos muy gozosos;
desque seyer non puede nin somos venturosos,
en perdernos por ella seriemos
muy astrosos.
343
Si comprar la pudiésemos,
por llanto o por duelo,
agora finchiriemos de lágrimas
el suelo;
mas, desque la ha presa la muerte en el
lenzuelo,
fagamos nos por ella lo que fizo ella por
su abuelo.
344
Si buena fue la madre, buena fija habemos,
en logar de la madre, la fija nos guardemos;
aun, cuando
de todo algo nos tenemos,
bien podemos contar que nada non perdemos».
345
Recudiol' Apolonio lo que podrié
estar:
«Huéspet, desque a Dios non podemos reptar,
lo que Él ha puesto, todo debe pasar,
lo que
Él dar quisiere, todo es de durar.
346
Acomiéndote
la fija y dótela a criar,
con su ama Licórides
que la sabrá guardar;
non quiero los cabellos ni
las uñas tajar
fasta que casamiento bueno le pueda dar.
347
Fasta que esto pueda complir y aguisar
al reino de Antioco quiérole dar vagar;
nin quiero
en Pentápolin ni en Tiro entrar;
quiero en Egipto
en tan amientre estar».
348
Dejole la niñuela,
una cosa querida,
dejole grandes haberes, de
ropa grant partida.
Metiose en las naves, fizo luego
la movida,
fasta los XIII años allá tovo su vida.
349
Estrángilo de Tarso, su mujer Dionisa,
criaron esta niña de muy alta guisa;
diéronle muchos
mantos, mucha peña vera y grisa,
mucha buena garnacha,
mucha buena camisa.
350
Criaron a gran vicio los amos la mozuela,
cuando fue de siete años,
diéronla al escuela;
apriso bien gramátiga
y bien tocar vihuela,
aguzó bien, como fierro
que aguzan a la muela.
351
Amábala el pueblo
de Tarso la cibdat,
ca fizo contra ellos el padre
gran bondat.
Si del nombre queredes saber certenidat,
dícenle
Tarsiana, ésta era verdat.
352
Cuando a XII
años fue la dueña venida,
sabía todas las artes,
era maestra complida;
de beltad compañera non habié
conoscida,
habié de buenas mañas toda Tarso vencida.
353
Non querié nengún día su estudio
perder,
ca habié voluntat de algo aprender,
maguer
mucho lazdraba, cayole en placer,
ca preciábase
mucho y querié algo valer.
354
Cerca
podié de tercia a lo menos estar,
cuando
los escolanos vinién a almorzar,
non quiso Tarsiana
la costumbre pasar:
su lición acordada, vinié
a almorzar.
355
A su ama Licórides, que la habié
criada,
trobola mal enferma, fuertemiente cuitada;
maguer que era ayuna, que non era yantada,
en el cabo del
lecho posose la criada.
356
«Fija, dijo Licórides,
yo me quiero pasar,
pero ante que me pase quiérote
demandar
cuál tienes por tu tierra, segunt el tu
cuidar,
o por padre o por madre, cuáles debes catar».
357
«Ama, dijo la dueña, segunt mi conoscencia,
Tarso es la mi tierra, yo otra non sabría,
Estrángilo
es mi padre, su mujer madre mía,
siempre así
lo tove y terné hoy en día».
358
«Oídme,
dice Licórides, señora y criada,
si en eso
tuviéredes, seredes engañada,
ca la vuestra facienda
mucho es más granada,
yo vos faré certera,
si fuere escuchada.
359
De Pentápolin fuestes
de raíz y de suelo,
al rey Architrastres
hobiestes por abuelo;
su fija Luciana, ementárvosla
suelo,
esa fue vuestra madre, que delejó gran duelo.
360
El rey Apolonio, un noble caballero,
señor
era de Tiro, un recio cabdalero;
ese fue vuestro
padre, agora es palmero,
por tierras de Egipto anda como
romero».
361
Contole la estoria toda de fundamenta,
en mar cómo entró en hora carbonenta,
cómo casó con ella a muy gran sobrevienta,
cómo murió de parto una cara juventa.
362
Díjol' cómo su padre fizo tal sagramento:
fasta qu'él a la fija diese buen casamiento,
que todo su linaje hobiese pagamiento,
que non se cercenase
por nul falagamiento.
363
Cuando esto le hobo dicho
y enseñado
e lo hobo la niña todo bien recordado,
fue perdiendo la lengua y el hora legando,
despidiose del mundo y de su gasañado.
364
Luego que fue
Licórides deste mundo pasada,
aguisó bien
el cuerpo la su buena criada;
mortajola muy bien,
diol' sepultura honrada,
manteniél' cutiano candela
y oblada.
365
La infante Tarsiana, d'Estrángilo
nodrida,
fue salliendo tan buena, de mañas tan complida,
que del pueblo de Tarso era tan querida
como serié
de su madre que la hobo parida.
366
Un día de
fiesta, entrante la semana,
pasaba Dionisa por la rúa,
mañana;
vinié a su costado la infante Tarsiana,
otra niña con ella, que era su hermana.
367
Por o
quier que pasaban, por rúa o por calleja,
de
doña Tarsiana facían todos conseja,
dicían
que Dionisa nin su compañera
non valién contra ella
una mala erveja.
368
Por poco que de envidia non se
querié perder,
consejo del diablo hóbolo
a prender;
todo, en cabo, hobo en ella a cayer,
esta voz
Dionisa hóbola a saber.
369
Asmaba que la ficiese
a escuso matar,
ca nunca la vernié el padre
a buscar;
el haber que le diera, podérselo hie lograr;
non podrié en otra guisa de la llaga sanar.
370
Dicié entre su cuer la mala homicida:
«Si esta moza fuese de carrera tollida,
con estos
sus adobos que la facen bellida
casaría mi fija,
la que hobe parida».
371
Comidiendo la falsa en esta
traición,
entró un avol homne de
los de criazón,
homne de raíz mala, que yacía
en presión,
que faría grant nemiga por poca
de mesión.
372
Su nombre fue Teófilo,
si lo saber queredes,
catatlo en la estoria si a mí
no creyedes.
Asmó la mala fembra lo que bien entendredes:
que éste era ducho de tejer tales redes.
373
Llamolo luego ella en muy gran poridat,
fízole
entender toda su voluntat;
si gelo acabase, prometiol'
su verdat
que le daría gran precio y toda
enguedat.
374
Preguntol' el mancebo,
todavía dubdando,
cómo podrié seyer,
y en cuál lugar o cuándo.
Díjole
que mañana sobiese acechando,
cuando sobre Licórides
sobiese orando.
375
Por amor el astroso de sallir
de lacerio,
madurgó de mañana y fue
para 'l ciminterio;
aguzó su cuchiello por fer mal
ministerio,
por matarla rezando los salmos del salterio.
376
La dueña gran mañana, como era su costumbre,
fue par al ciminterio con su pan y con su
lumbre;
aguisó su encienso y encendió
su lumbre,
comenzó de rezar con toda mansedumbre.
377
Mientre la buena dueña leyé su matinada,
sallió el traidor falso luego de la celada,
prísola por los cabellos y sacó su espada,
por poco le hobiera la cabeza cortada.
378
«Amigo,
dijo ella, nunca te fiz pesar,
non te merecí
cosa por que me debes matar;
otro precio non puedes en la
mi muerte ganar,
fueras atanto que puedes mortalmientre
pecar.
379
Pero si de tu mano non puedo escapar,
déjame un poquiello al Criador rogar,
asaz puedes
haber hora y vagar,
non he, por mis pecados, quien me
venga uviar».
380
Fue maguera con el ruego un poco
embargado,
dijo: «Si Dios me vala, que lo faré
de grado».
Pero que aguisase cómo librase privado,
ca non le podría dar espacio perlongado.
381
Enclinose la dueña, comenzó
de llorar:
«Señor, dijo, que tienes el sol a tu mandar
e faces a la luna crecer y empocar,
Señor,
tú me acorre por tierra o por mar.
382
Soy en tierras ajenas, sin parientes criada,
la madre perdida,
del padre non sé nada,
yo, mal non meresciendo, he
a ser martiriada.
Señor, cuando lo tú sufres soy por ello pagada.
383
Señor, si la justicia
quisieres bien tener,
si yo non lo merezco por el mío merecer,
algún consejo tienes para
mí acorrer,
que aqueste traidor non me pueda vencer».
384
Seyendo Tarsiana en esta oración,
rencurando su cuita y su tribulación,
hobo Dios de la huérfana duelo y compasión,
enviol' su acorro y oyó su petición.
385
Ya pensaba Teófilo del gladio aguisar,
asomaron ladrones que andaban por la mar:
vieron que el
malo enemiga quería far,
diéronle todos voces,
ficiéronle dubdar.
386
Coitaron la galea por
amor de uviar,
en aquel traidor falso mano querién
echar;
hobo pavor Teóphilo, non quiso esperar,
fujo
para la villa cuanto lo pudo far.
387
Fue para Dionisa
todo descolorado,
ca hubiera gran miedo, vinié
todo demudado.
«Señora, dijo luego, complí el tu
mandado,
piensa cómo me quites y me fagas pagado».
388
Recudió la dueña, mas no a su sabor:
«¡Vía, dijo, daquende, falso y traidor!,
has fecho homecidio y muy gran traición,
non te prendré por ello vergüenza nin pavor.
389
Tórnate al aldeya y piensa de
tu labor;
si no, haberás luego la maldición
del Criador.
Si más ante mí vienes, recibrás
tal amor
cual tú feciste a Tarsiana y non otro
mejor».
390
Tóvose el villano por muy mal engañado,
querría que no fuese en el pleito entrado,
murió
en servidumbre, nunca ende fue quitado;
qui en tal se metiere
no prendrá mejor grado.
391
Corrieron los ladrones
a todo su poder,
cuidaron ha Teófilo alcanzar
o prender,
mas, cuando a eso non pudieron acaecer,
hobieron en la dueña la saña a verter.
392
Vieron
la niña de muy gran parescer,
asmaron de levarla
y sacarla a vender;
podrién ganar por ella mucho
de buen haber,
que nunca más pudiesen en pobreza cayer.
393
Fue la mesquiñella, en fuerte punto nada,
puesta en la galea de rimos bien poblada.
Rimaron apriesa,
ca se temién de celada,
arribó en
Mitalena la cativa lazdrada.
394
Fue presa la cativa,
al mercado sacada,
el vendedor con ella, su bolsa aparejada.
Vinieron compradores sobre cosa tachada,
que comprar la
querién y por cuánto serié dada.
395
El señor Antinágora, que la villa tenié
en poder,
vio esta cativa de muy gran parescer;
hobo tal amor della que s'en querié perder,
prometioles por ella veinte pesas de haber.
396
Un homne malo, señor
de soldaderas,
asmó ganar con ésta ganancias
tan pleneras;
prometió por ella luego dos tanto de
las primeras,
por meterla a cambio luego con las otras
coseras.
397
Prometió Antinágora que
l' daría las trenta,
dijo el garzón
malo que l' daría las cuarenta;
luego Antinágora
puyó a las cincuanta,
el malo fidiondo subió
a las sesanta.
398
Dijo mayor paraula el mal aventurado,
que de cuanto ninguno diese por el mercado,
o, si
más lo quisiese, de haber monedado,
él eñadrié
veyente pesos de buen oro colado.
399
Non quiso Antinágora
en esto porfiar,
asmó que la dejase al traidor
comprar,
cuando la hobiese comprada que gela irié
logar;
podrié por menos precio su cosa recabdar.
400
Pagógela el malo, hóbola de prender
el que no debié una mujer valer.
Aguisose la ciella para 'l mal menester,
escribió en
la puerta el precio del haber.
401
Esto dice el título, qui lo quiere saber:
«Qui quisiere
a Tarsiana primero coñoscer
una libra de oro habrá
hí a poner,
los otros sendas onzas habrán a
ofrecer».
402
Mientre esta cosa andaba revolviendo,
fue la barata mala la dueña entendiendo,
rogó
al Criador de los ojos vertiendo:
«Señor, diz, tú
me val que yo a ti me acomiendo.
403
Señor, que de
Teófilo me quesiste guardar,
que me quiso el
cuerpo a traición matar,
Señor, la tu vertud me
debe amparar,
que non me puedan el alma garzones
enconar».
404
En esto Antinágora, príncep
de la cibdat,
rogó al traidor de firme
voluntat,
que le diese el precio de la virginidat,
que gelo otorgase por Dios, en caridat.
405
Hobo esta
primicia el príncep otorgada.
La huérfana
mesquina, sobre gente adobada,
fue con gran procesión
al apóstol enviada;
veyérgelo hie quienquiere
qu'ella iba forzada.
406
Salliéronse
los otros, fincó Tarsiana señera,
romaneció
el lobo solo con la cordera;
mas, como Dios lo quiso, ella
fue bien artera,
con sus palabras planas metiolo en la carrera.
407
Cayole a los pies, comenzó
a decir:
«Señor, mercet te pido que me quieras oír,
que me quieras un poco esperar y sofrir.
habert'á
Dios del cielo por ello que gradir.
408
Que tú
quieras agora mis carnes quebrantar,
podemos aquí
amos mortalmientre pecar;
yo puedo perder mucho, tú
no puedes ganar,
tú puedes en tu nobleza
mucho menoscabar.
409
Yo puedo por tu fecho perder
ventura y fado,
cayerás por mal cuerpo, tú,
en mortal pecado.
Homne eres de precio, ¡si te veyas
logrado!,
sobre huérfana pobre non fagas desaguisado».
410
Contole sus periglos, cuantos habié
sofridos,
cómo hobo de chiquiella sus parientes
perdidos;
habiendo de su padre muchos bienes recebidos,
cómo hubiera amos falsos y descreídos.
411
El príncep Antinágora, que
vinié denodado,
fue con estas paraulas fieramient
amansado;
tornó contra la dueña, el corazón
camiado,
recudiole al ruego y fue bien acordado:
412
«Dueña, bien entiendo esto que me decides,
que de linatge sodes, de buena parte venides,
esta petición,
que vos a mí pedides,
véyolo por derecho,
ca bien lo concluides.
413
Todos somos carnales y habemos a morir,
todos esta ventura habemos a seguir.
Demás, el homne debe comedir
que cual aquí
ficiere tal habrá de padir.
414
Diome Dios una
fija, téngola por casar,
a todo mío poder
querríala guardar;
porque no la querría veyer
en tal logar,
por tal entención vos quiero
perdonar.
415
Demás, por el buen padre de que
vos me ementastes,
e por la razón buena que tan
bien enformastes,
quiérovos dar agora más
que vos non demandastes,
que vos venga emiente en cuál
logar me viestes.
416
El precio que daría
para con vos pecar,
quiérovoslo en donado, ofrecer
y donar,
que, si vos non pudierdes por ruego escapar,
al que a vos entrare datlo para vos quitar.
417
Si
vos daquesta maña pudierdes estorcer,
mientre
lo mío durare, non vos faldrá haber.
El Criador
vos quiera ayudar y valer,
que vos vuestra facienda
podades bien poner».
418
Con esto Antinágora
fuese para su posada,
presto sobo otro para entrar
su vegada,
mas tanto fue la dueña sabia y adonada,
que ganó los dineros y non fue violada.
419
Cuantos ahí vinieron y a ella entraron,
todos se convertieron, todos por tal pasaron.
Nengún
daño nol' ficieron, los haberes lejaron,
de cuanto que adugieron
con nada non tornaron.
420
Cuando vino a la tarde,
el mediodía pasado,
habié la buena dueña
tan gran haber ganado,
que serié con lo medio el traidor
pagado,
reyésele el ojo al malaventurado.
421
Vio a ella alegre, y fue en ello artera;
cuando
él tal la vido, plógol' de gran manera.
Dijo:
«Agora tienes, fija, buena carrera,
cuando alegre vienes
y muestras cara soltera».
422
Dijo la buena dueña
un sermón tan temprado:
«Señor, si lo hobiese
de ti condonado,
otro mester sabía qu'es más
sin pecado,
que es más ganancioso y es
más hondrado.
423
Si tú me lo condonas,
por la tu cortesía,
que meta yo estudio en esa
maestría,
cuanto tú demandases, yo tanto te
daría;
tú habriés gran ganancia
y yo non pecaría.
424
De cual guisa se quiere
que pudiese seyer,
que mayor ganancia tú
pudieses haber,
por eso me compreste y eso debes facer,
a tu provecho fablo, débesmelo creyer».
425
El sermón de la dueña fue tan bien adonado,
que fue el corazón del garzón
amansado.
Diole plazo poco, a día señalado,
mas que ella catase qué habié demandado.
426
Luego el otro día, de buena madurguada,
levantose la dueña ricamiente adobada;
priso una
viola buena y bien temprada,
e sallió al mercado
violar por soldada.
427
Comenzó unos
viesos y unos sones tales,
que trayén grant dulzor y eran naturales;
finchiénse de
homes apriesa los portales,
non les cabié en las plazas,
subiense a los poyales.
428
Cuando con su viola
hobo bien solazado,
a sabor de los pueblos hobo asaz
cantado,
tornoles a rezar un romance bien
rimado,
de la su razón misma, por ò había
pasado.
429
Fizo bien a los pueblos su razón
entender,
más valié de cien marcos
ese día el loguer;
fuese el traidor pagando del
menester,
ganaba por ello sobejano grant haber.
430
Cogieron con la dueña todos muy grant amor,
todos
de su facienda habían grant sabor;
demás, como
sabían que había mal señor,
ayudábanla
todos de voluntat mejor.
431
El príncipe
Antinágora mejor la querié,
que si su
fija fuese más non la amarié;
el día
que su voz o su canto non oyé,
conducho que comiese
mala pro le tenié.
432
Tan bien sopo la dueña
su cosa aguisar,
que sabía a su amo la ganancia
tornar.
Reyendo y gabando con el su buen catar,
sópose,
maguer niña, de follía quitar.
433
Visco en
esta vida un tiempo porlongado,
fasta que a Dios plogo,
bien quita de pecado.
Mas dejemos a ella su menester usando,
tornemos en el padre que andaba lazdrado.
434
A cabo
de diez años que la hobo lejada,
recudió Apolonio
con su barba trenzada,
cuidó fallar la fija
dueña grant y criada,
mas era la facienda otramiente
trastornada.
435
Estrángilo, el de Tarso, cuando
lo vio entrar,
perdió toda la sangre con cuita
y con pesar;
tornó en su encubierta a la mujer
a rebtar,
mas cuidábase ella con mentiras salvar.
436
Salvó el rey sus huéspedes y fuelos abrazar,
fue dellos recebido como
debía estar.
Cataba por su fija que les dio a criar,
non se podié sin ella reír ni alegrar.
437
«Huéspedes, dijo el rey, ¿qué puede esto
seer?
Pésame de mi fija, que non me viene veyer;
querría desta cosa la verdat entender,
que veyo
a vos tristes, mala color tener».
438
Recudiol'
Dionisa, díjol' grant falsedat:
«Rey, de tu
fija, ésta es la verdat:
al corazón
le priso mortal enfermedat,
pasada es del sieglo, ésta
es la verdat».
439
Por poco Apolonio qu'el seso non perdió,
pasó bien un gran rato qu'él
no les recudió,
que tan mala colpada él nunca
recibió.
Parose endurido, la cabeza
primió.
440
Después, bien a la tarde,
recudió el varón,
demandó a beber
agua, que vino non,
tornó contra la huéspeda
y díjol' una razón,
que debié
a la falsa quebrar el corazón.
441
«Huéspeda,
diz, querría más la muerte que la vida,
cuando por míos pecados, la fija he perdida;
la
cuita de la madre, que me era venida,
con ésta lo
cuidaba aducir a medida.
442
Cuando cuidé agora
que podría sanar,
que cuidaba la llagua guarir
y encerrar,
he preso otro colpe en ese mismo logar,
non he melezina que me pueda sanar.
443
Pero las sus abtezas y los sus ricos vestidos,
poco ha que es muerta, aún non son mollidos;
tenérvoslo
he a grado que me sean vendidos,
de que fagamos fatilas
los que somos feridos.
444
Demás quiero ir
luego veyer la sepultura,
abrazaré la
piedra, maguer frida y dura;
sobre mi fija Tarsiana
plañeré mi rencura,
sabré de su facienda
algo por aventura».
445
Cosa endiablada, la burcesa
Dionisa,
ministra del pecado, fizo grant astrosía:
fizo un monumento, rico a muy gran guisa,
de un mármol
tan blanco como una camisa.
446
Fizo sobre la piedra
las letras escrebir:
«Aquí fizo Estrángilo
a Tarsiana sobollir,
fija de Apolonio, el buen rey de Tir,
que a los XII años avés pudo sobir».
447
Recibió
Apolonio lo que pudo cobrar,
mandolo a las naves
a los homnes levar;
fue él al monumento su ventura
plorar,
por algunas reliquias del sepulcro tomar.
448
Cuando en el sepulcro cayó el buen varón,
quiso facer su duelo como habié razón;
abajósele el duelo y el mal del corazón,
non pudo echar lágrima por nenguna misión.
449
Tornó contra sí mismo, comenzó
de asmar:
«¡Ay, Dios!, ¿qué puede esta cosa estar?
Si mi fija Tarsiana yoguiese en este logar,
non debién
los mis ojos tan en caro se parar.
450
Asmo que todo
aquesto es mentira probada,
non creyo que mi fija aquí
es soterrada;
mas, o me la han vendida o en mal logar
echada.
Seya, muerta o viva, a Dios acomendada».
451
Non quiso Apolonio en Tarso más estar,
ca
habié recebido en ella gran pesar;
tornose a sus naves, cansado de llorar,
su cabeza cubierta,
no les quiso fablar.
452
Mandoles que moviesen
y que pensasen de andar,
la carrera de Tiro pensasen
de tomar,
que sus días eran pocos y querrié
allá finar,
que entre sus parientes se querrié
soterrar.
453
Fueron luego las áncoras a las
naves tiradas,
los rimos aguisados, las velas enfestadas;
tenién viento bueno, las ondas bien pagadas,
fueron
de la ribera aína alongadas.
454
Bien la media
carrera o más habién andada,
habían
sabrosos vientos, la mar yacié pagada,
fue en poco
de rato toda la cosa camiada,
tollioles la carrera
que tenién comenzada.
455
De guisa fue
revuelta y irada la mar,
que non habién nengún
consejo de guiar;
el poder del gobernio hubiéronlo
a desemparar,
non cuidaron ningunos de la muerte escapar.
456
Prísolos la tempesta y el mal temporal,
sacolos de caminos el oratge mortal,
echolos su ventura y el Rey Espirital
en la vila que Tarsiana
pasaba mucho mal.
457
Fueron en Mitalena los romeros
arribados,
habían mucho mal pasado y andaban lazdrados.
Prisieron luego lengua, los vientos ya quedados:
rendían a Dios gracias porque eran escapados.
458
Ancoraron las naves en ribera del puerto,
encendieron su fuego, que se les era muerto,
enjugaron
sus paños, lasos y del mal puerto;
el rey en todo esto
no tenié nuyl conhuerto.
459
El rey Apolonio,
lazdrado caballero,
naciera en tal día
y era disantero;
mandoles que comprasen conducho
muy llenero,
e ficiesen rica fiesta y ochavario plenero.
460
En cabo de la nave, en un rencón destajado,
echose en un lecho el rey tan deserrado;
juró
que quien le fablase serié mal soldado,
del uno
de los pies serié estemado.
461
Non quisieron
los homes sallir de su mandado,
compraron gran conducho
de cuanto que fue fallado.
Fue ante de mediodía el
comer aguisado,
cualquiere que vinié non era repoyado.
462
Non osaban ningunos al señor decir nada,
ca habié dura ley puesta y confirmada;
cabdellaron
su cosa, como cuerda mesnada,
pensaron de comer la compaña
lazdrada.
463
En esto Antinágora, por la fiesta
pasar,
salló contra el puerto, queríase deportar.
Vio en esta nave tal compaña estar,
entendió
que andaban como homnes de prestar.
464
Ellos, cuando
lo vieron de tal guisa venir,
levantáronse todos,
fuéronlo recebir;
gradesciolo él mucho, non los quiso fallir,
asentose con ellos por non los desdecir.
465
Estando a la tabla,
en solaz natural,
demandoles cuál era
el señor del reyal.
«Yaze, dijieron todos, enfermo muy
mal,
e por derecho duelo es perdido non por ál.
466
Menazados nos ha que aquel que li fablare,
de comer nin de beber nada le ementare,
perderá
el un pie de los dos que levare,
por aventura amos, si
mucho lo porfiare».
467
Demandó quel' dijiesen
por cuál ocasión
cayó en tal tristicia
y en tal ocasión.
Contáronle la estoria
y toda la razón,
quel' dicién Apolonio
de la primera sazón.
468
Díjoles él:
«Como yo creyo, si non soy trastornado,
tal nombre
suele Tarsiana haber mucho usado.
A lo que me saliere, ferme
quiero osado;
decirle he que me semeja villano descoraznado».
469
Mostráronle los homnes el logar on yazía,
que com el homne bueno a todos mucho placié;
violo con fiera barba que los pechos le cobrié,
tóvolo
por fazaña porque atal facié.
470
Díjol':
«Dios te salve, Apolonio amigo,
oí fablar de
tu facienda, vengo fablar contigo.
Si tú me conoscieses,
habriés placer comigo,
ca non ando pidiendo
nin soy homne mendigo».
471
Volviose Apolonio
un poco en el escaño,
si de los suyos fuese recibría
mal daño;
mas, cuando de tal guisa vio homne extraño,
no le recudió nada, enfogó el sosaño.
472
Afincolo el otro, non le quiso dejar,
homne
era de precio, queríalo esforzar.
Dijo:
«Apolonio, mal te sabes guardar,
debiéste de otra
guisa contra mí mesurar.
473
Señor soy desta villa, mía es para mandar,
dícenme
Antinágora, si me oíste nombrar;
cabalgué
de la villa y sallíme a deportar,
las naves que
yacién por el puerto a mirar.
474
Cuando
toda la hobe la ribera andada,
paguéme desta
tu nave, vila bien adobada;
salliéronme a recebir
toda la tu mesnada,
recebí su convido, yanté
en su posada.
475
Vi homnes enseñados, compaña mesurada,
la cocina bien rica, la mesa bien abondada;
demandé
que cuál era el señor de la albergada,
dijóronme
tu nombre y tu vida lazdrada.
476
Mas si tú
a mí quisieres escuchar y creyer,
saldriés
desta tiniebra, la mi cibdat veyer,
veriés por ella
cosas que habriés gran placer,
por que podriés
del duelo gran partida perder.
477
Debiés en
otra cosa poner tu voluntat,
que te puede Dios facer
aún gran piedat;
que cobrarás tu pérdida,
cuido que será verdat,
perderás esta tristicia
y esta crueldat».
478
Recudió Apolonio y tornó ha él la faz,
díjol': «Quienquier
que seyas, amigo, ve en patz.
Gradézcotelo mucho,
fecísteme buen solaz,
entiendo que me dices buen
consejo asaz.
479
Mas soy por mis pecados de
tal guisa llagado
que el corazón me siento
todo atravesado;
desque vevir non puedo y soy de todo desfriado,
de cielo nin de tierra veyer non he
cuidado».
480
Partiose Antinágora d'él
mal deserrado,
veyé por mal achaque homne bueno
dañado;
tornó a la mesnada fieramiente conturbado,
díjoles que el homne bueno fuert era deserrado.
481
Non pudo comedir nin asmar tal manera
por cual guisa
pudiés' meterlo en la carrera:
«Só en sobejana
cuita, más que yer non era;
nunca en tal fui, por
la creenza vera.
482
Pero cuido y asmo un
poco de entrada;
quiero que lo probemos, que non perdemos
nada,
Dios mande que nos preste la su vertut sagrada,
¡ternía
que habiemos a Jericó ganada!
483
En la cibdat
habemos una tal juglaresa,
furtada la hobieron, enviaré
por ésa.
Si ella non le saca del corazón
la queja,
a nul homne del mundo nol' fagades promesa».
484
Envió sus sirvientes al malo a decir,
quel' diesen a Tarsiana quel' viniese servir,
levarié
tal ganancia, sil' pudiese guarir,
cual ella se pudiese
de su boca pedir.
485
La dueña fue venida sobre gent
adobada,
salvó Antinágora y a toda
su mesnada;
por la palabra sola, luego de la entrada,
fue
de los pelegrinos bien quista y amada.
486
Díjol'
Antinágora: «Tarsiana, la mi querida,
Dios mande
que seyades en buen punto venida;
la maestría vuestra,
tan gran y tan complida,
agora es la hora de seyer aparescida.
487
Tenemos un buen homne, señor destas compañas,
homne de gran facienda, de raíz y de
mañas;
es perdido con duelo por pérdidas extrañas,
por Dios, quel' acorrades con algunas fazañas».
488
Dijo ella: «Mostrátmelo, ca como yo soy creída,
yo trayo letuarios y especia tan sabrida
que, si mortal non fuere o que seya de vida,
yo le tornaré
alegre, tal que a comer pida».
489
Leváronla
al lecho a Tarsiana la infante.
Dijo ella: «Dios te
salve, romero o merchante,
mucho soy de tú
cuitada, sábelo Dios pesante».
Sue estrumente en
mano, parósele delante.
490
«Por mi solaz non tengas que eres ahontado,
si bien me conoscieses, tenerte
hies por pagado,
ca non soy juglaresa de las de buen
mercado,
nin lo he por natura, mas fágolo sin
grado.
491
Dueña soy de linatge, de parientes
honrados,
mas decir non lo oso por míos graves
pecados;
nací entre las ondas, on nacen
los pescados,
amos hobe mintrosos y traidores probados.
492
Ladrones en galeas que sobre mar viñeron,
por amor de furtarme, de muerte me estorcieron;
por mi
ventura grave a homne me vendieron,
por que muchas de vírgines
en mal fado cayeron.
493
Pero fasta agora quísome
Dios guardar,
non pudo el pecado nada de mí levar.
Maguer en cuita vivo, por mejor escapar
busco menester
que pueda al sieglo engañar.
494
Et tú, si
desta guisa te dejares morir,
siempre de tu malicia
habremos que decir,
camia esta posada si cobdicias
vevir,
yo te daré guarido si quisieres ende sallir».
495
Cuando le hobo dicho esto y mucho ál,
movió en su viola un canto natural,
coplas
bien asentadas, rimadas a señal;
bien entendié
el rey que no lo facié mal.
496
Cuando hobo
bien dicho y hobo bien deportado,
dijo el rey: «Amiga,
bien soy de ti pagado;
entiendo bien que vienes de
linatge granado,
hobiste en tu dotrina maestro bien letrado.
497
Mas, si se me aguisare y ploguiere al Criador,
entendriés que de grado te faría amor;
si vender te quisiere aquel tu señor,
yo te quitaría
de muy buen amor.
498
Mas por esto señero que me has
aquí servido,
darte he diez libras de oro escogido.
Ve a buena ventura que muy mal soy ferido,
que cuantos
días viva nunca seré guarido».
499
Tornó
a Antinágora Tarsiana muy desmayada,
díjol':
«Nos non podemos aquí mejorar nada.
Mandome dar diez libras de oro en soldada,
mas aún por prenderlas
no soy yo acordada».
500
«Faces, diz Antinágora,
en esto aguisado,
non prendas su oro, ca sería
gran pecado;
yo te daré dos tanto de lo que te él
ha mandado,
non quiero que tu lacerio vaya
en denodado.
501
Más aún te lo ruego, y en amor te lo pido,
que tornes a él y mete
hí tu son complido.
Si tú bien entendieres
y yo bien soy creído,
que querrá
Dios que seya por tu son guarido».
502
Tornó
al rey Tarsiana haciendo sus trobetes,
tocando su viola,
cantando sus vesetes.
«Homne bueno, diz, esto que tú
a mí prometes,
téntelo para tú, si
en razón non te metes.
503
Unas pocas de demandas
te quiero demandar,
si tú me las supieses a
razón terminar,
levar hía la ganancia
que me mandeste dar,
si non me recudieres, quiérotela
dejar».
504
Hobo el rey dubda que, si la desdeñase,
qué asmarién los homnes cuando la cosa
sonase,
que por tal lo ficiera que su haber cobrase.
Tornose contra ella, mandole que preguntase.
505
Dijo:
«Dime, ¿cuál es la cosa, preguntó la mallada,
que nunca seye queda, siempre anda lazdrada,
los huéspedes
son mudos, da voces la posada?
Si esto adevinases, sería
tu pagada».
506
«Esto, diz Apolonio, yo lo vo asmando:
el río es la casa que corre murmujando,
los
peces son los huéspedes que siempre están
callando».
«Esta es terminada, ve otra adevinando:
507
Parienta soy de las aguas, amiga soy del río,
fago fermosas crines, bien altas las envío,
del blanco fago negro, qua es oficio mío.
Ésta
es más grave, segunt que yo fío».
508
«Parienta es de las aguas mucho la cañavera,
que
cerca ella cría, ésta es la cosa vera;
ha muy fermosas crines, altas de grant manera,
con ella
facen libros. Pregunta la tercera».
509
«Fija
só de los montes, ligera por natura,
rompo y nunca dejo señal de la rotura,
guerreyo con los vientos,
nunca ando segura».
«Las naves, ditz el rey, trayen esa
figura».
510
«Bien, dijo Tarsiana, has a esto respondido,
paresce bien que eres clérigo entendido;
mas, por Dios te ruego, pues que eres en responder metido,
ruégote que non canses y tente por guarido.
511
Entre grandes fogueras, que dan gran calentura,
yace cosa desnuda, huéspet sin vestidura;
nil nuece la calor nil' cuita la friura.
Esta puedes jurar
que es razón escura».
512
«Estonce, dijo
el rey: yo me lo faría
si fuese tan alegre como
seyer solía;
por entrar en los baños yo me lo faría,
fablar en tan vil cosa semeja babequía».
513
«Nin he piedes, nin manos, ni otro estentino,
dos
dientes he señeros, corbos como fozino,
fago al que me
traye fincar en el camino».
«Tú fablas del áncora»,
dijo el pelegrino.
514
«Nascí de madre
dura, soy muellel como lana,
apésgame
el río, que soy por mí liviana,
cuando
preñada seyo, semejo fascas rana».
«Tú fablas
de la esponja, dijo el rey, hermana».
515
«Decirte he,
diz Tarsiana, ya más alegre seyo,
a bien verná
la cosa, segunt que yo creyo;
Dios me dará consejo,
que buenos signos veyo,
aun por aventura, veré
lo que deseyo.
516
Tres demandas tengo que son asaz
rafeces.
Por tan poca de cosa, por Dios, non empereces,
si demandar quisieres, yo te daré las
veces».
517
«Nunca, ditz el rey, vi cosa tan porfiosa,
si Dios me benediga, que eres mucho enojosa.
Si más de tres dijeres, tenert'é por mintrosa,
non te esperaría más por ninguna cosa».
518
«De dentro soy vellosa y de fuera raída,
siempre trayo en seno mi crin bien escondida;
ando
de mano en mano, tráenme escarnida,
cuando van a
yantar negún non me convida».
519
«Cuando en
Pentápolin entré desbaratado,
si non fuese
por ésa andaría lazdrado;
fui del rey Architrastres
por ella honrado,
si no, non me hobiera a yantar convidado».
520
«Nin soy negro nin blanco, nin he color
certero,
nin lengua con que fable un proverbio señero,
mas sé rendar a todos, siempre soy refertero,
valo en el mercado apenas un dinero».
521
«Dalo por
poco precio el bufón el espejo;
nin es
rubio nin negro, nin blanco nin bermejo;
el que en él
se cata veye su mismo cejo,
a altos y a bajos
riéndelos en parejo».
522
«Cuatro hermanas somos,
so un techo moramos,
corremos en parejo, siempre nos
segudamos,
andamos cada 'l día, nunca nos alcanzamos,
yacemos abrazadas, nunca nos ayuntamos».
523
«Rafez es de contar aquesta tu cuestión,
que las cuatro hermanas las cuatro ruedas son;
dos a
dos enlazadas, tíralas un timón,
andan y non se ayuntan en ninguna sazón».
524
Quísol'
aún otra pregunta demandar,
asaz lo quiso ella
de cuenta engañar;
mas sopo cuántos eran Apolonio
contar,
díjol' que se dejase y que estoviés'
en paz.
525
«Amiga, dijo, debes de mí seyer
pagada,
de cuanto tú pidiste bien te he abondada,
et te quiero aún añader en soldada;
vete luego tu vía,
mas non me digas nada.
526
Mas por ninguna cosa non te lo sofriría,
querriésme, bien lo veyo,
tornar en alegría,
terniélo a escarnio toda
mi compañía;
demás, de mi palabra, por ren
no me toldría».
527
Nunca tanto le pudo decir
nin predicar,
que en otra leticia le pudiese tornar.
Con grant cuita que hobo non sopo qué asmar,
fuele
amos los brazos al cuello a echar.
528
Hobose
ya con esto el rey a ensañar,
hobo con fellonía
el brazo a tornar,
hóbole una ferida en el
rostro a dar,
tanto que las narices le hobo ensangrentar.
529
La dueña fue irada, comenzó de llorar,
comenzó sus rencuras todas ha ementar.
Bien querrié Antinágora grant haber a dar,
que non fuese entrado en aquella yantar.
530
Dicía:
«¡Ay, mezquina, en mal hora fui nada!
Siempre fue mi
ventura de andar ahontada;
por las tierras ajenas ando mal
sorostrada,
por bien y por servicio, prendo mala
soldada.
531
¡Ay, madre Luciana, si mal fado
hubiste,
a tu fija Tarsiana mejor non lo diste;
peligreste
sobre mar y de parto moriste,
ante quen parieses afogarme
debiste!
532
Mi padre Apolonio non te pudo prestar,
a fonsario sagrado non te pudo levar;
en ataúd
muy rico echote en la mar,
non sabemos del cuerpo
dó pudo arribar.
533
A mí tobo a vida
por tanto pesar tomar,
diome a Dionisa de Tarso a criar;
por derecha envidia quísome fer matar.
Si entonces
fuese muerta non me debiera pesar.
534
Hobe por mis
pecados la muerte a excusar,
los que me acorrieron
no me quisieron dejar,
vendiéronme a homne que non es de prestar,
que me quiso el alma y el cuerpo dañar.
535
Por la gracia del cielo, que me quiso
valer,
non me pudo ninguno fasta aquí vencer;
diéronme homnes buenos tanto de su haber,
por que
pague mi amo de todo mío loguer.
536
Entre las
otras cuitas ésta m'es la peyor:
a homne que buscaba servicio y amor,
hame ahontada a tan gran
deshonor.
¡Debría tan gran soberbia pesar al Criador!
537
¡Ay, rey Apolonio, de ventura pesada,
si sopieses
de tu fija tan mal es ahontada,
pesar habriés y duelo, y sería bien vengada,
mas cuido que non vives, onde non soy yo buscada!
538
De padre
nin de madre, por míos graves pecados,
non sabré
el ciminterio do fueron soterrados;
tráyenme
como a bestia siempre por los mercados,
de peyores de mí
faciendo sus mandados».
539
Revisco Apolonio, plógol'
de corazón,
entendió las palabras
que vinién por razón.
Tornose contra
ella, demandol' si mintié o non,
preguntol'
por paraula de grado el varón:
540
«Dueña,
si Dios te deje al tu padre veyer,
perdóname
el fecho, dart'é de mío haber;
erré
con felonía, puédeslo bien creyer,
ca nunca
fiz tal yerro nin lo cuidé facer.
541
Demás,
si me dijieses, ca puédete membrar,
el nombre
del ama que te solié criar,
podriémosnos
por ventura amos alegrar,
yo podría la fija, tú
el padre cobrar».
542
Perdonolo la dueña, perdió
el mal taliento,
dio a la demanda leyal recudimiento:
«La ama, dice, de que siempre menguada me siento,
dijiéronle Licórides, sepades que non vos
miento».
543
Vio bien Apolonio que andaba carrera,
entendió bien senes falla que la su fija era;
salló fuera del lecho luego de la primera
diciendo:
«¡Valme Dios, que eres vertut vera!».
544
Prísola
en sus brazos con muy grant alegría,
diciendo:
«Ay, mi fija, que yo por vos muría,
agora he perdido
la cuita que había.
Fija, non amanesció
para mí tan buen día.
545
Nunca este
día no lo cuidé veyer,
nunca en los míos
brazos yo vos cuidé tener.
Hobe por vos tristicia,
agora he placer;
siempre habré por ello a Dios
que gradecer».
546
Comenzó a llamar:
«¡Venit los míos vasallos,
sano es Apolonio,
ferit palmas y cantos;
echat las coberturas, corret
vuestros caballos,
alzat tablados muchos, pensat
de quebrantarlos!
547
¡Pensat cómo fagades
fiesta grant y complida;
cobrada he la fija que
había perdida,
buena fue la tempesta, de Dios fue
prometida,
por onde nos hobiemos a fer esta venida!».
548
El príncep Antinágora por ninguna
ganancia,
aun si ganase el imperio de Francia,
non serié más alegre, y non por alabanza,
ca amostró en la cosa de bien grant abundanza.
549
Habielo ya oído, dicielo la
mesnada,
que habié Apolonio palabra destajada:
de barba nin de crines que non cercenase nada
fasta que a su fija hobiese bien casada.
550
Por acabar
su pleito y su servicio complir,
asmó
a Apolonio la fija le pedir;
cuando fuese casada que lo
farié tundir,
por seyer salva la jura y non habría
qué decir.
551
Bien debié Antinágora
en escripto yacer,
que por salvar un cuerpo tanto
pudo facer,
si cristiano fuese y sopiese bien
creyer,
debiemos por su alma todos clamor tener.
552
«Rey, dice Antinágora, yo mercet te pido,
que me des tu fija, que seya yo su marido.
Servicio le he fecho, non so ende repentido,
valerme debe
eso por ganar un pedido.
553
Bien me debes por yerno
recebir y amar,
ca rey soy de derecho,
regno he por mandar;
bien te puedes encara, rey, maravillar,
si mejor la pudieres ogaño desposar».
554
Díjole
Apolonio: «Otorgo tu pedido,
non debe tu bienfecho cayerte
en olvido.
Has contra amos estado muy leyal amigo,
della
fuste maestro y a mí has guarido.
555
Demás
yo he jurado de non me cercenar,
nin rayer
la mi barba nin mis uñas tajar,
fasta que pudiese a Tarsiana
desposar.
Pues que la he casada, quiérome afeitar».
556
Sonaron estas nuevas luego por la cibdat,
plogo mucho a todos con esta unidat;
a chicos y a grandes plogo de voluntat,
fueras al traidor falso que
se dolié por verdat.
557
Con todos los roídos,
maguer que se callaba,
con este casamiento a Tarsiana
no pesaba:
el amor quel' ficiera cuando en cuita estaba,
cuando sallida era, non se le olvidaba.
558
Aguisaron
las bodas, prisieron bendiciones,
facién por
ellos todos preces y oraciones;
facién
tan grandes gozos y tan grandes misiones,
que non podrían
contarlas locuelas ni sermones.
559
Por esto Tarsiana
no era segurada,
non se tenié que era de la
cuita sacada,
si el traidor falso que l'ha comprada,
non fuese lapidado o muerto a espada.
560
Sobr'
esto Antinágora mandó llegar concejo;
fueron luego llegados a un buen lugarejo.
Dijo él:
«¡Ya, varones, oíd un poquellejo,
mester es que
prendamos entre todos consejo!
561
El rey Apolonio,
homne de grant poder,
es aquí acaescido,
quiérevos conoscer,
una fija que nunca la
cuidó veyer,
hala aquí fallada, debe
a vos placer.
562
Pedíla por mujer, soy con ella casado,
es rico casamiento, soy con
ella pagado.
Cuál es, vos lo sabedes que aquí
ha morado,
todos vos lo veyedes como ella ha probado.
563
Gradéscevoslo mucho, tiénevoslo en
amor,
que tan bien la guardastes de cayer en error;
fuemos hí bien apresos, grado al Criador,
si non,
habriemos ende grant pesar y dolor.
564
Envíavos
un poco de present prometer,
quinientos mil marcos
d'oro, pensatlos de prender;
en lo que vos querredes mandatlos
despender,
en esto lo podedes, cuál homne es, veyer.
565
Pero, sobre todo esto, envíavos rogar,
del malo traidor quel' quiso la fija difamar,
que le
dedes derecho cual gelo debedes dar,
que non pueda el malo
desto se alabar».
566
Todos por una boca dieron esta
respuesta:
«Dios dé a tan buen rey vida grant y apuesta.
Cuando él esta venganza sobre
nos la acuesta,
cumplamos el su ruego, non le demos de cuesta».
567
Non quisieron el ruego meter en otro plazo,
mOviose el concejo como que sañudazo,
fueron al traidor, echáronle el lazo,
matáronlo
a piedras como a mal rapazo.
568
Cuando el rey
hubieron de tal guisa vengado,
que fue el malastrugo
todo desmenuzado,
echáronlo a canes como a descomulgado.
Fue el rey de Tiro del concejo pagado.
569
Tarsiana a las dueñas que él tenié compradas,
dioles buenos maridos, ayudas muy granadas,
sallieron
de pecado, visquieron muy honradas,
ca seyén las
cativas fieramientre adobadas.
570
Tóvose el
concejo del rey por adebdado,
ca por verdat habieles
fecho bien aguisado;
fablaron quel' ficiesen gualardón
señalado,
por el bien que él fizo que non fuese
olvidado.
571
Mandaron fer un ídolo al su mismo
estado;
de oro fino era, de orence labrado;
pusiéronlo derecho en medio del mercado,
la fija
a los piedes del su padre hondrado.
572
Ficieron en
la basa una tal escriptura:
«El rey Apolonio, de grant mesura,
echolo en esta villa una tempesta dura,
falló aquí su fija Tarsiana por grant ventura.
573
Con gozo de la fija perdió la enfermedat,
diola a Antinágora, señor desta cibdat;
diole en casamiento, muy gran solepnidat,
el regno de Antiocha,
muy grant heredat.
574
Enriquesció esta
villa mucho por su venida,
a qui tomarlo quiso dio haber
sin medida;
cuanto el sieglo dure, fasta la fin venida,
será en Mitalena la su fama tenida».
575
El
rey Apolonio, su cuita amansada,
quiso entrar en Tiro
con su barba trezada;
metiose en las naves,
su barba adobada,
non podrié la riqueza homne asmar
por nada.
576
Yendo por la carrera, asmaron de torcer,
de requerir a Tarso, sus amigos veyer,
cremar a Dionisa,
su marido prender,
que atan mal sopieron el amistat tener.
577
Habiendo esto puesto, el guión castigado,
vínol' en visión un homne blanqueado;
ángel podrié seyer, ca era aguisado.
Llamolo por su nombre, díjol' atal mandado:
578
«Apolonio,
no has a Tiro qué buscar,
primero ve a Efesio,
allá manda guiar;
cuando fueres arribado y sallido
de la mar,
yo te diré qué fagas por en cierto
andar.
579
Demanda por el templo que dicen de Diana,
fuera yace de la villa, en una buena plana;
dueñas
moran en él, que visten paños de lana,
a la mejor
de todas dícenle Luciana.
580
Cuando
a la puerta fueres, si vieres que es hora,
fiere con
el armella y saldrá la priora;
sabrá
qué homne eres y firá a la señora,
saldrán
a recebirte la gente que dentro mora.
581
Verná
el abadesa muy bien acompañada,
tú faz tu
avenencia, ca dueña es honrada;
demándal'
que te muestre el arca consagrada,
do yazen las reliquias
en su casa hondrada.
582
Irá ella contigo, mostrarte
ha el logar,
luego, a altas voces, tú piensa
de contar,
cuanto nunca sopieres por tierra y por mar;
non dejes una cosa sola de ementar.
583
Si tú
esto ficieres, ganarás tal ganancia,
que más
la preciarás que el regno de Franza;
después firás a Tarso con mejor alabanza,
perdrás todas las cuitas que prisiste en infancia».
584
Razón no alonguemos, que sería perdición.
Despertó Apolonio, fue en comedición,
entró luego en ello, cumplió la mandación,
todo lo fue veyendo segunt la visión.
585
Mientre que él contaba su mal y su lacerio,
non pensaba Luciana de rezar el salterio;
entendió la materia y todo el misterio,
non le podié de gozo caber el monesterio.
586
Cayó
al rey a piedes y dijo a altas voces:
«Ay, rey Apolonio,
creyo que me non conosces,
non te cuidé
veyer nunca en estas alfoces.
Cuando me conoscieres,
no creyo que te non goces.
587
Yo soy la tu
mujer, la que era perdida,
la que en la mar echeste,
que tienes por transida;
del rey Architrastres fija fui
muy querida,
Luciana he por nombre, viva soy y guarida.
588
Yo soy la que tú sabes
cómo te hobe amado,
yaziendo mal enferma, venísteme
con mandado,
de tres que me pidién, tú me
adujiste el dictado,
yo te di el escripto, cual tú
sabes, notado».
589
«Entiendo, dice Apolonio, toda
esta estoria».
Por poco que con gozo non perdió
la memoria;
amos, uno con otro, viéronse en gran
gloria,
car habiéles Dios dado grant gracia y grant victoria.
590
Contáronse uno a otro
por lo que habién pasado,
qué habié
cada uno perdido o ganado.
Apolonio del metge era mucho
pagado,
habiél' Antinágora, y Tarsiana,
gran grado.
591
A Tarsiana con todo esto, nin marido
nin padre
non la podién sacar de brazos
de su madre;
de gozo Antinágora, el caboso confradre,
lloraba de los ojos como si fuese su fradre.
592
Non se tenié el metge del fecho por repiso,
porque en Luciana tan gran femencia miso;
diéronle
presentes cuantos él quiso,
mas, por ganar buen precio,
él prender nada non quiso.
593
Por la cibdat
de Efesio corrié grant alegría,
habién
con esta cosa todos placentería;
mas lloraban las
dueñas dentro en la monjía,
ca se temién
de la señora que se quería ir su vía.
594
Moraron hí un tiempo, cuanto sabor hobieron,
ficieron abadesa a la que mejor vieron;
dejáronles
haberes, cuantos prender quisieron,
cuando el rey y la
reina partirse quisieron.
595
Entraron en las
naves por pasar la marina,
doliendo a los de Efesio
de la buena vecina;
en el puerto de Tarso arribaron aína
alegres y gozosos el rey y la reina.
596
Antes que de las naves hobiesen a sallir,
sópolo
el concejo, fuelos a recebir;
nunca non pudo homne nin veyer nin oír
homnes a una cosa tan
de gozo sallir.
597
Recibieron al rey como
a su señor,
cantando los responsos de libro y de cor;
bien les vinié emiente del antigo amor,
mas habié Dionisa con ellos mal sabor.
598
Ante
que a la villa hobiesen a entrar,
fincó el pueblo
todo, non se quiso mudar;
entró el rey en medio,
comenzó de fablar:
599
«Oítme,
concejo, si Dios vos benediga,
non me
vos revolvades fasta que mi razón diga;
si fiz
mal a alguno cuanto val una figa,
aquí, ante vos
todos, quiero que me lo diga».
600
Dijieron luego todos:
«Esto te respondemos:
por tú fincamos vivos,
bien te lo conoscemos;
de lo que te prometiemos,
no te nos camiaremos,
quequiere que tú mandes nos
en ello seremos».
601
«Cuando vine aquí morar
la segunda vegada,
de la otra primera non vos emiento
nada,
aduje mi fija, niña recient nada,
ca había
la madre por muerta dejada.
602
A los falsos mis huéspedes,
do solía posar,
con muy grandes haberes, dígela
a criar;
los falsos, con envidia, mandáronla matar,
mas, mal grado a ellos, hobo a escapar.
603
Cuando
torné por ella, que sería ya criada,
dijiéronme
que era muerta y soterrada.
Agora, por mi ventura, hela
viva fallada,
mas, en este comedio, grant cuita he pasada.
604
Si desto non me feches justicia y derecho,
non entraré en Tarso, en corral nin so techo;
habriedes desgradecido todo vuestro bienfecho».
605
Fue de fiera manera revuelto el concejo,
non daban de grant uno a otro consejo;
dicién
que Dionisa ficiera mal sobejo,
merescié
rescebir por ello mal trebejo.
606
Fue presa
Dionisa y preso el marido,
metidos en cadenas, el haber destruido;
fueron ant'él con ellos, al concejo
venido;
fue en poco de rato esto todo volvido.
607
Como non sabié Dionisa que Tarsiana hí vinié,
tovo en su porfía como antes tenié,
dicié que muerta fuera y por verdat lo probarié,
do al padre dijiera, en ese logar yacié.
608
Fue luego la mentira en concejo probada,
ca levantose Tarsiana do estaba asentada;
como era maestra y muy bien razonada,
dijo todas las
cuitas por ó era pasada.
609
Por probar bien
la cosa, la verdat escobrir,
mandaron a Teófilo
al concejo venir;
que ant'el rey, de miedo, non osarié
mentir,
habrié ante todos la verdat a decir.
610
Fue ant'el concejo la verdat mesturada,
cómo
la mandó matar y sobre cuál soldada,
cómo le dieron por ella cosa destajada.
Con esto,
Dionisa fue mucho embargada.
611
Non alongaron plazo
ni le dieron vagar,
fue luego Dionisa levada a quemar,
levaron al marido desende a enforcar.
Todo fue ante fecho
que fuesen a yantar.
612
Dieron a Teófilo
mejorada ración,
porque le dio espacio de fer oración;
dejáronlo a vida y fue buen gualardón;
de cativo que era, diéronle
quitación.
613
El rey, esto fecho, entró
en la cibdat,
ficieron con él todos muy
gran solempnitat;
moraron hí un tiempo, segunt su
voluntat,
dende dieron tornada para su heredat.
614
Fueron para Antiocha, esto fue muy privado,
ca hobieron
buen viento, el tiempo fue pagado.
Como lo esperaban y era deseado,
fue el pueblo con el rey alegre y pagado.
615
Diéronle el emperio y todas las fortalezas,
teniénle sobrepuestas muy grandes riquezas;
diéronle los varones muchas de sus altezas.
¡Mal
grado ha Antiocho con todas sus malezas!
616
Prísoles
homenatges y toda seguranza,
fue señor del emperio, una buena pitanza;
non ganó poca
cosa en su adevinanza,
mucho era camiado de la otra
malandanza.
617
Desque fue en el regno señor
apoderado,
e vio que todo el pueblo estaba bien pagado,
fízoles entender el rey aventurado
cómo
habié el regno a su yerno mandado.
618
Fue con
este señorío el pueblo bien pagado,
ca veyén
homne bueno y de sen bien esforzado;
recibiéronlo
luego de sabor y de grado.
Ya veyé Antinágora
que no era mal casado.
619
Cuando hobo su cosa puesta
y bien recabdada,
salló de Antiocha, su
tierra aconsejada,
tornó en Pentápolin con
su buena mesnada,
con mujer y con yerno, y con su
fija casada.
620
Del rey Architrastres fueron bien
recebidos,
ca cuidaban que eran muertos o perecidos,
car bien eran al menos los XV años complidos,
como ellos
asmaban, que eran ende sallidos.
621
El pueblo y la villa hobo grant alegría;
todos andaban alegres
diciendo: «¡Tan buen día!»
Cantaban las palabras,
todos con alegría,
colgaban por las carreras ropa
de grant valía.
622
El rey habían viejo,
de días anciano,
nin les dejaba fijo
nin fincaba hermano,
por onde era el pueblo en duelo sobegano
que señor non fincaba a quien besasen la mano.
623
Por ende eran alegres, ca derecho facién,
porque de la natura del señor non saldrién;
a guisa
de leyales vasallos comidién,
las cosas en que cayén
todas las connoscién.
624
De la su alegría,
¿quién vos podrié contar?
Todos se renovaron
de vestir y de calzar,
entraban en los baños
por la color cobrar,
habían los alfagemes priesa
de cercenar.
625
Fumeyaban las casas,
facían grandes cocinas,
trayén grant abundancia de carnes montesinas,
de tocinos
y de vacas, recientes y cecinas,
non costaban dinero capones ni gallinas.
626
Facía
el pueblo todo cada día oración,
que al rey Apolonio naciese criazón.
Plogo
a Dios del cielo y a su devoción,
concibió
Luciana y parió fijo varón.
627
El pueblo con el niño, que Dios les habié dado,
andaba mucho alegre y mucho asegurado;
mas a pocos
de días fue el gozo torbado,
ca murió Architrastres,
un rey muy acabado.
628
Del duelo que ficieron ementar
no lo queremos,
a los que lo pasaron a esos lo dejemos,
nuestro curso sigamos y razón acabemos;
si
non, dirán algunos que nada non sabemos.
629
Cuando el rey fue deste sieglo pasado,
como él
lo merescié fue noblemiente soterrado;
el
gobernio del rey y todo el dictado
fincó en Apolonio,
qua era aguisado.
630
Por todos los trabajos quel'
habían venido,
non olvidó el pleito que
habié prometido;
membrol' del pescador quel'
habié acogido,
el que hobo con él el mantiello
partido.
631
Fue buscarlo él mismo, que sabié
dó moraba.
Fincó el ojo bien lueñe y violo dó andaba;
envió quel' dijiesen qu'el
rey le demandaba,
que viniese ant'él, que él
lo esperaba.
632
Vino el pescador con su pobre vestido,
ca más de lo que fuera, non era enriquescido;
fue de tan alta guisa del rey bien recebido,
que
para un rico conde sería amor complido.
633
Mandol' luego dar honradas vestiduras,
servientes
y servientas y buenas cabalgaduras;
de campos y de viñas muchas grandes anchuras,
montañas y ganados
y muy grandes pasturas.
634
Diole grandes haberes,
y casas en que morase,
una villa entera en la cual
heredase,
que nunca a nul homne servicio non tornase,
nin él nin su natura, sino cuando se pagase.
635
Dios que vive y regna, tres y uno llamado,
depare atal huéspet a tot home cuitado.
¡Bien
haya atal huéspet, cuerpo tan acordado,
que tan buen
gualardón da a un hospedado!
636
Ficieron homenatge
las gentes al mozuelo,
pusiéronle el nombre
que había su abuelo;
diéronle muy grant guarda
como a buen majuelo,
metieron en él mientes, olvidaron
el duelo.
637
El rey Apolonio, cuerpo aventurado,
habié a sus faciendas buen fundamento dado,
cua buscó
a la fija casamiento hondrado;
era, como oyestes, el fijo
aconsejado.
638
Acomiéndolos a todos al Rey
Espirital,
déjolos a la gracia del señor
celestial;
él con su reina, un servicio
tan leyal,
tornose para Tiro, donde era natural.
639
Todos los de Tiro, desque a él perdieron,
duraron en tristicia, siempre en duelo visquieron;
non por cosa que ellos asaz non entendieron,
mas, como
Dios non quiso, fablar non le pudieron.
640
Cuando
el rey vieron, hubieron tal placer
como homnes que pudieron
de cárcel estorcer;
veyenlo
con los ojos, non lo podién creyer,
mas aun dubdaban de cerca non lo tener.
641
Plogo a él con
ellos, y a ellos con él,
como si les viniese
el ángel Gabriel;
sabet que el pueblo derecho era
y fiel,
non habién, bien sepades, de haber rey
novel.
642
Falló todas sus cosas asaz bien
aguisadas,
los pueblos sin querella, las villas bien
pobladas,
sus labores bien fechas, sus arcas bien cerradas,
las que dejó mozuelas fallábalas casadas.
643
Mandó llegar sus pueblos en Tiro la cibdat.
Llegose hí mucho buen homne y mucha
rica potestat.
Contoles su facienda por cuál
necesitat
había tanto tardado, como era verdat.
644
Pesoles con las cuitas por que había
pasado,
que por mar y por tierra tanto habié
lazdrado;
mas deque tan bien era de todo escapado,
non daba ninguna cosa por todo lo pasado.
645
«Señor,
dijieron todos, mucho has perdido,
buscando aventuras
mucho mal has sofrido,
pero todos debemos echarlo en olvido,
ca eres en grant gracia y grant prez caído.
646
El poder de Antiocho, que te era contrario,
a tú se es rendido, y a tú es tributario;
ordeneste en Pentápolin a tu fijo por vicario;
Tarso
y Mitalena tuyas son sin famario.
647
Desdende,
lo que más vale, adujiste tal reina,
cual
saben los de Tarso, do fue mucho vecina,
onde es nuestra
creyenza y el cuer nos lo devina,
que la vuestra
provincia nunca será mesquina.
648
Por
tu ventura buena asaz habiés andado,
por las tierras
ajenas asaz habiés lazdrado;
desque has tu cosa puesta
en buen estado,
señor, desaquí debes folgar asegurado».
649
Respondioles el rey: «Téngovoslo
en grado;
téngome por vos muy bien aconsejado,
por verdat vos decir, siéntome muy cansado;
desaquí
adelante lograr quiero lo que tengo ganado».
650
Fincó
el homne bueno mientre le dio Dios vida,
visco con su
mujer vida dulce y sabrida;
cuando por fir deste
sieglo la hora fue venida,
finó como buen rey en
buena fin complida.
651
Muerto es Apolonio, nos a
morir habemos;
por cuanto nos amamos, la fin non olvidemos;
cual aquí ficiéremos, allá tal recibremos;
allá firemos todos, nunca acá saldremos.
652
Lo que aquí dejamos, otrie lo logrará,
lo que nos excusáremos por nos non lo dará;
lo que por nos ficiéremos, eso nos uviará,
ca lo que fará otro tarde nos prestará.
653
Lo que por nuestras almas dar non enduramos,
bien lo querrán alzar los que vivos dejamos;
nos por los que son muertos raciones damos,
non darán
más por nos desque muertos seyamos.
654
Los
homnes con envidia perdemos los sentidos,
echamos el
bienfecho, tras cuestas, en olvidos,
guardamos para otrie,
no nos serán gradidos;
el haber habrá otrie,
nos firemos escarnidos.
655
Destajemos palabra, razón
no alongemos,
pocos serán los días que
aquí moraremos.
Cuando d'aquí saldremos, ¿qué
vestido levaremos
si non el convivio de Dios, de aquel en
que creyemos?
656
El Señor que los vientos y la mar ha por mandar,
Él nos dé la su
gracia y Él nos deñe guiar;
Él
nos deje tales cosas comedir y obrar,
que por la su
merced podamos escapar.
El que hubiere seso
responda y diga Amen.
A-.M.-.E-.N.- Deus.-